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¡Ese bendito celular!

Eran las 20.36 y Rodrigo abría el portón de la casa. La camisa húmeda cargaba más que solo sudor, traía consigo el testimonio de todos los líos que conlleva un día pesado en el trabajo, sumado a ese interminable viaje en colectivo. Dejó sus llaves sobre la mesa, se quitó el zapato y se tiró sobre el sofá. En su mano derecha el celular vibraba y él no dejaba de responder los mensajes en el WhatsApp.

Doña Chela, la abuela, le pidió que se cambie y venga a la mesa para cenar. Carlitos, el hijo de ocho años de Rodrigo, le contó algo que había hecho en la escuela; pero él escuchaba a medias sin dejar de mirar la actualización de su cuenta en Twitter.

Llegó Estela, esposa de Rodrigo, y junto con la abuela y el nene se sentaron a la mesa. Estela y Rodrigo no soltaban el aparato móvil mientras comían hasta que en un momento, fastidiada por la escena, la abuela dice: “¡A la pinta… dejen ya ese bendito celular!”.

¿Le parece conocida esta escena? Imagino que sí.

Hace una semana, Estadística y Censos reveló resultados de la primera encuesta sobre el uso del tiempo de los paraguayos e indica que, en promedio, tanto los hombres como las mujeres pasamos casi diez horas a la semana conectados a algún tipo de medio de comunicación.

Esta cifra no me llamaría tanto la atención si no fuera porque, en contrapartida, revela que invertimos en promedio apenas cinco horas en toda la semana para pasar tiempo –sin ningún tipo de interrupción– con nuestros hijos de 6 a 14 años. Justo en ese periodo de sus vidas en que más necesitan de nuestro apoyo para su formación.

Los hombres tenemos los peores registros. Invertimos en toda una semana menos de dos horas para sentarnos a mirar sus tareas, leerles un libro, jugar o simplemente conversar con ellos. Nuestro apoyo en los quehaceres de la casa se limita a lo sumo dos horas en toda una semana, mientras que las mujeres lo hacen hasta dieciocho horas.

Alguno dirá, con los hijos no importa la cantidad, sino la calidad del tiempo. Es una media verdad. Ambas cosas son igual de importantes.

El dinero, amigos, trabajo son cosas que usted hoy puede perder para mañana volver a recuperarlos. Pero el tiempo, ese lapso de vida tan breve que tendrá para formar sus hijos, pasará una sola vez.

“Mi papá nunca me habló, no tengo muchos recuerdos”, escuché tantas veces en adolescentes con problemas.

Ojalá que el regaño de la abuela diciendo: “dejen ya ese bendito celular” nos sirva para reflexionar sobre qué tiempo estamos invirtiendo en las cosas que realmente importan.

Por Samuel Acosta

Acerca de jotaefeb

Un arquitecto jubilado. Aprendiz de todo, oficial de nada. Un humano más. Acá, allá y acullá. Hurgador de cosas cotidianas y trascendentes.

Comentarios

Un comentario en “¡Ese bendito celular!

  1. El amor cuando no había videollamadas

    Hace dos o tres días, WhatsApp habilitó las videollamadas para sus 1.000 millones de usuarios (sí, para vos también, probá). A vos que sos joven quizás no te sorprenda, pero a mí, que aún peino canas (antes que se vuelen) es algo que veía como ciencia ficción en “Viaje a las Estrellas”.

    La tecnología ha cambiado todo y lo hará aún más. Nos informamos diferente, estudiamos diferente y, sin darnos cuenta, pensamos y obramos muy diferente, aún los que llegamos medio tarde a esta revolución que no se sabe bien hasta dónde llegará.

    Ayer estaba hablando con una amiga de veintipocos años: ella recordaba con nostalgia (sí, ahora todo es tan acelerado que los chicos de 20 tienen nostalgia) los tiempos de las cartitas de amor en la escuela, los amores anónimos, los papelitos que pasaban de mano, las mil pasadas por frente a la casa a ver si la encontrabas, las llamadas de teléfono y las cortadas para que no supiera que eras vos.

    En estos tiempos hiperconectados, la tecnología nos permite hablar con cualquiera en cualquier momento y en cualquier momento del mundo, hablando y viendo.

    Ya no hay límites y los espacios para el misterio, para la imaginación y para los sueños van cambiando y mutando.

    Ya no tenemos ni tiempo ni paciencia para una espera: el internet está “lento” si demora 5 segundos en abrir una página y ni hablemos si tu teléfono demora lo mismo en bajar una foto.

    Ya no tenemos infancia y ni hablar de los sectores más marginados: en Concepción, un niño de once años fue detenido (y liberado) por asaltar a una señora y en Asunción, cayó Kevin’i, un joven que tiene más arrestos que años de vida: 23 a 19.

    Ya vivimos en la cultura del plug and play y del copy paste, casi no hay tiempo para el aprendizaje y el error, el amor de mi vida puede durar tres meses y una larga carrera puede ser un tema conocido y 3 meses de actuaciones.

    Yo, por mi lado, quiero bajar un cambio. Y si se puede, ir más despacito. ¿Se podrá?

    Por Sergio Etcheverry

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    Publicado por Anónimo | 29 noviembre, 2016, 08:36

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