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Por qué ganó Trump y qué significa su triunfo

Al igual que el Brexit, la variable que más define el resultado final de la elección de los Estados Unidos es la división entre los ciudadanos del campo (y/o pequeñas ciudades) y las grandes ciudades. Es entendible, los ciudadanos de los pueblos pequeños y del campo en Inglaterra, Estados Unidos y muchos otros países, se han sentido dejados de lado. Han sido relegados del progreso, de la educación, de la salud, con carencias de infraestructura y sobre todo del empleo. Son ahora más pobres, con menos educación, menos oportunidades y menos ingresos.

En el reporte de ingresos de los últimos años en los Estados Unidos, todos los segmentos electorales han visto mejorar sus ingresos: latinos, mujeres, hombres, jóvenes (aunque muy poco), pero los hombres blancos que no viven en ciudades grandes son el único segmento de la población que no ha visto mejorar su ingreso sino que por el contrario ha disminuido. ¿Y cual fue el segmento electoral que le da el triunfo a Donald Trump? Es este segmento de ciudadanos.

A diferencia de lo que muchos piensan que Donald Trump todo lo que hacía era planificado y le producía grandes efectos, yo pienso que él era y es su peor enemigo. Cuando Trump era él mismo, sobre todo en los tres debates, bajó en las encuestas. Cuando se escuchó el video sobre su trato con las mujeres, también bajó en las encuestas. Pero cuando apareció la declaración del director del FBI sobre los emails de Hillary Clinton, cambia el relato y la atención pasa de Trump a Clinton (que al igual que él, tenía negativos muy altos de más del 60%).

Personalmente venía alertando en mis entrevistas de CNN que temía que las encuestadoras de Estados Unidos no estaban tratando con el problema del voto oculto. Nunca habían tenido que hacerlo anteriormente, como es más frecuente en América Latina. Al estar Donald Trump, éste era un nuevo fenómeno de la técnica de encuestas, cuya metodología permitiría corregir esta desviación, que generalmente está en alrededor del 5%. (Dependiendo de la sociedad y las características de los candidatos en la contienda. En ésta, los dos candidatos tenían negativos muy altos y Trump hacía que muchos sintieran vergüenza votar por él).

Los votantes de Trump se han sentido dejados de lado y excluidos, por inmigrantes, políticos y minorías (gays, afroamericanos, entre otros) que son los grandes actores de esta nueva sociedad diversa. Por eso vino el miedo. El miedo que han perdido esa sociedad homogénea de la que eran los dueños, líderes, prósperos, relevantes y mayoritarios. Hoy también esos pueblos tienen inmigrantes (documentados o no), frente a quienes ellos sienten que tienen incluso menos derechos. Además, culpan a los ecologistas por el cierre de minas de carbón en Ohio y otros estados.

A eso se suma el desarrollo de los medios de comunicación e internet, que acerca los problemas del mundo y el estilo de vida de las grandes ciudades con su prosperidad y diversidad. Eso les asusta mucho en Inglaterra o Estados Unidos, y quieren que un líder les devuelva el país que temen haber perdido.

¿Y cómo los conquistó? Por supuesto, con demagogia: “Yo les devolveré el país que han perdido”, “yo les devolveré los empleos que han perdido”. Empleos en las fábricas y minas que han cerrado. “Y construiré un muro para que no vengan más inmigrantes y a los que están aquí, los voy a controlar”. Donald Trump conectó emocionalmente con ellos y representó su frustración, su complejo y hasta sus iras.

Trump se enfrentó a todos aquellos que esos votantes sienten que los miran con condescendencia, y los han excluido: los magnates del mercado financiero (que esos votantes sientes que les robaron su progreso y su dinero), los arrogantes (por alcurnia, dinero o intelecto). Porque irónicamente, si bien Donald Trump es un hombre muy rico (así parece), no es parte del mundo económico que ellos resienten. Por el contrario, lo han marginado a pesar de ser blanco y rico porque no tiene la clase y la sofisticación que demanda pertenecer a ese grupo de poder (sobre todo en la ciudad de Nueva York).

Y luego viene la joya de la corona: el “establishment político”. Hillary Clinton personificaba a lo político y los políticos. Su experiencia, que era su gran activo, se convirtió en su debilidad. En esta elección, los votantes dijeron desde el inicio no a los Clintons y los Bush que habían dominado la escena política por 30 años. La verdadera revolución de esta elección se da en términos electorales, pero no en términos de la estructura en sí de poder.

Para que un líder populista y antisistema prevalezca al igual que lo hizo Hugo Chávez, otros deben cambiar esa estructura política (o pactar con ella). Si Donald Trump es inteligente, pactará con ella porque no les puede quitar el poder y no puede llamar a elecciones anticipadas del Congreso y Senado (como lo hicieron Chávez, Correa y Morales) para verdaderamente cambiar la estructura de poder político.

Pero además (y de nuevo a diferencia de éstos), los Estados Unidos no vive el apogeo económico que vivieron muchos de los países de América Latina gracias a los increíbles recursos económicos por la subida de los precios de las materias primas. Por eso, pienso que Donald Trump pactará y gobernará con ellos. A no ser que no pueda demostrar la misma habilidad que demostró en la campaña. De ser así, su historia política será muy corta y sin mayor huella.

Luego viene la táctica. Al mismo tiempo que apareció la declaración del FBI, quizás golpeado por su enorme caída en las encuestas, Donald Trump acepta el consejo de sus asesores y comienza nuevamente a hablar con discursos escritos: y su discurso estaba centrado en el mensaje central y efectivo.

Recomiendo ver el último spot de TV: “Donald Trump’s Argument For America” que es además el texto de uno de sus mensajes de los últimos días. Está totalmente enfocado en dicho mensaje que le da el triunfo: recuperar el país para aquellos ciudadanos blancos del campo y las pequeñas ciudades, marginados del progreso económico y social por los inmigrantes, el statu quo, los ricos formales y sobre todo los políticos.

Por qué ganó Trump y qué significa su triunfo

Acerca de jotaefeb

Un arquitecto jubilado. Aprendiz de todo, oficial de nada. Un humano más. Acá, allá y acullá. Hurgador de cosas cotidianas y trascendentes.

Comentarios

48 comentarios en “Por qué ganó Trump y qué significa su triunfo

  1. Con Trump regresa la barbarie

    Tras la victoria de Donald Trump en las recientes elecciones de los Estados Unidos de América, un negro panorama se cierne sobre los países latinoamericanos y del Caribe. Es cierto, sin embargo que para ningún gobierno, sea Republicano o Demócrata, la región de América ubicada al sur del río Bravo nunca fue de buenos aires.

    Sin distinción de partidos, siempre los yanquis tuvieron a los países de América Latina y el Caribe como patio trasero de todas las inmundicias, aunque hay que reconocer que hubo ciertos matices favorables esporádicamente como cuando el presidente James Carter viró hacia una política de defensa de los derechos humanos. Recordemos, por ejemplo, que la rápida reacción del embajador en el Paraguay, Robert White, impidió, (es de suponer), que Domingo Laino, secuestrado por la dictadura, se convirtiera en un desaparecido más.

    Con el triunfo del empresario republicano devenido en inesperado político, todas las aguas turbias del encono hacia nuestros países vuelven a agitarse con turbulencia. Y una nueva amenaza, como una renovada espada de Damocles, pende sobre los territorios latinoamericanos y caribeños.

    El expresidente uruguayo José Pepe Mujica fue el que mejor expresó en una entrevista la situación que se avecina al decir “¡Socorro!”. El viejo zorro de la política manifestó de ese modo que llegan otra vez tiempos arduos que nos retrotraen a los discursos centrados en “América para los americanos”, que en buen romance significa “América para los yanquis” y del big stick (gran garrote), aplicados en decenas de ocasiones y que tan severos daños causaran a nuestros pueblos.

    El peor Estados Unidos para Latinoamérica y el Caribe está retornando. Las exposiciones públicas del presidente electo exhiben intolerancia, soberbia, fascismo y odio hacia lo que él considera abominable, sin miramiento alguno a la condición humana y echando por tierra los progresos y conquistas obtenidos a lo largo del tiempo y en ocasiones luego de arduas luchas y muchas veces de esperas interminables.

    Baste hacer un rápido recorrido por la historia americana para encontrar las nefastas huellas estadounidenses en intervenciones indirectas o directas que siempre conllevaron el ánimo de hacer prevalecer sus intereses aunque ello implicase consecuencias denigrantes y oprobiosas para nuestros países. Nunca dejaron de encontrar traidores y obsecuentes títeres que se alinearon a sus pretensiones.

    En el siglo XIX su vecino México fue una de sus víctimas favoritas al apoderarse por la fuerza de las armas o del dinero de vastas extensiones territoriales. Los estados de Tejas, Nuevo México, California, Nevada, Utah y parte de Colorado, Arizona, Wyoming, Oklahoma y Kansas eran mexicanos y son evidencia irrefutable de sus métodos de expansión y perversas conquistas.

    Varios países centroamericanos convertidos en republiquetas bananeras por el afán depredador norteamericano fueron también parte de negros capítulos de violencias y atropellos. Los Somoza en Nicaragua, o Trujillo no muy lejos de allí, fueron piezas clave del despiadado ajedrez americano que los tuvo como dóciles peones. Colombia y el affaire de la independencia de Panamá y posterior apoderamiento del Canal fue parte del mismo sistema devorador e inmisericorde hasta que, tras larga y porfiada lucha, Torrijos recuperó durante el gobierno de Carter la soberanía sobre el mismo.

    Cuba no fue ajena a dichas intervenciones. Tampoco lo fueron Venezuela, Colombia, Chile, Argentina, Bolivia y nuestro país donde apoyó sanguinarias dictaduras. El Plan Cóndor fue parte de su política de sangre y crímenes de lesa humanidad. Lo más terrible acaso fue lo de Chile donde la CIA orquestó con Pinochet el sanguinario plan para derrocar a Salvador Allende, gobierno democrático de izquierda, electo legítimamente en comicios libres y que durante sus tres años de existencia respetó a rajatabla el estado de derecho.

    En nuestro país perfeccionó el esquema de tortura y terror al mando del dictador Stroessner. Los torturadores eran adiestrados por oficiales americanos en la zona del Canal de Panamá, entonces bajo soberanía americana.

    Con Trump, otra vez se avizora aquella negra época de intolerancia e intervencionismo. El anuncio de la deportación de 3.000.000 de extranjeros, la mayoría latinos, evidencia que empieza la hora en que el discurso se hace realidad. Luego vendrán las demás acciones contra nuestros pueblos.

    Lo que queda es estar alertas y resistir los ataques del que hace involucionar la historia para volver al tiempo de la barbarie. Ojalá nunca más volvamos a vivir la esclavitud de la dictadura.

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    Publicado por Anónimo | 5 diciembre, 2016, 07:20
  2. La derrota de Hillary: hechos y razones
    24 Nov 2016

    Por Mario Ramos-Reyes

    Filósofo político

    Se ha dicho más de una vez: no es que Trump haya ganado las elecciones sino, más bien, fue Hillary la que perdió. Creo que, visto el proceso de las campañas –y sobre todo el resultado– con una mirada retrospectiva, ese juicio tiene algo de verdad. Pero con un acotamiento: Trump y su movimiento explotaron, precisamente, esas debilidades, o tal vez la soberbia política del liberalismo ideológico de Hillary.

    La campaña demócrata se creyó demasiado autosuficiente para reconocer la posibilidad de una derrota. Es la antigua tentación de creer que a la realidad política se la puede controlar, dando por descontado que una victoria de los “deplorables” –como se había calificado a los votantes de Trump– era impensable.

    Se podrían resumir en algunos puntos la derrota.

    En primer lugar, la creencia de que la política es solo cuestión de ideas claras, buena preparación intelectual y pedigree político. Hillary fue superior a Trump en su conocimiento de los detalles de políticas públicas. Se la vio preparada, como una buena alumna, en los debates.

    Trump, por el contrario, fue desdeñado como inexperto, improvisado. Pero no solo por el establishment demócrata, también por el republicano. Nadie lo tomó en serio. ¿Error? La pretensión de que si la clase educada no lo tomaba en serio, el resto tampoco lo haría.

    El segundo aspecto fue la creencia de que un candidato con un carácter personal como Trump, impulsivo, soez, chabacano, con problemas de trato con mujeres –que devuelve insulto por insulto– no podría ser aceptado como alguien con temperamento para gobernar. Trump –se pregonaba–, no llenaba las virtudes para ser elegido.

    Pero, esa creencia fue neutralizada pues la misma Hillary tenía por su lado una serie de “peros” respecto a su honestidad por sus emails y “server” privados que usó como secretaria de Estado, que supuso una investigación del FBI. ¿Error? El creer que el votante no separaría la propuesta de políticas públicas del carácter y temperamento del candidato Trump.

    Un tercer punto fue el presentarse como la candidata que frenaría el apocalipsis. Ciertamente, las propuestas de Trump de no apoyar más a la OTAN, de renegociar los tratados de Libre Comercio, de exigir a China un juego más justo en el comercio y manejo de la moneda, como a la amenaza de deshacer el trato nuclear con Irán, así como su reapertura con la Rusia de Putin, la ponían como el último eslabón frente a la hecatombe nuclear. Pero la postura de Trump, por discutible y, tal vez, difícil de implementar que fuera, no es ajena a cierto aislacionismo nacionalista americano, que es menos intervencionista, y contraria a ser “policía” mundial.

    Un cuarto aspecto que me pareció decisivo es la suposición de que la historia y la política como motor de la misma, marchan hacia formas nuevas de vida. Que las comunidades tienen que cambiar si quieren sobrevivir a esas formas. Que el progreso que trae aparejado la tecnología es inatajable.

    Pero, ¿cómo explicar ese “progreso” a un obrero medio que ha dedicado toda su vida a trabajar en minas de carbón en estados como West Virginia y Ohio, de que su fuente de trabajo se “transformó” y requiere otro tipo de energía y que él ya no es necesario? ¿Cómo decirle a un padre de familia en sus cincuenta años de vida que su trabajo se va a trasladar o trasladó a la China o India o México y que debe buscar otra cosa? El trabajo para él, es no sólo una ocupación sino una vocación atada a su comunidad y, también a su Iglesia.

    Por último, la insistencia de la campaña de Hillary con los nuevos derechos, sobre todo, la no tan sorda propuesta de limitar el ejercicio de la libertad religiosa a la libertad de culto, obligando a las comunidades de fe a mirar a Trump como la última alternativa para la defensa de sus derechos amenazados.

    El liberalismo de puro procedimiento, sin substancia ni acomodamiento para las comunidades de fe, o el valor de la religión en la vida social, quiere nivelar a todos dentro del rasero del estado neutro y en donde, el derecho a la libertad religiosa, es visto como “discriminatorio”, fanático, fundamentalista.

    Trump, lejos de ser un modelo de fidelidad religiosa –al ser un pragmático-populista– entendió esa larga tradición americana que a la postre, le dio los votos de comunidades de clase media que aún viven la fe de sus mayores.

    Podrá objetar el lector a estos puntos el que Hillary ganaría los votos pero no el colegio electoral. Ciertamente, pero ello demuestra que, en última instancia, lo que cuenta en política son el sentido de las comunidades y no los individuos.

    El problema con el liberalismo rígidamente ideológico, es enfocar solamente en el deseo individual y, olvidarse que los votantes pertenecen a grupos, más allá que a uno no le guste dicha pertenencia.

    La candidatura de Hillary ignoró –tal vez por el elitismo que se le atribuye– la tradición de un pueblo, por más atrasada o deplorable que esa tradición pudiera ser. Algo similar ocurrió con el Brexit: la globalización está mostrando que el libre comercio de las grandes multinacionales, no deja espacio para las comunidades al interior de los estados. La pertenencia afectiva, precede el orden económico.

    Pero la historia no se cierra. Si la duda es que ni el populismo, como tampoco el liberalismo procedimental, puedan dar contenido a una república, el dilema ahora es el cómo gobierna un populista cuando carece de élite política. Pero eso es otro tema.

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    Publicado por Anónimo | 25 noviembre, 2016, 07:52
  3. Trump necesita una agenda positiva para Latinoamérica

    Por Andrés Oppenheimer

    Ya estamos viendo las primeras señales de que América Latina podría unirse en contra de los Estados Unidos si el presidente electo Donald Trump sigue adelante con sus planes de construir un muro fronterizo, deportar a millones de indocumentados, desmantelar o renegociar acuerdos de libre comercio y revocar la normalización de EE. UU. con Cuba.

    La semana pasada, en un viaje a Chile, ya vi algunos indicios de que la reacción contra estos planes de Trump no vendría solo de los demagogos antiestadounidenses que gobiernan en Venezuela, Ecuador, Bolivia, Nicaragua y Cuba, sino también de los aliados de los Estados Unidos en la región. La agenda negativa de Trump para Latinoamérica tiene el riesgo de antagonizar a todo el continente.

    El expresidente chileno Ricardo Lagos, quien también es uno de los principales candidatos para las elecciones del 2017, ya está pidiendo una cumbre latinoamericana para denunciar el muro fronterizo de Trump si este avanza con su proyecto de expandir dramáticamente la cerca existente.

    “Si es que la propuesta de construcción del muro en la frontera entre México y Estados Unidos se concreta, propongo que lideremos una cumbre de países latinoamericanos para impedir su materialización y protestar contra él, porque nos afecta a todos”, escribió Lagos en el diario El Mercurio. “Debemos decir con fuerza y claridad que, para esos efectos, todos somos mexicanos”.

    Lagos, un respetado exmandatario que siempre ha denunciado el populismo antiestadounidense, agregó que los latinoamericanos también deberían unirse para defender los acuerdos climáticos de París de 2015, que Trump criticó durante la campaña.

    Mientras tanto, los ministros de Relaciones Exteriores de Guatemala, Honduras, El Salvador y México se reunieron el 21 de noviembre para trazar una estrategia conjunta para enfrentar las posibles deportaciones masivas de un gobierno de Trump.

    “Para Centroamérica, las ideas de inmigración de Trump son un problema muy serio”, me dijo el exministro de Relaciones Exteriores de México, Jorge Castañeda. “Quieren hablar con México, porque hay una convergencia de intereses”.

    América Central sería especialmente vulnerable a las masivas deportaciones de los Estados Unidos, porque depende en gran medida de las remesas familiares de sus migrantes en EE. UU. Además, las economías centroamericanas tendrían dificultades para absorber una afluencia masiva de deportados.

    El presidente de Perú, Pedro Pablo Kuczynski, exciudadano estadounidense, dijo el 11 de noviembre a la agencia de noticias Russia Today que “nos opondremos por todas las vías, incluidas las Naciones Unidas”, a la idea de Trump de construir un muro fronterizo.

    Kuzcynski me había dicho en una entrevista, en setiembre, que la idea de Trump de construir un muro fronterizo era “desafortunada” y exigir que México pagara por ello era “escandaloso”. Cuando le pregunté si estaba preocupado por una victoria de Trump, me dijo que “sin duda es motivo de preocupación, especialmente por la idea del proteccionismo, de romper acuerdos de libre comercio que han sido buenos para todas las partes”.

    Trump ha prometido retirarse o renegociar el tratado de libre comercio con México y Canadá, y dice que anulará el Acuerdo de Asociación Transpacífico entre los Estados Unidos y 11 países asiáticos y latinoamericanos, incluido Perú.

    Mi opinión: Todavía tengo alguna esperanza –tal vez sea solo una ilusión– de que Trump dará marcha atrás o hará cambios puramente cosméticos en sus planes para el muro fronterizo, las deportaciones masivas y el aislamiento económico estadounidense una vez que llegue a la Casa Blanca.

    Si bien cada país tiene el derecho de expulsar a quienes cometieron crímenes, la idea de Trump de expulsar a millones de trabajadores honestos que pagan impuestos es un populismo barato que va a perjudicar más que ayudar a los Estados Unidos.

    Si Trump continúa con su agenda negativa, estará dando munición a los demagogos de la izquierda populista latinoamericana. Y forzará a los aliados de los Estados Unidos en la región a tomar distancia de Washington, entre otras cosas, porque no querrán ir en contra del generalizado sentimiento anti-Trump en sus propios países.

    En cualquier caso, si Trump quiere hacer amigos en la región, tendrá que ofrecer una agenda positiva que todavía no hemos visto. Si todo lo que tiene que ofrecer es la construcción de un muro fronterizo, deportaciones masivas y desmantelamiento de los acuerdos de libre comercio, es probable que gran parte de la región pase del desacuerdo cortés a la oposición diplomática. Sería malo para todas las partes.

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    Publicado por Anónimo | 25 noviembre, 2016, 07:35
  4. La predicción de un juicio político a Trump

    Por Andrés Oppenheimer

    Allan Lichtman, el profesor estrella de American University que pronosticó –contrariamente a lo que decían casi todas las encuestas– el triunfo del presidente electo, Donald Trump, en las elecciones de Estados Unidos, está haciendo ahora un nuevo pronóstico tanto o más audaz: que Trump será sometido a un juicio político.

    Lichtman, quien ha pronosticado con exactitud casi todas las elecciones desde 1984, dice que basó su predicción de que Trump ganaría en un método estadístico de 13 preguntas. Las preguntas son sobre temas generales, como el estado de la economía, y ni siquiera consideran las encuestas. Las encuestas son solo “fotografías” de la realidad en un momento dado, que son inútiles para predecir un resultado el día de las elecciones, dice el profesor.

    Curioso acerca de sus osados pronósticos, le pregunté cómo cree que será la presidencia de Trump. Lichtman me dijo que, a diferencia de su predicción sobre la victoria de Trump, que se basaba en un análisis estadístico, su pronóstico sobre un juicio político “está basada en mi intuición”. Pero añadió inmediatamente que hay dos razones por las que su pronóstico de un juicio político no es descabellado.

    “Número uno, Trump ha jugado audazmente con la ley toda su vida”, dijo Lichtman. El profesor citó el uso dudoso de Trump de su fundación de caridad para comprar bienes para sí mismo y para liquidar sus deudas comerciales, las empresas de Trump que exploraron negocios en Cuba en posible violación del embargo de Estados Unidos, el juicio contra la Universidad Trump, las más de una docena de mujeres que han acusado a Trump de acoso sexual, y el hecho de que los hijos de Trump seguirán manejando su imperio comercial, lo que podría conducir a todo tipo de conflictos de intereses.

    “En segundo lugar, Trump es un cañón suelto, impredecible, incontrolable”, prosiguió Lichtman. “Y los republicanos están preocupados por Donald Trump, pero les encanta el [vicepresidente electo] Mike Pence, porque es un republicano conservador y previsible”.

    “De manera que aunque un juicio político es difícil, es ciertamente una posibilidad bajo el presidente Trump”, agregó Lichtman. “No olvidemos que fue una demanda civil presentada por Paula Jones alegando acoso sexual la que abrió la puerta al juicio político contra Bill Clinton”.

    Cuando le pregunté qué es lo que más le preocupa de Trump, Lichtman me dijo que “la gente como Stephen Bannon”, el ex jefe del sitio web Breitbart News que fue nombrado por Trump como su principal estratega en la Casa Blanca. “En Breitbart, Bannon patrocinó material racista, supremacista blanco, antisemita y misógino”, dijo el profesor.

    Lichtman concluyó: “Y la otra cosa que me preocupa es la propensión de Trump a ser autoritario, su admiración por un dictador extranjero como Vladimir Putin. Me asusta realmente, no tanto por sus políticas, sino por su personalidad autoritaria”.

    Mi opinión: No veo un juicio político en el horizonte cercano, principalmente porque el Partido Republicano de Trump controla las dos Cámaras del Congreso.

    Un juicio político tiene que ser aprobado por una mayoría en la Cámara Baja, y luego va al Senado, donde se realiza una investigación que –si se juntan dos tercios de los votos– puede llevar a una condena. Dos presidentes –Andrew Johnson y Bill Clinton– fueron acusados por la Cámara, pero absueltos por el Senado. Richard Nixon renunció durante su juicio político.

    Pero Lichtman me hizo pensar dos veces sobre la probabilidad de un juicio político cuando dijo que Trump es un cañón suelto, un hombre convencido de que sabe más que los generales, una persona que está acostumbrada a mandonear a la gente desde que era muy joven y heredó una fortuna de su padre, y que no va a cambiar a los 70 años.

    Si Trump es lo suficientemente inteligente como para permitir que sus colaboradores más cercanos controlen sus impulsos y le impidan convertirse en un tirano electo que cree estar por encima de la ley, es poco probable que sea sometido a un juicio político. Pero si Trump se comporta como presidente tal como se comportó como candidato, cualquier cosa es posible. Ojalá que ocurra lo primero.

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    Publicado por Anónimo | 22 noviembre, 2016, 04:56
  5. ¿Un nuevo comienzo?

    Por Violeta Yangüela (*)

    Decía un filósofo que no se puede perder la capacidad de asombro.

    Por suerte que el mundo mundial ha tenido a Donald Trump para no perderlo.

    El candidato republicano a la Casa Blanca ha ganado las elecciones a pesar del rechazo de los mismos compañeros de partido, de sus contrarios los demócratas, de la mayoría de los medios de comunicación estadounidenses y también globales, por supuesto, sin faltar los famosos del espectáculo. Dice Robert De Niro que ya no podrá darle un puñetazo en la cara.

    ¿Se irán los famosos que anunciaron abandonar Estados Unidos si Trump ganaba las elecciones?

    En el proceso de la campaña electoral republicana para ser electo candidato su triunfo frente al resto de sus adversarios fue aprobado con la mayor intervención partidaria.

    Durante su andadura electoral por la presidencia fue calificado como islamofóbico, xenófobo racista, machista, homofóbico, inepto para gobernar Estados Unidos, ignorante, estúpido, idiota y la lista no termina.

    A principios del año, el Parlamento británico debatió, en respuesta a una petición popular con la firma de más de medio millón de ciudadanos, si se debería prohibir o no la entrada a Donald Trump al Reino Unido por incitar un discurso de odio.

    A pesar de la campaña global, y de los números de las encuestas que favorecían a la candidata del Partido Demócrata, Hillary Clinton, Donald Trump es hoy el presidente electo de los Estados Unidos y las explicaciones del triunfo se multiplican.

    Para algunos es lo que llaman populismo que, al parecer ahora son “los populistas de la extrema derecha” quienes se expresan con un discurso contrario a las políticas de las “emociones” (matrimonio homosexual, igualdad, aborto, identidad sexual, adopción de niños por parejas homosexuales) llevadas a cabo por gobiernos globales.

    Para otros, se trata del proceso de globalización que implica los cambios económicos, políticos, y los procesos de inmigración. Le llaman globofóbicos.

    No es la primera señal.

    Los ciudadanos del Reino Unido se han adelantado y han votado a favor de la desglobalización. Salir de la Unión Europea. Le llaman el Brexit.

    ¿Populismo?

    En Europa los partidos “populistas de derecha” ganan cada vez más votos y algunos países que celebrarán comicios este nuevo año se ven amenazados por la fuerza electoral de sus partidarios.

    Parecería que las democracias desarrolladas globales se encuentran en un proceso de cambio y como siempre con un instrumento de comunicación. Los “jugueticos digitales” del mundo actual.

    ¿El ejercicio de la libertad?

    Dice el ministro alemán de Asuntos Exteriores, Frank-Walter Steinmeier: “el grave peligro que representa para las democracias la discusión en las redes sociales en ausencia de datos objetivos y reales, cuando se discute en ausencia de datos o con informaciones falseadas, corremos el riesgo de destruir la democracia”.

    ¿Un nuevo comienzo?

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    Publicado por Anónimo | 21 noviembre, 2016, 04:19
  6. Parteaguas

    Por Benjamín Fernández Bogado –

    Así llaman los mexicanos a los momentos en que algo ocurre para demostrar el fin de algo y el comienzo de otro. Son los ciclos que nos sacan del área de confort y nos fuerzan a buscar opciones nuevas y distintas.

    Es el momento de cuestionarnos y de cuestionar, pero por sobre todo de intentar nuevos caminos que se parezcan a los mejores sueños que alentamos profundamente. Son momentos críticos y de malestar. De dudas y tribulaciones, pero por sobre todo de oportunidades.

    Donald Trump es nuestra conciencia tardía de que veníamos haciendo las cosas muy mal y que los efectos de la globalización codiciosa y mentirosa se iba a cobrar la víctima en el victimario. Jamás un discurso excluyente y temeroso ganó unas elecciones en ese país acostumbrado a que sus candidatos estimulasen nuevas fronteras con el mundo como horizonte. Ahora se habló de expulsión, deportaciones, muros y sanciones. Estados Unidos tiene miedo y eso producirá grandes cambios a escala mundial.

    Todos están bajo cuestión. Los partidos políticos por haberse convertido en gavillas organizadas en torno a los intereses particulares de sus líderes de ocasión, las corporaciones con unos salarios siderales a sus gerentes y administradores, y con una capacidad de control sobre el Estado nunca antes conocido. Odebrecht en Brasil tenía hasta un ministerio de coimas y sobornos y la delación premiada amenaza con destrozar todos los cimientos de la política del vecino país. La codicia desenfrenada hizo que un evasor asumido de impuestos sea ungido presidente de los Estados Unidos porque eso importó poco frente a la cáfila de políticos que se mantuvo en cartelera por demasiado tiempo hasta agotar el sistema. No hubo renovación ni en su partido en el que nunca militó y que con sus 70 años destrozó a las figuras jóvenes de los Bush, Rubio o Cruz. Los pasó encima y ahora todos rezan para que el odiado establishment sea capaz de cortejarlo, educarlo, perseguirlo y ponerlo en cintura. Eso no será suficiente para una sociedad de los excesos, donde incluso los amplios derechos de los homosexuales terminaron en peticiones absolutamente irracionales, como la operación de cambio de sexo del soldado Chelsea Manning, culpable de la mayor filtración de datos del gobierno de EEUU en su historia.

    La gente está cansada y vota a populistas que castiguen el sistema, aunque en el camino pongan en riesgo la propia democracia. Sí, no vean lo que pasa en Venezuela y otros países acosados por la misma enfermedad.

    Deben cambiar las universidades de élite y sus escuelas de negocios o de abogados que durante años proveyeron de mano de obra calificada a un sistema que acabó con el sueño americano. Expertos en evasión muchos de ellos, escasamente críticos del sistema y serviles a los intereses malsanos de muchos, entre ellos el mismo Trump. Hay un hambre de ética en el mundo que los corruptos cuando son atrapados culpan a otros iguales de su situación.

    Mucho cinismo, poca postura moral y nula capacidad de autorregulación están llevando al sistema democrático a un punto de inflexión crítico y preocupante. Si logra corregir los excesos y las equivocaciones, el parteaguas será el comienzo de una nueva era; si por el contrario la clase dirigente cree que esto pasará como una lluvia de verano para volver pronto a la normalidad conocida, estaremos todos ante un riesgo mayor. Esta no es una lluvia cualquiera, esta es una tormenta que amenaza convertirse en un tsunami para muchos culpables o inocentes del sistema fracturado.

    Esta es una nueva era.

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    Publicado por Anónimo | 20 noviembre, 2016, 06:41
  7. Funciones y poder de la prensa

    Por Alcibiades González Delvalle

    Los grandes medios de comunicación estadounidenses recibieron fuertes críticas por haber apoyado a Hillary Clinton durante toda la campaña proselitista. El presidente electo, Donald Trump, no se ahorraba adjetivos para señalar lo que le parecía una falta de objetividad. El problema es que hay una idea generalizada de que la prensa tiene que guardar distancia en una contienda política y no mostrar simpatía –o antipatía– hacia ninguno de los sectores rivales. Es un error pensar así.

    La libertad de expresión cabe también a los propietarios o directores de medios. No por ser tales se los debe arrinconar en el silencio. ¿Cómo pretender que un periodista no tuviese ideas propias? ¿En nombre de qué “objetividad”? ¿Y qué es la objetividad? ¿Hacer un periódico descafeinado, sin opinión? De ser así, se cometería un grave daño a la libertad de pensar.

    Son cuatro las funciones de la prensa que la sociedad le ha encomendado: informar, opinar, explicar, entretener. Cada vez más el ciudadano necesita informarse. Ya no es posible vivir en la ignorancia de lo que acontece en el barrio, en la ciudad, en el país, en el mundo. Ninguna decisión se puede tomar sin tener a mano cuanto sucede a nuestro alrededor. Pero suceden tantas cosas que apenas hay tiempo para procesarlas y distinguir aquellas que podrían ser de nuestro interés. Entonces está el periodismo de explicación, aquel que nos sitúa en el centro de las noticias. Pero podría no ser suficiente para un lector riguroso que buscará la opinión personal del periodista o el editorial, que es la opinión del medio.

    Esta opinión, del periodista o del periódico, es un punto de vista particular entre muchos otros que podrían, desde luego, no ser coincidentes. Esta pluralidad, esta libertad de pensar distinto de otros es la esencia de la democracia. En esta situación la prensa, como órgano de opinión, como vocero de una parte de la sociedad, debe hacer escuchar su voz. No puede tener la misma opinión para los sectores en pugna. No puede elogiar a la derecha y a la izquierda al mismo tiempo. Criticarlas, sí, toda vez que no llenen la expectativa que se tiene en torno de ellas.

    En este sentido de la pluralidad, no falta a la ética el medio que apoya a un determinado candidato político. La condición es que si lo hace debe ser con total transparencia, sin ocultación, sin disimulo. El lector tiene que saber qué diario compra, cuál es su preferencia ideológica. Ocultarla con el pretexto de la “neutralidad” es inmoral porque, además, se la va a notar en los titulares, en el espacio que se le asigna, en las adjetivaciones. Por más que quiera esconderla le va a salir la hilacha por todos los costados. Mejor nomás presentarse tal como se piensa.

    Si la prensa tiene el derecho de tomar partido en una controversia, es su obligación abrir sus espacios a las noticias u opiniones contrarias. Negar este derecho a los demás es lesionar gravemente la libertad de expresión y la ética periodística.

    No hay anormalidad, entonces, en el hecho de que un medio de comunicación apoye una determinada propuesta política. El enojo de Trump y sus seguidores no tiene, entonces, una razón valedera, más aún cuando la prensa adversaria no ha influido en las decisiones de los electores. Pese a una recia campaña periodística ganó el candidato republicano. Y esta es la segunda lección: se le atribuye a la prensa un poder que no lo tiene. Es un invento su influencia nefasta o benéfica, por lo menos en la dimensión que se le asigna. Tampoco es completamente inocua, algún daño puede causar, pero no en la magnitud que suele creerse.

    Si la prensa tuviese en nuestro país el poder que dicen que tiene, ya no estarían paseándose por las calles centenares de corruptos que están en la función pública. Cada día los medios denuncian, demuestran, los más escandalosos hechos que salpican, que bañan, a quienes utilizan sus cargos para hacerse del dinero público de modo indebido. En este asunto, rara vez una campaña periodística es tomada en serio por las autoridades respectivas.

    En fin, los medios de comunicación tienen derecho a tener ideas propias, defenderlas y apoyar a quienes las encarnan, sin marginar las ajenas. Asimismo, carece del tremendo poder que le asignan. Si no ganan elecciones, si no ayudan a encarcelar a los delincuentes ¿dónde está la inmensidad de su poder?

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    Publicado por Anónimo | 20 noviembre, 2016, 05:34
  8. Trump debe hacer más contra los neonazis

    Por Andrés Oppenheimer

    Si el presidente electo Donald Trump quiere realmente frenar al Ku Klux Klan y los grupos neonazis que están celebrando su victoria y alentando los crímenes de odio en todo el país, debe ofrecer una disculpa detallada e inequívoca por el odio racial que él mismo incitó desde el comienzo de su candidatura presidencial.

    Hasta ahora no lo ha hecho. Lo que es más, ha nombrado a Stephen Bannon, exdirector de Breitbart –una red de noticias que publica artículos de supremacistas blancos, antihispanos, islamofóbicos y antisemitas– como jefe de estrategia de la Casa Blanca, uno de los puestos más importantes de la nueva administración.

    Los neonazis y el KKK están de festejos. El jefe del Partido Nazi estadounidense y el exjefe del KKK han aplaudido el nombramiento de Bannon. Ellos sienten –con buenos motivos– que sus ideas racistas, que hasta hace poco tiempo eran vistas con desdén, están recibiendo nuevos adeptos, e incluso tendrán una poderosa voz dentro de la Casa Blanca.

    El domingo, cuando Trump fue interrogado en 60 minutos de CBS sobre los actos de violencia racial que se realizan en su nombre, dijo que estaba “muy sorprendido” y “entristecido” de oír eso. Luego, refiriéndose a aquellos que cometen crímenes de odio, agregó: “Si ayuda, voy a decir mirando a la cámara: “¡Paren eso!”.

    Pero eso no será suficiente para deshacer el daño que Trump le hizo a este país desde que inició su campaña en junio de 2015 con la falsa afirmación de que los inmigrantes mexicanos están invadiendo Estados Unidos, y que la mayoría son criminales y violadores.

    De hecho, la inmigración ilegal de México ha estado cayendo en los últimos años, de 6.4 millones en 2009 a 5.4 millones hoy, según el Centro de Investigación Pew. Y la mayoría de los estudios muestran que hay menos crímenes cometidos por inmigrantes indocumentados mexicanos que por estadounidenses nacidos en Estados Unidos.

    Según el Southern Poverty Law Center (SPLC), se han reportado más de 300 casos de acoso racial e intimidación desde las elecciones del 8 de noviembre. NBC News confirmó independientemente varios de estos crímenes de odio, como pintadas con las palabras “Nación Trump, solo para blancos” en la pared de una iglesia de Maryland con servicios en español, eslóganes antinegros y esvásticas nazis en las paredes de otras iglesias y colegios.

    Un nuevo informe del FBI llamado Estadísticas de delitos de odio, publicado esta semana, muestra que el número de este tipo de delitos reportados aumentó un 6 por ciento en 2015, a 5.800 incidentes que involucraron a 7.121 víctimas. Muchos creen que estas cifras serán mucho mayores en 2016.

    Mi opinión: El propio Trump ha creado este monstruo. Él hizo resurgir los sentimientos racistas al fundamentar su campaña en la premisa de que los mexicanos tienen la culpa de gran parte de los problemas del país, y afirmando durante mucho tiempo –hasta que admitió recientemente que estaba equivocado– que el presidente Obama nació en Kenia, lo que fue un esfuerzo velado para deslegitimar al primer presidente negro de Estados Unidos.

    Decir “¡Paren eso!” en una entrevista no será suficiente para detener esta peligrosa escalada de crímenes de odio. Esto no es una grabación de The Apprentice. Esto es algo muy serio, que –a menos que se trate con seriedad– alentará aún más a los grupos supremacistas blancos y podría desencadenar una espiral de violencia racial.

    Trump debe comenzar por disculparse públicamente por la falsa declaración con la que inició su campaña electoral, de que la mayoría de los millones de indocumentados mexicanos son criminales y violadores.

    Debe pedir disculpas por haber dicho que el juez federal Gonzalo Curiel, que nació en Indiana, no es apto para ejercer su función en el caso contra la Universidad Trump porque “es mexicano”. Debe disculparse por haber dicho repetidamente –sin pruebas– que Obama no nació en este país. Y debería revocar el nombramiento de Bannon.

    Sr. Trump, no hay excusa para que usted no frene de una manera más contundente esta incipiente espiral de odio racial. Usted inició este ciclo. ¡Usted tiene que ponerle fin!

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    Publicado por Anónimo | 19 noviembre, 2016, 11:01
  9. ¿Victoria del trumpismo populista, o bien, derrota del elitismo liberal?
    17 Nov 2016

    Por Mario Ramos-Reyes

    Filósofo Político

    Fue una sorpresa, incluso, creo que para el propio Trump quien, al saber de su victoria, mostró un rostro sombrío, sobrio, al dirigirse a sus partidarios en el tradicional discurso de victoria, muy ajeno a sus formas histriónicas e irreverentes a las que nos tenía acostumbrados durante la campaña.

    La rebelión populista o el “trumpismo” marginado por ambas dirigencias de los partidos tradicionales, llega –sorpresivamente– a la presidencia. El tema como se ve es tremebundo y su verdad se pierde en los vericuetos de la realidad histórica.

    Y de las pasiones humanas. Por eso quiero asignar dos perspectivas que espero, puedan ayudar a pensar este hecho inusitado. La primera es acerca de las razones, brevemente, de la victoria populista. Y la segunda, en otro artículo, las razones de la derrota del liberalismo de Hillary. El hecho, por su naturaleza política, implica una ruptura histórica sin precedentes; supone –o nos invita a suponer– que una época lentamente está muriendo y otra, aún no bien delineada, está apareciendo en la escena pública.

    Yo había escrito hace bastantes semanas que la posibilidad de una victoria de Trump era plausible pero improbable: es que suponía, erróneamente, que el abrirse paso a la presidencia sin la infraestructura y el dinero de los “lobbies” y de los aparatos partidarios era una suerte de bravuconada quijotesca y, por eso, el “trumpismo”, reflejaba más una forma de protesta que un movimiento con voluntad de llegar al poder.

    Tal vez, inconscientemente, había caído en la trampa de la pretensión racionalista de creer que la realidad política se la puede controlar y calcular y que, al no tener el populismo de Trump esas herramientas en una sociedad altamente burocratizada, su éxito era ilusorio. Es el típico error del racionalismo liberal, de creer que la política es cuestión de planeamiento estratégico, organización, publicidad, encuestas, medios de comunicación.

    Lo contrario parece ser verdad en política, y de eso nos recuerda siempre el viejo Aristóteles. La política es ciencia pero apenas en sentido amplio. No es matemática, no se entiende con encuestas, no sirve de mucho planificarla. Política no es dos más dos igual a cuatro, algo tan irracional como usar retórica a un alumno para convencerlo de un teorema. Pero suficiente filosofía con esto.

    Lo que el lector se preguntará es algo más inmediato, el por qué ganó Trump. ¿Cómo es que alguien que en sus invocaciones a veces confusas, a veces narcisistas, con un lenguaje brutal, soez, en los debates puede ser votado? ¿Cómo es que alguien sin nada de sofisticación ideológica, ha podido persuadir a millones de votantes? ¿Cómo es que un billonario, ajeno a las necesidades reales de la gente y sin experiencia, pueda ganar?

    Sería fácil y sencillo el dar respuesta a la primera pregunta repitiendo lo que algunos han dicho al calificar a los votantes de Trump de fanáticos, racistas, ignorantes, extremistas, locos fundamentalistas, homofóbicos, nacionalistas, sexistas, resentidos y demás. Más allá de la verdad o no de esos calificativos en algunos casos, eso no hace sino, justamente, mostrar el problema: el rostro de una élite; que cultural y económicamente, se siente superior.

    Y eso explica una primera razón de la victoria de Trump: la de ser percibido como un “outsider”, un indeseable, alguien que no pertenece a la clase política o elite profesional. El que Trump fuera calificado como alguien sin carácter de presidente, resultó a la postre no ser una debilidad sino, al contrario, la opción de alguien que no pertenecía al establishment.

    Pero, ¿y su lenguaje brutal, soez, chabacano, como el de un camionero masticando jerky (cecina) diciendo groserías? Por lo mismo, como un “outsider”, su imagen con el votante no era la de racionalidad política sino de pertenencia y afectos.

    Él se presentaba como el mismo votante, el votante marginado y desempleado de Michigan o Wisconsin, engañados por el “chorreo económico” de los republicanos y, olvidados por el ecologismo de los demócratas. A Trump se lo ama o se lo odia.

    ¿Qué decir, además, de su solidez ideológica? De nuevo, descalificar por no tener ideología es no ver la realidad. No solo nuestro tiempo está deviniendo post-ideológico, sino que la propuesta de Trump nunca lo fue. Por eso calificarlo de “extrema derecha”, nativista, reaccionario, aislacionista, etc., no sólo son inexactas, sino, insisto, han sido ineficaces para persuadir a votantes de abandonarlo.

    Fíjese el lector, simplemente en ciertos datos. Trump ganó en Estados como Pennsylvania y Ohio, tradicionalmente inclinados al lado demócrata-populista, Estados que ganara Obama en sus campañas. Lo que indica que los votantes de Obama y Trump serían los mismos. El lenguaje antiglobalización, el de los perdedores de la competencia y el engaño del libre comercio, ha resonado enormemente en gran parte del electorado. El modo directo de Trump ha capturado en una serie de tópicos, las necesidades reales del norteamericano medio sin una educación universitaria de élite.

    Por último, ¿cómo se explica a un billonario al servicio de “los de abajo”? Claro, pues, al estar el sistema político manejado por grupos de interés, y lobistas que financian a los políticos, solo alguien con dinero propio podría tener éxito en desafiar a ese mismo sistema. Esa fue la tragedia de Bernie Sanders que no pudo, en muchas políticas similares a las de Trump, con el aparato del partido demócrata controlado por los Clinton.

    ¿Será esto suficiente para gobernar y crear una nueva época histórica post globalista, más política y menos economicista? Difícil es decirlo y, tampoco, me atrevo a calcular la realidad. Lo que no creo mucho es que el populismo, como tampoco el liberalismo procedimental, sea el auténtico contenido de una república.

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    Publicado por Anónimo | 18 noviembre, 2016, 06:07
  10. “Agarrarlas de la vagina”

    Por Guido Rodríguez Alcalá
    Este comentario de Donald Trump (grab them by the pusy) sobre la manera de tratar a las mujeres tuvo como respuesta la canción Straight outta vagina (cantada en inglés y no en ruso) del grupo musical ruso Pussy Riot. Sus integrantes, mujeres que ya estuvieron presas por cuestionar el sistema político, no son las únicas indignadas: para la ceremonia de toma de mando se prepara una gran manifestación de mujeres.

    En internet puede encontrarse la palabra bushismo: las declaraciones desafortunadas de George W. Bush. Antes de asumir el cargo, el presidente electo ha sorprendido con varios trumpismos. Ha prometido levantar, a lo largo de la frontera con México, un muro de diez metros de alto y hacérselo pagar a los mexicanos, bajo amenaza de intervención militar en caso de negarse a pagarlo. El Gobierno mexicano, según Trump, envía a los Estados Unidos a sus criminales, razón por la cual sus inmigrantes son violadores y homicidas. Dicho sea de paso, muchos inmigrantes indocumentados han sido explotados por empresarios norteamericanos, incluyendo el propio Trump, quien además ha evadido impuestos por muchos años sin ser molestado por la Fiscalía.

    Utilizar la tortura del agua (la pileta de los tiempos de Stroessner) le parece bien a Trump, quien ha prometido incluso utilizar tormentos más extremos contra los terroristas, a quienes se muestra decidido a eliminar junto con sus familias. A los terroristas, dijo Trump en trumpés (su versión personal del inglés), los va a “cagar a bombazos” (bomb the shit out of them).

    El cambio climático, para él, es una mentira de China, urdida para perjudicar a la economía norteamericana; por eso dejará sin efecto las normativas ecológicas. Además, impondrá tarifas proteccionistas a los productos chinos; por su parte, los chinos han prometido pagar con la misma moneda. Una guerra comercial entre las dos potencias no es el mejor modo de mejorar la economía mundial.

    A los políticos se les acusa de no cumplir sus promesas; es mejor que Trump no cumpla las suyas. Para ciertos analistas, el sistema norteamericano le obligará a ser prudente. ¡Ojalá! De todos modos, lo grave es que haya ganado las elecciones con esas promesas.

    La derecha es un conjunto de antipatías (contra los inmigrantes, los negros, los musulmanes, etc.). Manipulando antipatías surgió Trump, y no es el único. En Inglaterra ha ganado peso el partido de derecha UKIP, que presenta a Inglaterra como una víctima de los extranjeros. La versión francesa es el Frente Nacional, con Marine Le Pen, con buenas posibilidades de ganar las elecciones de 2017. En diciembre se votará en Italia y Austria; el resultado podría favorecer a la derecha, fuerte en otros países europeos.

    No estamos en 1930, pero puede temerse un resurgimiento del fascismo.

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    Publicado por Anónimo | 16 noviembre, 2016, 08:59
  11. Aproximación al fenómeno

    Por Danilo Arbilla

    Despejada la gran duda –Trump ganó–, ahora la incertidumbre es mucho mayor: ¿qué va a hacer? Además, una interrogante extra que no puede echarse en bolsillo roto: ¿por qué ganó Trump?

    Casi todos lo daban perdedor. Para el Premio Nobel Mario Vargas Llosa era imposible e impensable, no que Trump llegara a ser presidente de los EE.UU., sino que consiguiera ser candidatos de los republicanos. “El pueblo norteamericano es profundamente democrático”, argumentó en Charleston, Carolina del Sur en octubre 2015, en Asamblea de la SIP, el reconocido escritor peruano.

    Sobre ¿qué hará? “chi lo sa”.

    Vi y oí a algunos analistas internacionales algo más calmados por el “discurso conciliatorio” de Trump, posvictoria.

    Ahora, ¿qué esperaban? Que saliera diciendo –tipo Maduro– “los que no me votaron ahora la van a pagar muy caro”. Es natural que dijera lo que dijo.

    Lo que hará, para empezar, en el peor de los casos no iría más allá que lo que él mismo ha anunciado. Y esto sin olvidar que una cosa es Trump candidato y su campaña y otra es Trump presidente. En EE.UU. como en cualquier lado los candidatos pueden prometer y decir cualquier cosa, pero llegado al gobierno es diferente: hay que gobernar. Y hay que hacerlo con lo que hay. No se puede hacer cualquier cosa, aunque se quiera. Además, Trump fue electo presidente y no dictador (por más que pudiera gustarle). Y admitámoslo: los EE.UU. es un país donde las instituciones, los poderes republicanos y la ciudadanía son válidos y respetables. (Y esto sin tener en cuenta el “aparato” o el “stablishment”, que ahí está).

    Lo que hay de cierto por ahora es poco.

    Está el caso de las encuestas. Fallaron otra vez: pasó en Argentina, en el Reino Unido, en Colombia.

    ¿Es que los encuestadores se han vuelto brutos? Creo que no, pero parecería que como ocurre con los virus que se acostumbran a los antibióticos, mucha gente se resiste a las encuestas. Oculta su opinión ya sea por indiferencia, por enojo, por inconformidad o por cansancio y rechazo a lo mismo de siempre y a los nuevos dueños y popes de la sociedad civil.

    De ahí las sorpresas: Brexit (Reino Unido), No (Colombia), Trump (EE.UU.).

    Sin dudas en estos tiempos habría que ser más cuidadoso en apostar en base a las encuestas y mucho más en gobernar en función de ellas, práctica bastante peligrosa y poco recomendable.

    Tampoco es cuestión de las redes. No creo eso. El impacto Trump fue él mismo, ante la gente, con payasadas, insultos, falta de respeto a lo que se le ocurriera, lo que a su vez era “destacado” por los medios tradicionales a los que atacaba, los hacía enojar y estos le daban más vida.

    Trump no fue el primero –ni será el último– en atacar a la prensa y a los periodistas. Siempre hemos sido “chivo expiatorio” para políticos y gobernantes y para todos los que le quieran echar la culpa a alguien porque le sale mal alguna cosa.

    Pero Tump los hizo entrar por el aro. Y fueron sus principales promotores. No se analizó ni se hurgó sobre la eventualidad de que lo que a la prensa le parecía un disparate, le caí bien, le gustaba y le llegaba a mucha gente (quizás la que se resistía a las encuestas). En contra de Trump hubo 239 diarios y 131 semanarios y a favor 13. Será que ya no sirven para nada. No es así: en mi opinión sigue siendo la que fija y respalda la agenda. Ahora, si se pierde el equilibrio, si aparecen los sesgos, si se deja de informar lo que ocurre, para difundir solo lo que nos gusta de lo que ocurre o peor, lo que nos gustaría que ocurriera, entonces todo cambia. Se pierde la credibilidad, y se pierde todo.

    Quizás demasiada soberbia y poca autocrítica. Las cosas que dijeron de los pobres ingleses (unos burros, unos tontos) o de los que votaron por el No. Lo que se dirá ahora de los gringos: ¿seguirá siendo “un pueblo profundamente democrático” como decía Vargas Llosa?

    Lo cierto es que Trump ganó y lo hizo contra el caballo del comisario. No recuerdo caso anterior en que un presidente de EE.UU., no reelegible, participara tanto y con tan poco disimulo en la contienda.

    Obama fue el gran derrotado. Trump es producto de su obra, de su gobierno, de lo que hizo, además de frivolidades y algunas estupideces: 15 días antes de las elecciones flexibilizó más la política con Cuba y hasta por primera vez EE.UU. no votó el embargo en la ONU. Cuantos votos le sumó en la Florida a Trump. Si Hillary hubiera ganado allí, Trump no habría llegado a los 270 electores. Por qué no espero dos semanitas. Electoralmente hablando fue una estupidez.

    Obama también un outsider sin experiencia como Trump –por favor, otro más pateando fuera de la escupidera– no hizo un buen gobierno, no supo ver ni entender y mucho menos prever ese creciente descontento de una gran mayoría de norteamericanos, cada vez más desencantados, confusos y hasta resentidos, a los que Trump, con su desagradable cara y estilo sí les supo llegar.

    Se dice que fue un voto contra las minorías. No se si contra, pero es muy posible que fue un voto generado a partir de las minorías, de los abusos y de la condición de intocables y privilegiadas por obra del gobierno, a costa de los derechos de una mayoría –sin cupos ni escudos– cada vez más empobrecida y marginada y que además tiene que “bancar” a aquellas.

    Puede que haya mucho de ello. Es notorio que hay cambios en la gente, los que no los detecta ni las encuestas ni la prensa, ni las redes, pero están allí a la espera de quienes se den cuenta y los exploten. Para bien o para mal.

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    Publicado por Anónimo | 16 noviembre, 2016, 08:35
  12. Para adentro
    Quizás la conclusión más profunda de las elecciones en Estados Unidos sea el duro cuestionamiento de los promotores de la globalización, de la era del conocimiento, del outsourcing, del proyecto de ver la tierra “plana” como diría uno de sus grandes panegíricos, Thomas Friedman. Trump desde el martes 8 de noviembre proyectó hacia adentro todos los miedos y las dudas sobre la realidad y el futuro en un cambio de era profundo y perturbador.

    La mirada hacia adentro trajo consigo un electorado de “perdedores” que decidió castigar a los “ganadores” del proceso globalizador y, aunque el personaje electo sea profundamente contradictorio en su conducta, lo hicieron finalmente presidente de la nación más poderosa económica y militarmente a nivel mundial.

    Se vienen tiempos duros para varios países cuyos habitantes han tenido que huir de su tierra buscando el sueño americano y desde ahí vía remesas oxigenar económicamente a sus familiares, al tiempo de dar municiones a sus presidentes para denostar contra el país anfitrión. Ahora serán los primeros en cuestionar las deportaciones masivas de duro impacto económico y de seguridad. Hay más de un millón de ecuatorianos en Nueva York, más de 15 millones de mexicanos cuyas remesas constituyen la segunda fuente de ingresos del país después del petróleo… y así otros países cuyos mandatarios fortalecieron el discurso antiestadounidense y que ahora le pedirán de rodillas que no expulse a sus compatriotas. Este modelo de aislamiento se prolongará en todo el mundo y, a pesar de que los 11 millones deportados prometidos en campaña ya se redujeron a 3 en la primera entrevista, claramente Trump estará por debajo del mayor deportador en la historia de Estados Unidos, que ha sido Barack Obama.

    Vamos a ver una conversación más seria al interior de nuestros países y nuestras conciencias. Estaremos cuestionando: ¿por qué mil millones de seres humanos no viven en los lugares donde nacieron? ¿Por qué tuvieron que huir? ¿Qué condiciones contrarias se desarrollaron para que vieran a América solo con ojos de nostalgia? Estas son cuestiones en las que Trump sin quererlo nos verá forzados a resolver. Los políticos deberán huir de los simplismos. De los lugares comunes, de las afirmaciones machaconas contra el país anfitrión grandemente beneficiado por los inmigrantes de paso, pero ahora con el malestar en las urnas se verá obligado a tomar medidas populistas para agradar al “soberano”.

    Vamos a dejar de mirar la vida en la vida de los demás. Vamos a necesitar ser nosotros mucho más que los pretextos que nos han privado de vivir con dignidad en los lugares donde nacimos. Seremos más duros e implacables contra quienes se llenan la boca de pueblo mientras vomitan por millones a sus conciudadanos a vivir una cultura diferente. Es el tiempo de la madurez. Esto que parece catastrófico, quizás traiga consigo el fin de la eterna adolescencia de culpar a otros de nuestros males propios.

    Vamos a mirarnos hacia adentro con mucho mayor rigor y eso no es poco para millones de adolescentes perpetuos.

    Benjamin Fernandez Bogado

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    Publicado por Anónimo | 16 noviembre, 2016, 08:29
  13. La victoria de Trump: un golpe a la globalización

    Por Andrés Oppenheimer

    La victoria del presidente electo Donald Trump es un golpe mayúsculo a la globalización y probablemente llevará a un período de populismo nacionalista en Estados Unidos, y quizás en el mundo.

    A juzgar por lo que ha dicho públicamente, Trump quiere dar un paso atrás de algunos de los principales compromisos comerciales, ambientales y políticos de Estados Unidos con el resto del mundo. Probablemente no podrá hacer todo lo que prometió, aunque controlará las dos cámaras del Congreso, pero se moverá en esa dirección.

    “El americanismo, no el globalismo, será nuestro credo”, dijo Trump en su discurso de aceptación del 21 de julio en la Convención Nacional Republicana. Dijo que “la diferencia más importante” entre su plan y el de su oponente, la candidata demócrata Hillary Clinton, era que “nuestro plan pondrá a Estados Unidos primero”.

    En cuanto a la inmigración, es poco probable que Trump haga un esfuerzo serio para deportar a los 11 millones de inmigrantes indocumentados. Eso sería demasiado costoso, y plantearía demasiados problemas legales.

    Más bien, Trump probablemente aumentará las deportaciones, que ya alcanzaron cifras récord bajo el presidente Obama, y las publicitará más que su predecesor. Trump también puede terminar o reducir la acción ejecutiva de Obama que otorgó visas temporales a cerca de 800.000 inmigrantes indocumentados que llegaron al país de niños.

    Sobre su promesa de construir un muro a lo largo de toda la frontera con México, Trump probablemente alargará el muro existente. Pero no conseguirá que el Congreso le dé entre los USD 12.000 millones y USD 25.000 millones que serían necesarios para completarlo.

    Probablemente pedirá los fondos, y luego culpará al Congreso durante los próximos cuatro años por no autorizarlos. Además, Trump deberá tratar de evitar una reacción nacionalista en México, que podría resultar en la elección del candidato izquierdista Andrés Manuel López Obrador en el 2018.

    En cuanto al comercio, Trump ha amenazado con retirarse o renegociar el Tratado de Libre Comercio de América del Norte con México y Canadá. Pero será difícil que lo haga, porque México y Canadá se opondrán a eso y sus propios legisladores del Partido Republicano probablemente no aprobarán un retiro unilateral de Estados Unidos.

    Sobre su propuesta de poner un arancel del 35 por ciento a las importaciones mexicanas, significaría que el precio de un automóvil Ford ensamblado en México aumentaría en unos USD 8.000 en Estados Unidos. Dudo que Trump quiera hacerles eso a los consumidores estadounidenses. Más bien, impondrá algunas tarifas marginales a las importaciones para apaciguar a sus partidarios contrarios al libre comercio.

    Pero Trump probablemente aniquilará el Acuerdo de Asociación Transpacífico (TPP) de Obama, firmado por Estados Unidos y 11 países asiáticos y latinoamericanos, así como la propuesta de la Asociación Transatlántica de Comercio e Inversión de Estados Unidos con la Unión Europea.

    Sobre el cambio climático, Trump ha dicho que no cree que sea causado por el hombre, y prometió cancelar el Acuerdo de París de 2015 firmado por Obama con casi 200 países para reducir las emisiones de dióxido de carbono. Aunque Trump no puede retirarse de ese acuerdo a corto plazo, probablemente postergará su implementación, lo que conduciría a China e India a hacer lo mismo.

    Donde veo que será el mayor impacto del populismo nacionalista de Trump es en las áreas de democracia y derechos humanos. Trump ha sugerido que intentará mejorar los lazos de Estados Unidos con autócratas como el presidente ruso Vladimir Putin, a pesar de sus violaciones a los derechos humanos. “No creo que tengamos derecho a dar lecciones” a otros países, dijo Trump al New York Times el 20 de junio.

    Mi opinión: el populismo nacionalista de Trump, junto con la decisión reciente de Gran Bretaña de retirarse de la Unión Europea, parece estar llevándonos a un mundo menos globalizado, y más fragmentado. Es probable que, bajo Trump, Estados Unidos dé marcha atrás en su activismo internacional a favor de la democracia y derechos humanos.

    Hay que darle a Trump la oportunidad de hacer las cosas bien antes de criticarlo. Pero algunos de nosotros seguiremos nerviosos ante la posibilidad de que su populismo nacionalista y su consigna de “América primero” lleve al aislacionismo, y a un peligroso unilateralismo.

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    Publicado por Anónimo | 15 noviembre, 2016, 07:07
  14. El triunfo de Trump

    El triunfo de Donald Trump en las elecciones presidenciales de los Estados Unidos de Norte América obedece a razones muy claras y precisas, que lastimosamente muchas personas no quieren ver o aceptar, ya sea por intereses ideológicos, económicos, o simplemente por ignorancia.

    El sistema político de occidente, Paraguay incluido, no se compadece con la realidad del siglo XXI; seguimos con instituciones políticas propias del siglo XIX, con partidos políticos manejados por élites que no representan a la población, y seguimos idealizando conceptos como el de “democracia” que es falaz y que en cada país y cada partido le asigna un significado diferente; Fidel habla de democracia; Ortega en Nicaragua habla de democracia; lo mismo Nicolás Maduro y Evo Morales; y ¿al pueblo qué le importa?

    Vivimos en un mundo corrupto hasta los tuétanos, y simplemente inmoral; el 0,1% de la población del mundo se lleva un pedazo de la torta que es simplemente inaceptable en tanto la clase media se pauperiza; y los gobernantes compran los votos del sector más carenciado mediante medidas populistas, como regalar el agua, la luz eléctrica, o el petróleo, como en Venezuela, en donde por un dólar llenas el estanque de tu auto, porque “¡cómo vamos a cobrarle el combustible al venezolano si es de él!”.

    Donald Trump no es ningún patán ni imbécil; es un exitoso hombre de negocios, y, estamos de acuerdo, no es “políticamente correcto” (yo tampoco lo soy) ¡porque dice las verdades que nadie quiere escuchar! Los antisistemas han infiltrado hasta tal punto nuestra cultura que han triunfado en donde era más difícil: eliminar la disciplina y la jerarquía. Hoy un padre no puede castigar a un hijo que se porta mal porque ¡se puede ir preso! O un profesor no puede aplazar a un burro de alumno porque ¡los padres van de amparo! Y para qué hablar de hacer ¡el servicio militar! ¡Horror de horrores!

    Sebastián Eyzaguirre

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    Publicado por Anónimo | 14 noviembre, 2016, 08:00
  15. Trump y las relaciones internacionales

    Occidente necesita un remezón, y uno fuerte; Hillary Clinton representó el continuismo, más de lo mismo; Donald Trump representó el cambio, el remezón, y por eso triunfó, le guste o no a todos los que les gusta ser “políticamente correctos” porque nunca han sufrido necesidades en carne propia.

    Donald Trump tiene una visión clara de mejorar la seguridad interna, sin olvidarse de que su principal objetivo a nivel internacional es acabar con ISIS. De acuerdo a esta línea de prioridades, su política internacional se basa principalmente en el respeto al Derecho Internacional y a la soberanía de los países. Ha manifestado claramente que Estados Unidos dejará de buscar instalar democracias internacionales y de intervenir en países donde no tiene derecho a hacerlo.

    Asimismo, ha planteado una relajación de las tensiones y cooperación mutua con China y Rusia. Ha afirmado que no comparte el sistema de gobierno de otros países pero que los respeta y que solo recurriría al conflicto armado en defensa de una amenaza concreta y directa dirigida contra Estados Unidos.

    Este es un discurso más abierto y beneficioso que el que tuvo Clinton sobre el mismo punto.

    Pedro Cáceres

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    Publicado por Anónimo | 14 noviembre, 2016, 07:59
  16. Por qué ganó Trump

    Por Carlos Alberto Montaner (*)

    ¿Por qué casi 60 millones de norteamericanos votaron por Donald Trump y lo convirtieron en el próximo presidente de Estados Unidos? Eso hay que explicarlo.

    Se trata de un multimillonario, habilísimo negociante que jamás ha sido acusado de filantropía, presunto evasor de impuestos, irrespetuoso con las mujeres, a las que atrapa por la entrepierna sin pedirles permiso, y con los discapacitados, de los que se burla, o con los hispanos, o con todo el que se le opone o detesta. Un tipo carente de filtros que dispara desde la cintura sin medir las consecuencias de sus palabras.

    Estas son las ocho razones principales, y ninguna tiene que ver con los emails negligentes de Hillary Clinton o con las mentiras que le atribuyen. Las personas no suelen votar por esas causas, de la misma manera que a Trump no lo rechazó algo más de la mitad del electorado por las señoras que lo acusaron de haberlas manoseado. Esas son racionalizaciones del voto, justificaciones cerebrales, pero no las razones ocultas, casi todas vinculadas a cuestiones emocionales o a intereses personales.

    Primero, votaron por él porque es un macho alfa, como los etólogos clasifican a los líderes de la manada. Trump nació para mandar. Rezuma autoridad. Camina y gesticula como un jefe. Ese don de mando, como se le llamaba antes, se convierte en un sentimiento de seguridad entre los ciudadanos de a pie. Si Estados Unidos no fuera una democracia, lo llamarían Duce, Führer o Gran Timonel. Pertenece a la estirpe de los grandes caudillos.

    Segundo, porque era un personaje famoso procedente de la tele y vivimos en “la civilización del espectáculo”, como tituló Mario Vargas Llosa su notable ensayo. Nada atrae más la atención del americano medio que los habitantes destacados de la “caja tonta”.

    Tercero, porque es un magnífico comunicador que genera titulares. “Hablen de mí, aunque sea mal, pero hablen”. Está intuitivamente dotado para nutrir a la prensa con la observación aguda, la frase escandalosa o el comentario desafiante. Novecientos periódicos lo atacaron y solo uno lo defendió. No importa. Lo único que contaba era la celebridad.

    Cuarto, porque advirtió que su mejor vivero de electores era la clase trabajadora menos ilustrada de las zonas rurales, frustrada y venida a menos durante el paso de la era industrial a la del conocimiento. Trump le prestó la voz y los llenó de ilusiones.

    Quinto, porque supo crear un relato nacionalista de víctimas y victimarios, en el que sus electores eran honrados trabajadores que padecían los atropellos marginadores de la globalización.

    Unas veces los chinos eran los victimarios que utilizaban una moneda artificialmente devaluada en la que vendían barato el fruto de su trabajo. Otras, eran los pérfidos mexicanos, que no solo enviaban a Estados Unidos a su peor gente, violadores y delincuentes, sino que se aprovechaban de la ingenuidad norteamericana para estafar a sus trabajadores en los Tratados de Libre Comercio. Trump, el maestro en el arte de negociar, anularía o reemplazaría esos acuerdos.

    Sexto, porque Trump, a sus setenta años, a sus tres mujeres sucesivas y a su familia glamorosa, era la quintaesencia del patriarca exitoso en una sociedad (como casi todas) que no ha superado esa fase de la evolución de la especie.

    Es verdad que las mujeres americanas votan y son elegidas desde 1920 (cincuenta años después de que los varones negros pudieron hacerlo), pero a estas alturas del partido, casi un siglo más tarde, ninguna mujer ha llegado a la Casa Blanca y apenas un 5% dirige las grandes empresas del país. Con tetas no hay jefatura.

    Séptimo, porque el machismo y el sexismo, derivados del patriarcado, les exigen a las mujeres un comportamiento diferente al de los hombres. ¿Qué le hubiera sucedido a Hillary si hubiese exhibido una biografía genital como la de Bill o la de Donald? ¿O si hubiera discutido el tamaño y la profundidad de su vagina, como hizo Trump con relación a su glorioso pene? La hubiesen fusilado al alba.

    Octavo, porque los demócratas llevaban ocho años en el gobierno y eso genera fatiga en una parte sustancial del electorado. Obama llegó al poder prometiendo un cambio, mientras Hillary asoció su campaña a la continuidad. Eso no es atractivo. Es verdad que Obama se despedirá de la Casa Blanca con un 54% de simpatía, pero, simultáneamente, un 70% de la sociedad tiene una visión pesimista del futuro y ya se sabe que ese estado anímico conduce a la oposición y a la melancolía. Trump prometía un cambio. Era un salto hacia el pasado, pero era un cambio.

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    Publicado por Anónimo | 14 noviembre, 2016, 07:46
  17. El mesías esperado

    Por Jesús Ruiz Nestosa

    Hará unos cinco años, al actor ingles Ralph Fiennes (“El Gran Hotel Budapest” y varias de “Harry Potter) decidió llevar al cine “Coriolanus”, una de las últimas obras escritas por William Shakespeare. Pero la alteró ligeramente ya que la acción, que transcurre en Roma, la trasladó a la época presente. Coriolanus ya no es el victorioso general romano sino un general británico condenado al exilio. Esto lo empuja a pactar con su peor enemigo, Tulo Aufidio, general de los volscos y decide destruir la ciudad que en esta versión no es Roma sino Londres.

    Al terminar la película se tienen sensaciones contradictorias. La principal: es, o era, poco convincente ver a aquellos guerreros a las afuera de Londres, con armas muy modernas y uniformes y enseñas con reminiscencias nazis. Era difícil creer que aquello pudiera suceder contemporáneamente o en un futuro inmediato. Menos en Londres, la democracia más antigua del mundo, cuna del liberalismo y también del comunismo. Marx escribió en esa ciudad su obra fundamental “El Capital”.

    Cuando el pasado miércoles por la mañana, a causa de la diferencia horaria, me enteré que las elecciones de los Estados Unidos de Norteamérica las había ganado Donald Trump, la primera imagen que se me presentó fue la del general Coriolanus a las puertas de Londres. No fue hasta el jueves, siempre por la diferencia horaria, que los periódicos europeos expresaron su sorpresa por tales resultados. Nadie se lo esperaba. Ni siquiera aquellos que sentían simpatía por este advenedizo populista y rico empresario, pero ignorante e inexperto.

    El mundo se ha vuelto más inseguro. Estamos atrapados entre peligrosos populismos de izquierda y de derecha, porque hay de los dos. En Europa tenemos, de los primeros, a Podemos en España y Syriza en Grecia; de los de derecha en Inglaterra, Polonia, Hungría… por el momento, con la amenaza de que entren en el grupo, muy pronto, Alemania, Francia, Austria y Países Bajos. En Latinoamérica tenemos a Venezuela, Bolivia, Ecuador, Nicaragua y Cuba. Quienes creemos todavía en la libertad, en la democracia, en el valor de la inteligencia y la creatividad, ¿terminaremos aplastados entre estos dos bloques?

    Hace ya más de dos siglos, en nuestro continente, figuras tan relevantes como Simón Bolívar, Andrés Bello, Antonio José de Sucre, José María Heredia, Fray Servando Teresa de Mier, Vicente Rocafuerte y muchos otros, discutían ya la necesidad de tener ciudadanos educados para poder asentar sobre ellos una democracia duradera. La preocupación de aquellos hombres ilustres cayó en saco roto. Vemos de qué manera es suficiente con que aparezca una figura que asegure ser el mesías esperado, que se proclama como el único capaz de solucionar muchos problemas y de halagar sentimientos irracionales que por diferentes motivos permanecían soterrados, para ponerse al frente de una nación y lanzarse a una aventura que no sabemos cómo terminará. Ante los discursos agresivos, violentos, insultantes que acostumbraba pronunciar Trump en sus asambleas políticas me parecía estar escuchándole al general español ya fallecido José Millán-Astray gritando en el paraninfo de la Universidad de Salamanca: “¡Viva la muerte! ¡Muera la inteligencia!” dirigiéndose al escritor Miguel de Unamuno.

    Las noticias que traen los periódicos de hoy no son muy esperanzadoras. Trump se ha puesto en campaña para formar su equipo de gobierno y está buscando gente en Wall Street, el sector financiero. Es de los que piensan que la nación es una gran empresa y que si la manejan como lo hacen con sus empresas, la abundancia caerá a raudales. Este fenómeno lo conocemos muy bien en nuestro país donde los electores, engañados por esta falsa idea, llevaron a la presidencia a más de un empresario con resultados funestos en todos los campos. La nación es un fenómeno político con toda la complejidad que esto entraña. Los políticos nos caen mal y méritos han hecho para lograrlo. Lastimosamente los necesitamos y lo único que podemos hacer es tratar de controlarlos. Lo que debemos evitar es que vengan los mesías a salvarnos porque de seguro que ellos son quienes nos llevarán precisamente a la ruina.

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    Publicado por Anónimo | 14 noviembre, 2016, 07:38
  18. Conjura de novela y temor real

    Por Blas Brítez
    Un unánime grito se escucha en todo el barrio judío de Newark, en Nueva Jersey, en la mañana del viernes 28 de junio de 1940: “¡No!”. El héroe de la aviación estadounidense, Charles Lindbergh, acaba de ser aclamado candidato a presidente de los Estados Unidos por el Partido Republicano. El popular aviador había viajado cinco años antes a la Alemania nazi, llamado poco después a Adolf Hitler “un gran hombre”, recibido en 1938 de manos de Hermann Ghoering la Cruz de Servicio del Águila Alemana, y anotado en una entrada de su diario del 1 de setiembre de 1939 que su país debía protegerse del “debilitamiento a causa de ideas extranjeras… y la infiltración de sangre inferior”. Se refería a los judíos. En noviembre de 1940, derrota a Roosevelt y se convierte en presidente.

    En el 2004, el novelista Philip Roth imaginó qué hubiera pasado si Lindbergh y sus ideas minoritarias (pero no por ello menos influyentes en la derecha blanca) se convirtieran en dominantes en plena Segunda Guerra Mundial, y construyó en La conjura contra América una posible historia alternativa de los Estados Unidos bajo la tutela de la intolerancia política. Entonces, en la novela el país del Norte firma pactos de no agresión con Alemania y Japón, y desarrolla un programa económico-político asesorado por el Comité América Primero, que en los años 30 propugnó un aislacionismo bélico (a favor de los nazis, con quienes muchos de sus prominentes miembros tenían negocios) y, sobre todo, el desmantelamiento del Estado de Bienestar rooseveltiano (sospechoso de bolchevismo) y la persecución a las minorías.

    Donald Trump se convirtió el pasado martes en el 45° presidente de los Estados Unidos. Uno de los lemas de su campaña fue América Primero, tomado del comité del cual formó parte Lindbergh. Su campaña se basó en cierta demagogia populista (la que los medios de comunicación subestimaron), en ataques a los inmigrantes, en una misoginia bufonesca y una especie de aislacionismo nacionalista (poco creíble). En economía, aboga por un proteccionismo que marea a los teóricos, vocifera contra las empresas que emplean mano de obra barata fuera de Estados Unidos y critica tratados de libre comercio con una retórica de cervecería de Munich de los años 20.

    En la realidad, las ideas de Lindbergh no cuajaron electoralmente porque el New Deal keynesiano de Roosevelt había reencauzado al capitalismo norteamericano después de la Gran Depresión, mediante un Estado asistencialista, lo que evitó revueltas sociales tanto por derecha como por izquierda. Hoy, Estados Unidos todavía sigue sumida en los efectos de la crisis de 2008 y puede que se avecine otra, sin New Deal que lo alivie, lo que hace pulular el peligro fascista con peso electoral.

    “El temor gobierna estas memorias, un temor perpetuo”, escribe Roth. Hay un temor de novela y un temor real.

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    Publicado por Anónimo | 14 noviembre, 2016, 07:36
  19. Michael Moore e Ignacio Ramonet

    Apenas conocido el triunfo electoral de Donald Trump en Estados Unidos, la poderosa coalición que se formó para impedirle que llegue a la presidencia de la República empezó a preparar sus alternativas para impedirle desmontar los privilegios del “establishment” y, eventualmente, destituirlo. Michael Moore ya anunció que hay que preparar su derrocamiento y que Trump no terminará el periodo para el cual fue elegido.

    Todo ello tratando de destruir, de paso, el sistema institucional norteamericano que lleva garantizando la libertad casi doscientos cincuenta años. Por ese potencial lo defendió Abraham Lincoln en Gettysburg.

    Los socialistas como Moore insisten, por ejemplo, en criticar la institución del “Colegio Electoral” en Estados Unidos: “Y, por último, no perder de vista que una mayoría popular de votos prefirió a Hillary y que si Trump ganó fue gracias a una anacrónica idea del siglo XVIII llamada Colegio Electoral”.

    El “Colegio Electoral” es, sin embargo, la base de la soberanía de los Estados que integran la Unión norteamericana (federalismo) y del sistema descentralizado de gobierno, es un pilar fundamental del principio de la división de poderes y, por tanto, es una barrera a la concentración y centralización antidemocráticas del poder. Pero creo que está claro, a esta altura de la historia, que el tema de la división de poderes a los socialistas del siglo XXI les importa un pito.

    Las amables reuniones que está manteniendo con el presidente saliente Barack Obama y con las figuras más representativas del Congreso no deberían llamar a engaño a Trump, pues todos ellos están ya activamente comprometidos en evitar que desarrolle su programa a cualquier costo.

    Ignacio Ramonet se apresuró a explicar la victoria de la persona que detestan: Donald Trump tiene razón pero no le voy a permitir que se la atribuyan. Moore fue más prosaico: Todos los que votan por Trump son escoria, rémora de la ancianidad.

    Están haciendo lo mismo que prepararon contra Richard Nixon, el republicano que en 1968 vino a desmontar los negocios que John Kennedy y Lyndon Johnson montaron con la guerra de Vietnam y el complejo militar industrial. Aunque hay que decir que Nixon colaboró decisivamente con sus adversarios al adoptar sus métodos para permanecer en el poder con él caso Watergate, precipitando su propia caída.

    Trump prometió desmontar el negocio de los grandes empresarios norteamericanos de cerrar sus fábricas en Estados Unidos para ponerlas en México o en China con el propósito de no pagar buenos salarios. Trump está atacando a los empresarios que usan el salario como variable de ajuste.

    Trump prometió desmontar el negocio de las guerras perpetuas, acordando un entendimiento con Rusia que puede poner punto final a las ventas artificiales de la industria armamentista. Trump está atacando a los empresarios que alentaron el surgimiento de Estado Islámico y la crisis terrorista.

    Trump discute si la causa del calentamiento global es el uso de hidrocarburos, porque sostiene que si no lo es no hay por qué prohibir a Estados Unidos el uso de los suyos mientras se permite a Arabia Saudita seguir inundando al mundo con su petróleo. Trump pone en riesgo la riqueza de los árabes.

    Son muchos intereses en contra. El pronóstico es, en efecto, reservado.

    Por Enrique Vargas Peña

    12 de noviembre de 2016 – 11:17

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    Publicado por Anónimo | 14 noviembre, 2016, 05:18
  20. ¿Te convertirías en un superhéroe?
    13 Nov 2016

    Por Gabriela Rojas Teasdale

    La noticia de que Donald Trump fue electo como nuevo presidente de Estados Unidos sorprendió al mundo. Muy pocos creían en esa posibilidad luego de una de las campañas más polémicas y reñidas en la historia del país. Lo cierto es que, nos guste o no, luego del acto electoral del 8 de noviembre Trump emergió como nuevo líder de los estadounidenses y como nuevo líder mundial.

    Más allá de las diferentes reacciones y opiniones, que respetamos en un marco de tolerancia y espíritu democrático, es importante identificar lo que los votantes han querido decir. Porque las acciones hablan y muchas veces en voz alta.

    Estados Unidos quiso algo diferente porque la gente está cansada del sistema político actual, de los mismos discursos, los mismos resultados, los mismos errores cometidos una y otra vez. Hoy, las personas apuestan por el cambio, buscan algo distinto, quieren soluciones. Y para eso necesitan nuevos líderes.

    Es importante que quienes aspiran a administrar no solo las naciones, sino también las empresas y organizaciones entiendan que las personas ya no nos conformamos, no nos resignamos, sino que reconocemos nuestra importancia y nuestro derecho a buscar el bienestar común, la igualdad y las mejores oportunidades para cada uno.El mundo busca nuevos modelos, necesita líderes que se conviertan en superhéroes y estos héroes son personas valientes, comprometidas, que sueñan y trabajan por un mundo mejor. Martín Luther King fue un ejemplo con su memorable discurso “I have a dream”, que movilizó a miles de personas que creían y se identificaban con su mismo sueño. A pesar de los sacrificios y de poner incluso en riesgo su propia vida, él decidió convertirse en un héroe, decidió no callar, se animó y apostó por el cambio.

    Lo que el mundo necesita son líderes que se conviertan en modelos, en un ejemplo a seguir. Líderes que inspiren, que crean en las personas y que tomen acción para hacer de nuestro entorno un lugar mejor. Líderes que trabajen para que la paz, la solidaridad y la igualdad se impongan a la indiferencia, el engaño, la estafa y la ausencia de humanidad. Líderes que quieran marcar la diferencia agregando valor a las personas y poniéndose al servicio de ellas.

    Y líderes que puedan identificar el valor de las personas para desterrar de una vez la mediocridad y el conformismo de nuestras vidas.

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    Publicado por Anónimo | 13 noviembre, 2016, 06:59
  21. Con la pistola en la sien

    Por Luis Bareiro
    Alguien decía que la política es el arte de encantar, de convencer a los otros de que uno es capaz de hacer cosas sorprendentes sin necesidad de explicar con muchos detalles el cómo. El problema de esto es que cuando los políticos profesionales llevan demasiado tiempo prometiendo el prodigio sin lograrlo, y revelando de paso en ese proceso de desgaste que no solo su propuesta era exagerada, sino que además nunca fue su intención hacerla realidad, se produce el efecto contrario: el político pasa a ser sinónimo de desencanto.

    El desencanto en la política tiene el mismo efecto que en el amor. Cuando se rompe el hechizo, las personas que veían en el candidato una suma de virtudes, ahora solo ven un cúmulo de defectos, magnificados probablemente bajo la lupa de la decepción y de la bronca.

    La suma de malas experiencias políticas, como en el amor, puede provocar un desencanto generalizado con cualquier símil de los candidatos fallidos. “Todos los hombres son iguales, luego, todos los políticos son iguales”.

    En ese escenario de frustraciones acumuladas, cualquiera que se presente como ajeno al mundo tradicional de los políticos, como el irruptor que quiebra el sistema vigente, podrá resucitar el encantamiento, provocando una fidelidad que no requiere ser racional; será una apuesta emocional, un voto castigo, un voto bronca.

    Eso nos viene pasando a los paraguayos desde hace ya dos periodos presidenciales, y le viene pasando al mundo desde antes. Acaba de ocurrir en la nación más poderosa del planeta.

    La fórmula es casi siempre la misma. Un candidato surgido desde fuera de las filas políticas irrumpe en un partido o crea su propio movimiento y termina triunfando en las urnas.

    Está demostrado que las chances son infinitamente mayores cuando el potencial candidato tiene suficiente dinero para financiar su propia campaña, o cuando proviene de una actividad que le ha permitido notoriedad pública. Los multimillonarios y las personas de los medios tienen desde el vamos la mitad del terreno ganado.

    En el caso del señor Trump, aunó ambas virtudes; un magnate con permanente participación en los medios. Solo necesitó dar con un discurso visceral y políticamente deplorable, pero que calzara perfectamente con los sentimientos inconfesables de una franja importante de la población estadounidense compuesta por los trabajadores blancos de la clase media baja que se sienten excluidos de la nueva economía y que responsabilizan de su exclusión a la globalización y a los inmigrantes.

    Lo peligroso de estos nuevos juegos de la democracia es que la historia nos dice que los estadistas nunca son producto de la improvisación. Ya es difícil encontrarlos en la política, pero suponer que daremos accidentalmente con uno en la revista Fortune o en el mundo de la farándula, más que jugarnos la chance a los dados, equivale a jalar del gatillo en una partida de ruleta rusa.

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    Publicado por Anónimo | 13 noviembre, 2016, 06:50
  22. Mayoría silenciosa

    Por Benjamín Fernández Bogado –

    Hay varios niveles de interpretación del triunfo de Trump.

    Algunos sostienen razones económicas, sociales y políticas. Es cierto que si los comicios fueran como aquí, la señora Clinton sería la presidenta, porque ganó el voto popular. Pero allá eligen a través de delegados que se reparten proporcionalmente a la población de los Estados, y en ese mapa teñido de rojo (republicano), es posible percibir varias claves.

    Por un lado, la denominada mayoría silenciosa que, en muchas oportunidades, no se había identificado ni con el mensaje ni el mensajero esta vez tuvo varias razones para apoyar a un outsider, quien se peleó con todos –incluidos los de su partido–, pero sintonizó con esa mayoría harta de ver a los Clinton, Bush y su larga parentela viviendo de la política por varias generaciones.

    El malestar era tan grande que cuando les preguntaron en las encuestas o mintieron o callaron, dando la percepción de que serían un paseo para Hillary los comicios ante un candidato políticamente incorrecto que se largó contra las mujeres, los gays, musulmanes y latinos. Estos últimos fueron frenados por el voto mayoritario de los estados dominados por población negra que han visto el avance hispano que ya los han marginado en términos de dinámica social.

    La Florida castigó la insolencia de Obama de capitular ante los Castro.

    Trump captó el descontento de los silenciosos e hizo una campaña sorprendente contra el establishment. Derrotó a los dos partidos tradicionales en el camino, a la prensa que mayoritariamente estuvo con Hillary, a empellones fue contra las minorías que captaron notable poder en los últimos años que solo un populista que no perdía nada con perder, tuvo la capacidad de elevar su voz para hacerse con el poder más grande sobre la tierra.

    No hará mucho de lo que dijo, pero es probable que tengamos alguien que juegue de manera reiterada al matón, pero no es cualquiera. Tiene el poder militar más grande del planeta y conducirá las riendas de la primera economía mundial.

    El atacado establishment lo educará en el camino. Intentará traer el péndulo hacia el centro y aunque fracase, ya le dijo al pueblo norteamericano de qué y de quiénes está harto.

    No le pidan coherencia porque no la tiene. No hay racionalidad en mucho de su discurso. Este solo replica el populismo demagógico que hizo presidente a Chávez, Correa u Ortega y aquí casi a Lino Oviedo.

    Lo malo de estos personajes y estos periodos históricos es que nuestros políticos son los últimos en acusar recibo de este malestar. Viven en un termo. Aislados e insolentes creyendo que la paciencia de la gente es eterna.

    EEUU está dividido, es cierto. Hay muchos que no lo consideran su presidente. Será una navegación procelosa, es verdad. Pero hay que decirlo, que el furúnculo de Trump revela los graves problemas en los órganos internos del cuerpo social, político y económico de Estados Unidos.

    Cambiará algo, pero ha revelado el profundo malestar hacia los políticos, que ahora, a pesar de su mayoría en ambas cámaras, le pasarán la factura por su insolencia de plebiscitarlo y ganar.

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    Publicado por Anónimo | 13 noviembre, 2016, 06:48
  23. Aislacionismo o globalización

    Por Alberto Acosta Garbarino

    El inesperado triunfo de Donald Trump en las elecciones presidenciales norteamericanas ha dejado perplejos y desconcertados a los miembros de las élites política, económica y académica de los EEUU y del mundo.

    El triunfo de Trump ha demostrado claramente el enorme desconocimiento que existe de parte de las élites1 norteamericanas sobre lo que siente y piensa el ciudadano común de su país.

    Estas élites son las que han diseñado el actual orden mundial que nos rige desde 1945. Ese orden fue pensado para que las dos grandes tragedias que había sufrido el mundo unos años antes –la gran crisis económica de 1929 y la Segunda Guerra Mundial– nunca más volvieran a repetirse.

    Para tal efecto se crearon las Naciones Unidas, para preservar la paz y la cooperación; se aprobó la Declaración Universal de los Derechos Humanos para que se respeten la vida, la libertad y la dignidad de las personas; se crearon el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial y la Organización Mundial del Comercio para asegurar la estabilidad e impulsar el comercio y el desarrollo económico.

    La construcción de todas estas instituciones internacionales respondió a la visión de un mundo integrado y en paz, que tenía una nueva élite moderna, educada y cosmopolita, que gobernó después de la gran confrontación mundial.

    Esta nueva élite fue la que condujo el proceso de globalización en todas estas décadas, proceso que fue acelerado por una cuarta revolución industrial basada en la tecnología y en el conocimiento, que está poniendo en jaque a aquel orden mundial diseñado en 1945.

    Hoy, gracias a la revolución en las telecomunicaciones, la informática, la robótica y la logística, las grandes industrias que estaban ubicadas en los países desarrollados y que daban empleo a millones de trabajadores, se han convertido en clusters de cientos de industrias ubicadas en cualquier lugar del mundo.

    La mayoría de las empresas que lideran estos clusters son norteamericanas, porque en los EEUU se encuentra el centro de la innovación. En lo tecnológico el centro del liderazgo se encuentra en el Silicon Valley, California; en lo financiero el centro del liderazgo se encuentra en Wall Street, en Nueva York; en lo educativo el centro del liderazgo se encuentra en Boston y en lo político el centro del liderazgo se encuentra en Washington.

    Los ganadores en la globalización son las personas muy educadas, que hablan varios idiomas, que son cosmopolitas y que trabajan en uno de los centros de liderazgo mencionados anteriormente.

    Pero los perdedores en la globalización son las personas que han visto cómo la fábrica donde trabajaba se cerraba y era trasladada al Asia; o despedía a sus obreros de la producción y los reemplazaba por robots; o despedía a sus empleados administrativos y tercerizaba el trabajo en una empresa de contabilidad ubicada en la India.

    Estas personas han visto cómo sus ingresos se han reducido de unos 150.000 dólares al año a menos de 50.000; estas personas ven que sus ingresos son menores a los que tenían sus padres y sus abuelos y sus trabajos son menos estables; estas personas son blancos, de clase media-baja, sin educación superior y viven en zonas rurales de los EEUU.

    Estas personas son las que han votado masivamente por Donald Trump, llevando al poder a una nueva élite, aparentemente menos educada, menos cosmopolita, más nacionalista y aislacionista, y más intolerante y fanática.

    Hoy, las élites tradicionales del mundo se encuentran desconcertadas, porque no se puede seguir avanzando en un acelerado proceso de globalización; porque no se quiere retroceder hacia un mayor proteccionismo y aislacionismo; y porque no se puede permanecer mucho tiempo en la indefinición actual.

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    Publicado por Anónimo | 13 noviembre, 2016, 06:47
  24. Trump y TISA

    Por Guido Rodríguez Alcalá
    Con la victoria de Trump, se terminó la globalización.

    Es la opinión de algunos analistas políticos que no comparto. Si la compartiera, me sentiría aliviado en cierto sentido; solo en cierto sentido. Ocurre que, en estos momentos, la Cancillería paraguaya negocia el proyecto de acuerdo internacional llamado TISA, por sus siglas en inglés, en el mayor secreto. El proyecto se propone liberalizar el sector de los servicios. Los servicios, en los Estados Unidos y otras economías avanzadas, representan el 70% o más del producto interno bruto (PIB).

    Hasta donde puede saberse, la aprobación del acuerdo beneficiará a las empresas multinacionales de servicios, que muchos beneficios han recibido con la globalización, y aún pretenden más.

    En esta línea están dos acuerdos internacionales: TTIP y TPP; el primero, entre Estados Unidos y la Unión Europea; el segundo entre países con costas sobre el Pacífico (Canadá, Estados Unidos, Japón, Australia y otros). TTIP y TPP, aún no ratificados, han recibido muchas críticas porque, entre otras cosas, les conceden a las multinacionales el derecho de demandar a los Gobiernos en tribunales internacionales integrados por consultores de multinacionales, cuyos procedimientos son secretos y cuyos fallos son inapelables.

    Trump ha dicho que no los aceptará; con eso, expresa el sentir de la mayoría de sus compatriotas, que se opone a esas negociaciones.

    Si Trump terminara con las negociaciones de TISA, me sentiría algo tranquilo. ¿Qué entiende nuestra Cancillería de la complejidad del asunto? Si acepta TISA, quizás podrá informarse por los diarios de lo que realmente ha firmado, aunque conocer el texto no será fácil.

    En caso de aceptarse, TISA irá al Congreso, que solo podrá ratificarlo o rechazarlo, sin modificar nada; no tendrá el derecho de hacer saber al público qué es lo que ha ratificado: el texto deberá mantenerse en secreto hasta cinco años después de su ratificación.

    Si prima el voto político o el voto comprado, el país quedará obligado a aceptar un texto redactado por los asesores de empresas multinacionales y sancionado irreflexivamente por gobiernos.

    ¿No es una burla de los principios democráticos? Sí, porque el neoliberalismo, que ha influido demasiado en la globalización, se caracteriza por su desconfianza de la democracia; considera que la economía (identificada con la política) debe quedar en manos de los expertos (los expertos que provocaron la crisis económica de 2008). Ese carácter elitista, excluyente del neoliberalismo y su globalización, es lo que ha permitido el triunfo de Trump con el voto de los descontentos.

    Ahora bien, la globalización es un fenómeno complejo, con sus aspectos positivos y negativos, y que no se puede anular con un decreto. Lo que se puede y se debe hacer es combatir sus efectos negativos, y esto es lo que Trump no parece querer hacer: ha prometido rechazar el Acuerdo de París, que podría ser un paso decisivo hacia la solución del cambio climático.

    Para comprender el cambio climático, es fundamental el libro de Naomi Klein, This Changes Everything (Esto lo cambia todo), o su versión cinematográfica, que se proyectará el lunes, en la Embajada de Argentina, en el ciclo de cine ecológico.

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    Publicado por Anónimo | 13 noviembre, 2016, 06:45
  25. La imprevisibilidad social

    El negocio de las elecciones, así como el de las encuestas sobre temas importantes, como los referendos a la población de un país, están cada vez más difíciles de manejar. El término es manejar, pues el sistema intenta de hecho manipular en la forma que puede a la opinión de los electores y votantes.

    La estrategia es comenzar una campaña política con una estadística que soporte lo que se quiere vender. El escritor norteamericano Mark Twain dijo una frase célebre: “Hay tres tipos de mentiras, las mentiras, las malditas mentiras y las estadísticas”. Las encuestas son estadísticas que las pagan y producen los interesados, pero lo distribuyen gratis como información desinteresada.

    El segundo componente son los medios de comunicación tradicional, como la televisión y la prensa escrita. Si bien usan eslóganes sobre la veracidad informativa, los hechos tal cual son, la noticia objetiva, todos tienen su agenda, su candidato, su opinión, su línea editorial. Los medios reportan sobre las estadísticas que ya refuerzan un tema o a la percepción que ellos quieren promover.

    Así ha venido funcionado el negocio de poner y sacar presidentes, y de convencer a la población de en quién o sobre qué temas la mayoría va a votar. El supuesto del comportamiento humano está en que la gente no quiere desperdiciar por quién votaría, la mejor idea o por el candidato ganador. El objetivo de la máquina propagandística es posicionar al aparente ganador, para que la profecía autocumplida funcione.

    Esta forma en que ha venido manejando el negocio de convencer a las masas ya no funciona y ha producido recientemente fracasos sorprendentes. Las tres pruebas contundentes son: (i) El gobierno inglés apostó a refrendar la permanencia en Europa y la población votó en contra creando el brexit. (ii) El gobierno colombiano apostó a refrendar el acuerdo de paz con las FARC, y la población aunque atemorizada y amenazada rechazó el acuerdo. (iii) El establishment norteamericano presentó la continuidad con una candidata afín, y lo sorprendió el triunfo inesperado de Trump. Las encuestas más prestigiosas se habían equivocado rotundamente, la realidad las descalificó. Los medios dejaron de escuchar a la gente.

    No se dan cuenta los promotores del “negocio de elecciones en masa” que la sociedad cambió. Antes se gobernaba a las masas, hoy se debe de gobernar a los ciudadanos. Antes los medios de comunicación promovían a un candidato o idea porque los medios decían concentrar la opinión pública; hoy las redes sociales y las campañas por internet son mucho más efectivas, menos manejables. Estamos en la era de la individualidad, cuando las personas individualmente quieren y ejercen sus elecciones personales y votan hasta en contra de lo que se vende como obvio. La gente ya decide lo que quiere, no traga lo que se le vende. Eso ocurre tanto en un país como Inglaterra con un ingreso per cápita de USD 40.933, así como en Colombia con un ingreso per cápita de USD 7.447. Es una tendencia mundial.

    Una consecuencia práctica de esto es la obsolescencia de los partidos políticos. Cada vez más se vota en el candidato, no en el candidato “del partido”. La prueba es que los outsiders destacados (no políticos) como Trump les ganan por lejos a los títeres puestos por partidos políticos. En Paraguay los partidos políticos, en una actitud desesperada de hacer creer que tienen poder, están intentando imponer sanciones a sus miembros, creyendo que el partido aún tiene el poder de manejar e instrumentar a los ciudadanos. Estamos en la era de la individualidad, donde los partidos como intermediarios de la masa importarán cada vez menos, mientras que lo realmente auténtico de cada quien se impone.

    Por Luigi Picollo

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    Publicado por Anónimo | 13 noviembre, 2016, 06:42
  26. Trump, populismo de primer mundo

    Por Leonardo Nicanor Duarte

    Diversos son los factores a analizar en torno a la elección de Donald Trump como presidente de los Estados Unidos, y en estas líneas nos centraremos, sucintamente, en algunos puntos que llevaron a esta situación y algunas consecuencias que, presumiblemente, sobrevendrán.

    Como breve acotación previa, tenemos el fallo estrepitoso de los sondeos previos, algo ya ocurrido, este mismo año, en otras votaciones de gran relevancia.

    Las previsiones daban una ventaja bastante cómoda a la otra candidata, Hillary Clinton, quien ciertamente obtuvo más votos que su adversario, pero en una mínima cantidad (entre 200.000 y 120 millones de votos), y no la cómoda ventaja que se preanunciaba, lo que además no le alcanzó para adjudicarse los delegados electorales necesarios, de acuerdo al sistema indirecto de elección en ese país.

    Lo del fiasco en los sondeos fue algo similar a lo ocurrido en junio pasado con el referendo sobre el “brexit” (la salida de Gran Bretaña de la Unión Europea) y en octubre, con el rechazo al acuerdo firmado entre el Gobierno colombiano y las FARC, que buscaba terminar la actividad violenta de ese grupo.

    En ambos casos, la opción que al final perdió también figuraba como clara favorita en las encuestas preliminares.

    En todas estas ocasiones hubo un “voto oculto”, que no mostró su intención a las encuestadoras. Y en los tres casos, esa preferencia no revelada era por la opción con “peor imagen”.

    Una cuestión que seguramente será analizada por las firmas encuestadoras en todo el mundo, si no desean que sus estudios se vuelvan cada vez más inexactos.

    Pero más allá de este fenómeno, la elección de Trump motiva una serie de consideraciones de mayor alcance.

    Brevemente, trataremos algunas, comenzando por las causas.

    La seguridad. Una de las razones de mayor peso en el éxito del discurso de Trump es la relativa sensación de inseguridad que vive Estados Unidos, por causa del terrorismo.

    Sin contar con la traumática experiencia de los atentados del 11-S (el ataque contra las Torres Gemelas, en Nueva York el 11 de setiembre de 2001), este país sufrió en los últimos años varios atentados, reivindicados por grupos del extremismo islamista.

    El discurso trumponiano de prohibir la entrada al país a cualquier musulmán, no fue tomado por sus seguidores como las palabras de un extremista, sino apoyado por un sector que antepuso su sentimiento de seguridad, sin muchas consideraciones hacia el principio de la tolerancia al diferente.

    La economía. Los estadounidenses experimentan, por diversas causas internas y externas, una situación económica por debajo de los niveles a los que están acostumbrados.

    Trump les dijo que los principales culpables son los extranjeros.

    Los que están dentro del país, “quitándoles” los empleos (a los que se frenaría con un muro ante México), y los que están fuera, “llevándose” sus fábricas y empresas (principalmente, China, cuyos productos anunció bloquear como contramedida).

    Política interna. Un elemento menos cuantificable, pero visible, es un sentimiento de hartazgo en la ciudadanía hacia su dirigencia política.

    Un hartazgo hacia lo que ven como un manejo de la política cada vez más alejado de su cotidianeidad.

    Los manejos de Washington aparecen, para el ciudadano promedio, como algo lejano, confuso y hasta oscuro.

    Y, cuando un adalid apareció prometiendo echar luz y acercar el poder a la calle, mucha gente estuvo dispuesta a dejar pasar por alto otros puntos cuestionables de su plataforma.

    En cuanto a las consecuencias de todo esto, algunas de ellas nos llevarán, resumidamente, las siguientes líneas.

    Asilacionismo. La vieja buena línea política estadounidense.

    Una gran parte de la población quiere que retornen los años en que las exigencias de gran potencia mundial no formaban parte primordial de la agenda del país.

    Con ese cambio se supone que el gobierno podría atender mejor las necesidades internas; y volverían los tiempos de vida tranquila dentro de sus fronteras.

    Patadas económicas. Por diversos motivos, Trump no podrá llevar a cabo todas las acciones prometidas en su campaña, muchas de ellas con fuerte impacto en la economía regional y mundial, pero aquellas que sí llegue a concretarlas podrán dar algunas “patadas” a una economía global que aun se recupera, algo maltrecha, tras la última gran crisis de 2008.

    Recelos. Trump despertó entre los aliados de Estados Unidos el temor de que un gobierno, de golpe y porrazo, puede alterar significativamente las estrechas y profundas relaciones que los unen.

    Más allá de cuánto sean afectadas esas relaciones, esto implica que existe la posibilidad cierta de que un cambio en la alineación internacional puede llegar a darse bruscamente en algún futuro y, por tanto, el tipo de relación que han de tener ahora con su poderoso aliado ha de ser revisado, con todos los coletazos que esto podría conllevar en la escena internacional.

    En definitiva, el populismo ha llegado a la primera potencia mundial.

    En Latinoamérica conocemos bien este patriotero discurso, de echar la culpa de todo a algún “enemigo” extranjero, y a sectores internos que posibilitan esa “agresión”.

    Esperemos que esta visión retrógrada del mundo no prospere más allá en los países de los que se espera más, por su mayor desarrollo cívico, y que la razón impere.

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    Publicado por Anónimo | 13 noviembre, 2016, 06:25
  27. El único que la tenía clara
    Por Alfredo Boccia

    Luego de los resultados electorales que dejaron a politólogos y encuestadores hablando pavadas, la opinión del cineasta Michael Moore fue releída con renovado interés. Es que Moore –quien dirigió películas como Farenheit 9/11 o Bowling for Columbine– predijo con absoluta seguridad la victoria de Trump mucho antes de las elecciones. Y no se trata de que prefiriera al candidato republicano, pues, aun criticándola, apoyó la campaña de Hillary Clinton.

    Los argumentos de Moore eran simples y se basaban en unas pocas razones que resultaron ciertas. La primera de ellas tiene que ver con las matemáticas electorales del medio oeste norteamericano, donde se concentra el antiguo cinturón industrial que desde hace décadas sufre la reducción de salarios y empleos.

    Allí hay estados en los que históricamente ganan los republicanos, pero, incluso en aquellos que suelen votar a los demócratas, se eligieron gobernadores republicanos en las últimas elecciones. El “malestar del hombre” blanco explica el éxito de Trump, quien prometió reactivar el empleo. Nadie sabe cómo lo hará, pero esa es otra cuestión. La propia Hillary era un problema, según Moore. Era impopular, poco confiable y no despertaba emociones. Los demócratas dicen hoy que Bernie Sanders hubiera vencido fácilmente a Trump, solo que perdió las internas contra el poderoso aparato de los Clinton.

    Los excesos de Trump no impidieron que recogiera los votos del elector deprimido, harto de un sistema político elitista y enfermo y que manifestó su desencanto votando a un magnate algo esperpéntico que prometía repetidamente “drenar el pantano”.

    Los otros motivos del “voto oculto” siguen en el terreno hipotético y cuestionan profundamente la metodología de las encuestas. Van tres equivocaciones al hilo con repercusión universal: el Brexit británico, los pactos de paz de Colombia y la victoria de Trump.

    Dado que Michael Moore fue uno de los pocos que acertaron, es prudente que prestemos atención a lo que escribió tras conocerse el resultado de la elección.

    Lo primero que hay que hacer es, según él, tomar el Partido Demócrata y devolverlo al pueblo, al que ha fallado miserablemente. Lo siguiente es despedir a los eruditos y pronosticadores que se negaron a escuchar lo que estaba pasando. Lo mismo debe suceder con los miembros del Congreso que no estén listos para luchar contra la locura que está punto de comenzar. Basta de decir que se encuentran “atónitos”.

    Hay que reconocer que estaban en una burbuja que les impedía ver el desánimo de millones de norteamericanos ignorados por años por ambos partidos. Y, por último, no perder de vista que una mayoría popular de votos prefirió a Hillary y que si Trump ganó fue gracias a una anacrónica idea del siglo XVIII llamada Colegio Electoral. Lo dice Moore, por lo que hay que tomarlo en serio.

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    Publicado por Anónimo | 12 noviembre, 2016, 06:01
  28. Señor Trump, olvídese del muro
    Por DIEGO FONSECA

    Excelentísimo Donald J. Trump, presidente de los Estados Unidos de América.

    Señor: ok, usted ganó. Y yo tengo miedo.

    Felicitaciones por convertirse en el presidente 45.0 de Estados Unidos. Ahora, a trabajar. No será esta una relación amorosa, para qué engañarnos.

    Entonces, señor: olvídese del muro.

    Práctica y simbólicamente, Sr. Trump, queda a su cargo la oficina principal del país que todo el planeta observa. Usted será el presidente de una nación que inspiró al mundo. Una que ha provisto al mundo con ideas, innovaciones, reivindicaciones que imitar —no quiero pensar en la cuenta oscura: enfoquemos en lo positivo—. Tendrá bajo su comando el ejército más poderoso del mundo; Wall Street estará escuchándolo a menos de tres horas de su despacho; la economía del mundo respirará sus resfríos.

    Por ende, Sr. Trump, olvide los muros. Es tiempo de construir. Esta nación tiene una responsabilidad global en un mundo inestable y complicado. Una obligación moral con los abandonados por la fortuna. Su presidencia debe profundizar la recuperación económica iniciada por Barack Obama. Mejorar la situación de las familias en problemas y poner límites a esa Corporate America que precisa —de usted y de todos— control inmediato.

    Sr. Trump, usted está ante las puertas de la Historia. Podrá abrirlas para hacer una gran entrada o echarlas abajo. Podrá ser un presidente de corto tiempo y comportamiento incendiario, o puede elegir acercarse a un territorio razonable y gobernar con consensos y concordia. Podrá comenzar a reparar daños o terminar por incendiar la casa. Llamar al orden o animar hordas.

    Usted ganó contra los demócratas, contra el Comité Nacional Republicano, contra las élites y barones de su partido, contra la oposición de la intelectualidad y los medios, contra la percepción global. Tendrá a su favor el Senado y la Casa de Representantes. La mayor parte de los estados. Decidirá —válganos el universo— la composición determinante de la Corte Suprema de Justicia, jueces que dictarán, por décadas, la validez de numerosas reivindicaciones sociales obtenidas y deseadas. Sr. Trump: tiene usted en sus manos la llave de un poder cuasiomnímodo. Si entiende bien ese mandato, tiene ante usted una oportunidad y responsabilidad únicas. Si lo entiende mal, y no soy figurativo, será una tragedia.

    A su servicio está la posibilidad de probarnos a todos que nos equivocamos —por favor, hágalo: podemos vivir con la humillación— o confirmar nuestras ideas e iniciar un camino empedrado de un liderazgo revanchista montado sobre venganzas intragables.

    Déjeme decírselo de otra manera, Sr. Trump: usted tiene la obligación de reparar las heridas que usted mismo provocó. La primera magistratura no da derechos especiales sino obligaciones inexcusables. Un presidente debe convocar a los equilibrios pues su responsabilidad es el conjunto de la sociedad, no solo sus votantes. El presidente Obama corrió grandes riesgos por restaurar un diálogo que su partido procuró desmoronar. ¿Insistirá usted en esa lógica, profundizando la polarización y la brecha? ¿Hundirá usted la democracia estadounidense en un mayor retroceso?

    Entre sus votantes, Sr. Trump, millones esperan que cumpla sus promesas —discúlpeme— de brujería económica. Aguardarán a que pronto florezcan los millones de puestos de trabajo que prometió como si fueran hongos de lluvia. A que el país se inunde con proyectos de empresas que regresan o traen nuevas inversiones. Que el sistema de salud cubra a todos a bajo costo. Que, según sus propias palabras, los acuerdos comerciales favorezcan a Estados Unidos antes que a las corporaciones y sus socios. Que, más aún, la veleidosa China baje la cerviz.

    No sé cómo conseguirá eso y no revelaría nada nuevo si digo que casi la mitad de este país no ve demasiada razón detrás de sus planes. Pero esa misma mitad, supongo yo, está dispuesta a contribuir para resolver problemas, pues no hacerlo sería escupir hacia arriba. No se cuestionan los errores ajenos nada más para hacerlos propios por despecho.

    Por supuesto, para eso es imprescindible —y parece absurdo tener que señalar esto en una nación desarrollada y en el siglo XXI, pues no es 1933— tomar distancia de la imposición de la voluntad omnipotente del ganador que toma todo. Usted debe apostar por el liderazgo inteligente, Sr. Trump. ¿Sabe?, quienes pasan a la historia por un favor social casi unánime son los estadistas, no los gobernantes menores ni los autócratas. Y esos estadistas saben que los marcos de convivencia democrática son esenciales para la gestión del Estado.

    Por eso, Sr. Trump, debe sentarse a reflexionar con los socios comerciales, políticos y militares de Estados Unidos, desde México a la OTAN. Europa espera por diálogo y diplomacia, no bravuconería. América Latina espera por una mejor relación: Cuba y Venezuela, los migrantes centroamericanos, Colombia y su paz. Siria precisa de Estados Unidos. El mundo, Sr. Presidente.

    Deberá restañar las heridas provocadas en la disputa interna del país por su discurso ofensivo y patotero. Usted ha insultado a las mujeres sin disculparse jamás. Ha maltratado a los padres de un héroe militar, estadounidense y musulmán, y a todos los profesantes de la fe. Ha anunciado que expulsará a millones de habitantes de este país por la mínima falta administrativa de no tener papeles migratorios apropiados en regla. Esas personas forman parte del tejido social de esta nación y, al menos en el caso particular de los latinos, serán una parte aun mayor de la musculatura de Estados Unidos en menos de dos décadas, cuando representen un tercio de su población.

    El Experimento Americano, explicó Alexis de Tocqueville, basa su excepcionalismo en la idea de inclusión, no en la tiranía de las mayorías. Tiene usted la delicadísima tarea del equilibrio en la cuerda floja que usted mismo tendió sobre el vacío. Pero usted eligió ese camino.

    Este es un llamado a la cordura. Sr. Presidente, usted habló de unión apenas se supo ganador. Su vida parece decir todo lo contrario, pero es bueno que le recuerde que el triunfo no da derechos. Solo los déspotas, dijo alguien por allí, prefieren la victoria a la democracia. No más muros, Sr. Trump.

    No más división.

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    Publicado por Anónimo | 11 noviembre, 2016, 13:43
  29. Por qué voté por Trump
    Por MAUREEN SULLIVAN

    Soy una mujer blanca, con estudios universitarios y más cercana en edad a Hillary que a Chelsea Clinton. Soy madre, una chica católica de Jersey, que creció en un hogar amigo de los sindicatos.

    Y voté por Donald Trump.

    Mi madre de 89 años está horrorizada, al igual que muchas de mis amigas, que también son blancas y con estudios universitarios.

    No me importa, para mí fue una decisión sencilla.

    Me ha tocado explicarle a mi hija adolescente cómo es que los hombres —Donald Trump o el equipo masculino de fútbol de Harvard— dicen cosas espantosas de las mujeres en los vestidores o los autobuses de las celebridades. Eso ya es bastante malo. Pero también tuve que explicarle que Hillary llevará de vuelta a Bill Clinton a la Casa Blanca. Todo el mundo debería estar consciente de que el expresidente, quien fue sometido a un proceso de destitución, mintió acerca de por lo menos un abuso sexual y usó a otra mujer, una pasante, como juguete sexual en la Oficina Oval.

    Luego vienen las plataformas de los candidatos. ¿En serio? Preguntan mis amigos. ¿Construir un muro, prohibir el ingreso de musulmanes al país y meterse con los mexicanos? ¿Hablar de tocar a las mujeres desconocidas de manera inadecuada? Es un bufón, un arrogante, un multimillonario. Se burló de un héroe de guerra, criticó a una reina de belleza y respiró demasiado fuerte durante los debates.

    Y sí, me interesan las propuestas de los candidatos, los temas importantes. Esta economía avanza dando tumbos, con un crecimiento anual de menos de dos por ciento durante los últimos ocho años. Hillary Clinton, como muchas de mis amigas, no tiene idea de lo importante que es el crecimiento económico para la fortaleza y vitalidad de nuestro país. Trump promete construir el oleoducto de Keystone, frenar las normas que estrangulan a las empresas y recortar impuestos para soltar las riendas de la economía. Clinton hará lo opuesto.

    Fui parte del consejo escolar de Hoboken, Nueva Jersey, y escribo sobre temas educativos para Forbes.com. Los sindicatos de maestros de escuelas públicas han hecho grandes donaciones para Clinton, a fin de proteger su cuasimonopolio. A cambio, ella no ha dicho casi nada sobre la educación primaria y secundaria. El plan integral de Trump para reasignar fondos federales sería una bendición para las iniciativas de selección del centro escolar.

    Él quiere llevar a los constitucionalistas a la Corte Suprema; ella no. Ella volverá a apostar por el fiasco de Obamacare; él lo desmantelará. Él quiere acabar con los acuerdos comerciales y en eso está completamente mal. Sin embargo, Clinton ahora dice que también se opone a un nuevo tratado comercial con los países asiáticos. Los republicanos en el congreso tal vez podrían hacer entrar en razón a Trump. No obstante, Clinton estaría bajo una enorme presión de la izquierda para mantener su postura anticomercial.

    Ella es bien conocida por rodearse de gente que le ayuda a ocultar sus mentiras y mal juicio: Benghazi, los correos electrónicos ultrasecretos, el servidor privado, la Fundación Clinton. Él asumiría la presidencia menos agobiado por las lealtades partidistas, con la posibilidad de elegir a miembros del gabinete y asesores sin ataduras de pensamiento.

    ¿Será él un buen presidente? Todavía no estoy segura.

    ¿Y ella? Es más probable que no.

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    Publicado por Anónimo | 11 noviembre, 2016, 13:42
  30. Estados Unidos, nuestro país desconocido

    Todavía no sabemos quién ganará el Colegio Electoral, aunque mientras escribo esto pareciera —increíble y espantosamente— que los pronósticos favorecen a Donald Trump hasta este momento. Lo que sí sabemos es que la gente como yo, y probablemente como la mayoría de los lectores de The New York Times, en verdad no entendemos en qué país vivimos. Pensamos que nuestros conciudadanos no votarían por un candidato tan evidentemente poco calificado para el máximo cargo, con un temperamento tan demente, tan escalofriante como absurdo.

    Pensamos que la nación, si bien lejos de haber trascendido los prejuicios raciales y la misoginia, se había vuelto mucho más abierta y tolerante con el paso del tiempo.

    Pensamos que la gran mayoría de los estadounidenses valoraba las normas democráticas y el Estado de derecho.

    Resulta que estábamos equivocados. Resulta que hay un gran número de personas —blancas, que viven principalmente en áreas rurales— que no comparten para nada nuestra idea de lo que es Estados Unidos. Para esas personas, se trata de una cuestión de sangre y tierra, del patriarcado tradicional y la jerarquía étnica. Y resulta que hubo muchas otras personas que podrían no compartir esos valores antidemocráticos que, sin embargo, estaban dispuestas a votar por cualquiera que representara al Partido Republicano.

    No sé qué nos espera. ¿Estados Unidos ha fallado como Estado y sociedad? Todo parece posible. Creo que tendremos que levantarnos y tratar de encontrar la forma de continuar, pero esta ha sido una noche de revelaciones terribles y no considero que sea un exceso sentir tanto desconsuelo.

    Por PAUL KRUGMAN

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    Publicado por Anónimo | 11 noviembre, 2016, 13:40
  31. Qué puede cambiar en México con la legalización de la marihuana en California
    Por ALEJANDRA S. INZUNZA y JOSÉ LUIS PARDO VEIRAS

    CIUDAD DE MÉXICO — Uno de los enunciados de la “ley de la frontera” entre Estados Unidos y México dice que la droga viaja hacia el norte y el dinero hacia el sur. Pero, en el caso de la marihuana, esa verdad inmutable se está resquebrajando.

    California, Nevada, Maine y Massachusetts votaron el martes la legalización del uso recreativo del cannabis. Con estos cuatro nuevos miembros son ocho los estados de Estados Unidos —más Washington, D. C.— que han regulado el consumo de la droga ilegal más popular del país (y más de la mitad su uso medicinal). Al norte de la frontera, el gran consumidor del continente está creando una industria para abastecer su enorme demanda; en México, el mayor productor de marihuana del continente, la planta se persigue sistemáticamente y continúa en manos de los traficantes.

    Según un estudio realizado por el Instituto Mexicano para la Competitividad en 2012, durante la primera ola legalizadora en Estados Unidos —Washington, Alaska y Oregón—, los carteles ganan más de dos mil millones de dólares al año con las exportaciones de marihuana hacia Estados Unidos, su segunda fuente de ingresos en el vecino del norte, detrás de la cocaína. El producto mexicano, de menor calidad pero con precios más competitivos, representa entre el 40 y el 67 por ciento del mercado en Estados Unidos.

    Medir en números el impacto que este nuevo amanecer con más cannabis legal puede tener en un negocio clandestino es complicado, pero el informe del IMCO concluía que “perder esa fuente de ingresos sería el cambio más estructural en el narcotráfico desde la llegada masiva de la cocaína” entre finales de los 80 y principios de los 90.

    California, uno de los cuatro estados que limitan con México, el más poblado y rico del país, se ha convertido en el gran game changer, como lo define Beau Kilmer, codirector de políticas de drogas del centro de estudios RAND: “La prohibición a nivel federal sigue creando muchos problemas, pero la votación ahí es un gran avance, generará mucha presión a nivel interno y externo”.

    Hace 20 años California fue el primer estado que aprobó el uso medicinal de la marihuana. Ahora se ha convertido en el símbolo de quienes sostienen, como Armando Gudino, responsable de políticas públicas en California de Drug Policy Alliance, que “la gente está cansada de una guerra que lo único que ha traído es el encarcelamiento de 1,5 millones de personas al año, sobre todo de jóvenes latinos y afroamericanos”.

    La onda expansiva californiana, coinciden los expertos, llegará a México amplificada, además, si Canadá aprueba en 2017 una regulación nacional. El cómo y el cuándo se desconoce.

    “Esto va a poner muchísima presión porque le va a hacer evidente al ciudadano común que en México estamos persiguiendo una sustancia a toda costa, incluso a costa de la vida humana, que una vez cruzando la frontera va a ser perfectamente legal. Nos pone en una contradicción evidente pero el gobierno mexicano vive en la contradicción de forma natural”, dice Lisa Sánchez, directora del programa de política de drogas de México Unido contra la Delincuencia.

    Aún bajo un régimen de total prohibición, en México el tráfico de drogas se administró más que se combatió hasta que la guerra estalló en 2006 bajo el gobierno de Felipe Calderón. En un país azotado por la violencia (150.000 muertos y 28.000 desaparecidos en una década de Guerra contra el Narcotráfico), la postura del gobierno presidido por Enrique Peña Nieto ha sido muy continuista.

    Peña Nieto apoyó de manera genérica el uso de la marihuana medicinal el pasado abril durante la celebración de la Sesión Especial de las Naciones Unidas sobre política de drogas (UNGASS por su sigla en inglés), pero no especificó si implementaría ese apoyo ni cómo lo haría.

    En el senado se debate levantar la prohibición a la importación de medicamentos derivados del cannabis y el aumento de la cantidad de marihuana que una persona puede poseer sin que se considere delito (actualmente de 5 gramos).

    “Los políticos dirán sí a la marihuana medicinal, pero no a la de ‘doña Chole’, solo si el medicamento viene de las farmacéuticas canadienses que cabildean en el congreso. Ese sería el más terrible de los escenarios”, dice Catalina Pérez Correa, investigadora del Centro de Investigación y Docencia Económicas.

    “En total se han presentado 16 iniciativas y ninguna ha pasado”, añade Pérez Correa, que este año publicó un estudio en cárceles federales que concluye que el 60 por ciento de los presos por delitos de drogas están en prisión por posesión de marihuana. La investigadora advierte que si la marihuana viaja menos hacia el norte se quedará en México, aumentará la oferta local, bajará el precio y subirá el consumo entre los mexicanos.

    “Lo ideal sería legalizar, pero si no al menos México debería hacer la vista gorda, el equivalente al don´t ask, don´t tell que ha seguido Obama en los estados que han legalizado. Lo que es absurdo es la guerra de Calderón-Peña, que sigamos sacrificando vidas y recursos en quemar sembradíos y poner retenes cuando cruzando la frontera del estado más importante de la Unión Americana la marihuana es legal”, dice Jorge Castañeda, intelectual y exsecretario de Relaciones Exteriores del gobierno de Vicente Fox.

    A diferencia de Estados Unidos, en México los mayores cambios se han producido en los tribunales. El año pasado un juez concedió un amparo a los padres de Grace, una niña que sufre el síndrome Lennox-Gastaut, para que pudieran importar aceite derivado del cannabis prohibido en México. Los padres habían probado todo tipo de medicamentos para que su hija dejara de tener hasta 400 convulsiones epilépticas al día.

    Unos meses después la Suprema Corte de Justicia también amparó a los integrantes del colectivo SMART, que pedían autocultivo y consumo de la marihuana. La sentencia indicaba que los artículos de la Ley General de Salud impugnados por los querellantes ocasionaban “una afectación muy intensa al derecho al libre desarrollo de la personalidad en comparación al grado mínimo de protección a la salud y al orden público”. Otros tres amparos colectivos siguen actualmente ese camino.

    Ahora, bajo el abrigo de la regulación en California, varias organizaciones civiles lanzarán una iniciativa ciudadana para que la marihuana en México salga de la clandestinidad.

    “Estados Unidos ha avanzado porque se ha hecho mucha presión desde abajo y aquí tenemos que hacer lo mismo”, dice Zara Snapp, consultora sobre política de drogas y autora del Diccionario de Drogas. El objetivo de la propuesta es reunir 120.000 firmas para llevarla al senado. “La idea es otorgar diferentes clases de permisos y privilegiar a los pequeños y medianos productores. Por otro lado, habrá inversores mexicanos interesados en un nuevo mercado. También habrá un fondo de reparación para pacientes, usuarios y las víctimas de la militarización”, explica Snapp.

    Con los cambios votados en Estados Unidos, una quinta parte del país vivirá en estados en donde es legal el uso recreativo de la marihuana. Para Alejandro Hope, analista en seguridad, el Sí en California es el principio de un proceso de largo plazo que acabará con la regulación también en México, aunque después de sortear varios obstáculos sobre cómo deben funcionar esos mercados.

    “La experiencia con la marihuana en México sigue siendo un fenómeno marginal. La opinión pública es muy adversa y la regulación no tiene mucha tracción política, tanto porque hay mucha desconfianza en la capacidad regulatoria del Estado como porque buena parte de las consecuencias del crimen no están asociadas a la marihuana”.

    Otro de los apartados de la “ley de la frontera” dice que Estados Unidos pone los consumidores y México las drogas y los muertos. En este caso, el impacto del cannabis no debería afectar esa regla: al sur de la frontera, la marihuana es una de las muchas fuentes de financiación de los carteles mexicanos, que desde hace años se han diversificado más allá del tráfico de drogas. Las organizaciones también lucran de la extorsión, el secuestro, el tráfico de recursos naturales o la trata de personas.

    “No podemos minimizar el impacto positivo ni tampoco exagerar los beneficios. La regulación de la marihuana no solucionaría el problema de la financiación del crimen, pero sí solucionaría las leyes de drogas”, dice Lisa Sánchez, de México Unido contra la Delincuencia.

    En México, explica, la leyes “se hicieron para ser duros con el crimen pero agarrando a esos eslabones más débiles que siempre se reponen. Se pensó que eso acabaría con la inseguridad y hoy la percepción de inseguridad es mayor que hace diez años. Le debemos justicia a mucha gente”.

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    Publicado por Anónimo | 11 noviembre, 2016, 13:39
  32. México se prepara para los efectos de una presidencia de Trump
    Por AZAM AHMED , KIRK SEMPLE y PAULINA VILLEGAS

    CIUDAD DE MÉXICO – Para México la pesadilla se convirtió en realidad.

    Tal vez ningún otro país, aparte de Estados Unidos, se jugaba tanto en la elección presidencial estadounidense como México.

    En la madrugada del miércoles, este país fue testigo de cómo Donald Trump se convirtió en el próximo presidente de Estados Unidos. El poder será ejercido por un candidato cuyas promesas centrales incluyeron construir un muro entre los dos países, terminando con décadas de tratados comerciales y el inicio de la deportación de millones de migrantes mexicanos.

    Un peso ya volátil sufrió su caída más drástica en casi 20 años, una representación en el mercado del sentimiento generalizado en todo México por la elección de Trump para el cargo más poderoso del mundo. Para muchos, esta elección afecta los años de esfuerzos que buscaron mejorar la relación entre ambas fronteras, que ha sido históricamente tensa. Su elección promete un futuro financiero turbulento para México, que depende del sustento económico de Estados Unidos, tanto en términos de comercio como por las remesas.

    “Es un desastre no mitigado”, dijo Jorge Castañeda, exsecretario de Relaciones Exteriores y profesor de Política y Estudios Latinoamericanos en la Universidad de Nueva York. “Hay muy pocas herramientas para arreglar la relación”.

    Durante meses, México observó la campaña con una mezcla de temor y confusión, forzado a atestiguar una cruda corriente de veneno estadounidense desatado por la candidatura de Trump. Ahora, la elección se percibe como un heraldo de los días difíciles que vendrán para el país, su economía, la emigración e incluso su estado mental.

    “Esta elección nos recuerda la mala imagen de México en Estados Unidos”, dijo Jesús Silva-Herzog Márquez, un columnista y profesor en el Instituto Tecnológico de Estudios Superiores de Monterrey, en México. “También es un espejo en el que podemos apreciar dolorosamente nuestro reflejo”.

    “No tendremos que esperar a que la banda presidencial cambie de dueño para sentir los efectos devastadores, no solo en términos económicos, sino también la crisis existencial que provocará”, añadió.

    A lo largo de Ciudad de México, las esperanzas por la victoria de Hillary Clinton se frustraban mientras los conteos de estado por estado resultaban a favor de Trump.

    “Imagínense cómo se verán los Estados Unidos a partir de ahora”, dijo Angelina González, quien vende cosméticos en la Ciudad de México. “Se acerca una inmensa ola de discriminación”.

    Entre los periodistas de Horizontal, una revista cultural y política de Ciudad de México, el ánimo estaba por los suelos y la confusión reinaba. Antonio Martínez Velázquez, cofundador de ese proyecto editorial, reflexionó sobre el resultado con un profundo sentimiento de incertidumbre.

    “Este momento obliga al mundo, incluyendo a México, a repensar su relación con Estados Unidos”, dijo. “Este momento, que en realidad marca el fin de una era, la era de la hegemonía de Estados Unidos, y el comienzo de un nuevo capítulo para nosotros en México”.

    Trump ha sido una de las fuerzas políticas más influyentes durante este año, haciendo enojar a los mexicanos de todas las extracciones e incluso a funcionarios gubernamentales con su campaña en contra del país. La ira se desató cuando el presidente de México, Enrique Peña Nieto lo invitó a visitar México, un ofrecimiento que el candidato aceptó.

    Siguieron semanas de un sentimiento de encono y traición, mientras muchos mexicanos denunciaban la invitación de Peña Nieto como una capitulación innecesaria del dirigente de una nación que había sido insultada.

    Ahora resulta que Peña Nieto tenía razón: Trump no era un candidato al que se pudiera ignorar.

    En una serie de tuits del miércoles en la madrugada, Peña Nieto felicitó “a la gente de Estados Unidos por el proceso electoral” y reiteró su voluntad de trabajar con Trump “a favor de la relación bilateral”.

    “México y EUA son amigos, socios y aliados que deben seguir colaborando por la competitividad y el desarrollo de América del Norte”, escribió. “Confío que México y Estados Unidos seguirán estrechando sus lazos de cooperación y respeto mutuo”.

    Trump ha prometido construir un muro entre los dos países y hacer que México lo pague. Sin embargo, la secretaria de Relaciones Exteriores, Claudia Ruiz Massieu, rechazó esa idea en una entrevista por televisión el miércoles en la mañana.

    “Pagar el muro está fuera de nuestra visión”, dijo. “La visión que tenemos es de integración, de cómo México y Estados Unidos trabajando juntos somos más competitivos”.

    En términos prácticos, sospechan la mayoría de los expertos, la elección afectará profundamente en la economía.

    Estados Unidos y México están estrechamente integrados en cuestiones de economía, demografía, cultura y seguridad, hilvanados por la movilidad de personas, bienes y dinero a lo largo de la frontera de 3220 kilómetros entre ambos países.

    Adonde vaya uno, va el otro. México es el tercer socio comercial de Estados Unidos, después de Canadá y China, con cerca de 531 mil millones de dólares de comercio bilateral en 2015.

    Ambos países son interdependientes; bienes y partes estadounidenses se envían a las fábricas mexicanas cuyas manufacturas se envían de regreso a Estados Unidos, y viceversa. Millones de trabajos estadounidenses están directamente relacionados con el comercio con México.

    Trump ha prometido acabar con el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), un pacto que básicamente ha moldeado las relaciones económicas en Norteamérica. Sostiene que México ha sido el mayor beneficiario del acuerdo, mientras que los trabajadores han sufrido por falta de trabajos y salarios estancados, un argumento que le funcionó muy bien con esos segmentos del electorado estadounidense.

    Aunque México es el segundo destino de los artículos estadounidenses, lo que le da al país una cierta ventaja o capacidad de responder ante cualquier acción tomada por Trump, los países muestran “una relación muy asimétrica”, dijo Castañeda, sugiriendo que al final es poco lo que México puede hacer para ejercer presión.

    Muchos mexicanos podrían perder sus empleos y todos sufrirán si sucede una rápida depreciación del peso. Sin embargo, una crisis económica también podría convertirse en una crisis migratoria, lo contrario a lo prometido por Trump durante su campaña.

    Casi 35 millones de ciudadanos mexicanos y mexicoamericanos viven en los Estados Unidos; la mayoría de las personas de ascendencia mexicana tiene la ciudadanía estadounidense o la residencia legal. Entre uno y tres millones de estadounidenses están presentes en México en algún momento, señalan los analistas.

    La migración de indocumentados desde México se ha reducido, y los cálculos del Pew Research Center muestran que más mexicanos están regresando a México de los que están emigrando hacia Estados Unidos, lo que resulta una pérdida neta. Sin embargo, una crisis económica repentina podría volver a enviar a los mexicanos a Estados Unidos en busca de trabajo.

    “Generas una crisis económica en México, y todas esas ganancias que hemos visto en términos de cero migración se van por la cañería”, dijo Agustín Barrios Gómez, un antiguo diputado mexicano y presidente de la Fundación Imagen de México, que se dedica a promover la imagen del país en el extranjero.

    No todos se sintieron completamente tristes por los resultados de la elección. Si hay un resquicio de esperanza, dicen algunos, está en que la amenaza externa fuerce a los mexicanos a unirse.

    “Creo que tener un factor fuerte y negativo cruzando la frontera unirá a los mexicanos para trabajar más arduamente, lo que será un efecto positivo”, dijo Arturo Delgado, el director retirado de una escuela técnica.

    Algunos se sienten seguros de que el discurso hostil de Trump como candidato menguará cuando asuma el cargo.

    “No veo ningún problema en cuanto al comercio o la migración”, dijo Raymundo Riva Palacio, analista político y columnista.

    En cuando al comercio, Riva Palacio sostiene que los grupos comerciales y los gobernadores que apoyaron a Trump, incluyendo a Greg Abbott de Texas, le recalcarán la importancia de permanecer dentro del TLCAN.

    En cuanto al muro que Trump juró erigir a lo largo de la frontera sur, “a Donald Trump le será muy difícil obtener el presupuesto”, dijo.

    En última instancia la economía atemperará las políticas de Trump hacia México, sostiene. También dijo que es posible que más estados aprueben leyes restrictivas que harían la vida más difícil para los migrantes mexicanos. Riva Palacio señaló que con el congreso y el senado en manos de los republicanos, la victoria de Trump puede ser una señal de un realineamiento ideológico que no había ocurrido desde la elección de Ronald Reagan.

    “El problema no es para México, es para Estados Unidos”, dijo Riva Palacio.

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    Publicado por Anónimo | 11 noviembre, 2016, 13:37
  33. Donald Trump, el magnate que llegó al poder con su reflejo del hombre común
    Por ALEXANDER BURNS
    10 de noviembre de 2016

    Donald John Trump desafió a los escépticos que decían que nunca contendería a la presidencia y también a los veteranos políticos que se mofaban de su campaña improvisada.

    Atacó las reglas de la política estadounidense al señalar a grupos para que fueran víctimas de escarnio debido a su raza o religión, y atacó la legitimidad del proceso político.

    Ignoró las convenciones del civismo más elemental, recurriendo a la vulgaridad y a las humillaciones en contra de sus oponentes políticos y críticos en los medios.

    Y, en un último acto de desafío, Trump salió victorioso, convocando a una marejada de apoyo de blancos con menor educación y desplazados por cambios en la economía y con una resistencia férrea a los cambios de tono cultural y racial del país.

    Con su victoria, Trump le dio quizá la mayor sacudida al sistema político de la historia moderna de Estados Unidos y abrió la puerta a una era de extraordinaria incertidumbre en casa y alrededor del mundo.

    La campaña que lo llevó al umbral de la Casa Blanca reprodujo un patrón familiar de la vida de Trump, pero en una escala monumental.

    Hijo de un acaudalado desarrollador de bienes raíces de Queens, Trump, de 70 años, pasó décadas tratando de conseguir aceptación social en los círculos exclusivos de Manhattan y buscando, a veces de manera desesperada, persuadir al resto del mundo para que lo vieran como un gran hombre de negocios. Sin embargo, las élites y los líderes políticos a menudo lo recibieron con desdén burlón.

    Trump se presentaba como un defensor del hombre común —una persona de gustos poco refinados pero con un peculiar atractivo popular— y desempeñó el papel con toda extravagancia, primero en los tabloides de Nueva York y después en televisión. Se convirtió en un erudito en todos los temas, despotricando contra la delincuencia en Nueva York y el comercio internacional y la legitimidad de Obama como presidente, a veces en términos incendiarios.

    Su candidatura se desarrolló casi del mismo modo: impulsada por la furia de un marginado agraviado, más alineado con las sensibilidades de los trabajadores blancos que con sus iguales en la sociedad.

    En el primer día de su campaña, el 16 de junio de 2015, Trump comparó su búsqueda por el éxito en Nueva York con su ingreso a la arena política.

    En un discurso ante una multitud compuesta principalmente de periodistas en el vestíbulo de la Trump Tower, Trump mencionó que los analistas políticos habían predicho que “nunca podría competir”. Segundos más tarde, recordó que su padre, Fred Trump, lo había instado a no competir nunca en “las grandes ligas” de Manhattan.

    “‘No sabemos nada de eso. No lo hagas’”, dijo, citando a su padre. “Yo dije: ‘Tengo que adentrarme en Manhattan. Tengo que construir esos enormes edificios. Tengo que hacerlo, papá. Tengo que hacerlo’”.

    Impulsado por esa misma ambición sin límites, la candidatura de Trump estuvo marcada por incontables tropiezos y errores, desde los discursos groseros y dispersos que pronunciaba a diario hasta las acusaciones de abuso sexual que parecieron paralizarlo en las últimas semanas de la carrera. Ningún otro candidato de la historia había insultado con tanta libertad ni se había visto tan golpeado por el escándalo, solo para seguir luchando y resultar vencedor.

    Trump hizo dos o tres cosas bien que acabaron por importar más que todo el resto. En el ámbito visceral, entendió la dinámica que el liderazgo político de ambos partidos no había visto o había ignorado: principalmente, la frustración descarnada de los electores blancos de la clase trabajadora que apoyaban su candidatura con una fuerza decidida.

    Trump los convenció más con pronunciamientos viscerales sobre comercio exterior, guerras en el extranjero y trabajadores inmigrantes, que con promesas electorales. Dejó a sus rivales republicanos de las primarias atónitos ante su rechazo a las políticas convencionales y expuso un enorme abismo entre el programa de recortes fiscales y austeridad fiscal preferido por los conservadores tradicionales y las preocupaciones de las bases del partido.

    Ridiculizado por críticos de derecha e izquierda, rehuido por las figuras más respetadas de la política estadounidense, incluyendo cada uno de los expresidentes vivos, Trump equiparó su propia condición de marginado con los resentimientos de la clase blanca.

    Hasta los improperios y la incivilidad que consternaban a los guardianes del discurso político parecían no hacer más que estrechar los lazos entre Trump y sus seguidores. Hizo a un lado las normas sociales por considerarlas simple “corrección política”, burlándose de la apariencia física de la esposa de un opositor, criticando ferozmente el matrimonio de Hillary Clinton y esgrimiendo estereotipos de minorías raciales, todo para ganarse el aplauso de su base electoral.

    En resumen, Trump se promocionó ante el país como el abanderado de la rabia populista blanca y prometió ante la Convención Nacional Republicana en Cleveland defender “a los obreros desempleados y las comunidades oprimidas por nuestros horribles e injustos tratados comerciales”.

    “Estos son los hombres y las mujeres olvidados de nuestro país”, dijo Trump. “La gente que trabaja arduamente pero ya no tiene voz”.

    Entonces declaró: “Yo soy su voz”.

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    Publicado por Anónimo | 11 noviembre, 2016, 13:35
  34. ¿Cómo será la política interior de Trump?
    DW habló con el politólogo estadounidense Mark Hallerberg sobre lo que puede esperar Estados Unidos en las áreas política y social tras la victoria de Trump.

    DW: ¿Cómo pudo ganar Trump, un político que insultó a tantos grupos y cometió tantos errores?
    Hallerberg: Trump apeló a la cólera de muchas personas que sienten que se las dejó atrás en la economía y abandonadas por Washington. Su populismo y su lenguaje de la calle lo ayudaron a conquistar a quienes se sienten marginados.
    Los republicanos dominarán la Casa Blanca y ambas cámaras del Congreso, además de poder ocupar una vacante en el Tribunal Superior. ¿Podrán ejecutar su programa sin trabas?
    Bajo estas condiciones, podrán concretar mucho más de lo habitual, pero hay muchos parlamentarios que tienen sus propias ideas. En Estados Unidos los senadores no están supeditados a la línea del partido, como en Europa. Mitch McConnell, por ejemplo, rechaza un plan de inversiones tan grande como el anunciado por Trump. Muchos republicanos están en desacuerdo con Trump, así que habrá complicaciones.

    ¿Qué pasará con “Obamacare”? ¿Se arriesgará Trump a eliminar este sistema de salud sin ofrecer alternativa?
    Unos 20 millones de estadounidenses se benefician de “Obamacare”. Trump anunció su eliminación. Una parte de los votantes de Trump probablemente se beneficie de Obamacare y perdería la asistencia médica si Trump no presenta un sistema alternativo.
    Trump quiere deportar a unos 11 millones de inmigrantes sin papeles. ¿Podrá hacerlo?
    He hablado con electores de Trump que me dicen que el “muro” en la frontera con México es más bien “simbólico”, que lo que quieren es una frontera mejor vigilada. Pero nadie sabe, a ciencia cierta, qué es lo que realmente quiere hacer Trump.
    Trump dividió al país. Ya hay protestas callejeras. ¿Puede crecer el malestar?
    Solo si Trump provoca a los descontentos con uno de sus discursos incendiarios, por ejemplo. Pero parece que se calmará. En su primer discurso como presidente electo elogió a Hillary Clinton y a Barack Obama.
    ¿Moderará su tono cuando asuma como presidente?
    Mi preocupación es que no veo persistencia en su conducta. No estoy seguro de mantenga su cordura cuando le salgan las cosas mal. La política se hace en base a compromisos, de los que a veces salen ganadores o perdedores.
    Mark Hallerberg es profesor de Ciencias Políticas en el Hertie School of Governance.
    Christoph Hasselbach (JOV/ CP)

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    Publicado por Anónimo | 11 noviembre, 2016, 07:09
  35. EE. UU., un país dividido
    En los bares de Wall Street, en el corazón de Manhattan, sólo hay un tema de conversación: Donald Trump. Como en el resto de Estados Unidos, en Nueva York se siente la polarización que provocó el nuevo presidente.

    “Tengo un hijo de 14 años de edad y estoy muy preocupada por lo que ha sucedido”, dijo ShaCarol Holland a DW. Esta afroamericana, de 36 años, tiene miedo ante la perspectiva de tener un presidente que continuamente hizo comentarios racistas durante su polémica campaña.
    Randy Smith, por su parte, no comparte esos temores. Smith, de 56 años, es uno de los pocos afroamericanos que votó al republicano Trump. A Smith no le gustó Hillary Clinton, “la candidata políticamente correcta”, sino Trump, por sus “críticas contra el sistema”. “Ahora tenemos a alguien que no ha estado involucrado en la política antes de haber sido elegido presidente. Eso es lo que Estados Unidos necesita”, cree Smith.
    Estados Unidos, dividido entre el campo y las ciudades

    El inesperado éxito de Trump ha sacado, una vez más, a la luz las divisiones en la sociedad estadounidense. Como de costumbre, los demócratas ganaron en las ciudades a lo largo de ambas costas, mientras los republicanos obtuvieron su victoria, gracias al sur y las zonas rurales del centro del país.
    Tras la victoria, Trump dijo que “era hora de sanar las heridas abiertas por la división”. También Clinton y Obama convocaron a unirse tras el nuevo presidente electo. Pero fueron tantos las amenazas y los insultos proferidos por Trump durante su campaña que eso hace difícil una reconciliación.
    Fervientes trumpistas versus decepcionados
    Trump atrajo principalmente a los blancos y a los descontentos con el sistema político de Estados Unidos. En la mañana de este jueves (10.11.2016), más de una docena de sus seguidores se congregaron frente a la Torre Trump en Manhattan gritando consignas como “Seque el pantano”, en referencia a Washington y la presunta corrupta política de la capital. La Policía tuvo que separar a seguidores de Trumpo de los decepcionados por la derrota de Clinton que gritaban “Trump no es nuestro presidente”.
    “Hemos recuperado el control”, decía, por su parte, Joey, un puertorriqueño de Brooklyn, que llevaba una pancarta con la frase: “Trump y brexit: el poder para el pueblo”.
    Entre la multitud había varios liberales más jóvenes, como la neoyorquina Isabel Dayo, de 18 años, quien dijo estar asustada. “Soy judía y mis amigos son de las más diferentes razas. Estoy preocupada por lo que pueda suceder ahora”.
    Stephanie Freema, una estudiante de economía de 21 años, votó por Clinton y también expresó estar preocupada por las políticas económicas de Trump. El magnate inmobiliario ha amenazado con revocar los acuerdos de libre comercio.
    “Me preocupa que vaya a arruinar nuestra economía”, dice, y se pregunta: “¿Habrá un trabajo para mí cuando me gradúe?”.
    Su amiga Isabel estaba más enojada con los jóvenes que no salieron a votar. “Mucha gente se quejaba de Trump, pero no se molestó en votar”, advirtió esta bailarina de 21 años de edad.
    Por último, el comerciante de arte Donald Ellis, quien observó el primer discurso del presidente electo cerca de la sede central de la campaña de Trump, llega a una conclusión más drástica: “Esto es el surgimiento del fascismo en Estados Unidos y no puedo creer que lo esté viendo con mis propios ojos”.

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    Publicado por Anónimo | 11 noviembre, 2016, 07:08
  36. El peligroso proteccionismo de Trump

    En el fondo, todo es muy sencillo: quien prometa reducciones tributarias a los estadounidenses, tiene prácticamente ganadas las elecciones. Hillary Clinton quería aumentar la carga tributaria del 1 por ciento de los más adinerados. Más impuestos y menos posibilidades de evadirlos eran su receta para llenar las arcas. Suena a un manejo presupuestario sensato.
    Pero con semejantes planes no se gana elecciones. Donald Trump, en cambio, prometió de todo, a los pobres y a los ricos: una reducción del impuesto del tramo superior, del 40 al 25 por ciento, y exención de impuestos a la renta de las personas de menores ingresos, a partir de 2017. De ello se beneficiarían más de 60 millones de hogares. ¿Se sorprende alguien de que los votantes apoyen masivamente al populista? Ellos no tienen que sacar cuentas; basta con que crean.
    Pero si uno saca las cuentas, llega a una baja de ingresos impositivos de entre 2,6 y 3, 9 billones de dólares en los próximos 10 años. Son agujeros que ni siquiera un Donald Trump puede tapar.
    Libre comercio en peligro

    Las promesas electorales poco realistas no son un fenómeno específicamente estadounidense. Populistas hay en todas partes. Mucho peor para la economía mundial y el comercio internacional sería que Trump cumpliera otra de sus promesas: se propone dejar sin vigor el tratado de libre comercio con México y Canadá, no ratificar el acuerdo transpacífico TPP y no seguir negociado el TTIP con la Unión Europea. Quiere dificultar el acceso al mercado a países como China, Corea del Sur o Japón, de ser necesario también mediante aranceles punitivos. Todo ello, supuestamente, para proteger a la industria local de prácticas desleales de competidores extranjeros.
    Hay una palabra que designa ese pensamiento: proteccionismo. Como hombre de negocios, Trump debería saber que la competencia es positiva. Si se protege a las empresas locales artificialmente con aranceles y otras trabas comerciales, no se le hace realmente un favor al país. Al contrario: las empresas descuidan la investigación y la innovación, y pierden competitividad.
    El proteccionismo, los aranceles punitivos y las barreras comerciales tendrían, además, desastrosas consecuencias para el comercio y la economía mundial. Desde hace años, el comercio mundial crece poco y, si se resta la inflación, se llega a la conclusión de que está estancado. En realidad, se necesitarían ahora nuevos impulsos, mediante más tratados de libre comercio. Pero Trump no piensa así.
    Peor que el “brexit”
    También las empresas alemanas sentirán el impacto. Desde que se ha debilitado la demanda de Europa y China, Estados Unidos se ha convertido en el principal comprador de exportaciones alemanas, superando a Francia. En Alemania, cerca de un millón de empleos dependen directa o indirectamente de las exportaciones a Estados Unidos. La política de Trump podría convertirse, por lo tanto, en un problema para la economía germana.
    En mayo, ningún europeo podía imaginar aún que los británicos realmente optarían por abandonar la Unión Europea. Pero lo que tenemos ahora por delante tendrá consecuencias mucho más profundas que el voto a favor del “brexit”. Porque no se trata de la economía británica, relativamente pequeña. Se trata de la economía más poderosa del mundo.
    También hay populistas en Europa
    El populismo de Donald Trump también tiene sus equivalentes en Europa. Y estos se verán alentados por el triunfo del candidato republicano. El 4 de diciembre, los italianos decidirán en un plebiscito sobre la reforma del Senado. Si fracasa la propuesta, podría suceder que en elecciones anticipadas se convierta en primer ministro un excomediante.
    La victoria de Trump, sin embargo, no justifica que los europeos frunzamos el ceño. No solo hay que pensar en populistas como Berlusconi o Beppe Grillo en Italia, Viktor Orbán en Hungría o Jaroslav Kaczynski, el hombre que mueve los hilos tras bambalinas en Polonia. También está la amenaza de Marine Le Pen en Francia y de Geert Wilders en Holanda. ¿Falta alguien? Pues sí: en Alemania florece el partido AfD. También este se sirve del sector de los ciudadanos desfavorecidos, indignados con “los de arriba”; y ellos son justamente los que llevaron a Donald Trump a la victoria al otro lado del Atlántico.
    Autor: Rolf Wenkel (ER/ CP)

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    Publicado por Anónimo | 11 noviembre, 2016, 07:06
  37. Un outsider en la Casa Blanca
    11 Nov 2016

    La palabra inglesa outsider, con el significado original de extraño, forastero, es decir, alguien que no pertenece al lugar de la mayoría de referencia, fue tomando el significado de alguien que está fuera de lugar, o, más precisamente, que quiere estar en el lugar que no le corresponde, por tradición o costumbre, sobre todo en el argot de los políticos, en su rol de administradores de la cosa pública.

    Aquí adquirió ciudadanía con la elección de Lugo, cuando, tras jurar y perjurar que no se dedicaría a la política ni se candidataría a presidente, madrugó a todos los socios políticos, los insiders, los que estaban dentro de la política y la administración pública. Y así fue como se instaló el término outsider, como un extraño de la política que viene a la política, generando nuevas expectativas, sin mucha experiencia para materializarlas.

    El término ya había sido incorporado al inglés con la significación de alguien que viene de afuera de la política. Y, en cierta medida, le calza perfectamente a Trump, cuyo discurso ha estado justamente en eso, en decir a los que están decepcionados de la política, todo lo malo que quieren escuchar de los que administran la política, es decir, la cosa pública, que él va a cambiar las cosas y va a favorecer a los olvidados por esa casta privilegiada, haciendo todo lo contrario.

    Ya son varios los que se han adelantado en decir que es uno de los principios fundamentales de Hitler: echar leña al fuego, agigantar la hoguera; y, como los demócratas no lo vieron venir, sino que creyeron que era un discurso tosco y grosero, que lo es, sin duda; pero eso en comunicación no siempre tiene importancia; lo que importa es el impacto.

    Hace ya unos cuantos años, de visita en el continente americano, el ex presidente español Adolfo Suárez, clave de la transición española a la democracia, dijo que todos los habitantes de América deberían tener derecho al voto en EEUU, dada la tremenda influencia del “gran país del norte” en la política continental. Muchos le aplaudieron. Y no era descabellado, si atendemos a que el voto creciente de hispanos, afros, orientales y otros inmigrantes, que, en cierta medida ganaron espacio a los inmigrantes de antaño, los wasp, “blancos, anglosajones y protestantes”.

    En cierta medida, el envido de Adolfo Suárez se estaba cumpliendo; esa inmigración del resto de América se ha convertido hoy en un factor de peso en la política norteamericana por medio del voto, voto en el que confiaba Clinton para el triunfo electoral. No es casual que la propuesta fundamental de Trump fuera construir un muro que cerrara el paso al sur. No es el primero que ha hecho tan descabellada propuesta, aunque tal como la exponía el mediático millonario sonaba a convincente, tal vez porque cuando más grande es el disparate más creíble se vuelve, a los ojos de los que comparten el deseo de verlo realizado.

    Hasta aquí los discursos del outsider contra los insiders, del arribista contra los que vienen manejando el aparato estatal, de la confrontación entre buenos y malos, tan antigua como la humanidad. Hasta ahí el discurso de campaña.

    En el discurso del día siguiente, Trump parecía un discípulo de San Francisco de Asís, hasta agradeciendo a Clinton lo mucho que había hecho.

    ¿Qué sucedió? Simplemente que el outsider ya era presidente, ya era un insider y tenía que pensar en administrar un país, no una parte de un país que mayoritariamente ha manejado la libertad como bandera, y que, pese a un exacerbado racismo, ha sido capaz de elegir un presidente negro, consciente de que es “el gran país del norte”, gracias a los unos y a los otros.

    Ese párrafo estuvo también en el discurso del Trump insider.

    Queda ver ahora, considerando los antecedentes del magnate racista, machista y con delirios chinescos de hacer la muralla más grande del mundo, cómo van a convivir el outsider y el insider; en la primera potencia mundial, que tiene gran influencia en la política internacional y en el equilibro de fuerzas; ya que el discurso incendiario es fácil de lanzar en una campaña, viejo vicio de muchos políticos, pero es difícil, y en este caso muy peligroso, de cumplir, en un país organizado que tiene un aparato democrático fuertemente instalado, en el que resulta difícil pensar en un Hitler, aunque haya habido muchos McCarthy (*), amantes de la censura y del cercenamiento de las libertades.

    * Joseph McCarthy (1909-1957) quien desencadenó, durante la Guerra Fría, una persecución brutal contra intelectuales, escritores cineastas… y que llevó al exilio hasta a Charles Chaplin.

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    Publicado por Anónimo | 11 noviembre, 2016, 05:14
  38. Donald Trump

    Por Enrique Vargas Peña

    Faltan pocas horas para que sepamos si, finalmente, el establishment político norteamericano logró frenar, o no, a Donald Trump, candidato del Partido Republicano a la presidencia de Estados Unidos, pero principalmente candidato de los “antisistema”.

    Se está usando mucho aquel término en estas últimas semanas, establishment, que según el Oxford dictionary significa “un grupo en la sociedad ejerciendo poder e influencia sobre asuntos políticos, de opinión, de gustos, visto como opuesto al cambio” (http://bit.ly/2edGaBq).

    No creo que debamos sorprendernos de que el establishment haya desarrollado contra Donald Trump la campaña más sucia de la historia de Estados Unidos. Nadie había despreciado antes al electorado que no vota por él, como lo ha hecho Hillary Clinton, que lo ha calificado de “deplorable”.

    Confieso, antes de seguir, que los candidatos antisistema generalmente tienen mi simpatía y que por ello me he equivocado muchas veces, apoyando a Hugo Chávez, hasta bien después del golpe de Estado del 11 de abril de 2002, o a Horacio Cartes, hasta que la suma de acciones inconstitucionales que llevó adelante me certificó incontrovertiblemente mi error.

    Por esos y otros casos creo haber aprendido finalmente que muchos candidatos antisistema son remedios peores que la enfermedad que dicen combatir y que es preferible soportar más tiempo el mal conocido que saltar de la sartén al fuego.

    Esto no significa que el establishment sea bueno. El establishment venezolano derrocado por Chávez era una maquinaria de corrupción que solamente comparada con Nicolás Maduro parece preferible y los prebendarios que Cartes dijo que iba a combatir son aceptables solamente si se los compara con los proponentes de la dictadura “a-la-Stroessner” que nuestro presidente contrata y promociona.

    Nadie sabe aún si en pocas horas más Trump se convertirá en presidente-electo de Estados Unidos, y menos aún si, eventualmente, el presidente Trump empujará a la democracia norteamericana a la catástrofe que anuncian sus detractores.

    Pero ya sabemos algunas cosas con certeza. Sabemos ya que un porcentaje grande de los ciudadanos norteamericanos está disgustado con la manera en que el establishment ha estado conduciendo los asuntos públicos. Es el electorado de Trump.

    Ninguna encuesta que haya llegado a mi conocimiento ha mostrado, hasta el momento en que escribo este material, que los ciudadanos norteamericanos estén desilusionados de su democracia y lo prueba el alto nivel de aceptación con el que el presidente saliente, Barack Obama, está terminando su gestión, pero todos los sondeos coinciden en que el número de enojados con el establishment es importante.

    Trump no será, si gana, el primer presidente antisistema que elijan los norteamericanos. Abraham Lincoln, fundador justamente del Partido Republicano, es el más importante de ellos, pero también se puede mencionar a Franklin Roosevelt, demócrata, y a Ronald Reagan, republicano.

    A pesar de que el establishment fulminó contra todos esos candidatos antisistema cosas parecidas a las que ahora está diciendo contra Trump, aquellos fueron todos grandes, enormes presidentes de Estados Unidos.

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    Publicado por Anónimo | 11 noviembre, 2016, 05:00
  39. Trumplicados
    08 Nov 2016

    Por Esteban Aguirre

    “Ya intentamos la opción de la cordura, así que ahora queremos optar por la locura”, son las palabras con la cual, según el New York Times, los seguidores de Donald Trump vaticinan que hoy, al acabar este oscuramente histórico martes 8 de noviembre, este señor de cordura tan dudosa como su patentado “recorte algodón dulce” será el nuevo presidente de los Estados Unidos de Norteamérica.

    Hago énfasis en llamar a este gran país “los Estados Unidos de Norteamérica”, forma en que se lo llamaba antes de 1778, para luego pasar a ser… de América, y eventualmente solo Estados Unidos, porque haciendo de tripa corazón, me remueve el estómago la idea de que un ser humano como Donald Trump utilice la palabra América en su eslogan “Make America Great Again” (Hagamos que América sea del tipo nambréna de vuelta, por así decirlo).

    Yo soy latinoamericano y siempre sentí ese “¡para na mi cuate!” cuando cualquiera de mis amigos norteamericanos me responden a la pregunta, ¿de dónde sos? con un cerrado “..mmmerica”. Como si yo no fuese parte de esta parte del globo terráqueo… vecino.

    No intento generar una línea divisoria con estos amigos, todo lo contrario. Si esta noche vemos al peluco Trump pasar a ser “el líder del mundo libre” la verdad que no sé cuánto tiempo más esas palabras “mundo libre” serán parte de esa oración, y ese va a ser el verdadero momento de actuar como buenos vecinos, sin divisoria alguna.

    Y si bien hay mucho texto más interesante, elaborado y mejor calificado para hablar sobre esta insana batalla entre el partido demócrata y un sociópata que ha tomado por rehén al Partido Republicano de los vecinos de arriba, considero que puedo hablar con propiedad sobre, tal vez, el tópico de mayor incidencia en el hecho de que están a punto de entregar las llaves de la Casa Blanca al Guasón de Ciudad Gótica (escribo esto con mucho respeto al verdadero Sr. Guasón). Un tópico llamado: La comunicación globalizada.

    No es cualquier cosa que Donald Trump fuera detrás del voto precisamente de las regiones (el llamado “cinturón del óxido” o “rust belt”, que se extiende a lo largo de los Grandes Lagos) que han resentido la desindustrialización, algo característico de los movimientos del capital actual dentro de lo que se ha llamado la globalización.

    Y que un sector de la población de Estados Unidos –los blancos, con estudios de medios– sean la base de sus votantes más firmes, el voto duro. Es justamente un proceso invertido de comunicación, crear una literal muralla y volver a tiempos de esclavos, en este caso mentales, sin una noción de la existencia del mundo alrededor de este norteamericano.

    Comunicación cortada con el mundo salvo que sea para motivos de mano a mano sin remera, mi bomba hace más “¡buuum!” que la tuya. Y cuando tenés a un narcisista con acceso al “botón” que maneja la prensa como la maneja este neanderthal inmobiliario, podemos estar seguro que vamos a ver los ratings disparar con cada anuncio de guerra. En pocas palabras: El peor reality show de la historia de la humanidad… perdón, me retracto, el segundo, había olvidado “The Apprentice”.

    Creo que el primer capítulo de la serie británica “Black Mirror” mejor describe la situación por la cual pasan estas históricas elecciones, en donde toman de rehén a la Princesa y solicitan, para dejarla en libertad, que el Primer Ministro aparezca en televisión en vivo teniendo sexo con un cerdo.

    Hay una escena en particular que ejemplifica a la perfección el estado catatónico con el cual el mundo mira sin poder apagar las pantallas, hoy ya interconectadas, a este fascista xenofóbico describir cómo va a crear un futuro con mucho más odio del presente en el que vivimos. Si bien el Partido Demócrata no ofrece la mejor de las opciones para estos duros momentos, al menos se divisa un plan basado en algo alterno a implantar el odio entre seres humanos de un mundo que hoy se encuentra interconectado.

    Me pregunto si en los años 30 la gente viviendo en Alemania sabía que estaban a punto de elegir a un petisito de bigote peculiar para ir encaminados directo al apocalipsis. ¿Será que el bigote se convirtió en una especie de irresuelta cabellera dorada que debería actuar como una alerta a todos los norteamericanos de no votar por este verborrágico cáncer terminal que ha creado el beneficio de la duda en todo este gran país, que puede llegar a extrañar la noción de libertad en estos próximos cuatro años?

    “La libertad es, en la filosofía, la razón; en el arte, la inspiración; en la política, el derecho” – Victor Hugo.

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    Publicado por Anónimo | 11 noviembre, 2016, 04:59
  40. Lo que va a decidir quién gana las elecciones de EE.UU.

    Si Hillary Clinton gana las elecciones de hoy, será porque la mayoría de los estadounidenses decidieron que es mejor tener un presidente que se equivoca con sus correos electrónicos que uno cuya personalidad volátil lo convertiría en un peligro al frente del botón nuclear.
    Por el contrario, si gana Donald Trump, será porque Clinton es una política poco carismática y porque, después de ocho años de un demócrata en la Casa Blanca, la mayoría de los estadounidenses votan por un cambio, incluso si las cosas van relativamente bien en el país. Tradicionalmente, en la política estadounidense es muy difícil que un mismo partido gane tres elecciones seguidas.

    Pero, cualquiera que sea el resultado electoral, es probable que el voto hispano –aunque muy importante– no sea crucial en esta elecciones, por lo menos a nivel nacional. Si las elecciones estadounidenses fueran decididas por el voto popular a nivel nacional, como en Europa o en América Latina, los 27,3 millones de votantes hispanos en edad de votar serían un bloque electoral todopoderoso.

    Pero el hecho es que la elección se decide en el colegio electoral, sobre la base del voto de cada estado, y la mayoría de los latinos estadounidenses viven en estados que ya son sólidamente demócratas, o sólidamente republicanos. Cincuenta y dos por ciento de los latinos en edad de votar viven en California, Nueva York y Texas, que son estados sólidamente demócratas en los primeros dos casos, y republicano en el tercero.

    A nivel nacional, Clinton lidera el voto latino con un 67 por ciento, contra el 19 por ciento de Trump, según una nueva encuesta de Univisión-Washington Post.

    De manera que el voto latino será crucial en solo tres estados donde hay un empate en las encuestas: Florida, Nevada y Arizona. Si los latinos salen masivamente a votar por Clinton en estos tres estados, eso podría convertirla en la próxima presidenta de Estados Unidos.

    Por eso Trump no está muy preocupado por el voto latino a nivel nacional. Y por eso comenzó su campaña el 16 de junio de 2015 con un discurso en el que dijo que la mayoría de los inmigrantes mexicanos son criminales y violadores.

    Gran parte de su campaña se ha basado en la xenofobia –los mexicanos están invadiendo este país, el libre comercio con México está “matando” los empleos en Estados Unidos, la economía de Estados Unidos es un “desastre”, etc.–, destinada a captar a votantes blancos resentidos. Lo cierto es que la inmigración desde México es menor a la de hace ocho años, los empleos manufactureros de Estados Unidos han caído por la automatización, y no por México, y la economía de EE.UU. está mucho mejor que en 2008.

    Trump también sabe que los latinos votan menos que el resto de la población. Solo el 49,9 por ciento de los latinos habilitados votaron en las elecciones de 2012, casi un 20 por ciento menos que los votantes afroamericanos o anglosajones, según el Pew Research Center. El voto anticipado sugiere que los latinos esta vez saldrán a votar en mayores cantidades, pero no está claro si el aumento será mayúsculo.

    El impacto electoral del voto latino “ha estado limitado durante mucho tiempo por la baja participación de los votantes, y una población concentrada en estados que ya están definidos electoralmente”, según un estudio del Pew Research Center.

    Mi opinión: Cualquiera puede ganar este martes, y será muy importante que los latinos salgan a votar –especialmente en Florida, Nevada y Arizona– para mostrar su aversión por el candidato que ha pedido deportaciones de millones de hispanos y cuya retórica llena de odio está envalentonando a grupos neonazis en toda la nación.

    Pero, al final del día, estas elecciones no serán decididas por los latinos, sino por lo que la mayoría de los votantes considere un pecado peor: si usar el servidor de correos electrónicos equivocado, o construir una campaña basada en el racismo y la xenofobia, negarse a mostrar las declaraciones de impuestos, erosionar la democracia amenazando con no aceptar un resultado electoral adverso, y tener una personalidad voluble y autoritaria.

    Por Andrés Oppenheimer

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    Publicado por Anónimo | 11 noviembre, 2016, 04:59
  41. Muros

    La campaña electoral norteamericana ha estado dominada por los miedos. Esos temores se radicalizaron al punto de romper lo “políticamente correcto” para que el candidato republicano Donald Trump haya propuesto levantar un muro que impida que los mexicanos sigan emigrando hacia este país. Una locura desde donde se lo mire. Finalmente, la mano de obra barata de mexicanos hace que los precios de hortalizas y otros sectores del servicio haga que la economía en general de Estados Unidos mantenga niveles de competitividad a nivel mundial.

    Esta semana aquí en Nueva York, acaso la más cosmopolita de las ciudades norteamericanas, el sentimiento de hastío ha dominado a muchos de sus sectores sociales que incluso han decidido aislarse de la campaña a pesar de que ambos contendientes tienen a esta ciudad como su referencia personal y profesional. Pero el muro es más que una propuesta. Es una metáfora de la realidad norteamericana y de otras naciones en el mundo enfrentados a una riada de inmigrantes que han puesto en entredicho incluso sus valores fundacionales.

    Estados Unidos es una nación construida a imagen y semejanza de los que huyeron de sus países por causas religiosas, económicas y políticas. De esas que abundan hoy en un mundo convulsionado donde Estados Unidos parece no encontrar su lugar. A un espacio común cada vez más globalizado se impone una mirada más parroquial y egoísta de las cosas. Hay la necesidad de una integración que reduzca las inequidades, sin embargo, estas se han multiplicado tanto que hoy lo dominante es la acumulación en pocas manos y varios estados donde sus dirigentes alcanzaron el poder sobre esta base para luego convertirse en lo mismo que habían combatido. No hemos sido originales tampoco en esa mirada más amplia sobre estos temas.

    Hay malestar y turbación en el mundo y Estados Unidos ha mostrado en estas elecciones que culminaron ayer el amplio abanico de descontentos en torno al rol del Estado, de las corporaciones, de los sectores productivos, de los diferentes… al punto que el denominado sistema se ha convertido en la referencia directa y frontal de estos malestares. Trump es un forúnculo de algo más complejo que vive bajo la piel de millones que no han logrado adaptarse al emergente sistema y que mira con nostalgia lo que fue. Hillary apeló a la memoria de muchos que recuerdan los buenos años de su marido que hizo crecer la economía de Estados Unidos a niveles nunca antes vistos, al punto que pudo superar el escándalo personal de la vida del mandatario perdonado por su éxito en materia económica.

    En vez de tender puentes hacia los sectores marginados de la economía solo se piensa en cómo elevar muros más altos que impidan ver al otro. Distantes de la alteridad preconizada por Arend y, por supuesto, muy lejos del concepto de amor en forma de servicio que preconizan muchos, pero lo practican pocos. El muro de Berlín no terminó separando a los alemanes, era sí la señal de la impotencia y una manera de cubrir la vergüenza de un sistema comunista fracasado. Los muros levantados por los israelíes en territorios en disputa con los palestinos y los kilómetros ya erigidos en la frontera estadounidense-mexicana solo sirven para referenciarnos el fracaso del diálogo entre sectores obligados a convivir en un territorio común en el mundo.

    Los muros son solo señales de impotencia e incapacidad. Las elecciones en Estados Unidos han mostrado la incapacidad de ver el universo como un territorio común de oportunidades y no un espacio de mezquindades y de inquinas. El tiempo nos dirá cuál de las voluntades terminará por imponerse.

    Benjamin Fernández Bogado

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    Publicado por Anónimo | 11 noviembre, 2016, 04:58
  42. Trump o la historia inconclusa de EE UU

    Ha sido un golpe duro para quienes han leído el pasado y el presente de este país de manera lineal y predecible. El republicano le ha golpeado severamente a lo “políticamente correcto”, al establishment –incluido el partido en que se respaldó- y abre con su victoria de hoy un futuro incierto que ha tirado bien temprano la bolsa por los suelos en varios países del mundo con huso horario diferente.

    Ha ganado porque el cansancio hacia la clase tradicional que gobernó este país puso a una candidata cuyo apellido se repitió dos veces como presidente de Estados Unidos y que continuó en la marquesina política de esta nación generando a su paso la referencia de lo repetido y de lo privilegiado.

    Ganó Trump en estados claves como Texas, Florida y en la mayoría de aquellos dominados por el voto WASP (White, anglo saxon and protestant- blanco, anglosajón y protestante) que en un volumen importante fue a votar por su propuesta contraria a la posición de las minorías hispanas o negras. Es el fin del proyecto Obama y de la familia Clinton y, hay que decirlo un triunfo incómodo para la estructura partidaria republicana cuyos principales referentes se han opuesto al discurso y la actitud de Trump.

    TAREAS
    Ahora al presidente electo le toca la más difícil de las tareas: unificar el país detrás de una presidencia que tiene la ventaja de un partido que dominará ambas cámaras del congreso pero con el que se identifica muy poco con su historia y su visión del rol del estado. Algunos dicen que se parece mas a Nixon que a los republicanos después de Reagan. Una tarea compleja no solo para adentro sino también para afuera donde es percibido como una amenaza severa al status quo y temores acerca de lo que podría implementar como medidas en torno a la seguridad y los bloques comerciales.

    Algunos afirman que hay una distancia entre lo que se dice en campaña y lo que se hace una vez alcanzado el poder. Es probable que eso sea un mecanismo de autoprotección de algo que se antepone ante las medidas radicales que podrían alcanzar a grupos migrantes y en especial a los mexicanos con quienes este país comparte una larga frontera común a la que prometió levantar un muro que los separe aun mas e impida el paso de los inmigrantes ilegales con quienes afirmó aplicará medidas implacables.

    Ganó el crítico al sistema que afirmó no trabajar en beneficio de las mayorías de este país. Ha sido una sorpresa su triunfo en varios estados dominados por afroamericanos y que la Florida con mayoría cubana haya sumado puntos estratégicos en la larga noche que posterior al cierre de los comicios en este país.

    Estados Unidos se ha despertado con la resaca de una jornada electoral que ha traído una gran sorpresa: Donald Trump nuevo presidente de la nación cuya economía es la mas grande del mundo y posee la capacidad militar mas formidable a nivel global. Ahora veremos la conformación de su gabinete y las primeras medidas cuando asuma el cargo en enero próximo. A las dos y cuarto de la madrugada el jefe de campaña de Hillary el político John Podesta pidió a los seguidores que vayan a dormir para no conceder la victoria a Trump de manera directa. Cuando eso solo le faltaban 5 votos electorales para alcanzar la presidencia.

    Hubo tristeza entre los seguidores de Hillary, moderada alegría entre los republicanos y una actitud descolocado de varios que siendo parte del establishment ahora deberán convivir con un mandatario anti partido que gobernará con ellos le guste o no le guste. Ambas cámaras del congreso tendrán mayoría republicana lo que facilitará el desarrollo de una agenda presidencial.

    La historia recogió el silencioso repudio a las viejas estructuras sumiendo al futuro en un halo de incertidumbres y de dudas.

    Benjamín Fernández Bogado

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    Publicado por Anónimo | 11 noviembre, 2016, 04:58
  43. Frente a las eventualidades

    La economía mexicana se encuentra preparada para hacerle frente a cualquier eventualidad internacional. Esto lo dijo el secretario de Hacienda, José Antonio Meade, basado en la solidez macroeconómica, en las finanzas sanas, en la confianza y en las reformas estructurales, así como en el crecimiento pese a las adversidades. El posicionamiento se da en un momento de incertidumbre por los resultados en las elecciones de Estados Unidos y sus posibles efectos.

    No cabe duda de que México tiene la capacidad de aguantar. Lo ha hecho siempre. Así como resistió la caída de la economía en 1994 y la crisis de 2009, no sería raro que pueda enfrentar cualquier nuevo golpe. El problema no radica en el poder de resistir frente a los factores externos, sino que a nivel interno ya se ha aguantado demasiado sin que lleguen mejorías para un enorme sector de la población. Luego de cada crisis, siempre hay una recuperación, aunque en el caso mexicano ello equivale a decir que se vuelve a la misma situación de precariedad que se tenía antes. Por eso se suceden las eventualidades y los efectos adversos, pero se mantienen los niveles de pobreza, los bajos salarios y la desigualdad.

    Claro que habrá efectos económicos luego de las elecciones, independientemente del ganador. Y es claro que en un mundo globalizado, con economías interrelacionadas y dependientes, seguirán las amenazas, los golpes directos y los efectos colaterales. La cuestión es que ya no basta con políticas macroeconómicas que logren estabilidad frente a eventualidades externas, pues son las internas las que más daño hacen: 60 millones de personas en situación de pobreza, 11 millones en pobreza extrema, 32 millones de mexicanos con rezago educativo, 7 millones de ninis -jóvenes que ni estudian ni trabajan- y una marcada insuficiencia para atender la necesidad de los niños y jóvenes.

    Preparados ante lo eventual pero desprotegidos frente a lo estructural, la educación sigue con una deuda de calidad, la salud sufre porque no llega a todos, la inversión social no alcanza y la ciencia y la tecnología siguen relegadas a planos secundarios o terciarios. Lo macroeconómico y sus bonanzas no han descendido a la pequeña economía, a los millones de pobres que necesitan un buen empleo, un crédito o tan siquiera una oportunidad para mejorar. Como si se tratara de construir muros y parapetos que nos protejan de ataques externos, al mismo tiempo de descuidar nuestros males intestinos, nuestras carencias propias y nuestras debilidades.

    En el contexto actual, el gran desafío es que la fortaleza frente a las eventualidades provenga de la capacidad de la gente y no solo de grandes indicadores divorciados de la población. Si tuviéramos menos pobres, menos jóvenes sin educación y menos corrupción, seguramente tendríamos una economía más sólida. Las eventualidades externas siempre existirán y no podemos controlarlas; lo que podemos es fortalecernos desde dentro. Y eso se logra invirtiendo en la gente.

    Por Héctor Farina Ojeda

    Doctor en Ciencias Sociales

    Publicado en la edición impresa de El Sol de Puebla, de México.

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    Publicado por Anónimo | 11 noviembre, 2016, 04:56
  44. !Qué trumpada!

    El Partido Demócrata de los Estados Unidos hizo muy buen intento de instalar un gobierno de ese signo político en la Casa Blanca por tres períodos consecutivos, algo no muy usual en aquel país, además de intentar ubicar en el sillón presidencial a la primera mujer, luego de hacerlo con el primer presidente de color.

    Donald Trump echó por tierra ese sueño demócrata de hacer historia con los tres elementos: 3 victorias consecutivas, primera mujer presidente, que sucede al primer presidente negro, ambos demócratas. Bastó que Trump se hiciera cargo también del sueño, pero del sueño de otras personas de castigar a la clase política.

    Para mí la sorpresa no es que haya ganado Trump, puesto uno de ellos debía ganar y otro perder; la sorpresa es que la ciudadanía norteamericana se haya pronunciado por primera vez en mucho tiempo por sus propios intereses, dejando de lado o ubicando en menor escala la tradicional preocupación estadounidense por la suerte del mundo. La mayoría se centró en sus propios problemas y se olvidó de los problemas del planeta, al menos en el momento de votar.

    En ese sentido creo que Barack Obama es el gran perdedor al abandonar la jurisdicción puramente institucional de la presidencia para salir a comprometer su prestigio consagrado en los terrenos movedizos de una campaña electoral partidista. Tomar partido es muy común en los presidentes norteamericanos, pero mojar la camiseta no lo es.

    La prensa y las encuestas volvieron a recibir otra lección con este resultado. Mientras no se sepa científicamente qué pasó con las investigaciones sociales sobre intención de votos y con los filtros de credibilidad de los grandes medios, quedaremos con la amarga sensación de habernos tragado partículas de manipulación electoral, aunque haber escuchado a Donald Trump en campaña no fue lo mismo que escuchar las demasiadas repetidas versiones sobre sus negativas cualidades.

    Finalmente el que recibe la gran lección es el establischment político del país, al calibrar mal las formas del adversario como una vulgar y ridícula actitud, sin posibilidad alguna, por salirse de esas hormas, que han venido dando resultados precisos hasta el momento. En otras palabras, ni la poderosa estructura del poder norteamericano está excenta de la contaminación populista y nacionalista que conjuga los resíduos de expectativas ciudadanas con la inescrupulosa demagogia del telemarketing y una sesgada narrativa de perfiles.

    Posteado por Edwin Britez el 09-11-2016

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    Publicado por Anónimo | 11 noviembre, 2016, 04:55
  45. Hartos de los políticos

    El triunfo del empresario Donald Trump en las elecciones presidenciales de Estados Unidos puede interpretarse como una señal de que los estadounidenses están insatisfechos con el establishment, es decir, con esa élite tan bien representada por la abogada Hillary Clinton, la esposa de un exgobernador y expresidente, que representó a Nueva York en el Senado y que dirigió el Departamento de Estado durante el actual Gobierno.

    El candidato republicano recibió durante la campaña electoral el rechazo público de importantes figuras de diversos sectores de la sociedad estadounidense, e inclusive de dirigentes de su propio partido, acaso porque sus rudas maneras e inaceptables propuestas les resultaban ajenas al estilo tradicional en ese país, conservador incluso en las formas. No obstante, se impuso en las elecciones primarias con el mismo mensaje que luego le sirvió para ganar la adhesión de sus compatriotas de bajos y medianos ingresos sin formación universitaria, cuyos puestos de trabajo estarían amenazados por los inmigrantes mexicanos y los productos del Lejano Oriente.

    Durante la campaña, se sostuvo que el discurso agresivo de Trump estaba polarizando a la sociedad norteamericana, pero el que pronunció tras su victoria fue uno conciliador, más propio de un estadista que de un bravucón. En efecto, aparte de felicitar a su rival, Hillary Clinton, por su “dura campaña”, le agradeció los servicios prestados al país en los últimos años y afirmó que ahora “es tiempo de unirse”, agregando que será el presidente de todos sus compatriotas y que se debe “reconstruir el país”, renovando el “sueño americano”.

    Es de esperar, entonces, que se restañen pronto las heridas que suelen causar las campañas tan agitadas como esta última, y que la moderación se imponga en una democracia bien arraigada como la de Estados Unidos, en la que la separación de Poderes, el control recíproco y el federalismo impiden los desbordes autoritarios. El hecho mismo de que un candidato ajeno a la clase política tradicional, un “outsider”, se haya impuesto revela que el sistema es permeable a figuras nuevas que aparentan interpretar los temores y los anhelos de amplios sectores de la población, que se creen postergados por los políticos de siempre.

    La llegada de alguien inesperado a la Casa Blanca fue sin duda provocada por un descontento bastante extendido en la población, por varios motivos, al que la dirigencia política no ha sabido responder a tiempo. Algo hizo mal o dejó de hacer para que la Casa Blanca sea ocupada en adelante por alguien que carece de toda experiencia en el manejo de la cosa pública. Se diría que una gran parte de la ciudadanía norteamericana está simplemente harta de los políticos que no tienen en cuenta sus necesidades y que confía en que un “extraño”, por así decirlo, pueda responder mejor a sus inquietudes. Cuando un político se desprende de la realidad cotidiana y se aísla en un mundo cerrado, en el que solo interactúa con otros de su misma casta, se produce un divorcio que puede provocar la aparición de personajes inesperados que seducen a la ciudadanía simplificando en exceso los problemas y anunciando soluciones fáciles e inmediatas.

    Es de esperar que el próximo presidente norteamericano esté a la altura de su alto cargo, en la certidumbre de que sus acciones u omisiones afectarán no solo a los Estados Unidos, sino también al resto del mundo. Por eso, hizo bien en apuntar durante su discurso de celebración que trabajará de forma “justa” para todo el mundo, aunque poniendo, lógicamente, en primer lugar, los intereses norteamericanos. La superpotencia que triunfó en la Guerra Fría, tras haber derrotado al nazifascismo, comparte ciertos valores con aquellos países que creen en la democracia y que son capaces de renovarse, periódicamente, en paz y en libertad. No cabe duda de que esos valores serán preservados, considerando la sólida tradición asentada en la más antigua Constitución vigente.

    Es de desear, también, que los políticos paraguayos tomen nota de lo ocurrido, y adviertan que, guardando las distancias, también habrá de producirse, más temprano que tarde, una rebelión cívica contra la corrupción y la ineptitud encarnadas en nuestros mandamases. Los paraguayos están cada vez más cansados de los aparatos político-partidarios manejados por unos caciques inescrupulosos interesados solo en conquistar y mantener el poder en función de sus apetencias personales. Ya no podrán seguir manipulando tan fácilmente las conciencias de sus compatriotas aprovechándose de sus necesidades, en la medida en que sus fechorías resultan cada vez más notorias y descaradas, y las carencias de la población cada vez más acuciantes. Ya aparecerá quien sepa responder a las demandas de la sociedad, sin pertenecer a la casta política podrida que tanto daño le está causando al país. Sabrá reivindicar los valores pisoteados por ella para promover un profundo cambio en la gestión gubernativa, sin ataduras con las claques de uno y otro color. La necesaria renovación conllevará la expulsión del escenario político nacional de los delincuentes, de los inútiles y de los incapaces disfrazados de políticos, en beneficio de todas las personas decentes que quieren un Paraguay mejor para ellos y para sus hijos. Lo acontecido en Estados Unidos es una señal alentadora: es posible sublevarse contra “lo de siempre”, que no pasa de ser una cofradía al servicio de sus propios integrantes.

    Este es un buen momento, por tanto, para que los ciudadanos y las ciudadanas del Paraguay escapen del corsé que les imponen los capitostes de los partidos, y se organicen para promover organizaciones o candidaturas que crean van a atender mejor los intereses colectivos, y no los personales o grupales de los políticos, como está sucediendo ahora.

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    Publicado por Anónimo | 11 noviembre, 2016, 04:55
  46. El discurso y la victoria de Donald Trump

    El empresario Donald Trump se convertirá en el presidente número 45 de Estados Unidos cuando reemplace a Barack Obama en enero del 2017, fuera de los pronósticos previstos principalmente por los medios de comunicación de nuestro continente, al menos los de habla hispana. El resultado de los comicios desató un verdadero temblor político y económico cuyo impacto solo se podrá medir en el futuro, que esperemos que no sea uno malo, por el bien de América y del mundo entero.

    La victoria del magnate sobre la demócrata Hillary Clinton en las elecciones presidenciales del martes, con una alta participación en las urnas, instala un nuevo escenario político no solo para Norteamérica, sino para todos los rincones del planeta, especialmente en aquellos en los que existen conflictos políticos y económicos, atendiendo a que estamos hablando del país más poderoso del mundo.

    Así como cuando Obama llegó al poder, convirtiéndose en el primer hombre de color en ocupar la Casa Blanca, algo inimaginable en otras épocas, en la próxima llegada de Trump, también inimaginable para muchos, al más alto poder político supondrá un nuevo panorama político que su efecto será develado con el transcurrir el tiempo. Aunque por lo que se vio de su forma de pensar y actuar, no hay otra alternativa que depositar un voto de confianza a quien logró una victoria electoral con una fuerza mayoritaria indiscutible.

    Es imposible no traer a colación la manera en que entró al escenario político y manejó su campaña, con declaraciones y actuaciones consideradas deplorables por muchos sectores políticos y sociales dentro y fuera de Estados Unidos. Se lo presentó e incluso se puede atrever a decir que se dejó ver como un empresario caprichoso, racista, homofóbico y más.

    A nadie escapa que se entró a la arena política aprovechando su condición de hombre de negocios millonario, asociado con sus imponentes edificios, mujeres, concursos de belleza y la televisión. Superó primero el obstáculo en el Partido Republicano en las primarias y se enfrentó en la recta final con varios de sus principales líderes que incluso lo abandonaron. Le plantearon que abandonara “por decoro” la carrera presidencial, pero ante la exigencia se aferró aún más hasta lograr tumbar a la que todos creían iba a convertirse en la primera mujer presidenta estadounidense.

    Terminada la contienda electoral, ya con el reconocimiento de la derrota por la propia Hillary, Trump intentó mostrar otra cara en su primer mensaje como electo presidente y lanzó un discurso conciliador. Empezó a separarse de su línea de campaña, o al menos ese fue el intento.

    Habló de la necesidad de lograr la “unidad” y hasta alabó la gestión de su contrincante, a quien durante la campaña atacó con saña así como ella a él. Dijo de Clinton que “se ha esforzado mucho y trabajado mucho por un período largo, y debemos estar muy agradecidos con ella por su servicio”.

    Trump trató de dar señales no alarmantes, al expresar que es hora de curar “las lesiones de la división” y que “ya es hora de que nos juntemos como una gente unida”. Pidió el respaldo de los líderes republicanos que lo abandonaron y, como pocas veces, lanzó un mensaje a los inmigrantes, al decir que no tuvieron una campaña, sino “un gran movimiento de estadounidenses de todas las razas, religiones, antecedentes y creencias, que quieren y tienen la expectativa” de que su gobierno “sirva a la gente”.

    Para nuestro continente, y en este caso especialmente para los paraguayos que residen en ese país, la mayor preocupación que existe del futuro gobierno es la política migratoria que anunció que aplicará, con las sendas amenazas de deportaciones de ilegales. De acuerdo con datos extraoficiales, en Estados Unidos se encuentran al menos unos 50 mil paraguayos, de los cuales un poco más de 20 mil estaban habilitados para votar. De aplicarse la línea que sostuvo durante su campaña, Trump tendrá su primera prueba de fuego y en frente a numerosos países que antes que este tipo de acciones que pueden desestabilizar a relación internacional buscarán encontrar otros caminos de solución.

    Trump, en su discurso, también envío un mensaje a la comunidad internacional: “Vamos a llevarnos bien con todos los otros países que quieren llevarse bien con nosotros. Vamos a tener relaciones fabulosas”. Esto siguió sonando como una advertencia, más aún cuando señaló: “Quiero contarle a la comunidad mundial, aunque siempre los intereses de América vendrán primero, que vamos a tratar junto a todos. A todas las personas, y a todas las naciones. Vamos a buscar terreno común, nada de hostilidades, asociaciones, ni conflictos”.

    La victoria de Trump se ha confirmado y su llegada a la Casa Blanca es inevitable para quienes intentaron frenarlo. Será un huésped acomodado que, desde el Salón Oval, tendrá en sus manos definir cuestiones que afectarán al mundo entero. Esperemos que el Trump de campaña no se traslade al Trump presidente. El tiempo lo dirá.

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    Publicado por Anónimo | 11 noviembre, 2016, 04:54
  47. La otra cara de la victoria de Trump

    Por Andrés Oppenheimer

    Felicitaciones, presidente electo Donald Trump: usted ha ganado una victoria contundente. Ahora, antes de que se crea demasiado la inminente avalancha de especulaciones de que su victoria va a cambiar la historia del mundo, le ruego recordar los siguientes datos para evitar convertirse en un autócrata megalomaníaco.

    Dato Nº 1: Usted ganó las elecciones con la ayuda del director del FBI, James Comey, y de Wikileaks, que según funcionarios de Estados Unidos es una organización apoyada por el gobierno ruso.

    Es cierto que usted también ganó porque decenas de millones de estadounidenses –en su mayoría hombres blancos– se sintieron relegados en una economía globalizada. Ellos compraron su relato de que Estados Unidos está perdiendo trabajos por México y China, cuando en realidad está perdiendo trabajos –y los seguirá perdiendo– por la automatización y los robots.

    Pero lo más probable es que usted no hubiera ganado si el director del FBI no hubiera dado el paso altamente cuestionable de anunciar a menos de dos semanas de las elecciones del 8 de noviembre que había encontrado miles de e-mails de la candidata demócrata Hillary Clinton, que según él debían ser investigados.

    Comey anunció luego, apenas cuatro días antes de las elecciones, que su nueva investigación no había encontrado nada. Pero los e-mails de Clinton dominaron los titulares durante los últimos diez días, y eclipsaron totalmente los titulares anteriores de que usted se negaba a mostrar su declaración de impuestos, de sus quiebras comerciales, del escándalo de la Universidad Trump, y otros. Y la filtración diaria de miles de correos electrónicos de la campaña de Clinton por Wikileaks sin duda también le ayudó a ganar.

    Dato Nº 2: Usted también recibió un poco de ayuda no intencional del presidente Obama, cuyos más recientes ramos de olivo a Cuba poco antes de las elecciones irritaron a muchos cubanoamericanos, y lo ayudaron a usted a ganar el crucial estado de Florida.

    Como lo escribí en esta columna una semana antes de las elecciones, la decisión de Obama del 14 de octubre de flexibilizar el embargo estadounidense a Cuba en materia de ron y cigarros, así como la decisión del 26 de octubre de abstenerse por primera vez en el voto anual de las Naciones Unidas contra el embargo estadounidense a Cuba empujó a muchos exiliados cubanoamericanos de la vieja guardia a votar por usted.

    Dato Nº 3: Históricamente, todo apuntaba a que el partido opositor ganara estas elecciones. Por lo general, es muy difícil que un mismo partido político gane tres elecciones consecutivas en Estados Unidos. El Partido Demócrata de Clinton no había ganado tres elecciones consecutivas desde 1940. Los estadounidenses tienden a votar por un cambio cada ocho años, y esta vez no fue la excepción.

    Dato Nº 4: Es probable que Clinton haya ganado el voto popular –en el momento de escribir estas líneas, Clinton tenía 58.909.774 votos, en contra de 58.864.233 suyos–, lo que significa que más estadounidenses votaron por ella, aunque usted haya ganado en el colegio electoral.

    Este país está dividido en dos mitades. Si usted quiere ganar la confianza de la mayoría que no votó por usted, como dijo en su discurso de victoria, tendrá que extenderle la mano a muchos grupos a los que insultó durante la campaña.

    Dato Nº 5: El mundo no lo quiere mucho. Apenas se hizo evidente que iba a ganar en la noche de las elecciones, se desplomaron los mercados de todo el mundo. Ningún país puede crecer sin inversión, y usted tendrá que hacer algo para volver a ganar la confianza global para convertir en realidad su lema “Hacer a América grande otra vez”.

    Mi conclusión: Sí, usted logró demostrar que todos los encuestadores estaban equivocados, y sorprendió al mundo con la victoria más imprevista en la historia moderna de Estados Unidos. Ahora, por el bien del mundo, por favor recuerde estos datos que acabo de señalar, no permita que esta victoria le nuble el juicio, y busque puntos de entendimiento con sus adversarios en el país y en el extranjero.

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    Publicado por Anónimo | 11 noviembre, 2016, 04:47
  48. Donald. J. Trump, nuevo Presidente de los Estados Unidos. quien pio iba a pensar! Hizo historia acrecentando los temores a su paso, sorpresa en elecciones norteamericanas. Hasta los de Trump no lo pueden creer. Final con bandera verde. Se llama democracia representativa. Les guste el resultado o no.
    Los norteamericanos están aprendiendo algo que nosotros ya aprendimos hace muuuuucho: a votar por “el menos peor”.
    Hoy la economía es global, hiperconectada, todo nos afecta. Un evento lejano que mueva el precio del petróleo por ejemplo. Nos llega.Para algunos, Paraguay es una planeta que gira alrededor de un sol que es Paraguay otra vez y no depende de otros países. El mundo se ha convertido en un reality show. Literalmente.Es como ver la Caída de Roma, pero con memes. Tal vez Trump es el Nerón de la caída del imperio americano. Hasta esta noche no había entendido cómo un loco como Hitler había llegado al poder en Alemania… Hasta esta noche. Y que es ahora, lo que debemos hacer. Esa es la cuestión.
    9 de Noviembre: Día del Muro. En 1989 caí el de Berlin. Mientras que en el 2016…

    “Un idiota es un idiota . Dos idiotas son dos idiotas. Pero diez mil idiotas son un partido político”. (Franz Kafka)
    “¿Tienen los medios la culpa de su victoria? Y ahora la victoria de Trump es culpa de los Latinos y de los afroamericanos. Se puede reducir todo a un “voto castigo” lo que pasó? Es uno de los factores que podría englobar lo que pasó. Aunque no el único: el voto bronca, voto anti sistema, el voto contra. Las encuestas no se equivocaron tanto porque daban porcentajes de voto popular y Hillary obtuvo más que Trump. eso no sirve de nada allá por el sistema electoral de ellos. Perder el Midwest y Florida fue la hecatombe. Con la victoria de Trump se termina de enterrar la idea de los “influencers” famosos. Es más, casi siempre te juegan en contra. Una cosa es la campaña electoral y lo que se dice de acuerdo al interés ciudadano. Otra cosa es lo que se hace si se es electo. Es claro eso. Los norteamericanos están aprendiendo algo que nosotros ya aprendimos hace muuuuucho: a votar por “el menos peor.”

    @juancalcena “Strange day today”. Es lo que se oye en el día post elecciones.
    @FedeFilartiga Espero que Trump mantenga esas promesas típicas de los políticos, que nunca se cumplen y que terminan en vulgares mentiras.
    @andrescolman Tantas veces impusieron presidentes racistas, violentos y discriminadores en nuestros países… que era hora de que prueben uno propio 😆
    @LuisBareiro El mensaje de los votantes de Trump fue para toda la clase política: “nos tienen podridos”. Espero sepan leerlo. Los políticos deben replantearse cómo y por qué hacen política Si no resuelven sus problemas, la gente votará hasta al Pato Donald…Trump Empresario rico compra partido tradicional en la llanura y gana la presidencia. Que extraña sensación de deja vu
    @camacafe 2 hHace 2 horas
    En resumen, Hillary Clinton como Secretaria de Estado llevó guerra donde no había guerra, y puso caos donde no lo había: Egipto, Libia, Irak. Esas guerras tienen un costo, económico y social; bueno, llegaron las facturas. Tras 4 años desastrosos de gestión como Secretaria de Estado, cómo esperan que voten los padres y los soldados movilizados? Entonces, reducir el asunto a “el voto de los tavys” es demasiado de no pensar nada y repetir lo que dice la prensa con agenda. Y tratar de entender que el americano que votó a Trump, no solo es el redneck o el misógino, como están pretendiendo instalar… En 4 años de agudizar y terminar de destrozar Oriente Medio, gastando millones y millones… cómo esperaban que voten los contribuyentes? O tal vez puedan preguntarle a los familiares de los soldados caídos en Benghazi…

    Peculiaridades del sistema electoral en USA: nuevamente gana quien tuvo menos votos populares
    A Hillary la respaldaron 229 periódicos y 131 semanarios. Trump ganó con solo el aval de 13 medios Aprendizaje de la jornada electoral aquí: 1. Escuchar más el ánimo de la gente. 2. Hacer menos caso a especialistas y predictores de futuros. A veces la realidad castiga con pesadillas como Trump nuestros excesos de buen rollito, irrealidad y demagogia. Y no aprendemos nunca.
    Y después?… no era que se venía el caos financiero y el Armageddon?. Además del presidente existe la ‘presidencia’ o conjunto de poderes de facto que rodean a Trump y ningún presidente ejerce un poder absoluto. Trump descubrirá pronto lo difícil que es mover las cosas (en el exterior) por muy claro que se tenga lo que se quiere hacer (o deshacer).
    Esta secuencia es tan parecida a Brexit: Encuestas engañosas/Exceso de confianza/Resultado sorprendente/Millennials arrepentidos/Protesta…

    En Paraguay, Importancia remesas, veamos ingresos de divisas: EE.UU. con USD 113 millones es el 2do mayor origen de remesas, después de España USD 260 millones. Total USD 461 millones (2015) EE.UU. con USD 113 millones es el 2do mayor origen de remesas, después de España USD 260 millones.
    – Soja 4.000 – Carne 1.300 – Binacionales 700 – Remesas 461
    (Lo importante también es saber cuánto aportan al fisco los dos 1ros rubros y es increíble pero las principales fuentes de ingresos en países desarrollados son por patentes, ciencias y tecnologías! Que lejos estamos.)

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    Publicado por Anónimo | 10 noviembre, 2016, 10:27

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Un arquitecto jubilado.Aprendiz de todo, oficial de nada.Un humano más.Acá, allá y acullá.Hurgador de cosas cotidianas y trascendentes.Desde Asunción/Paraguay.(Correo:laovejacien@gmail.com) (Twitter:@jotaefeb) (Instagram:JAVIER_FDZ_BOGADO)

Trabajo, seriedad y respeto.

Mis padres me enseñaron tres cosas fundamentales: que para poder estar orgulloso de ti mismo y ser alguien hace falta trabajar; que es preciso actuar con seriedad; y que debes respetar a los demás para recibir respeto a cambio. Trabajo, seriedad y respeto. “Si haces estas tres cosas, podrás ser alguien en la vida”, me dijeron. (Zinedine Zidane)

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