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Ecuador se despide de Correa. ¿Y ahora?

Por apenas siete décimas de un punto porcentual, los votantes ecuatorianos forzaron a la realización de una segunda vuelta electoral el próximo 2 de abril para escoger al nuevo presidente de la república entre Lenín Moreno, del oficialista Alianza País, y el empresario Guillermo Lasso, de Creando Oportunidades (CREO), el partido opositor. El balotaje se anticipa muy reñido entre quienes apuestan por la continuidad de Alianza País en el poder, el movimiento liderado por Rafael Correa que ha gobernado al Ecuador desde enero de 2006, o por un giro político hacia un partido que promete poner fin a la llamada Revolución Ciudadana y restablecer un clima de libertades y entendimientos democráticos en el país.

Si Lenín Moreno hubiese alcanzado el 40 por ciento de los votos válidos, y no el 39,3 por ciento, habría sido la tercera vez consecutiva que Alianza País ganaba una elección presidencial en primera vuelta. Los otros dos triunfos ocurrieron en las votaciones de 2009 y 2013 cuando Correa se impuso con una amplia mayoría. Si bien la votación de Moreno muestra que Alianza País conserva una fuerza electoral significativa, los resultados de conjunto revelaron un giro en las preferencias de los electores hacia los candidatos presidenciales de oposición. Hace cuatro años, Correa se impuso con el 57,7 por ciento de los votos válidos. El domingo, la votación conjunta de todos los candidatos opositores sumó un porcentaje muy similar, lo que revela un nuevo escenario de fuerzas.
La reciente elección estuvo marcada por dos hechos clave: el relevo del liderazgo de Correa en Alianza País y la disputa por el liderazgo de la derecha entre dos grupos rivales.

Para un movimiento dominado por un liderazgo tan fuertemente personalizado, el relevo de conducción política resulta un desafío enorme. Correa ha sido el eje ideológico de Alianza País, su principal capital político y su fuente de legitimación, de modo que su pase a retiro abre el peligro de un vacío de conducción. El movimiento podría perder su rumbo y horizonte político en un momento de transición; y el país entraría en un ambiente de mayor incertidumbre y conflictividad.

En el marco del llamado giro a la izquierda de América Latina, la Revolución Ciudadana fue un proyecto de refundación nacional que prometió llevar a los ecuatorianos a una segunda y definitiva independencia, como lo hizo Hugo Chávez en Venezuela y Evo Morales en Bolivia. Correa le dio estabilidad a Ecuador después de una década que vio desfilar a nueve presidentes por el Palacio de Carondelet. Pero en su trayectoria degeneró en un proyecto autoritario, poco transparente, con un dominio caudillista y estatal de la vida social y política, que devolvió al país a sus viejas tradiciones populistas y lo alejó de un horizonte renovado de vida democrática.

Para la derecha, mientras tanto, las elecciones del domingo fueron una suerte de primarias entre Guillermo Lasso y Cynthia Viteri del Partido Socialcristiano (PSC), quienes a pesar de su proximidad ideológica, no lograron un acuerdo para ir con una sola candidatura en primera vuelta. La división impidió la conformación de un bloque político sólido desde la derecha que pudiera ofrecer un desafío más fuerte al movimiento de gobierno desde la primera vuelta electoral. Los líderes del PSC ofrecieron en la misma noche del domingo, tras conocer los resultados, su apoyo a Lasso. Los votos de las dos candidaturas sumaron 44,3 por ciento de los votos válidos. Si bien se puede afirmar que Lasso y Moreno parten con un soporte de apoyo bastante similar, la gran interrogante será si el candidato opositor podrá capturar toda la votación del PSC y algo de ese 15 por ciento de electores que optó por alguna de las otras cinco candidaturas claramente opositoras.

Lasso es un exbanquero guayaquileño que en 2010 fundó el partido CREO. Muchos consideran a CREO como una simple plataforma electoral montada para llevar a su máximo dirigente a la presidencia. En la elección de 2013 se ubicó en la segunda posición detrás de Correa con el 22,3 por ciento de los votos válidos. Defiende ideas liberales en la economía, un papel restringido del Estado y promueve una visión conservadora de la sociedad centrada en la familia. Su campaña de primera vuelta se orientó a capturar el voto duro anticorreísta.

Cualquiera de los dos candidatos que triunfe deberá enfrentar las incertidumbres del agotamiento de un ciclo político. Heredará un país con una economía en recesión, afectada por un agudo déficit fiscal y graves desequilibrios externos, que le obligarán a poner en marcha un programa de ajustes. Para poder enfrentar las elecciones con mayores posibilidades de éxito, el gobierno de Correa disimuló la crisis fiscal mediante la contratación de préstamos por un monto equivalente al 15 por ciento del PIB en los últimos 12 meses. Aún así, la economía ecuatoriana decreció 1,7 por ciento en el 2016, según estimaciones del Banco Central de Ecuador.

El modelo económico de la Revolución Ciudadana se sostuvo en la prosperidad fiscal generada por los altos precios del petróleo y un aumento de las recaudaciones tributarias. Ese modelo permitió un amplio activismo del Estado a través de un crecimiento sin precedentes de la inversión pública y el gasto social, sobre el cual se sostuvo el prestigio carismático de Correa, quien además contaba con una mayoría del 75 por ciento en la Asamblea Nacional.
El nuevo escenario político también muestra que habrá mayor dispersión de fuerzas en el parlamento, aunque Alianza País tendrá un bloque de mayoría, según los primeros resultados. Si ganase la elección Lasso, Ecuador tendría un presidente con una minoría legislativa, expuesto a relaciones muy difíciles con la asamblea, que pueden reeditar las viejas pugnas de poder institucional propias del presidencialismo ecuatoriano. Moreno, en cambio, tendría un escenario más cómodo con el congreso, pero deberá convivir con la sombra de Correa y la amenaza permanente de un vacío de liderazgo en Alianza País.

Para Moreno será muy difícil convertirse, como fue Correa, en el factor aglutinante de las heterogéneas facciones dentro del movimiento. Además, su candidato a la vicepresidencia, Jorge Glas, actual vicepresidente, lleva a cuestas serias acusaciones de corrupción que han dañado su imagen y prestigio. Si el binomio ganador fuese Moreno-Glas tendrán que hacerse cargo de la fatiga y el cansancio manifestado por amplios sectores de la sociedad ecuatoriana tras diez años de polarización y maltratos sistemáticos a los críticos y opositores al régimen. Alianza País impuso sobre Ecuador un sistema político con un amplio dominio del ejecutivo y la pérdida consiguiente de los mecanismos de equilibrio y balance de poder propios de las democracias representativas.

Para Ecuador, la elección del 2 de abril plantea dilemas complejos. Por un lado, sortear la crisis económica sin caer en los mismos escenarios de inestabilidad gubernamental y agitación social de la década de los noventa. Y de otro, restablecer un horizonte democrático sobre la base de una visión pluralista de la vida social y política.

Quienquiera que resulte electo estará obligado a generar un clima de diálogo y tolerancia sustentado en el respeto al ejercicio de los derechos y libertades individuales y colectivos. Será el único antídoto posible para evitar que la polarización de los últimos diez años siga destruyendo la convivencia democrática del país.

Por FELIPE BURBANO

politólogo e investigador de Flacso en Ecuador.

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arquitecto jubilado, hoy "hurgador" de la filosofía de vida, de las cosas cotidianas y trascendentes.

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4 comentarios en “Ecuador se despide de Correa. ¿Y ahora?

  1. Prefraude, fraude y posfraude en Ecuador

    En Ecuador –afirma el Gobierno–, las elecciones del 2 de abril las ganó la “revolución ciudadana” y la perdieron los “pelucones”. “Revolución ciudadana” es la forma local de llamarle a la voluntad omnímoda de Rafael Correa. Allí se hace lo que a este señor le da la gana. “Pelucones” son todos los que se oponen a ella. Lo que en Venezuela denominan “escuálidos” y en Cuba “gusanos”.

    Pero no sucedió así. Según todos los síntomas, en Ecuador ganó la oposición. Sencillamente, hubo fraude. La trampa estuvo precedida por el prefraude y ahora estamos en la fase del posfraude.

    Me explico.

    El prefraude es la etapa en la que se crea el clima ideal para consumar el engaño. Se cambia o adapta la legislación, se controlan los órganos electorales, y se introducen métodos electrónicos fácilmente manipulables.

    Simultáneamente, se silencian los medios de comunicación independientes, y el dictador, disfrazado de presidente democrático, coopta los poderes legislativo y judicial para acogotar a cualquiera que ose criticarlo. Primero fragua una legislación ambigua, perfecta para iniciar las persecuciones, y luego suelta a los fiscales del Estado, como los cazadores liberan a sus perros de caza, para que acosen y atrapen a quienes se atreven a denunciar la falta de libertades. Algunos de los opositores van a parar a la cárcel o al exilio.

    Naturalmente, se crea una atmósfera de terror. La mayor parte de las sociedades sometidas a esta violencia propenden a guardar silencio y a la obediencia dócil. Solo protestan a pecho descubierto los más audaces y comprometidos. Los que mejor entienden cuanto sucede.

    El fraude es el delito cometido durante el proceso electoral. Primero, se prepara comprando algunas encuestas que dan como virtual ganador al candidato oficialista. Y luego se lleva a cabo mediante el control del registro de votantes –los muertos continúan sufragando, se crean ciudadanos virtuales–, pero el truco mayor es el diseño sofisticado del software.

    Es posible graduar exactamente con qué porcentaje se desea triunfar y dónde colocar los votos decisivos. La máquina interpreta los algoritmos programados y ofrece los resultados solicitados de una manera casi imperceptible. Esto se hace en minutos, generalmente cuando, oportunamente, se interrumpe la electricidad. (En todas partes cuecen habas. No solo en el Tercer Mundo. En el Condado de Dade, en Florida, cuando se decidía en una consulta el destino millonario de los casinos, dos computadoras “mal programadas” invertían los “sí” y “no” para darle la victoria a quienes favorecían la creación de casas de juego fuera de las reservas indias. Las máquinas fueron descubiertas y los resultados invalidados).

    En Ecuador estamos en el posfraude. El órgano electoral, obediente y dependiente del poder, para darle a esa “victoria” una apariencia de verosimilitud, ya proclamó el triunfo de Lenín Moreno por una pequeña fracción. Nadie hubiera creído que el oficialismo ganaba por goleada cuando la predicción es que iba a perder. Sucedió lo mismo que en las elecciones venezolanas del 2013, cuando los resultados se acomodaron al éxito de Nicolás Maduro frente a Henrique Capriles, quien, a todas luces, había conseguido prevalecer con cierta holgura.

    El posfraude le concede al régimen una pátina de legitimidad suficiente para contentar a los factores internacionales. Todos aquellos elementos –El Departamento de Estado norteamericano, el Vaticano con su papa peronista, la OEA– que prefieren la estabilidad a la verdad impredecible e incómoda de que hubo fraude, probable origen de desórdenes, se sienten aliviados y no vacilan en avalar los resultados. Al fin y al cabo, en muchas elecciones, como en México o Colombia, también hay fraudes.

    Pero hay una diferencia. En los países del Socialismo del Siglo XXI (por ahora Cuba, Venezuela, Ecuador, Bolivia y Nicaragua) el fraude –condenable en todas las latitudes– es un instrumento para el mantenimiento de regímenes que nada tienen que ver con las democracias liberales a las que todos esos países (menos Cuba, que es una franca dictadura comunista), dicen pertenecer.

    Todos juegan con la apariencia de un Estado de Derecho, dotado de una Constitución que garantiza las libertades, con separación de poderes, partidos políticos libres que participan en comicios abiertos, en el que las transacciones comerciales responden al mercado, y en los que supuestamente funciona la alternancia en el poder, pero todo es una mentirosa ilusión.

    La verdad se la leí hace unos años a Salvador Sánchez Cerén, un viejo comunista exguerrillero salvadoreño, hoy presidente de ese país. En esa época era candidato de la oposición a vicepresidente y gobernaba el partido ARENA. Dijo, y cito de memoria, que cuando llegaran al poder terminaría la alternancia. El gobierno totalitario, como el amor, o como el odio, es para siempre. Como se ha visto en Ecuador.

    Por Carlos Alberto Montaner

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    Publicado por jotaefeb | 24 abril, 2017, 10:37
  2. Ecuador define

    El título nada tiene que ver con las eliminatorias para el mundial de fútbol de Rusia ni el último enfrentamiento que tendrá Ecuador contra Argentina, en el que retornará Messi suspendido por cuatro partidos por la FIFA por “boca sucia”. Se trata sobre la segunda vuelta que se celebrará este domingo 2 de abril para elegir nuevo presidente, entre el oficialista Lenin Moreno y el opositor Guillermo Lasso.
    Ese día se definen otras muchas cosas además de la suerte del Ecuador. Se decidirá si el país de la mitad del mundo se suma al nuevo esquema regional con gobiernos pos progresistas (Argentina, Brasil, Perú) con todo lo que ello implica en cuanto al caso Venezuela o la Alianza para el Pacífico, por ejemplo, o se mantendrá en el correísmo y la Alianza Bolivariana. Se definirá también la suerte de Rafael Correa, quien según sus planes pasaría a vivir en Europa, un programa que no tendría obstáculos si gana Moreno. Pero si el electo es Lasso, se asegura que tendrá que volver pronto: lo dicen sus opositores anunciando que deberá desfilar por los juzgados, y, a su vez, lo dice el propio Correa que lo haría, según él, para ser “candidato” y meterse de lleno en la política.

    Se espera que sean unas elecciones limpias, y ello con base en el antecedente de las de febrero en que Moreno quedó a menos de 0,7 puntos para salir electo presidente en forma directa (obtuvo el 39,36% de los votos y necesitaba el 40%). Si hubiera habido intención de hacer trampas, era fácil «corregir” una diferencia tan ínfima, argumentan los que sostienen que no habrá problemas. Los que no están tan convencidos aseguran que la presidencia “se le escapó” al oficialismo por su propia soberbia (creían que llegaban fácil) y por la acción de las Fuerzas Armadas que cumplieron con su promesa de “garantizar unos comicios limpios”.

    Pero ahora la situación no es la misma. Pasadas las elecciones de febrero, Correa cambió los mandos militares. Los nuevos jefes le responden. Y este es un dato para tener muy en cuenta. Paralelamente el oficialismo sin ningún disimulo, igual que lo hizo en la campaña electoral, utiliza todos los medios del estado para favorecer la candidatura de Moreno y para denostar a Lasso. Y lo hace descaradamente.

    Un estudio técnico del Fundamedios prueba ese “abuso” de los medios del Estado, al que se suman varios medios “privados” muy amigos y muy favorecidos por el actual gobierno.

    Pero igual Correa no está muy seguro y le asusta las perspectiva de pasar al llano. Lasso, además, desde ya le asegura que su “popularidad” en el futuro será por su paso por los juzgados.

    El actual presidente ecuatoriano toma por anticipado el ejemplo de Lula y Cristina Kirchner, que con el recurso de la “politización” tratan de evitar ser investigados, procesados y eventualmente condenados por los tribunales judiciales. Lula habla de su “candidatura” y dice ser un perseguido, y lo mismo o parecido hace Cristina .Y ese es el camino que tomara Correa, si gana Lasso.

    Pero, por más alharaca que hoy haga, no será lo mismo que antes. Ya no manejará a medios y periodistas con su ley mordaza y no tendrá sus “cadenas” para hablar de las cualidades propias y decir lo que quiera de sus opositores, mientras estos y el periodismo independiente debían permanecer en silencio ante los abusos del gobierno. Vale la pena recordar que durante su gobierno, según otro estudio de Fundamedios, Correa utilizó “la cadena”, de su uso exclusivo absolutamente, en 5.586 ocasiones (4.958 cadenas de TV y 628 de radio). Estuvo cinco meses continuos en el aire (un total de 158 días completas de trasmisiones). Y, por supuesto, cero espacio para opositores o quienes disintieran con su gobierno. Y, aún así no consiguió que su “caballo” ganara la carrera.

    Ese “favor” y manejo de los medios oficiales y “amigos”, se vuelca ahora a Moreno, por lo que se hace difícil hablar de elecciones totalmente limpias, aunque ello ya no quiere decir que se les haga fácil llegar.

    El domingo cerca de 13 millones de ecuatorianos definirán, no en las circunstancias ideales y propias de una auténtica democracia, quien será su presidente y varias cosas más, como hemos visto.

    Por Danilo Arbilla

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    Publicado por jotaefeb | 10 abril, 2017, 10:45
  3. Los ecuatorianos se juegan la libertad

    Son cinco: Cuba, Venezuela, Bolivia, Nicaragua y Ecuador. Se trata del núcleo principal de los países del Socialismo del Siglo XXI. Tienen estructuras económicas diferentes y sus gobiernos manejan el aparato productivo de diversas maneras, pero coinciden en un aspecto esencial: han llegado al poder para quedarse permanentemente. La alternancia en las tareas de gobierno les parece una majadería burguesa a la que no están dispuestos a someterse aunque tengan que retorcer las leyes o cometer cualquier fraude.
    La dictadura cubana, que hace 58 años se apoderó del país a cañonazos, declaró en su Constitución que el Partido Comunista es el único permanentemente autorizado para organizar la sociedad y sanseacabó. No hay nada que debatir. Cualquier vestigio de pluralismo es ilegal y quienes manifiestan su inconformidad con esa uniformidad contra natura son gusanos al servicio del imperialismo que pueden y deben ser extirpados. Por eso asesinaron a Oswaldo Payá.

    Los otros cuatro países, obligados por la vía pacífica y electoral con que accedieron al gobierno, juegan a la fantasía de la democracia liberal, con libertades, separación de poderes y elecciones periódicas, pero tampoco creen en esos elementos y están dispuestos a saltarse a la torera estas “formalidades” de poca monta, o a convertir las instituciones de la democracia en instrumentos de la tiranía.

    Es lo que acaba de suceder en Ecuador. El primer malabar indigno fue fijar la mayoría en el 40% de los votos. Eso lo hicieron para adaptar los comicios al techo del partido de gobierno y no arriesgarse en una segunda vuelta o balotaje. La mayoría, si Pitágoras no nos tomó el pelo, es la mitad más uno de los sufragios. Todo lo que no sea esa manera de contar es un subterfugio contrario a la decencia y al sentido común.

    Pero, como la resistencia a Rafael Correa va in crescendo, porque más de medio país está cansado de sus bravuconadas, y porque la situación económica de Ecuador es peor cada día que pasa como consecuencia de la corrupción y del aumento exponencial del gasto público, se hizo evidente que el Gobierno no llegaría al 40% de los votos, lo que significaba que habría segunda vuelta.

    Fue en ese punto en el que Rafael Correa y su ministro de Defensa, Ricardo Patiño (el hombre de Cuba), decidieron alterar los resultados para exceder el tramposo porcentaje del 40. Para ese fin les servía magníficamente la retórica revolucionaria. El valor de la revolución y el destino glorioso de la patria socialista estaban por encima de la voluntad mezquina de una mayoría coyuntural que en el futuro les estaría agradecida. ¿Qué importancia tenía alterar unas décimas de punto el resultado electoral si estaba en juego el destino de la revolución?

    Afortunadamente, no pudieron llevar a cabo sus planes por la vigilancia del general Luis Castro Ayala, dado que la Constitución convierte a las FF.AA. en garantes de las elecciones. Cuando se perdió la llamada “cadena de custodia” (el traslado de los votos al Consejo Nacional Electoral), el militar comprendió que se preparaba un fraude, se negó a ser cómplice de esa desvergüenza y le salió al paso.

    Castro Ayala salvó la voluntad popular y pasó a la historia como un hombre de honor, pero le costó el cargo. Correa, pese a declarar su amistad con el general, y proclamar, con cierto cinismo, su “profundo dolor” por lo que hacía, lo cesanteó y se las arregló para colocar al frente de las Fuerzas Armadas a militares que respondían a su línea ideológica, que es también la de Patiño.

    Los ecuatorianos volverán a las urnas. Para ganar, y para que no les roben las elecciones, necesitan contar con dos factores fundamentales. El primero, es el inequívoco y entusiasta respaldo de todos los demócratas a la candidatura del opositor Guillermo Lasso. El segundo, es estar dispuestos a defender sus votos con los dientes y las uñas porque el Socialismo del Siglo XXI es capaz de cualquier canallada para mantenerse en el poder.

    Una última y melancólica observación: como esos socialistas –que nada tienen que ver con los socialdemócratas europeos– están dispuestos a cualquier atropello con tal de prevalecer, si logran imponerse por las malas acelerarán el camino hacia la tiranía, como hemos visto en la Venezuela de Maduro. Los ecuatorianos no están apostando por un cambio de gobierno. Se están jugando la libertad. La democracia tiene fecha de caducidad en el país: el 2 de abril. A partir de esa fecha puede caer la noche para siempre.

    Por Carlos Alberto Montaner

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    Publicado por jotaefeb | 17 marzo, 2017, 11:32
  4. El “milagro económico” de Ecuador fue una farsa

    Por Andrés Oppenheimer

    Si el candidato opositor Guillermo Lasso gana la segunda vuelta electoral del 2 de abril en Ecuador y se convierte en el próximo presidente del país, la mayoría de los ecuatorianos se darán cuenta de que el supuesto “milagro económico” del presidente saliente Rafael Correa ha sido una farsa.

    De hecho, el gobierno de Correa durante los últimos 10 años debería convertirse en un caso de estudio obligatorio en todas las universidades de Latinoamérica sobre el mal manejo económico. Habría que pedirles a los estudiantes que comparen la economía y los índices de pobreza de Ecuador bajo el populismo “revolucionario” de Correa con el desempeño de su país vecino, Perú, en el mismo lapso.

    Los estudiantes descubrirían rápidamente que, mientras que ambos países y gran parte del resto de América del Sur se beneficiaron del mayor auge de los precios de las materias primas en la historia reciente, a Perú le fue mucho mejor que a Ecuador.

    Mientras que la economía de Ecuador creció a un promedio anual del 3,4 por ciento desde el inicio del gobierno de Correa en 2007 hasta el 2014, la economía peruana creció un promedio anual de 5,6 por ciento en el mismo lapso, según cifras de Naciones Unidas.

    Y si incluyéramos los años 2015 y 2016, la diferencia a favor de Perú sería aún mayor, porque la economía del Ecuador sufrió una caída brusca por el descenso de los precios del petróleo. El Banco Mundial pronostica que la economía de Ecuador caerá un 2,9 por ciento este año, el peor desempeño económico de la región después del de Venezuela.

    Más importante aún, Perú disminuyó la pobreza mucho más que Ecuador. Mientras que Ecuador redujo la pobreza en un 30 por ciento desde 2007, Perú la redujo en un 69 por ciento en el mismo lapso, según cifras de la ONU citadas por la firma XPSecurities.

    José Hidalgo, director del instituto de investigación económica CORDES de Ecuador, dice que mientras Perú promovió la inversión privada y ahorró para los años de las vacas flacas, el Ecuador de Correa se embarcó en una fiesta populista.

    Bajo Correa, Ecuador fue el país sudamericano que más aumentó el gasto público durante los años del boom petrolero, dice Hidalgo. El gasto público creció de 25 por ciento del producto interno bruto a 44 por ciento. Entre otras cosas, el Gobierno ecuatoriano pasó de tener 15 a 30 ministerios, dijo.

    Y durante ese período, Correa ahuyentó la inversión privada. Durante sus 10 años en el poder, la participación del sector gubernamental en las inversiones globales creció del 20 al 52 por ciento, según las cifras de CORDES. Y cuando los precios del petróleo comenzaron a caer, el país se quedó sin inversión.

    Es cierto que Correa construyó carreteras y escuelas, pero Perú también lo ha hecho. Y a diferencia de Ecuador, Perú tiene las finanzas sólidas y podrá continuar haciéndolo.

    En materia de corrupción, aunque tanto Ecuador como Perú están entre los países cuyos funcionarios recibieron sobornos de la constructora Odebrecht, hay una gran diferencia en la manera en que ambos están reaccionando. Mientras los fiscales peruanos están investigando el caso a fondo y han pedido la detención internacional del expresidente Alejandro Toledo, quien ha negado cualquier irregularidad, la justicia ecuatoriana ha hecho poco y nada al respecto.

    Odebrecht habría pagado US$ 34 millones en sobornos a funcionarios ecuatorianos durante el mandato de Correa y US$ 29 millones a funcionarios peruanos de gobiernos recientes, según documentos del tribunal del Departamento de Justicia de Estados Unidos.

    Por último, Correa ha sido uno de los principales represores de la libertad de expresión en América Latina. Bajo su ley de comunicaciones del 2013 que estableció una nueva oficina reguladora de los medios, se han dictado sanciones en más de 300 casos contra medios de comunicación, según Freedom House y otros grupos de defensa de los derechos humanos.

    Mi opinión: Correa desperdició la mayor bonanza económica de la historia reciente de Ecuador. Su pseudorevolución narcisista-leninista redujo la pobreza mucho menos de lo que lo hicieron con mucho menos ruido los gobiernos recientes de Perú con sus políticas a favor de la inversión privada, que fueron más aburridas pero mucho más efectivas.

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    Publicado por jotaefeb | 7 marzo, 2017, 09:25

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