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Cínico juego de poder en Siria

La entrada de tropas turcas en Siria sacude el frente de batalla. Estados Unidos apoya el nuevo rumbo de Erdogan, dirigido también contra los kurdos, que deben estar decepcionados de Washington, opina Kersten Knipp.

Ofensiva militar turca en contra del EI sobre territorio sirio Ofensiva militar turca en contra del EI sobre territorio sirio

Si en el mundo árabe existe un gran maestro del cinismo, éste tendría que ser el presidente sirio Baschar al-Assad, quien, desde 2011, ha procedido con gran brutalidad en contra de los deseos legítimos de su propio pueblo. Con violencia y calculada determinación, excarcelando a religiosos extremistas de las prisiones sirias, ha desatado una guerra, que, por lo menos a corto plazo, trascurre absolutamente a su favor.

Assad permitió que sobre suelo sirio surgiese un monstruo, uniendo así a la comunidad internacional tras un mismo objetivo: la lucha en contra del grupo terrorista Estado Islámico (EI). Rusia, Irán, Irak y Hezbolá en un bando, y Estados Unidos, Arabia Saudita, Catar y la Unión Europea en el otro: todos, a lo largo de la guerra, se agrupan cada vez más en el combate en contra del EI y contribuyen así a que el régimen de Assad se mantenga en el poder.

El juego de Assad

Ahora Turquía, antiguo adversario de Assad, ha cambiado de bando. Un convoy militar ha cruzado la frontera hacia Siria. Oficialmente, la intención es combatir al EI, responsables ya de varios sangrientos atentados en Turquía; extraoficialmente, y quizás la mayor razón, atacar también a los kurdos, a quienes Turquía, en su posición en Siria, había atacado, hasta el momento, solo con aviones de combate.

Kersten KnippKersten Knipp

El juego de Assad dio resultado: en la guerra contra los monstruosos “guerreros de Dios” del EI, Assad ha aprovechado para presentarse, a pesar de sus múltiples crímenes de guerra y violaciones a los derechos humanos, como el precursor en la lucha contra la barbarie. Por los menos la comunidad internacional, en comparación con el EI, lo ve a él como un mal menor.

Vale en este punto anotar que, en el mejor de los casos, Assad logrará solo en parte resultados que lo lleven a buen puerto. Podrá quedarse un rato más en el poder, pero lo que vaya a quedar a fin de cuentas del país y de quienes confían en él es cada vez más incierto. Rusia e Irán no apoyan a Assad por un puro sentido de amistad; ellos querrán reclamar su premio.

Los nuevos desafíos de los kurdos

Y en lo concerniente a Turquía: muchas cosas se puede esperar de un presidente que gusta de remitirse al espíritu sobre el que se basó el “Imperio Otomano”. El territorio que ocupa hoy Siria partencia antiguamente al Imperio Otomano; no está claro cuál es el juego mental que quiere estimular Ankara al recordar la historia. En todo caso, desde la entrada de tropas turcas a la frontera, Siria tiene ahora otro flanco abierto.

Los que no deben estar nada contentos con la entrada de las tropas turcas son los kurdos, tanto en Siria, así como en Irak y Turquía. Parece ser que los planes kurdos de buscar una mayor autonomía se alejan aún más.

A mediados de esta semana han recibido otra mala señal: el vicepresidente de Estados Unidos, Joe Biden, en su visita a Ankara, solicitó a los kurdos sirios retirarse al este del Éufrates. “Apoyamos enérgicamente lo que hace el Ejército turco”, dijo Biden después del encuentro con el presidente turco, Recep Tayyip Erdogan. Además, Estados Unidos amenazó a los kurdos con recortes en la ayuda militar.

Una fría Realpolitik

Esta es una clara señal de donde están las prioridades de Estados Unidos: en Ankara. El acercamiento turco con Rusia, las conversaciones discretas de Turquía con Irán en Ankara, un nuevo tono en los comunicados hacia Baschar al-Assad: los socios turcos en occidente deben estar percibiendo con temor lo que sucede. Ankara podría desplazarse al bando ruso-chií, lo que Occidente quiere impedir a toda costa; eso fue lo que dejó en claro Joe Biden.

Los que salen perdiendo son los hasta ahora aliados de Estados Unidos en la lucha contra el EI: los kurdos. Hace casi cien años, tras el fin de la Primera Guerra Mundial, no se pudo ratificar el proyecto que hubiese creado un Estado kurdo. Ahora, estos deben sentirse, una vez más, traicionados por Occidente, o, por lo menos pasados a llevar.

http://www.dw.com/es/opini%C3%B3n-c%C3%ADnico-juego-de-poder-en-siria/a-19503942?maca=spa-newsletter_sp_Titulares-2358-txt-newsletter

Acerca de jotaefeb

Un arquitecto jubilado. Aprendiz de todo, oficial de nada. Un humano más. Acá, allá y acullá. Hurgador de cosas cotidianas y trascendentes.

Comentarios

Un comentario en “Cínico juego de poder en Siria

  1. ¿Por qué la guerra en Siria parece no tener fin?
    Por MAX FISHER

    Hay algo en la guerra civil en Siria que no parece cambiar nunca: cualquier intento para solucionarla fracasa.

    A pesar de los diversos intentos, conferencias de paz e intervenciones desde el exterior, entre las que se incluye la última de las incursiones turcas en el interior de Siria, la única aguja que parece moverse es la que mide el sufrimiento de los sirios, que solo empeora.

    Las investigaciones académicas sobre las guerras civiles revelan por qué: la duración media de un conflicto así es de casi una década, el doble de la de Siria hasta la fecha. Sin embargo, hay una serie de factores que pueden alargarlos, volverlos más violentos y dificultar su fin. Prácticamente todos están presentes en Siria.

    Cuando se le preguntó qué otros conflictos a lo largo de la historia han tenido una dinámica parecida, Barbara F. Walter, profesora de la Universidad de San Diego y experta en guerras civiles, hizo una pausa, consideró unas cuantas posibilidades, y finalmente se rindió. No hay ninguno.

    “Este es un caso verdaderamente difícil”, dijo.

    Un conflicto que no quiere terminar

    La mayoría de las guerras civiles terminan cuando un bando pierde, ya sea en combate o porque se queda sin armas o porque pierde el apoyo popular y tiene que rendirse. Casi un cuarto de las guerras civiles terminan con un tratado de paz, a menudo porque ambos bandos están exhaustos.

    Esto pudo haber ocurrido en Siria: los combatientes principales (el gobierno y los insurgentes que comenzaron a pelear en 2011) están debilitados y no podrían sostener por sí mismos la lucha durante mucho más tiempo.

    Sin embargo, no están solos. A cada bando lo apoyan fuerzas extranjeras (Estados Unidos, Rusia, Irán, Arabia Saudita y ahora Turquía), cuyas intervenciones han convertido a Siria en un ecosistema sin entropía. En otras palabras: las fuerzas que normalmente detendrían la inercia del conflicto están ausentes y permiten que continúe durante mucho más tiempo en comparación a lo que sucedería en otro caso.

    Por eso, según James D. Fearon, un profesor de Stanford que investiga las guerras civiles, muchos estudios han encontrado que “si hay intervención externa en ambos bandos, la duración es significativamente mayor”.

    Nadie puede perder, nadie puede ganar

    Los patrocinadores extranjeros de la guerra no solo eliminan los mecanismos para la paz, sino que también introducen mecanismos para reforzarse a sí mismos todo el tiempo e intensifican el estancamiento. Siempre que un bando va mal, sus apoyos externos se involucran más y envían suministros y apoyo aéreo para impedir la derrota del bando que favorecen. Entonces este comienza a ganar, lo que tiende a provocar que los apoyos externos del otro bando también eleven su apuesta. Cada escalada es un poco más fuerte que la anterior y acelera la matanza sin cambiar nunca el equilibrio fundamental de la guerra.

    Esta ha sido la historia en Siria casi desde el comienzo. A finales de 2012, cuando el Ejército de Siria comenzaba a encadenar derrotas, Irán intervino a su favor. A principios de 2013, las fuerzas gubernamentales se recuperaron, por lo que los Estados ricos del Golfo inundaron de apoyo a los rebeldes. Después Estados Unidos y Rusia se han unido al combate.

    La estructura de la guerra provoca que se cometan atrocidades

    Siria ha sido el escenario de matanzas masivas indiscriminadas y repetidas de civiles en todos los bandos. Esto no es resultado solo de la maldad, sino de algo mucho más poderoso: los incentivos estructurales.

    En la mayoría de las guerras civiles, las fuerzas combatientes dependen del apoyo popular para tener éxito. Este “terreno humano”, como lo llaman los expertos en contrainsurgencia, proporciona incentivos a todos los bandos para proteger a la población civil y minimizar las atrocidades, y con frecuencia ha resultado ser determinante.

    Guerras como la de Siria, en las que tanto el gobierno del presidente Bashar al Asad como la oposición dependen en gran medida del apoyo externo, provocan el comportamiento opuesto, según las investigaciones de Reed M. Wood, Jacob D. Kathman y Stephen E. Gent, politólogos de la Universidad Estatal de Arizona, la Universidad Estatal de Nueva York en Búfalo y la Universidad de Carolina del Norte, respectivamente.

    Puesto que los combatientes en Siria dependen de patrocinadores extranjeros, más que de la población local, tienen pocos incentivos para proteger a los civiles. De hecho, esta dinámica convierte a la población local en una amenaza potencial en lugar de constituir un recurso necesario.

    El miedo a la derrota afianza un statu quo terrible

    El punto muerto también resulta de la incertidumbre. Nadie está seguro de cómo sería la Siria posterior a la guerra ni de cómo llegar a ella, pero todos pueden imaginar una situación peor. Esto crea un statu quo sesgado en el que los combatientes se preocupan más por conservar lo que tienen que por arriesgarlo para perseguir metas mayores.

    Como señala Fearon, de Stanford: “Es más importante impedir que el otro bando gane que ganar tú mismo”.

    Todos las potencias extranjeras comprenden que no pueden ganar, pero temen que la victoria del otro bando sea insoportable. Por ejemplo, Arabia Saudita e Irán ven a Siria como el campo de batalla de su propia lucha por el poder regional, y creen que perder allí pondría en peligro sus propios regímenes.

    Los partidos sirios en conflicto están hechos para pelear, no para ganar

    El gobierno sirio y los insurgentes que luchan contra él son débiles, de un modo que prefieren un punto muerto —sin importar lo terrible que resulte— sobre casi cualquier desenlace viable.

    La mayor parte de los líderes sirios pertenecen a la minoría religiosa alauí, que constituye una porción pequeña de la población del país pero una desproporcionada de las fuerzas de seguridad. Después de años de guerra alrededor de líneas demográficas, los alauíes temen que podrían enfrentarse al genocidio si Asad no asegura una victoria total.

    No obstante, tal victoria parece muy poco probable, en parte porque el estatus de la minoría alauí le da muy poco respaldo para restaurar el orden si no es mediante la violencia. Así que los líderes sirios creen que el punto muerto es la mejor manera de conservar la seguridad alauí en el presente, aun cuando eso incremente los riesgos para su futuro a largo plazo.

    La oposición siria es débil desde diversos puntos de vista. Está fracturada en muchos grupos, otro factor que tiende a prolongar las guerras civiles y a hacer menos probable que terminen de manera pacífica.

    Los riesgos de la victoria

    La única manera certera de romper con ese estancamiento es que un bando vaya mucho más allá de lo que el otro podría alcanzar. Puesto que Siria ha atraído a dos de los mayores poderes militares del mundo, Rusia y Estados Unidos, esa barrera quizá solo podría salvarse con una invasión completa.

    En el mejor de los casos, esto requeriría algo similar a la ocupación durante años de Irak o Afganistán; en el peor de los escenarios, invadir una zona de guerra donde hay muchos adversarios extranjeros activos podría encender la chispa de una guerra regional a gran escala.

    Otra forma en la que guerras como esta pueden terminar es que alguno de los aliados extranjeros cambie su política exterior y decida retirarse. Esto permite que el bando contrario gane rápidamente.

    Sin embargo, como en Siria cada bando es apoyado por varios poderes externos, los patrocinadores de cada bando tendrían que retirar su ayuda al mismo tiempo.

    Un obstáculo para la paz: no hay quién la resguarde

    A menudo los acuerdos de paz tienen éxito o fracasan a partir de quién controlará a las fuerzas militares y de seguridad. En Siria esa puede ser una pregunta sin respuesta.

    No es una cuestión de ambición sino de confianza. Después de que una guerra tan brutal como la de Siria, en la que han muerto más de 400.000 personas hasta ahora, los combatientes tienen el temor sensato de que serán masacrados si el otro bando se asegura demasiado poder. Por otro lado, un acuerdo que diera a los bandos el mismo poder militar crea un alto riesgo de que se regrese a la guerra. Lo mismo sucede si se permite a los rebeldes conservar sus armas y su independencia, una lección que el mundo aprendió en Libia.

    Al mismo tiempo, debe haber algún tipo de fuerzas armadas que restablezcan la seguridad y se deshagan de cualquier milicia o caudillo que sigan activos.

    Con frecuencia la solución ha sido que un país u organismo externo, como las Naciones Unidas, envíen fuerzas para mantener la paz. Vigilan a todos durante la transición del país y proporcionan seguridad básica de manera que no se invite a ningún bando a tomar de nuevo las armas.

    Marcha hacia el desastre

    Fearon, en una enumeración de las maneras en las que la guerra en Siria no puede terminar, afirmó que en el mejor de los casos un bando se hará lentamente con algún tipo de victoria que solo reducirá la guerra a “un nivel un poco menor de insurgencia, ataques terroristas y demás”.

    El peor de los casos es significativamente peor.

    De acuerdo con un artículo de 2015 de Walter y Kenneth M. Pollack, experto en el Medio Oriente: “La victoria militar total en una guerra civil a menudo se da a expensas de niveles terribles (incluso de genocidio) de violencia en contra de los derrotados, incluidas sus poblaciones civiles”.

    Esto podría derivar en conflictos totalmente nuevos en el Medio Oriente.

    “Los vencedores en una guerra civil a veces también intentan emplear la fuerza recién adquirida contra los Estados vecinos, lo cual provoca guerras entre Estados”.

    Este no es un camino que nadie quiera, pero es la dirección hacia la que están llevando al país las potencias extranjeras con sus intervenciones.

    Los días más oscuros podrían estar aún por llegar.

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    Publicado por Anónimo | 2 septiembre, 2016, 08:54

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Un arquitecto jubilado.Aprendiz de todo, oficial de nada.Un humano más.Acá, allá y acullá.Hurgador de cosas cotidianas y trascendentes.Desde Asunción/Paraguay.(Correo:laovejacien@gmail.com) (Twitter:@jotaefeb) (Instagram:JAVIER_FDZ_BOGADO)

Trabajo, seriedad y respeto.

Mis padres me enseñaron tres cosas fundamentales: que para poder estar orgulloso de ti mismo y ser alguien hace falta trabajar; que es preciso actuar con seriedad; y que debes respetar a los demás para recibir respeto a cambio. Trabajo, seriedad y respeto. “Si haces estas tres cosas, podrás ser alguien en la vida”, me dijeron. (Zinedine Zidane)

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