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El evangelio del domingo: El Dios de los vivientes

Lc 20,27-38.- El evangelio narra una disputa entre Jesús y los saduceos sobre la resurrección de los muertos, tema sumamente importante para nosotros. Y brota la pregunta crucial del ser humano: ¿qué pasa después de la muerte? ¿Todo termina en el cementerio? ¿Hay otra vida después de esta?

Podemos decir que el hombre de todos los siglos y de todas las culturas siempre anidó en su corazón la esperanza de una “otra vida”. Sería una clase de instinto espiritual, que sostiene que Dios nos tiene preparado algo mucho mejor de lo que vivimos en este mundo.

Un análisis racional tiende a confirmar esta impresión, si nos damos cuenta de la abundancia de vida que hay en la naturaleza, la hermosura de la creación, la increíble habilidad de los animales y todos los mecanismos que señalan a una mano poderosa y amorosa, que lo ha creado todo: hay una profusión de vida, belleza y alegría.

Sin embargo, la visión de fe es más confiable, además de presentar un elemento decisivo: esta visión me toca a mí y compromete mi vida.

La Buena Nueva de hoy proclama: “Dios no es un Dios de muertos, sino de vivientes; todos, en efecto, viven para Él”.

Tenemos el testimonio trascendental de Jesucristo, que murió en la cruz y resucitó al tercer día y afirmó: “Yo soy la resurrección y la vida” (Jn 11), así como iría resucitar a los que han creído en él (Jn 5) y han comulgado su cuerpo y sangre (Jn 6).

Nuestro Credo católico declara solemnemente: “Creo en la resurrección de la carne”. Entendemos que la palabra “carne” se refiere a la persona toda, en su dimensión biológica, psicológica y espiritual. Nadie sabe bien “cómo” se dará esto, pero estamos felizmente seguros de que el hecho se dará.

Esperar la resurrección de la carne y de los muertos tiene que llenarnos de júbilo, pues de un lado, nuestros seres queridos, que ya partieron, están con el Dios de los vivientes, e interceden por nosotros como entrañables amigos.

De otro lado, esta fe ha de colmarnos de esperanza, pues este también es nuestro futuro: sentarnos en la mesa del banquete y disfrutar para siempre de la risueña compañía de nuestro Creador y Redentor.

Sin embargo, antes está la responsabilidad del presente, que es vivir como personas resucitadas, desde hoy, abandonando las macanas del “hombre viejo” y las tramoyas de la “bruja chismosa”.

En nuestro bautismo recibimos el germen de esta resurrección, que hemos de alimentar en la Eucaristía de todos los domingos.

Paz y bien.

Por Hno. Joemar Hohmann Franciscano Capuchino

Acerca de jotaefeb

Un arquitecto jubilado. Aprendiz de todo, oficial de nada. Un humano más. Acá, allá y acullá. Hurgador de cosas cotidianas y trascendentes.

Comentarios

2 comentarios en “El evangelio del domingo: El Dios de los vivientes

  1. La resurrección es el fundamento de la fe cristiana

    06 de nov de 2016
    Texto de las palabras del Papa en el Angelus del día de hoy, comentando el Evangelio de San Lucas 20,27-38
    Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

    A pocos días de distancia de la Solemnidad de Todos los Santos y de la Conmemoración de todos los fieles difuntos, la Liturgia de este domingo nos invita aún a reflexionar sobre el misterio de la resurrección de los muertos.

    El Evangelio (Cfr. Lc 20, 27-38) presenta a Jesús confrontándose con algunos saduceos, que no creían en la resurrección y concebían la relación con Dios sólo en la dimensión de la vida terrenal. Y por tanto, para ridiculizar la resurrección y poner a Jesús en aprietos, le presentan un caso paradójico y absurdo: una mujer que ha tenido siete maridos, todos hermanos entre sí, los cuales, uno tras otro, han muerto. Y he aquí entonces la pregunta maliciosa dirigida a Jesús: Aquella mujer, en la resurrección, ¿de quién será esposa? (v. 33).

    Jesús no cae en la trampa y reafirma la verdad de la resurrección, explicando que la existencia después de la muerte será diversa de la de la tierra. Él hace comprender a sus interlocutores que no es posible aplicar las categorías de este mundo a las realidades que van más allá y que son más grandes de lo que vemos en esta vida.

    En efecto, dice: “En este mundo los hombres y las mujeres se casan, pero los que sean juzgados dignos de participar del mundo futuro y de la resurrección, no se casarán” (vv. 34-35). Con estas palabras, Jesús desea explicar que en este mundo vivimos de realidades provisorias, que terminan; en cambio, en el más allá, después de la resurrección, ya no tendremos la muerte como horizonte y viviremos todo, también las relaciones humanas, en la dimensión de Dios, de manera transfigurada.

    También el matrimonio, signo e instrumento del amor de Dios en este mundo, resplandecerá transformado en plena luz en la comunión gloriosa de los santos en el Paraíso.

    Los “hijos del cielo y de la resurrección” no son pocos privilegiados, sino que son todos los hombres y todas las mujeres, porque la salvación traída por Jesús es para cada uno de nosotros. Y la vida de los resucitados será semejante a la de los ángeles (Cfr. v. 36), es decir toda inmersa en la luz de Dios, toda dedicada a su alabanza, en una eternidad plena de alegría y de paz.

    ¡Pero atención! La resurrección no es sólo el hecho de resurgir después de la muerte, sino que es un nuevo tipo de vida que ya experimentamos en el hoy; es la victoria sobre la nada que ya podemos pregustar. ¡La resurrección es el fundamento de la fe y de la esperanza cristiana! Si no existiera la referencia al Paraíso y a la vida eterna, el cristianismo se reduciría a una ética, a una filosofía de vida. En cambio, el mensaje de la fe cristiana viene del cielo, es revelado por Dios y va más allá de este mundo. Creer en la resurrección es esencial, a fin de que cada acto nuestro de amor cristiano no sea efímero y con finalidad en sí mismo, sino que se convierta en una semilla destinada a abrirse en el jardín de Dios, y producir frutos de vida eterna.

    Que la Virgen María, Reina del cielo y de la tierra, nos confirme en la esperanza de la resurrección y nos ayude a hacer fructificar en obras buenas la palabra de su Hijo sembrada en nuestros corazones.

    fuente: Radio Vaticana

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    Publicado por Anónimo | 7 noviembre, 2016, 14:18
  2. domingo 06 Noviembre 2016

    Trigésimo segundo domingo del tiempo ordinario

    Segundo Libro de Macabeos 7,1-2.9-14.
    También fueron detenidos siete hermanos, junto con su madre. El rey, flagelándolos con azotes y tendones de buey, trató de obligarlos a comer carne de cerdo, prohibida por la Ley.
    Pero uno de ellos, hablando en nombre de todos, le dijo: “¿Qué quieres preguntar y saber de nosotros? Estamos dispuestos a morir, antes que violar las leyes de nuestros padres”.
    Y cuando estaba por dar el último suspiro, dijo: “Tú, malvado, nos privas de la vida presente, pero el Rey del universo nos resucitará a una vida eterna, ya que nosotros morimos por sus leyes”.
    Después de este, fue castigado el tercero. Apenas se lo pidieron, presentó su lengua, extendió decididamente sus manos
    y dijo con valentía: “Yo he recibido estos miembros como un don del Cielo, pero ahora los desprecio por amor a sus leyes y espero recibirlos nuevamente de él”.
    El rey y sus acompañantes estaban sorprendidos del valor de aquel joven, que no hacía ningún caso de sus sufrimientos.
    Una vez que murió este, sometieron al cuarto a la misma tortura y a los mismos suplicios.
    Y cuando ya estaba próximo a su fin, habló así: “Es preferible morir a manos de los hombres, con la esperanza puesta en Dios de ser resucitados por él. Tú, en cambio, no resucitarás para la vida”.

    Segunda Carta de San Pablo a los Tesalonicenses 2,16-17.3,1-5.
    Que nuestro Señor Jesucristo y Dios, nuestro Padre, que nos amó y nos dio gratuitamente un consuelo eterno y una feliz esperanza,
    los reconforte y fortalezca en toda obra y en toda palabra buena.
    Finalmente, hermanos, rueguen por nosotros, para que la Palabra del Señor se propague rápidamente y sea glorificada como lo es entre ustedes.
    Rueguen también para que nos veamos libres de los hombres malvados y perversos, ya que no todos tienen fe.
    Pero el Señor es fiel: él los fortalecerá y los preservará del Maligno.
    Nosotros tenemos plena confianza en el Señor de que ustedes cumplen y seguirán cumpliendo nuestras disposiciones.
    Que el Señor los encamine hacia el amor de Dios y les dé la perseverancia de Cristo.

    Evangelio según San Lucas 20,27-38.
    Se acercaron a Jesús algunos saduceos, que niegan la resurrección,
    y le dijeron: “Maestro, Moisés nos ha ordenado: Si alguien está casado y muere sin tener hijos, que su hermano, para darle descendencia, se case con la viuda.
    Ahora bien, había siete hermanos. El primero se casó y murió sin tener hijos.
    El segundo
    se casó con la viuda, y luego el tercero. Y así murieron los siete sin dejar descendencia.
    Finalmente, también murió la mujer.
    Cuando resuciten los muertos, ¿de quién será esposa, ya que los siete la tuvieron por mujer?”.
    Jesús les respondió: “En este mundo los hombres y las mujeres se casan,
    pero los que sean juzgados dignos de participar del mundo futuro y de la resurrección, no se casarán.
    Ya no pueden morir, porque son semejantes a los ángeles y son hijos de Dios, al ser hijos de la resurrección.
    Que los muertos van a resucitar, Moisés lo ha dado a entender en el pasaje de la zarza, cuando llama al Señor el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob.
    Porque él no es un Dios de muertos, sino de vivientes; todos, en efecto, viven para él”.

    Extraído de la Biblia: Libro del Pueblo de Dios.

    Leer el comentario del Evangelio por :

    Orígenes (c. 185-253), presbítero y teólogo
    Comentario al evangelio de Juan, 10,20; PG 14, 371-374

    “Son hijos de Dios, y herederos de la resurrección”

    En el último día la muerte será vencida. La resurrección de Cristo, después del suplicio de la cruz, contiene misteriosamente la resurrección de todo el Cuerpo de Cristo. Así como el cuerpo visible de Cristo fue crucificado, sepultado y seguidamente resucitó, así también el Cuerpo entero de los santos de Cristo está crucificado con él y no vive ya en sí mismo…

    Pero cuando vendrá la resurrección del verdadero cuerpo de Cristo, su Cuerpo total, entonces, los miembros de Cristo que hoy son semejantes a huesos secos, se juntarán unos con otros (Ez 37,1s), encontrando cada uno su lugar y “todos juntos lleguemos al hombre perfecto, a la medida de Cristo en su plenitud (Ef 4,13). Entonces la multitud de los miembros formarán un cuerpo, porque todos pertenecen al mismo cuerpo (Rm 12,4).

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    Publicado por Anónimo | 6 noviembre, 2016, 15:27

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“La muerte no existe, la gente solo muere cuando es olvidada; si puedes recordarme, siempre estaré contigo”.1/12/16
.“Eva Luna”, Isabel Allende

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