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En México, la narcoficción se debate entre el entretenimiento y la apología

Fue una pesadilla para los ejecutivos de televisión: no solo los habían amenazado con demandarlos por una serie de televisión, sino que quien los amenazaba tenía fama de ser uno de los narcotraficantes más poderosos sobre la faz de la tierra y el jefe de un cartel con una larga lista de ejecuciones masivas y videos de tortura.

El primer indicio de que había problemas llegó en mayo, después de que Netflix y Univision dieron a conocer un avance de su serie “El Chapo”, basada en la historia del capo Joaquín Guzmán Loera. Los abogados del narcotraficante anunciaron a través de diversos medios que acudirían a los tribunales si el nombre y la historia de su cliente se usaban sin pagar regalías. “El señor”, o sea, Guzmán, “no ha muerto. No es un personaje del dominio público. Está vivo. Tiene que otorgar su permiso”, declaró ante una estación radiofónica el abogado Andrés Granados.

Las declaraciones pusieron a los productores del programa ante una encrucijada. Si seguían adelante con la serie —que tenían planeado estrenar en 2017— tendrían que enfrentar una batalla legal y la posibilidad de que, si perdía, Guzmán podría buscar una retribución por la vía no legal. Pero si se sentaban a negociar con Guzmán, enfrentarían otros problemas: ¿estarían cooperando con la delincuencia organizada? El abogado de Guzmán sugirió que podían ayudar a mejorar la serie de televisión dando detalles que ningún periodista había descubierto hasta ahora, pero ¿eso podría significar que actuaban como instrumento de propaganda de un jefe de la delincuencia?

El dilema refleja mayores disyuntivas en el creciente mundo de la ficción del narcotráfico. Los retratos histriónicos de los reyes de la delincuencia mexicana, que comenzaron como películas de calidad regular, han evolucionado para convertirse en telenovelas muy populares, novelas que están en los primeros lugares de ventas y en importantes producciones hollywoodenses. Son parte de una cultura del narco más amplia, que incluye desde baladas de música pop hasta tendencias de moda. Mientras tanto, entre 2007 y 2014 más de 80.000 mexicanos perdieron la vida en delitos relacionados con el narcotráfico, según un censo gubernamental. El mes de mayo fue el que más vidas cobró en México en casi cuatro años.

Las narcopelículas mexicanas cobraron fama con la tecnología para filmar directamente en formato de video de los ochenta; a menudo se filmaban en un par de semanas y en ellas se veía a estrípers de la vida real, armas de fuego y delincuentes, también reales, que disparaban armas. Títulos como “El bazucazo”, “Comando élite narco” y “Scarface renacido” son populares entre la comunidad mexicana en Estados Unidos. Algunos narcotraficantes financian sus propias películas biográficas: cuando Édgar Valdez Villarreal, conocido como la Barbie, fue arrestado en 2010, declaró a las autoridades que le había dado 200.000 dólares a unos productores para que hicieran una película sobre él.

El género narco se filtró primero en las telenovelas colombianas, muy populares y con un alto nivel de producción, a mediados de la década del 2000, antes de llegar hasta México a finales de esa misma década. Las cadenas de televisión local produjeron éxitos como “Sin tetas no hay paraíso” y “El cartel de los sapos”, inspirada en un libro sobre un narcotraficante colombiano de la vida real que estaba preso en Estados Unidos. Funcionaron bien: mostraban un realismo descarnado mientras trataban de conservaban el glamur y entretenimiento de las telenovelas latinoamericanas.
El año pasado, la guerra de las drogas hizo su entrada triunfal en el mercado estadounidense con el estreno de “Sicario”, la película nominada al Oscar, la serie de Netflix “Narcos” y la exitosa novela “The Cartel”, de Don Winslow. Todos han sido éxitos comerciales y han recibido buenas críticas, a pesar de las protestas por parte del alcalde de Ciudad Juárez, México, contra “Sicario” por retratar su ciudad de una forma tan desafortunada. El éxito de “Narcos”, que brinda una imagen apegada a la realidad del capo colombiano Pablo Escobar, preparó el terreno para que Netflix trabajara en la producción de la serie “El Chapo”.
Los políticos mexicanos critican la narcocultura por embellecer, e incluso alimentar, un comercio bañado de sangre. Los escritores, productores y cantantes responden que sus obras solo son un reflejo de la realidad. No obstante, la línea entre la vida y el arte se desvanece cada vez más.

Tomemos la odisea de “La reina del sur” como ejemplo. Comenzó como una novela, escrita en 2002 por el español Arturo Pérez-Reverte, sobre una hermosa líder de un cartel del estado mexicano de Sinaloa a la que llamó Teresa Mendoza. En 2007, las fuerzas de inteligencia mexicanas arrestaron a una mujer que se dedicaba a lavar dinero llamada Sandra Ávila Beltrán, conocida como la Reina del Pacífico, un nombre que muy probablemente inspiró la novela de Pérez-Reverte. Después, en 2011, Telemundo estrenó una telenovela basada en La reina del sur, protagonizada por la actriz mexicana Kate del Castillo. La telenovela se convirtió en un éxito sin precedentes, incluso entre los mismos elementos del narcotráfico. Los baladistas del narco han escrito canciones sobre las tres reinas.
Es posible que la línea divisoria entre la ficción y la realidad haya desaparecido por completo cuando se supo que Del Castillo había llevado al actor Sean Penn a conocer a Guzmán, en un viaje que Penn relató posteriormente en la revista Rolling Stone. Los comentaristas especulaban que Kate del Castillo se había dejado llevar por su papel en “La reina del sur” o que Guzmán se había enamorado de su personaje de telenovela. También se supo que Guzmán había prometido darle los derechos cinematográficos exclusivos de su historia a la actriz mexicana, lo que dio lugar a más preguntas sobre el esfuerzo de Netflix.

Es fácil ver por qué todos quieren contar su historia. En el auto de procesamiento queda claro que Guzmán contrabandeó miles de millones de dólares en drogas a bordo de aviones, barcos y submarinos que ingresaron a Estados Unidos. Escapó de dos prisiones de máxima seguridad; la última vez, a través de un túnel de 1,6 kilómetros con luz y un riel para una motocicleta, y cuando la Marina mexicana lo atrapó en enero, casi se les escapa nuevamente al huir por el drenaje.

Entonces, ¿Netflix debería contarla solo porque es una buena historia? No hay duda de que se corre el riesgo de glorificar la vida del narco. He entrevistado a varios miembros de carteles y suelen decir que ven telenovelas y películas sobre el tema. Incluso fui a una prisión en Nuevo Laredo para darme cuenta de que un líder de la delincuencia tenía una foto tamaño natural de Al Pacino en “Scarface” sobre la pared. Sin embargo, resulta más difícil afirmar que la narcoficción contribuye a la violencia en México: millones de personas ven las mismas películas y no acaban decapitando víctimas… y mucho menos grabándose.

No obstante, los productores de narcoficción sí se lo preguntan. “Dios mío, ¿debo lidiar con eso?”, me dijo Winslow el año pasado. “Finalmente, me inclino a pensar que al informar a la gente, estamos haciendo bien. Pero en el día a día, al escribir algunas de esas cosas, me pregunto: ‘¿Me estoy pasando de la raya? ¿Estoy haciendo sencillamente pornografía de la violencia? ¿Esto es solo voyerismo?’ ”.

Esta es una pregunta que Netflix y Univisión necesitan hacerse en el transcurso del próximo año. Asumiendo que Guzmán sea extraditado a Estados Unidos, podría ir a juicio o llegar a un acuerdo, un drama de la vida real que podría llevarse a cabo mientras la serie está al aire. Guzmán bien podría convertirse en una celebridad, un Al Capone o John Dillinger de nuestros días. Aunque solo inspire a un puñado de personas a seguir su ejemplo, ¿valen la pena los ratings?

Por IOAN GRILLO

 

Ioan Grillo es autor de “Gangster Warlords: Drug Dollars, Killing Fields and the New Politics of Latin America” y columnista de opinión

 

Acerca de jotaefeb

Un arquitecto jubilado. Aprendiz de todo, oficial de nada. Un humano más. Acá, allá y acullá. Hurgador de cosas cotidianas y trascendentes.

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Mis padres me enseñaron tres cosas fundamentales: que para poder estar orgulloso de ti mismo y ser alguien hace falta trabajar; que es preciso actuar con seriedad; y que debes respetar a los demás para recibir respeto a cambio. Trabajo, seriedad y respeto. “Si haces estas tres cosas, podrás ser alguien en la vida”, me dijeron. (Zinedine Zidane)

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