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LAS PEQUEÑAS GRANDES VÍCTIMAS

La palabra Lety debe decirle muy poco o nada a la mayoría de la gente. Ni siquiera si le agregamos “campo de concentración”, ya que su nombre fue oscurecido al lado de otros que ganaron triste fama como ser Auschwitz, Birkenau, Treblinka, Belzec, Dachau, Buchenwald, donde morían mil personas por día con un total de 39 campos creados por los nazis, todos ellos fuera de territorio alemán, con excepción del último de los mencionados.
Lety es una población aproximadamente a treinta kilómetros al suroeste de Praga, en territorio checo, y fue creado para el exterminio de los gitanos, especialmente niños. El lugar, casi borrado del mapa, se venía utilizando para granjas dedicadas a criar cerdos. A fines del pasado mes de julio, la Unión Romaní de España, que forma parte de la Unión Romaní Internacional, reconocida por Naciones Unidas desde 1979, presentó una denuncia ante las autoridades checas, pidiendo que las granjas de cerdos sean trasladadas a otro sitio y se destinara el lugar a honrar la memoria de los miles de gitanos víctimas de la barbarie nazi.

Al tiempo que se daba a conocer esta noticia, se publicaron algunas fotografías que acaban de ser rescatadas de archivos y colecciones checas. Son imágenes estremecedoras en las que aparecen decenas de niños, algunos frente a una barraca del mismo modo que se fotografían los niños en el frente de su escuela. Otros, desnudos, buscan como pueden darse calor, al lado de las alambradas de espinos. Hoy se sabe que la mayoría de esos niños murieron de hambre y de frío.

Al departamento dedicado a establecer las medidas de protección de la “pureza de la raza aria”, se le presentó un serio problema al conocer que los gitanos provenían de la India, de donde emigraron más de mil años atrás. Ello podría suponer que los gitanos eran también arios con el peligro que fueran mucho más arios que los propios nazis. Pero terminaron encontrándole una explicación conveniente a su política de limpieza étnica, y en 1933 se ordenó el inicio de una campaña de esterilización de gitanos y luego se dispuso a qué campos de concentración serían enviados para su exterminio.

Los gitanos no estaban tan bien organizados como los judíos por lo que se ha vuelto difícil determinar el número de personas que fueron asesinadas en esos campos de la muerte. Algunos hablan de 220.000 a medio millón, aunque el investigador Ian Hancock señala que muy bien podría ser de 500.000 a 1.500.000.

Sobre este tema, la Unión Romaní ha dicho que “En el Campo de Lety internaron a 326 niños y niñas gitanos de los que 241 perecieron como consecuencia de las condiciones higiénicas catastróficas en que se amontonaban en los barracones, y la falta de agua y de comida. La mayoría de estas criaturitas murieron de hambre porque la comida que les pertenecía la robaban los guardianes checos encargados de la distribución”.

Estas cifras y estos testimonios son estremecedores y no faltará quien intente aquietar las incomodidades de su conciencia pensando que todo sucedió hace más de setenta años y que la historia ha terminado. Con el triunfo del mundo libre sobre la irracionalidad y el oscurantismo, el expediente ha quedado cerrado. Se levantará un monumento donde se honrará, anualmente, la memoria de las víctimas.

Nada más lejos de la realidad. Esas mismas fotografías en blanco y negro que menciono más arriba, se repiten hoy en colores con los niños que tratan de escapar de la muerte y el hambre de varias regiones del mundo, especialmente del Oriente Medio. No hace todavía una semana que se veían las calles de Alepo (Siria) con los tambores reventados para dejar escapar el gas de cloro venenoso, arrojados por las tropas leales a El Asad, mientras decenas de niños, en los hospitales, con máscaras de oxígeno, luchaban contra el ahogo producido por tales armas químicas. Hay miles de niños abandonados, sin que ninguna persona mayor se ocupe de ellos, en los centenares de campamentos de refugiados esparcidos por toda Europa. Estamos repitiendo la historia, los niños gitanos muertos en Lety hoy son sirios, iraníes, kurdos, afganos, otros venidos de las profundidades de África. Y los dejamos morir mientras miramos hacia otro lado para que nuestra conciencia no nos moleste.

Por Jesús Ruiz Nestosa

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Un arquitecto jubilado. Aprendiz de todo, oficial de nada. Un humano más. Acá, allá y acullá. Hurgador de cosas cotidianas y trascendentes.

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