está leyendo ...
.

Que prevalezca lo jurídico y no las complicidades

La imagen del Mercosur no necesitaba de este final indecoroso y chapucero para desmoronarse; ya estaba desprestigiada, incluso desde mucho antes de que uno de los presidentes de la alianza planteara que lo político estaba por encima de lo jurídico, en un mundo que avanza luchando por afianzar una justicia que garantice la igualdad de los ciudadanos y la de las naciones, y de las regiones y de los pueblos, y las culturas y las lenguas, buscando alcanzar ese norte que se plasmó en carta de derechos y en reivindicación de la humanidad: libertad, igualdad y fraternidad.

El Mercosur tenía un discurso y un accionar diferentes, lo que ya venía postergando las posibles alianzas con otros bloques.

Anteponer los intereses políticos de un sector, partido o grupo, atenta contra las bases democráticas de las sociedades modernas, pluralistas, contrarias al “pensamiento único obligatorio” de las religiones extremistas y las ideologías totalitarias y excluyentes.

Mujica tuvo que salir de un brete que resultaba inexplicable, lo que hizo con su habitual franqueza: ¿Por qué se castigaba a un país socio fundador por haber realizado un juicio político, tal como está establecido por la Constitución y las leyes de la nación, dictadas en una sociedad democrática bajo una constitución establecida por medio del voto popular, como mandan las leyes, y con una participación mayoritaria? Porque, siendo el Senado paraguayo el obstáculo que no permitía que la Venezuela comandada y militarizada por Chaves entrara al bloque por no cumplir con los requisitos democráticos establecidos por el Mercosur para integrarlo se había decidido hacer prevalecer la alianza ideológica bolivariana contra las exigencias jurídicas democráticas; había que hacer un acto político y sacar del medio al obstáculo para violar lo jurídico y hacer entrar a Venezuela por la ventana.

Lo jurídico hubiera sido obligar a Venezuela a cumplir con los principios democráticos establecidos por el bloque, porque, y eso lo sabían todos, la Venezuela del militarismo chavista no estaba dispuesta a cumplir, puesto que ya había “estronistizado” a las fuerzas militares y anulado las instituciones democráticas, tal como hizo con el Mercosur, lo que se confirma en los hechos, ya que desde entonces hasta ahora no ha cumplido ni siquiera con aceptar y firmar el compromiso de respetar las cláusulas democráticas establecidas.

La actitud firme y decida del actual gobierno paraguayo ha empezado a bajar las máscaras y a plantear las cosas por su nombre.

El país caribeño sufre una feroz dictadura irracional, que ha empobrecido y reprimido a los venezolanos hasta las peores condiciones de vida, retrotrayendo a décadas atrás, cuando las dictaduras militaristas atropellaban a los ciudadanos, los torturaban, explotaban y hacían desaparecer, imponiendo sus intereses políticos a los principios jurídicos y democráticos.

Hoy el mundo entero se estremece y clama contra los abusos del chavismo-madurismo. Hoy se sabe que están ilegalmente en el Mercosur, no solo porque castigaron a Paraguay para sacarlo del medio y permitir la violación de los principios jurídicos y democráticos del bloque mercosuriano, sin que el Congreso Nacional aprobara su ingreso, sino porque en los años transcurridos de aquel acto político violatorio de lo jurídico, la dictadura caribeña no se ha dignado a firmar los compromisos democráticos y con los derechos humanos.

Es decir, no puede estar dentro de un bloque sin haber cumplido sus obligaciones. Solo cierto cinismo político, de corte totalitario, puede aludir que Venezuela está dentro del bloque y que hay que “cumplir” con cierto formalismo ineludible, como si no se estuvieran violando los principios democráticos y jurídicos del Mercosur desde que fue incorporada.

No hubo “formalismos” para echar a Paraguay, ni para anteponer lo político a lo jurídico. Y el hecho se repite: se permite que Venezuela siga en el Mercosur y que Maduro pretenda presidirlo, haciendo prevalecer, otra vez, lo político sobre los compromisos legales que tienen que cumplir los países miembros.

En estas condiciones, las “cláusulas democráticas” y la exigencia de respetar los derechos humanos parecen un chiste grotesco.

Es hora de que se respeten los principios jurídicos por sobre las afinidades políticas.

Que se cumplan las normas y se dejen de lado las complicidades.

Acerca de jotaefeb

Un arquitecto jubilado. Aprendiz de todo, oficial de nada. Un humano más. Acá, allá y acullá. Hurgador de cosas cotidianas y trascendentes.

Comentarios

2 comentarios en “Que prevalezca lo jurídico y no las complicidades

  1. Venezuela y la palabra que ofende

    Alberto Acosta Garbarino

    Desde el inicio de la llamada revolución bolivariana, su líder Hugo Chávez fue incrementando su poder gracias a los impresionantes aumentos del precio del petróleo y ampliando su presencia mediática gracias al uso de un lenguaje soez y burlón.

    De menos de 15 dólares el barril en el año 1999 el precio se disparó a 140 dólares en el año 2008. Los ingresos petroleros del país caribeño se multiplicaron por diez y con esos recursos Chávez se convirtió en el líder más influyente de América Latina.

    Paralelamente, con un discurso agresivo y sarcástico hacia los principales líderes mundiales, Chávez se convirtió en el latinoamericano con mayor presencia en los medios mundiales de comunicación.

    Recorrió el mundo aquel famoso discurso pronunciado en el seno de las Naciones Unidas, donde el día anterior había hablado George Bush y donde dijo: “Ayer el diablo estuvo aquí. Este lugar huele a azufre”.

    También recorrió el mundo su pelea con el rey Juan Carlos de España, cuando en la Cumbre de Santiago de Chile dijo que el ex presidente español José María Aznar “era un fascista, de la calaña de Adolfo Hitler y un lacayo de Bush, que le daba asco y lástima”. Esto generó la reacción del rey, que estalló con su “por qué no te callas”.

    Pero todo esto hasta encontraba adeptos, cuando el protagonista era Hugo Chávez, que estaba lleno de petrodólares y cuyos ataques estaban dirigidos a países poderosos y a grandes líderes mundiales a quienes nadie osaba agredir.

    Pero ahora que Venezuela es gobernada por Nicolás Maduro, que es una “mala copia” de Chávez, que tiene su popularidad por el suelo, y que dirige un país que se hunde económicamente, sus discursos altisonantes y groseros mueven a veces a la indignación y otras veces a la risa.

    Ivonne Bordelois, en un fantástico libro llamado La palabra amenazada, dice que los seres humanos nos relacionamos por medio de las palabras. Porque con las palabras se puede acariciar o se puede agredir, con las palabras se puede generar un ambiente de paz o se puede iniciar la guerra.

    Indudablemente el chavismo, con su lenguaje violento y ofensivo, ha generado y sigue generando una verdadera tragedia para el pueblo venezolano y una enorme fractura de su sociedad. Pero lamentablemente su accionar no se ha limitado a Venezuela, sino que ha infectado a toda América Latina y ahora al Mercosur, donde el discurso también altisonante y agresivo está tirando por la borda años de esfuerzos en construir una integración continental.

    Los últimos discursos de Maduro son francamente lamentables y preocupantes. En lo interno, amenazando a la oposición venezolana, con que si intenta hacer un golpe de Estado tendrá una respuesta más violenta que la que tuvo Erdorgan en Turquía; en lo externo, ofendiendo a Brasil, Argentina y Paraguay y a sus gobernantes, generando la casi segura muerte del Mercosur.

    Las sociedades donde el mayor valor es el afecto –te quiero o te odio– son sociedades llenas de conflictos y enfrentamiento; sin embargo, las sociedades donde el mayor valor es el respeto, son sociedades donde puede tenerse una convivencia armónica, a pesar de las diferencias. El respeto hacia el otro tiene varias aristas, pero todo comienza con la comunicación, con la palabra, con la palabra que no ofende ni agrede, sino con la palabra que acaricia.

    Sin duda alguna, uno cosecha lo que siembra; como dice un conocido refrán español “si se siembran vientos se cosecharán tempestades” y eso es lo que han hecho Chávez y Maduro en los últimos 17 años, ofendiendo a sus opositores internos, ofendiendo a países hermanos y ofendiendo a otros gobernantes.

    Hoy están cosechando una “tormenta perfecta” que pesa dolorosamente sobre Venezuela.

    Me gusta

    Publicado por Anónimo | 21 agosto, 2016, 06:02
  2. Mercosur y el consenso

    Por José Antonio Moreno Ruffinelli

    Uruguay parece percatarse ahora del enorme error que ha cometido con el tema de la presidencia pro tempore del Mercosur. A pesar de los pedidos, advertencias y llamadas de atención que le hicieran los otros tres países, contra viento y marea, Uruguay dio por finalizada su presidencia habiendo cumplido el plazo, y en la práctica entregó de manera unilateral dicha presidencia a Venezuela, como si fuera una cuestión de mero trámite. Y no es así. Al contrario, se trata de un acto solemne, que ha sido previsto en el Tratado para que los Jefes de Estado sean quiénes dirijan, den sus orientaciones, y concluyan negociaciones cuando a niveles más bajos no han podido acordarse. Por lo tanto, la entrega unilateral es un acto nulo y sin valor alguno.

    No se conoce en la historia de Mercosur, en sus más de veinte y cinco años, una sola trasferencia de presidencia que hay sido “in absentia” de los Jefes de Estado. La forma de hacer la entrega está prevista en el Tratado y debe cumplirse a rajatabla. Pero parece ser, y así confirman noticias que llegan desde el hermano país Uruguay, que cuestiones de política interna, presiones ejercidas dentro del partido de gobierno, son las que impulsaron a la Cancillería a adoptar estas determinaciones contrarias a la opinión de los demás socios. Y es lo que ha desatado una crisis sin precedentes en el Mercosur. Fue, según lo que se ha publicado, el Frente Amplio el que llevó adelante una campaña muy fuerte ejerciendo presiones sobre la Presidencia uruguaya, lo que hizo que esta procediera de manera equivocada. El presidente Vázquez y su gobierno debieron, antes que nada, observar las normas del tratado y no guiarse por opiniones interesadas para la toma de una decisión de gran trascendencia para el bloque.

    En declaraciones de hace unos días el presidente Vázquez, tal vez muy preocupado por su decisión y sabiendo que la misma era equivocada, manifestó que la situación de Mercosur era bastante complicada. Ese fue el primer paso que dio el Uruguay para intentar justificar su error y ver cómo enmendarlo. Mucho más fácil hubiera sido reunir en consulta a todos los ministros de Relaciones de la región Mercosur y buscar con ellos una solución de conjunto. Pero parece ser que pesaron más las afinidades ideológicas que las razones jurídicas y prácticas que hubieran atacado el fondo de la cuestión. Es decir que el paso dado por Uruguay fue solamente para apoyar a Maduro, olvidando el superior interés general del Mercosur.

    Ahora, también Uruguay reconoce que Venezuela no está colaborando para buscar una solución, y los problemas de este país lejos de resolverse o estar en vías de ello, se han agudizado. Con lo cual confirma una vez más el error cometido. Pero de nada valen a estas alturas buscar culpables, sino que hay que dar una salida, porque a pesar de algunos comentarios, creo que no es bueno para ningún socio que Mercosur esté sin presidencia. ¿Qué decir a la Unión Europea, con la cual desde hace tantos años estamos buscando una solución de fondo a nuestro Tratado de Libre Comercio? ¿Cómo explicar que una región seria pudo haberse equivocado de esta manera? Realmente no se encontraría una respuesta convincente, y lamentable sería perder otra oportunidad con los mercados que quedarían afectados por esta situación.

    Pero lo más grave aún de este tema es la última declaración del canciller uruguayo contra el consenso previsto en el Protocolo de Ouro Preto. En efecto, en este se manifiesta en el art. 37 textualmente: “Las decisiones de los órganos del Mercosur serán tomadas por consenso y con la presencia de todos los Estados Partes”. Queda pues bien en claro que todas las decisiones del Consejo del Mercado Común deben tomarse por consenso. Y esto es explicable, pues son varias las instancias que se recorren antes de llegar al Consejo. Es decir, primero actúan los técnicos, luego el Grupo de Mercado Común, y luego al Consejo de Mercado Común, con lo cual se ha dejado establecido que son estas las instancias a recorrer hasta encontrar el consenso. Y si finalmente el CMC no lo encuentra, está todavía la instancia final de los Jefes de Estado.

    El consenso puede pues considerarse la regla de oro de Mercosur. Es la que defiende a los países más pequeños de decisiones arbitrarias y perjudiciales, y también a los grandes, que, si hubiera votación, verían que mayorías coyunturales pueden llevar a un contradictorio Mercosur, cuando que lo que debe cuidarse es que el mismo sea previsible, condición necesaria para un mercado común cuya finalidad más importante es facilitar el área de libre comercio entre los países, aunque en nuestro caso se trata de una Unión Aduanera con la misma finalidad.

    En más de un cuarto de siglo de vida, y con esta “regla de oro”, se manejó el Mercosur. Se dirá que con marchas y contramarchas es cierto, pero siempre dentro del disenso respetuoso que buscó y finalmente encontró el consenso para resolver los problemas, aun los más conflictivos Dejamos de lado las consideraciones respecto del acatamiento del Protocolo de ingreso de Venezuela que no ha sido cumplido sino en una mínima parte, insuficiente, por cierto, quedando pendientes cuestiones que son fundamentales para el andamiento del bloque. Esa es la razón principal por la que no puede asumir la presidencia.

    Hay varias salidas para terminar con esta situación de indefinición del Protocolo de ingreso de Venezuela, desde la denuncia del mismo, hasta prórrogas que puedan acordarse, pero sin conceder todavía el estatus de socio pleno a quien no ha cumplido.

    Es necesario que en breve se realice una reunión con los ministros de Relaciones de los cuatro países socios originales, y que en conjunto y por consenso resuelvan ya de una vez esta crisis. Porque finalmente las consecuencias de ellas las pagaremos todos, habida cuenta que los intereses nacionales no se guían por amistades ni por afinidades de ninguna clase.

    Insistimos con el consenso porque es necesario y porque así lo impone la normativa. No dejemos nunca que caiga esta “regla de oro”, que fue la base de la estructura jurídica del Mercosur.

    Ahora el Canciller uruguayo se queja del voto de consenso. Y debe tenerse sumo cuidado al tratarse de este tema, pues puede decirse que es la regla de oro del Mercosur.

    Me gusta

    Publicado por Anónimo | 19 agosto, 2016, 08:38

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

admin

Un arquitecto jubilado.Aprendiz de todo, oficial de nada.Un humano más.Acá, allá y acullá.Hurgador de cosas cotidianas y trascendentes.Desde Asunción/Paraguay.(Correo:laovejacien@gmail.com) (Twitter:@jotaefeb) (Instagram:JAVIER_FDZ_BOGADO)

Trabajo, seriedad y respeto.

Mis padres me enseñaron tres cosas fundamentales: que para poder estar orgulloso de ti mismo y ser alguien hace falta trabajar; que es preciso actuar con seriedad; y que debes respetar a los demás para recibir respeto a cambio. Trabajo, seriedad y respeto. “Si haces estas tres cosas, podrás ser alguien en la vida”, me dijeron. (Zinedine Zidane)

archivos

estadísticas

  • 2,588,916 visitas
Follow laoveja100 on WordPress.com

instagram

Sígueme en Twitter

el clima

Click for Asunción, Paraguay Forecast

Peichante-Py en FB

A %d blogueros les gusta esto: