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Los cuatro jinetes del Apocalipsis periodístico

La profesión periodística vive momentos de tribulación y descrédito acrecentados, en los últimos tiempos, por la crisis económica. Algunos, los más miopes o economicistas, lo atribuyen únicamente a la situación de crisis económica que azota a la mayor parte de las empresas periodísticas tradicionales. Sin embargo, bajo mi punto de vista, la situación económica no explica por sí sola la falta de liderazgo, el descrédito y el distanciamiento de gran parte del público de los medios de comunicación. Esta coyuntura se la debemos a cuatro plagas que, poco a poco, avanzan como jinetes bíblicos sobre nuestra profesión. Seguro que podríamos añadir algún mal más pero, para mí, son los más evidentes.

1. El periodista digitalizado y virtual: Equivaldría al caballo blanco que representa al falso Mesías o salvador del periodismo. El uso desproporcionado de la red y sus distintas aplicaciones como herramienta hegemónica -cuando no única- en la profesión, no sólo no ha salvado al periodismo, más bien ha degenerado en periodistas virtuales pegados a las pantallas e hiperconectados que solo obtienen noticias a través de búsquedas en Google y la recepción de comunicados de prensa en su correo electrónico. Éstos se copian y se pegan tal cual, sin contraste ni edición, en muchos casos. Para colmo, la digitalización también obliga a los nuevos periodistas a saber diseño, retoque fotográfico, edición de vídeo y hasta informática, por encima de una basta cultura, una buena sintaxis y el manejo de una agenda propia. El periodista ya no debe ser culto y bien informado, sino versátil y multitasking. Como dice el catedrático Ramón Reig “lo que se persigue es que el periodista saque el córner y vaya a rematarlo y además de cabeza, de forma brillante e implacable”.

2. El infoentretenimiento: El jinete que trae la guerra en su caballo bermejo. La batalla de las audiencias provoca la destrucción de los contenidos informativos de calidad en detrimento del espectáculo y el entretenimiento. El predominio en los espacios informativos de noticias relacionadas con deportes, espectáculos, la moda o el baile de un político, convierten cualquier noticiario o periódico más en una programa de entretenimiento o revista de corazón que en un producto genuinamente periodístico. Esta frivolización creciente se explica por la enloquecida lucha por las audiencias, en el mejor de los casos, o por otro tipo de interés espurios. Es lo que Ramonet denomina la “televisualización” de la prensa de referencia y la conversión de los periodistas en “instantenístas” por su obsesión por cubrir lo fugaz, sin contexto ni análisis. La vieja máxima de los medios informativos al servicio de la información, la formación y el entretenimiento, ha ido quedando relegada por el poder fagocitador del último elemento, en su vertiente, además, más espectacular y sensacionalista. La prueba más evidente es el listado de noticias más vistas en la mayor parte de ediciones digitales, fiel reflejo de los gustos del consumidor medio.

3. Sobreabundancia informativa: el hambre, representada en la Biblia por el caballo negro, viene por la escasez de alimentos básicos como los cereales (información) y la abundancia de aceite y vino que representarían los contenidos hipercalóricos y embriagadores que nos ofrecen los medios. El exceso de información o ‘infoxicación’ (Cornellá, A.) a la que se enfrenta cualquier ciudadano de una sociedad moderna hace que se genere un ruido turbador que, lejos de aclarar los hechos y sucesos informativos, provoca en el consumidor aturdimiento al no tener tiempo para digerir cognitivamente ningún suceso. Unas noticias se solapan y se superponen sobre otras. Los datos no llegan a convertirse en información útil y, por tanto, en conocimiento. El uso y consumo intensivo de redes sociales e información digital está contribuyendo en gran medida a este fenómeno. Gran parte de los medios de comunicación, en vez de servir de filtros cualificados para el ciudadano, se han convertido en generadores ingentes de noticias sin contraste ni contexto.

4. El control de los extraños al periodismo: El caballo amarillo o la muerte que suponen para el viejo editor/periodista la entrada de agentes ajenos a la profesión. La creciente entrada de empresas extrañas al periodismo, especialmente de la banca, bien como accionistas o como grandes acreedores, por un lado; y el control político por parte de los gobiernos de turno, a través de la publicidad institucional o las concesiones administrativas, han postrado a las empresas periodísticas ante ambos poderes. La injerencia de unos y otros ha convertido a los medios en lacayos al servicio del poder de su amo y dependientes de subvenciones o créditos que les permitan subsistir aunque esto conlleve la sumisión y el descrédito, es decir, la muerte definitiva de la independencia informativa.

Por Víctor Núñez Fernández

http://www.elespanol.com/blog_del_suscriptor/20151016/72062810_7.html

 

 

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