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Elección, destitución y renuncia

Dice la Biblia que a Moisés, el hebreo que lideró la liberación del pueblo del Israel de la esclavitud de Egipto, le llamaban la atención cuando comenzó a delegar poderes en su futuro sucesor, Josué, ya que este ganaba notoriedad y autoridad, y el hombre más poderoso de su pueblo respondía algo así: “Es necesario que él crezca y yo disminuya”. Lo mismo decía el profeta más influyente de su tiempo (A quien hasta Herodes escuchaba con gusto), Juan el Bautista, acerca de Jesús.

En la elección hay un acto de libertad en que se ponen en juego la inteligencia y la voluntad. Si alguno de estos poderosos elementos propios del hombre libre falta, es porque la libertad está menguada. Elegimos gobernantes para servirnos porque encontramos en ellos un don o un perfil apropiado. Y les pedimos que nos sirvan ejerciendo una autoridad, la cual también está sometida a reglas. Esa es su misión.

Viendo las peleas (trucos y retrucos) de nuestros políticos de turno que hasta quieren cambiar la Constitución con tal de lograr la reelección, así como la actitud de Dilma Rousseff al ser destituida definitivamente por el Senado de Brasil luego de 13 años de gobierno de su partido, creo que vale la pena recordarnos unos a otros que el poder no es el fin, ni del mandato, ni del mundo. En el caso de Josué, él había estado largo tiempo en el oficio junto a Moisés, de quien era un discípulo fiel. Su autoridad no la basaba solo en sus propias habilidades, sino en sus convicciones y estas estaban sometidas a las mismas reglas morales que el pueblo. Y no es que se tratara de un pusilánime, al contrario, su valentía y responsabilidad son reconocidas.

Lo valiente en ciertos casos es más bien renunciar al poder para mantener la autoridad. El poder es un instrumento útil, pero su lógica a veces corrompe, entorpece el discernimiento y coarta la libertad de la que tuvo su origen. De la lógica del poder debemos poder avanzar al nivel más elevado de la lógica del servicio. De lo contrario todo se pervierte. Reina la mentira. Y sufre el pueblo. Nadie apegado al poder puede ser buen gobernante. La historia nos lo repite una y otra vez.

¿Qué falta? Necesitamos educarnos en el liderazgo sano. Tenemos una deuda pendiente con la civilidad, sobre todo con los jóvenes del clan. Responsabilidad, dominio de sí, espíritu de servicio, un saludable desapego del poder en busca del bien común… ¡Ah! ¡Qué maravilla de la libertad humana! ¿Es posible vivir así? Sí. Recordemos el caso reciente de la renuncia del hoy papa emérito Benedicto XVI, que dio paso a la llegada de Francisco. Un hombre ese, cuya autoridad moral nadie puede discutir.

Por Carolina Cuenca

Acerca de jotaefeb

Un arquitecto jubilado. Aprendiz de todo, oficial de nada. Un humano más. Acá, allá y acullá. Hurgador de cosas cotidianas y trascendentes.

Comentarios

2 comentarios en “Elección, destitución y renuncia

  1. ¿Es el parlamentarismo la solución?

    Por Alberto Acosta Garbarino

    El largo y tortuoso proceso de destitución de la presidenta brasileña Dilma Rousseff mantuvo al Brasil paralizado políticamente durante más de un año en medio de una tremenda crisis económica y social.

    Este juicio político en el Brasil, al igual que el juicio político a Lugo en el Paraguay, ha generado una profunda división de la sociedad, entre los partidarios del gobierno que acusan de “golpista” al Congreso y los partidarios de la oposición que afirman que la destitución es legal.

    Leyendo la Constitución del Brasil se puede afirmar que el proceso de impeachment, al igual que el de Lugo en el Paraguay, se ha ajustado estrictamente a la letra de la Carta Magna.

    Pero para ser honestos intelectualmente hay que decir que si bien esos juicios políticos, se han ajustado a la letra de las constituciones vigentes, esas constituciones no son compatibles con el espíritu de un sistema presidencialista.

    La esencia de un sistema presidencialista consiste en una clara separación y equilibrio de poderes, entre el legislativo, el ejecutivo y el judicial, donde los dos primeros son elegidos directamente por el voto popular.

    Por eso, la constitución en un sistema presidencialista no debería otorgar al Congreso la facultad de destituir a un presidente que tiene la misma legitimidad de origen… basado en el voto del pueblo.

    La única figura constitucional compatible es la del referéndum revocatorio de mandato, donde el mismo pueblo que eligió al presidente es el que lo destituye.

    Es cierto que Estados Unidos, que es la cuna del presidencialismo, tiene la figura del impeachment, pero también es cierto que en más de doscientos años de democracia nunca un presidente fue destituido por dicho proceso.

    Sin embargo, en América Latina los presidentes han sido permanentemente destituidos, antes por medio de golpes militares y ahora por medio de legales juicios políticos.

    Ante este fracaso del presidencialismo en la región, muchos creemos que debemos pensar en el sistema parlamentarista como una mejor opción.

    En este sistema, que lo tienen casi todos los países europeos, el pueblo elige solamente a los representantes del Parlamento y son estos representantes los que, por mayoría, eligen al jefe de Gobierno, que en España se llama presidente, en Inglaterra primer ministro y en Alemania canciller.

    Como ese jefe de Gobierno ha sido elegido por el Parlamento, es el mismo Parlamento, nuevamente por mayoría, el que lo puede destituir en un procedimiento relativamente simple y totalmente político.

    En un mundo en constantes cambios y en países de gran fragmentación política como los nuestros, pareciera que el Parlamento es el lugar donde mejor se reflejan los deseos de las mayorías. Y si esa mayoría cambia, es mejor cambiar al jefe de Gobierno.

    Si un presidente pierde el apoyo para gobernar, en el sistema presidencialista se produce una crisis en el sistema político en su conjunto (como Venezuela), mientras que en el sistema parlamentarista es una crisis que se limita al ámbito de los administradores del Gobierno (como Gran Bretaña con el brexit).

    Algunos dicen que el parlamentarismo generaría mayor inestabilidad y nos daría líderes muy débiles. Sin embargo, la experiencia europea dice lo contrario, y si no, veamos los largos y fuertes liderazgos de Adenauer, Kohl y Merkel en Alemania o de Churchill, Thatcher o Blair en Inglaterra.

    Si en algún momento modificamos nuestra Constitución, ese sería el momento para movernos hacia un sistema parlamentarista que parece ser el que mejor se adecua a sociedades altamente inestables como las latinoamericanas.

    Caso contrario, seguiríamos con un sistema presidencialista al cual siempre le hemos hecho trampa, antes con golpes militares y ahora con legales juicios políticos.

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    Publicado por Anónimo | 4 septiembre, 2016, 16:13
  2. Moisés y Josué no son para nada buenos ejemplos para hablar de ceder el poder. No solo que Moisés fue el lider hasta viejo y luego le siguió Josué, sino que éste era su hermano, así que es más parecido al caso de los hermanos Castro que a otra cosa.
    Eso para no mencionar que Moisés se hizo respetar encargando a Aarón que mate a todos los que adoraron al becerro de oro, por lo cual Moisés le premió con una dinastía sacerdotal. Y lo más irónico de eso es que Aarón fue el que dio la idea de crear el becerro en primer lugar.

    Si vamos a hablar de lo valiente que es renunciar a seguir teniendo el poder la persona correcta a citar es Cincinato quien dos veces fue declarado dictador por el senado romano y dos veces volvió a su granja cuando superó el peligro por el cual le nombraron dictador.
    En EEUU la cuidad de Cincinnati lleva su nombre pero no es en su honor sino en honor al Cincinato americano: George Washignton, quien decidió dejar el mando luego de dos periodos presidenciales y volvió a ser un cuidadano privado y a su propia granja, como Cincinato.

    En cuanto a que a Herodes le gustaba escuchar a Juan el Evangelista, no sé de dónde sale eso. Ciertamente que a su esposa Herodías le odiaba, ya que Juan el Bautista le escrachaba a Herodes por haberse casado con la divorciada de su hermano. Al final, eso le costó la vida; Juan el Bautista perdió la cabeza (literalmente) por el excelente baile de Salomé, la hija de Herodías.
    En cuanto a que Juan el Bautista reconoció y dejó pasar el mando a Jesús, eso tampoco es cierto. Hechos de los Apóstoles capítulo 19 cuenta que Pablo llegó a Efeso y encontró allí a gente que recibió el Bautismo de Juan, y los re-bautizó. Es decir, no es que hubo continuidad entre Juan y Jesús. Los seguidores de Juan siguieron independientes de los cristianos. De hecho, Juan el Bautista sigue con sus seguidores hasta hoy día, la religión de ellos se llama Mandeísmo, tiene varios miles de seguidores en medio oriente.
    Más bien lo que parece que ocurrió es que Jesús fue discípulo de Juan el Bautista por un tiempo y luego formó su propio grupo, quitándole algunos discípulos, incluyendo a Andrés el hermano de Simón Pedro, como Juan 1:35-43.
    Es cierto que los envangelios cuentan de que Juan el Bautista se reconoce inferior a Jesús y que la voz de Dios lo anunció como su Hijo, pero eso pudo haber sido un cuento posterior puesto allí por los evangelistas quienes estaban más interesados en contar la “verdad espiritual” de que Jesús era el Hijo de Dios más que en la verdad histórica de que Jesús se convirtió en discípulo de Juan.
    Lo cierto es que el mismo evangelio le tiene después a Juan, ya preso, enviando a sus discípulos a preguntarle a Jesús si él era el Mesías o no (Lc 7:20), así que por lo visto no era que realmente se dio cuenta de que era el Mesías al bautizarlo, ni menos que la voz de Dios lo confirmó en ese momento, porque de haber sido así, Juan no hubiese preguntado después.

    Ben Fernández

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    Publicado por Anónimo | 2 septiembre, 2016, 07:53

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