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Agonía del bolivarianismo asesino

El planeta entero asiste estupefacto y acongojado a los terribles acontecimientos que están produciendo los espasmos de agonía del sanguinario régimen castrobolivariano que se resiste a dejar al pueblo venezolano en libertad. La pacífica protesta ciudadana del miércoles pasado, tanto en Caracas como en las ciudades del interior del país, fue violentamente reprimida por la policía militarizada de la Guardia Nacional Bolivariana. En medio de gases lacrimógenos, disparos con balines de goma, corridas, gritos y desesperación de la muchedumbre, una mujer decidió permanecer parada, impávida, frente a una de las tanquetas del ejército que venían haciendo retroceder a la multitud enardecida. La imagen de la mujer, vestida de pantalón negro, camisa blanca y envuelta en una bandera de Venezuela, dio la vuelta al mundo, generando admiración por el gesto de protesta y resistencia pacífica demostrada con valentía sin par.

En contraste con el derroche de justificada rabia ciudadana pacíficamente volcada contra el mal gobierno de su país por millones de venezolanos y venezolanas, en el centro de Caracas, en la plaza adyacente al Palacio de Gobierno de Miraflores, en medio de una enfervorizada muchedumbre de simpatizantes y subido a una tarima, el presidente Nicolás Maduro divirtió a sus seguidores bailando merengue, el popular ritmo de la música caribeña. Mientras esto sucedía, no lejos de ahí, era asesinado de un balazo en la cabeza por efectivos de la Guardia Nacional el joven estudiante universitario Carlos José Moreno, de 17 años, totalizando una veintena la cantidad de fallecidos en las últimas tres semanas de manifestaciones.

En otra dramática escena captada por la prensa internacional que cubrió la álgida jornada vivida por la mayoría del pueblo venezolano en la ocasión, una joven mujer de 23 años, de nombre Andrea, con los ojos enrojecidos por el gas, con la máscara en la cabeza y visiblemente agotada, manifestó a la agencia noticiosa BBC Mundo: “Nosotros más cansados de lo que estamos no podemos estar; se les van a acabar las balas, pero no nuestra resistencia”.

A pesar de su sólido asidero al poder montado sobre las bayonetas y las botas, el presidente Maduro aparece cada vez más alarmado por el creciente descontento popular con su autoritario régimen de gobierno, que le reclama la convocatoria de elecciones anticipadas a falta del referéndum revocatorio de su mandato, paralizado por la Justicia cooptada por el Ejecutivo con la excusa de que supuestamente hubo fraude en el proceso de recolección de firmas para el efecto.

Con referencia a la protesta, con su habitual fanfarronería, el Presidente venezolano expresó: “Hoy pretendieron asaltar el poder, y los hemos derrotado otra vez a los golpistas, a la derecha corrupta”. En realidad, el prepotente mandatario venezolano está cada vez más preocupado, porque cuanto más duramente reprime a su pueblo, mayor es la determinación que demuestra la mayoría de sus conciudadanos para protestar contra su Gobierno.

Su preocupación debe atribuirse a tres causas: las limitaciones del autoritarismo, la corrupción que permea su gobierno –incluidos sus propios familiares metidos en narcotráfico– y la difícil situación económica del país bajo su gobierno.

La primera de estas tres causas tiene que ver con la paradoja subyacente al interior del poder autoritario: en todo sistema de gobierno no democrático la ciudadanía es consciente de que la invencibilidad del “único líder” puede desmoronarse rápidamente. Tal como ocurrió aquí en Paraguay con el dictador Alfredo Stroessner, quien fue derrocado de la noche de la Candelaria a la madrugada de San Blas, con su poderío aparentemente intacto. Por otra parte, la vulnerabilidad de un régimen autoritario de gobierno está dada por el hecho de que el mismo no puede ser cambiado por medios constitucionales: solo puede ser removido por una revolución, como va a ocurrir con Maduro en Venezuela en el momento menos pensado, bajo intensa presión popular.

Lo que el pueblo venezolano reclama con insistencia para salvar al país de la debacle en que se encuentra son elecciones libres y limpias. Aunque sin revocatoria de mandato las presidenciales deberán celebrarse recién en 2018, para gobernadores ya debieron haberse llevado a cabo a finales del año pasado, pero hasta ahora no hay fecha. Como tampoco hay para las municipales previstas para este 2017.

Un régimen autoritario, podrido por la corrupción y con una economía en bancarrota, como es actualmente el que acogota al pueblo venezolano, inevitablemente colapsará más temprano que tarde bajo la presión de una ciudadanía que les ha perdido el miedo a las mazmorras y a las balas.

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Comentarios

6 comentarios en “Agonía del bolivarianismo asesino

  1. “Desfachatismo”

    Creo que la tal palabra no existe. Más bien es un invento mío. En oportunidades anteriores utilicé desfachatez –incluso para titular, creo–, que significa algo así como excesiva desvergüenza, cinismo, descaro, insolencia y deshonestidad.
    De todas maneras se me ocurre que “desfachatismo” se podría usar como sinónimo de progresismo, populismo, chavismo, bolivarianismo, izquierdismo regional y hasta fidelismo. Ello, sobre todo, a la luz de lo que ocurre en estos días con Cristina Kirchner, Lula, Maduro y Correa.

    En Argentina una militante del Movimiento Tupac Amaru, de Milagro Sala, definió así la situación: “Cristina robaba pero teníamos para comer, hoy tenemos que laburar día a día”. Nada que agregar, ¿no?

    Sala, líder de la organización “social” Tupac Amaru, fanática y protegida kirchnerista, está presa por varios delito de corrupción en el manejo de dineros que recibía del Estado cuando gobernaban los Kirchner. Cada día surgen nuevas pruebas y testimonios en su contra: con un muy abultado patrimonio para una “humilde” dirigente social, se le acusa además de actos de violencia y patoterismo (una forma de escuadras fascistas). Ello no quita que alguna organización de la ONU (cuándo no), entre otras –incluido el Secretario de la OEA, Luis Almagro–, la consideren o la califiquen de “presa política”. Lamentable e increíble: creo que eso encaja también dentro del “desfachatismo”.

    Mientras tanto, Cristina Kirchner es repudiada y “caceroleada” en su propia provincia sureña de Santa Cruz, la que gobernó su esposo Néstor y hoy gobierna su cuñada Alicia y a la que fue en busca de refugio.

    “¿Refugio? Esa ‘atorranta’ (holgazana, perezosa, vagabunda y sinvergüenza) debería estar presa”, me dijo un colega argentino. Lo cierto es que sobre ella ya pesan varios procesamientos, más testimonios y hechos conocidos por todos, que no justificarían “su” libertad. Crece el número de los que censuran al propio presidente Macri: “tiene miedo”, “es una jugada política con vistas a las elecciones legislativas de octubre”.

    “Lo que sea –me dijo el colega–, pero si fuera en Brasil ya hacía rato que estaba guardada (presa)”.

    Y hablando de Brasil, contra el presidente Michel Temer se suman más pruebas; el empresario Marcelo Ordebrecht –que ha quemado a media humanidad– lo ha “citado” unas 40 veces en sus señalamientos. Se asegura de que su “presidencia” es preventiva. Se salva, por ahora, para evitar el caos. Paralelamente surgen más elementos sobre el manejo de fondos negros por parte del Partido de los Trabajadores de Lula, utilizados en las campañas presidenciales del 2006 (ganó Lula) y del 2010 y 2014 (que ganó la heredera política de Lula, Dilma Rousseff). No hay que descartar que el Tribunal Superior Electoral resuelva anular las elecciones pasadas, lo que significaría llamar a elecciones anticipadas y no esperar hasta fines del próximo año.

    El que se resiste a convocar a elecciones anticipadas es Nicolás Maduro. Y sus buenas razones tiene. Si hay elecciones es el fin del chavismo y el comienzo de las “investigaciones”, y decididamente va a oler muy feo cuando se destape esa olla. Maduro, como ya lo anticipamos desde hace tiempo, ha optado por la vía Siria: permanecer en el poder cueste lo que cueste, aun en vidas. En estos días de crisis ya han muerto 24 venezolanos, a los que se suman varios anteriores. Más el hambre, la escasez, la corrupción, los abusos de poder y la violencia de los grupos fascistas (paramilitares, brigadas chavistas) financiados por el gobierno y amparados por las fuerzas militares y policiales. No creo que se sostenga tanto como el de Medio Oriente: el fin del régimen chavista y de Maduro está cerca.

    El que parece que ha acomodado bien las cosas para escabullirse es Rafael Correa. Antes, de todas formas, ha procurado acabar, con la complicidad del poder judicial, con cuanta prensa y periodista ecuatoriano independiente levante la voz y lo mismo con dirigentes políticos opositores, incluido Guillermo Lasso, candidato opositor que perdió con el oficialista Lenín Moreno. Correa eligió para su futuro un tranquilo y cómodo exilio europeo. Se va para el viejo continente en cuanto Moreno asuma. Confía en que este no permitirá que lo ataquen. Pero a Moreno no le va a ser fácil y menos en estas épocas en que el “desfachatismo” viene en caída.

    Y las denuncias, y lo que se sabe y no se ha podido denunciar sobre Correa, no es poco. Hasta se le acusa de haber dado la orden a los soldados de disparar contra civiles desarmados. Si se prueba que eso fue así, se trata de un delito de los que no prescriben.

    El “desfachatismo” se resiste a desaparecer, pero se les cae la careta –una tras otra– y lo que han hecho es difícil de tapar.

    Por Danilo Arbilla

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    Publicado por jotaefeb | 3 mayo, 2017, 12:31
  2. La escalada represiva en Venezuela

    Por Andrés Oppenheimer

    Luis Almagro, el secretario general de la Organización de los Estados Americanos (OEA), no escatimó palabras cuando le pregunté en una entrevista si el presidente de facto de Venezuela, Nicolás Maduro, es responsable de las muertes de al menos siete personas en las masivas protestas antigubernamentales de los últimos días. Por supuesto que sí, dijo Almagro.

    “Él ha incitado a la violencia”, me dijo Almagro. “Ha tenido un discurso de exacerbación del conflicto. En ese sentido, es responsable de las acciones de gente que no tiene control, de los colectivos armados, que han sido armados por el gobierno. “Él, por lo tanto, es responsable de la represión y de los efectos que tiene la represión, como la muerte de personas”.

    Agregó que Maduro tiene una “responsabilidad directa” por las muertes. “Uno no puede darles armas a colectivos civiles para que hagan una tarea represiva. No pueden exacerbarse esos ánimos con un discurso de odio, de confrontación y de conflicto. Es no solamente el que apretó el gatillo, sino el que le dio las armas, y el que le dijo que saliera a reprimir en las manifestaciones”.

    Mi entrevista con Almagro fue el miércoles, cuando más de 100.000 opositores venezolanos salieron a las calles para exigir un retorno a la democracia. El régimen de Maduro recientemente eliminó virtualmente todos los poderes del Congreso, se ha negado a celebrar elecciones regionales y ha inhabilitado a los principales líderes de la oposición para ser candidatos a cargos públicos por hasta 15 años.

    Para intimidar a la gente para que no participara en las protestas, Maduro había anunciado públicamente dos días antes de que entregaría fusiles a unos 500.000 civiles progubernamentales.

    Maduro dijo en una ceremonia militar que había ordenado a su ministro de Defensa “expandir la Milicia Nacional Bolivariana a 500.000 milicianos”, y que garantizaría “un fusil para cada miliciano”.

    Previsiblemente, durante las protestas multitudinarias, Maduro ofreció un nuevo “diálogo” con la oposición, prometiendo entre otras cosas celebrar elecciones regionales.

    Pero afortunadamente, parece que ni los líderes de la oposición ni Almagro caerán en la trampa esta vez. El último diálogo en el que participó la oposición, promovido por el Vaticano y la UNASUR, terminó siendo una farsa que al final del día solo ayudó a que el régimen ganara tiempo, y pudiera quitarles aun más poderes a las últimas instituciones independientes.

    A principios de este mes, cuando le pregunté al líder opositor Henrique Capriles sobre la posibilidad de una nueva ronda de negociaciones con el equipo de mediación encabezado por el expresidente español José Luis Rodríguez Zapatero, me dijo: “No nos vamos a volver a dar con la misma piedra”.

    Almagro me dijo que cualquier nueva mediación tendría que reemplazar a Rodríguez Zapatero e incluir un calendario para elecciones presidenciales libres, con supervisión internacional. Ya 11 países latinoamericanos –como México, Argentina, Brasil, Colombia, Perú y Chile– han firmado un documento exigiendo un calendario electoral.

    Ya es demasiado tarde para las elecciones regionales, me dijo Almagro. No sólo el régimen ha roto el hilo democrático, sino que la economía de Venezuela se ha desplomado, dijo. El Fondo Monetario Internacional acaba de proyectar que Venezuela tendrá una inflación de 720 por ciento este año –la más alta del mundo– y del 2.068 por ciento el próximo año.

    Lo que se necesita ahora es “que la comunidad internacional no quite los ojos de Venezuela”, y que Maduro sea presionado para celebrar elecciones generales, con observadores internacionales creíbles y levantando las inhabilitaciones a los líderes opositores, dijo Almagro. El derecho de los líderes opositores a ser candidatos “es una condición básica y mínima para elecciones democráticas”, dijo.

    Mi opinión: La orden de Maduro de entregar 500.000 rifles a civiles oficialistas deja pocas dudas de que el presidente de facto es responsable de crear las condiciones que causaron varias muertes en las últimas protestas.

    Los países latinoamericanos deben ahora intensificar sus presiones diplomáticas y darle a Maduro un ultimátum para celebrar elecciones generales monitoreadas por observadores creíbles, o ser objeto de sanciones. Maduro debe ser considerado de ahora más directamente responsable por la violencia política en su país, antes de que más jóvenes mueran en las calles para defender sus derechos democráticos.

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    Publicado por jotaefeb | 25 abril, 2017, 08:26
  3. El mediador

    En Venezuela la gente otra vez copa las calles. Exige la destitución de los magistrados títeres del TSJ. Reclama la caída de la dictadura bolivariana y de Nicolás Maduro. Enfrenta la represión del Ejército, de la Policía y de los grupos fascistas creados, pagados, armados y motorizados por el gobierno.

    Maduro disuelve la Asamblea Nacional con mayoría opositora, suspende elecciones y mete presos e inhabilita a adversarios políticos. A todas luces opta, con el apoyo de las FF.AA., por el método de Bachar al Asad: mantenerse en el poder a sangre y fuego.

    Asad es presidente de Siria desde hace 17 años; sucedió a su padre Háfez al Asad, quien fue presidente por 29 años. Sin duda muchas cuentas que rendir, lo que explica su rechazo a cualquier tipo de “primavera” renovadora. Su obstinación, respaldada por Rusia e Irak y varias mediaciones inútiles ha costado 320.000 vidas, por lo menos.

    Maduro y los militares venezolanos saben que tendrán que rendir cuentas y también se obstinan. ¿Hasta qué costo?

    Mientras tanto, José Luis Rodríguez Zapatero cumple su tarea de “mediador” y dice que hay que dialogar. (¿Está en la luna o en otra cosa?). En ese rol, el expresidente socialista español cuenta con el respaldo del Vaticano, de la Unasur (cada vez menos) y fundamentalmente de Maduro (cada vez más).

    Venezuela es considerado uno de los países más corruptos de la tierra. Guinea Ecuatorial aún lo es más. Y la relación viene a cuento, incluido el “mediador”.

    Transparencia Internacional (TI) ha logrado que por lo menos en Francia la justicia actúe contra el hijo de Teodoro Obiang Nguema Mbasogo, dictador de Guinea Ecuatorial. Este ocupa el poder desde 1979 pero, eso sí, con elecciones cada tanto, las que gana, cuando le ha ido mal, con el 98% de los votos. Se trata de un detalle que ayuda a “sus amigos” en la difícil tarea de defenderlo.

    Obiang ha sido amigo, o muy bien recibido, por Lula y los hermanos Castro, pero, como fue recordado por uno de los participantes en una conferencia que dio en la SIP hace dos semanas (de la que ya hablé algo) el peruano José Ugaz, presidente de TI, uno de los mayores respaldos del dictador africano fue España, durante el gobierno de Rodríguez Zapatero.

    Y efectivamente fue así. Miguel Ángel Moratinos, canciller de Zapatero, y quien clamaba urbi et orbe que Hugo Chávez era el presidente más democrático de América Latina, tenía “el sentimiento que Guinea era un país diferente, independiente, soberano, moderno, dinámico y próspero que inicia una nueva etapa en el siglo XXI”.

    Sostenía que Obiang estaba “embarcado” en la “construcción de una democracia con parámetros africanos” y hasta intentó “meterlo” como observador en la cumbre Iberoamericana que se realizó en Portugal en el 2009. Además, el exministro se enojaba mucho con los periodistas que informaban sobre violaciones de los DD.HH. en Guinea Ecuatorial y calificaban de “dictadura” al régimen de Obiang. Moratinos decía que Guinea ofrece “una cartera de oportunidades” (quizás para él lo fuera y lo sea).

    La prensa española ha destacado visitas realizadas en recientes años por la dupla Zapatero-Moratinos a Obiang y a los Castro, incluso en casos con el manifiesto disgusto del gobierno español por la forma de actuar de los exgobernantes. Han dicho los diarios que Zapatero está de “lobista” (lo mismo sostienen periodistas venezolanos), que Moratinos “desde hace años trabaja como comisionista de empresas españolas” en diferentes países y que ha abierto una consultoría en Madrid a esos efectos –según El País– “aprovechando sus contactos forjados durante sus años de ministro”.

    Y mientras Maduro se obstina en el poder a cualquier costo, y habla de diálogo y mediación e invoca el “prestigio y autoridad” de los mediadores, los venezolanos hartos de tanto cinismo salen a las calles a manifestar y a enfrentar la represión en reclamo de comida, medicinas, democracia y libertad.

    Por Danilo Arbilla

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    Publicado por jotaefeb | 24 abril, 2017, 10:42
  4. Democracia, ¡cuántos crímenes se cometen en tu nombre!

    Libertad, cuántos crímenes se cometen en su nombre. La expresión, profética y trágica, refiere a la exclamación de Madame Roland momentos antes de ser ejecutada en la guillotina, en nombre de la revolución que en nombre de la libertad, impuso el terror en la Francia de fines del siglo XVIII. Hoy, tal vez, tendríamos que expresar una suerte de paráfrasis: democracia, cuántos crímenes se cometen en tu nombre.

    Es que los recientes acontecimientos trágicos, desnudaron una vez más, la contradicción más dolorosa de una forma de gobierno llamada democracia: la de que la misma, dejada a sus solas fuerzas, se torna en su propio verdugo. Lamentablemente, la democracia no puede redimirse a sí misma. No está para eso. Democracia es apenas un medio. Democracia apuntó, eso sí, al origen de la legitimidad del poder, la soberanía popular, ese querer de las mayorías que es fundamental para un gobierno razonable. Pero nada mas.

    Suponer que un sistema político es solo democrático, es caer en el más profundo error, error que –dicho sea de paso– convierte a la democracia en algo que ella no quiere ser: autoritaria, populista o, más propiamente, democratista. La democracia dejada, por eso, al querer exclusivo de las mayorías, tiende a no tener freno… Por eso el Estado o la sociedad no puede ser, sin más, democráticos.

    Eso sería enfermizo, un morbo –al decir de Ortega y Gasset– que deglute a la sociedad, la rebaja, la deja inerme al poder del dinero, de las mayorías ambiciosas, la violencia de crisis periódicas, la imposición legalizada y dictatorial de grupos estridentes.

    De ahí que lo democrático, como voluntad de la mayoría, se debe configurar en una forma republicana. Insisto, el polo democrático no significa el todo, pues se debe agregar lo republicano como autogobierno y límite del mismo. Así, si una democracia no asume su carácter republicano, ello supondrá que la soberanía de las mayorías del poder no tendrá límites. O si lo hubiera, por la ley o constitución, se corre el riesgo de violar estas, conforme a las mayorías de turno.

    Después de todo, haciéndome eco de Pedro P. Samaniego, aquel jurista de los tiempos revolucionarios de 1936, el derecho sigue el curso sinuoso de los acontecimientos. O el derecho deviene “sirviente” de los hechos de la historia. Y esa, ha sido, parte de la tragedia de nuestra historia política.

    Es la aceptación, meramente interesada, del Estado de Derecho, o de lo que los anglosajones llaman: rule of law. La ley sirve, en tanto y en cuanto defiende intereses de grupos mayoritarios o no.

    Y si no es así, se la ignoró, o se la cambia. Eso es lo que yo llamaría el “antinomianismo,” o sentimiento anti-normativo-legal paraguayo. Veamos. Comenzando con un ejemplo del stronismo, el Partido Colorado, liderado por Argaña justificó en los “hechos” de la “paz” la reforma reeleccionaria de la constitución del 67, en 1977; en la constitución de 92, el mismo P. Colorado le cerró la reelección a Rodríguez o sus parientes en base al “hecho” de la dictadura posible de los parientes, y poco después, el mismo partido justificó en base a la “realidad política” la derrota fraudulenta del “estronista” Argaña en las internas contra Wasmosy.

    Más tarde, el “hecho” del gobierno de unidad nacional de González Macchi dejó de lado las formas legales de legitimidad constitucional, justificó su presidencia. Asimismo, las formas legales alambicadas y tortuosas dieron sustento al juicio político a Lugo por “hechos” políticos.

    Irónicamente, el mismo Lugo, hizo caso omiso a la prohibición legal de la constitución y el código de derecho canónico, ante el hecho posible de derrotar al partido Colorado. Y hoy, no es extraño que, en base a las “obras” de las mayorías Cartistas-Lugo-Liberales, no dudan en “enmendar” la constitución a su medida.

    Cómo ve el lector ese morbo democratista donde el hecho político tiene primacía sobre la regla de la ley, no es nuevo. Goza de perfecta salud… No es de extrañar, entonces, que la falta de respeto a lo que es la ley –sea esta la Constitución u alguna otra– sea un dogma para la clase política, y que dichos beneficios haya contaminado a algunos sectores de la sociedad.

    Una democracia republicana está limitada, por acuerdo democrático, por la Constitución, donde las minorías y no solo las mayorías, serán protegidas en sus derechos. Habrá así, frenos y contrapesos.

    No es solo soberanía de las mayorías ni mero desborde de las mismas la fuente de poder sino, y sobre todo, el respeto a la ley. Por eso, no hay democracia sin un acabado sentido republicano, no solo del Estado como institución sino de la ciudadanía como tal.

    La Constitución no está ahí para ser bastardeada por los intereses de grupos o mayorías coyunturales. Un republicanismo democrático se administra a través de instituciones, no de personas. Hoy, lamentablemente, muy poco de eso parece nutrir nuestra democracia.

    Mientras no se detenga uno a pensar en esta dualidad, que se debe distinguir pero no separar, de democracia-republicana, no solo nos toparemos con más tragedias y más acusaciones recíprocas sino que seguiremos, y es lo más preocupante, con el espejismo de la ilusión de que alguna “nueva” política, más “democrática”, “la de otra mayoría” va a solucionar todas nuestras carencias.

    Y así, solo continuará reinando, ese maquiavelismo, encubierto y rapaz, que nos ha hecho creer que, en democracia, lo que valen son los hechos, y nada más.

    Por Mario Ramos-Reyes

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    Publicado por jotaefeb | 22 abril, 2017, 08:14
  5. Manifestaciones

    Miles de personas han salido a las calles en Venezuela, Argentina, Brasil, Paraguay, Ecuador… en mayor medida, y en casi cada uno de los países latinoamericanos, expresando el cansancio, el hastío, el fastidio de vivir en una democracia dominada solo por la consecución del poder y el mantenerlo a cualquier precio y costo. El cinismo primero de los gobernantes culmina casi siempre en represión, heridos, detenidos y muertos.

    Instituciones locales erosionadas en su credibilidad y muy dependientes del capricho del Ejecutivo de turno, solo sirven para enardecer aun a las masas antes que para resolver los problemas; llevan a convertir las calles en verdaderos foros donde la democracia explota y grita aquello que no ha podido conseguir por las buenas.

    A las masivas muestras de fastidio a la corrupción brasileña les vino el auxilio de una justicia que ha decidido tornar confiables a las instituciones democráticas. En otros, los gobiernos no parecen inmutarse a pesar de las gigantescas muestras de repudio, como las vistas en los últimos días en Caracas o Asunción. La caradurez de los gobernantes está empujando al despeñadero a muchas de nuestras democracias sostenidas débilmente por actos rituales, pero ausentes de respeto y valoración del credo mismo. Es imposible entender cómo el Gobierno venezolano aun puede pretender hacer creer a su pueblo que tiene el control de las cosas cuando vemos escenas llenas de ira a las que responde Maduro con grupos armados, con uniforme y sin ellos, que atacan y disparan contra los manifestantes. En este momento el país caribeño ha dejado de se r una nación democrática para convertirse en un Estado fallido al que solo le queda asumir la condición de dictadura y buscar someter a su pueblo, cuya exclamación de resistencia nos deja a todos anonadados.

    En Paraguay, un gobierno que ha comprado un Senado, cuya mayoría “coyuntural” se pone de acuerdo en violar normas mínimas de reunión y cuestiones de fondo que hacen al marco constitucional, pasando un proyecto de enmienda cuando el camino es la reforma, acaban en la furia de una ciudadanía harta. El Gobierno responde con un cinismo que en vez de calmar los ánimos los solivianta aún más. Al gato escaldado no le gusta el agua fría, y con represión y muerte solo ha conseguido poner al gobierno de Cartes contra las cuerdas, en donde solo quedan dos opciones: o establece las condiciones de un gobierno autoritario o acaba fuera del mismo. Cuando las instituciones no responden como debieran, solo queda la fuerza para dirimir posiciones; y eso cabe para un gobierno calificado de izquierda, como el venezolano, o uno de derecha, como el paraguayo. La cuestión es acabar con la poca institucionalidad, consolidar el poder, abusar de este y despertar la ira de una población harta de compromiso y gestión para sus intereses, a la que ahora matan no solo en las calles sino en los locales partidarios, casas, también en hospitales desabastecidos y en escuelas vaciadas de instrucción.

    Las manifestaciones de repudio hoy suenan cada vez más fuerte. El desagrado y repudio a la manera de gobernar no encuentra en el Congreso o en la Corte capacidad de respuestas en países donde el contrato firmado con la Constitución de fondo es letra muerta y solo sirve para provocar una mayor furia que conduce a los países al caos y la anarquía.

    Las manifestaciones constituyen hoy la nueva narrativa política en varios países del continente.

    Benjamín Fernández Bogado

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    Publicado por jotaefeb | 22 abril, 2017, 08:03
  6. ¿Caerá Nicolás Maduro?

    Por Carlos Alberto Montaner (*)

    Maduro y el chavismo caerán, pero no por su propio peso, sino por el esfuerzo de sus adversarios. El síntoma inequívoco está en esos millares de jóvenes venezolanos dispuestos a enfrentar a las fuerzas represivas. Los venezolanos menores de 25 años no conocen otro régimen que el confuso guirigay chavista. Si persisten, acabarán por triunfar, como sucedió en Ucrania.

    Los estados totalitarios tienen un tiempo crítico de gestación. Las revoluciones no se pueden hacer en cámara lenta y el manicomio venezolano fue inaugurado en 1999, hace 18 años. Las ingenuas ilusiones de aquel instante fueron progresivamente aplastadas bajo el peso de una nefasta experiencia gerencial que ha destruido al país trenzada con la corrupción, el narcotráfico y la idiotez.

    El tiempo es un factor crítico. Cuando las revoluciones comienzan cuentan con muchos adeptos y con la curiosa expectativa del conjunto de la población, pero los caudillos totalitarios saben que deben actuar rápidamente porque la luna de miel será corta. Lenin tomó el poder en octubre de 1917 y antes de los dos años ya había echado el cerrojo. A Fidel Castro solo le tomó 18 meses apoderarse de todos los medios de comunicación, de la enseñanza privada y de las grandes y medianas empresas.

    Probablemente Hugo Chávez tuvo que someterse a otro calendario por la forma en que tomó el poder y porque hizo redactar una Constitución garantista con bastantes elementos de la democracia liberal. Enterró un texto “moribundo”, pero parió otro que hablaba de separación de poderes y de libertades, y que dejaba la puerta abierta a la insurrección en caso de que la estructura republicana estuviera en peligro.

    ¿Cómo se sostiene Nicolás Maduro pese al manifiesto rechazo popular al régimen?

    Su poder se fundamenta en la capacidad represiva del régimen y esta, a su vez, depende de la información que recibe y del daño que les puede infligir a quienes no obedecen. De ahí la importancia del terror. El Sistema juega con la ilusión de que conquista el corazón de los ciudadanos, pero no es verdad. Se trata de apoderarse de las vejigas de los súbditos. La intención es que se orinen de miedo.

    Como se sabe, la información es poder. Maduro tiene acceso a los informes de la inteligencia cubana, organismo dedicado a explorar la vida y milagros de las personalidades venezolanas –opositores y chavistas–, especialmente de quienes merodean el poder y tienen la posibilidad potencial de descabezar al gobierno, sustituirlo y darle un vuelco instantáneo a la situación política.

    Luego viene la represión. Los servicios cubanos aprendieron de la Stasi alemana, madre y maestra de la represión, que basta un 0,5% de la población para manejar a cualquier sociedad en la que, además, el gobierno controle férreamente los tribunales y el aparato propagandístico para construir el relato que le permita perpetrar cualquier canallada.

    ¿Cómo llegaron los soviéticos y los alemanes a ese porcentaje? Según la leyenda, la cifra surge de la observación de los rebaños ovinos hecha por la eficiente policía política zarista: la temible Okhrana. Bastaba un perro feroz para mantener a raya a 200 temblorosas ovejas. Entre sus actividades estaba, fundamentalmente, la información, la desinformación, la penetración y la disgregación del enemigo.

    En Alemania Oriental apenas necesitaron ochenta mil personas para sujetar a 16 millones de aterrorizados súbditos. En Cuba son unas cincuenta y cinco mil para 11 millones. En Venezuela se trataría de 150.000 personas dedicadas a maniatar a casi 30 millones.

    Sin embargo, en Venezuela no alcanzan, y ahí está “el bravo pueblo” en las calzadas y plazas para demostrarlo. Maduro quiere armar una milicia de un millón de paramilitares. ¿Para qué? Porque no se fía de las Fuerzas Armadas. Esas milicias son para evitar que un día algunos militares se cansen de su incompetencia y de sus necedades, como hicieron con el general Juan Velasco Alvarado en Perú, aunque, en su caso, tal vez termine en un avión rumbo a Cuba, rodeado de los handlers del G-2 isleño, que lo manejaban como a una marioneta inepta que hablaba con los pajaritos y bailaba salsa en medio del naufragio.

    La hambruna está a la vuelta de la esquina por la falta de dólares para importar alimentos. La catástrofe es mucho peor en sociedades urbanas, como la venezolana, en las que el 78% de la población carece de habilidades campesinas. Súmese a este cuadro la falta de medicinas, de insecticidas, y de todos los factores que mantienen a raya las enfermedades. El resultado es obvio: Venezuela se hunde si Maduro continúa instalado en Miraflores. Todos los venezolanos, incluso los chavistas, saben que tiene que irse.

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    Publicado por jotaefeb | 22 abril, 2017, 07:49

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