Unas vacaciones de horror en el paraíso

Su felicidad era perro con cola de hélice de helicóptero. Giraba a 1.000 rpm. Es que por fin se tomaba sus vacaciones, por eso al salir del trabajo compró 6 botellitas de cerveza. Para no llegar con las manos vacías y aprovechar desde el vamos los 15 días de paraíso que comenzaban. Lo primero que hizo, por costumbre fue… quedarse dormido.

Amaneció. Era el primer día, así que metió sus botellitas en la heladera y salió al patio para “respirar aire puro”. Pero pura suciedad era el patio. Entonces tomó una escoba y comenzó a juntar las hojas secas que se pegaban al piso. Con mucho esfuerzo logró juntar el primer montón de basura. Fue ahí cuando se percató de que no tenía bolsas negras… y de que la silla de cables lo invitaba a acomodar su cuerpito sudado antes de explotar de nervios. Así llegó la noche. Y él, frustrado.

Sorprendió al segundo día muy temprano yendo a la yuyera para comprar kokû para el tereré. De regreso tuvo que licuar las horas para que hicieran mayor efecto… ya que se dio cuenta de que había ido a comprar las bolsas y las había olvidado. Así que su plan B fue… limpiar la pileta. Era una idea fantástica. Con ese calor, era más que evidente que eso era lo mejor. Nuevamente escoba. Ahora también cepillo y a frotar. Lavandina. Rodillas al piso, rodillas peladas, rodillas adoloridas. Le pareció que el sol ese día tuvo sueño antes y que sus últimos rayos le dieron el adiós parado en el borde de la pileta contemplando su gran obra. Pileta limpia, cargándose. Era una delicia pensar en el día siguiente, con el agua transparente llegándole al cuello y él burlándose del calor. Con esa idea se fue a la cama.

El trueno lo despertó. La oscuridad escondió esa cara, mezcla de incredulidad y asombro. Y las lágrimas de rabia fueron raudal con la lluvia que golpeaba fuera las tejas. Pero como dice el dicho, todo puede ser peor. Y la gotera del techo hizo que amagara levantarse para traer un recipiente. En ese momento sus músculos se negaron a obedecerle. Todos a la vez, como el millón de mujeres en la manifestación anti-Trump, le gritaron que se estuviera tranquilo. Eso era dolor de cuerpo, aunque parecía rigidez cadavérica.

Así inició el tercer día, mirando desde la ventana las gotas que saltaban alegres en la superficie de la pileta y con una temperatura que invitaba al mate antes que al tereré. Nunca había probado kokû en el mate. Era hora de hacerlo. Y eso hizo.

Ese día no se movió de la cama. Al siguiente tuvo que tomarse un analgésico y un relajante muscular. Ya no era un pendex. Bueno, de mente sí. El resto no tanto.

Así que decidió olvidar las actividades brutas y ocuparse de algo mental, algo más trascendente, algo realmente importante. Pensó en leer algo. Era una buena oportunidad, pero no tenía material nuevo. Ni diario siquiera.

Entonces se aferró a su tabla de salvación: la computadora. Buscó alguna novela para leerla desde la pantalla, pero buscando “cayó” en una página de películas. Y nuevas, de las que estaban en cartelera.

Le dio click a la última versión de “La Guerra de las Galaxias”, pero no le gustó el final. Siguió con la onda, así que probó con una propuesta desconocida de “Star Trek”. Al terminar entendió por qué era desconocida. El argumento era una afrenta al celuloide. Desastre total. Entonces decidió incursionar en algo más “terrestre” y se metió en las opciones que le ofrecía la categoría Aventuras. Así se metió en la jungla con el nuevo “Tarzán”, en un tanque de guerra con Brad Pitt (Fury) y en el circo con Ben Hur. También vio la lucha entre Batman y Superman, incursionó en el pasado con “Assasin’s Creed” y comprendió mensajes de invasores de otro mundo con “La llegada”.

Como las rayas blancas en la ruta, los días pasaron volando. Agotó todo lo visible, así que se rebuscó en el más allá. Así le dio play a algunos macabros exorcismos, a un tour con demonios que escapaban del infierno en “Jeruzalem”, a la peligrosa “Ouija”, hasta acabar en una propuesta llamada #Horror.

Esa película lo estremeció. No por la sangre, ni por los asesinatos, sino porque plasmaba de manera muy real la manera en que se desenvuelve el grupo de adolescentes protagonistas. Haciendo bullying, dependientes de los teléfonos celulares y de las redes sociales, a tal punto de que ellas mismas deciden guardar los aparatos… ¡en una caja fuerte!

Eso le hizo reflexionar y sin saber cómo llegó a https://www.youtube.com/watch?v=dTJviwF9kQ4, una entrevista a Simon Sinek llamada “La verdad sobre los millennials”.

A veces en las vacaciones olvidamos las botellitas en la heladera y otras ni siquiera hacemos lo que nos propusimos desde el principio. Pero si vemos esta charla, tal vez merezca la pena y podamos entender un poco sobre lo que sucede en el planeta y que afecta en estos momentos a la sociedad.

Por Alex Noguera

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s