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Expectativas insatisfechas

Generalmente, cuando se inicia un curso, el profesor consulta al público presente cuáles son las expectativas que tienen sobre una jornada, incluso cuando hacemos estudios de mercado en eventos una de las grandes preguntas a los asistentes es si se cumplieron las expectativas que tenían al momento de inscribirse. Pero, ¿qué sucede cuando las expectativas no se cumplen?

La semana pasada asistí a una jornada y al momento de preguntar sobre las expectativas varias personas mencionaron “prefiero no tener expectativas sobre este encuentro para sorprenderme con los resultados”, con lo cual empecé a imaginar cómo sería la vida si no nos pusiéramos tantas expectativas ante todo lo que nos rodea…

Si no esperáramos nada de nuestras parejas.

Si no tuviéramos expectaciones al contratar un empleado.

Si no aguardáramos nada especial al contratar un nuevo proveedor.

Si no presupusiéramos nada sobre nuestros hijos.

Ya Dante Alighieri decía: “A quien mucho se le da, mucho se espera de él”.

En el momento exacto en que suponemos que las cosas van a pasar de una manera y resultan de otra es cuando empezamos a frustrarnos. Ponemos en las manos de los otros nuestras expectativas, y sin embargo solo nosotros mismos somos los únicos que podemos autosuperarnos.

Y de ahí la pregunta, ¿por qué las amistades funcionan durante tantos años? ¿Cómo es que las personas conservan los amigos durante toda la vida?

Cuando vemos a un grupo de amigos observamos que son personas completamente diferentes, con intereses distintos, carreras diferentes, gustos a veces incompatibles, incluso ni habitan en el mismo país, pero la amistad es verdadera y duradera.

La diferencia con los amigos es que los aceptamos tal cual son, no queremos cambiarlos, no esperamos nada de ellos, todo lo que un amigo hace está bien. Todo lo contrario a un socio, un empleado, una pareja, un proveedor.

Cuando no se cumple el hecho expectante nos provoca una decepción, la cual tiene distintos grados de intensidad según la estabilidad emocional de cada uno. Esta decepción al no ocurrir lo que deseábamos hace sentirnos tristes, derrotados, incluso deprimidos o traicionados.

Nuevamente damos el poder a los demás sobre nuestra manera de sentir, cuando deberíamos concentrarnos en lo que nosotros sentimos, en lo que nosotros damos y no lo que esperamos recibir a cambio.

Las expectativas son como la porcelana fina, cuanto más fuerte te agarras a ella, más probable es que se rompa (Brandon Sanderson).

¿Qué pasaría si viviéramos sin esperar nada de nadie? ¿Cómo sería nuestra vida sin expectativas?

Por Josefina Bauer

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Un arquitecto jubilado. Aprendiz de todo, oficial de nada. Un humano más. Acá, allá y acullá. Hurgador de cosas cotidianas y trascendentes.

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