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Dignidad de los cargos públicos

La palabra dignidad viene de la palabra latina “dignitas”, y del adjetivo “dignus”, que significa valioso, merecedor de estima, respeto, confianza.
Por el hecho de ser persona todo humano goza el atributo de la dignidad. Es valioso por estar dotado de racionalidad y de voluntad, capaz de decidir, potencialmente libre. Es persona, ser superior capaz de trascender el tiempo, espacio, culturas y circunstancias saliendo de sí para proyectarse en las personas amadas, en los demás, en todo cuanto existe.

Para quienes creemos en Dios, que Jesucristo nos reveló, toda persona tiene además un valor extraordinario, somos hijos de Dios “hechos a su imagen y semejanza” (Gén. 1,26). Nuestro primer origen y último destino están en Dios. Cristo nos regaló otro valor, nos vinculó a Él como la vid con sus sarmientos o como la cabeza con los miembros de su cuerpo, el Cuerpo Místico de Cristo. Son dimensiones místicas que suman valor inmensurable a nuestra dignidad.

El gran filósofo alemán Enmanuel Kant decía que hay realidades que tienen precio y otras dignidad. Además de reconocer el fundamento de la dignidad existencial (ontológica) de la persona, analizó la dignidad moral y la dignidad social.

Hay obras y comportamientos que dignifican a su autor, así como hay conductas que denigran a la persona. La dignidad moral es la dignidad de las personas cuyo comportamiento hace bien, es ejemplar para todos porque crean bienes, servicios, relaciones y ambientes, que promueven la armonía, la solidaridad, la justicia, el amor, en una palabra valores universalmente estimados. Por eso son valiosos, dignos de honor y confianza.

La dignidad social es la de aquellas personas que merecen el respeto y reconocimiento honroso de la sociedad, porque son ciudadanos bienhechores que colaboran con el bien común, trabajan pacíficamente por la paz social, respetan los derechos y defienden la equidad y la justicia para todos.

Ellos tienen la dignidad social porque son dignos del respeto y la confianza social. “La dignidad es la esencia de la sostenibilidad social”.

¿Se pierde la dignidad? La dignidad ontológica, intrínsecamente vinculada al hecho de existir como persona, nunca se pierde. La Declaración Universal de los Derechos Humanos (1948) la defiende en treinta artículos de su proclamación.

La dignidad ontológica se nos regala como se nos regala el existir desde la entraña de nuestras madres. La dignidad moral y social no se acreditan por el hecho de existir, se conquistan por los méritos acumulados en el comportamiento constante de la vida personal y en sus relaciones con los demás. La dignidad moral y social se pueden presuponer como un valor en cada ciudadano, mientras no se demuestre lo contrario, pero también hay que reconocer que ambas dignidades se pierden cuando la persona vive y se desenvuelve en el comportamiento inmoral o antisocial, porque entonces no son dignos, no merecen respeto ni estima de los demás. La dignidad y el consecuente respeto no los dan ni la cuna, ni el dinero ni el estatus social, profesional o político, los dan los valores morales y sociales. Estas reflexiones que son válidas para todos los humanos, son especial y extraordinariamente válidas para quienes ocupan cargos públicos. El cargo público es una dignidad regalada. La ciudadanía elige quienes van a administrar y gobernar los bienes comunes, el “Bien Común” y les da poder para que puedan administrar y gobernar eficazmente. Pero la soberanía y el poder residen en el pueblo, (Constitución Nacional. Arts. 2 y 3) y el pueblo ejerce el poder mediante el voto y lo transfiere a los elegidos no para que se queden con el poder y lo manejen para su beneficio, sino para que “puedan servir” mejor a toda la ciudadanía. La dignidad del Poder y de los cargos es temporalmente transferida, pero no es propiedad de los elegidos, les corresponde mientras están en el cargo y si lo usan para servir realmente a todo el pueblo.

Cuando las personas constituidas en cargos públicos malversan fondos, roban de las arcas del Estado, se aprovechan del ejercicio del poder para enriquecerse y enriquecer a sus familiares, amigos y partidarios, su comportamiento es gravemente inmoral y antisocial: pierden el mérito del cargo y la dignidad.

Por J. Montero Tirado

 

Acerca de jotaefeb

Un arquitecto jubilado. Aprendiz de todo, oficial de nada. Un humano más. Acá, allá y acullá. Hurgador de cosas cotidianas y trascendentes.

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Un arquitecto jubilado.Aprendiz de todo, oficial de nada.Un humano más.Acá, allá y acullá.Hurgador de cosas cotidianas y trascendentes.Desde Asunción/Paraguay.(Correo:laovejacien@gmail.com) (Twitter:@jotaefeb) (Instagram:JAVIER_FDZ_BOGADO)

Trabajo, seriedad y respeto.

Mis padres me enseñaron tres cosas fundamentales: que para poder estar orgulloso de ti mismo y ser alguien hace falta trabajar; que es preciso actuar con seriedad; y que debes respetar a los demás para recibir respeto a cambio. Trabajo, seriedad y respeto. “Si haces estas tres cosas, podrás ser alguien en la vida”, me dijeron. (Zinedine Zidane)

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