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El evangelio del domingo:Valores y felicidad

Es clave en la vida de una persona elegir valores auténticos, de modo que pueda disfrutar de felicidad verdadera, además de desarrollar sus talentos y colaborar con el progreso de la sociedad.

Sin embargo, alrededor de cada uno hay falsos valores, que son trampas bien tendidas, zancadillas de sutil atractivo, listas para engatusar sin piedad. Y los que caen en sus garras pagan un doloroso precio. Llamemos esto de materialismo insaciable, de individualismo maniático, de secularismo despistado u otros.

Igualmente, dentro de uno mismo hay una inclinación constante a cosas morbosas, que nos alejan del bien, que es la amistad con Dios y la participación en sus proyectos.

Por ello, Jesús en el Evangelio nos enseña las bienaventuranzas, al inicio del Sermón de la Montaña, que está constituido por los capítulos cinco, seis y siete de Mateo. Él será leído durante cinco domingos consecutivos y después se interrumpe, por el inicio de la Cuaresma, el 1 de marzo.

Para combatir las falacias del mundo y de la sociedad de consumo, el Señor muestra cómo la cosa funciona, cuando usamos los criterios de Dios que, felizmente, son diferentes de los razonamientos humanos, tan marcados por las vanidades y, a veces, por traumas psíquicos llenos de embrollos.

Las bienaventuranzas manifiestan las actitudes propias de quienes optan por el Reino de Dios, o sea, por las relaciones interpersonales marcadas por el ejemplo de Jesucristo.

La primera beatitud es la más importante y, talvez, la más difícil de comprender: “Felices los que tienen alma de pobres, porque a ellos les pertenece el Reino de los Cielos”.

La felicidad es el anhelo de todo mundo y por eso el Señor traza un camino perfecto para lograrla, aunque no sin dificultades.

Sin embargo, la expresión “pobre en el espíritu o tener alma de pobre” no es muy sencilla de entender. Es cierto que no significa complejo de inferioridad, falta de instrucción o ser tímido aldeano.

Significa reconocer nuestra dependencia en relación al Creador y manifestar gratitud por sus dones. También ser humilde en el trato con los demás, sin prepotencia o exhibicionismo, igualmente presentar gestos de solidaridad y de servicio comprometido.

Vivir las bienaventuranzas conduce a una profunda felicidad, porque hace uno semejante a Jesús, porque impulsa a no asustarse con las burlas del mundo, con tal de ser fiel al Señor. Es manifestar fortaleza por luchar por la paz y no temer ser perseguido por practicar la justicia.

Estos son los verdaderos valores que hacen la nobleza del ser humano.

Paz y bien.

http://www.abc.com.py/edicion-impresa/opinion/valores-y-felicidad-1560016.html

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Acerca de jotaefeb

arquitecto jubilado, hoy "hurgador" de la filosofía de vida, de las cosas cotidianas y trascendentes.

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4 comentarios en “El evangelio del domingo:Valores y felicidad

  1. Las Bienaventuranzas: camino hacia el Reino de Dios

    29 de ene de 2017
    En sus palabras antes de la oración dominical, el Santo Padre reflexionó sobre el llamado “Sermón de la montaña” que la liturgia de este domingo toma del Evangelio de San Mateo. Texto completo de las palabras del Papa Francisco antes del Ángelus.
    Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

    La liturgia de este domingo nos hace meditar sobre las Bienaventuranzas (Cfr. Mt 5,1-12a), que abren el gran discurso llamado el “de la montaña”, la “Carta Magna” del Nuevo Testamento. Jesús manifiesta la voluntad de Dios de llevar a los hombres a la felicidad. Este mensaje estaba ya presente en la predicación de los profetas: Dios está cerca de los pobres y de los oprimidos y los libera de cuantos los maltratan. Pero en esta predicación, Jesús sigue un camino particular: comienza con el término “bienaventurados”, es decir, felices; prosigue con la indicación de la condición para ser ello; y concluye haciendo una promesa. El motivo de la bienaventuranza, es decir, de la felicidad, no está en la condición pedida – «pobres de espíritu», «afligidos», «los que tienen hambre y sed de justicia», «perseguidos»… – sino en la sucesiva promesa, de recibirlo con fe como don de Dios. Se parte de la condición de dificultad para abrirse al don de Dios y acceder al mundo nuevo, el «reino» anunciado por Jesús. No es un mecanismo automático, sino un camino de vida de seguimiento del Señor, por la cual la realidad de dificultad y de aflicción es vista en una perspectiva nueva y experimentada según la conversión que se actúa. No se es bienaventurado si no se ha convertido, en grado de apreciar y vivir los dones de Dios.

    Me detengo en la primera bienaventuranza: «Felices los pobres de espíritu, porque a ellos les pertenece el Reino de los Cielos» (v. 4). El pobre de espíritu es aquel que ha asumido los sentimientos y las actitudes de los pobres que en su condición no se rebelan, sino saben ser humildes, dóciles, disponibles a la gracia de Dios. La felicidad de los pobres – de los pobres de espíritu – tiene una doble dimensión: en relación a los bienes y en relación a Dios. En relación a los bienes, a los bienes materiales, esta pobreza de espíritu es sobriedad: no necesariamente renuncia, sino capacidad de gustar lo esencial, de compartir; capacidad de renovar cada día la maravilla por la bondad de las cosas, sin opacarse en el consumo voraz. Más tengo, más quiero; más tengo, más quiero: este es el consumo voraz. Y esto mata el alma. Y el hombre o la mujer que hacen esto, que tienen esta actitud “más tengo, más quiero”, no son felices y no llegarán a la felicidad. En relación a Dios es alabanza y reconocimiento que el mundo es bendición y que en su origen está el amor creador del Padre. Pero es también apertura a Él, docilidad a su señorío: ¡Él es el Señor, es Él el grande, yo no soy grande porque tengo muchas cosas! Es Él el que ha querido el mundo para todos los hombres y lo ha querido para que los hombres sean felices.

    El pobre de espíritu es el cristiano que no confía en sí mismo, en sus riquezas materiales, no se obstina en sus propias opiniones, sino escucha con respeto y sigue con gusto las decisiones de los demás. ¡Si en nuestras comunidades existieran más pobres de espíritu, existirían menos divisiones, contrastes y polémicas! La humildad, como la caridad, es una virtud esencial para la convivencia en las comunidades cristianas. Los pobres, en este sentido evangélico, se presentan como aquellos que tienen despierta la meta del Reino de los cielos, haciendo entrever que éste es anticipado en germen en la comunidad fraterna, que prefiere el compartir al poseer. Esto quisiera subrayarlo: preferir el compartir al poseer. Siempre tener el corazón y las manos así, no así. Cuando el corazón es así, es un corazón cerrado: que ni siquiera sabe cómo amar. Cuando el corazón es así, va por el camino del amor.

    La Virgen María, modelo y primicia de los pobres de espíritu porque fue totalmente dócil a la voluntad del Señor, nos ayude a abandonarnos a Dios, rico en misericordia, para que nos colme de sus dones, especialmente de la abundancia de su perdón.

    fuente: Radio Vaticana

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    Publicado por jotaefeb | 1 febrero, 2017, 10:37
  2. domingo 29 Enero 2017

    Cuarto Domingo del tiempo ordinario

    Libro de Sofonías 2,3.3,12-13.
    Busquen al Señor, ustedes, todos los humildes de la tierra, los que ponen en práctica sus decretos. Busquen la justicia, busquen la humildad, tal vez así estarán protegidos en el Día de la ira del Señor.
    Yo dejaré en medio de ti
    a un pueblo pobre y humilde,
    que se refugiará en el nombre del Señor.
    El resto de Israel
    no cometerá injusticias
    ni hablará falsamente;
    y no se encontrarán en su boca
    palabras engañosas.
    Ellos pacerán y descansarán
    sin que nadie los perturbe.

    Carta I de San Pablo a los Corintios 1,26-31.
    Hermanos, tengan en cuenta quiénes son los que han sido llamados: no hay entre ustedes muchos sabios, hablando humanamente, ni son muchos los poderosos ni los nobles.
    Al contrario, Dios eligió lo que el mundo tiene por necio, para confundir a los sabios; lo que el mundo tiene por débil, para confundir a los fuertes;
    lo que es vil y despreciable y lo que no vale nada, para aniquilar a lo que vale.
    Así, nadie podrá gloriarse delante de Dios.
    Por él, ustedes están unidos a Cristo Jesús, que por disposición de Dios, se convirtió para nosotros en sabiduría y justicia, en santificación y redención,
    a fin de que, como está escrito: El que se gloría, que se gloríe en el Señor.

    Evangelio según San Mateo 5,1-12.
    Al ver a la multitud, Jesús subió a la montaña, se sentó, y sus discípulos se acercaron a él.
    Entonces tomó la palabra y comenzó a enseñarles, diciendo:
    “Felices los que tienen alma de pobres, porque a ellos les pertenece el Reino de los Cielos.
    Felices los pacientes, porque recibirán la tierra en herencia.
    Felices los afligidos, porque serán consolados.
    Felices los que tienen hambre y sed de justicia, porque serán saciados.
    Felices los misericordiosos, porque obtendrán misericordia.
    Felices los que tienen el corazón puro, porque verán a Dios.
    Felices los que trabajan por la paz, porque serán llamados hijos de Dios.
    Felices los que son perseguidos por practicar la justicia, porque a ellos les pertenece el Reino de los Cielos.
    Felices ustedes, cuando sean insultados y perseguidos, y cuando se los calumnie en toda forma a causa de mí.
    Alégrense y regocíjense entonces, porque ustedes tendrán una gran recompensa en el cielo; de la misma manera persiguieron a los profetas que los precedieron.”

    Extraído de la Biblia: Libro del Pueblo de Dios.

    Leer el comentario del Evangelio por :

    Beato Guerrico de Igny (c. 1080-1157), abad cisterciense
    Sermón para la fiesta de Todos los Santos 3, 5-6; SC 202, pag 503 ss

    “El Reino de los cielos es para ellos.”

    “Dichosos los pobres de corazón, porque el Reino de los cielos es para ellos.” Sí, dichosos los que rechazan las cargas sin valor pero bien pesadas de este mundo. Los que no buscan hacerse ricos sino es poseyendo al Creador del mundo, y él sólo por él sólo. Los que son como gente que no tienen nada pero poseen todo. (cf 2Cor 6,10) ¿No poseen todo aquellos que poseen al que contiene todo y dispone todo, aquellos que poseen a Dios en heredad? (Nm 18,20) “Nada les falta a los que le temen.” (Sal 33,10) Dios les otorga todo lo que sabe que les es necesario. Se da él mismo para que su alegría sea plena…. ¡Gocémonos, pues, hermanos, de ser pobres por Cristo y esforcémonos de ser humildes con Cristo. No hay nada más detestable y más miserable que un pobre orgulloso…

    “El Reino de Dios no es ni comida ni bebida, sino justicia, paz y gozo en el Espíritu Santo.” (Rm 14,17) Si nos damos cuenta de que tenemos todo esto en nuestro interior ¿por qué no proclamar con seguridad que el Reino de Dios está dentro de nosotros? (Lc 17,21) Ahora bien, lo que está en nosotros nos pertenece realmente. Nadie nos lo puede arrebatar. Por esto, cuando el Señor proclama dichosos a los pobres tiene razón cuando dice: “El Reino de Dios es para ellos”, no dice “será para ellos”. No lo es solamente por una ley establecida sino también como prenda absolutamente segura, es una experiencia ya ahora de la felicidad perfecta. No solamente porque el Reino está preparado para ellos desde la creación del mundo (Mt 25,34) sino también porque ya han comenzado a poseerlo ahora. Poseen ya el tesoro celestial en vasijas de barro (cf 2Cor 4,7); llevan a Dios en sus cuerpos y en su corazón.

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    Publicado por jotaefeb | 29 enero, 2017, 10:46
  3. “Felices los puros de corazón, porque verán a Dios.” Mt. 5, 8

    La Iglesia nos ofrece en este IV domingo del tiempo ordinario el evangelio de las bienaventuranzas que son sin dudas, una de las páginas más bellas del nuevo testamento y son también un verdadero programa de vida para quien quiere de verdad ser un cristiano. Ciertamente cada una de las bienaventuranzas merecería una profunda meditación. En otras oportunidades ya tuvimos oportunidad de meditar sobre este evangelio, hoy intentamos profundizar uno de sus aspectos, la sexta bienaventuranza – como nos dice Jesús en el evangelio, Felices los puros de corazón, porque verán a Dios.
    Generalmente interpretamos la pureza del corazón que nos habla esta bienaventuranza como conexa al aspecto sexual de nuestra vida, asociamos esta pureza a la castidad, a la búsqueda de vencer los deseos carnales y al control de nuestros impulsos sensuales. Sin embargo, en una sociedad tan erotizada como la nuestra, donde por todos los poros somos bombardeados con toda especie de propagandas de contenido sexual, muchas veces nos sentimos frustrados e incapaces de conseguir alcanzar esta pureza de corazón, que es la condición para poder ver a Dios.

    Sin negar esta interpretación, es importante entender que en la época de Jesús, y en los primeros siglos del cristianismo, estas palabras, pureza del corazón, no eran comprendidas e interpretadas con relación a la sexualidad, sino que mucho más a la recta intención, a la sinceridad, a la coherencia, a la honestidad.

    Una persona que tiene la pureza del corazón, es entonces una persona que no hace las cosas solo para aparecer, solo para ser vista y notada, sino que lo hace porque le nace del corazón, y aunque nadie lo viera lo haría con la misma pureza.

    El puro de corazón es aquel que actúa sin segundas intenciones, que no está calculando los resultados. Es aquel que se rehúsa a aprovecharse de los demás. Es aquel que no apuñala a nadie por las espaldas. Es aquel que no hace de su vida un teatro de apariencias, un juego de papeles, un recitado. Es aquel que no quiere vivir con máscaras, que no desea aparentar lo que no es.

    La pureza del corazón es entonces lo contrario a la hipocresía, a la superficialidad, a la manipulación de los demás. Es tener tanto respecto por quien se tiene delante, que uno se presenta lo más realistamente posible.

    La pureza de corazón es el no ser doblez, es el no tener dos caras, es la búsqueda de honestidad en las relaciones personales.

    El puro de corazón es aquel a quien podemos conocer y confiar.

    Es por eso que el puro de corazón puede ver a Dios, pues no tiene sus ojos tapados por la falsedad. Quien no tiene la pureza de corazón solo consigue verse a sí mismo, y solo ve a los demás en modo torcido.

    Creo que nuestro mundo, hoy vive una gran carencia de personas puras de corazón. También en nuestros ambientes eclesiales muchas veces nos preocupamos demasiado con las apariencias y nos olvidamos de la autenticidad. Pidamos al Señor que arranque de nuestros corazones la hipocresía, la falsedad y la simulación.

    Dios no exige que seamos perfectos, pero sí que seamos honestos. Solo puede ver a Dios, conocerlo, quien sabe asumir sus propios límites, quien reconoce ser un necesitado. Los orgullosos y los soberbios no conseguirán jamás ver a Dios, porque él es amor y misericordia.

    El Señor te bendiga y te guarde.

    El Señor muestre su rostro y tenga misericordia de ti.

    El Señor vuelva su mirada cariñosa y te de la paz.

    Hno. Mariosvaldo Florentino, capuchino.

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    Publicado por jotaefeb | 29 enero, 2017, 10:46
  4. El camino de las bienaventuranzas

    Hoy meditamos el evangelio según San Mateo 5, 1-12. Una inmensa multitud venida de todas partes rodea al Señor. De Él esperan su doctrina salvadora, que dará sentido a sus vidas. Viendo Jesús este gentío subió a un monte, donde, habiéndose sentado, se le acercaron sus discípulos, y abriendo su boca les enseñaba.
    No desagrada a Dios que pongamos los medios oportunos para evitar el dolor, la enfermedad, la pobreza, la injusticia…, pero las Bienaventuranzas nos enseñan que el verdadero éxito de la vida está en amar y cumplir la voluntad de Dios. Nos muestran, a la vez, el único camino capaz de llevar al hombre a vivir con la plena dignidad que conviene a su condición de persona.
    En una época en que tantas cosas empujan hacia el envilecimiento y la degradación personal, las Bienaventuranzas son una invitación a la rectitud y a la dignidad de vida. Por el contrario, intentar a toda costa –como si se tratara de un mal absoluto– sacudir el peso del dolor, de la tribulación, o buscar el éxito humano como un fin en sí mismo, son caminos que el Señor no puede bendecir y que no conducen a la felicidad.
    “Bienaventurado” significa “feliz”, “dichoso”, y en cada una de las Bienaventuranzas “comienza Jesús prometiendo y señalando los medios de conseguirla. ¿Por qué comenzará Nuestro Señor hablando de la felicidad? Porque en todos los hombres existe una tendencia irresistible a ser felices; este es el fin de sus actos; pero muchas veces buscan la felicidad donde no se encuentra, donde hallará miseria”.
    El papa Francisco a propósito del evangelio de hoy dijo: “La palabra bienaventurados, aparece nueve veces en esta primera gran predicación de Jesús. Es como un estribillo que nos recuerda la llamada del Señor a recorrer con Él un camino que, a pesar de todas las dificultades, conduce a la verdadera felicidad.
    Queridos jóvenes, todas las personas de todos los tiempos y de cualquier edad buscan la felicidad. Dios ha puesto en el corazón del hombre y de la mujer un profundo anhelo de felicidad, de plenitud. […]Y así, en Cristo, queridos jóvenes, encontrarán el pleno cumplimiento de sus sueños de bondad y felicidad. Solo Él puede satisfacer sus expectativas frustradas por promesas mundanas.
    “Seguir y vivir las Bienaventuranzas, que, como navegadores” indican a los cristianos el justo itinerario de la vida. Fue la invitación que el Papa dirigió en sus homilías de la Misa en la Capilla de la Casa de Santa Marta. Reflexionó inspirándose en el Evangelio de Mateo, que muestra a Jesús cuando enseña a la muchedumbre el célebre Sermón de la montaña. Reafirmó que el Señor “enseñaba la nueva ley, que no borra la antigua, sino que la perfecciona, llevándola a su plenitud”:
    “Esta es la nueva ley, esta que nosotros llamamos las Bienaventuranzas”. Es la nueva ley del Señor para nosotros. Son la guía de ruta, el itinerario, son los navegadores de la vida cristiana. Precisamente aquí vemos, en este camino, según las indicaciones de este navegador, que podemos ir adelante en la vida cristiana”.
    El Pontífice prosiguió aludiendo al texto de Mateo con las consideraciones que el Evangelista Lucas hace al relato de las Bienaventuranzas, es decir, el elenco de los “cuatro problemas”: ay de los ricos, ay de los que se sienten sacios, ay de aquellos que ríen, ay de aquellos de los cuales todos hablan bien.
    Destacó de modo especial que “muchas veces” dijo que “las riquezas son buenas”, mientras “lo que hace mal” es “el apego a las riquezas”, que se convierte así en “idolatría”…”
    (Del libro Hablar con Dios, de Francisco Fernández Carvajal).

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    Publicado por jotaefeb | 29 enero, 2017, 10:45

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