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Legitimidad de mandato

Theresa May es primera ministra de Gran Bretaña después de que su antecesor y correligionario conservador David Cameron cumpliera su promesa. Cámeron había convocado a los británicos a un referéndum para preguntarles si querían o no quedarse en la Unión Europea –el ya conocido como Brexit-, prometiendo irse del cargo si los consultados optaban por el no. Por margen mínimo, ganó el no. En consecuencia, Cameron se fue. El para nosotros extraño mecanismo de sucesión británico del poder político se puso entonces en marcha. La reina Isabel II llamó a May para invitarla a formar gobierno, no porque fuera su capricho sino porque en sus usos y costumbres, el sistema inglés nominalmente encabezado por la reina debe convocar al líder con mayor representación en la Cámara de los Comunes a llenar el cargo vacante. Y esa era Theresa May, la segunda mujer en ocupar el cargo de primera ministra tras Margaret Thatcher, también conservadora, luego de que el 7 de julio de 2016, los Comunes le dieran una mayoría de 199 votos.

Al igual que Thatcher, May pertenece al ala dura de su partido. Operó por años en el denominado shadow cabinet (gobierno en la sombra), otro invento político inglés que consiste en un gabinete alternativo al gobernante dotado del deber legal de ser oposición en lo que se llama el “sistema Westminster” de gobierno. May es inflexible respecto al control de inmigración con énfasis en la de origen musulmán, al punto de que en 2015 fue votada como la mayor islamófoba del año por la Comisión Islámica de Derechos Humanos. A despecho de todas sus credenciales de legitimidad de origen, May sorprendió a sus coterráneos y al mundo convocando a elecciones anticipadas para el 8 de junio próximo.
Algunos analistas políticos estiman que el llamado está fundado en la división interna en el Partido Conservador causada por el Brexit y por las consecuencias económicas derivadas. “Inglaterra necesita un liderazgo seguro, fuerte y estable para afrontar el Brexit e ir más allá” había confiado
May a los medios, sobre todo luego de entrevistarse con su colega alemana Angela Merkel quien le había advertido sobre las desastrosas consecuencias que acarrearía un anuncio de May: reducir los impuestos para hacer Gran Bretaña más competitiva para las inversiones. “Los impuestos son el precio pagado por una sociedad justa” sentenció Merkel, añadiendo que semejante amenaza británica sería un golpe letal para la Unión Europea.
Por instinto político, la flamante primera ministra decidió que –pese a su legitimidad de origen fundada en la mayoría parlamentaria de su partido-, debían ser los ciudadanos británicos quienes le refrendaran directamente ese mandato o se lo cancelaran.
Y es lo que los súbditos de Isabel II harán en junio próximo. May podría quedarse sin reproches en el cargo hasta julio de 2020. Pero eligió otra opción. Raros los ingleses, ¿verdad?

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