Padres versus maestros

Varios padres protestaron contra docentes de una escuela primaria de Salta, Argentina, porque sus hijos llevan muchas tareas para hacer en el hogar. Argumentaron que los ejercicios y trabajos prácticos son “responsabilidad de los maestros”, pues los progenitores de los escolares no tienen tiempo ni es su deber ocuparse de esas cosas.
Reaccionando de manera bastante inusual, uno de los docentes respondió en el periódico salteño con el siguiente breve escrito: “Queridos papitos: Atiendo a su solicitud de no enviar tareas para la casa, porque es de nuestra ‘responsabilidad’ como profesores enseñar las materias y no de ustedes; es por eso que quiero pedirles que no manden más a la escuela niños irresponsables, faltos de respeto, sin bañarse, deshonestos, flojos y prepotentes, porque esa es su ‘responsabilidad’ y no la deben delegar en nosotros. Gracias papitos”.

Más allá de la anécdota y de la chispa humorística en la respuesta del docente, existe un problema de fondo por la confusión de roles educativos entre los padres y los maestros en la actualidad.

No son pocos los padres de familia que creen de verdad que todo lo relacionado a la educación es una labor que compete a los maestros del colegio. Los que pueden pagarlo, envían a sus hijos a centros con doble escolaridad, lo cual ya incluye las tareas y trabajos prácticos, y no deben llevar nada para hacer en la casa.

El grave error de estos padres es creer que la educación es una obligación exclusiva del colegio. Hay varios aspectos de la vida de un niño que se deben enseñar y aprender en el hogar: la disciplina, el respeto a los demás, el esfuerzo personal por mejorar, el trabajo en equipo, esperar tu turno para disfrutar de algo, no enojarse porque otros tienen gustos diferentes, etc.

El carácter del niño o niña se forja fundamentalmente en el hogar. Si un menor es “maleducado”, grosero, agresivo, caprichoso, irrespetuoso, deshonesto, etc., es porque sus padres no le enseñaron las normas básicas de convivencia en el seno familiar. Un pequeño que creció prácticamente solo, sin que nadie le ponga límites, habituado a imponer su voluntad a cualquier precio, con toda seguridad será un “alumno-problema” en la escuela.

La protesta paterna porque los chicos llevan tareas al hogar es solo un síntoma de la concepción errónea de cómo educar a un niño hoy. Los padres y los maestros tienen roles complementarios, aunque diferentes, en la formación de los estudiantes. Los valores básicos del ser humano se aprenden en el hogar por la permanente acción de los padres sobre el carácter y la conducta del niño en sus primeros cinco años de vida.

Cuando los chicos llegan a la escuela, los maestros solo continúan y perfeccionan el proceso educativo. La formación del niño, luego adolescente, demanda el esfuerzo conjunto de la casa y del colegio. Eso de que tanto los padres como los maestros quieran tirarse unos a otros la educación de los niños como una pelota tata es un disparate que descalifica a ambos sectores. Constituyen un matrimonio, para bien o para mal.

Por Ilde Silvero

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