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Sintonía

Los liderazgos surgen como consecuencia de las circunstancias. Ellas determinan finalmente el curso que toman y sus consecuencias. Nadie está inmune a las posibilidades de caer en manos de personas que logran en algún momento de la historia de los pueblos sintonizar con los anhelos de la gente. Si no que lo digan los alemanes de una larga y fructífera historia de pensadores de valía que hicieron de la racionalidad del pensamiento de ese país una marca nacional y que en un momento de su historia y por efecto de las circunstancias, terminaron por seguir a un cabo austriaco que fanatizó una buena porción de su gente. Fueron hechos históricos, económicos y políticos los que determinaron que un pueblo racional fuera preso de un fanatismo singular. Hoy los teutones, para no olvidar su pasado relativamente reciente, no han borrado las escrituras en las paredes de los soldados soviéticos que ocuparon el símbolo de su orgullo político: el Reistag (Parlamento alemán) por un buen tiempo.

En América Latina, donde la reiteración o fascinación hacia el error nos ha llevado a convertir el daño institucional en una marca-país, hoy nos lamentamos al comprobar la extraordinaria corrupción de los gobiernos de los Kirchner o los líderes del Partido de los Trabajadores, Lula o Dilma, en Brasil o acaso la reiteración de las dictaduras familiares como fuera la de los Somoza en Nicaragua, hoy repetido por los Ortega, o los hermanos Castro en Cuba. Nada resulta original en definitiva y nada tampoco se nos presenta en el horizonte como mecanismos para evitar reiterarnos en el error. Los que vengan probablemente encuentren en los fracasos de los que se fueron la razón para contrarrestar con nombres opuestos, pero no con acciones distintas un modo de entender la democracia y darle sentido a la libertad. Seguimos en el kindergarten de la política comprendida como un espacio de oportunidades para todos para reducirla al reducido espacio de pertenencia de un grupo político que sintonizó circunstancialmente la realidad de su país y al tiempo de querer transformarlo terminó permaneciéndola igual.

Esta ausencia de sintonía con la historia, con el futuro que vivimos hoy absolutamente diferente a los paradigmas que rigieron nuestra forma de entender la realidad, nos lleva a las reiteradas formas del ridículo en el que caen muchos, que procurando ser diferentes terminan siendo muy parecidos a los que dijeron contestar y sustituir.

La historia de los excesos, casos de corrupción, decepciones en el comportamiento personal y familiar son algunas de la muestras ejemplificadoras de que no alcanza con sintonizar circunstancialmente con el malestar de la gente si no se logra entender que la democracia es finalmente la búsqueda en disidencia de los espacios comunes de bienestar.

Benjamín Fernández Bogado

Acerca de jotaefeb

Un arquitecto jubilado. Aprendiz de todo, oficial de nada. Un humano más. Acá, allá y acullá. Hurgador de cosas cotidianas y trascendentes.

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“La muerte no existe, la gente solo muere cuando es olvidada; si puedes recordarme, siempre estaré contigo”.1/12/16
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