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El evangelio del domingo: Señor, acuérdate de mí

Lc. 23,35 – 43.- Hoy es la clausura del Jubileo Extraordinario de la Misericordia, que fue inaugurado el 8 de diciembre de 2015. Asimismo termina el año litúrgico y el domingo siguiente comienza el Adviento.

Termina el año, se desmoronan las cosas, mueren las personas y nos sentimos obligados a preguntar: al fin y al cabo, ¿qué es lo que sobra de todo esto? ¿Qué es lo que realmente vale? ¿Dónde he puesto mi atención y mi corazón?

Aparentemente, la respuesta puede ser fácil, sin embargo, si no hemos trabajado para agrandar el bien común y no hemos sembrado el amor y la justicia, hasta podremos haber ganado mucha plata, pero estaremos perdiendo la vida.

Estaremos perdiendo la vida en explotaciones, petulancias, indiferencias y perversiones: ¡que lamentable final para tantas oportunidades!

Lo único que tiene consistencia es Jesucristo, y el Reino que él vino a anunciar e inaugurar. Por eso la liturgia proclama gozosa: nuestro Señor Jesucristo es el Rey del universo. Es decir, es el único Señor de la naturaleza, de la Historia y de todos los corazones.

Su reino es un estilo de servicio a los demás, cosa que Él mostró durante su existencia, hasta llegar al momento culminante de entregar voluntariamente su propia vida en la cruz.

Humanamente, él no tuvo gran éxito, sin embargo, como la cruz es la prueba del amor verdadero, él alcanzó la victoria en la Resurrección, que atraviesa siglos, fronteras, cosmos y potestades y nos inunda de vida nueva y redimida.

Delante de este Señor y de su proyecto de gobierno podemos tener dos actitudes: incluirnos en él o excluirnos.

Se excluyen los jefes judíos, que se burlaban y el ladrón, que lo insultaba. Ambos desconfiaban y lo desafiaban llenos de arrogancia.

El otro ladrón no solo defendía a Jesús, sino que confesaba sus propios pecados y, de alguna manera, lo reconocía como Señor y se incluía en su soberanía, al pedirle humildemente: “Jesús, acuérdate de mí cuando llegues a tu reino”.

Y este terminó bien su carrera, pues escuchó del Rey, que siempre vence: “Yo te aseguro que hoy estarás conmigo en el paraíso”.

También nosotros tendríamos que utilizar en nuestros “pequeños reinos“, como la familia, la empresa, el trabajo, el estudio y la diversión, las mismas decisiones que Jesús ha predicado y vivido, de tal manera que nos esforcemos por incluirnos en su grupo y recibamos de él la única evaluación que importa: hoy mismo estarás conmigo en el Paraíso, porque viviste como mi amigo y fuiste solidario con tus semejantes.

Paz y bien.

Por Hno. Joemar Hohmann Franciscano Capuchino

Acerca de jotaefeb

Un arquitecto jubilado. Aprendiz de todo, oficial de nada. Un humano más. Acá, allá y acullá. Hurgador de cosas cotidianas y trascendentes.

Comentarios

3 comentarios en “El evangelio del domingo: Señor, acuérdate de mí

  1. “Si tú eres el rey de los judíos, sálvate a ti mismo.” Lc 23, 37

    “Señor, acuérdate de mí cuando vengas en tu reino.” Lc 23, 42

    Este es el último domingo de este año litúrgico y la Iglesia nos invita a celebrar la fiesta de Cristo Rey del Universo. Esta es una fiesta con un contenido espiritual muy fuerte y que quiere renovarnos en la esperanza.

    Comprender que Jesús es el rey y meditar sobre su reino, seguramente nos debe llenar de gozo y de paz. Sin embargo, tenemos que estar muy atentos para no confundir la realeza de Cristo con los reyes de este mundo. Jesús no es rey como los reyes que conocemos. Debemos cuidar mucho para no caer en la tentación de proyectar en Dios los criterios mundanos, cuando en verdad, somos nosotros que debemos dejarnos envolver por el modo de ser de Dios.

    Pienso que el evangelio de san Lucas, propuesto para este domingo, nos ayuda mucho a entrar en el espíritu de esta fiesta.

    Cuando los soldados, las autoridades y los demás dicen a Jesús: “Si tú eres el rey de los judíos, sálvate a ti mismo.” Manifiestan una idea de rey que es exactamente igual al estilo de los reyes del mundo, pues en general ellos viven en un proyecto egoísta: “salvarse a sí mismos”.

    La principal preocupación de un reino es, la auto conservación. La manutención del poder es lo que más les preocupa y no el bien estar de los súbditos, o el bien en general.

    Por eso, cuando hacen esta propuesta a Jesús: “sálvate a ti mismo”, ellos revelan que no entendieron nada de su propuesta. Jesús había dicho: “nadie tiene mayor amor que aquel que da su vida por sus amigos”, “quien quiere preservar su vida la perderá”, “el grano que no muere no produce fruto”. Por eso, pedir a él que se baje de la cruz para salvarse a sí mismo, es lo mismo que decirle: muéstranos que todo lo que dijiste, no pasaba de un chiste, de una idea romántica, pero que no se puede practicar.

    Jesús, sin embargo, fue fiel, no renunció a sus enseñanzas, no quiso salvarse a sí mismo. Allí, clavado en la cruz, él manifestó la gloria de Dios, que es la victoria total sobre el egoísmo.

    Su Palabra era la verdad. Él es rey, un nuevo rey. Un rey que da la vida por sus amigos…

    También es muy interesante en este evangelio la figura del buen ladrón. Él hizo una profesión de fe muy fuerte. No sabemos si él había visto algún milagro de Jesús, tal vez habría escuchado hablar de Él. Lo impresionante es que él fue capaz de reconocer en aquel hombre, clavado en una cruz, todo desfigurado por las torturas, desnudo, coronado con espinas, totalmente impotente delante del dolor, del cual todos se burlaban, al verdadero rey del universo.

    Aún más, le pidió para hacer parte del reino de aquel, que a los ojos de todos parecía un gran fracasado. “Señor, acuérdate de mí cuando vengas en tu reino.” La fe de este ladrón es increíble. Pedir para participar del reino de Jesús después de la multiplicación de los panes, creo que no sería muy difícil. O después de la resurrección de Lázaro, hasta sería un placer. Pero pedir para participar del reino de un crucificado, es sin dudas misterio de la fe. Este ladrón fue el primero en profesar la fe, cuando llegó al punto máximo de la revelación, aún antes la comprobación de la resurrección. Y es por eso, que él fue el primero en entrar al paraíso.

    Pienso que celebrar auténticamente la fiesta de Cristo Rey, debe ser mucho más que identificarlo con los símbolos de poder de este mundo. Reconocerlo Rey, si lo vemos sentado en un trono, con vestidos imponentes, con una corona lujosa, con un súper cetro, no será muy difícil, o mejor, hasta será cómodo para nosotros. Sin embargo, colocarse en lugar del buen ladrón, en nuestras propias cruces, y mirarlo también crucificado a nuestro lado, y allí decir yo quiero participar de tu reino, significa encontrar una fuente en el desierto.

    No nos olvidemos, también nosotros en el bautismo, fuimos ungidos como reyes, al modelo de Cristo. Seguramente no para salvarnos a nosotros mismos, sino para dar la vida por los demás. Cuando encontramos una persona que por amor renuncia complemente a sí mismo y se consuma por los otros, encontramos un auténtico rey o reina, conforme el corazón de Jesús.

    Que Dios nos dé valor, para ser cada uno de nosotros reyes.

    El Señor te bendiga y te guarde,

    El Señor te haga brillar su rostro y tenga misericordia de ti.

    El Señor vuelva su mirada cariñosa y te de la paz.

    Hno Mariosvaldo Florentino, capuchino

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    Publicado por Anónimo | 29 noviembre, 2016, 10:00
  2. domingo 20 Noviembre 2016

    Solemnidad de nuestro Señor Jesucristo, Rey del Universo

    Fiesta de la Iglesia: JESUCRISTO: REY DEL UNIVERSO

    Segundo Libro de Samuel 5,1-3.
    Todas las tribus de Israel se presentaron a David en Hebrón y le dijeron: “¡Nosotros somos de tu misma sangre!
    Hace ya mucho tiempo, cuando aún teníamos como rey a Saúl, eras tú el que conducía a Israel. Y el Señor te ha dicho: “Tú apacentarás a mi pueblo Israel y tú serás el jefe de Israel”.
    Todos los ancianos de Israel se presentaron ante el rey en Hebrón. El rey estableció con ellos un pacto en Hebrón, delante del Señor, y ellos ungieron a David como rey de Israel.

    Carta de San Pablo a los Colosenses 1,12-20.
    Y darán gracias con alegría al Padre, que nos ha hecho dignos de participar de la herencia luminosa de los santos.
    Porque él nos libró del poder de las tinieblas y nos hizo entrar en el Reino de su Hijo muy querido,
    en quien tenemos la redención y el perdón de los pecados.
    El es la Imagen del Dios invisible, el Primogénito de toda la creación,
    porque en él fueron creadas todas las cosas, tanto en el cielo como en la tierra los seres visibles y los invisibles, Tronos, Dominaciones, Principados y Potestades: todo fue creado por medio de él y para él.
    El existe antes que todas las cosas y todo subsiste en él.
    El es también la Cabeza del Cuerpo, es decir, de la Iglesia. El es el Principio, el Primero que resucitó de entre los muertos, a fin de que él tuviera la primacía en todo,
    porque Dios quiso que en él residiera toda la Plenitud.
    Por él quiso reconciliar consigo todo lo que existe en la tierra y en el cielo, restableciendo la paz por la sangre de su cruz.

    Evangelio según San Lucas 23,35-43.
    El pueblo permanecía allí y miraba. Sus jefes, burlándose, decían: “Ha salvado a otros: ¡que se salve a sí mismo, si es el Mesías de Dios, el Elegido!”.
    También los soldados se burlaban de él y, acercándose para ofrecerle vinagre,
    le decían: “Si eres el rey de los judíos, ¡sálvate a ti mismo!”.
    Sobre su cabeza había una inscripción: “Este es el rey de los judíos”.
    Uno de los malhechores crucificados lo insultaba, diciendo: “¿No eres tú el Mesías? Sálvate a ti mismo y a nosotros”.
    Pero el otro lo increpaba, diciéndole: “¿No tienes temor de Dios, tú que sufres la misma pena que él?
    Nosotros la sufrimos justamente, porque pagamos nuestras culpas, pero él no ha hecho nada malo”.
    Y decía: “Jesús, acuérdate de mí cuando vengas a establecer tu Reino”.
    El le respondió: “Yo te aseguro que hoy estarás conmigo en el Paraíso”.

    Extraído de la Biblia: Libro del Pueblo de Dios.

    Leer el comentario del Evangelio por :

    San Juan Crisóstomo (c. 345-407), presbítero en Antioquía, después obispo de Constantinopla, doctor de la Iglesia
    Homilía sobre la cruz y el ladrón,1, 3-4; PG 49, 403

    “Pusieron una inscripción encima de su cabeza: ‘Este es el rey’”

    “Señor, acuérdate de mi cuando llegues a tu Reino”. El ladrón no se atrevió a hacer esta súplica sin antes haber manifestado ser pecador y haber descargado así el peso de sus pecados. Ya ves, cristiano, cuál es el poder de la confesión. Confesó sus pecados y se le abrió el paraíso; después de su bandolerismo confesó sus pecados y con la certeza de su perdón, pidió el Reino…

    ¿Quieres conocer el Reino? ¿Qué ves, pues, aquí que se le parezca? Tienes ante tus ojos los clavos y una cruz, pero esta misma cruz, dice Jesús, es el signo de su Reino. Y yo, viéndole sobre la cruz, le proclamo rey. ¿No es propio de un rey morir por sus súbditos? Él mismo lo ha dicho: “El buen pastor da la vida por sus ovejas” (Jn 10,11). Si es así para un buen rey; también él da la vida por sus súbditos. Yo lo proclamaré rey a causa del don que ha hecho de su vida. “Señor, acuérdate de mí cuando estés en tu Reino.”

    ¿Comprendes ahora cómo la cruz es el signo del Reino? He ahí otra prueba. Cristo no dejó su cruz sobre la tierra, sino que la levantó y se la llevó al cielo con él. Lo sabemos porque él la tendrá cerca de sí cuando volverá en gloria. Todo eso para que aprendas cuán venerable es esta cruz que él mismo ha llamado su gloria… Cuando vendrá el Hijo del hombre, “el sol se oscurecerá y la luna perderá se esplendor”. Entonces reinará una claridad tan viva que incluso las estrellas más brillantes quedarán eclipsadas. “Las estrellas caerán del cielo. Entonces aparecerá en el cielo el signo del Hijo del hombre” (Mt 24,29s). ¡Ya ves cual es el poder del signo de la cruz!… Cuando un rey entra en una ciudad, los soldados cogen los estandartes, los izan sobre sus espaldas y van caminando delante de él para anunciar su llegada. Es así que las legiones de ángeles y de arcángeles precederán a Cristo cuando descenderá del cielo. Sobre sus espaldas llevarán este signo anunciador de la venida de nuestro rey.

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    Publicado por Anónimo | 20 noviembre, 2016, 07:13
  3. Jesucristo, Rey del Universo

    Hoy meditamos el Evangelio según San Lucas 23, 35-43. El Señor se sienta como rey eterno, el Señor bendice a su pueblo con la paz, nos recuerda una de las antífonas de la misa.
    San Pablo enseña que la soberanía de Cristo sobre toda la creación se cumple ya en el tiempo, pero alcanzará su plenitud definitiva tras el juicio universal. Mientras tanto, la actitud del cristiano no puede ser pasiva ante el reinado de Cristo en el mundo.

    La fiesta de hoy es como un adelanto de la segunda venida de Cristo en poder y majestad, la venida gloriosa que llenará los corazones y secará toda lágrima de infelicidad. Pero es a la vez una llamada y acicate para que a nuestro alrededor el espíritu amable de Cristo impregne todas las realidades terrenas, pues «la esperanza de una tierra nueva no debe atenuar, sino más bien estimular, el empeño por cultivar esta tierra, en donde crece ese cuerpo de la nueva familia humana que ya nos puede ofrecer un cierto esbozo del mundo nuevo.

    El papa Francisco al respecto del Evangelio de hoy dijo: “La liturgia hoy nos invita a fijar la mirada en Jesús como Rey del Universo. La bella oración del Prefacio nos recuerda que su reino es «reino de verdad y de vida, reino de santidad y de gracia, reino de justicia, de amor y de paz». Las lecturas que hemos escuchado nos muestran cómo Jesús ha realizado su reino; cómo lo realiza en el devenir de la historia; y qué nos pide a nosotros.

    Sobre todo, cómo Jesús ha realizado el reino: lo ha hecho con la cercanía y ternura hacia nosotros. Él es el pastor, del cual nos ha hablado el profeta Ezequiel en la primera lectura (cfr. 34,11-12.15-17). Todo este pasaje está tejido por verbos que indican la atención y el amor del pastor a su rebaño: buscar, vigilar, reunir, llevar al pasto, hacer reposar, buscar la oveja perdida, orientar a la desorientada, vendar las heridas, sanar a la enferma, cuidarlas, pastorear. Todas estas actitudes se han hecho realidad en Jesucristo: Él es verdaderamente el “gran pastor de las ovejas y guardián de nuestras almas” (cfr. Eb 13,20; 1Pt 2,25).

    Y cuantos en la Iglesia estamos llamados a ser pastores, no podemos separarnos de este modelo, si no queremos convertirnos en mercenarios. Al respecto, el pueblo de Dios posee un olfato infalible en reconocer los buenos pastores y distinguirlos de los mercenarios.

    Después de su victoria, es decir, después de su Resurrección, ¿cómo Jesús lleva adelante su reino? El apóstol Pablo, en la primera Carta a los Corintios, dice: «Es necesario que él reine hasta que no haya puesto a todos sus enemigos bajo sus pies» (15,25)… Y al final, cuando todo será puesto bajo la majestad de Jesús, y todo, también Jesús mismo, será puesto bajo el Padre, Dios será todo en todos (cfr. 1 Cor 15, 28).

    Se extracta asimismo, lo dicho por el papa Francisco en la audiencia general del pasado miércoles, que dijo: “Dedicamos la catequesis de hoy a una obra de misericordia que todos conocemos muy bien, pero que quizás no la ponemos en práctica como deberíamos: soportar pacientemente a las personas molestas. Todos somos muy buenos para identificar una presencia que puede molestar: ocurre cuando encontramos a alguien por la calle, o cuando recibimos una llamada… Enseguida pensamos: «¿Cuánto tiempo tendré que escuchar las quejas, los chismes, las peticiones o las presunciones de esta persona?».

    También sucede, a veces, que las personas fastidiosas son las más cercanas a nosotros: entre los familiares hay siempre alguno; en el trabajo no faltan; y ni siquiera durante el tiempo libre estamos a salvo. ¿Qué debemos hacer con las personas molestas? Pero también nosotros somos molestos para los demás muchas veces. ¿Por qué entre las obras de misericordia también ha sido incluida esta? ¿Soportar pacientemente a las personas molestas?

    Entonces, surge espontánea una primera pregunta: ¿alguna vez hacemos un examen de conciencia para ver si también nosotros, a veces, podemos resultar molestos para los demás? Es fácil señalar con el dedo los defectos y las faltas de otros pero debemos aprender a meternos en la piel de los demás…”

    (Frases extractadas del libro Hablar con Dios, de Francisco Fernández Carvajal).

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    Publicado por Anónimo | 20 noviembre, 2016, 07:11

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Un arquitecto jubilado.Aprendiz de todo, oficial de nada.Un humano más.Acá, allá y acullá.Hurgador de cosas cotidianas y trascendentes.Desde Asunción/Paraguay.(Correo:laovejacien@gmail.com) (Twitter:@jotaefeb) (Instagram:JAVIER_FDZ_BOGADO)

Trabajo, seriedad y respeto.

Mis padres me enseñaron tres cosas fundamentales: que para poder estar orgulloso de ti mismo y ser alguien hace falta trabajar; que es preciso actuar con seriedad; y que debes respetar a los demás para recibir respeto a cambio. Trabajo, seriedad y respeto. “Si haces estas tres cosas, podrás ser alguien en la vida”, me dijeron. (Zinedine Zidane)

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