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La imperiosa reconstrucción

Invita a intentar de nuevo. A que la fuerza se anime a recomenzar. Quizás el tiempo interno se comprende de otra forma. Puede haber cambiado su relación panorámica hacia aquello que se vivió.

Entonces se supone que algo pasó. ¿Puede reconstruirse dicho acontecimiento? Como lo fue alguna vez, no. Con matices parecidos, sí. Ingresamos al mundo de las generalidades, donde los errores pueden invadir, por lo que ante el planteamiento de una reconstrucción es necesaria la plena identificación de lo acontecido, de lo sentido, de lo que sucedió.

Además las tergiversaciones que la memoria puede producir hacen factible la creación de modificaciones emotivas que en su momento no tuvieron lugar. Hay un principio que enseña a vivenciar el instante como único, irrepetible e histórico. Y el mismo dice que nada será igual. Y no es una expresión negativa, es objetiva. No descalifica lo anterior, no subestima lo hecho, no emite un juicio adverso, se limita a decir que no es lo mismo. Lo vivido ayer no es similar a lo que se vive ahora.

Para reconstruir hay que aceptar los cambios que hoy existen. Es que el constante movimiento de nuestra existencia conlleva mutaciones permanentes. Incluso la quietud es precedida de una acción que permite esa estadía, como después se transforma en la impulsora de un paso posterior. Lo cíclico está profundamente impregnado en la naturaleza humana.

Al admitir la fluidez de la vida se abre un amplio abanico de reproducciones sensoriales. Una idea se transforma en una imagen y esa imagen estimula sonidos acordes a la situación animada. Es creíble aquello que se imagina y para serlo es fundamental estar dispuesto a reconstruirlo todas las veces que sea necesario.

Se restauran las ideas y lo hacen respetando el caudal original que las hizo visibles, sumando a lo que pregonaron, integrando nuevas razones, abriendo espacios para establecer relaciones que motiven el encuentro fructífero entre las mismas.

Cuando se reconstruye se agudiza la estima hacia la causa. En ese rehacer se vislumbra el sentido que se pregona alcanzar. Entonces todo es factible de obtener, es que se motoriza la capacidad de restaurar el ánimo perdido o afectado o subestimado o marginado o hasta desconocido; es el canto de los pájaros en un bello amanecer que invade los sentidos del que está dispuesto a escucharlo y más aún… a admirarlo sabiendo que esa melodía es exclusiva.

Hay tantas razones que nos unen, que basta un pequeño giro hacia los árboles que nos rodean, para entender la inmensidad de motivos que esperan la apertura de reconstrucciones valorativas. Las perspectivas requieren de atención y se regocijan cuando pueden rodar sus engranajes. Lo que implica torcer un prejuicio y habilitar un vasto criterio sobre lo que antes era limitado.

Al reconstruir surge la posibilidad de resignificar. En el hecho de volver a reinterpretar hay una acción inherente que requiere concentración. Se moviliza el ser que se atreve a reconstruirse, que se otorga el derecho de revalorar lo que ha vivido. El ser social también necesita asumir procesos que favorezcan sus reconstrucciones. Donde hay voluntades dispuestas a crecer, siempre hay un espacio para revalorizar sus vínculos.

Por Marcelo A. Pedroza

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Acerca de jotaefeb

Un arquitecto jubilado. Aprendiz de todo, oficial de nada. Un humano más. Acá, allá y acullá. Hurgador de cosas cotidianas y trascendentes.

Comentarios

Un comentario en “La imperiosa reconstrucción

  1. El poder de desmembrar
    15 Feb 2017

    Por Marcelo A. Pedroza

    Lo que se quiere hay que desmembrarlo. ¿Para qué? Para conocerlo detalladamente. Al desmembrarse el aprecio se divide y se reproduce en cada pedacito que integra ese amplio querer. La extensión de lo segmentado puede sorprender a los ojos que la ven. Aquello que parecía no existir por su carencia de atención se irradia como un fluorescente cargado de luminosidad. Al desmembrarse se le da su lugar. Se lo reconoce como tal, se lo valora naturalmente y se lo aprende a disfrutar. No se trata de separar porque sí algo que se está viviendo o que ya se ha vivido o que se quiere vivir, son las razones las que fortalecen la posibilidad de hacerlo. Al poder escindirlo la comprensión de las secuencias adquiere una fuerza especial.

    Al desmembrar se descubren horizontes diferentes. La división se transforma en una multiplicación de significados. Lo que lleva a producir nuevos interrogantes que pueden ocasionar asombrosas respuestas. Al desmembrar se estimulan diversas facetas de lo acontecido. E incluso es factible que se generen reacciones desconocidas o no manifestadas en el tiempo en que lo parcelado tuvo participación de lo unívoco e integrado. Darle profundidad de campo a una zona particular del vivir le da a la imagen obtenida una nitidez resaltante.

    Al dividir las etapas de un acontecimiento pueden surgir claramente los momentos oportunos que ayudaron a construir el cimiento final. Esa división facilita la precisión de lo ocurrido, lo que fomenta el desarrollo de un solvente juicio al respecto. Quizás a lo que está disperso u oculto no le convenga la puesta en práctica del desmembrar, a lo mejor molesta a las estructuras disfrazadas de intereses absolutamente distantes a los principios que las crearon. Ocurre que el ejercicio de remover o tocar lo que está obsoleto conlleva aceptar que así lo es y, conforme la situación, decidir qué hacer.

    Desmembrando se va aprendiendo a identificar lo que pasa en el presente. El núcleo social se construye en cada acción individual y colectiva.

    También se pueden asomar los temores ocultados en el pasado. Es por eso que animarse a indagar particularmente un tiempo, un hecho, una historia o la situación que sea, requiere de una entereza existencial que habilite a tal fin. Por otra parte, también todo desmembramiento sobre acciones futuras puede ocasionar miedos o dudas o incertidumbres imaginarias. De ahí la relevancia de entender que los mismos pueden superarse si la intención del hurgar se sostiene de la vocación de crecer.

    Desmembrando se va aprendiendo a identificar lo que pasa en el presente. El núcleo social se construye en cada acción individual y colectiva. Es la esencia de las voluntades la que debe priorizar la factibilidad de identificar concretamente el andamiaje del instante en cada acontecer. Los hechos sociales necesitan ser atendidos, entendidos y comprendidos. Al desmembrarse el fondo y la forma en que se manifiestan fluye la conciencia del verdadero efecto que ocasionan.

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    Publicado por jotaefeb | 15 febrero, 2017, 09:25

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