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¡Adiós TPP!

No hay mal que por bien no venga. La elección de Trump, con sus peligrosas promesas electorales, ha tenido algo positivo: Estados Unidos se aparta del TPP. ¿Qué es el TPP? Más conocido por sus siglas en inglés (Trans Pacific Partnership), que vendría a ser Asociación Trans Pacífica, este es un acuerdo de libre comercio entre doce países ribereños del océano Pacífico: cinco de América (Canadá, Estados Unidos, México, Perú, Chile), cinco del Asia (Japón, Malasia, Vietnam, Singapur, Borneo) y dos de Oceanía (Australia, Nueva Zelanda). Esos países, con una población de unos 800 millones de habitantes, tienen el cuarenta por ciento del comercio mundial.

Para que el acuerdo firmado entrara en vigencia, se necesitaba su ratificación; hasta el momento, solo lo ha ratificado el Japón. Ahora que Estados Unidos se niega a hacerlo, es difícil que los once restantes quieran seguir con el pacto; en teoría podrían hacerlo, pero la teoría no es la práctica.

Es que ese acuerdo ha despertado mucho rechazo ciudadano, desde la derecha hasta la izquierda. Hillary Clinton, que lo había apoyado, cambió de postura durante la campaña electoral, y en eso coincidía plenamente con Donald Trump. Digamos que los dos candidatos coincidían con la opinión de la inmensa mayoría de los norteamericanos.

¿Por qué había descontento con el TPP? Por varias razones, incluyendo que se lo negociaba en el mayor secreto y a los parlamentos nacionales solo les quedaba la opción de aprobarlo o rechazarlo en bloque, sin ningún debate público. El debate era necesario, por tratarse de un texto largo, difícil, lleno de cuestiones técnicas y redactado en su mayor parte por los abogados de las corporaciones multinacionales, las principales interesadas en el libre comercio. Mientras que esos abogados y sus clientes se habían tomado el tiempo de estudiar los términos del acuerdo hasta el último detalle, se les retaceaba información y tiempo para informarse a los parlamentarios elegidos por el pueblo. (En Australia, hubo serias protestas a causa de eso).

A pesar del secreto, se filtraron detalles de lo negociado, indignando a la opinión pública. ¿Por qué? Porque el TPP les concedía a las empresas el derecho de demandar a los Estados nacionales por adoptar medidas que les hicieran perder dinero, como dictar leyes para reducir el tabaquismo. Sin necesidad de TPP, ya había muchos casos de ese tipo, como la demanda de la Philip Morris contra el Uruguay, que redujo las ventas de cigarrillos de la tabacalera con una efectiva campaña de concienciación contra el tabaco. Lo mismo valía para cualquier medida de carácter social, laboral o ecológico negativa para las empresas. En resumen, el TPP garantizaba la libertad de las empresas en detrimento del pueblo, y eso lo comprendieron todos, hasta el mismo Trump.

Por Guido Rodríguez Alcalá

 

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Acerca de jotaefeb

arquitecto jubilado, hoy "hurgador" de la filosofía de vida, de las cosas cotidianas y trascendentes.

Comentarios

9 comentarios en “¡Adiós TPP!

  1. ¿Por qué aumentó el antisemitismo bajo Trump?

    Por Andrés Oppenheimer

    Para ser justos, el presidente Trump no es un antisemita, por lo menos en el sentido estricto del término. Pero uno tendría que vivir en otro planeta –o ver exclusivamente Fox News– para no darse cuenta de que sus palabras y acciones han llevado a la peor explosión de incidentes antisemitas en la memoria reciente de Estados Unidos.

    No es coincidencia que haya habido 68 amenazas de bomba en 53 centros comunitarios judíos en 27 estados de EE.UU. desde enero, según la Asociación de Centros Comunitarios Judíos (JCC). O que cerca de 200 lápidas fueran vandalizadas en un cementerio judío en Missouri pocos días atrás.

    Trump creó este monstruo. Aunque probablemente Trump no tenga nada en contra del pueblo judío –el Presidente les recuerda constantemente a sus críticos que su hija Ivanka se convirtió al judaísmo y se casó con un judío ortodoxo–, ha desatado las fuerzas oscuras del racismo, la xenofobia y la intolerancia entre sus seguidores desde el primer día de su campaña presidencial.

    Y como figura pública, no se puede ser antimexicano, ni antimusulmán, ni burlarse de los discapacitados, ni decir que se puede agarrar a las mujeres por sus genitales, sin enviar un mensaje tácito de que está bien burlarse de las minorías, e involuntariamente alentar los crímenes de odio.

    Como lo dijo el congresista Mark Sanford, “Trump ha avivado la llama de la intolerancia”. Y una vez que uno hace eso, es difícil apagar el fuego.

    Recordemos, Trump abrió su campaña presidencial el 16 de junio de 2015 capturando la atención del mundo con su afirmación de que la mayoría de los inmigrantes indocumentados mexicanos son criminales y violadores.

    Y a partir de ese momento, su velado discurso de odio racial y su retórica xenófoba han subido de tono. Trump cuestionó las credenciales del juez Gonzalo Curiel, nacido en Estados Unidos, porque “es mexicano”. Y se rio del ex precandidato republicano Jeb Bush porque “habla mexicano”.

    Hizo comentarios racistas contra los musulmanes, como cuando le dijo a CNN el 9 de marzo de 2016 que “el Islam nos odia”, sin distinguir entre los seguidores de esa religión y los terroristas fundamentalistas islámicos. Y los grupos supremacistas blancos y neonazis lo han apoyado abiertamente, obligándolo a desautorizar –tardíamente– a algunos de ellos.

    Trump fue durante varios años el principal propagandista de la afirmación falsa de que el expresidente Barack Obama no nació en Estados Unidos, lo que fue visto por muchos como un intento racista para deslegitimar al primer presidente negro de Estados Unidos.

    El lema de Trump “América Primero” fue el eslogan de los nazis estadounidenses durante la Segunda Guerra Mundial. La Liga Antidifamación (ADL) le pidió a Trump el 18 de abril de 2016 que lo abandonara, debido al “subyacente de antisemitismo” del lema. Trump no lo ha hecho.

    Más importante aún, como presidente, Trump se ha rodeado de varios asesores de alto nivel vinculados al movimiento de extrema derecha “alt-right”. Eso hizo aumentar las sospechas cuando la Casa Blanca recientemente emitió una declaración con motivo del Día Internacional del Holocausto sin mencionar la matanza de seis millones de judíos. Muchos líderes judíos dijeron que esa declaración le dio munición a los negadores del Holocausto judío.

    A principios de esta semana, después de una lluvia de críticas por esquivar preguntas sobre el aumento de los crímenes de odio contra los judíos desde su elección, Trump leyó una declaración diciendo que “las amenazas antisemitas dirigidas contra nuestra comunidad judía y los centros comunitarios son algo horrible”, y que el país tiene que “erradicar el odio y los prejuicios”.

    Mi opinión: Señor Presidente, usted es quien debe erradicar el odio y los prejuicios, porque usted es quien ha desatado esos demonios.

    Y la manera de hacerlo no es simplemente decir que el antisemitismo es horrible, sino dejar de hacer declaraciones contra los mexicanos y contra los musulmanes, entre otros, y denunciar a los neonazis dentro de quienes lo apoyan.

    Respire profundo, sáquese de encima ese aire de enojado, comience a construir una agenda positiva en lugar de ser el presidente antiinmigrante, anticomercio y antitodo, y conviértase en el Presidente de todos los estadounidenses.

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    Publicado por jotaefeb | 24 febrero, 2017, 09:32
  2. El insulto a México

    Por Guido Rodríguez Alcalá
    “Que no venga a verme si es que no va a pagar el muro”, dijo en un tuit Donald Trump. El aludido replicó en otro tuit que suspendía su viaje a los Estados Unidos para verse con su homólogo norteamericano. No entiendo ese insulto a Enrique Peña Nieto, que es un insulto a México; en rigor, es unir el daño al insulto y no por primera vez. A causa de los tuits del presidente norteño, la empresa Ford desistió de montar una fábrica en México. Las pérdidas para la Ford se estimaron en 200 millones de dólares; no sé cuántos empleos se habrán perdido en México. Tuits del mismo tenor y origen amenazaron a General Motors y a Toyota; la consecuencia inmediata ha sido la devaluación del peso mexicano.

    Debilitar la moneda puede debilitar la economía, que tendrá consecuencias políticas y sociales indeseables.

    Esto es precisamente lo que no se debería hacer ahora, cuando el Gobierno mexicano libra una encarnizada lucha contra el terrorismo de las bandas de narcotraficantes, responsables de más de cien mil muertes.

    En la frontera de México y los Estados Unidos existen ya mil kilómetros de vallas vigiladas por drones y guardias armados; cambiar el alambre tejido por cemento no detendrá a los narcos, que han utilizado armas y bancos norteamericanos para realizar sus propósitos criminales.

    Por otra parte, ¿puede un decreto del Ejecutivo anular un tratado internacional? Me refiero a NAFTA, firmado por los Estados Unidos, México y Canadá en 1994. Trump piensa que sí puede hacerlo, y lo ha dicho en su entrevista con Theresa May: lo anulará porque, al negociarlo, México engañó a los Estados Unidos. Falso. NAFTA fue una idea norteamericana concretada durante la administración de Clinton, con la justificación de que daría prosperidad a los tres países signatarios; que pondría los salarios de los trabajadores mexicanos al nivel de los norteamericanos. Falló el pronóstico: desde 1994 hasta hoy, México creció menos que entre 1960 y 1980. Los ingresos reales de sus trabajadores bajaron, como bajaron los de los norteamericanos.

    A poco de firmarse NAFTA, el peso mexicano tuvo una tremenda devaluación, y quedó demasiado ligado a los altibajos financieros de Wall Street, incluyendo el gran fraude de 2008. México se vio obligado a restringir la ayuda a sus agricultores y a recibir el maíz norteamericano subvencionado, que llevó a la ruina a millones de agricultores (algunos dicen cinco millones). Es difícil no ver una relación entre la supresión de los programas sociales, el empobrecimiento de los campesinos, y el surgimiento del narcotráfico como una fuente de empleo. Lo han dicho los propios mexicanos, descontentos con NAFTA, como hay descontento mundial con TPP y otros tratados de libre comercio. Concuerdo con que se los debe renegociar o archivar, pero según el derecho internacional, no según el colonialismo decimonónico.

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    Publicado por jotaefeb | 1 febrero, 2017, 08:10
  3. Un día sin mexicanos

    Por Brigitte Colmán

    Pensaron alguna vez lo pobre que sería el mundo sin Juan Rulfo, el Chavo, la Virgen de Guadalupe, Frida Kahlo, Diego Rivera, Hugo Sánchez, Juan Gabriel; sin tequila, tacos y enchiladas; Pancho Villa y el subcomandante Marcos, las telenovelas, Sor Juana, Octavio Paz y Monsiváis.
    Porque eso es exactamente lo que quiere el nuevo presidente del mundo.
    En 1963 John F. Kennedy se paró frente al muro de Berlín y dijo: “El muro es la más obvia y viva demostración del fracaso de la política”. Oportuno es recordarlo en estos días, cuando se confirman las intenciones de hacer más alto el muro que los separa de México.
    Precisamente, en estos tiempos en los que nos falta ser más humanos, sentirnos más humanos y próximos con el prójimo, viene este a querer cumplir su promesa electoral sobre el tan mentado muro.
    El muro en realidad ya está, lo que quieren hacer es completar la valla, lo que implica que va a ser todavía más peligroso el acceso para los miles de mexicanos y latinoamericanos el cruce de esa frontera. ¡Pobre, México! Tan lejos de Dios y tan cerca de los Estados Unidos, repetida y necesaria frase atribuida a Porfirio Díaz.
    Donald Trump desató una crisis por querer cerrar las puertas a los mexicanos; entonces se canceló una reunión prevista con el presidente mexicano, Enrique Peña Nieto, aunque después platicaron por teléfono y aún no sabemos si el mexicano le va a plantar cara o no. “Mi honra está en juego, y de aquí no me muevo”, diría Les Luthiers, pero esos son argentinos, de Argentina, donde también soplan extraños vientos de xenofobia.
    La película. En estos días en que los memes sobre Trump y su estúpido muro nos hacen más soportable la realidad, recordé una película del mexicano Sergio Arau, aquella comedia en la que un día todos los latinos que viven en California desaparecen.
    Se esfuman cocineros, jardineros, policías, niñeras, médicos, maestros, recolectores de fruta, trabajadores de la construcción, artistas, atletas, los que compran autos, los que lavan o estacionan autos, etc. La crisis es grande y la única solución es que todos regresen. El planteamiento es inteligente, y es que recién en el momento en que desaparece algo es cuando se hace visible.
    Lo importante no es solo que descubren que necesitan a sus valets parking, cocineros y niñeras, es que también se dan cuenta de que sus vidas se vuelven pobres sin los latinos. Eso es lo que pasa cuando excluimos al otro porque es negro, gay, pobre, morochito, judío o musulmán, gordo o feo: nuestras vidas se vuelvan más pobres y más pequeñitas. Eso es exactamente lo que va a pasar, por culpa del estúpido muro de Trump.

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    Publicado por jotaefeb | 31 enero, 2017, 08:13
  4. ¿Qué hay detrás de los ataques de Trump a México?

    Por Andrés Oppenheimer

    Si el mandatario mexicano Enrique Peña Nieto se reúne alguna vez con el presidente Trump en la Casa Blanca, debería mostrarle dos nuevos estudios que confirman que la promesa del Presidente estadounidense de “volver a hacer a América grande” trayendo empleos manufactureros de México es una alucinación nacionalista-populista.

    Si estos empleos vuelven a Estados Unidos –lo que es muy improbable–, serán substituidos por robots.

    En su primer día en la Casa Blanca, Trump firmó una orden ejecutiva para renegociar el tratado de libre comercio del TLCAN con México y Canadá y aniquilar el acuerdo comercial de la Asociación Transpacífica entre Estados Unidos y otros 11 países, incluidos Japón, México, Perú y Chile.

    “Recobraremos nuestros trabajos”, dijo Trump en su discurso inaugural del 20 de enero, prometiendo “reconstruir a nuestro país con mano de obra estadounidense”.

    Todo eso suena muy bonito, excepto que está basado en premisas falsas. Trump alega que Estados Unidos tiene un enorme problema de desempleo. Pero lo cierto es lo contrario: el desempleo general en los Estados Unidos ha bajado del 10 por ciento en 2009 al 4,8 por ciento hoy, uno de los niveles más bajos de la historia.

    Trump tiene razón en que el empleo manufacturero ha caído, afectando a estados como Ohio y Pensilvania, que fueron cruciales para su victoria en el colegio electoral. Pero la verdad incómoda que Trump esconde es que el empleo manufacturero representa solo el 9 por ciento del empleo general en Estados Unidos.

    Un estudio del Centro de Investigaciones Empresariales y Económicas de la Ball State University (CBER), que se publicará próximamente, dice que el 88 por ciento de las pérdidas de empleos en Estados Unidos en los últimos años se debieron al cambio tecnológico, y no al comercio con México o China. Es la misma conclusión a la que llegó un estudio similar del CBER en 2015.

    Consultado sobre los proyectos de Trump de renegociar el TLCAN y aplicar un impuesto fronterizo del 35 por ciento a las importaciones mexicanas, el director del CBER Michael J. Hicks me dijo que “la posibilidad de que estos puestos de trabajo regresen me parece enormemente improbable”.

    “Lo más probable es que las compañías estadounidenses produzcan más en Estados Unidos, pero que lo hagan con una mano de obra más automatizada”, agregó. Y si Trump continúa con su idea de un impuesto fronterizo, “tanto los norteamericanos como los mexicanos estarán peor, porque pagaremos más por los bienes de consumo en ambos países”, dijo.

    Otro estudio del McKinsey Global Institute dice que el 60 por ciento de los empleos manufactureros de Estados Unidos serán parcial o totalmente automatizados en los próximos años.

    A primera vista, eso suena alarmante. Pero es solo una continuación de lo que ha estado sucediendo durante siglos: a medida que la tecnología avanza, la gente simplemente pasa a desempeñar nuevos empleos.

    En tanto que el empleo agrícola representaba el 40 por ciento del empleo total en Estados Unidos en 1900, había caído al 2 por ciento del empleo de Estados Unidos en 2000, según el estudio del McKinsey. Mientras tanto, el empleo en las áreas de servicio y la tecnología se ha disparado, lo que explica las tasas de desempleo más bajas.

    Mi opinión: La decisión de Trump de aniquilar el tratado TransPacífico y negociar nuevamente el TLCAN es un plan político, no económico. Trump quiere solidificar su base en Ohio, Pensilvania e Illinois –que serán críticos para su reelección en 2020– intentando resucitar artificialmente trabajos que en la mayoría de los casos serán reemplazados por robots, en lugar de reentrenar a la gente para trabajar en las industrias del futuro.

    En el proceso, Trump hará que los consumidores de Estados Unidos paguen más por los automóviles y un sinnúmero de otros bienes de consumo.

    La abrumadora mayoría de los estadounidenses que no son trabajadores manufactureros desplazados por el libre comercio estará pagando un precio muy alto por los 70.000 votos que Trump ganó en los estados del Medio Oeste que le hicieron ganar la elección. Todo esto es bueno para Trump, pero malo para los estadounidenses, y malo para el mundo.

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    Publicado por jotaefeb | 31 enero, 2017, 07:51
  5. Proacción y filtración: Dos actores emblemáticos en un nuevo paisaje
    30 Ene 2017

    Por Augusto Dos Santos.

    TRUMP, HAGO LUEGO EXPLICO

    Entre las bambalinas de la comunicación política se dice en voz baja que quien se escandaliza pierde tiempo. Gestos de antipatía despertaron los primeros roces del pesidente de los Estados Unidos con los medios, la clausura de la web hispana y otros gestos; sin embargo, estas acciones, aparte de reflejar una negación de típicos procesos comunicacionales, podrían ser, sin embargo, una poderosa estrategia de comunicación.

    Los gobiernos del mundo están en crisis comunicacional. Los presidentes no están satisfechos con sus procesos comunicacionales y todos los esfuerzos parecen insuficientes. Una respuesta de lo que podría estar pasando se refleja en estos pocos días de Trump en la Presidencia de los Estados Unidos.

    Los periodistas que sufrieron en carne propia el primer contacto y los analistas de tales episodios reflexionaron un par de cosas. Primero optaron por interpretar que el pelimostaza Presidente entraba con las taquillas altas lo cual para la liturgia de la relación entre “Presidentes normales” y los medios es absolutamente desaconsejable.

    Lo otro que resaltaron ya en la experiencia también con el staff de comunicación del Presidente es el surgimiento de lo que llaman “ la verdad alternativa”, lo cual supone que el Presidente verá y transmitirá su verdad por sobre la verdad que transmiten los medios casi sin contrastar. Alguien de entre los corresponsales en la Casa Blanca ya habló del “Granma” de Trump a su dispositivo de comunicación (en alusión al diario del Partido Comunista de Cuba, voz oficial del gobierno de la Isla).

    En el fondo puede que no sea tan simple. En el fondo puede que los analistas estén confundiendo herramienta con método.

    En el fondo, probablemente todo lo que está sucediendo y que parece “anticomunicación” no es sino un atajo que en puridad es una poderosa comunicación del Gobierno que se inicia.

    Para graficar lo que señalamos pongamos de ejemplo el segundo gesto fuerte: el cierre de la edición en español de la web Presidencial. Cien tuits o un discurso no representarían mejor lo que TRUMP piensa al respecto de la comunidad hispana. Como acción comunicacional fue de un resultado impactante.

    Y entonces enhebramos esto con lo que decíamos al principio: los gobiernos están en crisis comunicacional, las oficinas de comunicación también. ¿Por que? Porque desde la multiplicación de recursos de redes, “la versión oficial” es cada vez menos unívoca y cada vez más contrastable ya no solo por varios medios, sino por millones de personas enredadas.

    Los gobiernos se ven obligados a seguir el ritmo megainformativo de los medios y las redes con una desventaja substancial: trabajan para la desconfianza. Esto es como correr una carrera en la que todos los demás irán en bici y a vos te toca ir a pie.

    Hay que echarle ojo a lo que sucede con esta tendencia Trump de comunicar con gestos, con la semiótica de los hecho consumados, con golpes bajos a veces, pero con menos información lanzada al pique amarrete. Da la impresión que quiere explorar un camino.

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    Publicado por jotaefeb | 30 enero, 2017, 09:30
  6. ¿Se acabará la ANDE?

    Guido Rodríguez Alcalá
    No lo sé pero, aunque no se acabe, es posible que se menoscabe. Depende de TISA. ¿Qué es TISA? Un pariente de TPP: los dos son criaturas de las empresas multinacionales.
    TISA fue impulsada por Citigroup, Morgan Chase, Walmart, Microsoft y otras empresas, que redactaron el texto y se lo pasaron a los funcionarios públicos para que lo negociaran como tratado internacional. TPP pretendía liberalizar unas 18.000 mercaderías en países del Pacífico. TISA no se ocupa de mercaderías, sino de servicios (desde los bancarios hasta los de salud y educación); lo negocian unos 50 países, incluyendo los de la Unión Europea, Estados Unidos y el Paraguay.
    TISA se negocia en el mayor secreto, como se negociaba TPP; lo que sabemos de esas tratativas, lo sabemos a través de las filtraciones de WikiLeaks, que alertaron a la opinión pública sobre sus cláusulas peligrosas.
    Hubo manifestaciones públicas; Trump se apartó del TPP sabiendo que el Congreso no lo iba a ratificar; el Uruguay se apartó de TISA en el 2015 al enterarse de que, en caso de aprobación, se lo iba a mantener en secreto por cinco años más. (Ver en internet “TISA: amenazante secreto ofensivo” y “WikiLeks revela negociaciones secretas de los Estados sobre el TISA”).
    Al respecto, el ministro del Trabajo uruguayo dijo que, si se aprobaba TISA, el país iba a verse obligado a rebajar sus garantías laborales (las garantías son para las empresas, no para los trabajadores).
    El ministro de Agricultura manifestó que, si se lo aprobaba, no iba a poder ayudar a los agricultores de su país. El ministro de Finanzas dijo que, si se lo aprobaba, no iba a poder controlar a los bancos. El ministro de Industria y Energía expresó que, si se lo aprobaba, no iba a poder proveer los servicios públicos como la luz, el agua y el teléfono.
    TISA prohíbe que se nacionalicen los servicios públicos que estén en manos de las empresas privadas, como lo hizo el Uruguay en 1992 (una razón de más para rechazar el tratado).
    ¿Qué pasa si un Gobierno que privatiza la provisión de electricidad, por ejemplo, después pretende nacionalizarla? Tendrá que pagar una indemnización formidable a la empresa que se sienta perjudicada.
    Me pregunto qué va a pasar aquí si la Cancillería paraguaya firma con TISA un acuerdo que abarca todos los servicios: desde los de luz, agua y teléfono hasta la salud y la educación, que deberán manejarse con un neto afán de lucro, y esto incluye la ANDE. Han llegado al país empresas interesadas en la provisión de electricidad y agua, no me parece una casualidad.
    ¿Se da cuenta la Cancillería de lo que está negociando? Puede que no: cuando la Argentina decidió instalar una planta nuclear en Formosa, la Cancillería lo consideró conveniente; cuando Italia nos exigió el pago de la deuda falsa de Gramont, dijo que las relaciones binacionales eran óptimas. Puede que sí: TISA podría ser parte de un proyecto privatista del Gobierno que, por razones electorales, no se atreve a hablar de privatizaciones abiertamente; naturalmente, una vez firmado el tratado, habrá que cumplirlo privatizando.
    Por desgracia, no existe aquí conciencia del problema: todo está listo para que se acepte un acuerdo que beneficiará a las multinacionales y no a los pueblos.

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    Publicado por jotaefeb | 29 enero, 2017, 10:51
  7. Trumpismo: ¿una nueva época histórica?
    26 Ene 2017

    Por Mario Ramos-Reyes

    Filosofo político

    Trumpismo es el neologismo que, al parecer, define al nuevo presidente, el cuadragésimo quinto de los Estados Unidos. La palabra es de uso político, pero es más una actitud, vital o talvez sería mejor decir visceral respecto a la política misma. O hacia gran parte de la tradición política norteamericana, marcada por la hegemonía abrumadora de los dos partidos históricos, el Demócrata y el Republicano. Trump, en un discurso inaugural inusual, ajeno a la belleza retórica o los juegos del lenguaje, fue directo: how dijo, “por mucho tiempo, un pequeño grupo en la capital de la nación ha cosechado los beneficios del gobierno mientras el pueblo ha soportado el costo. Washington ha prosperado, pero el pueblo no ha compartido su riqueza. Los políticos han prosperado, pero los empleos se han ido, las industrias se han cerrado. Establishment se ha protegido a sí mismo pero no a los ciudadanos del país.”

    La acusación no podría ser menos directa. Trump, con un fuerte tono anti-partido, empieza su primer salvo: advierte de la responsabilidad de ambos partidos en la marginación de las mayorías de los obreros, particularmente de las grandes industrias, olvidados por el libre comercio global, que mueven sus intereses por el abaratamiento de costos en terceros países, olvidando las comunidades del interior del país. La era de un replanteamiento del globalismo del comercio parece haber comenzado. Para Trump, al menos, la realidad de una nueva época política comienza: este 20 de enero, aseveró, “será recordado como el día en que el pueblo comenzó a gobernar esta de nuevo esta nación. Es así como, en la primera semana, se anuncia ya la reunión con los presidentes de México y Canadá, Peña Nieto y Trudeau, para la renegociación de NAFTA, el Tratado de Libre Comercio entre los tres países de la América del Norte.

    La ruptura histórica anunciada por Trump no tiene parangón en este siglo veintiuno y, para encontrar alguno, tendríamos que remontarnos, pero con ciertos matices, al anuncio de Harry Truman quien, en 1947 dijera: “estoy cansado de los soviéticos”. Y con ello, comenzará lo que se llamaría la Guerra Fría. Hoy, el cansancio trumpista sería un modelo económico-financiero global que agobia a los trabajadores de Estados Unidos, causando una serie de problemas económicos, pero y sobre todo, sociales. Trump, siguiendo una tradición de política exterior no-intervencionista, quiere enfocar en los problemas internos del país, primero. Es que, las políticas intervencionistas en nombre de la democracia, o estabilizadores en otros casos, ha generado más problemas que soluciones. De ahí su mantra de America First, primero el país, luego el mundo.

    ¿Significa esta nueva política una retirada de los Estados Unidos? Esa es la intención, pero por el momento, nada se ha hecho aún. No obstante el replantear el rol de la OTAN y la política en el Medio Oriente parecería que será el modus operandi. En ese contexto se podría entender la presunta relación entre la Rusia de Putin y Trump: una nueve detente o coexistencia pacífica donde el enemigo que amenaza a la convivencia internacional es el terrorismo islámico. Y sería, también, en consonancia con la nueva relación con Gran Bretaña del Brexit. Relaciones bilaterales de cooperación y coexistencia individual pero menos a nivel de organizaciones globales.

    Para Trump, este momento es no solo la transferencia de poder de un partido a otro, sino del Establishment al pueblo. Fíjese el lector, que todo esto supone una crisis al interior de ambos partidos, acostumbrados a impulsar a un Estados Unidos protagónico en el mundo: el Republicano, el de G.W. Bush, con sus intervenciones en Irak, por ejemplo, para “expandir” la democracia, o el de los Demócratas que con Obama impulsaron la “primavera árabe.” Ambas experiencias han dejado sus inesperadas consecuencias: inestabilidad, crisis, guerras civiles, y, para el Americano medio, enormes costos económicos. Es que la ilusión de querer hacer del Medio Oriente una democracia al estilo de la del Estado de Vermont –como ironizó el periodista y ex candidato republicano Pat Buchanan– es una inocentada mayor.

    Más allá que se comparta o no el trumpismo, algo está ocurriendo en el mundo. Existe un malestar real, talvez no expresado de manera explícita, entre gran parte de la ciudadanía, sobre todo aquella que no ha tenido los beneficios de una educación más sofisticada. Es la reacción de un populismo que ha encontrado a un mensajero que, paradójicamente, no viene de ellos pero habla su lenguaje. Los beneficios globales socavan, más que construyen, su modo de vida. Y no es todo cuestión económica, exclusivamente, aunque relacionado con el. La agresión de la ideología liberal de mero procedimiento, sin contenido, con una noción de libertad absoluta –incluida la económica, la democracia de la “corrección política,” obligatoria, o la de política de identidades y no de familias ni cultura, la del aborto como derecho humano–, ha calado hondo en grandes mayorías silenciosas, sin acceso a los grupos de poder. Y esa forma de entender la realidad, alimentada por las élites financieras, es la que se está oponiendo furiosamente a Trump.

    ¿Será esta relación duradera? Las resistencia, de ambos partidos, son evidentes. Quedan demasiadas interrogantes para soslayar. ¿Será posible a los Estados Unidos una suerte de retirada de la alianza militar de la OTAN, por ejemplo? ¿Podrá darse el lujo la administración Trump de no intervenir en situaciones críticas? ¿Abrirá esta política, de America First, a una nueva situación multipolar que en sí misma, carecería de estabilidad, ante la ambición de potencias con ansiedad de hegemonía, como Irán, la misma Rusia, Corea del Norte y de la ascendiente China? Solo queda esperar. Pero de lo que sí estoy seguro, es que esta será, nos guste o no, una época diferente, inestable, de cambios inesperados.

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    Publicado por jotaefeb | 26 enero, 2017, 08:49
  8. Un desafío ante el “monstruo” de Trump

    Por Gustavo Olmedo
    Esta semana, el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, reinstauró la “política de Ciudad de México”, que prohíbe que fondos de los impuestos de los estadounidenses financien en el extranjero la eliminación de niños y niñas en el vientre materno. Un paso altamente positivo a favor de un derecho humano fundamental, como es el de la vida, de parte de una potencia mundial acostumbrada a promover esta práctica criminal –en sus diferentes formas– en países en vías de desarrollo.

    Y vale un ejemplo. En los últimos años, la administración de Barack Obama destinaba más de 500 millones de dólares anuales a la organización Planned Parenthood –investigada y acusada por el manejo y comercialización de tejidos y órganos de bebés abortados–, una de las internacionales del sector más poderosas del mundo, con fuerte influencia en América Latina, incluyendo Paraguay, a través de oenegés y entidades que trabajan en programas de planificación familiar y salud sexual y reproductiva, y que directa o indirectamente reciben sus aportes y aplican sus cuestionadas políticas contra la vida humana.

    Se estima que unos 8 millones de niños fueron asesinados legalmente durante el Gobierno de Obama, quien también impuso la Ley de Asistencia Asequible, conocido como Obamacare, que exige a los médicos realizar interrupciones de embarazos, así como operaciones de cambio de sexo, incluso aunque vaya en contra de la propia conciencia de los profesionales.

    Dejar de promover servicios que faciliten la destrucción del niño por nacer, y redistribuir esos fondos hacia centros de salud comunitarios que ayudan a las mujeres necesitadas de apoyo para el nacimiento de sus hijos, es una decisión altamente positiva para cualquier sociedad –pues reconocer que la vida humana es intocable en cualquier condición siempre construye–, aunque sea políticamente incorrecta, como bien lo demuestra la reacción de la mayoría de los medios que solo hablan del “monstruo” de Trump.

    Aquí no se trata de apoyar su triste muro con México, dejar de criticarlo o creer que es un ángel, sino de cuánto uno es capaz de valorar una medida buena, aunque provenga de él, un personaje cuestionable, con una imagen mediática negativa. El desafío para la opinión pública es el reconocer esto positivo de un presidente arrogante, odiado por las agencias de noticias y artistas de Hollywood. ¿Es posible? ¿Es justo? ¿Corresponde a la verdad?

    No es cosa fácil. Pero quizás valga la pena el ejercicio de aprender a “mirar los dientes blancos en el perro podrido”, como bien lo expresara el pensador y teólogo L. Giussani, quien además recordaba que “una vida humana vale más que el mundo entero”.

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    Publicado por jotaefeb | 26 enero, 2017, 08:46
  9. Por ahora, incertidumbre

    Por Danilo Arbilla

    Este 2017, como todos, pero quizás más, genera muchas incertidumbres. Una, la más inmediata y trascendente a nivel global, lo era la asunción de Donald Trump como presidente de EE.UU., y los anuncios que haría.

    Trump asumió, como estaba previsto, y su discurso, lejos de clarificar, generó más incertidumbre. Había como una esperanza de que ya presidente se moderara. Y no fue así. Cierto que no dijo ninguna mala palabra, saludó a los restantes expresidentes y hasta agradeció a los Obama que le dejaran la casa en orden, pero fue un discurso arrogante hacia fuera y convocante hacia adentro. Fue un discurso contra el establishment: el global y el de los EE.UU.

    Dijo que va a revisar tratados, pactos y acuerdos y deslizó eventuales sociedades nunca pensadas. En lo doméstico fue un discurso nacionalista, convocante, con algo de soberbio y demagógico. Contra Washington, contra los políticos, contra los partidos, contra los medios; en una palabra contra el establishment. Contra la gente, las fuerzas y las instituciones en las que muchos alrededor del orbe confían en que “lo pararán”. Se ve que Trump también tiene presente esa alternativa o amenaza y frente a ello de entrada buscó conmover, y mover, los sentimientos, aspiraciones, esperanzas y eventuales resentimientos populares. Hizo populismo. Claramente.

    Pero no hay mucho más que eso. Ahora a esperar y ver qué pasa, como dijo el Papa. Incluso Francisco estuvo más prudente que lo usual. Esta vez se cuidó; sabe y ha visto que el flamante Mandatario responde a todas, sin muchas vueltas ni importarle lo políticamente correcto.

    “Se verá”, dijo el Pontífice. Y sí, en eso estamos todos.

    Mientras tanto hay otras incertidumbres para este año. Por ejemplo, ¿que va a pasar con Lula? ¿Finalmente va preso por corrupción o por lo contrario es ungido candidato a la presidencia para las próximas elecciones? Una de las dos se puede dar, incluso la última, pues como decía el propio Lula –años atrás– los que van presos cuando roban son los pobres, pero cuando se trata de los ricos le dan un ministerio. Quizás hasta la presidencia, o por lo menos la candidatura.

    ¿Y con Cristina Kirchner qué pasará? ¿Irá presa o no? Ya ha sido procesada por tres causas y se la investiga por otras tantas. ¿De qué depende? Hay quiénes en Argentina insisten en que no depende de la justicia, sino del resultado de las elecciones legislativas de mediados de año: las cosas sucederán según como le vaya a Mauricio Macri y al kirchnerismo.

    Un año con incertidumbres, pero en el que van a pasar cosas grandes y sorprendentes, sin duda.

    Lo único seguro, parecería, es que es muy difícil que Venezuela, con Nicolás Maduro al frente, pueda aguantar un año más. Ni con la ayuda del papa Francisco y la Unasur.

    En el 2016 el producto bruto cayó un 18,6% y la inflación, la más alta del mundo, fue del 800 por ciento (799,9% exactamente). Y tal como van las cosas, parece que el 2017 promete más.

    Otro dato: el precio de la canasta familiar en diciembre aumento un 18,4% respecto a noviembre y alcanzó un nivel veinte veces mayor que el salario mínimo. Decididamente no será un año fácil para los venezolanos.

    En Ecuador, en cambio, no habría incertidumbres. Se espera que las elecciones del próximo 19 de febrero las gane el candidato oficial. La fórmula está integrada por dos exvicepresidentes de Rafael Correa. Este, que como buen economista vio claro que no es lo mismo gobernar cuando el petróleo está a más de U$S 100 el barril, a cuando cae a los 40 como ahora, tiene pensado pasar a residir en Europa, donde ya en alguna forma lo hace parte de la familia, según dicen. Como se ve , todo muy bien atado. Aunque no hay que descartar sorpresas. Es un año con muchas incertidumbres.

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    Publicado por jotaefeb | 26 enero, 2017, 08:37

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