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El mundo se ha vuelto una aldea

Sesenta años atrás, McLuhan afirmó que el mundo se convertiría en una aldea. Habló de cómo los medios de comunicación, especialmente la televisión, iban a cambiar nuestra cultura y costumbres. Entonces, nadie le creyó ni le hizo caso. Hoy, con internet, nos damos cuenta de cómo avanzaron las comunicaciones, haciéndonos compartir experiencias, conocimientos, ideas y pensamientos, a una velocidad impensable en otros tiempos.
Vivimos en épocas en que hay una cantidad impresionante de información, pero escaso conocimiento. Los profesores de literatura ya no pueden conseguir que los jóvenes lean libros completos de los clásicos. ¿Quién puede devorar totalmente, por ejemplo, Don Quijote de la Mancha? ¿o las obras de Shakespeare? Si todo se puede encontrar en internet. Para qué perder tiempo, leyendo o recabando informaciones en las bibliotecas. Ocurre que para disfrutar realmente de una obra literaria hay que poner atención, reflexión y concentración. Hay que ubicarse en el tiempo y en el escenario, usando la fantasía. Eso fue lo que hicimos, en nuestra juventud y en épocas de estudiantes, tratando de leer la mayor cantidad de clásicos. Gracias a eso, enriquecimos el lenguaje y pudimos escribir correctamente. Los errores que se cometen hoy día en los mensajes de texto son insoportables para quienes hemos buscado y procurado bastante para lograr hablar y escribir en un correcto castellano. ¿Cómo será que se enseña hoy el arte del lenguaje en escuelas y colegios?

Ya se cree que los periódicos en papel irán desapareciendo lentamente, ya que todo es digital, en la actualidad. La gente lo resuelve todo a través de su teléfono móvil, que tiene mil chiches y es de última generación. También los chicos consultan sobre cualquier tema en Google: al instante y en la pantallita, está todo. ¿Desaparecerán también los libros? En estos momentos si leemos a los pequeños los cuentos de Caperucita Roja, por ejemplo, quedarían con la boca abierta preguntándonos por qué la niña del cuento no llamó a la abuela, por su celular, a avisarle del peligro del lobo feroz. Y cuántas otras situaciones que quedaron totalmente desfasadas por la aparición de las herramientas tecnológicas. Algunos nostálgicos pensamos que ya no podemos relatar esos cuentos clásicos, porque ya no tienen sentido. Sin embargo, hay que preguntarse si no hemos matado en las criaturas esa capacidad de asombro, de goce y de disfrute, que desarrollamos en nuestra infancia.

Nadie discute los beneficios de Google, Twitter, Facebook o skype en el periodismo, la educación, las empresas, industrias, comercios, políticas y economías. Como sostuvo McLuhan, el mundo es una aldea, porque estamos todos juntos y muy cerquita, uno del otro, sin mediar distancias. Podemos conectarnos con personas que están en Europa, Asia, Lejano Oriente como si fuera que están aquí mismo. El Papa, el presidente de los Estados Unidos o los actores famosos están en las redes y pueden ser nuestros amigos. Unas décadas atrás, ¿cómo podíamos imaginar esto? Parece un verdadero milagro.

Nicolás Carr era un lector voraz de cuantas obras llegaban a su mano. Cuando apareció el ordenador, se puso a navegar por la red, de mañana, tarde y noche. Poco a poco, dejó de interesarse por los libros, porque ya no podía concentrarse. Muy preocupado dejó Boston y fue a instalarse en una cabaña de Colorado, donde escribió su famoso libro: “¿Qué está haciendo Internet con nuestras mentes”? En él plantea los peligros de que se esté atrofiando nuestro cerebro por haberse vuelto esclavo de la tecnología. En fin, queda mucho trabajo para la neurociencia, que tendrá que develar, en el futuro, qué daños produce en la mente, sobre todo sobre si se atrofian o no las neuronas, por la adicción a la tecnología moderna.

Por Blanca Lila Gayoso

 

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Acerca de jotaefeb

Un arquitecto jubilado. Aprendiz de todo, oficial de nada. Un humano más. Acá, allá y acullá. Hurgador de cosas cotidianas y trascendentes.

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13 comentarios en “El mundo se ha vuelto una aldea

  1. El desafío de escribir

    Cada vez que me siento frente a la computadora para intentar ofrecer una reflexión que pueda resultar interesante al público me encuentro ante la misma sensación: estoy haciendo algo anacrónico. Asumo que un texto de más de 500 palabras no podrá ser digerido por la gente, ya que la misma se acostumbró a otro tipo de contenidos.

    Lo efímero, masificado por el modelo Twitter de resumir todo a 140 caracteres, generó otro nivel de atención a una audiencia que se enfrenta periódicamente a miles de estímulos de todas partes. Los comentarios en Facebook, la red social de mayor penetración en el país con más de tres millones de cuentas activas, no pueden superar la primera página, porque el desafío del click “leer más” es un repulsivo que resta total interés de la audiencia, independientemente al contenido.

    Lo que antes se conocía como historia, el análisis de documentos y para describir situaciones trascendentes en la memoria de naciones, tiene otro concepto: es la sucesión de fotos y videos de no más de unos segundos que además tienen una vida de 24 horas. El Snapchat, Instagram, Whatsapp y el mismo Facebook plantean esta opción, cada vez más empleada para relatar situaciones, graficar planteamientos y principalmente, masificar cuestiones, en gran parte actividades absolutamente privadas.

    Los videos inundaron las redes y se establecieron como la manera de consumo de información que va ganando espacio en la gente. Se espera que los datos se presenten de manera atractiva, breve, con datos concisos, con un lenguaje que genere empatía en el público. Se estima que esta tendencia es irreversible, irá creciendo exponencialmente y que la forma de obtener mayor impacto es esta, la audiovisual.

    Así planteado el escenario, aparenta una cuestión radical, mucho más contundente que en aquel tiempo en el que se pensaba que la radio desplazaría a los periódicos, o cuando la televisión destronaría a las emisoras radiales, algo que nunca sucedió. Bueno, ahora tampoco va a ocurrir esto. Tal vez la presencia física de los periódicos impresos se verá reducida en pocos años, y el contenido pasará a un soporte digital, por la facilidad de alcance, pero eso no implica la muerte de los diarios, sino una profunda transformación.

    Los medios de comunicación están obligados a una convergencia de contenidos, en donde la correcta utilización de todos los soportes para brindar mayor información y análisis será el combo empleado por los usuarios para acceder a fuentes, datos y noticias. Las redes masificarán este contenido y servirán como una retroalimentación casi inmediata y masiva. La clave en todos los casos no está en los canales, sino en lo que se cuenta y la manera de hacerlo.

    Si trasladamos este escenario a la literatura, la fórmula que parece presentarse más radical aún: más palabras, menos atención. Sin embargo el punto neurálgico sigue siendo el contenido, la clave que destruye todo este esquema. La valoración no se hace de manera cuantitativa, sino de forma cualitativa. La tendencia de lectura de libros no decayó, sino que se posicionó en nichos puntuales que revirtieron este esquema, planteando un plano mucho más interesante. Algo similar a lo que pasa con el cine y las series, en donde la historia es la que tiene fuerza y no los minutos de cada material.

    Mirando este panorama, el desafío de escribir, lejos de convertirse en un esfuerzo anacrónico, es un desafío que me invita a reinventar el mensaje para que llegue al público de manera efectiva. No existen fórmulas secretas ni preestablecidas, el encanto pasa por ir encontrando respuestas en medio de un mundo saturado de información. Esa es la tarea más difícil del periodista de hoy.

    Por Pablo Noé

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    Publicado por jotaefeb | 5 junio, 2017, 09:29
  2. El dominio de los rasgos

    Vamos hacia la conquista de nuestros sentidos. Son los que nos impulsan a realizar los pasos diarios. A llevar adelante nuestros proyectos. A detenernos, a movilizarnos, a pedir ayuda, a dar una mano. Somos nuestros rasgos sembrados, cultivados, alimentados, desarrollados y puestos a disposición de los entornos que habitamos. Esas características vigentes nos dan energía, nos estimulan a participar, a socializar junto a los demás. Gordon Willard Allport (1897- 1967), psicólogo americano, consideraba que un rasgo es una característica relativamente estable de la personalidad que permite que una persona se comporte de cierta forma. Es posible darle durabilidad a las intenciones que construyen e iluminan el andar de la humanidad. La capacidad de persistir puede moldear la esencia de los rasgos cardinales que marcan la especificidad del ser que los posee. Lo dominante en cada uno influye indefectiblemente en la identidad del sujeto. Se aprende a descubrir qué nos distingue a unos de otros, y eso es relevante porque así se fomenta la diversidad y se amplían las perspectivas de los criterios que surgen.

    Los rasgos le dan entereza a la existencia. Ellos nos permiten autoconocernos, autovalorarnos, automotivarnos y todos esos ejes individuales pueden ser expresados y utilizados en el universo de las relaciones. Así se puede crear una secuencia constructiva entre las palabras que vinculan a las hazañas elementales que suceden en nuestras vidas. Entonces al hablar de los fines que cada cual persigue es necesario ahondar en las cualidades que tenemos para hacer viable la concreción de los mismos. Y para eso los atributos pueden ser perfectamente utilizados, así la integridad fortalece cualquier vínculo. Es la entereza interna la que facilita la extensión de las condiciones alcanzadas a través del tiempo. Por lo que podemos preguntarnos, ¿cómo aprovechamos nuestras especiales distinciones personales?, ¿con qué periodicidad se dan paso y nos acompañan?

    La pirámide del crecimiento no tiene una delimitación material, su base y su elevada estructura se cimienta en el poderío psíquico del ser humano. El profesor Allport también identificaba a los rasgos centrales, y en ellos citaba a la inteligencia y a la honestidad. Estas dos referencias fenomenales unidas en una conducta pueden superar cualquier límite imaginado. Lo significativo de la vida tiene mucho que ver con lo vivenciado honestamente. Se describen los hechos de acuerdo a los principios que los sostienen. Por lo tanto, el uso de la razón exige interés, ganas, disposición, dedicación y disciplina para ahondar en las características positivas que dinamizan los comportamientos constantes. Además, ante la permanente capacidad de actuar se muestran los rasgos secundarios, que según Gordon W. Allport están relacionados con las actitudes o las preferencias, conforme a las situaciones concretas que las personas viven. Por lo tanto, nacen una y otra vez las iniciativas pregonadas por cada uno; dando paso a la voluntad de sentido, que empuja hacia dónde dirigir los esfuerzos que producirán las satisfacciones individuales y colectivas.

    Por Marcelo A. Pedroza

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    Publicado por jotaefeb | 27 mayo, 2017, 12:39
  3. Redes

    Una de las características singulares de este cambio de era que vivimos a escala mundial es la manera como la información se disemina burlando los controles de la censura y la persecución del poder. En cuestión de segundos, una manifestación ciudadana es conocida a lo largo y ancho del mundo sin que los medios controlados por el Gobierno autoritario de turno lo puedan restringir. Los teléfonos inteligentes convertidos en cámaras de fotografía, video y con posibilidad de redactar textos han supuesto todo un cambio brutal en la difusión de las noticias y han resaltado el poder de las redes.

    Para muchos de nosotros que comenzamos la labor periodística con máquinas de télex, sobre la que había que intentar ser razonable para hacer entender su operatividad, estos cambios nos parecen profundos y singulares. Aún recuerdo mi primera cobertura internacional en Bolivia en los años setenta del siglo pasado y luego de haber visto el asesinato de Marcelo Quiroga, líder socialista de ese país, corrí como alma que lleva el diablo hasta las oficinas de la empresa estatal de telecomunicaciones para tipear la noticia de la que había sido testigo ocasional. La adrenalina corría por mis venas mientras un delgado papel mostraba los agujeros producidos por el tipeo de una cosa parecida a la máquina de escribir. Luego había que llamar a la redacción del diario para que conectaran con el aparato generador de la información que permitía que el papel tipeado se transformara en texto impreso. Lo que no contaba como situación previa era que la oficina de telecomunicaciones era estatal y no querían sus funcionarios que la información se propagara. Me adujeron problemas de comunicación entre Bolivia y mi país y, luego de tres horas de espera infructuosa, tuve que renunciar al envío y buscar un teléfono en el hotel para dictar la noticia que había creído era la gran primicia. Esto describe cómo era la vida de un periodista hace unos 40 años. Hoy puedes grabar el texto, el video, el audio, comunicarte directamente con tu país sin necesidad de pasar por los controles estatales y comunicar los hechos informativos en tiempo real.

    Hemos visto un cambio profundo en la forma de transmisión de los hechos informativos que observar un presidente de salida rompiendo un diario frente a las cámaras de televisión solo puede equipararse a las visiones paleolíticas de generar fuego a partir de la fricción de trozos de madera o golpes de piedra contra piedra. Vivimos tiempos nuevos y los últimos en darse cuenta de este hecho son los políticos que siguen creando enemigos irreales producidos por sus propias sombras. El retorno a las cavernas de Platón cobra trascendencia para explicar metafóricamente la complejidad de los cambios y la incapacidad de muchos poderosos de ocasión de no percibir que vivimos en una era diferente que requiere practicas del poder distintas.

    Los ciudadanos son emisores, medios y receptores. Son propietarios a los que no se los puede romper o acabar con represiones. Representan un nuevo universo en donde las redes permiten generar, investigar y difundir información como nunca antes habíamos tenido memoria. Es bueno que el poder político reconozca esta nueva realidad si no pretende acabar golpeando la frente contra una realidad más dura y compleja que una piedra.
    Benjamín Fernández Bogado

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    Publicado por jotaefeb | 27 mayo, 2017, 12:38
  4. Herramienta sorprendente que reduce pobreza: dispositivo móvil.

    Cuando pienso en tecnología móvil pienso en comodidad, en tener una computadora en mi bolsillo que puedo utilizar en cualquier momento y lugar. Pero también pienso en cómo puede ayudar a combatir circunstancias desafortunadas como la pobreza. La tecnología móvil pone soluciones prácticas en manos de los más desfavorecidos para ayudarlos a mejorar sus vidas, generar ingresos y ahorrar para el futuro. Ofrece a los mercados emergentes una oportunidad de un cambio positivo y profundo para reducir las desigualdades sociales y competir con las economías desarrolladas.

    Para los que vivimos y respiramos los avances tecnológicos en nuestro trabajo diario, lo bueno de la conectividad móvil es que con ella más personas pueden acceder a plataformas digitales que de otra forma no podrían y, a través de ellas, recibir educación, ahorrar dinero o emprender negocios.

    El mercado para esta transformación radical y positiva es enorme. Tomemos América Latina y el Caribe como ejemplo. Mientras el crecimiento económico sostenido entre los años 2003 y 2012 ayudó a que 70 millones de personas se situaran por encima del umbral de pobreza, todavía hay alrededor de 130 millones de personas que sobreviven con menos de 4 dólares al día, según el Banco Mundial.

    La tecnología móvil puede marcar la diferencia ofreciendo una forma eficaz de hacer negocios y de facilitar el acceso a mercados más amplios de clientes, fuerza de trabajo y materias primas. En Millicom, hemos visto de primera mano los efectos positivos de herramientas de tecnología móvil como Tigo Money. Las personas que viven en áreas remotas pueden tener acceso a la banca, a la sanidad, a seguros y a servicios públicos que antes estaban fuera de su alcance. Esto es de suma importancia si tomamos en cuenta que en América Latina solo el 51% de la población tiene cuentas bancarias, según el Banco Mundial.

    Por otro lado, las tasas de propiedad de smartphones en países en desarrollo aumentaron a 37% en el 2015, y tres cuartas partes de los usuarios acceden a internet todos los días, según el Centro de Investigaciones Pew. Es más, casi todo el mundo en estos países tiene algún tipo de dispositivo móvil.

    Las herramientas móviles y la conectividad móvil ya están marcando la diferencia. En El Salvador, las representantes de ventas de Avon utilizan servicios financieros móviles para cobrar los productos que venden a domicilio, realizando más de 60.000 transacciones mensuales a través de Tigo Money. Esto ha mejorado la eficacia de pagos, ayudando a aumentar el importe de facturación de cada agente y a reducir la tasa de deudas incobrables en más de un 20%.

    Otro ejemplo es Chad, donde Millicom desarrolló cuentas de ahorro que pueden ser utilizadas por varias personas del mismo negocio. Los miembros de una cooperativa de algodón, por ejemplo, pueden utilizar sus teléfonos móviles para enviar las ganancias de las ventas a una cuenta conjunta y aprovechar así los ahorros para comprar material compartido, pagar gastos empresariales y ampliar las instalaciones.

    Esta tecnología no es solo para los negocios. Se están utilizando muchos datos para entender y predecir la expansión de epidemias, ayudando a diseñar mejores programas de tratamiento. En Zanzíbar, la Fundación Flowminder, una organización sin ánimo de lucro sueca, está utilizando la información obtenida de la monitorización de teléfonos móviles para estudiar cómo la gente que está infectada de malaria se mueve entre comunidades, lo que permite entender mejor la transmisión y encontrar así mejores formas para combatirla.

    El registro de nacimientos también está mejorando con las herramientas móviles. En Tanzania, registrar a los niños recién nacidos en zonas remotas nunca ha sido fácil. Ahora, con mBirth, un sistema que utiliza una aplicación móvil innovadora desarrollada por Tigo, en asociación con el gobierno local, los padres pueden registrar a los recién nacidos con un mensaje de texto gratuito, consiguiéndoles acceso a la sanidad y la vacunación, a la educación y a documentos de trabajo. Recientemente hemos expandido mBirth a Bolivia y Ghana.

    La educación puede tener un efecto directo en la reducción de la pobreza. Con la inclusión digital, los niños pueden tener un mejor acceso a la educación. En América Latina, Millicom ha conectado a internet a 1.061 escuelas, universidades e instituciones públicas, como parte de nuestro programa de conectividad digital global, con el objetivo de alcanzar las 2.100 para el año 2030.

    Se puede hacer más, y la ampliación de redes de datos y una mayor velocidad ayudará. Según estudios independientes citados en el año 2016 por la Unión Internacional de Telecomunicaciones (UIT), la agencia de las Naciones Unidas para tecnologías de la información y de las comunicaciones, un aumento del 10% en la penetración de banda ancha supone un aumento del 1,38% en el PIB per cápita en los países con ingresos bajos y medios.

    Estas son buenas noticias. En la medida en que más personas en los mercados emergentes accedan a teléfonos móviles y una mayor velocidad de datos, más aumentarán las oportunidades de que las personas salgan de la pobreza. Esta es la belleza de la tecnología móvil. Las buenas noticias, sin embargo, también representan un reto. Si no construimos la infraestructura de autopistas digitales esencial para el desarrollo económico y la inclusión social en la economía digital del siglo XXI, entonces ninguna de estas oportunidades tendrá lugar. Construir esas autopistas digitales debe ser una prioridad clave de desarrollo para que los teléfonos móviles ya no sean sólo una súper computadora en el bolsillo, sino una solución efectiva para reducir la pobreza; una vía de salvación.

    Por Mauricio Ramos

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    Publicado por jotaefeb | 16 abril, 2017, 16:50
  5. Enric Puig Punyet, autor de “La gran adicción”: “Llevo un año desconectado de internet y no echo de menos nada”

    Es difícil dar con ellos, muy difícil. No tienen WhatsApp, no usan Telegram, odian Facebook, no sienten la más mínima traza de amor por Instagram, no quieren ni oír hablar de Twitter, no hay ningún rastro de ellos por internet, algunos no poseen ni siquiera una cuenta de correo electrónico y, los que la tienen, la abren sólo muy de vez en cuando…

    http://www.bbc.com/mundo/noticias-39216905

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    Publicado por Anónimo | 1 abril, 2017, 15:52
  6. La mentira, el gran negocio de las redes sociales
    Es la nueva ‘mina’ digital, la que más réditos reporta. Quienes la explotan lo saben bien. Su valor puede ser incalculable. Tiene forma de intangible pero sus consecuencias son profundas y su capacidad de producir puede ser insaciable. En ella se oculta un bien preciado capaz de movilizar sociedades, cambiar gobiernos o hundir grandes empresas. Es la mentira, el nuevo negocio, el más rentable en tiempos de posverdad. Ni siquiera hay que buscarla, basta con fabricarla, basta con un trabajo previo de prospección de puntos débiles y de fijación de objetivos. Se puede ‘extraer’, fabricar en múltiples formatos; difamación, falsedad vestida de verdad, creatividad malintencionada oculta en mensajes inocentes…

    http://www.elindependiente.com/politica/2017/03/12/mentira-negocio-redes/?utm_source=share_buttons&utm_medium=twitter&utm_campaign=social_share

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    Publicado por Anónimo | 1 abril, 2017, 15:50
  7. Todo es un reality

    “La gente no cambia, evoluciona”, era la manera en que arrancaba aquella charla con la promesa de convertirse en conversación. En un diálogo generativo casi tan satisfactorio como el ramen casero que este rumor restaurantero a orillas del Jockey Club nos regalaría como cereza final de la noche.

    La idea de la muerte de la comunicación tal como la conocemos se ponía sobre la mesa a la par de aquellos perfectamente fritos pedazos de pollos, que por un momento me daban ganas de adoptar una abuela oriental, así porque sí nomás.

    Mis declaraciones eran simples, y a mi parecer confundentes: “La nueva detestable luz de fluorescente es la luz del celular en la cara”, frase con la que intentaba establecer una especie de Cerro-Olimpia entre los y las que saben meter con “ninjesca” habilidad el celular en el medio de una conversación y las personas que directamente ya son parte de los parias sociales absorbidos por el cerebro externo en donde transcurre una vida en códigos binarios. Lo repito: “Todo es smart, menos el consumidor”.

    Alex Soojung-Kim Pang, autor del libro “The Distraction Addiction” (La adicción a la distracción), habla sobre la noción de que cada pequeña actualización –cada bit individual de información social– es insignificante por sí misma, incluso supremamente mundana.

    Pero juntos, con el tiempo, los pequeños fragmentos se unen en un retrato sorprendentemente sofisticado de la vida de amigos y familiares, como miles de puntos haciendo una pintura puntillista de nuestras vidas.

    Esta noción de la que habla el autor se ha sintetizado como “intimidad del ambiente”, mi tía lo describe mejor con la frase: “La tecnología acercó a los de lejos y alejó a los de cerca”, es cierto que a distancia las fotos de los sobrinos recién nacidos y las celebraciones de los aniversarios o cumpleaños a los cuales no pudimos llegar nos hacen sentir con un grado de cercanía a más gente que menos, el problema en realidad yace en el momento en que tratamos de combinar o traducir nuestra versión copy/paste dicharachera del mundo digital a una versión “después, ¿cómo andamos?”, y procedo a mirar incómodamente el piso de la fila de la farmacia, comportamiento que habitualmente nos encuentra en el mundo analógico.

    La generación Instagram de cierta manera ya experimenta el presente como una memoria anticipada. Casi vendría a ser un tópico de conversación posteado en el pasado para un evento a compartir en el futuro, normalmente suena algo así: “¿No viste mi Instagram hoy? ¡¿No?! Abrí ahora, no sabes cómo nos reímos, te perdiste, mirá sique… ¿Adónde lo que te vas?”.

    Una especie de canibalismo consumista en donde uno solo quiere reflejar una imagen digital propia para ver cómo le va en el mundo. El problema está cuando queremos borrar dicha imagen, pero la resaca de quienes somos impregna su aroma en un mundo que sigue requiriendo el contacto humano de un apretón de manos para decir: “Hola, ¿cómo estás?”.
    La idea de pertenecer a un momento ya no requiere de ciertos modales o talento de interacción social. Simplemente requiere de una generación narcisista y absolutamente absorbida por el propio “reality show” del cual son directores, guionistas y camarógrafos, que finalmente suelte las riendas y se entregue al deleite de autoconsumirse en su versión digital.

    Una especie de canibalismo consumista en donde uno solo quiere reflejar una imagen digital propia para ver cómo le va en el mundo. El problema está cuando queremos borrar dicha imagen, pero la resaca de quienes somos impregna su aroma en un mundo que sigue requiriendo el contacto humano de un apretón de manos para decir: “Hola, ¿cómo estás?”.

    El lapidario silencio de saber que en algún lugar del mundo “de la internet” existe alguna que otra selfie de los comensales de esta mesa es felizmente interrumpido por la llegada de dos platos de ramen de la mano de gente que entiende el umami escondido en esta reconfortante receta.

    Ambos sacamos el teléfono y fotografiamos la comida mientras el absolutismo de cualquier noción digital se diluye con la victoria de un fotogénico platillo que nos hace sentir, por un momento, reales en un mundo irreal.

    Por Esteban Aguirre

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    Publicado por Anónimo | 25 marzo, 2017, 10:12
  8. Doble filo de redes sociales

    Responde a la propia naturaleza humana la multiplicidad de opciones en cuanto a gustos, ideologías, opiniones y costumbres acordes a la cultura predominante en un país o un continente. Por tanto, la reciente controversia en las redes sociales sobre personas que consumen perros forma parte de la enorme montaña de informaciones ambiguas, engañosas o manipuladoras que saturan el mundo virtual en internet.
    Los miles de noticias, comentarios y fotografías que circulan en las redes sociales siempre tienen doble filo porque pueden constituir realidades verídicas que valen la pena conocer así como también es posible que sean hechos inventados, distorsionados o, directamente, mentiras que persiguen fines políticos, económicos o de proselitismo religioso.

    A esta altura de los tiempos, sería necio negar la necesidad y la importancia de las redes sociales como un fenómeno social que puede ser muy útil para la ciudadanía en general. Gracias a estos medios virtuales de comunicación, la opinión pública ha tomado conocimiento de acciones y situaciones irregulares e ilegales protagonizadas por autoridades nacionales o personajes vinculados al poder que anteriormente permanecían en la clandestinidad.

    Las redes sociales son instrumentos valiosos para que el pueblo difunda y tenga conocimiento de cualquier situación anómala o problema que está preocupando a los habitantes de un barrio o una ciudad determinada. Por supuesto, también las redes constituyen la vía adecuada para compartir informaciones positivas y llevar alegrías y esperanzas a la población en general.

    Hoy nadie puede decir que no tiene libertad de expresión para comunicar u opinar sobre cualquier tema.

    Lo señalado no debe tapar un hecho preocupante: la gran cantidad de información distorsionada y mentirosa en los miles de sitios de internet. El gigantesco espacio virtual es un mercado inconmensurable en donde se ofrece gratis cualquier cosa, lo que uno quiera: desde la descripción de cómo nació el universo hasta la receta para cocinar chicharõ trenzado.

    En este universo de telarañas y laberintos, existen periódicos y revistas digitales que, aparentemente, pertenecen a universidades y centros de investigación de gran prestigio en el mundo, que presentan los resultados de trabajos científicos de primer nivel. Sin embargo, muchas de estas publicaciones son falsas, fueron inventadas por fanáticos de ideologías extremistas de muy diversas tendencias. Lastimosamente, muchos adolescentes y jóvenes son sorprendidos en su buena fe y se tragan las mentiras disfrazadas de grandes verdades.

    El gran desafío es cómo separar el trigo de la cizaña, saber qué criterios utilizar para dar credibilidad a ciertas páginas y desconfiar seriamente de otras. Entre los cibernautas, hay toda clase de personas incluyendo a los pedófilos, a los hackers, a los fanáticos religiosos, a los ateos, a los temibles terroristas, etc.

    No nos queda más opción que estar precavidos y alertas para no ser presas fáciles de estos maestros del engaño cibernético. Las redes sociales son un invento extraordinario pero, ojo, también una vía para vender gatos por liebres.

    Por Ilde Silvero

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    Publicado por Anónimo | 25 marzo, 2017, 10:03
  9. Odiosos

    Renate Künast es una diputada alemana menudita, con pelo rubio casi al rape y una convicción a prueba de balas o de infamias. Y sus opiniones –algunas veces polémicas y otras no, pero siempre contundentes– corroboran su talante. Lo que le genera no pocos virulentos opositores, en especial en el rabioso mundillo de internet.

    Por ver cara a cara a sus furiosos detractores, decidió recorrer, ladeada por una periodista del diario Der Spiegel, las casas de las personas que antes le habían dicho en la web de todo, menos linda. Su sorpresa fue significativa. No se trataba del domicilio de un típico internauta hastiado del mundo y con las capacidades de comunicación, empatía y entendimiento de un cascote. Eran satisfechos habitantes de los suburbios acomodados con autos, piscinas y jardines relucientes, a igual que el odio que ni su educación mató.

    La razón de la rabia de esta gente era que la parlamentaria del Partido Verde (una especie de nucleación de izquierda con raíces ecológicas) salió a defender a un inmigrante que había cometido un asesinato en una declaración dada al Süddeutsche Zeitung.

    El detalle escabroso del asunto es que la diputada jamás había hecho tal declaración y menos al diario señalado. Todo era un invento, pero como la verdad es una de las víctimas de estas décadas, el incendio fue imparable. Peor que las ofensas que recibió fue el calvario que pasó para que el omnipotente Facebook eliminase la noticia falsa y los agravios gratuitos.

    Debido a estos y otros casos, los alemanas tienen amenazados a Facebook y Twitter con multas si en 24 horas no logran eliminar las noticias falsas. Nosotros, en Paraguay, en ese lapso, logramos apenas anular las renuncias falsas.

    Los planteamientos descalificativos, delirantes o directamente estúpidos de los internautas son una epidemia que se cierne hambrienta contra medio mundo, y no se salvan ni personas, ni instituciones, ni periódicos, ni la vapuleada verdad.

    Los medios de comunicación, reacios a cualquier censura, buscan la manera de educar a sus lectores. Un medio noruego especializado en tecnología colocó en su web un filtro para que quien opine en sus páginas tenga al menos una mínima noción de tecnología. Que no sean como en estos lares en que se grita por una mejor calidad periodística asesinando a mansalva el castellano.

    La socióloga Sueli Cabal opinó en Jornal Nova Hamburgo que el odio no es culpa de las redes que, añadió, son “un camino de cobardes que moviliza un ejército de imbéciles que lo sustenta”.

    Por Arnaldo Alegre

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    Publicado por Anónimo | 14 marzo, 2017, 11:23
  10. De la locura diaria al “me time”

    La era de la hiperconectividad puede aportar a la sociedad grandes beneficios, como ser estar informado al instante de lo que sucede en el mundo, poder comunicarnos por audio-video con nuestros familiares más lejanos o incluso utilizar la conexión instantánea para realizar una operación quirúrgica remota. Pero nada es gratis en la vida, y el avance trae consigo sus consecuencias. Nuestra sociedad está menos comunicada en el face to face, pues las relaciones con los amigos muchas veces han pasado de ser reales a virtuales, la ansiedad provocada por las redes sociales y otros efectos negativos que trae el ajetreado mundo tecnológico es preocupante.

    Amo la tecnología, como la mayoría, estamos en la computadora al mismo tiempo respondiendo mensajes de chat y el teléfono. Sin embargo cada vez nos queda menos tiempo para nosotros mismos, tiempo para el pensamiento o la reflexión. Ojo, no intento con esto hacer una apología de la cultura Zen o intentar persuadir a ser todos “Yoguis”. Me refiero básicamente a tener tiempo para poder pensar, analizar, ordenar nuestras ideas sin interrupciones externas.

    La vorágine de la vida profesional que uno lleva, apagando incendios en la empresa, reuniones todo el tiempo, viajes, conferencias, más y más problemas que ya tienen que solucionarse nos arrebata el preciado espacio del pienso y la planificación. Muchas veces los empresarios descuidamos la estrategia y vivimos en lo táctico. Esta desconexión con el trabajo de construcción a futuro, solo mirando lo que la vista nos permite, puede carcomer nuestro sueño a largo plazo.

    Mi viejo, sabio como todo padre, me comentaba la importancia de dedicarle parte de la jornada laboral (así sean unos minutos) a pensar. Pero… ¿esto no es acaso lo que hacemos diariamente? ¡Y no sinceramente! La mayoría de nosotros nos hemos vuelto mucho más operativos que estratégicos, y realmente nos hace falta encontrar el apreciado espacio del “me time” profesional.

    La hiperconectividad es una realidad que no podemos evitar; sin embargo, encontrar ese pequeño espacio de reflexión nos ayudará a comprender más nuestro ser, los porqués y cómos.

    “El tiempo con usted mismo es un espacio para pensar, para recargar baterías y recuperarse del trabajo. En la cultura del always on, en la que estamos conectados a nuestros teléfonos y tabletas inteligentes 24/7, estamos empezando a olvidar cómo desconectarnos”, señaló Almuth McDowall, experta en psicología organizacional de Birkbeck, Universidad de Londres. “Desconectarse es realmente importante para nuestros cuerpos y cerebros, pues estos no están diseñados para trabajar a toda velocidad durante todo el día”.

    Además, McDowall asegura que, según las investigaciones que han realizado en su universidad, cuando las personas dedican mejor tiempo a sí mismas, luego “se involucran más en el trabajo y con la familia”. La hiperconectividad es una realidad que no podemos evitar, sin embargo, encontrar ese pequeño espacio de reflexión nos ayudará a comprender más nuestro ser, los porqués y cómos. Lo he aplicado desde este año, y en poco tiempo he visto un buen resultado. Siempre vendrán las excusas, pero justamente de eso se trata, basta de decir “no puedo, no tengo tiempo”. Dejemos de lado lo que no sea urgente e importante al mismo tiempo, y encontremos ese pequeño espacio para el “me time”.

    Las mejores opciones para practicar el momento y espacio para mí dependerá de cada uno, pero sin lugar a dudas ese pequeño-gran espacio con usted mismo contribuirá a una mente más abierta y creativa. Aceptemos el desafío, procuremos generar este importante break con nuestro ser.

    Por Matías Ordeix

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    Publicado por jotaefeb | 27 febrero, 2017, 16:22
  11. Mensajear, celularear, feisbukear, twitear, guasapear y otras formas peligrosas de incomunicación

    El papa Francisco se dirigió, según dice la información, a un auditorio de cuarenta mil estudiantes de humanidades, es decir de ciencias que estudian a la humanidad, a la sociedad, en Roma y les pidió que dialoguen sin el celular, el móvil, el digital o la computadora, según las versiones, es decir, que dialoguen sin la intermediación de un artefacto digital, porque, les dijo, el “diálogo es el antídoto contra la violencia”.

    Es decir, el diálogo de verdad en el que se sientan, frente a frente, mirándose, amigos, colegas, familias, es decir se comunican directamente, manifestando lo que ya es una preocupación universal y una imagen triste que se repite: un grupo de personas en un mismo lugar, en una misma mesa, en un mismo espacio, pero mirando al aparato, leyendo o escribiendo mensajes a interlocutores o sitios o redes lejana, porque esa nueva forma de comunicación no es diálogo, en la mayoría de los casos, es decir, comunicación directa.

    Ni siquiera sabemos si el interlocutor está en línea o si es al que nos dirigimos, porque no importa, es como un monologante que lanza una botella a los nuevos mares internéticos, sin saber quién lo recibe ni tener certeza de quién le contesta.

    El máximo caso de este mal es del Whatsapp de un “grupete”, aunque los registros certifican sólo que hay dos emisores, que está generando un caos y hasta una verborrágica hoguera de de violencia, con la engañosa “intimidad comunicacional” que te dan los nuevos medios.
    No es un problema de estos tiempos ni de la tecnología; no es extraño que el discurso haya sido ante un auditorio de universitarios, es decir, de jóvenes que están preparándose para el liderazgo del futuro a corto plazo.

    Esta tecnología de la comunicación, como todas las que han mejorado la posibilidad de acceso a la información y al contacto con la gente distante, con los centros de documentación o con las enciclopedias, antes reservadas a las élites, son de una gran utilidad; pero a lo que se refirió el Papa, sumándose a las muchas voces de alerta, es que eso no es diálogo, salvo coyunturalmente; pidió que hablen, que aprendan el valor del diálogo que es estar conversando frente a frente, en contacto directo y franco con el interlocutor. Los “amigos” de Facebook son ficciones o números para promover marquetineramente el éxito de celebridades y de faranduleros.

    No es nuevo; estamos en un mundo cada vez más mediático, de medios, pero también de “mediación” del contacto; es decir, de una comunicación hecha por intermediarios o intermediada, sin una comunicación franca y frontal. Hablamos del diálogo.

    Vale la pena reflexionar una vez más sobre el tema, a la luz de los acontecimientos, ya que estamos mundialmente lanzando mensajes y recibiendo mensajes de cuyos emisores no tenemos certeza; y lo que es más grave, que no sabemos del tono del discurso, ni de todas esas inflexiones verbales y corporales que hacen a la comunicación humana, esenciales para entender los discursos. El Papa hizo hincapié en “el valor del diálogo”, de “aprender a escuchar”, del intercambio de los interlocutores.

    Los nuevos canales de comunicación son inseguros y hasta peligrosos, ya se ha visto y es una de las nuevas preocupaciones de la inseguridad mundial, desde el abuso de menores, hasta la trata de personas o las estafas virtuales. Pero sobre todo es una limitación de la comunicación abierta, que cada día tiene más víctimas de los celulardependientes; lugares donde ficticiamente nos estamos comunicando sin comprometernos, en los que se sueltan las lenguas, pensando en el anonimato del momento. El emisor no tiene que preocuparse por la respuesta, pues puede cerrar el canal.

    Es por eso que día a día vemos casos de inconsciencia delincuencial, es decir de gente que se expone o expone a su gente sin tener conciencia del riesgo.

    El máximo caso de este mal es del Whatsapp de un “grupete”, aunque los registros certifican solo que hay dos emisores, que está generando un caos y hasta una verborrágica hoguera de violencia, con la engañosa “intimidad comunicacional” que te dan los nuevos medios.

    Por contrapartida, en la otra gran confrontación mediática y política del momento, la que gira en torno a la revisión del pago de impuestos, planteada por la Secretaría de Tributación, cuando parecía convertirse en otra gran hoguera, se abrió la vía que planteó el franciscano Francisco, en su charla: “Aprender a escuchar y abrirse a los demás”; porque “cuando en vez de hablar se grita” o cuando “en vez de hablar se usan los celulares”… “es el inicio de la guerra”. Y ya se sabe que las guerras solo causan desastres, a vencedores y a vencidos

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    Publicado por jotaefeb | 27 febrero, 2017, 15:02
  12. El nuevo hombre “herbívoro”

    En la escuela nos enseñaban que la palabra herbívoro era aplicable solo a los animales que se alimentaban de vegetales, sin embargo, desde el 2006, gracias a la socióloga japonesa Maki Fukusawa, este término amplió su concepto y también abarcó a los hombres que eran “indiferentes hacia el deseo de la carne”. Su compatriota, el filósofo Masahiro Morioka, le dio un nuevo sentido a la idea y afirmó que los hombres herbívoros eran “los chicos buenos de una nueva generación, que no buscan agresivamente la carne, sino que prefieren comer hierba junto al sexo opuesto”.

    Hace unos días, en una publicación El Confidencial explicaba acerca de la preocupación del gobierno japonés sobre esta situación, ya que la tasa de natalidad en el país bajó de forma alarmante.

    Según los datos, el país del Sol Naciente tiene una de las tasas de longevidad más alta del mundo, que se aproxima incluso a los 90 años, sin embargo, en los últimos 5 años la natalidad cayó a 8,4 niños nacidos por cada 1.000 habitantes.

    Una de las explicaciones para este fenómeno es la crisis económica. Los hombres, cuya cultura les impone que deben ser quienes mantengan a la familia, los proveedores, no ganan lo suficiente para aceptar esa responsabilidad y entonces renuncian a formar una propia. Ellos no ven bien que la mujer pueda aportar dinero, ya que debe ser “la que se queda en la casa”.
    El gobierno, para comprender y tratar de dar una solución al problema efectuó encuestas y los resultados fueron sorprendentes, por no decir alarmantes: encontró que más del 40% de las personas de menos de 34 años, que deberían estar en plena función reproductiva jamás habían tenido una relación sexual. Y más, el 69% de los hombres y el 59% de las mujeres ni siquiera tenían pareja.

    La tecnología también tiene su cuota de responsabilidad en la problemática, ya que los jóvenes de hoy viven sumidos en los smartphones, logrando “intensas” relaciones virtuales que los dejan satisfechos. Escapan de la realidad, en tanto y por el contrario, las jovencitas inventan mil artilugios –incluso salen a la calle disfrazadas– para atraer a una posible pareja, pero sus esfuerzos casi siempre resultan vanos.

    La situación raya lo irracional pues incluso cuentan que en la estación de Akihabara, en Tokio, se popularizaron ciertas cabinas que tienen cortinas rosadas en las que los jóvenes –y también maduros– acuden, pero que para acceder a ellas forman interminables filas. Sorprendentemente, dentro no hay pornografía, ni es un acceso a un prostíbulo; tampoco se exhiben lo más reciente de la tecnología o lo más despampanante de la moda, no, allí los hombres van para engañar a su soledad.

    Con el dinero que tienen pagan una llamada telefónica para comunicarse con sus ídolos femeninos, cantantes o actrices famosas, con las que hablan de amor. Cuando se acaba el saldo de la tarifa, la llamada se corta y el tubo destila la más honda tristeza. A ellos solo les queda una cosa, la ilusión de que “ella” recuerde su nombre en la siguiente llamada.

    Pero Japón no es el único país que ve con preocupación los daños colaterales que causa en la actualidad la tecnología. Y es que esta avanza con una velocidad tan vertiginosa, que no le da tiempo a la sociedad para comprender el impacto que le causa. Y cuando se da cuenta, el problema ya se tornó obsoleto porque otro nuevo ocupa la atención en ese momento.

    España, por ejemplo, tomó conciencia de que sus jóvenes ya no salían de la casa y de que se pasaban todo el día delante del “ordenador”. No hacían actividad física, ni siquiera formaban nuevos amigos fuera de su burbuja. Hasta perdían el hábito de la higiene. Muchos de estos jóvenes comenzaron a ser tratados como si fueran drogadictos.

    El impacto tecnológico también está en Paraguay. Casi pareciera que no podemos respirar sin el celular. Las charlas –incluso los noviazgos– se desarrollan mediante el Whatsapp. No solo los adultos, no solo los jóvenes, sino que también los niños ya cayeron contagiados de esta epidemia.

    El virus de la tecnología enfermó a la sociedad y no estamos conscientes de las consecuencias porque el mal es nuevo y no logramos entender los síntomas. A medida que avanza la enfermedad vemos que la nueva generación está perdiendo la capacidad de hablar. Los jóvenes gruñen, murmuran y los que aún practican el diálogo, lo hacen en un breve lapso.

    La sociedad de hoy cada vez tose con mayor frecuencia, pero aún no tiene fiebre. Los jóvenes viven hipnotizados con el celular, pero todavía no prefieren comer hierba junto al sexo opuesto.

    Debería haber campañas que nos despierten y que nos hagan ver que la tecnología existe para que el hombre la use y no para que esta se sirva del hombre.

    Por Alex Noguera

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    Publicado por jotaefeb | 21 enero, 2017, 11:12
  13. ¿Cómo está America Latina digital?

    En América Latina un 63 por ciento de la población está conectada al internet. Sin embargo, solo un 4 por ciento de las páginas de Wikipedia están en español y la mayoría de los portales más visitados no son producidos en la región, indicaron especialistas en una conversación realizada en Washington.

    El evento en la sede del Consejo de las Américas, incluyó también la presentación de un reporte sobre es estado del desarrollo digital. Esta es un área que presenta muchas oportunidades y todavía algunos retos.

    Educación

    Uno de los retos en América Latina es el capital humano indicó Raúl Katz, investigador del Instituto de Tele-Información de la Universidad de Columbia.

    “En la región se gradúan alrededor de 150.000 ingenieros anualmente. China gradúa cerca de 500.000. ¿Cómo podemos alimentar el desarrollo?”, preguntó Katz trayendo a colación la importancia de la educación.

    Jorge Familiar, vice presidente para América Latina del Banco Mundial, expresó el interés por mejorar la capacitación en la región, y agregó que para hacer eso “necesitamos pensar en qué va a requerir la economía en 30 años”.

    No solo hace falta la conectividad y programas de computación, sino también el “entrenamiento de profesores en estas nuevas formas de enseñanza”.

    La educación además debe informar a los ciudadanos de las posibilidades y protecciones existentes en las plataformas digitales, dijo Eric Farnsworth, del Consejo de las Américas, agregando que “la confianza pública es crítica”.

    El analfabetismo digital, que en muchos países se clasifica como una división generacional, es otra de las causas a las que se atribuye que todavía exista un 38 por ciento de la población no conectada.

    Leyes y regulaciones

    A nivel gubernamental, los especialistas indicaron la necesidad de fomentar el desarrollo digital con legislaciones que promuevan innovación e inversión en infraestructura. Según Katz la “industria de las telecomunicaciones en la región representa 69 billones de dólares, de los cuales 80 millones van exclusivamente para pagos de impuestos de producción”.

    El investigador también mencionó iniciativas en países como China y Australia donde los gobiernos ofrecen subsidios para quienes no tienen dinero para servicios de internet. Esta según Katz, es una de las razones por las cuales todavía un 38 por ciento de la población en América Latina no está conectada a las redes.

    Contenidos

    El otro reto es falta de contenidos originados localmente o en español.

    Según un estudio del Instituto de Tele-Información de la Universidad de Columbia, solo un cuatro por ciento de las páginas de Wikipedia están en español. Katz indicó además que entre los portales más visitados por usuarios en América Latina, un 80 por ciento son producidos fuera de la región.

    Los especialistas coincidieron en que los interesados en el desarrollo digital deben poner más atención a la producción de contenidos y no tanto al consumo.

    Redes Sociales

    Los latinoamericanos son muy activos en las redes sociales y en muchos países estos medios están relacionados a movimientos sociales y políticos. Es el caso de Venezuela, que a pesar de no sobresalir en los listados de desarrollo digital, es una de las naciones del continente más activas en los medios sociales.

    A nivel regional, Facebook continua dominando el mercado. Este portal es el punto de entrada a la red para aproximadamente un 80% de los usuarios de internet.

    Estados Unidos como catalizador

    La Subsecretaria de Desarrollo Económico, Energía y Medioambiente estadounidense, Cathy Novelli, habló sobre la iniciativa Conexión Global que tiene como objetivo conectar a internet 1.5 billones de personas para el año 2020.

    La representante del Departamento de Estado indicó que la conectividad era el primer paso, pero que también es necesario tener proveedores de la señal de internet, así como productos y contenidos de intercambio.

    Argentina fue el primer país que se enlistó para participar de esta iniciativa a pesar de que el país tiene muy buenos niveles de conectividad. La funcionaria citó como ejemplo las reuniones que la Comisión Federal de Comunicaciones ha realizado con funcionarios del país latinoamericano para intercambiar ideas sobre regulaciones.

    Reconociendo las situaciones particulares de libertad de internet en la región, la funcionaria invitó a analizar este derecho también como el acceso a las grandes cantidades de datos que todos estamos generando diariamente.

    “Tenemos la capacidad de analizar toda esa información, para avanzar en medicina, agricultura, y pesca para dar unos ejemplos. Esto es parte de la libertad de internet. Está el aspecto de la privacidad, que es crítico, pero también tenemos que poder beneficiarnos de estas colecciones de datos digitales”

    Novelli indicó que el desarrollo digital requiere más que soporte gubernamental ya que la industria privada es quien por lo general “trae la innovación y la implementación. Nosotros somos los catalizadores”.

    “Adoptar la vida digital” un reporte de Telefónica

    Durante este evento, la empresa española Telefónica presentó su reporte “Adoptar la vida digital”, un estudio global sobre el desarrollo digital.

    Según este documento, considerando el desempeño económico de América Latina, hay un gran progreso en el ámbito digital, en especial en Colombia, Chile y México.

    “La economía digital es una gran oportunidad en todo el continente americano. Tanto los países industrializados, como los que no, dependerán muy pronto en su infraestructura de la economía digital”, indicó el representante de Telefónica Carlos Lopez Blanco.

    El informe que presentó su empresa, se basó en 50 indicadores agrupados en tres categorías: apertura digital, confianza en la tecnología y espíritu empresarial. Este análisis no fue basado en la infraestructura física de cada país sino en las relaciones entre el nivel de desarrollo, el Producto Interno Bruto y los habitantes de cada nación.

    “Es una herramienta para entender el cambio y la digitalización, para ser parte de la revolución digital y tomar ventaja de las oportunidades que se presentan”, agregó Lopez Blanco.

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    Publicado por Anónimo | 25 octubre, 2016, 19:11

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