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Elevangelio del domingo: Vivir en la luz

Jn 9, 1 – 41.- Todos entendemos la diferencia entre claridad y oscuridad y, en principio, nadie quiere estar en la oscuridad, porque no ve, no es visto, tiene miedo de fantasmas y no sabe cómo caminar.


Hay una ceguera que es propia de los cinco sentidos, es decir, ser no vidente. Sin embargo, hay situaciones en que la persona no tiene ningún problema con los ojos de la cara, pero vive como si fuera ciego en otras dimensiones de su existencia.

Este domingo leemos el texto de la sanación de un ciego y es importante notar que hay tres textos evangélicos de esta Cuaresma que expresan una profunda catequesis bautismal. Además, son extraordinaria revelación sobre la persona y la identidad de Jesús.

El domingo pasado, dialogando con la samaritana en el pozo, el Señor se muestra como agua viva que brota hacia la vida eterna. Hoy, con la sanación del ciego de nacimiento, Jesús se presenta como luz del mundo y, el domingo siguiente, devolviendo la existencia a Lázaro, que había muerto, Jesús se proclama como resurrección y vida.

Los textos nos ayudan a comprender la naturaleza de nuestro bautismo, que es agua que nos limpia; luz para nuestro camino y vida nueva de resucitados ya desde ahora, lo que nos obliga a actuar con valores acordes al ejemplo de Jesucristo.

La realidad de luces y sombras nos acompaña, prácticamente, en todas las situaciones de nuestra peregrinación por este planeta, sea en el trabajo, en el estudio, en la relación de pareja, incluso, en nuestra alianza con el Señor. Sin embargo, en cada caso, depende de la persona agrandar la luz o las tinieblas.

Existe un refrán popular: “Peor ciego es aquel que no quiere ver” y cuántas veces uno “no quiere ver” que el estrés que experimenta es porque está indiferente hacia Dios, demasiado esclavizado por el materialismo, pierde tiempo y derrocha muchas oportunidades con el uso ciego de internet y redes sociales.

Además, “no quiere ver” que los intercambios dentro de la familia no andan bien, porque falta dialogar de modo sincero y bien humorado. Otros hablan de crisis en el país, pero son títeres de políticos inescrupulosos y se venden al mejor postor.

El papa Francisco, en su mensaje de Cuaresma, nos dice: “La palabra es un don. El otro es un don”, y considerar la Palabra de Dios como un don que ilumina, y la otra persona, como un regalo que el Señor nos concede es un modo de vivir en la luz, lejos de las tinieblas y sus fantasmas.

Paz y bien.

Por Hno. Joemar Hohmann Franciscano Capuchino

 

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Acerca de jotaefeb

Un arquitecto jubilado. Aprendiz de todo, oficial de nada. Un humano más. Acá, allá y acullá. Hurgador de cosas cotidianas y trascendentes.

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3 comentarios en “Elevangelio del domingo: Vivir en la luz

  1. “Nunca se ha oído decir que alguien haya abierto los ojos a un ciego de nacimiento. Si éste no viniera de parte de Dios, de seguro no podría hacer nada de esto” Jn 9, 32-33

    En los inicios de la Iglesia, cuando los cristianos eran una minoría, las personas que manifestaban interés en dejar el paganismo y convertirse al cristianismo, debían hacer un largo periodo de formación que se llamaba catecumenado.

    Este tiempo servía para conocer mejor la propuesta cristiana de vida y para poder adaptarse a ella. Solamente después de algunos años de formación ellos podían recibir el bautismo, eran ungidas con el óleo del crisma y participaban en la eucaristía, en una sola celebración, que se llamaba iniciación cristiana. Los catecúmenos no podían participar de la misa, sólo podían quedarse en la iglesia hasta la homilía y las peticiones, después tenían que salir de la iglesia (solamente se quedaban los que ya podían comulgar). Cuando los catequistas y la comunidad reconocían que el catecúmeno estaba suficientemente maduro para ser un auténtico cristiano, entonces se iniciaba la preparación inmediata para recibir los sacramentos de la iniciación (bautismo, confirmación y eucaristía). Esta preparación se hacía en la cuaresma y los tres sacramentos eran celebrados en la gran vigilia de la noche de pascua.

    También la cuaresma era el tiempo especial para la reconciliación de aquellos que habían pecado gravemente, para aquellos que de algún modo habían perdido la gracia del bautismo, el don del Espíritu santo y habían roto con la comunión eclesial. Los pecados graves eran básicamente tres: el adulterio (impureza, lujuria), el homicidio y la idolatría (abandonar la iglesia, recurrir a la magia…).

    Estas personas que después de haber hecho toda la preparación al bautismo, habían caído en uno de estos pecados tenían que hacer muchos años de penitencia pública y cuando el obispo creía que estaban listos para reempezar la vida cristiana, al principio de la cuaresma les colocaba cenizas en la cabeza y empezaban cuarenta días de mucha oración, ayuno y humillaciones (por ejemplo mientras había celebraciones en la iglesia estos penitentes se quedaban de rodillas en la puerta de la iglesia pidiendo a todos los que entraban que rezaran por ellos). El jueves santo por la mañana toda la comunidad se reunía y, presididos por el obispo, celebraban la reconciliación, esto significaba la readmisión de estas personas en la comunidad cristiana. (Al inicio esta reconciliación era posible solamente una vez en la vida).

    Es muy importante tener presente este contexto eclesial para poder entender bien el mensaje de cada celebración dominical en la cuaresma. Toda la comunidad cuando celebraba la eucaristía tenía los ojos y el corazón vueltos a estas dos realidades: los catecúmenos y los penitentes. Sin olvidar que era un tiempo de renovación para todos. Era con este espíritu que cada cristiano escuchaba en el primer domingo de la cuaresma el evangelio de las tentaciones de Jesús, en el segundo de la Transfiguración, en el tercero de la Samaritana y en este cuarto domingo el evangelio del Ciego de nacimiento, y así los otros que vendrán.

    Con respeto al evangelio del ciego de nacimiento que tenemos en este domingo, hablando espiritualmente, podemos decir que todos nosotros nacemos ciegos. Desde el pecado de Adán, todos nosotros, sus hijos, nacemos en las tinieblas, tenemos una tendencia hacia el mal. Desde pequeñitos somos súper egoístas, celosos y sólo nos interesa lo que nos da placer.

    Es el proceso de educación que en cierto modo nos va moldeando y haciéndonos crecer. Se pueden tomar tres direcciones en este desenvolvimiento:

    -podemos crecer, pero solamente en tamaño, continuando siendo infantiles en nuestro egoísmo, en nuestros celos o en nuestro deseo de placer, de comodidad y sin querer ninguna responsabilidad (infelizmente parece que hoy muchos están creciendo así).

    -podemos crecer aprendiendo a controlar un poco o a disfrazar nuestras malas tendencias, para al menos hacer posible una cierta convivencia, pero sin renunciarlas y al final siendo conducidos por ellas.

    -o entonces en algún momento de nuestras vidas descubrir que estas tendencias deben ser combatidas, que nuestro ideal de vida está en vencerlas, que no podemos dejarnos dominar ya sea por el egoísmo, ya sea por los instintos. Es sólo cuando descubrimos que el motor de toda nuestra vida debe ser únicamente el amor, que florece en el deseo de servicio, de respeto y de justicia.

    Esta tercera vía es aquella auténticamente cristiana y significa para nosotros la vía de la iluminación, de la sanación de nuestra ceguera de nacimiento. Así como aquel ciego del evangelio tuvo que ir a la piscina de Siloé, nosotros un día fuimos llevados a la pileta del bautismo. Nosotros allí recibimos la luz de Cristo, que quiere hacer disipar todas nuestras tinieblas. Desde el bautismo, y también con los otros sacramentos, empezamos a recibir la ayuda eficaz del Espíritu Santo que nos abre los ojos y nos hace percibir que nuestra vida no tiene sentido si está fundada sobre el egoísmo. Empezamos nuestra lucha para vencerlo. Sin embargo, Dios tiene que abrir nuestros ojos, él tiene que iluminarnos. Sin el auxilio de su gracia nosotros ni nos damos cuenta que estamos en la vía equivocada.

    Como en general nosotros fuimos bautizados pequeñitos, nuestros padres tenían la misión de educarnos en la fe, de ayudarnos desde chicos a vencer nuestra maldad, pero ciertamente la parte mayor de este combate lo debemos hacer ahora nosotros. Los primeros cristianos tenían que conocer y conformarse a Cristo en su modo de vivir y actuar ya antes del bautismo, nosotros al revés debemos hacerlo ahora. Por eso, la cuaresma adquiere para nosotros un significado aún más fuerte.

    Somos invitados también nosotros a la regeneración, a nacer de nuevo, a bañarnos en la piscina de Siloé, que en nuestro caso es la confesión, y viviendo este tiempo fuerte de penitencia y oración llegar renovados a la celebración de la pascua de Cristo, victoria de Dios sobre el mal y la muerte, que quiere ser también nuestra victoria.

    El Señor te bendiga y te guarde.

    El Señor muestre su rostro y tenga misericordia de ti.

    El Señor vuelva su mirada cariñosa y te de la paz.

    Hno. Mariosvaldo Florentino, capuchino.

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    Publicado por Anónimo | 26 marzo, 2017, 11:09
  2. domingo 26 Marzo 2017

    Domingo de la cuarta semana de Cuaresma

    Primer Libro de Samuel 16,1b.6-7.10-13a.
    El Señor dijo a Samuel: “¡Llena tu frasco de aceite y parte! Yo te envío a Jesé, el de Belén, porque he visto entre sus hijos al que quiero como rey”.
    Cuando ellos se presentaron, Samuel vio a Eliab y pensó: “Seguro que el Señor tiene ante él a su ungido”.
    Pero el Señor dijo a Samuel: “No te fijes en su aspecto ni en lo elevado de su estatura, porque yo lo he descartado. Dios no mira como mira el hombre; porque el hombre ve las apariencias, pero Dios ve el corazón”.
    Así Jesé hizo pasar ante Samuel a siete de sus hijos, pero Samuel dijo a Jesé: “El Señor no ha elegido a ninguno de estos”.
    Entonces Samuel preguntó a Jesé: “¿Están aquí todos los muchachos?”. El respondió: “Queda todavía el más joven, que ahora está apacentando el rebaño”. Samuel dijo a Jesé: “Manda a buscarlos, porque no nos sentaremos a la mesa hasta que llegue aquí”.
    Jesé lo hizo venir: era de tez clara, de hermosos ojos y buena presencia. Entonces el Señor dijo a Samuel: “Levántate y úngelo, porque es este”.
    Samuel tomó el frasco de óleo y lo ungió en presencia de sus hermanos. Y desde aquel día, el espíritu del Señor descendió sobre David.

    Carta de San Pablo a los Efesios 5,8-14.
    Hermanos:
    Antes, ustedes eran tinieblas, pero ahora son luz en el Señor. Vivan como hijos de la luz.
    Ahora bien, el fruto de la luz es la bondad, la justicia y la verdad.
    Sepan discernir lo que agrada al Señor,
    y no participen de las obras estériles de las tinieblas; al contrario, pónganlas en evidencia.
    Es verdad que resulta vergonzoso aun mencionar las cosas que esa gente hace ocultamente.
    Pero cuando se las pone de manifiesto, aparecen iluminadas por la luz,
    porque todo lo que se pone de manifiesto es luz. Por eso se dice: Despiértate, tú que duermes, levántate de entre los muertos, y Cristo te iluminará.

    Evangelio según San Juan 9,1-41.
    Jesús, al pasar, vio a un hombre ciego de nacimiento.
    Sus discípulos le preguntaron: “Maestro, ¿quién ha pecado, él o sus padres, para que haya nacido ciego?”.
    “Ni él ni sus padres han pecado, respondió Jesús; nació así para que se manifiesten en él las obras de Dios.
    Debemos trabajar en las obras de aquel que me envió, mientras es de día; llega la noche, cuando nadie puede trabajar.
    Mientras estoy en el mundo, soy la luz del mundo”.
    Después que dijo esto, escupió en la tierra, hizo barro con la saliva y lo puso sobre los ojos del ciego,
    diciéndole: “Ve a lavarte a la piscina de Siloé”, que significa “Enviado”. El ciego fue, se lavó y, al regresar, ya veía.
    Los vecinos y los que antes lo habían visto mendigar, se preguntaban: “¿No es este el que se sentaba a pedir limosna?”.
    Unos opinaban: “Es el mismo”. “No, respondían otros, es uno que se le parece”. El decía: “Soy realmente yo”.
    Ellos le dijeron: “¿Cómo se te han abierto los ojos?”.
    El respondió: “Ese hombre que se llama Jesús hizo barro, lo puso sobre mis ojos y me dijo: ‘Ve a lavarte a Siloé’. Yo fui, me lavé y vi”.
    Ellos le preguntaron: “¿Dónde está?”. El respondió: “No lo sé”.
    El que había sido ciego fue llevado ante los fariseos.
    Era sábado cuando Jesús hizo barro y le abrió los ojos.
    Los fariseos, a su vez, le preguntaron cómo había llegado a ver. El les respondió: “Me puso barro sobre los ojos, me lavé y veo”.
    Algunos fariseos decían: “Ese hombre no viene de Dios, porque no observa el sábado”. Otros replicaban: “¿Cómo un pecador puede hacer semejantes signos?”. Y se produjo una división entre ellos.
    Entonces dijeron nuevamente al ciego: “Y tú, ¿qué dices del que te abrió los ojos?”. El hombre respondió: “Es un profeta”.
    Sin embargo, los judíos no querían creer que ese hombre había sido ciego y que había llegado a ver, hasta que llamaron a sus padres
    y les preguntaron: “¿Es este el hijo de ustedes, el que dicen que nació ciego? ¿Cómo es que ahora ve?”.
    Sus padres respondieron: “Sabemos que es nuestro hijo y que nació ciego,
    pero cómo es que ahora ve y quién le abrió los ojos, no lo sabemos. Pregúntenle a él: tiene edad para responder por su cuenta”.
    Sus padres dijeron esto por temor a los judíos, que ya se habían puesto de acuerdo para excluir de la sinagoga al que reconociera a Jesús como Mesías.
    Por esta razón dijeron: “Tiene bastante edad, pregúntenle a él”.
    Los judíos llamaron por segunda vez al que había sido ciego y le dijeron: “Glorifica a Dios. Nosotros sabemos que ese hombre es un pecador”.
    “Yo no sé si es un pecador, respondió; lo que sé es que antes yo era ciego y ahora veo”.
    Ellos le preguntaron: “¿Qué te ha hecho? ¿Cómo te abrió los ojos?”.
    El les respondió: “Ya se lo dije y ustedes no me han escuchado. ¿Por qué quieren oírlo de nuevo? ¿También ustedes quieren hacerse discípulos suyos?”.
    Ellos lo injuriaron y le dijeron: “¡Tú serás discípulo de ese hombre; nosotros somos discípulos de Moisés!
    Sabemos que Dios habló a Moisés, pero no sabemos de donde es este”.
    El hombre les respondió: “Esto es lo asombroso: que ustedes no sepan de dónde es, a pesar de que me ha abierto los ojos.
    Sabemos que Dios no escucha a los pecadores, pero sí al que lo honra y cumple su voluntad.
    Nunca se oyó decir que alguien haya abierto los ojos a un ciego de nacimiento.
    Si este hombre no viniera de Dios, no podría hacer nada”.
    Ellos le respondieron: “Tú naciste lleno de pecado, y ¿quieres darnos lecciones?”. Y lo echaron.
    Jesús se enteró de que lo habían echado y, al encontrarlo, le preguntó: “¿Crees en el Hijo del hombre?”.
    El respondió: “¿Quién es, Señor, para que crea en él?”.
    Jesús le dijo: “Tú lo has visto: es el que te está hablando”.
    Entonces él exclamó: “Creo, Señor”, y se postró ante él.
    Después Jesús agregó: “He venido a este mundo para un juicio: Para que vean los que no ven y queden ciegos los que ven”.
    Los fariseos que estaban con él oyeron esto y le dijeron: “¿Acaso también nosotros somos ciegos?”.
    Jesús les respondió: “Si ustedes fueran ciegos, no tendrían pecado, pero como dicen: ‘Vemos’, su pecado permanece”.

    Extraído de la Biblia: Libro del Pueblo de Dios.

    Leer el comentario del Evangelio por :

    San Ireneo de Lyon (c. 130-c. 208), obispo, teólogo y mártir
    Contra las herejías V, 15,2-4; SC 153, pag. 205-211

    “Cristo es la imagen del Dios invisible…; En él fueron creadas todas las cosas…;todo lo ha creado Dios por él y para él.” (cf Col 1,15-16)

    En el encuentro con el ciego de nacimiento, no se trataba únicamente de una palabra sino de una acción por la que el Señor le devolvió la vida. Jesús no actúa sin razonamiento ni al azar, sino para manifestar la mano de Dios que, al principio, había formado al hombre. Por esto, Jesús respondió a los discípulos que le preguntaban si era por culpa de este hombre o de sus padres, porque había nacido ciego, les contestó: “No ha sido ni un pecado suyo ni de sus padres…sino para que el poder de Dios pueda manifestarse en él” (cf Jn 9,3). El “poder” de Dios se manifiesta primeramente en la creación del hombre, porque la Escritura nos lo describe como una acción: “Dios tomó barro de la tierra y modeló al hombre” (Gn 2,7). Por esto, Jesús escupió en el suelo, hizo un poco de lodo con la saliva y lo extendió sobre los ojos del ciego” (cf Jn 9,6). Mostraba con esto cómo fue modelado el primer hombre, y, para los que eran capaces de comprender, manifestaba la mano de Dios que había modelado al hombre desde el lodo…

    Y, porque en esta carne, modelada según Adán, el hombre había caído en la transgresión y tenía necesidad del baño del nuevo nacimiento (Tit 3,5), el Señor dijo al ciego de nacimiento: “Vete a lavar a la piscina de Siloé” (Jn 9,7). De esta manera le acordó al mismo tiempo la curación y el renacimiento por el baño. Después de haberse lavado “volvió y ya veía” para reconocer a aquel que le había regenerado y enterarse al mismo tiempo quien era el Señor que le había devuelto la vista…

    Asimismo, el que en el principio había modelado a Adán a quien el Padre dijo: “hagamos al hombre según nuestra imagen y semejanza” (Gn 1,26), éste se ha manifestado a los hombres al final de los tiempos y ha remodelado los ojos de este descendiente de Adán.

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    Publicado por Anónimo | 26 marzo, 2017, 11:09
  3. La alegría en la cruz

    Hoy meditamos el Evangelio según San Juan 9, 1. 6-9. 13-17. 34-38.
    El Señor cuenta con nuestros propósitos de ser mejores, de luchar más contra los defectos y contra todo aquello, por pequeño que sea, que nos separa de él; cuenta con un apostolado intenso entre aquellas personas con las que nos relacionamos más a menudo. Debemos pensar hoy en nuestra oración si a nuestro alrededor, como ocurría entre los primeros cristianos, hay una porción de gente que se está acercando más firmemente a Dios.

    Debemos preguntarnos si nuestra vida influye para bien entre aquellos que frecuentan nuestro trato por razón de amistad, de trabajo, de parentesco, etcétera.

    Santa María, Reina de los Apóstoles, nos encenderá en la fe, en la esperanza y en el amor de su Hijo para que colaboremos eficazmente, en nuestro propio ambiente y desde él, a recristianizar el mundo de hoy, tal como el Papa nos pide. En nuestros oídos siguen resonando las palabras del Señor: Id a todo el mundo… Entonces solo eran once hombres, ahora somos muchos más… Pidamos la fe y el amor de aquellos.

    Al respecto del Evangelio de hoy, el papa Francisco dijo: “el Evangelio de hoy nos presenta el episodio del hombre ciego de nacimiento, a quien Jesús dona la vista. El largo relato –¡es largo!– se inicia con un ciego que comienza a ver y se concluye –esto es curioso– con los presuntos videntes que continúan permaneciendo ciegos en el alma”.

    “El milagro es narrado por Juan en apenas dos versículos, porque el evangelista quiere atraer la atención, no sobre el milagro en sí, sino sobre aquello que ocurre después, sobre las discusiones que origina”.

    También sobre las habladurías, ¿no? Tantas veces una buena acción, una obra de caridad origina habladurías, discusiones porque hay algunos que no quieren ver la verdad”.

    “Al final el ciego curado llega a la fe, y esta es la gracia más grande que le viene dada por Jesús: no solo poder ver, sino conocerle a él, ver a él, como ‘la luz del mundo’”.

    El Papa apuntó que al mismo tiempo que “el ciego se acerca gradualmente a la luz, los doctores de la ley al contrario se hunden cada vez más en su ceguera interior. Encerrados en su presunción, creen tener ya la luz; por esto no se abren a la verdad de Jesús”.

    Nuestra vida, dijo el Papa, “es parecida a aquella del ciego que se ha abierto a la luz, que se ha abierto a Dios y a la gracia. A veces, lamentablemente, es un poco como aquella de los doctores de la ley: desde lo alto de nuestro orgullo juzgamos a los demás, y ¡hasta al Señor!

    Hoy, estamos invitados a abrirnos a la luz de Cristo para llevar fruto a nuestra vida, para eliminar los comportamientos que no son cristianos: todos somos cristianos, pero todos nosotros, todos ¿eh?, tenemos algunas veces comportamientos no cristianos; comportamientos que son pecados ¿no?”.

    “Hoy les sugiero que, cuando regresen a casa, tomen el Evangelio de Juan y lean aquel pasaje del capítulo 9: y esto les hará bien, porque así verán este camino de la ceguera a la luz, y aquel otro camino malo hacia una ceguera más profunda”.

    Francisco alentó además a preguntarnos a nosotros mismos: “¿Cómo es nuestro corazón? ¿Cómo es mi corazón? ¿Cómo es tu corazón? ¿Cómo es nuestro corazón? ¿Tengo un corazón abierto o cerrado hacia el prójimo? Tenemos siempre en nosotros alguna cerrazón nacida del pecado, nacida de los errores: no tengamos miedo, ¡no tengamos miedo!”.

    “Abrámonos a la luz del Señor: Él nos espera siempre. Él nos espera siempre. Para hacernos ver mejor. Para darnos más luz, para perdonarnos. No se olviden de esto: Él nos espera siempre”.

    “Confiemos a la Virgen María el camino cuaresmal, para que también nosotros, como el ciego curado, podamos con la gracia de Cristo “venir a la luz”, ir más adelante en la luz y renacer a la vida nueva”, concluyó.

    (Frases extractadas del libro Hablar con Dios, de Francisco Fernández Carvajal, y https://ismaelojeda.wordpress.com/2014/03/30/papa-francisco-comenta-curacion-del-ciego-de-nacimiento/)

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    Publicado por Anónimo | 26 marzo, 2017, 11:08

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