El evangelio del domingo: Raza de víboras

Mt 3,1-12.- Juan Bautista predicaba para la gente y, de cierta manera, ya presentaba la figura definitiva, que es Jesucristo, pues El bautizaría con el Espíritu Santo, guardaría el trigo en el granero y echaría la mala hierba en el fuego inextinguible.

Muchos se acercaban al Bautista para escucharlo, pues veían que era un hombre limpio, un auténtico profeta de Dios, que no tenía pelo en la lengua para decir las cosas.

Cuando él vio que allí estaban los fariseos y saduceos, exclamó: “Raza de víboras, produzcan el fruto de una sincera conversión… pues el hacha ya está puesta a la raíz de los árboles”.

Este mensaje es muy necesario hoy día, si queremos lograr una verdadera paz, sin contentarnos solamente con los “adornos de Navidad, del lindo niñito Jesús, del pan dulce, clericó y de viajes muy agradables”.

Sin embargo, también hay que preguntarse por qué muchos no tendrán una Navidad con armonía familiar, con alimentos en la mesa y padecerán las angustias del desempleo. Seguramente, porque en todas las épocas, infelizmente, hay una activa raza de víboras que sabe inocular su veneno y dañar la salud, la esperanza y el bolsillo de los demás.

Estos días de Adviento tendrían que hacernos pensar lo cuanto tenemos de “víboras” en nuestras actitudes, lo cuanto nuestras palabras son traicioneras, lo cuanto nuestra codicia despoja, o lo cuanto nuestra intolerancia mortifica a los otros.

El camino es dar frutos de una sincera conversión, donde mostremos el coraje de cambiar de valores, dejando de lado lo que no se compagina con el Evangelio, y abriendo espacio para la acción del Señor, que desea infundirnos un espíritu de sabiduría, de fortaleza y de piedad, como lo afirma Isaías. Es esto lo que nos lleva a no juzgar por las apariencias y a no explotar a los débiles.

Además, el profundo simbolismo del hacha en la raíz del árbol expresa la urgencia, pues ya al instante siguiente se puede cortar el árbol y terminar la presente etapa.

Ahora el bondadoso Señor nos brinda otra oportunidad para esta conversión, pero nadie puede garantizar que estará vivo mañana, o tendrá otra situación favorable: hoy es el tiempo de abandonar las obras envenenadas para adoptar conductas que generen fraternidad. ¡Si! ¡Hay urgencia!

Aquellos que son como el trigo descansarán felices en el granero, pero las “víboras” experimentarán su propia ponzoña.

Procuremos también participar de la “Navidad en Familia“, que nos exhorta a nosotros, adultos, a dar ejemplos edificantes y cristianos a los jóvenes.

Paz y bien.

Por Hno. Joemar Hohmann Franciscano Capuchino

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2 pensamientos en “El evangelio del domingo: Raza de víboras”

  1. “Muestren, pues, los frutos dignos de conversión, en vez de confiarse en que son los hijos de Abraham.” (MT 3,8)

    El tiempo del Adviento es marcadamente un tiempo de preparación para recibir al Señor que viene. Existen tres venidas de Cristo. La primera fue como un niñito en la Gruta de Belén, es el misterio de la encarnación, la última será al final de los tiempos, como el Señor de la historia, pero existe también su venida de cada día, en los hermanos necesitados, en la comunidad cristiana, en su Palabra, en los sacramentos. En este sentido el mensaje de Juan Bautista, que sirvió para preparar a las personas a acoger la presencia de Jesús, nos sirve también para colocarnos en el mismo clima de apertura y conversión, necesarios para poder reconocer a Jesús, que viene cada día y que vendrá en el último día.

    Juan insiste sobre el tema de la conversión, y nosotros algunas veces ya meditamos sobre este argumento, pero como nuestra vida es dinámica y a cada día se nos presentan nuevas situaciones, haciéndonos descubrir nuevas tentaciones, este es un tema siempre actual y exigente.

    Convertirse es cambiar profundamente. Es tomar otra dirección. Es ver con otros ojos. Es juzgar con otros criterios. Es aprender a amar con todo el corazón… Pero, en general esto sucede en un proceso lento y fatigoso, pues es casi imposible hacerlo de golpe. Perseverar en el camino de la conversión exige tener un espíritu decidido, un firme deseo y una atención constante a los detalles.

    Indudablemente la conversión no puede ser un juego de palabras, y mucho menos solamente una buena intención. Ella parte de lo profundo de nuestras vidas, pero llega hasta las realidades más concretas y cotidianas. Por eso, nos dice Juan Bautista: “Muestren frutos dignos de conversión.”

    Es interesante que él no solamente nos dice que debemos producir frutos, además que estos frutos deben ser dignos. Sin dudas, estos frutos no pueden ser la maldad, el egoísmo, el rencor, la injusticia… pero no basta eliminar el mal de nuestras vidas, es necesario producir frutos dignos.

    Son muchos los que piensan que ser cristianos es simplemente no hacer el mal. Es muy común escuchar a algunas personas que dicen: “Yo no mato, no robo, no cometo adulterio…” creyendo que ya es suficiente para ser cristiano. Claro que evitar estas cosas es bueno, pero hasta una persona con el uso tan sólo de la razón, puede descubrir esto, sin necesitar de la fe. Cuando uno se encuentra verdaderamente con Jesús, descubre que ser cristiano es mucho más que esto. Descubre que, no basta evitar el mal, es necesario promover el bien. No basta ser un bautizado, creerse un hijo de Abraham, es necesario vivir en Cristo.

    “Muestren frutos dignos de conversión”. ¿Cómo puedo mostrar a los demás que realmente yo soy cristiano? A parte de las cosas que ya hago, ¿qué nueva actitud yo puedo asumir a partir de este Adviento y que revelará mi firme decisión de dar un paso adelante en dirección a Cristo?

    Tal vez el propio Juan Bautista nos pueda sugerir un fruto digno de conversión.

    El Señor te bendiga y te guarde,

    El Señor te haga brillar su rostro y tenga misericordia de ti.

    El Señor vuelva su mirada cariñosa y te de la PAZ.

    Hno Mariosvaldo Florentino, capuchino

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  2. domingo 04 Diciembre 2016

    Segundo domingo de Adviento

    Libro de Isaías 11,1-10.
    En aquel día, saldrá una rama del tronco de Jesé y un retoño brotará de sus raíces.
    Sobre él reposará el espíritu del Señor: espíritu de sabiduría y de inteligencia, espíritu de consejo y de fortaleza, espíritu de ciencia y de temor del Señor
    -y lo inspirará el temor del Señor-. El no juzgará según las apariencias ni decidirá por lo que oiga decir:
    juzgará con justicia a los débiles y decidirá con rectitud para los pobres del país; herirá al violento con la vara de su boca y con el soplo de sus labios hará morir al malvado.
    La justicia ceñirá su cintura y la fidelidad ceñirá sus caderas.
    El lobo habitará con el cordero y el leopardo se recostará junto al cabrito; el ternero y el cachorro de león pacerán juntos, y un niño pequeño los conducirá;
    la vaca y la osa vivirán en companía, sus crías se recostarán juntas, y el león comerá paja lo mismo que el buey.
    El niño de pecho jugará sobre el agujero de la cobra, y en la cueva de la víbora, meterá la mano el niño apenas destetado.
    No se hará daño ni estragos en toda mi Montaña santa, porque el conocimiento del Señor llenará la tierra como las aguas cubren el mar.
    Aquel día, la raíz de Jesé se erigirá como emblema para los pueblos: las naciones la buscarán y la gloria será su morada.

    Carta de San Pablo a los Romanos 15,4-9.
    Hermanos:
    Todo lo que ha sido escrito en el pasado, ha sido escrito para nuestra instrucción, a fin de que por la constancia y el consuelo que dan las Escrituras, mantengamos la esperanza.
    Que el Dios de la constancia y del consuelo les conceda tener los mismos sentimientos unos hacia otros, a ejemplo de Cristo Jesús,
    para que con un solo corazón y una sola voz, glorifiquen a Dios, el Padre de nuestro Señor Jesucristo.
    Sean mutuamente acogedores, como Cristo los acogió a ustedes para la gloria de Dios.
    Porque les aseguro que Cristo se hizo servidor de los judíos para confirmar la fidelidad de Dios, cumpliendo las promesas que él había hecho a nuestros padres,
    y para que los paganos glorifiquen a Dios por su misericordia. Así lo enseña la Escritura cuando dice: Yo te alabaré en medio de las naciones, Señor, y cantaré en honor de tu Nombre.

    Evangelio según San Mateo 3,1-12.
    En aquel tiempo se presentó Juan el Bautista, proclamando en el desierto de Judea:
    “Conviértanse, porque el Reino de los Cielos está cerca”.
    A él se refería el profeta Isaías cuando dijo: Una voz grita en el desierto: Preparen el camino del Señor, allanen sus senderos.
    Juan tenía una túnica de pelos de camello y un cinturón de cuero, y se alimentaba con langostas y miel silvestre.
    La gente de Jerusalén, de toda la Judea y de toda la región del Jordán iba a su encuentro,
    y se hacía bautizar por él en las aguas del Jordán, confesando sus pecados.
    Al ver que muchos fariseos y saduceos se acercaban a recibir su bautismo, Juan les dijo: “Raza de víboras, ¿quién les enseñó a escapar de la ira de Dios que se acerca?
    Produzcan el fruto de una sincera conversión,
    y no se contenten con decir: ‘Tenemos por padre a Abraham’. Porque yo les digo que de estas piedras Dios puede hacer surgir hijos de Abraham.
    El hacha ya está puesta a la raíz de los árboles: el árbol que no produce buen fruto será cortado y arrojado al fuego.
    Yo los bautizo con agua para que se conviertan; pero aquel que viene detrás de mí es más poderoso que yo, y yo ni siquiera soy digno de quitarle las sandalias. El los bautizará en el Espíritu Santo y en el fuego.
    Tiene en su mano la horquilla y limpiará su era: recogerá su trigo en el granero y quemará la paja en un fuego inextinguible”.

    Extraído de la Biblia: Libro del Pueblo de Dios.

    Leer el comentario del Evangelio por :

    San Gregorio Magno (c. 540-604), papa y doctor de la Iglesia
    Homilía sobre el Evangelio, nº 20

    “Preparad el camino del Señor, allanad sus senderos”

    Es evidente para cualquier lector que Juan no solamente predicó, sino que confirió un bautismo de penitencia. Sin embargo, no pudo dar un bautismo que perdonara los pecados, porque la remisión de los pecados se nos concede solamente en el bautismo de Cristo. Es por eso que el evangelista dice que “predicaba un bautismo de conversión para el perdón de los pecados” (Lc 3,3); no pudiendo dar él mismo el bautismo que perdonaría los pecados, anunciaba al que iba a venir. De la misma manera que con la palabra de su predicación era el precursor de la Palabra del Padre hecha carne, así su bautismo… precedía, como sombra de la verdad, al del Señor (Col 2,17).

    Este mismo Juan, preguntado sobre quién era él, respondió: “Yo soy la voz que grita en el desierto” (Jn 1,23; Is 40,3). El profeta Isaías lo había llamado “voz” porque precedía a la Palabra. Lo que él gritaba nos lo dice seguidamente: “Preparad los caminos del Señor, allanad sus senderos”. El que predica la fe recta y las buenas obras ¿qué hace si no es preparar el camino en los corazones de los oyentes para el Señor que viene? Así la gracia todopoderosa podrá penetrar en los corazones, la luz de la verdad iluminarlos…

    San Lucas añade: “Los valles se elevarán, las montañas y las colinas se allanarán”. ¿Qué es lo que aquí quiere decir con “los valles” sino los humildes, y con “los montes y colinas” sino los orgullosos? con la venida del Redentor…, según su misma palabra “el que se enaltece será humillado y el que se humilla será enaltecido”(Lc 14,11)… Por su fe en el “uno solo es el mediador entre Dios y los hombres, el hombre Cristo Jesús”(1Tm 2,5), los que creen en él reciben la plenitud de la gracia, mientras que los que rechazan creer en él son allanados en su orgullo. Todo valle se elevará, porque los corazones humildes acogen la palabra de la santa doctrina, y se llenarán de la gracia de las virtudes, según está escrito: “De los manantiales sacas los ríos para que fluyan entre los montes” (Sl 103, 10).

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