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Efimova, el deporte y sus rarezas.

Allá por 1994, cuando el ejército ruso intentó recuperar el mando de la República de Chechenia e inició una primera guerra, Yulia Efimova tenía tan solo dos años y poco entendía la desesperación de sus padres. La pequeña de pelo rubio y ojos verdes tuvo que huir junto a su familia a la ciudad de Volgodonsk para no ser devastados por un ataque que convirtió a su natal Grozni en un verdadero infierno.

En aquel conflicto que duró un par de años y que luego tuvo una segunda etapa entre el 99 y 2000, desaparecieron entre 200mil y 500mil civiles. Grozni tuvo que reconstruirse. “Los que vuelven no reconocen Grozni. Hasta en las aldeas perdidas en las montañas, donde no sabían lo que era la luz y el gas, ahora hay acceso a la telefonía móvil”, aseguró Alexandr Cherkásov, miembro la organización rusa de derechos humanos Memorial a EFE hace exactamente 4 años.

Mientras Grozni se recuperaba y hasta construía un estadio de fútbol para 30mil personas, Efimova aprendía a nadar en las piscinas del Club de Natación Volgodonsk. Sus pasos acelerados hacia el éxito la llevaron a conquistar campeonatos europeos, participar de Juegos Olímpicos y conquistar Mundiales como aquel 50mts pecho de Roma 2009.

En el 2014, la FINA anunció que suspendía a la rusa tras dar positivo en un control antidopaje. A Efimova, de 21 años de edad en ese momento, se le detectó DHEA (dehidroepiandrosterona) en una visita fuera del periodo de competencia en Los Ángeles, cuando entrenaba bajo la dirección de Dave Salo. Cumplió la sanción y volvió en el 2015. Participó del Mundial de Kazán y se colgó la de oro en los 100mts pecho. Clasificó a los Juegos Olímpicos de Rio y su carrera parecía reestablecida.

Pero en marzo de este año, Yulia fue nuevamente suspendida tras dar positivo por Meldonium. El perdón en una decisión conjunta entre el COI y la FINA, al considerar que Efimova pudo dejar de consumir esa sustancia antes del 1 de enero (fecha en la que ingresó a la lista de prohibidos), y la tibia decisión de Thomas Bach con respecto al equipo ruso tras el informe McLaren, permitieron que la chechena se encuentre en Rio compitiendo. Una de sus rivales, la lituana Ruta Meilutyte, fue la primera en reaccionar en las redes ante la admisión a Efimova. “Acaban de dar una patada al deporte limpio”, tuiteó seriamente enojada la recordista mundial. A ella se sumaron otras voces de nadadores y ex nadadores que repudiaban el perdón a quien dio positivo por segunda vez.

En el apasionante y a la vez extraño mundo del deporte actual, donde el fair play es un artículo de lujo, cuesta creer la severidad con las que algunos deportistas acusan de tramposos a otros y se autoproclaman limpios.

Por su pasado y la injusticia de su presencia en Rio, Yulia se convirtió en la atleta más silbada y odiada por el público. La voz del Estadio Acuático debe elevar el tono al nombrarla porque el abucheo es tan grande que impide una audición correcta.

En la final de los 100mts pecho, Efimova pasó los primeros 50 con aires de oro. Estuvo cerca de la victoria hasta que Lilly King hizo un acto de justicia. “Fue justo haber ganado en nombre del deporte limpio”, fueron las primeras palabras de King a la NBC en la zona mixta. La dedicatoria fue clara. Lo que quedaba por reflejarse era la indiferencia en el podio durante la ceremonia de premiación. Para ese instante, muchos aficionados abandonaron el estadio pues las pruebas deportivas ya habían terminado. Quedaron los pocos. Los pocos del público para silbarle una vez más y los pocos del periodismo para describir ese particular escenario. Meili recibió el bronce, Efimova la plata y King el oro. Se entonó el himno de Estados Unidos y se cumplió con la foto de protocolo. Habitualmente, incluso entre grandes y picantes rivales, en el podio se saludan, se pasan la mano o se dan un beso. Se reconocen. King se dio la vuelta y tan sólo saludó a su compatriota y compañera. Dejó en claro que no era de su interés saludar a la rusa y lo ratificó ante la prensa. Ante algunas críticas que apuntaban la falta de deportividad de King, Phelps salió en su defensa. “Creo que la gente debe manifestarse más. Creo que ella estuvo acertada. Creo que debe hacerse algo”, sentenció el de Baltimore.

Yulia Efimova se lanzó a llorar. Había asegurado que en todo este tiempo no pudo dormir tranquila y que la situación por momentos la sobrepasaba. La hostilidad de sus colegas, el estadio abucheándola y las miles de publicaciones en su contra, han hecho de esta joven de 24 años un ser vulnerable. A Efimova, todavía le quedan competencias. Volverá a verse las caras con King y con el público. Y será otro momento de tensión.

Aquella guerra chechena la hizo emigrar a Volgodonsk. Sin embargo, esta guerra contra el resto del mundo la afronta desde el agua. El deporte tiene sus rarezas. Los norteamericanos condenan a Efimova y con justa razón, pero olvidan que en sus filas tienen e idolatran a Justin Gatlin, otro que en dos ocasiones, dio positivo por doping.

Por Jorge Vera

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