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Los últimos días de Soda Stereo

Este es un fragmento adaptado de “Cerati. La biografía”, de Juan Morris, publicado por editorial Sudamericana en 2015.

A mediados de 1995, las paredes de Buenos Aires amanecieron empapeladas con afiches que anunciaban un nuevo disco después de tres años de silencio:

EL 21 DE JUNIO NO SOLO COMIENZA EL INVIERNO…
EMPIEZA UN SUEÑO…
SUEÑO STEREO, EL NUEVO ÁLBUM DE SODA STEREO.

El disco salió en junio y fue presentado con un raid de nueve shows en el teatro Gran Rex de Buenos Aires durante septiembre, una aparición en el programa de televisión más visto del país y un show gratuito masivo en el que convocaron a más de 150.000 personas en la Plaza Moreno de la ciudad de La Plata. Después de eso, Soda viajó a Venezuela y a Colombia.

A fin de año, Cecilia Amenábar, la pareja de Gustavo Cerati, quedó otra vez embarazada y decidieron volver a instalarse en Santiago de Chile. Con la salida de Sueño Stereo volvían las giras; iba a ser más cómodo para Cecilia estar cerca de su hermana y de su madre cuando Gustavo estuviera de viaje. Se mudaron a una casa en el barrio Las Condes, en la misma cuadra que la madre de Cecilia. Era una casita inglesa con un jardín al fondo y un cuarto de herramientas en el que Gustavo armó un pequeño estudio casero.

Para él instalarse en Santiago no suponía más que dos horas de avión desde Buenos Aires, pero al interior del grupo el viaje de vuelta a Chile fue una señal de que Gustavo no había vuelto del todo a Soda Stereo: seguía viviendo en otro país. El video de “Ella usó mi cabeza como un revólver” se rodó a comienzos de 1996 en Santiago y lo dirigió el publicista Stanley Gonczanski, uno de los compañeros de facultad de Gustavo y Zeta Bosio en la Universidad del Salvador. Gustavo no solo había vuelto a vivir a Chile sino que ponía cada vez más condiciones y todo el equipo tenía que viajar a filmar donde estaba.

Durante 1996, la gira siguió por Honduras, Panamá, Costa Rica, México, Guatemala y varias ciudades de Estados Unidos. En los ratos muertos de hotel ensayaron unas versiones casi lounge de varias canciones de su catálogo y el 12 de marzo grabaron un especial para MTV Unplugged en Miami, que salió editado bajo el título Confort y música para volar.

Era un disco que mostraba hasta dónde había llevado Soda Stereo su obsesión con el audio: en las versiones que grabaron, las canciones parecían flotar en el sonido. Y Gustavo parecía a miles de kilómetros de Zeta y de Charly Alberti.

Soda nunca había sonado tan bien y nunca había estado tan cerca de la desintegración. Para una versión ambiental y llena de efectos atmosféricos de “En la ciudad de la furia”, invitaron a la cantante colombiana Andrea Echeverri, del grupo Aterciopelados, y, más que un grupo, pareció un combinado de estrellas latinas: ya no había nada que los uniera.

***

En la segunda mitad del año, Soda Stereo inició una nueva gira para presentar el Unplugged y Gustavo lo empezó a vivir como una tortura. Después de la muerte del hijo de Zeta había intentado volver a entusiasmarse con el grupo tras las vacaciones que se había tomado en Chile y por un momento parecía que funcionaba, hasta habían compuesto un disco clásico en su regreso. Pero ya no le encontraba sentido. Que el tour no estuviera empujado por un disco con canciones nuevas mostraba el agotamiento creativo del grupo. Gustavo se aburría. Las cosas se estaban volviendo insostenibles. Para Zeta y Charly Soda Stereo seguía siendo el corazón de sus vidas, pero para Gustavo, que era el cantante y el motor creativo, el grupo se había convertido en un peso que no entendía por qué tenía que cargar. Se había empezado a convertir en un líder insufrible. Zeta y Charly ya se referían a él como “el Quía” —sujeto o individuo en lunfardo argentino— y todos estaban atentos a ver con qué humor se había despertado ese día.
Hacia el final de esa gira, Gustavo terminó forzando la charla sobre la separación. Era una decisión compleja, que involucraba desarmar una estructura gigante y que iba a implicar un proceso, pero ya no quería esperar más. Todo el equipo que integraba Soda Stereo quería que las cosas siguieran y la ruptura definitiva dependía de algún movimiento de Gustavo que la volviera definitiva. Unos meses después, sucedió: una mañana de marzo de 1997, Zeta y Charly se enteraron por las radios que la decisión se había concretado. Alguien había filtrado la noticia a los medios.

El 1 de mayo, el grupo anunció oficialmente su separación a través de un comunicado de prensa y Gustavo escribió una carta que salió publicada en el suplemento Sí! del diario Clarín.

Estas líneas surgen de lo que he percibido estos días en la calle, en los fans que se me acercan, en la gente que me rodea, y en mi propia experiencia personal. Comparto la tristeza que genera en muchos la noticia de nuestra separación. Yo mismo estoy sumergido en ese estado porque pocas cosas han sido tan importantes en mi vida como Soda Stereo. Cualquiera sabe que es imposible llevar una banda sin cierto nivel de conflicto. Es un frágil equilibrio en la pugna de ideas que muy pocos consiguen mantener por quince años, como nosotros orgullosamente hicimos. Pero, últimamente, diferentes desentendimientos personales y musicales comenzaron a comprometer ese equilibrio. Ahí mismo se generan excusas para no enfrentarnos, excusas finalmente para un futuro grupal en que ya no creíamos como lo hacíamos en el pasado. Cortar por lo sano es, valga la red, hacer valer nuestra salud mental por sobre todo y también el respeto hacia todos nuestros fans que nos siguieron por tanto tiempo. Un fuerte abrazo.

Aunque ese final terminó de romper las relaciones, Charly los convenció de hacer una última gira por Latinoamérica para que el grupo se despidiera del público y todo el equipo que trabajaba con ellos tuviera una indemnización. Tocaron en México, Venezuela, Chile y todo terminó el 20 de septiembre en el estadio de River, a diez cuadras del cuartito arriba de un garaje donde había empezado quince años antes.

El día anterior, Gustavo dio una entrevista al noticiero de Canal 13 después de la prueba de sonido y, aunque había demostrado la conciencia que tenía sobre el hito histórico que ese show iba a marcar en la historia del rock latino, le quitó dramatismo a la despedida.

—Con este concierto nosotros estamos celebrando un pasado y un presente hasta ese momento, pero estamos abrazando una idea de futuro también —dijo en la nota—. Yo creo que el domingo, además de plenos, nos vamos a sentir también aliviados de haber hecho las cosas bien todo este tiempo y haberlo cerrado.

La periodista le pidió que les dijera algo a los fanáticos a los que Soda Stereo había marcado generacionalmente en toda la región y que estaban tristes con el final del grupo. Gustavo contestó que en ellos también anidaba tristeza, que era imposible no sentir nostalgia por algo así: una parte importantísima de la historia de sus vidas estaba por terminar.

—En ese momento, en el escenario —agregó—, estoy seguro de que voy a pensar que esto debería seguir mil años más.

***

La mañana del último show, Gustavo se despertó temprano y desde la ventana del living espió a la gente que ya desde el mediodía hacía la cola para el show. Mirando a través de la persiana, se divertía pensando que nadie ahí abajo se imaginaba que mientras ellos esperaban para verlo convertido casi en un dios arriba del escenario esa misma noche, él estaba ahí enfrente encargándose de las tareas domésticas de su casa.

Su departamento en Argentina quedaba exactamente a cuatro cuadras del estadio y había pensado en disfrazarse y cruzar caminando, pero la afluencia de público era tan grande que el plan era imposible. A la noche, más de 50.000 personas llenaron el estadio para el debut y la despedida de Soda Stereo en River. El grupo había irrumpido en la escena como una banda casi ska, después se había vuelto pop, dark y casi funk hasta terminar convirtiéndose en la gran banda de rock de Latinoamérica. Habían empezado siendo tres chicos recién salidos a la vida que se paraban el pelo con jabón y quince años después ya eran tres hombres maduros. Zeta se había quedado pelado, Charly estaba canoso y Gustavo usaba apliques para aumentar el volumen de su pelo. Arriba del escenario de River, se separaban sonando mejor que nunca. El show fue una cumbre de clasicismo, electricidad y emoción que terminó con “De música ligera”, el hit más emblemático de la historia del grupo.
—No solo no hubiéramos sido nada sin ustedes, sino con toda la gente que estuvo a nuestro alrededor desde el comienzo. Algunos siguen hasta hoy. ¡Gracias… —dijo Gustavo al micrófono y se quedó una milésima de segundo tratando de completar esa frase, mientras el aire todavía vibraba con los últimos acordes de la canción y 60.000 personas ahí abajo absorbían esos miles de voltios de energía convertida en rock de estadios; fue una milésima de segundo que se tragó los quince años de historia del grupo y en su cabeza de pronto vio todo como el final de una gran película en el que empezaban a caer los subtítulos frente a toda la gente y entonces quedó liberado de nombrar a nadie antes del estallido final del tema, solo agregó—: … totales!

Después descorcharon una botella de champagne para brindar frente al público y se abrazaron por última vez. Mientras el escenario se llenaba de familiares y amigos, Gustavo agarró su filmadora y grabó al público. Sus hijos Benito y Lisa todavía eran chicos y no comprendían qué pasaba, alguna vez quería mostrárselos.

—Ustedes disculparán la obviedad —dijo acercándose por última vez al micrófono con la camarita en la mano, mientras las luces iluminaban al público—, pero qué se puede hacer sino filmar.

Un rato más tarde, después de pasar por el camarín y abrazar a su familia, siguió grabando todo con su cámara durante el after-show. En un rincón del gimnasio del estadio de River, mientras un DJ ponía música, los mozos pasaban con bandejas de comida y la gente se acercaba a saludarlo, Gustavo registraba todo con su filmadora como un turista de su propia despedida: de alguna manera él ya estaba muy lejos de ahí, mirando un recuerdo.

Por JUAN MORRIS

Juan Morris es autor de “Cerati. La biografía” y fue secretario de redacción de la edición argentina de Rolling Stone.

Acerca de jotaefeb

Un arquitecto jubilado. Aprendiz de todo, oficial de nada. Un humano más. Acá, allá y acullá. Hurgador de cosas cotidianas y trascendentes.

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