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La pequeñez del mundo

El mundo se ha vuelto más pequeño, no por efecto de internet y de las redes sociales, sino a causa de las calamidades provocadas por el ser humano, el infortunio y las adversidades que muy bien podían ser evitadas. Hechos que hasta hace pocas semanas nos parecían que estaban muy lejos, resulta ser que ahora están ocurriendo bajo nuestras propias narices aunque muchos se nieguen a reconocerlo.

Desde hace días, 2.432 cubanos que decidieron huir del paraíso prometido por los Castro, se encuentran sin poder avanzar –retroceder es exponerse a las represalias de los guardianes del edén castrista– en la localidad colombiana de Turbo, cerca de la frontera con Panamá. Debido a ello, le dirigieron una carta al presidente Barack Obama, a Naciones Unidas y a la Organización de Estados Americanos (OEA), pidiéndoles que intervengan para darle una solución humana a su problema. En la carta dirigida a Obama le piden que “intervenga y use sus medios para que podamos llegar de una manera segura a su país”. Al mismo tiempo, un grupo de 23 periodistas, escritores, artistas, empresarios y otras personalidades, le enviaron una carta al presidente de Colombia, Juan Manuel Santos, solicitándole que ayude a encontrar una solución para estos desplazados de su país. El principal argumento de la carta menciona la Declaración Universal de Derechos Humanos que reconoce que “Toda persona tiene derecho a salir de cualquier país, incluso del propio, y a regresar al mismo”. Entre los firmantes de la carta figuran el escritor y periodista Carlos Alberto Montaner, el músico y compositor Paquito D’Rivera, el actor y director de cine Andy García, el poeta Raúl Rivero, el cineasta y director de fotografía Carlos Montaner (h), entre otros.

Mientras tanto, la alcaldía de Turbo decretó “calamidad pública” en la ciudad debido a la presencia de más de 3.000 migrantes cubanos, de los cuales 1.273 permanecen en una bodega y en sus cercanías. Debido a ello, en las cartas que acaban de enviar los refugiados señalan que es necesario encontrar con urgencia una solución al problema, ya que se encuentran “bajo violencia psicológica constante por la amenaza de deportación a la que estamos sometidos por parte de las autoridades colombianas”. Esto se debe a que las autoridades migratorias de Colombia anunciaron la semana pasada que deportarán, en una fecha por definir, a los cubanos en tránsito hacia los Estados Unidos que permanecen en Turbo.

La cosa no va mucho mejor en el Ecuador del bolivariano Rafael Correa. Un niño de 10 años, Adam Méndez, que se encuentra en un grupo de cubanos similar al de Turbo dijo que “Nos mantuvieron presos dos días en un subsuelo; solo salíamos al baño con un policía que nos escoltaba”. Méndez fue detenido y desalojado del campamento de migrantes llegados desde Cuba a Quito, donde se encontraba con sus padres. “Dormíamos tirados sobre las frazadas que pudimos recoger –sigue relatando el niño– y comíamos gracias a cubanos que nos llevaron comida. A mí me daba miedo, los policías me daban malas sensaciones, pensaba que ya no íbamos a salir.

Estas cifras, si no fuera por el drama humano que encierran, podrían resultar ridículas si las comparamos con que la mitad de los 22 millones de sirios han sido desplazados de sus hogares. Según informes de Acnur, el fondo de Naciones Unidas para refugiados, 4,8 millones viven refugiados en países de la región. Turquía tiene 2,7 millones; Líbano ha recibido a un millón de sirios (equivale a la cuarta parte de su población), y en Jordania viven 600.000; Irak tiene a 200.000 y Egipto ha acogido a 100.000. Mientras tanto Europa ha recibido 375.000 solicitudes de asilo. Así pues, en pequeño, a reducida escala, a Sudamérica le ha tocado el turno, en este momento, a vivir el drama de los desplazados a causa de las satrapías que gobiernan en algunos países que prometen la felicidad, la abundancia y la riqueza –incluso la gloria eterna en un cielo lleno de hermosas mujeres, como los fanáticos del ISIS– y terminan hambreando a una población que descubre, desesperada, que sus vidas no valen más que la de una molesta cucaracha.

Dejemos de mirar hacia otro lado, y dispongámonos seriamente a acudir en ayuda de quienes por culpa de la violencia, de la guerra, del hambre, han tenido que abandonarlo todo y salir a buscar, no la libertad, como dijo un refugiado sirio en Suecia, sino simplemente a “buscar la vida” .

Por Jesús Ruiz Nestosa

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