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O Pokémon o la guerra

En la primera plana del diario español “El País” aparece hoy una fotografía de gran tamaño que es difícil de determinar de qué se trata a primera vista. Hay que acercarse y mirarla con atención para descubrir que en el asiento color naranja de una ambulancia hay sentado un niño cuyos rasgos tampoco son nítidos. Se llama Omran, tiene cinco años, viste una camiseta de mangas cortas y pantalones cortos, tiene el cuerpo cubierto de polvo y manchas de sangre; el polvo producido por el derrumbe de edificios a causa del bombardeo, los restos de cal, de pintura, de cemento vuelto arena, le cubren por completo. Quizá el que se desmoronó haya sido donde tenía su casa, donde vivía con su familia. La fotografía viene de la ciudad siria de Alepo.
Alepo, considerada “la perla de oriente” tiene sus orígenes, posiblemente, unos dos mil años antes de nuestra era. Ya estaba allí cuando llegaron los cruzados cristianos que llevaban la palabra de Dios en la punta de sus espadas y sus lanzas. Era una ciudad rica por ser el paso obligado de las caravanas que venían de la región del Eúfrates y se dirigían a los puertos del Mediterráneo donde embarcaban sus mercancías para los mercados europeos. Hoy es la ciudad más grande de Siria, con más habitantes incluso que su capital, aunque quizá deba decir “era” ya que la guerra que sufre la región desde hace cinco años, la va poniendo a nivel de sus cimientos.

El niño de la fotografía tiene la misma edad que el conflicto bélico. Nunca ha conocido otra cosa que la guerra, los bombardeos, la destrucción, el hambre, la miseria en que se debate la población pues los combates no permiten que llegue la ayuda humanitaria mientras Rusia, juntamente con su aliado el dictador Bachar al Asad, hacen oídos sordos a todos los ruegos de un alto el fuego para permitir que esa ayuda llegue a la población. Ese niño de la fotografía, que se ha vuelto viral en las redes, solo conoce las ruinas de una ciudad continuamente bombardeada mientras otros, de su misma edad, en occidente, buscan afanosamente cazar un Pokémon en sus teléfonos móviles.

La oficina de Naciones Unidas dedicada a la niñez (Unicef), asegura que 8,4 millones de niños están siendo afectados por este conflicto y cerca de dos millones de niños no reciben ningún tipo de educación en el país como tampoco los 700.000 que están refugiados en los países vecinos. Omran es uno de los que se quedaron en Siria mientras la oficina de Naciones Unidas para los refugiados (ACNUR) informa que el pasado mes de junio había dos millones y medio de menores sirios en condición de refugiados. Las características del drama son apocalípticas y, aparentemente, nadie se ha puesto a pensar cuáles serán las consecuencias a largo plazo de tamaña tragedia.

Mientras, el escritor argentino Marcos Aguinis (autor de “La cruz invertida”), en un artículo aparecido en el periódico bonaerense “La Nación” pide que Europa “le exija al mundo musulmán su compromiso para frenar la barbarie y para ofrecer a los refugiados el territorio y la ayuda económica que necesitan tras años de fanatismo y violencia.” Luego habla que esta “tercera guerra mundial” ya había sido anunciada por Oriana Falacci y luego por la española Pilar Rahola, pero no se las tomó en cuenta por aquellos que sostenían la idea de “lo políticamente correcto.” Esta idea de reclamar su presencia a los países árabes resulta inútil ya que las “petrocracias” del golfo pérsico se dedican a disfrutar de sus miles de millones de dólares mientras recorren el mundo (prefieren venir a jugar en los casinos de Europa) en sus gigantescos aviones privados acompañados de medio centenar de concubinas que componen su harén.

Aguinis menciona que cada “sura” (versículo) del Corán repite la frase: “En nombre de Alá, clemente y misericordioso“, lo que no puede explicar la crueldad que demuestran los combatientes del ISIS (Estado Islámico), la forma en que alientan los atentados criminales haciendo estallar bombas en lugares concurridos por ciudadanos comunes y la defensa del suicidio de los “lobos solitarios” que se hacen volar con sus cargas explosivas.

Aunque Aguinis carga las tintas en la responsabilidad que deberían asumir en este momento los países musulmanes, lo cierto es que también es un problema de occidente y debemos involucrarnos todos para impedir que fotografías como la del pequeño Omran no siga acusándonos desde la primera plana de los diarios.

Por Jesús Ruiz Nestosa

 

Acerca de jotaefeb

Un arquitecto jubilado. Aprendiz de todo, oficial de nada. Un humano más. Acá, allá y acullá. Hurgador de cosas cotidianas y trascendentes.

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