Presidente Trump, no ahuyente a los turistas

Ojalá que el presidente Trump mantenga el tono “presidencial” de su discurso al Congreso de esta semana y deje de ahuyentar a los turistas extranjeros, porque ya hay señales de que sus diatribas diarias contra los inmigrantes y los países socios comerciales de Estados Unidos están causando una disminución en el turismo extranjero a Nueva York, Miami y otros centros turísticos del país.
Las acusaciones de Trump contra los mexicanos y los musulmanes, al igual que su plan de restricciones al ingreso de personas de siete países de mayoría musulmana, y de deportar a millones de indocumentados ya están causando que varias organizaciones pronostiquen un “efecto Trump” que hará caer el turismo a Estados Unidos.

A principios de esta semana, la agencia de marketing de turismo de la ciudad de Nueva York, NYC & Company, anunció que los visitantes extranjeros a la ciudad –que alcanzaron los 12.7 millones el año pasado– disminuirán en unos 300.000 este año, lo que se traducirá en pérdidas de más de US$ 600 millones. La agencia dijo que la disminución se debe en parte a “la retórica” que viene de la Casa Blanca.

El Consejo Mundial de Viajes y Turismo (WTTC), con sede en Londres, había dicho anteriormente que las restricciones de visas a personas de siete países de mayoría musulmana, temporalmente suspendida por un tribunal, perjudicará la industria turística de Estados Unidos.

Ya está ocurriendo, según varias empresas. Hopper Research, una compañía de investigación de vuelos, dice que las búsquedas de vuelos de países extranjeros a Estados Unidos cayeron un 17 por ciento desde la toma de posesión de Trump. Hubo una caída de estas búsquedas en 94 de los 122 países analizados, dijo.

Un informe del 27 de febrero de la empresa de reservaciones por internet Kayak.com, titulado ¿A dónde irán los británicos en el verano de 2017, dice que “el amor de los británicos por Estados Unidos se está acabando muy rápidamente”. Agregó que las búsquedas en internet de Gran Bretaña para los vuelos a Orlando bajaron un 58 por ciento, y a Miami un 52 por ciento en comparación con el año pasado.

“Estamos viendo el comienzo de una caída debido a la retórica y a las políticas de Trump”, me dijo Adam Sacks, presidente de Tourism Economics, una firma de pronósticos de la industria turística. “México va a ser uno de los más afectados, debido a la tensa relación México-Estados Unidos”.

Sacks me dijo que Miami no sufrirá tanto como otros destinos turísticos de Estados Unidos, porque los visitantes latinoamericanos están menos influenciados por el sentimiento anti Trump que los de Europa y Oriente Medio. Sin embargo, la caída en el turismo se sentirá en todos lados, dijo.

Por supuesto, hay otros factores que están afectando el turismo a Estados Unidos, como el dólar fuerte y la debilidad de la economía mundial. Pero un estudio comparativo de la firma Tourism Economics con años anteriores con circunstancias macroeconómicas similares muestra que las percepciones políticas impactan el turismo.

Según las proyecciones de la firma de Sacks, las visitas internacionales a Estados Unidos bajarán un 3 por ciento este año. Las visitas de México y el Reino Unido disminuirán un 7 por ciento, y las de Alemania un 4 por ciento, dice la empresa.

Mi opinión: Trump debería someterse a una terapia de control de la ira, tratar de controlar sus estallidos de furia contra casi cualquier cosa extranjera, y hacer que los visitantes internacionales se sientan bienvenidos en Estados Unidos.

Podría tomar el ejemplo de un país pequeño, Costa Rica, cuyo presidente, Luis Guillermo Solís, la semana pasada colocó en las redes sociales un video donde él toca la melodía de Ciudad de las Estrellas en un piano, e invita a la actriz Emma Stone –ganadora del Oscar como mejor actriz por la película La La Land– a visitar su país y disfrutar de sus bellezas naturales.

Cuando entrevisté a Solís sobre su ingenioso video, se rió y me dijo que era parte de su misión: promover su país, mostrando sus mejores cualidades, e invitando a los extranjeros a visitarlo. Es hora de que Trump deje de hacer exactamente lo contrario.

Por Andrés Oppenheimer

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13 pensamientos en “Presidente Trump, no ahuyente a los turistas”

  1. LA APRESURADA EDUCACIÓN DE DONALD TRUMP

    El general John Kelly impidió que Donald Trump cometiera un error. A los marines les gusta terminar ordenadamente su trabajo. Su flamante Jefe de Gabinete convenció al presidente de que Estados Unidos, por difícil que fuera, no debía abandonar a Afganistán sin tratar de robustecer al gobierno de ese país y marginar a los talibanes.

    Con toda probabilidad no se lo dijo, pero seguramente lo pensó: su hijo Robert había muerto en la guerra afgana por el estallido de una mina. Empacar e irse con las manos vacías hubiera sido una forma brutal de decirle que su sacrificio había sido en vano, y se sabe que los marines no abandonan a sus hombres en medio del combate.

    Como parte del proceso de educación de Trump, Steve Bannon fue alejado de la Casa Blanca. Era demasiado aislacionista y tenía en su imaginativa cabecita mil fantasías conspiratorias. No sólo pensaba que Estados Unidos era el mejor país del planeta –a lo que tenía derecho–, sino que debía preservar para sí toda la riqueza que creara. No advertía que el egoísmo no es una virtud en el terreno internacional.

    El razonamiento de Roosevelt-Truman durante y tras el fin de la Segunda Guerra mundial continúa vigente. Estados Unidos no podía sobrevivir como una sociedad libre y próspera en un planeta dominado por modelos y criterios que conducen al totalitarismo. Para protegerse, Estados Unidos tenía que asociarse con otras naciones y compartir su riqueza. El altruismo era, en gran medida, una actitud defensiva. En consecuencia, todo el aparato gubernamental relacionado con el exterior fue diseñado con arreglo a ese criterio.

    El Departamento de Estado creó maneras de colaboración con las naciones afines y desarrolló fórmulas mediante el sistema de premios y castigos para atraer al llamado “mundo libre” a las que se podía y penalizar a las adversarias. Todo comenzó con el generoso “Plan Marshall” –otro general brillante y comprensivo- y siguió con el rediseño institucional de Alemania y Japón con el objeto muy exitoso de “cambio de régimen” en esos países.

    Con el paso del tiempo fueron agregándose nuevos peligros: el narcotráfico, el terrorismo islamista o de cualquier índole, el tráfico de personas en las fronteras, la delincuencia organizada, la corrupción pública y privada, casi siempre coludidas. Y a estos desafíos se les trató por el mismo procedimiento: se les enfrentó mediante convenios internacionales, listas de personas y empresas malditas, como la “Lista Clinton”, y a la labor habitual de los cuerpos de inteligencia se agregó la búsqueda de información de esta naturaleza (por ejemplo: “Los papeles de Panamá”), incorporándose a la lucha la DEA, el FBI y el Departamento del Tesoro.

    ¿Falta algo en la educación de Trump para que pueda dirigir a la primera potencia del mundo? Faltan muchas lecciones, como se desprende del penoso discurso pronunciado en Arizona el 22 de agosto ante un grupo de militantes enfervorizados.

    Es urgente, por ejemplo, que el presidente Trump comprenda que para continuar siendo grande y próspero, Estados Unidos necesita comerciar intensamente con todas las naciones del globo, y debe abandonar la absurda actitud de amenazar con alejarse de los Tratados de Libre Comercio (como ya hizo con el que se gestaba en el Pacífico), comenzando con el que el país suscribió con Canadá y México. Tal vez esa actitud proteccionista le permita ganarse la buena voluntad de algunos trabajadores afectados por la competencia, pero va en detrimento del conjunto de la sociedad.

    Ese lenguaje contraproducente utilizado por Trump, que es el de los empresarios mercantilistas que medran “a la sombra del proteccionismo” –como denuncia el economista mexicano Luis Pazos–, repetido por una izquierda comunistoide anclada en el desconocimiento de cómo funciona la economía, incapaz de entender que en las actividades comerciales todas las partes ganan, porque no se trata de transacciones de suma-cero, donde lo que uno obtiene el otro lo pierde, sino de la operación esencial de la economía de mercado que potencia el crecimiento constante del capital porque todos se benefician.

    Como remata Pazos su artículo (Trump: proteccionismo igual que izquierda): “Los resultados de 22 años de vigencia del Tratado de Libre Comercio de América del Norte, más allá de dogmatismos, muestran que ambos países se benefician con el TLCAN. Si Trump insiste en cumplir la promesa de campaña de aplicar más aranceles al comercio México-EUA, beneficiará a ciertos sindicatos de EUA y perjudicará a la mayoría de las empresas y consumidores de Norteamérica”.

    Lo que sucederá, además, es que China ocupará esos espacios que Estados Unidos abandona. Ya se ha sugerido con el Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica (TPP) y volverá a ocurrir con el TLCAN. Pero esta vez será en el vecindario americano.

    Por Carlos Alberto Montaner

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  2. Trump y los tuits de la ira

    Por Carlos Alberto Montaner

    Ana Navarro, analista de CNN, afirma que Donald Trump debe dejar de comportarse como una “niña mala”. Se refería a los últimos tuits del presidente contra Joe Scarborough y Mika Brzezinski, ambos presentadores de Morning Joe, un popular programa matutino de MSNBC. Trump llamó a Joe “psicópata” con bajos ratings de teleaudiencia (lo que es falso). A Mika, “loca”, portadora de un pobre coeficiente de inteligencia (algo también falso), a quien le sangraba la cara tras una reciente cirugía plástica.

    No se trata de Trump contra la prensa de izquierda. Ana Navarro es una analista republicana, abogada, criada en Miami, exembajadora de Nicaragua (su país de origen) en la Comisión de Derechos Humanos de Ginebra, a donde fue a defender paladinamente a los disidentes y perseguidos cubanos y de otras latitudes. Posteriormente, fue contratada por CNN para contar con su punto de vista, siempre moderadamente conservadora, ocurrente y divertida, frente a otras visiones demócratas situadas más a la izquierda.

    Scarborough y Brzezinski, pareja en la pantalla y tras ella, están también más cerca del universo republicano, aunque Mika sea demócrata. Joe, antes de ser presentador, fue un abogado elegido cuatro veces al congreso estadounidense por el Partido Republicano, al que continúa adscrito. Mika es la hija del recientemente desaparecido estratega Zbigniew Brzezinski, profesor de Columbia University y zar de la diplomacia norteamericana durante el mandato de Jimmy Carter.

    En el teatro español del Renacimiento se le llamaba “decoro” a la congruencia entre el cargo que se ocupaba y el lenguaje o las ropas que se utilizaban en el escenario. La lista de líderes republicanos preocupados por la falta de decoro del presidente Trump es impresionante: Paul Ryan, presidente del Congreso, los senadores Lindsey Graham, Ben Sasse y John McCain, la congresista Iliana Ros-Lehtinen, y paro de anotar nombres para no convertir este artículo en un aburrido listín telefónico.

    El argumento de Ana Navarro y de numerosas figuras republicanas es que el comportamiento de Trump no es propio del inquilino de la Casa Blanca. Como no lo fue durante la campaña endilgarles sobrenombres a los adversarios o burlarse de un periodista crítico que padecía un síndrome neurológico que le producía movimientos espásticos. Eso no se hace. Es cosa de patanes, no de verdaderos estadistas, aunque sirva para conquistar los votos de cierto tipo de elector carente de empatía.

    En los años cincuenta del siglo pasado existía la leyenda de que los partidos políticos estadounidenses podían enfrentarse severamente, pero cuando se trataba de la Seguridad Nacional actuaban de consuno. No era verdad. Nunca ha sido cierto. Los partidos políticos norteamericanos son como los del resto del mundo y llevan sus conflictos a todos los ángulos.

    No obstante, hay una diferencia fundamental a favor de la experiencia norteamericana. Los legisladores de la bancada oficialista en Estados Unidos, ya sea en el Congreso o en el Senado, no están obligados a obedecer al Presidente a la hora de las votaciones. La idea de la democracia representativa en el país es que los políticos representan a quienes los eligen y no a los partidos en que militan. Por eso, por ejemplo, Trump, pese a contar con mayoría absoluta en ambas cámaras, no tiene los votos que necesita para sustituir el plan de salud conocido como Obamacare.

    Sospecho que el conflicto entre Trump y el partido que lo postuló irá en aumento. Fue lo que quiso decirme un congresista republicano cuando me afirmó, confidencialmente: “Ardo en deseos de llegar al año 2020 para ponerle fin a esta pesadilla”. Esperaba que Trump fuera presidente por un solo periodo.

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  3. Donald Trump debe ir preparando la billetera
    1 JULIO, 2017
    Venezuela está inmersa en una trágica y sangrienta crisis política y económica como nunca en su historia, con repercusión en todo el Hemisferio Occidental. Siendo este país el de la mayor reserva comprobada de petróleo en el mundo, e históricamente, el mayor productor de hidrocarburos en la región después de Estados Unidos, esta bonanza del valioso y más fungible recurso natural lo había convertido en el pasado en una de las mayores economías de América del Sur, siendo importante socio comercial de varias naciones de este continente y del Caribe, en especial de Colombia.

    Desde 2005, muchos países de América Central y del Caribe se han visto beneficiados con la generosa ayuda económica por parte de Venezuela a través de Petrocaribe, la alianza político-comercial concertada por Hugo Chávez con la finalidad de conseguir socios para su revolución socialista bolivariana por medios económicos, tal como Fidel Castro intentó hacerlo con su revolución comunista por medio de la guerrilla, tras hacerse con el poder en Cuba. A través de esta alianza comercial, Venezuela se convirtió en un poder político importante en la región, ocasionando la división del continente entre aliados del régimen chavista –contrario a la hegemonía geopolítica de Estados Unidos en la región– y los contrarios al giro del continente hacia la izquierda marxista propiciado por Hugo Chávez y Luiz Lula da Silva, bajo la dirección de Fidel Castro.

    Esta polarización política convirtió a la Organización de Estados Americanos (OEA) en una caricatura de foro político continental, con el debilitamiento de su tradicional autoridad para la solución pacífica de las controversias entre países del Hemisferio, y sus buenos oficios para ayudar a los Estados miembros a resolver sus crisis políticas domésticas. El más claro ejemplo de la pérdida de músculo político de la OEA ha quedado de manifiesto últimamente al no alcanzarse consenso para imponer sanciones al régimen de Nicolás Maduro, por la flagrante violación de la Carta de la organización en lo relativo a Derechos Humanos y a las garantías democráticas en el país caribeño.

    La debacle económica y política de Venezuela se originó con la sostenida caída de precios del petróleo a nivel mundial y la consecuente declinación de su producción, la que, por mala administración y corrupción, de un pico de unos 3,2 millones de barriles por día en 1997 ha caído a alrededor de 2,2 a 2,5 millones de barriles por día. El petróleo y el gas representan el 95 por ciento del valor total de las exportaciones de este país, por lo que puede decirse que virtualmente la nación venezolana vive de los hidrocarburos, como Arabia Saudita y otros países del Golfo Pérsico.

    Como consecuencia, Venezuela enfrenta actualmente una espantosa escasez de alimentos, medicinas y otros insumos básicos. Los ciudadanos forman filas durante horas en los supermercados para comprar vituallas de consumo cotidiano, como arroz, azúcar, carne y otros. Falta hasta papel higiénico, y cada día aumenta el número de gente muy pobre que se rebusca por alimentos en los tachos de basuras.

    Como resultado de la crisis económica, se ha agudizado la crisis política. Durante los dos últimos años, las protestas y motines contra el Gobierno han sacudido a las principales ciudades de Venezuela, en particular la capital, Caracas, con un centenar de víctimas fatales, casi la mitad de ellas solo durante los dos últimos meses, en que han recrudecido las protestas callejeras.

    Aunque Nicolás Maduro fue escogido por Hugo Chávez como su sucesor para gobernar el país, el mismo no goza de la firme lealtad que inspiraba este en los votantes venezolanos, sobre todo en las clases obrera y media baja, por lo que actualmente se encuentra luchando como gato panza arriba para sostenerse en el poder. Con su conducción gubernamental desacreditada y el respaldo de las fuerzas armadas en creciente duda, lo más probable es que Maduro sea defenestrado antes de que termine su mandato constitucional.

    Dentro de este marco, para la oposición venezolana reunida en la Mesa de Unidad Democrática (MUD) y que ha ganado la mayoría legislativa en las últimas elecciones nacionales, la superación de la crisis política y económica del país va a pasar por dos instancias cruciales: caída del presidente Nicolás Maduro y elecciones para elegir a su reemplazante, por una parte, y por la otra, la rápida rehabilitación de la industria petrolera mediante reformas estructurales que atraigan inversión extranjera directa, y mejoren la rentabilidad del capital privado asociado con la estatal PDVSA en la explotación y comercialización de petróleo y gas.

    Las consecuencias negativas de una caída del régimen chavo-castrista se sentirán con toda crudeza en Centroamérica y el Caribe, porque colapsará la ya menguada olla populista de Petrocaribe, a través de la cual Venezuela viene proveyendo, desde hace más de una década, petróleo subsidiado a más de media docena de países menesterosos de la región que, por eso, apoyan en la OEA al régimen chavista, el principal de ellos, Cuba. El petróleo canalizado a través de Petrocaribe, mitad gratis y la otra mitad con pagos diferidos a las calendas griegas, es el vital insumo energético que les permite a los Gobiernos seudochavistas de esos países pobres mantener a flote sus escuálidas economías y sostener a sus clientelas políticas parasitarias. Si cae el régimen chavista y los nuevos gobernantes de Venezuela, con toda razón, cortan ese aprovisionamiento de combustible para utilizar todos los recursos en beneficio del pueblo venezolano, Cuba y esos países satélites enfrentarán un gravísimo problema político-económico. Probablemente no podrán sostenerse en el poder, como ya está ocurriendo con el mismísimo régimen bolivariano de Venezuela.

    Como este tipo de problemas siempre tiene profundas repercusiones en la región –aumento de la pobreza y emigración, entre otros–, el presidente Donald Trump debe ir preparando la billetera, prestando debida atención a la crisis en el país caribeño para saber, más o menos, cuánto le irán a costar a los Estados Unidos las consecuencias posteriores del sepelio de la aventura del marxismo internacional en esta región del planeta, que entró con sangre, gobernó con sangre y se va con sangre por la cloaca de la historia.

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  4. LA IRRESPONSABILIDAD DE TRUMP SOBRE EL CAMBIO CLIMÁTICO

    La decisión del presidente Trump de retirarse del Acuerdo climático de París –un acuerdo para proteger el planeta que fue firmado por prácticamente todos los países del mundo, con excepción de Siria y Nicaragua– fue un acto de irresponsabilidad suprema que le costará caro a Estados Unidos.
    La retirada de Trump del Acuerdo de París confirma los temores de que Trump ha renunciado al papel de liderazgo de EE.UU. en el mundo occidental. Su egocentrismo e ignorancia parecen tener más peso que los intereses de Estados Unidos.

    Además de cometer la insensatez de pelearse gratuitamente con los aliados tradicionales de Estados Unidos –México, Canadá, Alemania, Francia e incluso Australia– mientras abraza a los dictadores de Rusia, Turquía y Arabia Saudí, Trump ya se ha retirado del acuerdo comercial de la Asociación Transpacífica, y ahora se marchó del Acuerdo de París para reducir las emisiones de carbono que están poniendo en peligro el planeta.

    En esencia, Trump no ha hecho más que pelearse con los amigos de Estados Unidos, y abrazar a los enemigos de este país. ¿Para qué lado está jugando? No me sorprendería que pronto veamos un nuevo eje para la defensa global de la democracia y el libre comercio, liderado por Alemania y Francia, mientras que China llena el vacío de Estados Unidos como campeón de la defensa del medio ambiente.

    Ya está sucediendo. Cuando le pregunté al secretario de Relaciones Exteriores de México, Luis Videgaray, en una entrevista si el viaje programado por la canciller alemana Angela Merkel el 8 de junio a México formará parte de una creciente alianza informal “anti-Trump” de las democracias occidentales, el funcionario esquivó la pregunta.

    Sin confirmar ni negar la premisa de mi pregunta, Videgaray dijo que Alemania es el socio comercial más importante de México, y que el viaje de Merkel era para clausurar un “año de amistad mexicano-alemán”.

    Pero ¿no será más que eso? insistí. Horas antes, Merkel había dicho que Alemania ya no podía “confiar plenamente” en Estados Unidos como líder del mundo libre. Y el 25 de mayo, Merkel había dicho, en una clara referencia al muro propuesto por Trump en la frontera con México, que “no es el aislamiento y la construcción de muros lo que nos hace exitosos, sino sociedades abiertas”.

    Videgaray, que estaba en Miami para una sesión de la Conferencia de las Américas organizada por Miami Herald, me dijo que “México está obviamente haciendo un esfuerzo para acercarse y diversificar sus mercados” con países como Alemania y China.

    China ya está aprovechando las tensiones entre Estados Unidos y sus aliados. Mientras hablaba con Videgaray en Miami y poco antes del viaje de Merkel a México, el primer ministro de China, Xi Jin Ping, llegó a Bruselas para una reunión con líderes de la Unión Europea, que Xi se proclamó como un adalid de la lucha contra el cambio climático.

    La propensión de Trump a pelearse con México y Canadá, los vecinos y mayores socios comerciales de Estados Unidos, también podría tener consecuencias políticas adversas para Washington. El próximo año, México celebrará elecciones presidenciales, en las que el candidato populista de izquierda Andrés Manuel López Obrador podría convertirse en el primer presidente antiestadounidense en décadas, en parte gracias a un “efecto Trump”.

    Mi opinión: Al retirarse del Acuerdo climático de París, Trump está defendiendo una industria moribunda que está envenenando el planeta, en lugar de apoyar industrias de energía limpia que están a la vanguardia de la revolución mundial de la innovación y que producen muchos más empleos en Estados Unidos que las minas de carbón o los campos petroleros.

    Al anunciar su decisión, Trump dijo: “Fui elegido para representar a los ciudadanos de Pittsburgh, no de París”. ¡Qué bobería mayúscula! Presidente Trump: vivo en Miami, donde el nivel del océano está aumentando constantemente, y también es parte de Estados Unidos. Y el propio alcalde de Pittsburgh se ha manifestado a favor del Acuerdo de París.

    Al buscar señales de sensatez en el liderazgo global, tendremos que mirar cada vez más a los presidentes de Alemania, Francia y otros miembros responsables de la comunidad mundial. Trump prefiere estar solo, con Siria y Nicaragua.

    Por Andrés Oppenheimer

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  5. EDUCACIÓN Y SEGURIDAD

    El diario español “El País” publicó el 29 de mayo un comentario al Presupuesto de Gastos que Donald Trump presentó al Congreso para el próximo período del 1º de octubre 2017 al 30 de septiembre 2018. El comentario se titula: “El enorme hachazo de Trump a las ayudas a los universitarios de EE.UU.”.

    Trump quiere recortar 143.000 millones de dólares en préstamos para estudiantes en la próxima década. Ese dinero se suma al recorte de 616.000 millones que estaban destinados a ayuda médica para personas vulnerables y al de 193.000 millones de subsidios para alimentos. El informe dice que el Presidente norteamericano pretende invertir ese dinero en defensa y seguridad.

    Con sentido común, sensibilidad social y humana, esta noticia es pavorosa. Se les recortan las ayudas a personas de menores recursos económicos, para destinar ese dinero a reforzar la seguridad. Craso error de Trump al recortar apoyo a educación y salud para invertir más en seguridad y defensa.

    El primer y mayor recurso para seguridad y defensa es la educación. La persona sin educación de calidad (sea niño, adolescente, joven o adulto) jamás sabrá defenderse ni podrá tener seguridad en sí mismo, siempre dependerá de otros. Cualquiera fácilmente podrá dominarlo, dañarlo o eliminarlo. La seguridad no está en las armas y estrategias en manos de unos pocos entrenados en la violencia para proteger matando, la seguridad, antes que en otra parte, está en el cerebro educado de todos. Alguien debería recomendarle a Trump que lea “Inteligencia social”, de su paisano Daniel Goleman.

    Los romanos se equivocaron diciendo “si vis pacem para bellum” (“si quieres paz, prepara la guerra”). Preparar la guerra es entrenarse en y para la violencia, que tarde o temprano se revierte contra uno mismo, incluso dentro de uno mismo y destruye. El poder adquirido con violencia es violento y lo corrompe todo: las personas y los imperios. El Imperio Romano se desmoronó por su propia corrupción.

    Nuestra experiencia es demasiado iluminadora. ¿De qué fuentes proceden originariamente en la actualidad las amenazas de peligro o riesgo para los ciudadanos comunes?

    La falta de educación y formación ética, cívica e integral de la policía y el ejército (nuestras fuerzas de seguridad!) los ha dejado vulnerables y la corrupción los ha contaminado, convirtiendo a muchos de ellos en delincuentes, criminales o cómplices: dramática amenaza para nuestra seguridad. ¿Sería la solución darles más y mejores armas?

    La falta de educación y formación ética, cívica, integral y política de muchos de nuestros políticos instalados en distintos puestos de poder, posibilita que entren al circo político otros igual o peor educados y formados, que se cuelan encubiertos en listas sábanas sucias o apadrinados con cargos inventados para aumentar el banquete de comensales. Se convierten en amenaza porque se comen el dinero de los ciudadanos, crean leyes y promueven gestiones que favorecen a delincuentes y socios del narcotráfico y el terrorismo y gastan nuestro dinero en viajes, dietas, bonificaciones, secretarias vip, combustible, seguro médico excepcional, almuerzos, etc., mientras los ciudadanos no encuentran medicinas ni camas en los hospitales.

    Lo preocupante es que muchos de los que deberían dar la educación ética, cívica, integral y profesional, se han contaminado con la corrupción y convertido en originaria fuente de inseguridad, porque carecen de ética para ser dirigentes y profesores de educación superior y poder educar a jóvenes de todas las profesiones en la ética que posibilita la convivencia segura. Con educación corrupta, la seguridad está amenazada de muerte. ¿Tendremos seguridad en que los médicos sean médicos, la enfermeras sean enfermeras, los juristas defiendan el derecho y la justicia….? ¿Con qué profesionales tendremos seguridad para nuestra salud, para la construcción de nuestros puentes, viaductos, rutas y casas, para la educación y formación profesional de los hijos, para viajar por todo el país, para proteger nuestros bienes y, sobre todo, el Tesoro Público y el Bien Común?

    ¿Qué seguridad nos ofrece un Poder Judicial minado de corruptos?

    La gran preocupación de la ciudadanía no es cómo defendernos de potenciales enemigos externos, sino de los enemigos internos, los corruptos nacionales, camuflados (y encima pagados!) como servidores del pueblo en la defensa, en la política, en la administración de justicia y en la educación superior.

    Por Jesús Montero Tirado

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  6. EL AMOR Y EL ESPANTO

    “No nos une el amor, sino el espanto / será por eso que la quiero tanto”. Con estos versos, Jorge Luis Borges expresa su ambigua relación con Buenos Aires. Con los mismos versos, un analista español expresó la ambigua relación entre la Unión Europea y Estados Unidos, la que estaba detrás del acuerdo de libre comercio llamado TTIP.

    La UE tenía miedo de quedar rezagada a causa del crecimiento económico de China, y quería salvarse con el TTIP, aún haciendo concesiones que no satisfacían del todo a los dirigentes de la UE.

    Con la asunción presidencial de Donald Trump, las negociaciones del TTIP han pasado a la congeladora, aunque no las negociaciones entre las multinacionales, que estaban detrás de esas tratativas, por considerarlas muy provechosas para ellas. Ahí jugaron un papel muy importante las empresas químicas, que consiguieron impedir la prohibición de numerosos productos químicos peligrosos en la UE.

    Después de aquello, siguió el tira y afloja con relación a los transgénicos, más resistidos en la EU que en Estados Unidos, y resistidos con mayor éxito.

    En Estados Unidos, la autoridad encargada del asunto es la FDA, que regula la comida y los remedios; en general, lo hace con el principio de que, mientras no se pruebe que un nuevo producto es tóxico, se lo puede lanzar al mercado.

    En la UE, la autoridad en el ramo es la EFSA, que se guía más bien por el principio de precaución: mientras no se pruebe que un producto no es tóxico, no se lo puede lanzar al mercado.

    Hacia 1990, la FDA decidió que los alimentos transgénicos eran “sustancialmente idénticos” a los orgánicos, así que no era indispensable hacer estudios sobre su toxicidad. Hasta el momento, la EFSA no ha aceptado ese principio, sin ser por eso demasiado firme frente a las presiones de la gran industria.

    Con los transgénicos está muy relacionado el glifosato, el herbicida favorito de la multinacional Monsanto.

    En este momento, hay más de cincuenta demandas contra Monsanto en los Estados Unidos, emprendidas por personas que tienen cáncer y lo atribuyen al glifosato, que Monsanto lanzó al mercado con el anuncio de que era tan inofensivo como la sal de cocina. Después cambió su eslogan: es ligeramente tóxico.

    Numerosos estudios científicos afirman que el glifosato produce cáncer; como contrapartida, otros estudios científicos dicen que no. Curiosamente, los que dicen que no los emprendieron personas o entidades relacionadas con Monsanto.

    En la UE, la EFSA ha autorizado el uso del glifosato por diez años más, una decisión que ha sido muy criticada. El fundamento de la crítica es que un juez norteamericano obligó a Monsanto a publicar muchos documentos internos de la empresa. Uno de ellos es que Jess Rowlands, un ex funcionario público muy relacionado con la empresa privada influyó en la autorización de la EFSA con una llamada telefónica.

    Véase el artículo del Guardian del 24 de mayo pasado, puesto en internet: “EU Declared Monsanto Weedkiller Safe…”. En todas partes se cuecen habas.

    El escándalo de la llamada, sumado a la retirada de Estados Unidos del Acuerdo de París, ¿modificarán decisivamente la relación de amor-odio entre el Viejo y el Nuevo Mundo? Yo creo que sí.

    Por Guido Rodríguez Alcalá

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  7. ¿El final de 100 años de liderazgo?

    Por Alberto Acosta Garbarino

    Al finalizar la Primera Guerra Mundial en 1918, los destruidos países europeos que entonces eran grandes imperios coloniales tuvieron que ceder el liderazgo mundial a una joven y pujante Estados Unidos.

    Desde entonces y con mayor fuerza desde finales de la Segunda Guerra Mundial, en 1945, los Estados Unidos se constituyeron en la superpotencia que lideró al mundo occidental durante el periodo de la guerra fría y lideró el proceso de globalización desde la caída del muro de Berlín en 1989.

    Hoy Estados Unidos es en el mundo la principal potencia militar con bases en más de 42 países; es la principal potencia económica con casi el 25% del PIB mundial; y es la principal potencia educativa con 7 de las 10 mejores universidades del mundo.

    Las empresas norteamericanas dominan ampliamente la economía global. En el ránking de las 100 empresas más grandes del mundo, 54 son norteamericanas, siendo las 11 primeras todas estadounidenses. Apple lidera el ránking, Alphabet –que es la dueña de Google– es la segunda y Microsoft la tercera.

    Con semejante poderío, todos los presidentes de los Estados Unidos desde 1945 fueron no solamente líderes de su país, sino claramente los líderes mundiales.

    Y ejercieron ese liderazgo, en lo militar, durante el periodo de la guerra fría, protegiendo a Europa Occidental de la amenaza de la Unión Soviética y a Japón, Corea del Sur y Taiwán de la amenaza china.

    En el aspecto económico, ayudaron a reconstruir una Europa devastada después de la Segunda Guerra Mundial gracias al Plan Marshall y reconstruyeron Japón gracias a la ocupación liderada por el general MacArthur.

    Este fuerte liderazgo también tuvo aspectos negativos como los atroces crímenes cometidos durante las diferentes guerras, las diversas intervenciones militares para derrocar a gobiernos de países soberanos y las no pocas macabras intervenciones de sus organismos de inteligencia, para asesinar a líderes opositores en el mundo.

    Sin embargo, en un balance final, creo que el liderazgo norteamericano ha sido beneficioso para la humanidad. Porque nos trajo un periodo extraordinario de avances tecnológicos que hicieron posible la globalización que hoy vivimos y nos trajo un periodo también extraordinario de progreso económico que permitió a muchos países y a millones de personas pasar de la pobreza extrema a niveles de vida compatibles con la dignidad humana.

    Hoy se vislumbran en el horizonte grandes amenazas para la humanidad, como el calentamiento global, las armas nucleares, el terrorismo y el narcotráfico y más que nunca será necesario un claro e indiscutible liderazgo mundial.

    Liderazgo que ahora empieza a ser disputado por la agresiva presencia de China, que gobernada por una férrea dictadura comunista empieza a desafiar a Estados Unidos en el aspecto económico y en el militar. O por el renacer de Rusia que, liderada por un líder autoritario como Putin, desea volver a ocupar el espacio de la antigua Unión Soviética.

    En medio de esta situación aparece… Trump. Una persona sin la más mínima preparación para ocupar la presidencia de la primera potencia mundial, que con un discurso beligerante hacia países tradicionalmente aliados y con una política aislacionista, está destruyendo todo lo construido por los Estados Unidos en los últimos 100 años.

    Se retiró del TPP Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica dejando a China la cancha libre para dominar Asia; está resquebrajando la OTAN dejando a Europa casi indefensa ante la amenaza de Rusia y ahora se retiró del Acuerdo de París, que es la base para evitar el calentamiento global.

    En tan solo 120 días Donald Trump está dinamitando el liderazgo norteamericano en el mundo. Está dinamitando todo lo construido, nada menos que durante 100 años.

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  8. La oficina de propaganda contra los inmigrantes de Trump

    Por Andrés Oppenheimer

    El presidente Trump acaba de crear una nueva oficina gubernamental que documentará y divulgará los crímenes cometidos por inmigrantes indocumentados, quienes según la mayoría de los estudios cometen menos crímenes que los estadounidenses de origen. De manera que aquí está mi pregunta a mis amigos que todavía apoyan a este presidente: si eso no es ser antiinmigrante y xenófobo, ¿qué es?

    Trump anunció la creación de su oficina de propaganda antiinmigrante durante su discurso del 28 de febrero en la sesión conjunta del Congreso.

    “He ordenado al Departamento de Seguridad Nacional que cree una oficina para atender a las víctimas estadounidenses. La oficina se llama VOICE, o Oficina para las Víctimas de Crímenes de Inmigración”, dijo. “Estamos dándoles voz a aquellos que han sido ignorados por nuestros medios de comunicación y silenciados por intereses especiales”.

    Trump agregó que VOICE ayudará a las víctimas de crímenes perpetrados por inmigrantes indocumentados a rastrear sus respectivos casos, y a “hacer pública una lista exhaustiva de acciones criminales cometidas por extranjeros”.

    Para dramatizar su punto durante su discurso al Congreso, Trump presentó a Jamiel Shaw, cuyo hijo de 17 años fue asesinado por un miembro de una pandilla de inmigrantes indocumentados en Los Ángeles.

    El problema es que prácticamente todos los estudios muestran que los inmigrantes indocumentados tienden a cometer menos crímenes que los estadounidenses nacidos en Estados Unidos. Y hay buenas razones para ello: los indocumentados temen ser deportados.

    Según un estudio del Consejo Americano de Inmigración (AIC), los datos del Censo de Estados Unidos muestran que solo el 1,6 por ciento de los varones inmigrantes –tanto legales como ilegales– de entre 18 y 39 años están presos, en comparación con el 3,3 por ciento de los nativos estadounidenses.

    El estudio del AIC llegó a la misma conclusión cuando examinó específicamente el caso de los jóvenes mexicanos, salvadoreños y guatemaltecos sin educación secundaria, que constituyen la mayor parte de los inmigrantes indocumentados: tienen índices de encarcelamiento significativamente más bajos que sus pares nacidos en Estados Unidos.

    “Numerosos estudios han confirmado dos verdades simples pero poderosas: los inmigrantes son menos propensos a cometer crímenes graves o estar tras las rejas que los nativos, y las altas tasas de inmigración están asociadas con tasas más bajas de delitos violentos”, dice el estudio.

    Entonces, ¿por qué Trump está obsesionado con acusar a los inmigrantes indocumentados de ser causantes del crimen en Estados Unidos?

    ¿Por qué no crea una oficina de víctimas de crímenes de odio racial para identificar a los supremacistas blancos que han cometido crímenes, y darles una voz a los musulmanes, judíos, mexicanos, indios y otras minorías que han sido víctimas de una epidemia de crímenes de odio desde que Trump ganó las elecciones?

    ¿Por qué no crea una oficina para resaltar las contribuciones a la sociedad de los indocumentados, que según el Instituto de Política Tributaria y Económica pagan unos US$ 11.600 millones en impuestos estatales y locales cada año? (Mientras que Trump, que sepamos, no ha pagado nada en años.)

    La respuesta es que Trump busca sembrar el pánico contra los indocumentados para satisfacer a su base de hombres blancos de clase obrera que lo votaron.

    El problema es que, con la creación de VOICE, Trump no solo continuará demonizando y deshumanizando a los indocumentados, sino que creará un clima de sospecha y odio contra todos los inmigrantes.

    “Conducirá a más acoso, más crímenes de odio, más intimidación y más discriminación contra cualquiera que se parezca a un inmigrante”, me dijo Frank Sharry, director de America’s Voice, un grupo de defensa de la inmigración. “Tú podrías ser un hispano de quinta generación cuya familia ha servido en el ejército, pero si tienes piel oscura, vas a ser visto por mucha gente estúpida como un delincuente y una amenaza”.

    Mi opinión: Estoy de acuerdo. La oficina de propaganda antinmigrante de Trump es una de las ideas más antiestadounidenses que este país jamás ha visto. En lugar de fomentar el odio social contra un grupo que comete menos crímenes que los estadounidenses de origen, Trump debería crear una oficina similar para denunciar públicamente los crímenes de los supremacistas blancos, que incluyen a muchos de sus seguidores.

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  9. Donald Trump no da la cara
    Esta vez, Trump evitó aparecer en público firmando la nueva orden que prohíbe la entrada a ciudadanos de seis países musulmanes. Esta no es precisamente una muestra de liderazgo, opina Miodrag Soric.

    El presidente de Estados Unidos difícilmente reconocería que se equivocó en el primer intento de vetar la entrada a personas de siete países musulmanes. Esta vez no apareció él sino que envió a sus ministros a dar la cara a la prensa. Ellos – y no el presidente – anunciaron las nuevas restricciones a la admisión de refugiados a los Estados Unidos. A los periodistas empero, no se les permitió hacer preguntas. ¡Nada de correr riesgos! El público solo ha podido ver una foto de Trump mientras firmaba dicha orden administrativa. Trump se esconde.
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    Justo cuando se trata de uno de los temas más anunciados durante su campaña y la razón por la que muchos de los estadounidenses votaron por él: la seguridad de las fronteras y la reducción del número de inmigrantes.
    Inusual timidez
    La nueva e inusual aversión de Trump a las cámaras y los micrófonos tiene su motivo: el fin de semana causó un aluvión de titulares con sus acusaciones de que, presuntamente, Obama habría ordenado espiar la central de su campaña. Pero Trump no aportó ni indicios ni pruebas.
    La prensa, tan odiada por él, considera que es otro intento de desviar la atención de otros problemas de su administración. Nada descabellado. La administración de Trump, hasta ahora, ha sido una serie de escándalos. El presidente de Estados Unidos no ha logrado la aprobación de una sola ley en el Congreso, a pesar de la mayoría republicana.
    Así que es posible que después de los recientes escándalos, sus expertos le hayan recomendado a Trump cierta abstinencia con Twitter o apariciones en televisión. Algo que no durará mucho tiempo.
    La nueva versión del veto a la inmigración le da más tiempo a las autoridades para conocer las reglas y aplicarlas. Así se podrá evitar el caos generado hace unas semanas en los aeropuertos. En todo caso, los tribunales estadounidenses examinarán la legalidad de las nuevas medidas. Pero sea cual sea el veredicto que emitan, el gobierno de Trump continuará siendo restrictivo frente a la inmigración.
    Una actitud casi simbólica
    Washington le da la espalda al resto del mundo. Irónicamente Estados Unidos, el país que con sus ilegales intervenciones internacionales dio lugar a la inmensa crisis humanitaria de refugiados, cierra ahora sus fronteras. Trump se esconde detrás de las paredes de la Casa Blanca. Una actitud casi simbólica de la realidad. Esto no es muestra de liderazgo.
    ¿Tocará la canciller Merkel la crisis de los refugiados durante su visita a Washington en más de una semana? Si lo hace, lo hará con prudencia. Ella sospecha: Donald Trump no cambiará su política de aislamiento, bajo el lema de “América primero”. Merkel, como el resto de los europeos, respetará esa postura de Trump. Pero la UE también puede aprender una lección: si Estados Unidos defiende con tanta firmeza sus intereses, los europeos también debieran hacerlo.

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  10. El silencio de los inocentes

    Por Jesús Ruiz Nestosa

    MADRID. No siempre son inocentes los que guardan silencio. Y no se trata de un simple juego de palabras en torno a aquella famosa película de Jonathan Demme (1991) “El silencio de los inocentes”. Pero la idea me fue dando vueltas en la cabeza al ver que en estos días Donald Trump se ha quedado de nuevo solo para soportar un nuevo golpe.

    Cuando digo “último” es el que coincide con el momento en que escribo esta columna (ya que nada indica que no le sucedan otros posteriores) y el mismo proviene nada más y nada menos que del fiscal general de los Estados Unidos, Jeff Sessions, nombrado recientemente por el propio Presidente pensando ya que pronto necesitará de él para echar a andar muchos de sus desquiciados proyectos que había prometido durante su campaña electoral.

    El “Washington Post” (la odiada prensa por parte de Trump) acaba de publicar que el embajador ruso en Washington, Sergei Kislyak, se reunió dos veces con Sessions en pleno auge de los ataques cibernéticos por parte de los rusos al Partido Demócrata. En ese momento, Sessions era senador, pero las cosas empeoraron notablemente cuando fue propuesto por Trump al cargo de fiscal general de los Estados Unidos y debió comparecer ante el Senado que debía darle su aprobación o no. En esa ocasión, el senador demócrata Al Franken le preguntó qué haría si tuviera conocimiento del vínculo de algún miembro de la campaña de Trump con el Kremlin, y Sessions, quien estaba bajo juramento, respondió: “No soy consciente de ninguna de esas actividades. Fui llamado una vez o dos a trabajar en la campaña, y no he tenido comunicación con los rusos. No tengo capacidad para contestar”.

    Al contrario de lo que sucede con los políticos latinoamericanos que no tienen ningún inconveniente de mentir, de jurar incluso que están diciendo la verdad cuando todos saben que no es así, en los Estados Unidos el hecho de mentir, y más todavía haciéndolo bajo juramento, está considerado una falta sumamente grave. Ahora, los demócratas y parte de los republicanos, le exigen a Sessions que renuncie inmediatamente. La líder demócrata de la Cámara de Representantes fue muy dura al reaccionar y dijo que “Sessions no cumple los requisitos para ser el primer ejecutor de la ley en nuestro país; ha mentido bajo juramento y debe dimitir. Hay que abrir una comisión independiente para investigar las conexiones políticas, personales y financieras de Trump con los rusos”.

    Por de pronto, el fiscal general no ha renunciado, pero se ha recusado a sí mismo, ya que prometió inhibirse en todas las investigaciones sobre la conexión entre el Kremlin y la campaña electoral de Trump. Su inhibición es un paso obligado, ya que al ser la autoridad máxima del Departamento de Justicia y del FBI, su presencia podría influir negativamente en las investigaciones. Incluso podría darse el caso en que tuviera que ser interrogado por sus propios agentes.

    Donald Trump, que ensayó una tibia defensa diciendo de Sessions que es “un hombre honesto”, con la inhibición de su fiscal general queda muy mal parado, ya que lo que se esperaba era que negara todo para salvar el buen nombre y el prestigio de quien lo había llevado de la mano hasta dicho puesto desde el cual le iba a prestar grandes servicios.

    En este caso, la olla se destapó con cierta rapidez y el silencio que había guardado Trump respecto a las mentiras de su fiscal, acaba de estallarle en las manos. Pero a raíz de este hecho no puedo dejar de preguntarme qué pasará en los próximos meses con el silencio que guarda el presidente Horacio Cartes frente a una falta muy grave de sus colaboradores más cercanos que desean violar la Constitución para “regalarle” un segundo periodo que muy bien puede transformarse en dos. Si el infausto proyecto no llega a resultar –y todo parece indicar que no se concretará–, el presidente Cartes tendrá que romper su silencio y aparecer de nuevo en público. ¿Qué dirá entonces? ¿Cómo quedarán todos aquellos que hoy día se llenan la boca con palabras como “reelección”, “que la ciudadanía decida” y cosas parecidas? Necesariamente tendrán que rodar cabezas y pueden tener la seguridad que no será la de Horacio Cartes. Mírense, señores, atentamente en el espejo, porque es posible que esa cabeza que están viendo allí reflejada no permanezca mucho tiempo en lo alto del cuello.

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  11. Opinión: ¿un nuevo Trump?
    No hay muchas novedades, pero parece más predecible. Fue el primer discurso en el que se mostró medianamente como un presidente de verdad. A los republicanos se les habrá quitado un peso de encima, opina Miodrag Soric.

    ¿Quizá haya aprendido de los errores del pasado? En vez de infundir miedo y difamar a su adversario político, Donald Trump ofreció ante ambas cámaras del Congreso un discurso muy optimista. Apeló a la fuerza estadounidense y anunció cambios para modernizar Estados Unidos. Incluso ofreció a los demócratas cooperar en política sanitaria, migratoria y educativa. Los demócratas, por su parte, vacilan y desconfían de este nuevo Trump. Y, sin embargo, no pudieron hacer otra cosa que aplaudir cuando resaltó la abnegación de los soldados y policías estadounidenses y condenó cualquier forma de antisemitismo o xenofobia.
    Raramente tan unidos

    Los ojos de Trump no se despegaban del telepromter. Fue el primer discurso en el que se mostró más o menos como un presidente de verdad. La mayoría de las veces dio en el clavo. No cometió graves errores. A los republicanos se les quitó un peso de encima. Raramente respaldaron tanto a su presidente como cuando este anunció el liderazgo de Estados Unidos, resaltó la colaboración con Israel y la lucha contra los islamistas y manifestó estar a favor de la OTAN.
    Aparentemente, los críticos entre sus filas le perdonaron que hace solo unas semanas calificara de obsoleta a la OTAN y que buscara evidentemente la cercanía con Rusia. En el Congreso no pronunció ni la palabra Moscú ni Rusia. Es notable, sobre todo si se sigue la información de la prensa estadounidense. Desde hace semanas, esta especula sobre la magnitud de los contactos entre el equipo de la campaña electoral del candidato Trump y el Kremlin.
    ¿Política exterior? Más bien no
    Sin embargo, al presidente todo esto no le inquieta. La política exterior no jugó un papel relevante en su discurso. Se centró en tres temas: fortalecer la economía nacional, proteger las fronteras del país y reformar el sistema de salud. El mayor punto débil de su discurso: no ofreció detalles de cómo pretende reducir los costes de la afiliación al seguro médico. Como también dejó en el aire la procedencia del dinero para mejorar la infraestructura del país o crear un Ejército más moderno. Vaticinó la reducción de impuestos, pero no habló de cifras. Y ese es otra vez el “viejo Trump”: alguien que promete mucho, pero no dice cómo quiere llevarlo a cabo.
    En el discurso de Trump no había muchas novedades. El presidente sigue su ruta nacionalista y conservadora tanto en política interior como económica. Su política de seguridad internacional sigue estando influida por las ideas aislacionistas. Por lo menos, parece más previsible cuando usa un tono más conciliador.

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  12. Enemigos del pueblo

    Por José Antonio Zarraluqui

    ¡La que armó Donald Trump! Dijo que las noticias falsas son enemigas del pueblo y, ni corta ni perezosa, la prensa cogió el rábano por las hojas y concluyó que la afirmación del Presidente el 24 de febrero fue que el enemigo del pueblo es la prensa. Y algunos periodistas, dándose por aludidos, se han puesto en pie de guerra contra el inquilino de la Casa Blanca.

    Esto me recuerda un artículo que escribí tiempísimo ha, cuando Francis Fukuyama publicó El fin de la historia y el último hombre. Traté de deslindar, aunque fuera un poco, las cosas que había dicho el estudioso y las que le atribuían quienes lo atacaban sin piedad. La mayoría de los comentaristas de su libro argumentaban, con mayor o menor furor, contra afirmaciones que él en ningún momento había formulado. Ahora la historia se repite.

    Trump no habla de todas las noticias, ni siquiera de las noticias que le resultan poco favorecedoras, que asegura admitir de buen grado siempre que sean verídicas, sino de las mentiras flagrantes, las fabricaciones basadas en “fuentes que prefieren mantener el anonimato” y a todas luces son disparates traídos por los pelos con la única intención de desacreditar a su persona y deslegitimar su gobierno. Puesto que la inmensa mayoría de los periodistas se consideran “progres” y Trump se proclama “retro” en el sentido de que pretende make America great again, es lógico que no lo vean con simpatía. Pero eso es una cosa, y otra distinta mentir.

    El epíteto de enemigo del pueblo es arma corriente en el arsenal de los gobernantes totalitarios, tantos los fachas como los comunistas, que lo han usado con profusión y hasta, alguna vez, contra los mismos suyos. Por ejemplo, cuando en 1956 Nikita Jrushov, en pleno deshielo tras la época estalinista, se lo endilgó a su antecesor y padrecito Iosef Visarionovich (Stalin) por haber propiciado el culto a la personalidad y cometido algún que otro abuso.

    Pero, en realidad, antes de establecer sus dictaduras de partido único en Rusia e Italia Lenin y Mussolini, la frase gozaba ya de popularidad y en absoluto se debía a un aventurero político, sino a un notable autor teatral, el noruego Henrik Ibsen. Una obra suya se titula exactamente así, Un enemigo del pueblo, data de 1882 y es la crítica a una sociedad en que todos los estamentos se ponen de acuerdo para combatir la verdad. Un médico descubre en un balneario que el agua está contaminada y trata de hacer algo al respecto, pero los intereses creados temen las repercusiones que para el bienestar de la población pueda traer el anuncio. Así, pues, el médico, por no callarse, termina siendo enemigo del pueblo.

    Aquí no. Aquí, para negar que la prensa sea enemiga del pueblo, cosa que Trump no dijo, algunos dicen que el enemigo del pueblo es Trump. Y más le dicen: que su alma es la de un absolutista y que está dando los primeros pasos hacia una dictadura. No mencionemos a los extremistas desorejados como una Sunsara Taylor, del Partido Revolucionario Comunista USA, que invitada a la tele repetía frenéticamente que Trump es fascista y es como Hitler y es Hitler vivo y un facha y una cruz gamada y fascista a más no poder y se parece a Hitler, sin que hubiera manera de sacarla de ahí. Ella solo ve camisas pardas a su alrededor.

    Tales acusaciones ahora menudean, pero se iniciaron nada más anunciar Trump su candidatura. Y lo cierto es que, antes de las elecciones, las únicas manifestaciones dignas de las camisas pardas fueron las agresiones físicas sufridas por entusiastas partidarios del potentado Trump en algunos mítines. Y, después de las elecciones, el violento asalto el 1 de febrero llevado a cabo por 150 matones enmascarados en la Universidad de California en Berkeley para impedir la disertación de un conferencista de derecha, la cual ciertamente impidieron con un motín que aterrorizó a los asistentes y dejó daños en las instalaciones universitarias por más de US$ 100.000.

    Si hoy por hoy existen algunos brotes de intolerancia y totalitarismo en los Estados Unidos, ciertamente no se encuentran en donde nos dicen que están.

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  13. Proyecto de ley busca poner fin a lotería de visas

    Una vez más los legisladores en el Congreso buscan acabar con el programa de lotería de visas de Estados Unidos.

    A pesar que las posibilidades de ganarse una visa de este tipo, que permite emigrar legalmente a Estados Unidos es de solo un 0.3 %, para muchas personas es la única posibilidad que tienen para salir de sus países rumbo a un mejor futuro.

    El programa de visas, que goza con 22 años de antigüedad, atraviesa un desafío en medio de un contexto donde las nuevas regulaciones migratorias son más estrictas y buscan limitar la inmigración.

    Los senadores republicanos Tom Cotton de Arkansas y David Perdue de Georgia presentaron un proyecto de ley para acabar con el programa de la lotería de visas y reducir en gran medida el número de otros inmigrantes legales y refugiados que recibe el país.

    Un proyecto de ley muy similar ha sido presentado en la Cámara de Representantes proponiendo solo el fin del programa de lotería de visas.

    Ahora, con un Congreso liderado por los republicanos, este tipo de propuestas tienen más posibilidades de prosperar y convertirse en ley. El proyecto de ley denominado “Reformando la Inmigración Estadounidense para Fortalecer los Empleos (RAISE, por sus siglas en inglés) está siendo visto con buenos ojos.

    Según los senadores que patrocinan la iniciativa, el proyecto de ley ayudaría a aumentar los salarios de los trabajadores y mejorar la calidad de los trabajos.

    “Estamos tomando medidas para corregir algunas de las deficiencias en nuestro sistema de inmigración legal”, dijo Perdue. “Volver a nuestros niveles históricamente normales de inmigración legal ayudará a mejorar la calidad de los empleos y los salarios en Estados Unidos”.

    Los que están a favor de cancelar el programa argumentan también que es muy susceptible al fraude por el lado de los solicitantes y de los dueños de negocios inescrupulosos que cobran a los solicitantes por un programa que es completamente gratis.

    En el año fiscal 2015, EE.UU. emitió 48.097 visas de diversidad, de un total de 531.463 visas de inmigrante que otorgó.

    La lotería de visas de la diversidad fue diseñada como su mismo nombre lo dice para promover una diversificación de inmigrantes que llegan al país de países con un índice bajo de inmigración.

    Un país que envía más de 50.000 inmigrantes a EE.UU. en los últimos cinco años queda excluído de la lista de elegibilidad. En el último sorteo de visas de la diversidad quedaron fuera ciudadanos de Bangladesh, Brazil, Canada, China, Colombia, República Dominicana, El Salvador, Haití, India, Jamaica, México, Nigeria, Pakistán, Filipinas, Perú, Corea del Sur, Reino Unido, excepto el norte de Irlanda y Vietnam.

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