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La memoria de Ricoeur

Según Paul Ricoeur, una de las funciones de la memoria es asegurarnos una identidad: “Permite poder reconocerse y decir yo, mío”. La historia, muy relacionada con ella, tiene otra función, la de narrar de una manera distinta el pasado, porque se atiene a un aspecto material al que denominamos documentos. De esto deviene su criticidad, lo que diferencia a la historia de la memoria. Pero la historia tiene un problema. Y es que muchas veces se “olvida” de su misión crítica y se vuelve oficial; es decir, se politiza, se ideologiza.

Ricoeur recuerda a su colega y compatriota Raymond Aron cuando recomienda al historiador “desfatalizar” el pasado, lo que va en la misma línea crítica que analíticos como Popper y Berlin propondrán también. Lo que el historiador debe tener en cuenta siempre es que cuando realiza su trabajo historiográfico la gente del pasado a la que estudia tenía un futuro por delante, o sea, no sabía lo que él sabe ahora (aspecto también resaltado por Arthur Danto cuando hace su célebre diferenciación entre filosofía analítica de la historia y filosofía significativa de la historia). Esto tan trivial –reconocer que las personas del pasado tenían perspectivas, esperanzas sobre lo que sobrevendría en el tiempo, pero que no podían comprobar que ocurrirían o no– puede ser de gran utilidad en el momento científico del hacer historiográfico.

Esa incertidumbre con respecto al futuro también el historiador debe hacer suya, es una exigencia parecida a lo que la hermenéutica romántica de Schleiermacher pedía para todo estudioso que se enfrentase a un texto, o para el caso de la historiografía, a una huella del pasado.

Si la memoria es fundamental para nuestra identidad narrativa, un trabajo historiográfico responsable no lo es menos en el caso de la memoria colectiva de una nación. El olvido, a veces llamado amnistía por el Estado, debe darse, pero en muy raras ocasiones. El acto del perdón es liberador, dice Ricoeur, pero hay que tener en cuenta que existe la posibilidad de lo imperdonable. Es un derecho que tiene la memoria.

Por Sergio Cáceres

 

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Un arquitecto jubilado. Aprendiz de todo, oficial de nada. Un humano más. Acá, allá y acullá. Hurgador de cosas cotidianas y trascendentes.

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