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Qué es el ser humano

Al acabar la Segunda Guerra Mundial (1945), la población mundial quedó consternada ante el espectáculo desolador que la guerra dejó en Europa y Japón. Hitler en Alemania y su extensión por el eje con Musolini en Italia desencadenaron la guerra contra los “Aliados”, dejando como resultado destrucción, evidencia de inimaginables crueldades y millones de muertos, en escenarios dantescos como Auschwitz y las ruinas totales de Hiroshima y Nagasaki, víctimas de las bombas atómicas.
Reventó la modernidad, entraron en crisis razón y ciencia, porque con fe ciega en ellas la humanidad poderosa, la dueña de lo intelectual y los descubrimientos científicos había incubado dentro de sí monstruos humanos con inusitada capacidad de aniquilación. En el contexto de guerra y posguerra surgen existencialismo y escepticismo, el absurdo encarnado en “El extranjero” (Camus), la náusea y la nada (Sartre), la angustia, temor y temblor (Kierkegaard); consecuentemente entra con vigor la duda sobre la civilización y el mismo ser humano. ¿Qué es este ser humano que destruye su hábitat y su propia humanidad?

Jean Baufret le escribe a Martin Heidegger preguntándole: “¿Cómo devolverle su sentido a la palabra humanismo?”. Heidegger responde en una extensa “Carta sobre el humanismo” (1946), con análisis filosófico crítico y profundo abriendo el horizonte de la esperanza. Mucho después (2003), para actualizarlo y comprenderlo mejor, Jacinto Choza, catedrático de Antropología Filosófica en la Universidad de Sevilla (España), nos entrega un largo ensayo que deberíamos estudiar los educadores. ¿Por qué?

Porque los monstruos deshumanizados sumergidos en la “civilización de la muerte”, siguen amenazando a la humanidad. Se sigue invirtiendo mucho más en la construcción de armas aniquilantes con energía atómica, química o hidrógeno, etc., que en puentes para la paz. Actualmente veintitrés países están en guerra, sin contar la situación límite de Rusia con Georgia y la de Mauritania. La guerra más antigua está en Birmania, que se mantiene desde 1948. La UNICEF informa que hay unos 300.000 niños soldados. Ocho países padecen las guerras más cruentas: Afganistán, Irak, Uganda, Somalia, Sudán, Palestina, Nigeria y República Democrática del Congo.

Si a esto añadimos más de cincuenta grupos terroristas identificados por organismos internacionales especializados y consideramos que muchos de ellos actúan simultáneamente en varios países, el panorama es verdaderamente dramático.

Tampoco los paraguayos, aun sin guerra, escapamos a la violencia fatal y al cuestionamiento de la deshumanización. Crece aceleradamente entre nosotros la violencia compulsiva y absolutamente irracional, que desborda los límites de lo humano matando, por ejemplo, con diez puñaladas para robar un celular. Se regalan y venden drogas a niños y adolescentes para alienarlos, sumergirlos en la evasión incontrolada de estados alterados de la mente y destruir sus cerebros. También nos amenaza el terrorismo marxista leninista del EPP, con crueles secuestros y asesinatos de inocentes, y sufrimos a criminales violadores de mujeres, niñas y niños, y asaltantes homicidas. No nos faltan políticos y líderes sociales que propugnan la lucha de clases y la dictadura ideológica al estilo bárbaro del castro-chavismo-maduro, con la destrucción de la democracia republicana.

No toda la humanidad está deshumanizada. Si hubo un Hitler, también Alemania nos regaló un Conrad Adenauer, que generó “el milagro alemán”. Por supuesto que en Paraguay gozamos la calidad humana de la mayoría de los paraguayos, pero si no “civilizamos” a los destructores de la nación, la corrupción nos desintegrará.

Ingente tarea de toda la sociedad responsable de la educación (Art. 75 Const. Nac.), de las familias, de los municipios y del Estado que rige el sistema educativo nacional: educar en humanismo para la paz.

Los educadores profesionales no podemos eludir la responsabilidad de definir la antropología pedagógica integral que ilumine y oriente nuestra responsabilidad y trabajo.

Ningún país vive aislado. En un mundo agitado, agresivo y violento incluso contra la naturaleza, con diez países que tienen declarado en arsenal de armas nucleares (bombas atómicas) la supervivencia está grave y en permanente riesgo. ¿Es esto civilización y humanización? En este contexto es necesario ponernos de acuerdo sobre qué tipo de personas, de hombres y mujeres, queremos y debemos formar. Frente a la civilización de la muerte y las luchas por el poder, la civilización de la justicia, la paz, la cooperación y el amor.

Por Jesús Montero Tirado

 

Acerca de jotaefeb

Un arquitecto jubilado. Aprendiz de todo, oficial de nada. Un humano más. Acá, allá y acullá. Hurgador de cosas cotidianas y trascendentes.

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Un arquitecto jubilado.Aprendiz de todo, oficial de nada.Un humano más.Acá, allá y acullá.Hurgador de cosas cotidianas y trascendentes.Desde Asunción/Paraguay.(Correo:laovejacien@gmail.com) (Twitter:@jotaefeb) (Instagram:JAVIER_FDZ_BOGADO)

Trabajo, seriedad y respeto.

Mis padres me enseñaron tres cosas fundamentales: que para poder estar orgulloso de ti mismo y ser alguien hace falta trabajar; que es preciso actuar con seriedad; y que debes respetar a los demás para recibir respeto a cambio. Trabajo, seriedad y respeto. “Si haces estas tres cosas, podrás ser alguien en la vida”, me dijeron. (Zinedine Zidane)

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