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El evangelio del domingo: Zaqueo

Hoy meditamos el Evangelio según San Lucas 19, 1-10. Una vez más los textos de la misa de hoy nos vuelven a hablar de la misericordia divina. Es lógico que se repita tanto esta inefable realidad, porque la misericordia de Dios es una fuente inagotable de esperanza y porque nosotros estamos muy necesitados de la clemencia divina. Todos necesitamos que se nos recuerde muchas veces que el Señor es clemente y misericordioso.

Cualquier esfuerzo que hagamos por acercarnos a Cristo es largamente recompensado. Cuando Jesús llegó al lugar, levantando la vista, le dijo: Zaqueo, baja pronto, porque conviene que hoy me hospede en tu casa. ¡Qué inmensa alegría! Él, que se contentaba con verlo desde el árbol, se encuentra con que Jesús le llama por su nombre, como a un viejo amigo, y, con la misma confianza, se invita en su casa. «Quien tenía por grande e inefable el verle pasar –comenta San Agustín–, mereció inmediatamente tenerlo en casa».

El Maestro, que había leído en su corazón la sinceridad de sus deseos, no quiere dejar pasar esta ocasión. Zaqueo «descubre que es amado personalmente por aquel que se presenta como el Mesías esperado, se siente tocado en lo más profundo de su espíritu y abre su corazón». Enseguida quiere estar cerca del Maestro: Bajó rápido y lo recibió con gozo. Experimentó la alegría singular de todo aquel que se encuentra con Jesús.

El papa Francisco al respecto del evangelio de hoy dijo: “Y Jesús se detuvo, no pasó de largo precipitadamente, lo miró sin prisa, lo miró con paz. Lo miró con ojos de misericordia; lo miró como nadie lo había mirado antes. Y esa mirada abrió su corazón, lo hizo libre, lo sanó, le dio una esperanza, una nueva vida como a Zaqueo, a Bartimeo, a María Magdalena, a Pedro y también a cada uno de nosotros. Aunque no nos atrevemos a levantar los ojos al Señor, Él siempre nos mira primero”.

“Es nuestra historia personal; al igual que muchos otros, cada uno de nosotros puede decir: yo también soy un pecador en el que Jesús puso su mirada. Los invito, que hoy en sus casas, o en la iglesia, cuando estén tranquilos, solos, hagan un momento de silencio para recordar con gratitud y alegría aquellas circunstancias, aquel momento en que la mirada misericordiosa de Dios se posó en nuestra vida”.

“Su amor nos precede, su mirada se adelanta a nuestra necesidad. Él sabe ver más allá de las apariencias, más allá del pecado, más allá del fracaso o de la indignidad. Sabe ver más allá de la categoría social a la que podemos pertenecer. Él ve más allá de todo eso. Él ve esa dignidad de hijo, que todos tenemos, tal vez ensuciada por el pecado, pero siempre presente en el fondo de nuestra alma. Es nuestra dignidad de hijo”.

“Él ha venido precisamente a buscar a todos aquellos que se sienten indignos de Dios, indignos de los demás. Dejémonos mirar por Jesús, dejemos que su mirada recorra nuestras calles, dejemos que su mirada nos devuelva la alegría, la esperanza, el gozo de la vida.”

Extractamos algunas frases de la Audiencia General del papa Francisco del pasado miércoles: “Proseguimos con la reflexión sobre las obras de misericordia corporales, que el Señor Jesús nos ha transmitido para mantener siempre viva y dinámica nuestra fe. Estas obras, de hecho, muestran que los cristianos no están cansados ni perezosos en la espera del encuentro final con el Señor, sino que cada día salen a su encuentro, reconociendo su rostro en el de tantas personas que piden ayuda. Hoy nos detenemos en estas palabras de Jesús: «Era forastero y me acogisteis; estaba desnudo y me vestisteis» (Mt 25, 35-36).

En estos tiempos es más actual que nunca la obra que concierne a los forasteros. La crisis económica, los conflictos armados y los cambios climáticos empujan a muchas personas a emigrar.

Queridos hermanos y hermanas, no caigamos en la trampa de encerrarnos en nosotros mismos, indiferentes a las necesidades de los hermanos. Es precisamente en la medida en la cual nos abrimos a los demás que la vida se vuelve fecunda, la sociedad vuelve a adquirir la paz y las personas recuperan su plena dignidad.

Por Víctor Urrestarazu

(Frases extractadas del libro Hablar con Dios, de Francisco Fernández Carvajal, http://es.catholic.net).

Acerca de jotaefeb

Un arquitecto jubilado. Aprendiz de todo, oficial de nada. Un humano más. Acá, allá y acullá. Hurgador de cosas cotidianas y trascendentes.

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3 comentarios en “El evangelio del domingo: Zaqueo

  1. domingo 30 Octubre 2016

    Trigésimo primero domingo del tiempo ordinario

    Libro de la Sabiduría 11,22-26.12,1-2.
    El mundo entero es delante de ti como un grano de polvo que apenas inclina la balanza, como una gota de rocío matinal que cae sobre la tierra.
    Tú te compadeces de todos, porque todo lo puedes, y apartas los ojos de los pecados de los hombres para que ellos se conviertan.
    Tú amas todo lo que existe y no aborreces nada de lo que has hecho, porque si hubieras odiado algo, no lo habrías creado.
    ¿Cómo podría subsistir una cosa si tú no quisieras? ¿Cómo se conservaría si no la hubieras llamado?
    Pero tú eres indulgente con todos, ya que todo es tuyo, Señor que amas la vida,
    porque tu espíritu incorruptible está en todas las cosas.
    Por eso reprendes poco a poco a los que caen, y los amonestas recordándoles sus pecados, para que se aparten del mal y crean en ti, Señor.

    Segunda Carta de San Pablo a los Tesalonicenses 1,11-12.2,1-2.
    Pensando en esto, rogamos constantemente por ustedes a fin de que Dios los haga dignos de su llamado, y lleve a término en ustedes, con su poder, todo buen propósito y toda acción inspirada en la fe.
    Así el nombre del Señor Jesús será glorificado en ustedes, y ustedes en él, conforme a la gracia de nuestro Dios y del Señor Jesucristo.
    Acerca de la Venida de nuestro Señor Jesucristo y de nuestra reunión con él, les rogamos, hermanos,
    que no se dejen perturbar fácilmente ni se alarmen, sea por anuncios proféticos, o por palabras o cartas atribuidas a nosotros, que hacen creer que el Día del Señor ya ha llegado.

    Evangelio según San Lucas 19,1-10.
    Jesús entró en Jericó y atravesaba la ciudad.
    Allí vivía un hombre muy rico llamado Zaqueo, que era jefe de los publicanos.
    El quería ver quién era Jesús, pero no podía a causa de la multitud, porque era de baja estatura.
    Entonces se adelantó y subió a un sicomoro para poder verlo, porque iba a pasar por allí.
    Al llegar a ese lugar, Jesús miró hacia arriba y le dijo: “Zaqueo, baja pronto, porque hoy tengo que alojarme en tu casa”.
    Zaqueo bajó rápidamente y lo recibió con alegría.
    Al ver esto, todos murmuraban, diciendo: “Se ha ido a alojar en casa de un pecador”.
    Pero Zaqueo dijo resueltamente al Señor: “Señor, voy a dar la mitad de mis bienes a los pobres, y si he perjudicado a alguien, le daré cuatro veces más”.
    Y Jesús le dijo: “Hoy ha llegado la salvación a esta casa, ya que también este hombre es un hijo de Abraham,
    porque el Hijo del hombre vino a buscar y a salvar lo que estaba perdido”.

    Extraído de la Biblia: Libro del Pueblo de Dios.

    Leer el comentario del Evangelio por :

    Filomeno de Mabboug (¿-c. 523), obispo de Siria
    Homilía 4, 79-80

    Zaqueo descubre el único verdadero bien

    Nuestro Señor ha llamado a Zaqueo del sicómoro sobre el cual se había subido, y enseguida se apresuró Zaqueo a bajar para recibirle en su casa. Fue porque, incluso antes de que le llamara, esperaba verle y llegar a ser discípulo suyo. Es una cosa admirable que Zaqueo haya creído en Él sin que Nuestro Señor le hubiese hablado y sin haberlo visto antes con los ojos de su cuerpo, sino simplemente por la palabra de los otros. La fe que había en él había estado guardada en su vida y en su salud natural. Y esta fe ha sido puesta de manifiesto cuando ha creído en Nuestro Señor en el momento mismo en ha tenido noticia de su llegada. La simplicidad de esta fe apareció al prometer dar la mitad de sus bienes a los pobres y devolver cuatro veces más lo que había obtenido de manera deshonesta.

    En efecto, si el espíritu de Zaqueo, en aquel momento, no se hubiera llenado todavía de la simplicidad propia de la fe, no hubiera hecho esta promesa a Jesús y no habría gastado y distribuido lo que había recogido en tantos años de trabajo. La simplicidad ha derramado por todos lados lo que la astucia había recogido, la pureza de alma ha dispersado lo que el engaño había adquirido, y la fe ha renunciado a lo que la injusticia había obtenido y poseído, y ha proclamado que todo eso no le pertenecía.

    Porque Dios es el único bien de la fe, y ésta rechaza poseer otros bienes junto con Él. Para ella todos los bienes tienen poco importancia a no ser el único bien durable que es Dios. Hemos recibido la fe para encontrar a Dios y no poseer nada más que él, y para darnos cuenta de que todo lo que no es Él no sirve para nada.

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    Publicado por Anónimo | 30 octubre, 2016, 07:32
  2. “Señor, la mitad de mis bienes se la doy a los pobres, y si engañé a alguno, le devolveré cuatro veces más.” Lc 19, 8

    El evangelio de este domingo nos habla de la fuerza que puede tener un encuentro con Dios, como punto de partida para un profundo cambio de vida. San Lucas nos relata el encuentro de Jesús, con Zaqueo. En la riqueza de los detalles de este relato, podemos encontrar muchos elementos para nuestra reflexión personal.

    Zaqueo es descrito como un gran pecador. La semana pasada ya hablamos de un publicano, que era considerado por los judíos como un pecador público, pues cometía pecados al menos en tres puntos: primero, trabajaba cobrando impuestos para los opresores, los Romanos; segundo, engañaba, aceptaba coimas, y estafaba a quien podía; y tercero, tocaba plata impura, que tenían la figura de un ídolo (en el caso del emperador). Por eso, ser un publicano era sinónimo de ser un pecador.

    En el caso de Zaqueo, él era el jefe de los publícanos, lo que empeora más su condición. Lucas además recuerda que él era rico. Zaqueo tenía otra característica muy interesante: “él quería conocer a Jesús.” Todos sabemos que en la Biblia conocer es mucho más que ver, es tener experiencia, ver puede ser el comienzo de este conocer.

    Zaqueo, sin embargo, tenía aun otra dificultad: “era bajo de estatura y no podía ver a Jesús a causa del gentío.” Lucas aparentemente nos quiere mostrar que las condiciones de la vida no favorecían para este encuentro.

    Todavía, el deseo de Zaqueo era auténtico y profundo, y esto lo hizo moverse. Él necesitaba encontrar un modo de ver a Jesús. No se quedó acomodado en su limitación. Descubrió cuál sería el recorrido de Jesús, se adelantó, se subió a un árbol y esperó que el Señor pasara.

    Es muy interesante notar que Zaqueo ha encontrado no sólo un modo de ver a Jesús, sino que, al subir el árbol, también se colocó en condiciones de ser visto por él. Su deseo le hizo diferenciarse de la muchedumbre. Además, él no se preocupó por las etiquetas, por lo que los demás dirían de él, al verlo trepado a un árbol. No nos olvidemos que él era rico y conocido.

    Cuando Jesús llegó a aquel punto, no sólo lo vio, como seguramente se dio cuenta de su disposición interior. Por eso, interesado en él, sin preocuparse de la grandeza de sus pecados, Jesús lo llamó y le pidió para ser huésped en su casa.

    ¡¡¡Escándalo!!! Jesús de nuevo se mezcla con los pecadores.

    Para muchas personas era muy difícil entender que Jesús no tuviera criterios, y algunos podrían pensar que, con este gesto, Él le estaría apoyando a Zaqueo en su pecado.

    Muchos pensaban, como quien sabe alguno de nosotros, de que Dios sólo nos ama cuando somos buenos, y no entendían que, en verdad, Dios nos ama para ayudarnos a ser buenos.

    Es, así que Zaqueo tocado por este gesto de Jesús, movido por la fuerza de este encuentro, anuncia un cambio radical en su vida: “Señor, la mitad de mis bienes se la doy a los pobres, y si engañé a alguno, le devolveré cuatro veces más.” Zaqueo nunca más sería el mismo. Y es para nosotros un ejemplo de conversión auténtica. Conversión que no se queda solamente en palabras, sino que se manifiesta muy concretamente en la justicia y en la caridad.

    Él se ha arrepentido del mal que había hecho y busca concretamente sanarlo – “si engañé a alguno, le devolveré cuatro veces más.” Su gesto recupera la justicia. No basta sólo pedir perdón a Dios, cuando con mi acción yo hice daño a mi hermano, es necesario reponerle.

    Segundo, él se abrió a la caridad, se colocó a disposición de los que le necesitan, y no le podían dar nada en cambio.

    Pienso que para todos nosotros Zaqueo es un estímulo que nos cuestiona sobre nuestro real interés en conocer a Jesús, nos sugiere buscar activamente el modo de poder verlo, nos enseña a no permanecer paralizados por nuestro pecados o defectos, nos desafía a reconocer el mal que hicimos a los demás y a buscar remediarlo, nos propone reconstruir nuestra vida con el cimiento de la caridad, nos ayuda a abrir nuestra casa para que la salvación pueda entrar.

    Zaqueo, ¡que coraje el tuyo!

    El Señor te bendiga y te guarde,
    El Señor te haga brillar su rostro y tenga misericordia de ti.
    El Señor vuelva su mirada cariñosa y te de la PAZ.
    Hno. Mariosvaldo Florentino, capuchino

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    Publicado por Anónimo | 30 octubre, 2016, 07:31
  3. Ejemplo para los ricos

    Por Hno. Joemar Hohmann Franciscano Capuchino

    El evangelista Lucas tiene una atención especial para tratar temas de dinero y en este domingo nos habla de Zaqueo, un rico cobrador de impuestos.

    Este hombre era jefe de los publicanos, que recaudaban tributos para el imperio dominante. Él era coimero, injusto y estafador. Sin embargo, tuvo el feliz deseo de “querer ver a Jesús”. El Señor se conmovió con su aspiración y le dijo: “Zaqueo, hoy tengo que alojarme en tu casa”.

    Jesús se fue a su casa, seguramente almorzaron, conversaron bastante y, al final, Zaqueo le confesó: “Señor, yo doy la mitad de mis bienes a los pobres, y si he perjudicado a alguien, le doy cuatro veces más”. Jesús proclamó: “Hoy ha llegado la salvación a esta casa”.

    Nos quedamos preguntando qué clase de conversación se dio entre Jesús y Zaqueo. Probablemente, el Señor le hizo ver lo ilusorio del dinero, la payasada de las vanidades y lo peligroso que es mal haber los bienes, dañando al semejante y robando de las instituciones públicas.

    No sabemos si habrá sido la mirada de Jesús, sus palabras o la fuerza de su personalidad, lo cierto es que el cobrador se convirtió.

    Este cambio de Zaqueo es una esperanza y ejemplo para todos los ricos del mundo. Reconocemos que no todas las fortunas son amasadas con estafa y explotación, pero también es cierto que estas injusticias pasan con frecuencia.

    Sea como fuera, estamos delante de un riesgoso desafío: el uso fraterno de los bienes o el uso egoísta y derrochador. Él optó por el compartir y reparar sus macanas: importante esto de “reparar” los atropellos que uno ha cometido.

    Zaqueo fue determinado, devolviendo con generosidad los bienes mal habidos. No utilizó los famosos y capciosos argumentos: “Todo el mundo hace lo mismo… hay que aprovechar la ocasión…”.

    Lo cierto y concreto es que cuando una persona pone la mano en el bolsillo para compartir magnánimamente su dinero es porque la gracia de Dios le tocó en serio y ha descubierto otros valores, como la honestidad, la humildad, el bien común y el uso de las riquezas para la promoción humana.

    Nosotros no tendríamos que pensar que esta enseñanza evangélica es solamente para aquellos que tienen “mucha plata”, pues cada uno tiene algunos recursos interesantes, así como, probablemente, no todo fue adquirido de modo transparente.

    Conclusión: tratemos de reparar nuestras estafas para que merezcamos oír de nuestro Redentor: “Hoy la salvación ha entrado en tu casa… y en tu corazón…”.

    Miércoles, 2 de noviembre, celebramos el Día de las Ánimas.

    Paz y bien.

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    Publicado por Anónimo | 30 octubre, 2016, 07:31

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Trabajo, seriedad y respeto.

Mis padres me enseñaron tres cosas fundamentales: que para poder estar orgulloso de ti mismo y ser alguien hace falta trabajar; que es preciso actuar con seriedad; y que debes respetar a los demás para recibir respeto a cambio. Trabajo, seriedad y respeto. “Si haces estas tres cosas, podrás ser alguien en la vida”, me dijeron. (Zinedine Zidane)

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