El evangelio del domingo: La resurrección existe

Desde que el ser humano está en el mundo anda intrigado por lo que pasa después de esta vida. Prácticamente todas las culturas sostienen que hay algo después, que nuestra existencia no termina cuando nuestros restos mortales son dejados en el cementerio, sino hay otra vida, en una dimensión completamente diferente de la actual.
Cómo es ella, qué tipo de cuerpo (o estructura espiritual) tendremos, qué significa “vida eterna” son cuestiones que nadie saber responder con detalles. Lo cierto y concreto es que hay otra vida, mucho más linda y plena que esta, en la cual somos tan limitados por la materia, por los bajos instintos, por el egoísmo y por la pereza.

En el Evangelio reflexionamos sobre la resurrección de Lázaro, o más precisamente, la vivificación de Lázaro, cuando Jesús hace la revelación central: “Yo soy la Resurrección y la Vida: el que cree en mí, aunque muera, vivirá; y todo el que vive y cree en mí, no morirá jamás”.

Resulta que los hermanos Lázaro, Marta y María eran grandes amigos de Jesús. Ellos vivían en Betania, pueblo cerca de Jerusalén y él les visitaba, de vez en cuando.

Una vez le dijeron: “Señor, el que tú amas, está enfermo”, y Jesús les aclaró que no se preocuparan, porque el iría a despertar a Lázaro, que dormía, nomás.

¡Qué hermosa narrativa! Muestra el corazón profundamente humano de nuestro Salvador. Alguien que cultivaba la amistad, que los asistía al punto de que le comunicaran sobre el malestar del amigo: Jesús no es indiferente a su dolencia y se dispone a sanarlo.

Y lo mismo hace con nosotros, pues nos llama a su amistad, nos brinda su ternura y su poder sanador.

Sin embargo, la enfermedad de Lázaro termina en muerte y cuando Jesús llega en la casa, Marta le habla con resignada confianza: “Señor, si hubieras estado aquí no hubiera muerto mi hermano”. Jesús le asegura que él va a resucitar y Marta afirma que ella cree en la resurrección, que se dará alguna vez.

Nosotros debemos entender que la resurrección nos viene por una persona, de alguien que venció a la muerte, porque es más poderoso que ella. Es un regalo que el Señor nos da, porque Él es bueno, no porque nosotros seamos buenos, es un don gratuito e inmerecido, ya que Él desea que vivamos felices a su lado para siempre.

Que en esta Cuaresma procuremos vivir como resucitados desde ya, o sea, con un estilo de vida semejante al de nuestro Redentor.

Paz y bien.

Por Hno. Joemar Hohmann Franciscano Capuchino

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Un pensamiento en “El evangelio del domingo: La resurrección existe”

  1. Día de Acción de Gracias y de Petición

    Hoy meditamos el evangelio de San Juan. La vida de Jesús, nuestro Modelo, es una continua acción de gracias al Padre. Con la resurrección de Lázaro, exclamará Jesús: Padre, te doy gracias porque me has escuchado. En la multiplicación de los panes, Jesús tomó los panes y, dando gracias, dio a los que estaban recostados y los peces…. En la institución de la Eucaristía, antes de pronunciar las palabras sobre el pan y el vino, el Señor dio gracias. Y así, en incontables ocasiones. Por eso, “podemos decir afirma el Papa Juan Pablo II que su oración, y toda su existencia terrena, se convirtió en revelación de esta verdad fundamental enunciada por la Carta de Santiago: Todo don bueno y toda dádiva perfecta viene de arriba, desciende del Padre de las luces…”.
    La acción de gracias “es como una restitución, porque todo tiene en Él su principio y su fuente. Nada hay más justo y necesario que dar gracias al Señor todos los días de nuestra vida, sin olvidar que “la mayor muestra de agradecimiento a Dios es amar apasionadamente nuestra condición de hijos suyos”. Con respecto al evangelio de hoy, el Papa dijo: “La Palabra es un don. El otro es un don”. Es el Mensaje cuaresmal del Papa, que ha querido centrar “en la parábola del hombre rico y el pobre Lázaro.

    “Dejémonos guiar por este relato tan significativo, que nos da la clave para entender cómo hemos de comportarnos para alcanzar la verdadera felicidad y la vida eterna, exhortándonos a una sincera conversión”, escribe el Obispo de Roma, en su Mensaje, que fue presentado en la Oficina de Prensa de la Santa Sede.

    Tras hacer hincapié en que el camino cuaresmal “es un nuevo comienzo, un camino que nos lleva a un destino seguro: la Pascua, la victoria de Cristo sobre la muerte”, señala que, en “este tiempo, recibimos siempre una llamada a la conversión: el cristiano está llamado a volver a Dios “de todo corazón”, a no contentarse con una vida mediocre, sino a crecer en la amistad con el Señor”.

    El Papa reitera que “Jesús es el amigo fiel que nunca nos abandona, porque incluso cuando pecamos espera pacientemente que volvamos a Él y, con esta espera, manifiesta su voluntad de perdonar”.

    “La Cuaresma es un tiempo propicio para intensificar la vida del espíritu a través de los medios santos que la Iglesia nos ofrece: el ayuno, la oración y la limosna”, recuerda asimismo el Santo Padre, añadiendo luego que, “en la base de todo está la Palabra de Dios, que en este tiempo se nos invita a escuchar y a meditar con mayor frecuencia”.

    (Del libro Hablar con Dios y http://es.radiovaticana.va)

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