Nueva exhortación del Papa a los jóvenes

El papa Francisco suele ocuparse de dirigir la palabra directamente a los jóvenes, de saber hacerse escuchar por estos, de tener mensajes especiales para sacudirlos de su modorra, para encararlos con la realidad o para advertirles de los peligros de un mundo que está cambiando permanentemente y cuyo gobierno, en poco tiempo, tendrá que ponerse en las manos de la generación que emerge.

En la más reciente oportunidad, durante uno de los encuentros colectivos que mantuvo con jóvenes en Polonia con motivo de la Jornada Mundial de la Juventud, les instó, una vez más, a rebelarse contra los sistemas heredados que no funcionan o funcionan deficientemente, a cuestionar lo que consideren inapropiado, a soñar una sociedad más equitativa, a evitar los “caminos oscuros que les roban lo mejor de ustedes”, en una alusión general pero sintética, que bien podría estar encerrando los peores males de nuestras generaciones recientes, cuales son el pasatismo estéril, el hedonismo, la drogadicción, la violencia, la competencia desenfrenada por el éxito efímero que solo sirve para obtener dinero y luego sepultarse en una existencia vacía, sin sentido.

En su visita pastoral a Río de Janeiro, en el año 2013, el papa Francisco ya dirigió un consejo especial a la juventud. Hablando en la Catedral de San Sebastián, se dirigió a los jóvenes presentes diciéndoles: “Quisiera decir una cosa. ¿Qué es lo que espero como consecuencia de la Jornada de la Juventud? Espero lío. Que acá dentro va a haber lío va a haber, que acá en Río va a haber lío va a haber, pero quiero lío en las diócesis, quiero que se salga afuera, quiero que la Iglesia salga a la calle, quiero que nos defendamos de todo lo que sea mundanidad, de lo que sea instalación, de lo que sea comodidad, de lo que sea clericalismo, de lo que sea estar encerrados en nosotros mismos, las parroquias, los colegios, las instituciones son para salir, si no salen se convierten en una ONG ¡y la Iglesia no puede ser una ONG! Que me perdonen los obispos y los curas, si alguno después les arma lío a ustedes, pero es el consejo. Gracias por lo que puedan hacer” (las negritas son nuestras).

Estaba, sin quererlo ni imaginarlo seguramente, anunciando una transformación política que no demoró mucho en darse a conocer en el Brasil, por la explosión de un gran affaire de corrupción política.

Cuando el Papa emplea el modismo hispano “armar lío”, es decir, no tolerar en silencio lo que está mal, inquietarse, denunciar, protestar pacífica aunque enérgicamente si los asuntos de interés general están sufriendo olvidos, trampas o actos gubernamentales negligentes, es que está enviando un mensaje de intransigencia con lo malo, lo torcido, lo vicioso¸ pero, en ningún caso debe entenderse como un llamado a las acciones violentas porque esto implicaría una distorsión grosera e injustificada de su significado real.

En ocasión de visitar nuestro país, el año pasado, reiteró aquello de “armen líos”, a fin de que sean estas actitudes juveniles las voces de alerta para poner al descubierto las enfermedades y los pecados del ámbito social público, en sus comunidades, ante la vista de los desvíos y deserciones morales de las personas que toman las principales decisiones, esas que afectan perjudicialmente a las mayorías sociales.

La fuerza que suele tener la protesta juvenil –de la que nos percatamos recientemente en nuestro país con las pacíficas rebeliones estudiantiles y universitarias– es que proviene del que seguramente es el único sector social que puede señalar con el dedo sin correr el riesgo de también ser señalado por las mismas faltas que pone en evidencia. La juventud todavía no gobierna, no tiene pleno acceso a la tentación de la corrupción política ni padece la decepción, el pesimismo o el desinterés que ya han ganado muchos ánimos en las generaciones adultas.

Nuestro país, de mayoría de jóvenes, necesita de esa fuerza juvenil para revertir las amplias y extendidas condiciones de descomposición moral que se resisten a desaparecer del ámbito público y de la sociedad civil misma, en muchos casos. El año pasado se observaron en las calles e incluso en restaurantes y otros ámbitos de concurrencia pública, en varias localidades del país, espontáneas y saludables expresiones de protesta contra corruptos, contra el mal manejo de la educación en los institutos estatales, contra el planillerismo y el abuso de cargos, nombramientos y gratificaciones privilegiados e indebidos.

Estas protestas fueron exitosas, lograron cambiar muchas cosas malas en esos ámbitos y deberían continuar. También dieron una lección de que, cuando se proponen, los jóvenes paraguayos pueden organizarse para una causa justa común, sin distinción de banderías y partidismos. Fueron momentos que insuflaron de ánimo al resto de la sociedad, pero no duraron lo suficiente como para que el ejemplo cundiese y se pudiesen atacar otros focos corruptos del poder.

Las palabras de Francisco en el estadio León Coundou, en ocasión de su visita a nuestro país, nos eximen de comentarios, siendo tan elocuentes. Recordémoslas: “Y eso es lo que necesitamos de los jóvenes hoy: jóvenes con esperanza y jóvenes con fortaleza. No queremos jóvenes debiluchos, jóvenes que están ‘ahí nomás’, ni sí ni no, no queremos jóvenes que se cansen rápido y que vivan cansados, con cara de aburridos. Queremos jóvenes fuertes, queremos jóvenes con esperanza y con fortaleza”. He aquí una breve y resumida mención de lo que la sociedad espera de la juventud.

Este año, como fue el año pasado y como serán los próximos, centenares de miles de jóvenes cumplirán la edad en la que se les otorga oficialmente el carácter de ciudadanos, con plenos derechos políticos. Serán incorporados al registro cívico electoral y tendrán derecho a convertir su opinión personal en voto político, una herramienta de cambio que, si se la emplea consciente, concertada y patrióticamente, se convierte en una cuña gigantesca capaz de abrir o romper cualquier estructura por bien asentada que estuviese entre las costumbres; en este caso, entre las malas costumbres ancestrales vigentes.

No votar a los políticos veteranos fracasados o moralmente averiados debe ser una de las formas más eficaces de manifestar la “rebeldía juvenil”, en el sentido en que emplea este término el Papa.

Anuncios

Un pensamiento en “Nueva exhortación del Papa a los jóvenes”

  1. Acertada iniciativa del Papa de ordenar casados

    El papa Francisco, en una entrevista con un periódico alemán, afirmó que está abierto a que los hombres casados se conviertan en sacerdotes para combatir la escasez de clero de la Iglesia Católica Romana. El Pontífice dijo que los “viri probati” podrían ser una posibilidad. “Viri probati” es una expresión latina del Concilio Vaticano II, y se refiere a los hombres casados de vida cristiana madura y contrastada, a los que, de modo extraordinario, se podía conceder la ordenación sacerdotal.

    En las escrituras se lee que en la primitiva Iglesia, varios apóstoles escogidos por Jesús fueron casados. “Cristo sanó a la suegra de Pedro”, se afirma en Mt 8,14-15. San Pablo, por ejemplo, en su carta a Timoteo 3,1-13, establece tres criterios para acreditar la idoneidad de nuevos líderes religiosos, particularmente obispos y diáconos: “ser un buen marido, ser buen padre y ser un hombre respetable”. En otra carta, el propio San Pablo agrega que “quienes sean designados obispos deberán ser hombres probos y haberse casado una sola vez” (Tito 1,5-9). En estos pasajes bíblicos hay suficientes argumentos a favor de que los casados puedan ejercer el sacerdocio, pero se puede entender que quienes hoy son sacerdotes no pueden casarse mañana.

    En estos últimos diez años, la Iglesia Católica está atravesando su peor crisis vocacional, que el papa Benedicto XVI atribuye al “relativismo” que ha impuesto en el mundo nuevas formas de vida, y, en consecuencia, ha disminuido el interés de los jóvenes por la vida consagrada. Los escándalos de pedofilia cometidos por algunos religiosos y su encubrimiento por otros altos cargos del Vaticano, como el caso del cardenal Bernard Law, de Boston, han contribuido al desprestigio de la jerarquía. Esta situación llevó a Francisco a establecer “tolerancia cero” para aquellos abusadores. El caso del excura de Limpio Silvestre Olmedo, acusado de supuesto manoseo a una joven de la Pastoral Juvenil, y la minimización del acto por parte del arzobispo de Asunción, quien, apabullado por las críticas, tuvo que pedir perdón, sirvieron igualmente para que muchos católicos y no católicos se plantearan el levantamiento del celibato para no seguir escandalizando a la grey.

    Ahora que se ha abierto este debate sobre el celibato es importante acompañar la idea del Papa para que en un futuro cercano accedan al orden sagrado los “viri probati” o casados de probada fidelidad. Aquí en Paraguay tampoco es resistida la propuesta del Pontífice. Referentes de movimientos laicos también se manifestaron a favor de la ordenación de los casados. Otros, con estudios teológicos, igualmente aprueban la idea, como el exsacerdote Juan María Carrón, quien calificó de “estupenda” la idea y hasta aseguró que los casados “pueden ser mejores sacerdotes que los célibes”. En los mismos términos se manifestó el obispo emérito de San Juan Bautista, Mons. Mario Melanio Medina, quien es partidario de ordenar a los “casados de buena vida” e incluso aventuró que algún día se debería recuperar a los curas retirados.

    El celibato sacerdotal es, sin duda, uno de los pilares de la Iglesia Católica, pero la escasez de sacerdotes está haciendo que el Vaticano lo replantee. El mismo papa Francisco confirma que “no es un dogma de fe”.

    Es una norma obligatoria establecida por el Concilio de Letrán en el siglo XII; en el siglo XX, el Concilio Vaticano II aclaró que no es un requisito que provenga de la misma naturaleza del sacerdocio. El Vaticano cree que sus religiosos no deben casarse, de acuerdo a ciertos pasajes de la Biblia porque el sacerdote actúa “in persona Christi” (en la persona de Cristo) y, por lo tanto, debe ser célibe, como el hijo de Dios. En este sentido es considerada una gracia consagrarse célibe, pero, como la carne es débil y la función sexual forma parte del ser humano, y muchas veces traiciona, se llega a los escándalos. El ejemplo está a la vista: la mayoría de quienes han colgado la sotana lo han hecho porque no pudieron sobrellevar la abstinencia sexual.

    Se calcula que en las décadas de 1970 a 1990 alrededor de cien mil sacerdotes pidieron la dispensa en todo el mundo. Actualmente, la Iglesia Católica tiene un poco más de 410.000 sacerdotes para una población mundial en incontenible aumento.

    Las confesiones católicas orientales que están en comunión con la Iglesia Católica Romana tienen sacerdotes casados. Incluso algunos pastores evangélicos y anglicanos casados fueron admitidos por Roma en clara muestra de apertura, y de que el celibato no es un requisito absoluto para ser cura.

    En caso de ir avanzando hacia esta aceptación, como entidad de bienes y derechos, seguro la institución deberá debatir cómo incorporarlos, cómo mantener a su familia o los bienes que puedan adquirir. Los consejos parroquiales que actualmente dan un sueldo a los párrocos deberán ser potenciados, y, en los casos de escándalos, que es la preocupación de la alta jerarquía, se deberá proceder de la misma forma en que se sanciona actualmente a los infractores, o sea, con el retiro de ministerio, que es la prohibición de presidir los sacramentos.

    Acostumbrado a romper los esquemas, el pasado 11 de noviembre, con motivo del Año de la Misericordia, el Pontífice argentino visitó en Roma a varios exsacerdotes que prefirieron formar una familia. En Paraguay, autorizó la ordenación de un viudo. Se trata del presbítero Manuel Fariña, que trabajó por muchos años con el entonces cardenal Jorge Bergoglio en Buenos Aires.

    Todas estas actuaciones, los ejemplos bíblicos, la escasez vocacional y la incorporación ya de algunos casados al sacerdocio, son pasos fundamentales que se dan para que algún día la Iglesia Católica imparta el orden sagrado del presbiterado a quienes contrajeron matrimonio.

    Los diáconos permanentes que son casados deberían ser los primeros, hasta llegar un día en que se tenga una congregación u orden para los que estudien ser sacerdotes con la posibilidad de casarse, sin que esto implique la abolición del celibato para aquellos que lo consideran fundamental para una consagración total.

    Me gusta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s