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Weird

La expresión, muy usada en inglés, ahora será muy vivida en Estados Unidos con el arribo de Trump al poder. En español podría traducirse como raro, anormal, grotesco, surrealista, aberrante o desvarío… se usa mucho a la salida de un cine luego de ver una película de estas características, solo que ahora el personaje es real y tiene el control de la nación más poderosa del mundo. Desde el 20 de enero las cosas serán diferentes y debemos estar preparados para administrarlas. La influencia de EE. UU. es enorme en el mundo para bien y para mal, y todo lo que hagan desde la Presidencia impacta severamente en varias áreas del planeta.

Una vez le preguntaron al primer ministro canadiense cómo era convivir a lo largo de una frontera tan extensa con EE. UU., y el jefe de Estado de una de las naciones más desarrolladas del mundo contestó: “Es como dormir con un elefante todas las noches”. Un simple movimiento puede ocasionar varias costillas rotas y alguna muestra de afecto, igual. Lo que vamos a ver es una agenda muy enfocada hacia adentro. La versión internacionalista de EE. UU. que surgió después de la segunda guerra mundial y que se consolidó ideológicamente durante la guerra fría dará paso al desarrollo de una agenda dominada por intereses económicos locales y desprovisto de toda connotación global. Lo serán… pero desde sus intereses locales. El amedrentamiento a las empresas de automóviles para fabricarlos en su país y no en otro que fuera parte del Nafta es una simple prueba de cómo operará en ambos territorios: lo local vs. lo global, lo nacional vs. lo internacional. La anunciada salida del acuerdo comercial más potente del mundo en la llamada Alianza del Pacífico tendrá efectos notables en su relación con China, Japón y Corea, pero también con varios países bañados en sus costas por este océano que le da nombre al proyecto.

Desde el 20 de enero las cosas serán diferentes y debemos estar preparados para administrarlas. La influencia de EE. UU. es enorme en el mundo para bien y para mal, y todo lo que hagan desde la Presidencia impacta severamente en varias áreas del planeta.
El mundo “andará por su cabeza” (expresión popular que define aquello sin tutela ni control alguno) y eso podría tener efectos positivos y negativos. Por un lado forzará al desarrollo de políticas nacionales surgidas no como contestación a un poder hegemónico global, sino como consecuencia forzada de un cambio profundo de agenda en EE. UU. Democracias frágiles y en gestación que dentro de un contexto global operaban en función de un manual de conducta podrían verse seriamente afectadas y la inestabilidad que dominó muchos años la región latinoamericana puede estar de nuevo expuesta a golpes de Estado y el resurgimiento con los militares de una agenda nacional y… uniformada. Lo que en los proyectos de integración era condición sine qua non –el de ser democrático en forma y fondo– será parte del olvido y es posible que regresemos al mundo que conocimos antes de la década de los noventa del siglo pasado.

La imagen de un país donde el conocimiento constituye las dos terceras partes de su riqueza, con Silicon Valley como referencia, entrará en una seria disputa contra los desempleados trabajadores de los poluyentes y obsoletas minas de carbón. El modernismo vs. el posmodernismo en versión 2.0. Algunos dirán que un presidente de EE. UU. no tiene tanto poder como podría parecerlo, pero déjenme decirles que puede hacer tanto daño si se lo propusiera. Recuerden siempre que, a pesar de los controles, es un elefante.

Trump es weird en realidad. No hay palabra que lo defina mejor. Quizás un signo de los tiempos que nos toca vivir y un gran desafío de adaptación para muchos en el mundo.

Benjamin Fernandez Bogado

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Acerca de jotaefeb

arquitecto jubilado, hoy "hurgador" de la filosofía de vida, de las cosas cotidianas y trascendentes.

Comentarios

26 comentarios en “Weird

  1. Europa está aterrada

    Por Carlos Alberto Montaner (*)

    Europa está aterrada por el triunfo de Donald Trump. Le teme a la visión del amigo americano, el primus inter pares.

    Lo acaba de revelar una macroencuesta realizada por la empresa francesa Ipsos. La llevó a cabo en 24 naciones y entrevistó a 18.000 personas. Ipsos es la mayor empresa europea de investigación y una de las más serias.

    El país más pesimista es España. El 84% de los españoles piensa que Trump será un pésimo presidente para todos.

    Entre otras razones, alegan los mejor informados, coincide demasiado con los comunistas de “Podemos” y de “Izquierda Unida”. Se opone, como ellos, a los tratados internacionales de libre comercio, critica a la OTAN y a la Unión Europea. Es proteccionista, aislacionista e intervencionista. Les dice a los empresarios dónde y cómo deben invertir.

    Con Trump se confirma la intuición de que los extremos –populistas de izquierda y derecha– se tocan.

    Tras el juicio negativo de los españoles, sigue el del 80% de los británicos, el 78% de los alemanes y el 77% de los franceses.

    ¿Qué les preocupa a muchos europeos, y especialmente a sus gobiernos?

    Les preocupa el respaldo de Trump al brexit y su amistosa cercanía con Nigel Farage, el líder de la disolución de los lazos entre el Reino Unido y la Unión Europea. Las críticas de Trump a Angela Merkel y su corrosiva intromisión en los asuntos del grupo de 28 países.

    Simultáneamente, les inquietan las opiniones favorables de Trump sobre Vladimir Putin, el hombre que invadió Crimea y amenaza a los Balcanes. La misma encuesta de Ipsos encontró que el 74% de los rusos aplaude el triunfo de Trump.

    Mas no es el único país del mundo que tiene una percepción risueña del nuevo inquilino de la Casa Blanca. El 65% de los indios también lo ven con optimismo. Incluso, más que en Estados Unidos, donde el 52% tiene una opinión positiva y un 48% negativa.

    Angela Merkel y François Hollande poseen una legítima preocupación con el destino de la Unión Europea. La gran hazaña diplomática del siglo XX ha sido la progresiva unión de Europa forjada entre Alemania y Francia, los rivales que habían desangrado el continente desde 1870 hasta 1945 por medio de espantosas guerras.

    Primero procedieron cautelosamente creando la Comunidad Europea del Carbón y el Acero (1951). Eran los años iniciales de la segunda posguerra mundial. Fue la obra de los visionarios franceses Robert Schuman y Jean Monnet, del italiano Alcide de Gasperi y del premier alemán Konrad Adenauer. Se adhirieron los países del Benelux (Bélgica, Holanda y Luxemburgo).

    Alemanes y franceses querían, ardientemente, poner fin a las habituales carnicerías europeas. Lo harían creando intereses comunes e instituciones de derecho que vincularan a los Estados y les amarraran las manos a los políticos.

    Luego siguió la Comunidad Económica Europea (1958). A los seis países originales eventualmente se les sumaron otra media docena. Y así siguieron hasta que en 1993 la CEE fue sustituida por la Unión Europea, creada en Maastricht tras la disolución de la URSS y del campo socialista.

    Como Alemania y Francia son dos países razonablemente eficientes, pero dotados de inmensas e intrincadas burocracias, contagiaron el nuevo organismo con esa característica. Sin embargo, en lo esencial lograron su cometido: desterrar el nacionalismo excluyente, mantener la paz y prosperar juntas todas las naciones, aunque fuera a un ritmo más lento.

    Naturalmente, eso ha sido posible gracias al estímulo político y a la protección militar de Estados Unidos por medio de sus bases y por la existencia de la OTAN. Y esto es, exactamente, lo que muchos europeos temen que se debilite por la asunción de Trump a la presidencia de Estados Unidos.

    F.D. Roosevelt, Truman y el resto de los gobernantes norteamericanos entendieron, atinadamente, que a Estados Unidos le convenía una Europa fuerte, unida y en paz, con la cual realizar transacciones y compartir responsabilidades, de la misma manera que, a partir de hace unos años, comprendieron que les favorecía la existencia del euro, porque no hay nada que enturbie más el panorama comercial que la existencia de signos monetarios débiles y erráticos.

    Así fue hasta que Trump se instaló en la Casa Blanca. Se trataba de un político con un mensaje diferente, antiguo, que podía echarlo todo a perder. Por eso Europa está aterrada. La primera potencia del mundo le ha cambiado las señas y las reglas de juego. Europa teme que se disuelva un matrimonio extraordinariamente fructífero durante 72 años. Sería terrible que algo así sucediera.

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    Publicado por jotaefeb | 29 enero, 2017, 10:33
  2. Cultura institucional y cultura de la trampa

    Por Rolando Niella

    Barack Obama tiene una pésima opinión de Trump, dijo que era el candidato menos apto para ejercer la presidencia de toda la historia de Estados Unidos. Donald Trump tiene una pésima opinión de Obama, con su estilo excesivo dijo directamente que es “el Diablo”. Eso y mucho más es lo que se dijeron durante la campaña electoral.

    Esa mala opinión mutua, sin embargo, no impidió una transición ordenada y sin incidentes mayores. Tampoco impidió que el traspaso del mando en la toma de posesión, que marcó el final del mandato de uno y el inicio del gobierno del otro, fuera personalmente educado, institucionalmente correcto y protocolarmente intachable.

    La diferencia es enorme con los traspasos de mando en nuestra región que casi siempre resultan conflictivos y más aún cuando suponen que una fuerza política desplaza a otra del gobierno. El más disparatado y excesivo de estos casos ha sido el que protagonizó en Argentina Cristina Fernández de Kirchner.

    Supongo que todo el mundo recuerda la actitud de la mandataria saliente y el desagradable y maleducado gesto de ni siquiera asistir a la ceremonia de toma de posesión. Pero fue mucho peor que simple mala educación; fue una calamidad, porque un mandatario no puede mostrar una falta de respeto semejante a la investidura del nuevo presidente (que hasta ese día fue también la suya), al orden institucional y a los mecanismos preestablecidos de transmisión de mando.

    Por supuesto, en otro orden de cosas, también se tomó la molestia de dejarle al gobierno entrante “un campo minado”, según la expresión generalizada en el periodismo argentino, para lograr a toda costa que le vaya mal al próximo gobierno.

    Pero volviendo al ordenado y correcto traspaso de mando norteamericano, cualquiera podría objetar que se trata solo de protocolo superficial donde, con algo de cinismo, personas que se odian se sonríen mutuamente; pero no es así. Se trata de respeto a la investidura más allá de quién sea la persona que la ocupa y es una muestra de fortaleza institucional y, por supuesto, de la preeminencia de lo institucional sobre la personal a la hora de afrontar temas de Estado y de gobierno.

    Esa muestra de cultura institucional quedó algo opacada por la poca concurrencia al acto, los artistas que se negaron a participar y la abundancia de protestas contra el nuevo presidente. Sin embargo, en vista de los problemas que cada traspaso de mando entre adversarios políticos en la gran mayoría de los países de nuestra región, esa fortaleza institucional, que obliga a dejar de lado divergencias políticas irreconciliables e inquinas personales, debería servirnos de lección.

    En Paraguay nuestros políticos son por regla general un poco menos maleducados que Cristina Fernández de Kirchner, pero en cambio igualmente especialistas en dejar suficientes palos en la rueda a sus sucesores. Hemos visto, hace poco más de un año, en los traspasos municipales suficientes casos de intendentes salientes que han dejado a sus sucesores comunas no solo desfondadas, sino también innecesariamente endeudadas.

    Mientras el sistema institucional no sea lo bastante poderoso para evitar que los intereses personales o sectoriales de los mandatarios de turno estén por encima de la estabilidad de las instituciones, los cambios de gobierno serán inevitablemente traumáticos y más conflictivos aún en los casos en que la transmisión suponga alternancia en el poder.

    El cumplimiento del protocolo es un síntoma, una señal visible para los ciudadanos del respeto a las instituciones, de espíritu democrático y de apego al cumplimiento de la ley. Es por el desprecio de las reglas de juego institucionales por lo que resultan dañinos y peligrosos operativos tan bochornosos y ridículos como la recolección de firmas en favor de la reelección protagonizado por un sector del Partido Colorado.

    Es todo lo contrario de la cultura de la ley: la cultura de la trampa. La abundancia de firmas de ciudadanos inventados, inhabilitados, no consultados y resucitados ha llevado lo ridículo a su máxima expresión; pero lo más grave es que se recolectan firmas para quebrantar el sistema institucional, incumplir la Constitución y desconocer la autoridad del Congreso Nacional.

    Es por el desprecio de las normas y de las formas legales que resulta imperdonable el asalto que los partidarios de la reelección están haciendo a la Constitución Nacional. En lugar de fortalecer las instituciones está muy cerca de destruir la poca solidez y credibilidad que el sistema institucional paraguayo ha conseguido construir en estas últimas décadas de democracia.

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    Publicado por jotaefeb | 29 enero, 2017, 10:32
  3. Crimenes del futuro

    ¿Fueron los rusos? No lo sé. De cualquier manera, no le tengo lástima al pobre Trump, que no es tan pobre, si es que los rusos lo hackearon. Es lo que se hace en todo el mundo, desde hace algún tiempo: es lo que les pasó a Angela Merkel, Ricardo Lagos y otros jefes de Estado, y no fueron los soviéticos.

    Ahora Trump puede decir: soy el primer presidente norteamericano hackeado, que siempre es un honor.

    Internet se presta porque ha crecido y seguirá creciendo. Sobre el tema, existe un libro muy interesante, el del norteamericano Marc Goodman, Crímenes del futuro (Future crimes, publicado en 2015) Un Iphone de hoy (dice Goodman), tiene más capacidad de procesar datos que la que tenía la NASA cuando puso el Apolo 11 en la Luna.

    En diez años, Facebook pasó de cero a 1.300 millones de usuarios; cada día se ponen 350 millones de fotos en Facebook y se hace click en “me gusta” 6.000 millones de veces.

    Si podemos decir que hoy internet tiene el tamaño de una pelota de golf, en poco tiempo tendrá el del Sol. No solamente las computadoras, teléfonos y tabletas estarán en línea, sino también cada auto, tren, casa, utensilio y animal doméstico.

    El vicepresidente Dick Cheney tenía un marcapasos conectado a un sistema de control de un hospital, y le quitaron la conexión para evitar un atentado.

    Todo sistema es hackeable. Esto vale para los autos sin conductor, para los drones, para cualquier cosa que se incorpore a un sistema.

    La tendencia es ponerle un chip a todo, desde las vacas hasta las latas de cerveza, para tenerlo todo bajo control, en el buen sentido de la palabra.

    También puede ser en el mal sentido de la palabra, porque para ello están los hackers. Algunos son más bien traviesos, como el adolescente que entraba al sistema del FBI y dejaba el mensaje: adivinen quién soy. Otros son más pesados, como el adolescente que descarriló un tranvía en Viena (sin consecuencias fatales, por suerte).

    Los que vacían cuentas corrientes y tarjetas de crédito ya son más perjudiciales; para colmo pueden utilizar un mecanismo muy ingenioso.

    Uno puede revisar su cuenta en internet, ya se la han vaciado, pero en la pantalla de la computadora no aparece lo que falta; uno se da cuenta cuando es demasiado tarde.

    Esta diferencia entre lo que se ve y lo que hay no se da solamente en cuestiones de dinero, dice el autor. Con harta frecuencia, confiamos demasiado en lo que nos muestra la pantalla (screen en inglés), que puede dificultarnos la comprensión de la verdad.

    No solamente se miente diciendo una cosa por otra, sino también mostrando imágenes que, sin ser falsas, nos impiden desarrollar una visión de conjunto. Aunque en teoría aceptemos el lema de In God we Trust (en Dios creemos), en la práctica estamos más cerca de In Screen we Trust (creemos en la pantalla).

    Participa en la manipulación lo que me permito llamar una alianza público privada: Gobierno y empresas dedicadas al negocio de la propaganda.

    Ha sucedido en Estados Unidos, en Rusia y en China, con interneteros pagados que, haciéndose pasar por navegadores independientes, sirven a un sistema de desinformación. (También los hay en el Paraguay.)

    No todo está perdido por eso, nos dice este libro de 610 páginas, cuyas propuestas de soluciones ya no puedo comentar aquí.

    Guido Rodríguez Alcalá

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    Publicado por jotaefeb | 28 enero, 2017, 19:37
  4. ¿Será la Casa Blanca una sucursal del Grupo Trump?

    Mientras pasaba unos días en este elegante balneario en la primera semana del año, me enteré de la súbita y misteriosa desaparición de un gigantesco cartel callejero con la fotografía del presidente electo Donald Trump frente a la Torre Trump de 26 pisos que está en proceso de construcción aquí.
    La intrigante desaparición del cartel fue motivo de animadas discusiones entre los turistas que estábamos en la ciudad. ¿El cartel había sido removido por temor a ataques terroristas o vandalismo contra la Torre Trump de Punta del Este? ¿O porque los constructores habían concluido que la imagen de Trump estaba perjudicando las ventas?

    Mientras muchos hacíamos nuestras conjeturas, se difundió la noticia de que Eric Trump, uno de los hijos adultos del presidente electo, estaba en la ciudad para tratar de impulsar las ventas de la torre. Muy pronto nos enteraríamos de qué había pasado con el enorme cartel, concluimos con unos amigos, mientras almorzamos a pocas cuadras de la obra en la Playa Brava.

    Finalmente, en una entrevista publicada el 6 de enero por el diario uruguayo El Observador, Eric Trump reveló que el cartel había sido removido por los constructores porque el Presidente electo “está saliendo de una compañía completamente para convertirse en Comandante en Jefe de los Estados Unidos”. Agregó que “mi hermano y yo vamos a tomar el negocio y creo que progresivamente vamos a volvernos rostros más visibles de la marca”.

    ¿Pero eso bastará para evitar incontables potenciales conflictos de intereses? La enorme mayoría de los expertos independientes en temas de ética están de acuerdo en que no. La única manera de evitar que la Casa Blanca de Trump se convierta en una subsidiaria de hecho de la Organización Trump sería que Trump vendiera su parte del negocio y pusiera el dinero en un fideicomiso ciego, dicen los expertos.

    La Organización Trump tiene intereses en más de 100 empresas en al menos 20 países, incluyendo hoteles y campos de golf en Panamá, Brasil, Turquía, India y Filipinas. Además, Trump tiene deudas por cientos de millones de dólares a los bancos, entre ellos el Banco de China, el Deutsche Bank y otros bancos extranjeros, lo que podría dar lugar a sospechas de motivaciones empresariales detrás de sus futuras decisiones de gobierno.

    Incluso si los hijos adultos de Trump toman el control total del negocio de bienes raíces de la compañía y Trump promete no discutir asuntos de negocios con ellos, como lo anunció el miércoles, difícilmente evitará conflictos de interés.

    Es difícil imaginar que presidentes extranjeros no usarán a los socios comerciales de Trump en sus propios países para tratar de obtener beneficios para sus países de la Casa Blanca de Trump. Filipinas, por ejemplo, nombró recientemente a José E.B. Antonio –el socio comercial de Trump en la torre Trump de Manila– como enviado especial a Estados Unidos para el comercio, la inversión y los asuntos económicos.

    El gobierno del presidente argentino, Mauricio Macri, acudió a Felipe Yaryura, uno de los socios argentinos de YY Development, que además de construir la Torre Trump en Punta del Este estaba planeando recientemente una torre Trump en Buenos Aires, para lograr una llamada de felicitación poselectoral a Trump el 14 de noviembre, según informó el Washington Post.

    En una conferencia de prensa el miércoles, su primera en casi seis meses, el Presidente electo dijo que su recién creado fondo fiduciario entregará el “control total” de la Organización Trump a sus hijos Don y Eric. “Mis dos hijos Don y Eric van a dirigir la empresa, y no van a hablar [de negocios] conmigo”, dijo.

    Mi opinión: Eso es una falacia total. Pretender que la entrega de la gerencia de la Organización Trump a sus dos hijos adultos sin vender su parte en la empresa evitará los conflictos de intereses es ridículo. Y afirmar que no discutirá asuntos de negocios con ellos durante los próximos cuatro años es un insulto a la inteligencia.

    Eric y Don Trump parecen vivir pegados a su padre. Incluso aparecieron junto a él en el podio durante la rueda de prensa del miércoles, como si fueran altos funcionarios de la administración entrante. ¿Se supone que debemos creer que durante los próximos cuatro años solo hablarán sobre el tiempo, o que hablarán de poesía, con su padre?

    Solo hay una forma en que Trump pueda evitar flagrantes conflictos de intereses, y esa es vender su parte de la Organización Trump y crear un fideicomiso ciego. Hacer lo que dijo el miércoles –o sacar el cartel con su fotografía frente a la Torre Trump de Punta del Este– es una receta para una presidencia repleta de escándalos.

    Posdata: Cuando salí de Punta del Este el 6 de enero, pasé frente de la Torre Trump y pude ver una foto grande de Trump y sus dos hijos adultos detrás de la puerta principal en la oficina de ventas de la planta baja del edificio. El cartel callejero había desaparecido, pero Trump, Eric y Don seguían sonriendo desde el interior del edificio.

    Por Andrés Oppenheimer

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    Publicado por jotaefeb | 28 enero, 2017, 19:36
  5. Viaje a lo desconocido junto a Donald Trump
    La espera llega a su fin. Ahora tendrá que empezar a actuar y no sólo tuitear. Por otro lado, muchas cosas siguen siendo impredecibles, dice nuestro columnista invitado Peter Sturm, del Frankfurter Allgemeine Zeitung.

    El traspaso de gobierno en Estados Unidos es siempre muy prolongado, herencia de la época de las diligencias. Sin embargo, en esa ocasión a muchos fuera de Estados Unidos les hubiera gustado que el presidente elegido en noviembre hubiera empezado antes en el cargo. Así se hubiera puesto fin a la mortificante incertidumbre sobre lo que Donald J. Trump se ha propuesto realmente hacer con su país y con el mundo. Acabar con esa larga tradición hubiera halagado el sobredimensionado ego del elegido.

    A partir del viernes Trump será presidente. Y no sabemos… nada. Y no porque no haya hablado. Lo ha hecho en exceso. Pero su visión política, presuponiendo que tiene alguna, más allá de la conquista de la Casa Blanca, permanece en la indefinición. Sería inapropiado tomarse en broma sus declaraciones, con el pretexto de que no son realistas. Porque el problema es que un presidente de los Estados Unidos puede, con sus meras declaraciones en una entrevista, crear realidades o cambiarlas. Por ejemplo, al llamar “obsoleta” a la OTAN. Puede que lo sea, pero sigue siendo sin duda realmente importante. Algo así invita a los oponentes de la Alianza a probar hasta dónde pueden llegar sin ser sancionados. Esta interconexión debería resultar evidente para cualquiera medianamente inteligente.
    Muchos propietarios de negocios se consideran los mejores políticos. Y Trump se tiene entre los más grandes. Pero no es lo mismo tomar decisiones en una empresa que en esa sumamente compleja entidad que llamamos Estado. Aquellas desarrollan su actividad en un sector determinado y no tienen que prestar demasiada atención a lo que sucede en otras áreas. En política todo tiene que ver con todo. Y esto no es el lema de débiles incapaces de tomar decisiones. Se pueden, y quizá se deban también, hacer muchas cosas en Estados Unidos de forma distinta a como las ha hecho el presidente Barack Obama. Pero, no obstante, sólo se puede confiar en una cosa: que haya quienes puedan encauzar la energía de ese súper-ego hacia caminos razonablemente previsibles. De lo contrario, en cuatro años (quien sabe si ocho) no vamos a reconocer el mundo.
    Autor: Peter Sturm

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    Publicado por jotaefeb | 28 enero, 2017, 19:34
  6. Donald Trump, mil millas de retroceso
    ¿Puede un solo hombre acabar con décadas de acercamiento? Este 20 de enero podría ser el inicio de una era de relaciones entre EE.UU. y México marcadas por una rudeza tan larga y alta como las millas del muro de Trump.

    La probabilidad de que a sus 70 años, Donald Trump, el nuevo presidente de EE. UU., cambie de personalidad y de estilo es reducida, especialmente si todos se limitan solo a lamentar su tono y trato en vez de exigir otro.
    Estará por verse si las estructuras oficiales de una democracia fuerte como lo es la estadounidense logran elevar la sensibilidad diplomática del estadista y perdura la esperanza de que en sus primeros 100 días profundice en el abc de la etiqueta internacional.
    Pero sin perder más tiempo tiene que imperar la conciencia inmediata de que la opinión pública no tiene por qué aceptar maltratos ni verbales ni de otra índole de nadie, mucho menos del presidente de la primera potencia democrática de este planeta.

    En la política, en los negocios y en el día a día las formas son básicas. Un “America great again” sin cortesía, educación y protocolo no deja de ser un slogan vacío y sin sustancia para grandeza alguna. Y quien crea que la rudeza del nuevo mandatario se limitará a humillaciones y amenazas contra sus vecinos mexicanos se equivoca.
    Unidos desde y para siempre
    Estados Unidos no es una isla solitaria en un planeta desierto. El año de 1846 parece una fecha lejana, pero en la historia de la humanidad fue ayer cuando la conquista territorial hizo de Estados Unidos una potencia continental con las riquezas adquiridas a expensas de México: extensos yacimientos petrolíferos en Arizona, depósitos de oro y plata en California y los puertos de la costa del Pacífico.
    La grandeza del pasado y del presente la ha logrado sobre los hombros de muchos países, entre otros los de México. Por eso y mucho más, Estados Unidos, baluarte de la democracia y la libertad, le debe al mundo entero y especialmente a sus vecinos del sur un trato ejemplar y justo. El muro de Trump representaría todo lo contrario: el impulso oficial de la discriminación y el racismo. Una ruptura con toda medida civilizatoria.
    Exigir puentes, no muros
    La dependencia producto de la integración que han logrado México, Estados Unidos y Canadá juntos desde 1994 es enorme. Las empresas estadounidenses han aumentado sus inversiones en territorio mexicano a un ritmo constante en las últimas décadas. Los mexicanos y sus vecinos, especialmente los socios comerciales estadounidenses y canadienses, tienen la obligación de demandar una relación digna y segura y exigir el fin de políticas y discursos explosivos. Tan grande como las ganancias es también su responsabilidad. Toca a todos ellos salir a las calles como lo han hecho este sábado millones de mujeres no solo en Estados Unidos. ¡Es hora de exigir puentes y no muros!

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    Publicado por jotaefeb | 28 enero, 2017, 19:34
  7. Adiós al garante del orden mundial
    Como nuevo presidente, Trump representa los intereses de los propios Estados Unidos por encima de viejas alianzas. Para unir a un país dividido, invoca un peligroso nacionalismo, advierte Ines Pohl desde Washington.

    Donald Trump es Donald Trump. Quienes esperaban que el hombre de negocios de Nueva York cambiara su tono agresivo una vez juramentado como presidente de los Estados Unidos han resultado duramente decepcionados. El primer discurso del 45º presidente de los Estados Unidos no deja lugar a dudas: Trump no piensa ni remotamente acallar su afilada lengua como ocupante del hasta ahora cargo político más importante del mundo. Al contrario, repitió las promesas de su ácida campaña electoral. Promete, mediante el aislamiento en las políticas económica y de defensa, recuperar la antigua grandeza del país. Asegura que él, el multimillonario, con su gabinete de multimillonarios, va a hacer el país más justo. Pretende mejorar la educación y proporcionar puestos de trabajo seguros para todos, poniendo fin a la influencia de potencias extranjeras. En su Administración, los Estados Unidos sólo se deberán ocupar del bienestar inmediato del propio país.

    Que con esto se abandona el papel de los Estados Unidos de América como principal poder del orden global es algo calculado. Y, para un hombre que pone por encima de todo las posibles ventajas que ello puede suponer para su país, no resulta ningún problema en absoluto.
    El nuevo peso de las palabras
    Nada nuevo se le escuchó en su toma de posesión al nuevo presidente, de 70 años de edad. Y, sin embargo, sus palabras tienen un nuevo peso. A pesar de que el poder del presidente de Estados Unidos tiene sus límites, como tal influye sobremanera en el clima político del país. Y fue aclamado frenéticamente por cerca de medio millón de seguidores llegados de todo el país, simplemente por el hecho de que no se desdijo de sus promesas electorales. Con el mismo entusiasmo con el que sus detractores salieron a protestar contra esa nueva línea política.
    Las prolongadas campañas electorales en los Estados Unidos conllevan que el nuevo presidente se encuentre un país herido y dividido. Siempre es así, aunque haya alcanzado niveles inéditos con la retórica de confrontación del presidente Trump. Por consiguiente siempre fueron, desde hace décadas, los de reconciliación los primeros gestos del nuevo inquilino de la Casa Blanca. También en esto es Donald Trump una excepción.
    El poder del hombre fuerte
    Él no cree en el poder de la reconciliación, sino en el del tipo duro. Con cada palabra y cada gesto de su primer día en el gobierno mostraba que no va a ser blando. Al mismo tiempo, sigue al pie de la letra el manual del demagogo, definiendo lo “forastero” como amenaza y agitando los miedos para cerrar filas en torno a él.

    Con ello tiende muchas trampas, principalmente para los estadounidenses liberales y abiertos a los que les gustaría un país muy diferente al que él propone y al que quieren ver integrado en el mundo libre, por el que se debe abogar y luchar.
    Excluidos de la prosperidad
    Aunque, al final, un 54 por ciento de los estadounidenses querían otro presidente y sólo el obsoleto sistema electoral permitió que ganara el candidato que tenía tres millones de votos menos, las preocupaciones y necesidades de muchos de sus seguidores son totalmente reales. Y sería un arrogante y fatal error ignorar sus duras condiciones de vida. Es una vergüenza que tantas personas vivan en la pobreza sin esperanza en uno de los países más ricos del mundo. Que tantos niños carezcan de posibilidades desde su primer día de vida por nacer en la familia equivocada y en un sistema educativo que sobre todo promociona a los privilegiados. Que tanta gente dependiente, simplemente, se sienta abandonada.
    Hay multitud de comprensibles razones por las que los seguidores de Trump hace tiempo que perdieron la fe en la élite política.
    Un fenómeno como el de Donald Trump sólo puede darse, seguro, en Estados Unidos. Que la arrogancia y la ignorancia del poder abra las puertas al nacionalismo más peligroso, sin embargo, no está, desde luego, exclusivamente limitado a los Estados Unidos de América.

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    Publicado por jotaefeb | 28 enero, 2017, 19:33
  8. La seducción de los déspotas
    También en Oriente Medio la elección de Trump es vista como un punto de inflexión. Muchos temen un regreso a patrones que podrían convertir su presidencia en una pesadilla para la región, afirma Loay Mudhoon
    Russland Syrien Assad bei Putin (Reuters/RIA Novosti/Kremlin/A. Druzhinin)

    Hace ocho años, Barack Obama tendió la mano al mundo musulmán y le ofreció una nueva relación de respeto mutuo. Él quería reescribir la diplomacia entre Occidente y el mundo islámico rompiendo definitivamente con el agresivo militarismo de la era Bush. “No hay ninguna razón por la que no podamos restaurar el respeto y la relación que América tenía hace 20 o 30 años”, dijo a la cadena árabe Al Arabiya en su primera entrevista televisiva unos días después de asumir el cargo.
    De esta actitud cooperativa no queda ni rastro en la administración de Donald Trump. Al contrario, sus comentarios anti-islámicos durante la campaña electoral y su devoción a gobernantes autoritarios como Vladimir Putin o Bashar Al Assad hace que las expectativas respecto a su política para Oriente Próximo y Medio sean extremadamente bajas. Su discurso inaugural no incluyó referencias a los clásicos valores americanos, como democracia, libertad y compromiso por los derechos humanos. Así que debemos contar con una vuelta al pensamiento simple de “nosotros contra ellos” de la era Bush.
    La lógica simplista de ‘amigo o enemigo’

    No hay duda: el nuevo presidente Trump hereda de su predecesor numerosos y complicados conflictos en Oriente Próximo y Medio, conflictos que se solapan parcialmente entre sí. Sus declaraciones, hasta ahora, denotan su desinterés y desconocimiento sobre el tema. Y su simplista forma de abordarlo podría demostrarse como una receta para nuevas catástrofes.
    Pero sus enfoques previamente conocidos son la evidencia de falta de interés evidente y la falta de comprensión de la dinámica del conflicto en el Medio Oriente. En particular, la forma, incluso de una sola dimensión, simplista en la que Trump considera los enormes problemas de la región podría ser una receta para un desastre mayor. Por ejemplo, para luchar contra los terroristas de Estado Islámico propone colaborar con Al Asad, confundiendo causa y efecto. El autodenominado califato no se hubiera fortalecido tanto sin la tiranía de Asad y el temor a sus bombardeos.
    O su idea de cancelar el acuerdo nuclear con Irán sin tener ningún plan alternativo. Un Irán, además, que apoya al déspota Asad en Siria, según Trump “mucho más duro e inteligente” que los políticos estadounidenses. Su forma de abordar el conflicto no sólo es contradictoria, es peligrosa.
    Potencias mundiales en la resolución

    Por supuesto, es demasiado pronto para identificar las prioridades reales de la administración Trump en el Medio y Cercano Oriente. Su intención de colaborar con regímenes autocráticos para luchar contra el EI tendría como primera víctima a la promoción de la democracia y los derechos humanos. Además sólo traería una estabilidad aparente, ya que no cuentan con las recetas adecuadas para solucionar los problemas de base.
    Lo que necesitan los países afectados es una perspectiva de desarrollo real. Especialmente, que se dejen de instrumentalizar las identidades confesionales con fines políticos y energéticos por parte de Irán e Arabia Saudí, algo que la política europea debe abordar.
    Sin la instauración de estructuras regionales de cooperación y esta polarización de las confesiones religiosas, para acabar con el eterno juego de suma cero, no habrá forma de salir del círculo vicioso de la violencia.

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    Publicado por jotaefeb | 28 enero, 2017, 19:32
  9. El odio está de moda
    En Washington, Trump ataca a los manifestantes y los medios. En Coblenza, sus seguidores europeos arman su propia fiesta. No hay dudas: las armas contra el viejo orden están en ristre, opina Volker Wagener.

    “El viejo mundo del siglo XX ha quedado atrás definitivamente”. Frank-Walter Steinmeier, el ministro de Exteriores de Alemania y próximo presidente del país, es conocido por no darse a las frases irreflexivas, y por ello en este caso dio en el clavo. Y justamente Marine Le Pen, la jefa del Frente Nacional francés, le da la razón: “Vivimos el fin de una era y el comienzo de otra”, dijo el sábado ante los 800 ultraderechistas que se reunieron en un congreso en Coblenza (Alemania). Se puede discutir lo poco que ayudan estas declaraciones, pero el “brexit” es una realidad y Trump también. Una metamorfosis política en Occidente está en marcha. El populismo está de moda. Casi nada es como alguna vez fue. Y pronto habrá elecciones en países importantes: Francia, Holanda, Alemania.
    ¿Un incendiario en la Casa Blanca?
    Mientras, Estados Unidos se despide de su rol como garante del orden mundial. En Siria ya cedió terreno ante Putin y ahora se concentra con fuerza solo en Israel. La promesa de campaña de cambiar la embajada de Estados Unidos desde Tel Aviv a Jerusalén no es, de ninguna manera, una mera decisión organizativa, sino más bien una declaración política. Y vaya qué declaración. Un cambio de ese tipo sería, en la práctica, un reconocimiento de Jerusalén como la capital de Israel. Casi tan peligroso como una procesión de antorchas por una gasolinera.

    Si Europa no toma en serio al nuevo presidente, ya vendrán los Petry, Le Pen y Wilders, sus copias en formato de bolsillo. Egoístas y autorreferentes, unos países megalómanos son la fantasía de los derechistas europeos y por ello imitan la actitud de “Estados Unidos primero” de Trump. No sorprende que Theresa May sea la primera del Viejo Continente en reunirse con el nuevo mandatario. La salida de los británicos de la Unión Europea es para Trump y todos los populistas europeos miel sobre hojuelas.
    Es como si todo lo que aprendió el mundo occidental tras la Segunda Guerra Mundial fuera puesto en ridículo. Las políticas de alianzas, el principio de solidaridad, la ayuda económica. Ciertamente el triunfo del “brexit” fue estrecho y los que se movilizaron fueron los euroescépticos, mientras el resto se quedaba en casa. Trump se vio beneficiado por el sistema electoral estadounidense, pues en votos absolutos él representa a menos de la mitad de los ciudadanos. Y AfD y el Frente Nacional, son por el momento, partidos opositores. Pero lo que hace de este giro hacia la derecha y el cambio en la percepción de los valores algo tan riesgoso tanto en Estados Unidos como en Europa, es el odio abierto de los populistas contra el Estado, la democracia, las élites sociales, la diversidad y los medios.
    La resistencia como deber
    Pero el fin de semana pasado muestra que en Washington, Nueva York, Boston, Sidney, Londres, París y sí, también en Coblenza, hay otra realidad presente: las protestas, las masivas protestas contra la visión simplona y repugnante de los amantes del odio. Si la democracia es más que una palabra académica debe probarlo ahora, sobre todo en los parlamentos, la prensa y en las calles.

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    Publicado por jotaefeb | 28 enero, 2017, 19:32
  10. México: un muro contra un Nerón moderno
    Solo puede haber un Nerón en la historia. La sociedad civil internacional debe apoyar a los ciudadanos estadounidenses para reforzar sus estructuras democráticas y las del vecino México, opina Claudia Herrera.

    Fascinada y con la vista puesta en el siguiente capítulo del denigrante reality show: “Trump, México y un Muro”, a la opinión pública internacional parece no quedarle aún bien claro el alcance y magnitud de lo que sucede ante sus pantallas.
    Desde su llegada a la Casa Blanca hace una semana, no ha pasado un día en el que el presidente Donald Trump no haya acaparado las portadas de periódicos y los horarios de máxima audiencia de los noticieros. Pantallazo tras pantallazo, vemos a un presidente firmando órdenes ejecutivas, ya sea sobre sus visiones económicas, o lo que parecería una casi enfermiza enajenación por levantar un muro para mantener a distancia a los vecinos mexicanos.
    En una sola semana, el autor del guion logró desatar la principal crisis en las relaciones diplomáticas de más de un siglo con México. Por el momento, el espectáculo queda congelado hasta que se reescriba el libreto. Estaba previsto que, con una propuesta de negociación de diez puntos y un respetuoso “no pagaremos el muro”, el presidente Enrique Peña Nieto viajara a Washington para enfrentarse a lo que desde ojos mexicanos resulta un Nerón moderno; pero Trump lo desinvitó.
    Así, Peña Nieto perdió su última oportunidad de recuperar el respaldo del electorado mexicano, al permitir que México participara involuntariamente y por demasiado tiempo en este reality show de bajo nivel. Que México se niegue a pagar el muro del vecino es obvio. La tardía cancelación del viaje a Washington -previa desinvitación- y un “no” siempre tibio, enfurecen al colectivo popular y a las muchas voces de intelectuales que exigieron desde un principio que no se aceptara que el protagonista impusiera el papel de víctima y comparsa a una nación milenaria.

    ¿Y ahora? ¿Qué quiere hacer México? ¿Vivir temblando en espera de conocer el humor con que se levantará el guionista tirano? Con Trump o sin él, México vive desde hace muchas décadas al borde del abismo, basta un empujoncito. Pero si el mundo es un guion y Trump es capaz de reinventarlo, ¿por qué México no lo va a poder hacer?
    México es muy vulnerable y tiene muchas tareas pendientes, pero el resto del mundo también. ¿Cuándo entenderán los electores estadounidenses que encumbraron a Trump que su vida no mejorará, que Trump se representa solo a sí mismo y que a la larga su estilo político egoísta no puede tener éxito alguno? ¿Por cuánto tiempo permitirán decreto tras decreto? ¿Dónde están esas estructuras democráticas estadounidenses fuertes, empezando por el Congreso?
    El malestar crece, pero sigue siendo un murmullo virtual. Se necesita el apoyo de todos. También los mexicanos deben tomar unidos las calles y apoyar a sus auténticos vecinos, los ciudadanos estadounidenses. La sociedad civil internacional debe demostrar que los siglos no han pasado en balde y que en este mundo no hay cabida para un nuevo Nerón.

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    Publicado por jotaefeb | 28 enero, 2017, 19:25
  11. Los cuentos de Trump
    Exactamente una semana lleva el nuevo presidente de Estados Unidos en el poder. Una semana en la que Donald Trump fue noticia diaria. La preocupación por el futuro de Estados Unidos crece, opina Miodrag Soric.

    El nuevo presidente de Estados Unidos firma de la orden ejecutiva que elimina el TPP.
    En la novela de George Orwell “1984”, el protagonista, Winston Smith, trabaja en el Ministerio de la Verdad. Su tarea: adaptar los eventos a la línea del partido que se encuentra en el poder. Esto recuerda un poco al trabajo que algunos consultores de Donald Trump tienen actualmente.
    El equipo del mandatario se dedica, por ejemplo, a mostrar imágenes aéreas de cuántas personas asistieron a su inauguración como presidente. En realidad es algo que no está en discusión. Pero el presidente cree que fueron muchas más las personas que llegaron al evento, tal como leyó en el informe que le entregaron los encargados de medios de comunicación.
    Como diría George Orwell: 2+2=5. Así que los empleados de Trump toman la afirmación del presidente y difunden “hechos alternativos”. Intentan adaptar la realidad a la percepción del presidente.

    ¿Contradicción o paranoia?
    El mismo juego de otras oportunidades: Trump está convencido de que en su elección hubo millones de votos fraudulentos. Y quiere investigar sobre ello, aunque no haya evidencia de manipulación. ¿Se trata de una contradicción o de paranoia? Sea como sea, preocupa.
    Mucho antes de que tomara juramento, Trump ya divulgaba hipótesis descabelladas: según él, miles de musulmanes habrían celebrado en Estados Unidos luego de los ataques del 9/11, el expresidente Barack Obama no habría nacido en Estados Unidos, y el padre del senador republicano Ted Cruz habría estado involucrado en el asesinado del presidente John F. Kennedy.

    Ahora, la lista de cuentos continúa. Antes, sus bizarras acusaciones no habían jugado ningún rol: una estrella de reality show televisivo vive de titulares. Pero desde que maneja los hilos de la Casa Blanca, hay más en juego: la credibilidad y la integridad del cargo, la imagen de Estados Unidos.
    Los hechos irrefutables son los que cuentan. Son la base de cualquier política razonable y responsable. Hacer caso omiso de ellos puede tener graves consecuencias.
    El lunes pasado, durante su primer día de trabajo regular, el presidente Donald Trump enterró el Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica (TTP), tal como había anunciado en su campaña electoral. El objetivo de este acuerdo de libre comercio de doce países de todo el Pacífico era contrarrestar la hegemonía china en el mercado asiático. La decisión de Trump contra el TPP cambió todo.
    Los países aliados de Estados Unidos, como Nueva Zelanda, Australia o Singapur, están más que molestos. Ellos y otros Estados se encuentran explorando ahora cómo pueden trabajar en conjunto con China. En consecuencia, con su decisión sobre el TPP, Trump promovió los intereses chinos, no los estadounidenses. ¿Era su intención? Por supuesto que no.
    No subestimar a Trump
    También los oponentes políticos deben subordinarse a Trump, pues él se ve a sí mismo como el verdadero defensor del hombre común, que fortalece a Estados Unidos. Obama advirtió sobre su sucesor: no lo deben subestimar. Lo que de seguro muchos han hecho y muchos todavía hacen.
    Da igual cómo vean a Trump: él es el presidente legítimo de Estados Unidos y el mundo tendrá que vivir con ello. De todos los líderes occidentales, se espera que la canciller alemana sea la que mejor le haga frente a Trump. No sólo porque es una autoridad con más experiencia, sino más bien porque ella ya ha mostrado, en el trato con el presidente ruso Vladimir Putin, cómo se debe tratar con un hombre poderoso que tiena una visión política distinta, pero vive en el mismo planeta.
    No obstante, la primera reunión entre la canciller y el nuevo presidente de Estados Unidos esta prevista para poco después de la cumbre del G-20, que se llevará a cabo este verano en Hamburgo. Parece que el encuentro no es urgente para ninguno de los dos.

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    Publicado por jotaefeb | 28 enero, 2017, 19:25
  12. Estrategia dictatorial para asegurarse con gobierno de Trump

    Por Carlos Sánchez Berzaín (*)

    El presidente Donald J. Trump no fue recibido como buena noticia por las dictaduras del socialismo del siglo XXI (SSXXI) en Cuba, Venezuela, Ecuador, Bolivia y Nicaragua, pues representa cambios inevitables en la política exterior estadounidense que, en los últimos años, les permitió expandirse y ejercer el liderazgo político latinoamericano.

    Raúl Castro, Nicolás Maduro, Rafael Correa, Evo Morales y Daniel Ortega, autoproclamados enemigos antiimperialistas de Estados Unidos y caracterizados por permanecer en el poder con perseguidos, presos y exiliados políticos, estructurar narcoestados y relacionados con el terrorismo de origen islámico, han puesto en marcha una estrategia para asegurarse con el gobierno de Trump.

    Un repaso de la situación de esas dictaduras demuestra: Cuba, con el heredero Raúl Castro, pese a la gran ayuda de la normalización de relaciones con EE.UU., es un país que está oficialmente en recesión económica, repone prácticas del periodo especial, mantiene presos políticos, reprime a la resistencia local, persiste en su política comunista, es feudo del dictador y su grupo político familiar. Ejerce el liderazgo político latinoamericano desde la muerte de Hugo Chávez, con la complacencia y reconocimiento del Gobierno norteamericano como lo demuestra el asunto Colombia-FARC y el manejo de la crisis en Venezuela, entre otros. Por su control en las decisiones de política exterior de la mayoría de los países de la región, Cuba maniobra desde fuera en la OEA y ejerce liderazgo en la ONU negociando con su paquete de votos articulado con base en Petrocaribe y relaciones con países declarados enemigos de Estados Unidos, como Norcorea.

    Venezuela, con Nicolás Maduro, se estableció como la principal colonia castrista. Es su fuente de recursos económicos y trinchera de defensa de la dictadura cubana. En los últimos años en Venezuela se libra la batalla por la liberación de los pueblos de América del oprobio antidemocrático instalado por Castro y Chávez, porque si cae la dictadura venezolana, los demás gobiernos del SSXXI tendrán una vida corta.

    La crisis económica con hiperinflación, miseria, hambre, inseguridad, narcotráfico y crímenes de Estado es una crisis humanitaria disfrazada por la complicidad de una temerosa comunidad internacional que permite al castrismo un “vergonzoso diálogo” para dividir a la oposición y confundir al pueblo. Señalada como narcoestado, centro de sospechosas operaciones con el terrorismo islámico, Venezuela puede liberarse muy pronto o verse condenada a ser una segunda Cuba.

    Ecuador tiene elecciones el 19 de febrero, en las que Rafael Correa no será candidato, pero todo está preparado –fraude incluido– para prorrogar la dictadura. El régimen está acosado por la corrupción; señalado en el caso Odebrecht, aunque Correa lucha personalmente para que ni el Departamento de Justicia ni los fiscales brasileños liberen los nombres de corruptos, en una campaña en Estados Unidos, donde con éxito hasta ahora hace de la defensa de la corrupción una cuestión de Estado.

    La crisis económica solo se disimula por la dolarización, Ecuador se ha convertido en corredor del narcotráfico, mientras su gobierno aún se jacta de haber expulsado al embajador norteamericano y quitado la base antinarcóticos norteamericana de Manta, entre otras acciones, y protege, en su Embajada londinense, a Julián Assange (como eventual moneda de cambio).

    Bolivia, en poder del dictador y dirigente cocalero Evo Morales desde hace 11 años, está señalada como un narcoestado cuya producción de droga ha inundado Argentina (convertida en el principal consumidor de cocaína), Brasil, Chile, y establecido una conexión con Venezuela (acusada oficial). La ruta narco nace en las bases sindicales de Evo Morales, sigue por Venezuela, México y el Caribe con rumbo hacia EE.UU.

    La mentira y la comisión pública de delitos son las características de Morales y su equipo gubernamental, que ya no pueden ocultar la crisis económica ni la corrupción. Aunque ahora intentan que Evo retenga el poder, pese a la decisión manifestada por el pueblo boliviano en el referéndum del 21 de febrero de 2016, cuando dijo NO.

    Nicaragua, con Daniel Ortega y Rosario Murillo, consolidaron una dinastía dictatorial del modelo castrista. Incorporados a la burguesía local como nuevos ricos, se jactan de la estabilidad y protección a la inversión extranjera y juegan a dos estribos con el SSXXI y el TPP (Trans-Pacific Partnership) para “tranquilizar al Imperio”, mientras auspician la reunión del Foro de São Paulo, que analiza la crisis provocada por las pruebas de corrupción institucionalizadas desde los gobiernos de Lula y Rousseff en Brasil.

    La crisis económica, política y social del SSXXI señala su final. Pero ahora, con el presidente Trump, deben “apaciguar la amenaza del cambio de gobierno en el imperio”, y para ello despliegan acciones frontales de relaciones públicas (PC) contratadas en EE.UU., lobbies de alto nivel y precio, prensa afín y grupos de presión internos para mantener la falacia que “la estabilidad de Cuba estabiliza la región y favorece a los Estados Unidos”, mientras con otra mano agitan la subversión y las acciones de calle en territorio extranjero, al extremo que en la propia 5ª Avenida de Nueva York se han escuchado en español: “El pueblo unido jamás será vencido” (vieja consigna del castrismo en Latinoamérica) con la que han acabado con decenas de gobiernos democráticos.

    Abogado y politólogo. Director de Interamerican Institute for Democracy y colaborador de Diario Las Américas.

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    Publicado por jotaefeb | 28 enero, 2017, 07:32
  13. INSTITUCIONES
    Benjamín Fernández Bogado

    El cambio de timón en EEUU impactará profundamente en nuestras estructuras republicanas. Aquellas naciones que alcanzaron un desarrollo importante de sus instituciones democráticas podrán salir fortalecidas de este proceso endogámico en el que Trump ha decidido colocar a su país de cara al mundo. Los países que a lo largo de este tiempo de abundancia perimida solo menoscabaron el congreso, la justicia, la prensa, las organizaciones no gubernamentales.. la sociedad civil con todas sus variantes sufrirán duramente el impacto. Claramente en tiempos de crisis y de incertidumbre solo las instituciones sólidas son capaces de enfrentar con éxito los duros embates de las olas.
    Obligatoriamente debe darse un diálogo profundo en la sociedad para moldear la visión de nuestros países desde una perspectiva nacional que no sucumba ante la facilidad del populismo, la regresión autoritaria de corte militar o el fortalecimiento de países que guardando algunas formas de la democracia, sin embargo fueron y son conducidas por gobiernos cuasi autoritarios. Esto supone que podríamos ver una película de terror conocida en el subcontinente con todas sus variantes criminales como las que conocimos antes de la década de los ochentas del siglo pasado. Estados Unidos con Trump abandonará su condición de garante y “exportador” de democracias por el mundo y concentrará esfuerzos endogámicos que procuren revitalizar una economía por ellos mismos diseñada con orientación post industrial. Es probable que esto no dure mucho o quizás Trump aprenda de sus propios barquinazos, pero claramente de entrada veremos que su visión del mundo incentivará a muchos a fortalecer posiciones nacionalistas a ultranza que casi siempre tuvieron derivaciones fascistas en la historia de América Latina.
    El proteccionismo, aislacionismo, populismo y radicalismos se harán al principio discurso para luego avanzar en forma de gobiernos cada vez mas autoritarios y menos tolerante de las disidencias. Las amenazas de levantar muros, identificar y perseguir a los inmigrantes .. solo son formas externas de un comienzo que acabará con los bloques y terminará con una demanda de cumplimento democrático que ya estaba puesto en duda en la región sin haberse nunca consolidado. Luego vendrá el aporte obligatorio de Corea, Japón y los países de la OTAN para que continúen las tropas americanas respaldando la seguridad de estos países y regiones a los que se los llamaba en términos generales “los aliados”.
    Es probable que la resistencia a Trump dentro de su mismo país y la imposibilidad real de volver a una economía industrial en un país donde la transformación del modelo excluyó a millones termine por frenarlo, pero los efectos iniciales pueden ser mas profundos que los que se tenga memoria.
    Trump representa el malestar de los excluidos del nuevo sistema y aunque parezca un forúnculo externamente sin embargo muestra el daño complejo que produce siempre el cambio de era en nuestra vida como seres humanos. La ventaja es que la región ya viene viviendo esto que recién ahora los norteamericanos lo entenderán claramente. Lo que ni ellos ni nosotros podremos evaluar es el impacto a corto plazo que esto puede tener en sociedades sin instituciones sólidas o con mascaradas democráticas.-

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    Publicado por jotaefeb | 27 enero, 2017, 17:21
  14. Trump en su laberinto
    27 Ene 2017

    Por Milia Gayoso-Manzur

    Confieso que hace años, su vida hasta me parecía atractiva. Joven y millonario, casado entonces con la glamourosa Ivanna, aparecía en revistas del corazón como Hola, mostrando su mejor pinta y sus Rolex dorados como sus cabellos.

    Tiempo después estaba siempre acompañado por beldades, ya que su organización producía las elecciones de Miss Universo. Luego, un día, vaya a saber qué clase de vinchuca le picó, los millones, el poder, las joyas, las mujeres bellas, los edificios, yates, etc., dejaron de ser suficientes y quiso convertirse en el presidente del país más poderoso del mundo. Sí, hablo de don Trump, Donald para los íntimos.

    Puso manos a la obra y contra todas las predicciones, ganó con su discurso de odio, lleno de xenofobia, sexismo, antisemita, homofóbica, etc. Y, cosa de no creer, dicen que su “caballito de batalla” durante su campaña fue la promesa de hacer un muro con México. ¿Un muro metafórico? No señor, un muro de verdad, de cemento y varillas de hierro o algo parecido.

    Todavía me cuesta creer que le hayan votado destilando tanta violencia. ¿Qué atrajo de su discurso? ¿Sus promesas de devolver el poder a su país? Pero según mi poco entendimiento en política y economía, Estados Unidos sigue siendo el mismo gigante de siempre, incluso, un poco más “humanizado” con Barack Obama. Como ejemplo tenemos la apertura de las relaciones con Cuba y el mejor trato para los inmigrantes.

    Inmigrantes, he aquí la piedra en el carísimo zapato del presidente. Y seguramente también es la molestia de quienes lo votaron, de otra manera no se explica que haya recibido tanto apoyo para ganar, y ahora se disponga a cumplir sus horribles promesas. Incluso, anuncia represalias contra las ciudades que amparen a los ilegales. Dentro de poco, ni él mismo va a encontrar la salida en este horrible laberinto que está creando.

    Ya firmó la orden ejecutiva del muro entre su país y México, que trae consigo miles de cuestiones, como el hecho de que le va a hacer pagar al vecino el costo de semejante obra. Dijo que sea como sea va a tener que pagarlo. No le importa que salga del erario público o que Don Francisco deba realizar una Teletón para recaudar fondos.

    Pero a Donald Trump no solo le molestan los mexicanos: le molestan todos los inmigrantes, y no ve cuánto han aportado al crecimiento de su gran país. Así como ocurre en países europeos, los inmigrantes latinos, africanos, asiáticos, etc. son quienes han realizado los trabajos más duros para ayudar a levantar el país, desde labores de construcción (puentes, carreteras, edificios altísimos, etc.), pasando por los trabajos domésticos (que por lo general la mujer de clase media para arriba no quiere realizar), el cuidado de niños y ancianos, el trabajo artesanal, el de maquila, etc.

    ¿Quién les va a pintar las paredes allá a tantísimos metros? ¿Quién lavará los cristales colgado en un andamio en las alturas? ¿Quién cuidará de sus niños y sus adultos mayores? ¿Quién barrerá sus parques, lavará sus veredas, carpirá sus jardines? ¿Quién cambiará las sábanas en sus hoteles 5 estrellas?

    No creo que Melania se encargue de sus tareas domésticas, ni que pode sus rosas o lave sus exquisitas blusas de Carolina Herrera y mucho menos que le planche las camisas inmaculadas al marido. Con seguridad, tiene a alguna latina hacendosa a su servicio, otra que le tiña el cabello y le haga las manos, y un batallón atendiendo todas sus necesidades.

    Las decisiones que vaya tomando el señor presidente con respecto a los inmigrantes preocupan a las millones de personas que viven y trabajan en aquel país, entre ellos a miles de paraguayos que no han podido acceder al Green Card.

    Si inicia una poda de los indocumentados, se podría generar una tragedia en miles de familias, ya que por ley pueden expulsar a los ilegales y retener a los hijos menores que hayan nacido en Estados Unidos, separándolos de sus padres. Parece una película de terror, pero ocurre en tiempo real, con permiso de sus votantes.

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    Publicado por jotaefeb | 27 enero, 2017, 17:17
  15. El divorcio de Trump con los latinos

    Por Andrés Oppenheimer

    El presidente Donald Trump merece elogios por haber prometido en su discurso inaugural hacer que Estados Unidos sea un país próspero “para todos”, pero el hecho concreto es que su gobierno tendrá el gabinete con menor diversidad racial de las últimas décadas, y no incluye a ningún hispano.

    Algunos piensan que este último es un dato menor, pero no lo es. Como dicen muchos de quienes trabajaron en la Casa Blanca, “proximity is power” (“la cercanía es poder”). Los presidentes –como la mayoría de los seres humanos– son influenciados por la gente que los rodea. En cualquier casa de gobierno, el poder de los funcionarios se puede medir muchas veces por los metros que los separan de la oficina presidencial.

    En el caso de Trump, esto es aún más así, porque será el primer presidente en la historia de Estados Unidos que nunca ha trabajado en el gobierno o en las fuerzas armadas, y deberá apoyarse en sus colaboradores inmediatos más que sus antecesores.

    Y sin embargo, en lugar de rodearse de gente de varios orígenes étnicos y experiencia profesional, Trump ha nombrado el gabinete más blanco, más viejo, más rico y con menos experiencia gubernamental en muchas décadas.

    ¿Cómo explicar que Trump no haya podido encontrar un solo latino entre los 55 millones de hispanos en Estados Unidos que estuviera calificado para un puesto en su gabinete? Los latinos son la minoría más grande del país, y representan alrededor del 17 por ciento de la población.

    Trump liderará el primer gabinete de Estados Unidos desde 1989 sin ningún miembro hispano. El expresidente Obama tenía cuatro latinos en su gabinete al comenzar su segundo mandato. El expresidente George W. Bush tenía tres miembros latinos en su gabinete cuando comenzó su gobierno, incluyendo su procurador general y secretario de Comercio.

    Además, Trump nombró a un solo afroamericano en su gabinete de 15 miembros, el secretario de Vivienda y Desarrollo Urbano. Los nominados por Trump para los cuatro puestos más importantes del gabinete –el secretario de Estado, el secretario de Defensa, el fiscal general y el secretario del Tesoro– son todos hombres blancos.

    La ausencia de hispanos en el gabinete de Trump es especialmente preocupante porque el nuevo presidente construyó su campaña presidencial en torno a denuncias a México y los mexicanos que muchos hispanos consideran insultantes.

    Trump comenzó su campaña presidencial el 16 de junio de 2016 afirmando que la mayoría de los inmigrantes indocumentados mexicanos son criminales y violadores, prometió construir un muro en la frontera con México, y aseguró que haría pagar a México por el muro.

    Más adelante en la campaña, trató de descalificar al juez estadounidense Gonzalo Curiel, un magistrado nacido en Indiana quien tenía a su cargo un juicio contra la Universidad Trump, porque “es mexicano”. Y Trump retuiteó un ataque al entonces candidato republicano Jeb Bush por el hecho de que el exgobernador de la Florida “habla mexicano”.

    No es coincidencia que solo un 18 por ciento de latinos votó por Trump, según una encuesta de Latino Decisions, aunque una encuesta de salida de urnas muy cuestionada puso la cifra en un 29 por ciento.

    Al escribir esto, me entero por Politico.com que la periodista miamense Helen Aguirre Ferré, una excolega de Miami Herald que hasta la semana pasada fue portavoz hispana del Comité Nacional Republicano, ha sido nombrada directora de asuntos de medios y asistente especial del Presidente en la Casa Blanca.

    Aunque no está claro si su trabajo le dará tanto acceso al presidente como los del director de Comunicaciones de la Casa Blanca y el secretario de prensa de la Casa Blanca, Aguirre Ferré estará cerca de los principales colaboradores del presidente.

    Mi opinión: Me alegró oír a Trump decir en su ceremonia inaugural que había prestado “un juramento de lealtad a todos los estadounidenses”, y que “no hay lugar para prejuicios” en su visión de Estados Unidos.

    Sin embargo, me preocupa que, rodeado de un séquito de hombres blancos, en su gran mayoría millonarios, y sin hispanos ni negros en su círculo íntimo, el gobierno de Trump estará muy alejado de las principales minorías de este país.

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    Publicado por jotaefeb | 24 enero, 2017, 09:08
  16. EEUU en primer lugar

    Desde que James Monroe, presidente de Estados Unidos de 1817 a 1825, pronunciara su famosa frase ‘‘América para los ameri­canos’’, no hay registro de que se volviera a escuchar semejante sentencia en los solemnes conjuntos monumentales de Wash­ington hasta el viernes pasado, día de la asunción de mando de Donald Trump.
    Confirmando prácticamente todos sus asertos de campaña, el magnate de los casinos y de los negocios inmo­biliarios proclamó al mundo: ‘‘Hay un nuevo decreto: desde hoy en adelante, una nueva visión gobernará nuestra tierra. A partir de este día, va a ser sólo América primero”.

    Este eje sirvió de pivote fundamental para su discurso de in­auguración impregnado de un fuerte mensaje contra la políti­ca tradicional. ‘‘Hoy –dijo- no estamos simplemente transfi­riendo el poder de una administración a otra o de un partido a otro. Estamos sacándolo de Washington DC y devolviéndose­lo al pueblo’’, mensaje considerado por muchos observadores como muy cercano al populismo al estilo latinoamericano y que se repitió con distintos temas. Fue particu­larmente duro al decir que “durante dema­siado tiempo, un pe­queño grupo en la ca­pital de nuestra nación ha cosechado los be­neficios mientras que la gente ha soportado el costo… Los políticos prosperaron, pero el trabajo se fue y las fá­bricas cerraron”.

    Luego se internó en los temas económicos en­tre los cuales sobresa­lió su decisión de de­volver el trabajo a los norteamericanos. “Cada decisión sobre el comercio, los impuestos, la inmigración o los asuntos exterio­res se hará para beneficiar a los trabajadores estadounidenses y las fábricas estadounidenses’’. Enfatizó en que mientras EEUU hizo ricos o contribuyó con la economía de otros países, sus propios trabajadores quedaban a la zaga. Aseguró su decisión de poner fin a la beneficencia para crear empleo de calidad para los norteamericanos. Trazó, en términos muy generales, un vasto plan de infraestructura con carreteras, rutas, vías ferroviarias y aeropuertos que van a generar trabajo suficiente para todos. Y puso énfasis en dos conceptos que sintetizan su política de “América first”: compre norteamericano, contrate norteame­ricano.

    Los asuntos externos tuvieron poca mención en el discurso, por ejemplo, en este pasaje: “Reforzaremos las antiguas alian­zas y formaremos otras nuevas. Uniremos al mundo civilizado contra el terrorismo radical islámico, que erradicaremos com­pletamente de la faz de la tierra”. Con este particular agrega­do: “No buscamos imponer nuestro modo de vida a nadie, sino hacerlo brillar como un ejemplo. Brillaremos para que todos lo sigan”.

    Su relativamente breve alocución fue interrumpida frecuente­mente por aplausos aunque en ciertos sectores del enorme es­pacio público que separa el Capitolio de la Casa Blanca, algunos núcleos de manifestantes rompían la armonía con pancartas y proclamas anti Trump.

    Fue la primera jornada de un periodo de gobierno que se inicia en EEUU y que promete, al menos, no ser aburrido.

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    Publicado por jotaefeb | 23 enero, 2017, 10:54
  17. El malestar se hizo fuerza

    Enrique Vargas Peña
    En 2002, hace quince años, Joseph Stiglitz escribió un libro al que tituló “El Malestar de la Globalización” (http://amzn.to/2jMBSCI) en el que, tratando de rescatar los evidentes factores positivos del proceso, anunciaba sus problemas y mencionaba a las millones de personas que podrían, y finalmente son, sus víctimas.
    Aunque Stiglitz se enfocó mucho en los países en desarrollo, el malestar de la globalización ya alcanzaba entonces, y desde entonces alcanza con enorme impacto, también a los sectores menos favorecidos de los países ricos, de las sociedades industrializadas.
    El eje argumental que articula el análisis de Stiglitz, sin embargo, tiene menos que ver con los aspectos económicos de la globalización que con sus aspectos políticos: La globalización está administrada, y lo está hasta hoy, por élites burocráticas no elegidas por nadie -Stiglitz menciona principalmente a los organismos multilaterales de crédito, el Fondo Monetario Internacional y otros- a los que hay que sumar, indudablemente, al gobierno de la Unión Europea, Mercosur, y a foros económicos como el de Davos.
    Estas élites, sintetiza Stiglitz, ensoberbecidas en su propio poder y riqueza, no escuchan a la gente, se niegan a dialogar, son dogmáticas e intolerantes.
    Uno de los elementos más siniestros de estas élites es que se han disfrazado de partidarias de la sociedad abierta. El ideal de Karl Popper (“La Sociedad Abierta y sus Enemigos” –http://amzn.to/2j0k5DO-) ha sido tergiversado miserablemente por George Soros (Fundación Sociedad Abierta -https://www.opensocietyfoundations.org/-http://bit.ly/1hNwqLu-) quien ha estado usando la fachada de Popper para construir algo muy distinto, radicalmente distinto, una gobernanza mundial cerrada, no democrática, dogmática.
    Soros y la élite a la que representa son émulos tardíos del francés Francisco Guizot (http://bit.ly/2jlalVO) que convirtió a las ideas liberales en un credo religioso, en una doctrina, sacándoles su esencia constituyente y central, la libertad.
    Por supuesto, Soros y la élite a la que representa cuentan con un aparato mediático formidable y, ciertamente, el presidente Trump y quienes como él expresan el punto de vista contrario deben tener mucho cuidado de no afectar la libertad de prensa cuando atacan a ese aparato mediático porque no son la misma cosa. Es uno de los asuntos sobre los que hay que establecer precisiones muy detalladas para no terminar como las dictaduras bolivarianas de América Latina.
    Entre 2002 y ahora, esas élites llegaron a instalarse en los gobiernos de muchos países particulares, muchos de ellos los principales de la Unión Europea y, también, Estados Unidos, siendo emulados por fuerzas políticas en el Tercer Mundo y también en Paraguay, que pretenden sustituir al pueblo en el proceso de toma de decisiones con el argumento de que tienen mayor nivel de conocimiento sobre el fenómeno que la gente que lo sufre y lo paga.
    La ofensiva manera en que estas élites desprecian a la gente común está generando una muy necesaria expansión de los valores democráticos otra vez, en todo el mundo y en las sociedades ricas también. El malestar se hizo fuerza.
    Eso es el Brexit, el formidable rechazo del pueblo británico, en contra de un sistema poderoso y militante que intentó evitarlo con todos los medios a su alcance, a una receta que le dejaba afuera de las decisiones que le conciernen directamente. Eso es el crecimiento de las opciones nacionalistas en el resto de Europa, particularmente en Francia e Italia, cuyos pueblos toleran cada vez menos que unos empresarios altaneros quieran reemplazarlo en su soberanía. Y eso es el triunfo de Donald Trump en Estados Unidos, donde la gente logró dar el primer paso para recuperar el control de su propio gobierno ante la reacción del sistema que está movilizando todos sus recursos para impedir la destrucción de sus privilegios.
    Las élites autonombradas nos dicen que ya no importan nuestras nacionalidades, nuestros sentimientos de Patria, nuestras fronteras, nuestras identidades; las han definido como cosas de un pasado previo al “fin de la Historia” (http://amzn.to/2keS10r).
    No nos han dicho que quieren enterrar todo eso para mover las fábricas a los lugares donde la mano de obra tiene menos derechos, y por tanto menos costo; y lo que es más grave, no nos han dicho que en todas partes están debilitando los procesos democráticos para transferirse a sí mismas la soberanía, el poder.
    La globalización, el fenómeno puro de eliminar trabas al movimiento universal de bienes, servicios e información, ha reducido la pobreza de cientos de millones de personas, literalmente. Pero no tenía por qué implicar la pérdida de soberanía de las sociedades nacionales ni el poder de estas para defender a sus integrantes.
    Mover las fábricas desde Estados Unidos hacia China, por ejemplo, permitió a setecientos millones de chinos a salir vigorosamente de la pobreza e ingresar a la clase media, aunque ese mismo proceso condujo a decenas de millones de norteamericanos a pasar de la clase media a la pobreza.
    Mover las fábricas buscando competitividad no es, en sí mismo, lo que se cuestiona; lo discutible es que se pretende desoir a los afectados negativamente por el movimiento cuando reclaman atención.
    Elevar las tarifas, como anunció el presidente Trump, a los productos elaborados por las fábricas que se fueron cuando buscan venderlos en el mercado que abandonaron no puede ser sino una medida paliativa temporal. La medida de fondo debe ser que los impuestos internos norteamericanos puedan competir con los impuestos internos chinos.
    Pero esto precisamente es lo que las élites no desean y difícilmente permitan: Los elevados impuestos internos norteamericanos son los que financian sus privilegios, lo mismo que en los países de la Unión Europea.
    Quienes crean que las élites autonombradas que están tratando de usurpar el poder y abrogar la democracia en el mundo se van a quedar tranquilas mientras los pueblos se organizan para sostener su soberanía se equivocan de medio a medio: Ahí están ya las manifestaciones que, en base a mentiras absolutas, organizan en el mundo contra el presidente Trump a un día de haber asumido su cargo para desmentirles.
    El sistema, el establishment, el complejo militar-industrial, va a hacer todo lo que esté a su alcance para detener el vendaval democrático en el mundo, incluso va a matar, va a golpear, además de seguir mintiendo de la mano de sus poderosos medios internacionales de prensa, de los que CNN es un buen ejemplo.

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    Publicado por jotaefeb | 22 enero, 2017, 11:07
  18. ¿Qué esperar del Gobierno de Donald Trump?
    22 Ene 2017

    Por Roberto Izurieta

    Hay ciertas claves que nos pueden ayudar a entender e intuir cómo será un gobierno de Donald Trump: Los líderes populistas son bastante parecidos, sean de izquierda o de derecha, de América Latina, Europa o de los Estados Unidos.

    Casi sin excepción parecen “pecar” de egocéntricos, demagógicos y muy superficiales. Sus escalas de valores son simples, casi binarias, y tienden a ver el mundo en función de estas. Así, dividen el escenario político e internacional entre “buenos y malos”, “políticos y outsiders”, “pobres y ricos”, “con ellos o contra ellos”. En principio no ven tonos grises ni se angustian por diseñar políticas que afronten problemas complejos, pero a la vez son efectivos sólo cuando tienen los recursos económicos para responder a sus bases electorales.

    Como casi todos los populistas, Donald Trump es una persona inteligente, hábil y eficiente al comunicarse con sus seguidores. Sus bases son generalmente sectores poco informados (lo que no quiere decir que sean poco educados o necesariamente pobres); pueden vivir en el campo o en la ciudad, ser blancos o mestizos, ricos o pobres.

    Los mensajes y las políticas de los populistas buscan y tienden a producir efectos inmediatos, que den la sensación que están solucionando un problema, cuando por el otro lado se borra con creces el efecto supuestamente positivo de sus acciones (efecto menos visible cuando se trata de temas complejos).

    Algo así sucedió con las empresas que anunciaron, para satisfacción de Donald Trump, que no cerrarán fábricas en los Estados Unidos como fruto de las gestiones del presidente electo. Al mismo tiempo, dichas empresas liquidaban otras instalaciones en el país o abrían discretamente factorías en el extranjero, sin que con ello se produjera repercusión y “bulla” en los medios de comunicación. Todo con la callada complicidad del líder populista que, de ese modo, se ajustó al modus operandi populista de satisfacer demagógicamente a sus bases.

    Un líder político sensato no conoce e incluso no está interesado en saber todo lo que ocurre: es imposible abarcar o “micromanejar” cualquier realidad política en su integridad. El líder de buen juicio sólo busca ser justo y razonable.

    Un líder populista tampoco pretende conocer todo lo que no entiende para trazar una política o metodología que resuelva problemas complejos. Pero va más allá, pues el populista busca sistemáticamente sacar el cuerpo a los temas “duros”, aun cuando estos formen parte de sus responsabilidades y funciones.

    En mi opinión, ese será el caso de la conducta de Donald Trump en lo que respecta, en general, a América Latina o el Oriente Medio. Donald Trump se puede sentir identificado con el populismo y autoritarismo de Putin, pero a diferencia de él no aspirará a resolver –a su manera– los problemas complejos del Oriente Medio, ni se exprimirá los sesos para promover una compleja iniciativa de paz.

    En esa misma línea de reflexión, es posible anticipar que Donald Trump preferirá siempre el bilateralismo al multilateralismo. Esta lógica correría para todos los casos de relacionamiento internacional, como por ejemplo con respecto a los acuerdos de libre comercio.

    En otras palabras, Trump preferirá concertar acuerdos bilaterales donde él pueda salir (o pretender) que ha sido el gran negociador (ilusión que forma parte del narcicismo de todo líder populista). Los aranceles que Trump sugiere imponer a algunos de sus socios comerciales (¡45% a China!) serían por tanto más una amenaza (antes que una política de Estado) esgrimida para posicionarse en una negociación y, por esa vía, conseguir un mejor resultado para los intereses estadounidenses.

    Trump reaccionará ante los hechos con rapidez y sin mayor planificación, consulta o análisis de las consecuencias; sobre todo frente a aquellos asuntos o mensajes que sienta que afectan su imagen. Los líderes populistas tienen una piel muy sensible porque no pueden entender que ciertas realidades o posiciones de terceros son el resultado de complejos intereses, más que una afrenta a su persona. De nuevo, los populistas son esencialmente egocéntricos.

    Con Cuba, a Trump le gustaría hacer negocios; ya lo intentó antes, pero por la relación con La Habana no pondrá en peligro lo que considera como un sector importante de su base electoral: el voto del cubano mayor de 40 años de edad de la Florida. Por lo tanto, frente a Cuba tomará decisiones (probablemente de efecto) que buscarán ante todo mantener su base de seguidores.

    Con México, Trump será pragmático. Evitará la confrontación. Obama deportó (un millón de migrantes en ocho años) sin mucho escándalo, mientras que Trump buscará hacer bulla, pero no se preocupará tanto por los números. Necesitará sólo la foto. Como necesitará una foto y unos tuits, con unos metros de muro de telón de fondo, para decir que lo ha construido: no importará la longitud.

    Enviará la factura del muro a México si se presenta la oportunidad y no le complica la vida, y hasta es capaz de negociar su pago a través de otro acuerdo menos visible. En términos generales, Trump bailará a su ritmo solo si logra que México se preste a seguirle el paso, como Enrique Peña Nieto lo hizo para la foto en la campaña electoral. El nombramiento de Luis Videgaray como canciller mexicano sugiere que puede haber orquesta para ese baile.

    Con Venezuela todo puede resultar más complejo, pues Maduro y Trump son dos líderes populistas y simplistas. Los chavistas (pues no sé cuánto dure Maduro en el poder) usarán cada tuit de Donald Trump como una excusa para distraer a los venezolanos, victimizarse y proyectar una amenaza de guerra. Puede ser que las afrentas de Donald Trump realmente le compliquen los planes a Maduro; ojalá que no, ya que prefiero que el pueblo venezolano, de manera soberana, acabe con esa dictadura con el acompañamiento de sus hermanos latinoamericanos, en un proceso que evite la violencia y garantice un retorno a un Estado de Derecho, genuinamente democrático y que provea con las necesidades básicas y un futuro de progreso a sus ciudadanos.

    Más allá de lo dicho, no me cabe duda que Donald Trump y los republicanos conseguirán nominar un miembro de la Corte Suprema tan conservador como el que “perdieron” con la desaparición del juez Scalia. Se ganaron ese derecho –sin contar la presidencia del país– por la incompetencia de Obama y Hillary Clinton para poner en evidencia los negocios poco claros de Donald Trump y minar su credibilidad ante los votantes, al contrario de lo que hizo el director del FBI con los emails de Clinton. Personalmente me tomará mucho tiempo perdonar semejante error de estrategia electoral.

    Donald Trump y los republicanos impondrán en el Congreso una reforma tributaria que beneficie fundamentalmente a sus billonarios simpatizantes. De nuevo, se ganaron ese derecho. Un par de migas del recorte tributario para la clase media serán suficientes para poder vender la medida como positiva (vía Twitter) para toda la sociedad estadounidense.

    El tema de Obamacare será más complejo, no tanto por Donald Trump sino por las reservas de ciertos republicanos. Anticipo una gran batalla al respecto. Si yo fuera Donald Trump, haría dos cambios de efecto, mantendría casi todo el esquema de Obama y al nuevo modelo le bautizaría Trumpcare. Caso cerrado. Quedaría así demostrado que Trump es un hombre inteligente, no como los demás populistas. Pero sus primeros pasos en Obamacare demuestra lo contrario. De ser así, lo demócratas tendrán razón y Trump se llevará “el muerto” de esa pelea.

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    Publicado por jotaefeb | 22 enero, 2017, 10:40
  19. El discurso de Trump

    Guido Rodríguez Alcalá
    No me pareció muy modesto el discurso inaugural del presidente Donald Trump. Su triunfo electoral, según él dijo, fue algo que “el mundo nunca ha visto antes” (“the world has never seen before”). Vyrorei los grandes movimientos culturales, políticos y religiosos: la tradición grecorromana, la Ilustración, el cristianismo; tranquilo Ñandejára, que llegó Donald.

    El triunfo no fue gran cosa, considerando que Hillary Clinton tuvo más votos que él y perdió por el sistema de voto indirecto o de colegio electoral. Teóricamente, a cada estado o colegio electoral norteamericano se le asigna un número de votos conforme a su población: California tiene 55 votos; Delaware tiene 3. Sin embargo, el número de votos no corresponde a la población y por eso Clinton tuvo 2.800.000 votos más que Trump y perdió. Por otra parte, la participación electoral fue baja (55%) y mucha gente no estaba inscrita para votar.

    Trump cree que con él se inició una era nueva, y por eso dijo: “El 20 de enero de 2017 será recordado como el día en que el pueblo recuperó el gobierno de los Estados Unidos”. Lo peor del caso es que él quiere hacer valer esa nueva era para el resto del mundo: “Vamos a definir el rumbo de Norteamérica y del mundo por muchos, muchos años”.

    A él se lo eligió presidente de Estados Unidos, y no del resto del mundo, pero ni él ni sus colaboradores parecen haberse dado cuenta de la diferencia: su ministro de Defensa, Rex Tillerson, dijo que le van a prohibir a China instalar bases en el Mar de la China; su ministra de Educación, Betsy DeVos, dijo que los funcionarios de las escuelas deben llevar armas de fuego para protegerse del ataque de los osos (ver el artículo de Paul Krugman, “Donald the Unready”, en el New York Times).

    Dejando de lado la anécdota, ¿cuál ha sido el mensaje? En resumen, proteger a los Estados Unidos de sus enemigos internos y externos.

    Los internos son los delincuentes, que han provocado una “masacre” en el país, aunque no me ha quedado claro a quien le encomendó la protección al decir: “Seremos protegidos por los grandes hombres y mujeres de nuestro ejército y de la policía y, sobre todo, seremos protegidos por Dios”. Obviamente, si Dios se hace cargo, se puede prescindir de las fuerzas de seguridad, que Trump quiere aumentar. “Durante varias décadas, hemos enriquecido a las industrias extranjeras a expensas de las industrias americanas, y hemos subsidiado los ejércitos de otros países mientras permitíamos que nuestro ejército decayera”.

    El presupuesto militar de Estados Unidos anda por los 600.000 millones de dólares al año, y es mayor que el presupuesto de los seis países que le siguen en gastos militares. En el mundo globalizado, por otra parte, las empresas norteamericanas han obtenido grandes beneficios, y por eso, con el apoyo de su gobierno, han impulsado los tratados de libre comercio como Nafta (con México y Canadá), TTIP (con la Unión Europea), TPP (con países del Pacífico) y otros. Aplicar una política proteccionista le resultará imposible al presidente, tanto a causa de la reacción internacional como a causa de la reacción interna. Sin llegar a eso, espero que cumpla su promesa de acabar con el TTIP, que enfrenta el rechazo de la mayoría de los norteamericanos y de los europeos.

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    Publicado por jotaefeb | 22 enero, 2017, 09:42
  20. Trumponomics

    César Barreto Otazú

    Donald Trump asumió como presidente de los Estados Unidos de América. Lo hizo en medio de grandes incertidumbres respecto a su política económica, el Trumponomics, considerando las contradicciones que se evidenciaron en los discursos de campaña. Seguramente en las próximas semanas irán aclarándose algunas cosas, pero quiero delinear algunas de las propuestas y contradicciones.
    Hay una primera contradicción respecto de la marcha de la economía norteamericana y las políticas propuestas. Luego de casi una década del inicio de la crisis financiera norteamericana del 2007 y la gran recesión posterior, la economía volvió a alcanzar los niveles de pleno empleo con una tasa de desempleo inferior al 5%, similar al que tenía antes de la crisis. Esta recuperación económica fue gracias a un enorme impulso fiscal y monetario que incrementó sustancialmente la deuda pública a niveles del 80% del PIB y la emisión monetaria del Banco Central que se cuadruplicó en estos años quedando poco margen para políticas expansivas en el futuro.
    De hecho, el Banco Central de EEUU ha iniciado el proceso de normalización gradual de la política monetaria con dos aumentos en la tasa de interés, porque considera que la economía ha vuelto a los niveles de equilibrio tanto en los niveles de empleo como de inflación de largo plazo.
    Sin embargo, la tasa de crecimiento potencial de la economía norteamericana ha bajado sustancialmente respecto al periodo previo a la crisis financiera.
    La respuesta del Trumponomics a esto es más impulso fiscal en el corto plazo para buscar elevar el crecimiento económico. Una reducción del impuesto a la renta empresarial del 35 al 15% y un importante programa de inversiones en infraestructura son parte de la estrategia planteada sin mucho detalle aún.
    Sin embargo, una economía en pleno empleo que reciba un impulso fiscal importante probablemente termine generando una mayor presión inflacionaria, un incremento en el déficit fiscal y la deuda pública, un mayor déficit en la cuenta corriente de la balanza de pagos y una enorme presión a la Reserva Federal para incrementar más rápidamente las tasas de interés.
    El impacto principal sobre el resto del mundo, especialmente sobre las economías emergentes y en desarrollo, es mayor escasez de capitales e incremento en los costos del financiamiento.
    La segunda contradicción importante es la política comercial e industrial que ya ha generado roces con sus principales socios comerciales: China y México. La globalización de las cadenas industriales en los últimos 30 años ha beneficiado enormemente a las empresas multinacionales norteamericanas. Les permitió optimizar sus costos de producción, trasladando procesos industriales a países con costos, regulaciones y logística más eficientes, pero reteniendo en sus matrices aquellos procesos de alto valor agregado e intensivos en capital humano, investigación y conocimiento.
    Si bien el sector manufacturero de EEUU se estancó por el traslado de estos procesos a México o China, los altos márgenes finalmente terminaron quedando en manos de las empresas norteamericanas y sus ingenieros, generando mayor inversión y consumo en EEUU fomentando el desarrollo y el empleo en el sector servicios.
    Obviamente esta globalización ha creado millones de oportunidades de empleo en países emergentes como China o México, pero el valor agregado de la economía del conocimiento quedó en las empresas de los países desarrollados principalmente.
    Renegociar el Nafta o poner aranceles del 35% a las importaciones de China para impulsar el sector industrial norteamericano generará mayores costos de producción para los automóviles, los smartphones y miles de productos que serán más caros para los consumidores e impulsará la inflación en EEUU y puede provocar un retorno del proteccionismo que reducirá el comercio y el bienestar global, especialmente de los países menos desarrollados.
    Ojalá se materialice una política económica más moderada mediante la reducción de las pesadas regulaciones para hacer negocios que hoy existen en el mundo y, de esa forma, se impulse una mayor integración económica mundial con un mayor bienestar para todos.

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    Publicado por jotaefeb | 22 enero, 2017, 09:39
  21. Se inicia la era Trump con más incertidumbres que certezas

    Durante la semana que acaba de terminar, Donald Trump fue proclamado oficialmente como presidente de los Estados Unidos de Norteamérica. Para Latinoamérica, y Paraguay en particular, la nueva gestión se inicia en un contexto de fuerte incertidumbre económica, si se tienen en cuenta las declaraciones realizadas por él durante su campaña electoral y algunas señales dadas posterior a su victoria. Habrá que esperar más información para dimensionar con claridad cuáles serán los efectos de este cambio en la economía nacional. No obstante, siendo una economía pequeña y muy abierta, con migrantes paraguayos que envían remesas desde ese país del Norte y con relaciones económicas fuertes con países que se verán afectados, es necesario estar atentos.
    La victoria de Trump puso en alerta a Latinoamérica debido a sus declaraciones durante su campaña sobre temas muy relevantes para la región, especialmente para países como México, Chile y Cuba.

    La revisión del Tratado de Libre Comercio (TLC), la negativa a ratificar el Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica (TPP), la deportación masiva de inmigrantes y la reversión del acuerdo diplomático con Cuba fueron objeto de discursos y manifestaciones explícitas por parte del recientemente proclamado presidente de los Estados Unidos de Norteamérica (EEUU).

    Por ahora, pareciera que los mayores impactos se verán de manera directa en otros países y menos en Paraguay. Aunque no se pueden descartar efectos en nuestro país por la vía de los países que mantienen relaciones económicas importantes con EEUU como Chile, Brasil o Argentina.

    La globalización como un fenómeno internacional de amplio alcance y el hecho de que la economía paraguaya sea pequeña y muy expuesta a los vaivenes de la evolución del comercio internacional nos pone siempre en un lugar vulnerable frente a cambios de gran magnitud que podrían ocurrir si durante la gestión de Trump se implementan transformaciones radicales en la política comercial y migratoria norteamericana. Pareciera que más allá de los efectos de estas políticas, Paraguay no debiera esperar otros impactos.

    Cualquier cambio en la política comercial de un país tan importante como EEUU es relevante. Solo basta señalar que la economía norteamericana y la japonesa en conjunto representan el 80% del PIB del bloque TPP compuesto por 12 países, entre los que se encuentran Chile, Perú y México, cuya participación relativa es mucho menor. La retracción de la economía china afecta mundialmente y aunque las relaciones económicas de Paraguay son indirectas, la economía nacional se está viendo afectada.

    Autoridades y analistas económicos no deben subestimar posibles consecuencias del cambio político registrado en una de las economías más importantes del mundo. Es necesario estar atentos, construir escenarios y plantear estrategias ante la posibilidad de un giro radical en la política económica estadounidense. Cuando ocurrieron los cambios políticos en Brasil y Argentina, hubo proyecciones positivas para Paraguay, lo que a la distancia ya estamos viendo que en algunos casos se cumplieron, pero en otros, los resultados fueron negativos. Otras opiniones vaticinaban un impacto nulo, lo que tampoco se cumplió.

    A esta altura de la globalización económica y de la incertidumbre que trae aparejada este fenómeno, es muy difícil plantear de manera rigurosa la cuantía y los mecanismos por los cuales los países sentirán las repercusiones económicas de las grandes economías mundiales. Más todavía en el caso de Donald Trump que hasta el momento no proporciona señales claras sobre sus futuras políticas económicas.

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    Publicado por jotaefeb | 22 enero, 2017, 09:35
  22. ¿Hackeará Rusia las elecciones de Alemania, Francia y México?

    Hay un párrafo que ha pasado casi inadvertido en el reciente informe de la CIA, el FBI y la Agencia Nacional de Seguridad de Estados Unidos sobre la interferencia rusa en las recientes elecciones estadounidenses que es preocupante: sugiere –sin mencionar países específicos– que Rusia podría tratar de ayudar a elegir presidentes populistas autoritarios en las próximas elecciones de Alemania, Francia y quizás hasta México.

    Suena como algo sacado de una película de Hollywood. Pero la declaración conjunta del 6 de octubre de la CIA, el FBI y la Agencia Nacional de Seguridad dice que el presidente ruso, Vladimir Putin, ordenó ataques cibernéticos para ayudar a Donald Trump a ganar las elecciones en Estados Unidos, y que Rusia continuará tratando de influenciar el voto en “los países aliados a Estados Unidos y sus procesos electorales”.

    El informe dice que Rusia tiene un “deseo de larga data de socavar el orden democrático liberal liderado por Estados Unidos”. Putin ha intensificado sus actividades de ciberespionaje, hackeando el Comité Nacional del Partido Demócrata de Hillary Clinton y entregando sus correos electrónicos a Wikileaks. Además, Rusia ha plantado noticias falsas en los medios sociales estadounidenses para dañar la campaña de Clinton, afirmaba el reporte.

    Tras leer el informe de la comunidad de inteligencia estadounidense, llamé a Garry Kasparov, el conocido disidente ruso, presidente de la Fundación de Derechos Humanos y excampeón mundial de ajedrez, para preguntarle cuáles podrían ser los motivos de Putin para ayudar a que Trump ganara las elecciones.

    Kasparov me citó varios posibles motivos. Primero, dijo, Rusia está pasando por un mal momento económico, y Putin necesita proyectar una imagen de fuerza, como un líder mundial capaz de desafiar a Estados Unidos e incluso influir en sus elecciones.

    En segundo lugar, por razones geopolíticas, Trump es el perfecto presidente estadounidense para Putin, dijo Kasparov. Trump ha criticado a la OTAN, la Unión Europea y otras organizaciones que defienden la seguridad y la democracia en su zona de influencia, y que se opusieron a la invasión rusa a Crimea en el 2014.

    “Putin se da cuenta de que, para su agenda imperialista, organizaciones como la OTAN y la Unión Europea son un obstáculo”, me dijo Kasparov. “Quiere socavarlas y destruirlas, y Trump era el candidato perfecto para debilitarlas”.

    En tercer lugar, considerando que Trump nunca ha revelado sus declaraciones de impuestos, no sabemos si él consiguió el dinero ruso para rescatarlo de alguna de sus cuatro bancarrotas, ni si Trump hizo negocios con Rusia cuando presentó allí el concurso Miss Universo en 2013, dijo Kasparov. Trump dice que actualmente no tiene negocios en Rusia.

    Cuando le pregunté a Kasparov si Putin podría tratar de influir en las próximas elecciones alemanas, italianas o mexicanas, dijo: “No sé si México es tan importante para su agenda geopolítica. Pero si lo es, por supuesto lo hará”.

    “En cuanto a Alemania, ya está ocurriendo allí”, dijo, agregando que según los servicios de inteligencia alemanes, Rusia ha tratado de socavar a la canciller Ángela Merkel. “Y las huellas digitales de Putin están por todas partes en el voto (británico) de Brexit, y en el referéndum de Italia en apoyo del voto “no” contra el primer ministro (Matteo) Renzi”.

    Mi opinión: No me sorprendería si Putin intenta ayudar a elegir líderes populistas autoritarios en Alemania, Francia e incluso en México. Sus motivos pueden ser muy simples: si Trump resulta ser un presidente populista autoritario, como muchos temen, y Alemania y Francia eligen líderes populistas autoritarios en las próximas elecciones, ninguno de ellos tendrá la autoridad moral para criticar a Putin por ser un autócrata.

    Obama esperó demasiado tiempo para advertir al mundo sobre la amenaza cibernética de Rusia. A menos que Trump empiece a tomarla en serio y a defender los principios de democracia y derechos humanos –como lo han hecho la mayoría de sus predecesores demócratas y republicanos– Rusia podría tratar de usar el ciberespionaje y las noticias falsas para influenciar el voto en varias elecciones que se avecinan, poniendo en riesgo las democracias occidentales.

    Por Andrés Oppenheimer

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    Publicado por jotaefeb | 21 enero, 2017, 11:17
  23. El primer día Trump
    21 Ene 2017

    Por Alex Noguera

    Para millones de personas, ayer comenzó la era de la incertidumbre. Y es que pocas veces en la historia democrática de occidente la asunción al mando de un presidente presentó tan alto índice de impopularidad. Hasta ahora ninguna respuesta convence de cómo la pesadilla se convirtió en realidad. Donald Trump ya es presidente, Barak Obama, el pacifista, el considerado por muchos como el sucesor de la política de John F. Kennedy, dejó la Casa Blanca.

    Lo que vendrá de ahora en más es un total misterio, pero lo que antecedió a este 20 de enero ya es condimento suficiente para prever que este ciclo que se inicia tendrá muchas sorpresas.

    A pesar de tener descontentos a muchos ciudadanos –no solo en su país, sino de sus vecinos y más lejanos–, hay que reconocer que el nuevo mandatario cuenta con algunos aliados poderosos. Y como si fuera un mundo del revés, dos de los considerados “de la pesada”, que hasta ayer por poco no eran enemigos declarados de Estados Unidos –Vladimir Putin, de Rusia, y Kim Jong-Un, de Corea del Norte–, en este amanecer son simpatizantes del líder del país del norte.

    Por el otro lado, y siguiendo con las posturas enrarecidas, vemos a Xi Jinping, presidente de la República Popular China –quien habitualmente mantenía una política de aparente neutralidad con Norteamérica–, en los últimos días hizo otra inquietante advertencia a Trump: “Nadie saldrá vencedor de una guerra comercial”, haciendo alusión a la necesidad de la globalización. Parecería una broma de mal gusto, pero él, el líder comunista, históricamente centrado en un mercado regional cerrado, de pronto responde sobre las amenazas proteccionistas de Trump. Y agrega que “no se pueden quebrar las reglas cuando a uno le interesa”. ¿El democrático proteccionista versus el comunista liberal? Y esto apenas empieza.

    Los especialistas no solo vaticinan que con Donald Trump a la cabeza del gobierno, décadas de negociaciones se pueden perder. Por ejemplo, amenazó con salirse de una serie de acuerdos de libre comercio como el NAFTA, que mantiene con México y Canadá. También insinuó apartarse de la Organización Mundial del Comercio.

    En este nuevo mapa geoeconómico que se extiende sobre la mesa en la casa de gobierno en Washington también están esbozados los nuevos planteamientos que afectarán a América del Sur, que podrían ser beneficiosos para el Mercosur si los representantes regionales manejan adecuadamente las cartas del bloque y se mantienen firmes en defensa de sus intereses.

    Entre las preocupaciones que se abren a partir de ayer se suman las del pacto nuclear logrado por Obama con Irán que, según Trump, fue el peor acuerdo que vio negociarse.

    Pero la cuestión nuclear no acaba allí. Pese a no tener una relación directa con Corea del Norte y mucho menos con China continental, el nuevo presidente de Estados Unidos considera importante reforzar la seguridad en Asia, lo que para algunos equivaldría a instalar bases nucleares en Japón o Corea del Sur, actitud que no le caería nada bien a su “amigo” Kim Jong-Un y mucho menos a Xi Jinping, sobre todo después del cruce de insinuaciones en cuanto a que Trump no permitirá al gobierno de Pekín tener acceso a los islotes artificiales en el Mar del Sur, lo que los comunistas respondieron con que eso “puede llevar a una guerra”.

    “En este nuevo mapa geoeconómico que se extiende sobre la mesa en la casa de gobierno en Washington también están esbozados los nuevos planteamientos que afectarán a América del Sur”.

    Pero esa presión entre EEUU y China se había iniciado en diciembre tras la llamada que realizó Trump a la presidenta Tsai Ing-wen, de Taiwán, a la que Pekín considera una provincia y no como un Estado independiente. Y es que desde hace aproximadamente 40 años, entre estos tres países imperaba la política de una sola China (comunista), que en cualquier momento podría cambiar.

    Otros tres aspectos importantes que también podrían variar son la posición de Estados Unidos en cuanto a la OTAN, una mayor relación amistosa con Rusia y el acuerdo de cambio climático firmado en París, al que Trump prometió darle su certificado de defunción en sus primeros 100 días de gobierno, lo que sería poco probable –al menos durante 4 años– debido a los compromisos asumidos.

    Al tiempo que en varios países cunde la conciencia sobre la necesidad de utilizar energías limpias, como es el caso de Alemania que se despide del uso del petróleo y del carbón, incluso de la energía atómica, apostando por la eólica, o de Paraguay que con Itaipú Binacional es líder mundial en la producción de este tipo de energía y renovable, el nuevo presidente norteamericano pretende impulsar de nuevo los combustibles fósiles.

    Ayer asumió el mandatario y hoy la “bienvenida” se la darán los artistas, que tienen organizados shows, marchas y protestas. Actores de teatro, de Hollywood, escritores, escultores, pintores, músicos, cantantes, se unen en el primer día Trump para darle un mensaje, el mismo que dejara Barak Obama: estarán vigilantes de cada paso que dé, en este nuevo camino que comienza, en la era de la incertidumbre.

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    Publicado por jotaefeb | 21 enero, 2017, 10:05
  24. Día inaugural atípico en EEUU

    Los norteamericanos llaman “inauguration day” a la ceremonia de inicio de un periodo presidencial, algo que nosotros preferimos llamar “asunción de mando”. Entre el primer martes de noviembre, que es el día de elecciones generales, y el 20 de enero, todo ha transcurrido habitualmente en una especie de faena entre bambalinas, como los actores que se preparan para salir a escena. Por un lado el presidente que, terminado su periodo, deja todo listo en la Casa Blanca para el nuevo inquilino. El que llega, a su vez, se instruye sobre los detalles que rodean al puesto más encumbrado de la tierra, el de Presidente de los Estados Unidos. Un ritual que, históricamente, ha tenido pocas variantes entre George Washington y quien hoy inicia sus funciones. La cuestión es que Donald Trump, devenido presidente número 45 desde que la Unión se constituyó como república democrática, llega con una mochila sobrecargada de conflictos y contradicciones.

    Con una personalidad marcadamente extrovertida, sus dichos durante la campaña electoral lo presentaban con un fuerte tinte xenófobo, racista y con cierta tendencia a reimplantar el ya extinto carácter aislacionista que los norteamericanos desecharon después de la Primera Guerra Mundial. Su propósito inicial de construir un muro que separe a México de Estados Unidos, previa deportación de “ilegales”, va quedando como una anécdota de kindergarten frente a sus últimas hazañas en el plano dialéctico.

    “Si quieren protección que la paguen” dijo en algún momento refiriéndose a la Organización del Tratado del Atlántico Norte (NATO, en inglés), un organismo al que calificó de obsoleto y del cual Europa “se ha estado aprovechando –dijo- gracias a la histórica generosidad norteamericana a la hora de financiar gastos militares”. Esta declaración sacudió al cuartel general de Bruselas y puso en alerta a los mandos europeos, en especial al secretario general de la organización, el noruego Jens Stoltenberg, quien advirtió que “cuando se trata de seguridad, ir por sí solo no es una opción”.

    Europa tiene razones para abrigar temores, sobre todo por la cercanía de Trump con Vladimir Putin y su nunca desmentida injerencia, hackers mediante, en las elecciones que llevaron al magnate de los negocios inmobiliarios a la Casa Blanca.

    El penúltimo exabrupto de Trump fue protagonizado por su inminente secretario de Estado, Rex Tillerson, quien anunció que EEUU no permitirá el acceso de China a unas islas artificiales que el gigante asiático construye en aguas de su mar meridional y que define como “infraestructura para apoyo logístico al tráfico marino global” pero que las demás naciones del área –en particular Japón- catalogan como una plataforma militar de primera magnitud. Los chinos no se anduvieron con vueltas y aunque Pekín no lo dijo directamente, advirtió a través de su órgano oficioso, el “Global Times”, que si Trump lleva a la práctica su anuncio, “EEUU debiera prepararse para una confrontación militar”. Bajo este aparatoso encontronazo verbal yace otro tema más profundo y sobre el cual se abre hoy un gran interrogante. El “Global…” recogía en su edición de ayer las declaraciones de Ben Rhodes, segundo asesor de seguridad nacional de Barack Obama, afirmando que la política de “una sola China no es negociable en el sentido de que toda nuestra relación con Pekín se basa en este principio, que fue la base de la Declaración de Shanghái y el restablecimiento de las relaciones diplomáticas”. Mojarle la oreja a China no parece ser, a primera vista, una movida liviana, aún para la primera potencia económica y militar del mundo. Lo de las islas artificiales podría pasar a segundo plano si Trump opta por apoyar a Taiwán y darle la espalda a China.

    Trump asume en medio de un torbellino de excesos verbales y de contradicciones flagrantes. Se lo cataloga xenófobo, pero dos de sus tres matrimonios los tuvo con una eslovena y una checoeslovaca. Su anunciado “muro mejicano” ni siquiera es una novedad. Su construcción se inició durante el gobierno de Bill Clinton y está terminado en un tercio de la frontera seca con Méjico. Deportar ilegales tampoco será un invento suyo. “Entre los años fiscales 2009 y 2016, el número de deportados fue de 2.768.357,” reportaba la cadena Univisión con datos del Departamento de Seguridad Nacional, lo que convierte a la administración Obama en la que más extranjeros ha expulsado en los últimos 30 años.

    Queda su propósito de reconstruir el empleo. La idea de clavar capital norteamericano “en casa” en lugar de llevarlo a México, a China o a cualquiera de los tigres asiáticos ha despertado suspicacias. No son pocos los CEOs de grandes corporaciones que se han permitido contradecirlo y que se proponen seguir su curso de negocios, tal vez inspirados en el hecho de que mientras el magnate quiere obligar a otros a invertir en EEUU, él mismo radica capitales, con sus famosas “torres Trump”, en Canadá, Panamá, Turquía o Brasil.

    Hoy es un atípico “inauguration day” en Washington, hora cero de un periodo de gobierno que se inicia, en la potencia más grande del planeta, con más interrogantes que certezas.

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    Publicado por jotaefeb | 20 enero, 2017, 09:05
  25. A limpiar el chiquero

    Por Edwin Brítez

    Antes de retirarse de la Casa Blanca en el final del ejercicio de la presidencia de los Estados Unidos, Barack Obama expresó a través de las redes sociales su agradecimiento por la confianza depositada en él por el pueblo norteamericano para desarrollar por dos períodos la gestión presidencial de la mayor potencia económica, militar y política del mundo.

    “Mi último pedido –dijo Obama– es el mismo que el primero. Que creas, no en mi capacidad de crear cambio, sino en la tuya”. Dada la repercusión mundial alcanzada por el liderazgo del expresidente norteamericano, la frase encierra una clave para nuestro país y para otros como el nuestro que soportan los rigores de la mala praxis política, con una culpa compartida tanto por los actores políticos como por los ciudadanos que los eligen y consienten los hechos y estados de corrupción y violencia.

    Creer y confiar en nuestra propia capacidad de ciudadanos y electores para realizar cambios, rectificar rumbos e impulsar proyectos por el bien común es la clave para romper en nuestro país con esta verdadera usurpación de la voluntad popular que imponen los caciques políticos, miembros de las cúpulas partidarias, donde se cocinan las listas sábana por las cuales muchos ciudadanos se ven obligados a votar por tradición, prebendas y clientelismo.

    Recientemente otro líder mundial, el papa Francisco, dijo una vez más que los laicos deben hacer política y “tendrán que ensuciarse las manos por el bien común”. Frente a la cultura de la ilegalidad, de la corrupción y del enfrentamiento, “el cristiano está llamado a dedicarse al bien común en compromiso con la política”, señaló el sumo pontífice.

    Para el Papa hacer política es una forma de practicar la caridad y advierte que descartar a las personas sin trabajo, sin estudios o por otros motivos es el camino de la destrucción, por eso no se puede mirar como católico desde el balcón. “Mézclate, haz política: te hará sufrir, tal vez te haga pecar, inclusive, pero el Señor está contigo. No dejes que la cultura del descarte nos descarte a todos”.

    Dos líderes mundiales hablando justamente de lo que importa a la ciudadanía paraguaya: confiar en uno mismo, sin necesidad de intermediarios para tomar decisiones soberanas y aceptar el reto de ensuciarse un poco para trabajar por la democracia y la dignidad humana. Renunciar a esto es dejar que las cosas sucedan tal cual ocurren ahora, o quizás peor.

    Tal vez deberíamos ir pensando que por no ensuciarnos las manos hoy, mañana tengamos que ensuciarnos completamente todo tratando inútilmente de limpiar el chiquero de los porcinos que escogimos por simple comodidad y facilismo.

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    Publicado por jotaefeb | 20 enero, 2017, 08:55
  26. Las diatribas de Donald Trump golpean a Latinoamérica

    Por Andrés Oppenheimer

    Cuando la gente me pregunta si Donald Trump será bueno o malo para América Latina, suelo responder que hasta ahora ha sido malo, porque su discurso agresivo contra México y sus arengas contra el libre comercio están ahuyentando las inversiones en la región. Esta semana, el Fondo Monetario Internacional (FMI) confirmó parcialmente mis temores.

    En su primer pronóstico económico de 2017, el FMI dijo que la economía mundial aumentará su ritmo de crecimiento a un 3,4 por ciento este año y un 3,6 por ciento en 2018. Pero la excepción será América Latina, señaló.

    El FMI revisó a la baja sus anteriores proyecciones económicas para América Latina, diciendo que la región crecerá un 1,2 por ciento este año y un 2,1 por ciento en 2018. Además de un crecimiento más lento de lo esperado en Brasil y Argentina, el FMI citó lo que describió diplomáticamente como “un aumento de los vientos en contra por la incertidumbre relacionada con las políticas de Estados Unidos en México”.

    Curioso por saber más, llamé a Alejandro Werner, jefe del Departamento del Hemisferio Occidental del FMI, y le pregunté sobre el impacto económico de las promesas de Trump de construir un muro en la frontera con México, revisar el tratado de libre comercio con México y Canadá y aniquilar el Acuerdo de Asociación TransPacífico de 12 países que incluye a Japón, México, Perú y Chile.

    Werner me dijo que es prematuro hablar de un impacto psicológico negativo en toda la región, porque varios países como Brasil no han crecido más por razones internas. Pero agregó que las propuestas de Trump ya han afectado a las inversiones de México, la segunda mayor economía de la región, y podrían afectar a Centroamérica.

    Alrededor del 80 por ciento de las exportaciones mexicanas van a Estados Unidos, y Centroamérica depende en gran medida de las remesas familiares de sus migrantes en Estados Unidos.

    “El solo hecho de que haya incertidumbre sobre las futuras políticas comerciales de Estados Unidos lleva a muchas empresas a posponer sus inversiones en México”, me dijo Werner. “Está frenando las inversiones”.

    Los planes económicos de Trump también están presionando hacia arriba las tasas de interés de Estados Unidos, dijo Werner. Eso puede afectar las inversiones en los países latinoamericanos y les hace más costoso obtener préstamos extranjeros.

    Cuando le pregunté cuál sería el mejor escenario para América Latina bajo Trump, Werner dijo que si la economía de Estados Unidos crece, ya sea por políticas económicas saludables o por medidas populistas de corta duración, los exportadores de productos básicos de América Latina se beneficiarán. “Si hay más construcción de infraestructura en Estados Unidos, eso ayudará a los exportadores latinoamericanos de acero, cobre y otros productos”, dijo Werner.

    Otros economistas ven otra posible ventaja para la región: si Trump decidiera concentrar sus políticas proteccionistas en China, en lugar de México, y colocar tarifas de importación más altas sobre los productos chinos que sobre los mexicanos, muchos fabricantes podrían decidir mudarse de China a México y otros países latinoamericanos, dicen.

    Mi opinión: las diatribas de Trump contra el libre comercio –“Nos están matando”– y sus amenazas de aumentar dramáticamente las deportaciones de indocumentados ya han tenido un impacto económico negativo en América Latina.

    Es hora de que Trump trate de fortalecer, en lugar de debilitar, las economías latinoamericanas. Tiene que pasar de la tuitocracia a la diplomacia. De lo contrario, su demagogia populista será contraproducente: provocará una crisis económica en México y en otros países, que resultará en una mayor migración ilegal a Estados Unidos, más narcotráfico y un nuevo brote de sentimiento antiestadounidense.

    Posdata: La decisión de cerca de 60 legisladores estadounidenses de boicotear la toma de posesión de Trump es un error. Es cierto que Trump ganó en parte con la ayuda de Rusia y del director del FBI, y que durante cinco años el propio Trump encabezó una campaña repugnante para deslegitimar al presidente Obama afirmando –falsamente– que nació en Kenia, pero hasta el momento ninguna rama de gobierno estadounidense ha declarado a Trump ilegítimo. Mientras eso no ocurra, hay que aceptar que, nos guste o no, Trump ganó las elecciones.

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    Publicado por jotaefeb | 20 enero, 2017, 08:54

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