Cita olímpica en Sudamérica

Después de 120 años, finalmente, los Juegos Olímpicos llegan a América del Sur y su primera parada será en Río de Janeiro, la Ciudad Maravillosa. La ceremonia de apertura tendrá lugar el próximo viernes 5, aunque ya se inicia este miércoles con los partidos del torneo femenino de fútbol (el masculino arranca el jueves).

Los brasileños experimentan problemas únicos. El más grande se refiere a la cuestión de la seguridad. Los ataques terroristas que se produjeron en todo el mundo en los últimos días provocaron una especie de fiebre en Brasil para evitar que algo similar suceda aquí. Hace unos días fueron detenidos miembros de un grupo de partidarios del Estado Islámico, en la primera acción de este tipo en el país. Miles de soldados de las fuerzas armadas están en las calles, también para asegurar el tema de la seguridad pública, desde hace tiempo, un problema brasileño.

Las llamadas sedes olímpicas están listas. Comenzaron a llegar las delegaciones y se presentaron situaciones inesperadas, tales como problemas de luz y agua en la Villa Olímpica. Al parecer, se han resuelto todos. Ahora, con los atletas que llegan, la gran expectativa se convierte en torno a la lucha por las medallas. Varias estrellas, con las más variadas razones, han anunciado que no van a venir. Pero Usain Bolt, el mayor velocista en el mundo, ha llegado y entrena aquí, lo que demuestra su deseo de ganar algunas medallas de oro.

En Brasil, que se había fijado la meta de terminar los Juegos de 2016 entre los diez primeros en la obtención de medallas, hay clima de esperanza –y tristeza–. El sábado el portero Fernando Prass, del Palmeiras, fue cortado del equipo de fútbol. Su reemplazo será anunciada solo después de que la FIFA y el Comité Olímpico decidan quién puede ser llamado (CBF quiere incluir a un jugador que no formaba parte de la lista de 35 prerregistrados). La medalla de oro olímpica es el único logro importante que el fútbol brasileño no pudo alcanzar hasta hoy.

Por Vicente Dattoli

 

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5 pensamientos en “Cita olímpica en Sudamérica”

  1. Río de Janeiro: ¿un desastre olímpico?

    Por Andrés Oppenheimer

    A juzgar por las malas noticias económicas y políticas que han empañado las Olimpiadas de Río de Janeiro, lo mejor que podría pasarles a muchos países que se postulen como sedes de futuras Olimpiadas sería no ser escogidos, y ahorrarse un montón de dinero.

    No es extraño que el 63 por ciento de los brasileños opinen que las Olimpiadas, las primeras en realizarse en Sudamérica, dejarán más saldos negativos que positivos para Brasil, según una encuesta de Datafolha. Casi todo lo que podría salir mal ha salido mal.

    Las Olimpiadas comienzan en medio de la peor crisis económica y política de Brasil en los últimos tiempos. Se espera que la economía caiga en casi un 4 por ciento este año, y un megaescándalo de corrupción política ha resultado en la suspensión de la presidenta Dilma Rousseff y en cargos contra su predecesor Luiz Inácio Lula da Silva, y varios legisladores y líderes corporativos.

    Como si fuera poco, la policía anunció recientemente el arresto de un grupo de partidarios del Estado Islámico que planeaban un ataque terrorista, hay alarma sobre los mosquitos portadores del virus Zika, la bahía de Río de Janeiro está tan contaminada que muchos han pedido suspender las competencias acuáticas, y muchas instalaciones construidas para las Olimpiadas no estaban listas para la inauguración de los juegos.

    Aunque muchos de estos problemas podrán ser eclipsados en los próximos días por las competencias deportivas y las imágenes de los cariocas bailando samba en las calles, el balance económico de estas Olimpiadas podría costarles mucho a los brasileños por muchos años. Así me lo aseguró el economista deportivo Andrew Zimbalist, autor de Circo Máximo: la apuesta económica por la sede de las Olimpiadas y la Copa Mundial, un libro que refuta la creencia generalizada entre gobiernos y compañías interesadas del sector privado de que estos supereventos deportivos son positivos para sus países sedes.

    “El resultado neto de los juegos de Río es que habrá costado una inversión de US$ 20.000 millones, recibirán unos US$ 4.500 millones en ingresos, y acabarán con un déficit de US$ 15.000 millones”, me dijo Zimbalist en una entrevista telefónica.

    Zimbalist agregó que “Río está extremadamente mal preparada”. La ciudad no contaba con los medios de transporte ni las instalaciones de hospedaje y servicios para servir de sede de unas Olimpiadas, y la mayoría de las promesas oficiales de que las obras que se construirían beneficiarían a la población local nunca se cumplieron, añadió.

    Pero tal vez lo más interesante es que tal vez Río no sea una excepción. Lo mismo ocurrió con las Olimpiadas de Invierno de 2014 en Sochi, Rusia, y con varias otras, según Zimbalist.

    Los países gastan sumas monumentales de dinero en estos eventos, y es frecuente que no recuperen mucho, dijo. Rusia gastó US$ 50.000 millones en los juegos de Sochi, y China gastó US$ 40.000 millones en las Olimpiadas de Verano del 2008 en Pekín. Según Zimbalist, se calcula que Rusia solo recuperó US$ 2.500 millones de los US$ 50.000 millones que gastó.

    Ha habido algunas excepciones, como las Olimpiadas de Verano de Los Ángeles en 1984, que fueron un éxito porque la ciudad ya contaba con dormitorios universitarios y otras instalaciones para servir de sede. Pero, en la mayoría de los casos, ser sede de estas competencias es muy mal negocio, afirmó.

    Mi opinión: las Olimpiadas de Río de Janeiro fueron el producto de las ansias de grandeza del expresidente brasileño Lula.

    En 2009, en el cenit del boom económico de Brasil impulsado por los precios de las materias primas, Lula movió cielo y tierra para que Brasil fuera la sede olímpica como parte de su campaña para convertirse en un líder mundial. Fue algo parecido a lo que hizo el presidente ruso Vladímir Putin con los juegos de Sochi.

    La próxima vez que un país pida ser sede de las Olimpiadas o de la Copa Mundial de fútbol, debería contratar a una empresa independiente de buena reputación para que evalúe las ventajas económicas de celebrar un evento de ese tipo, y hacer que su Congreso lo apruebe. De lo contrario, muchos de estos supereventos deportivos harán más para satisfacer la vanidad de los presidentes que las necesidades de sus pueblos.

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  2. El “dueño de la fiesta”

    Por Vicente Dattoli

    Djokovic, Phelps, Serena Williams, Usain Bolt, Neymar… ¿Cuál de estas grandes estrellas del deporte mundial serán reconocidos en unos días como el gran nombre de los Juegos Olímpicos Río 2016? Por la oportunidad de ganar numerosas medallas, el estadounidense Michael Phelps, nadador, puede ser el punto culminante, pero cómo se puede negar el papel del rayo de Jamaica en caso de nuevos logros en las pistas del Estadio Olímpico João Havelange? ¿O el serbio Novak Djokovic, el líder de la clasificación mundial de tenis profesional, que dejó todo para venir a la Ciudad Maravillosa en busca de oro (ya ganó una medalla de bronce olímpica)? ¿O Neymar, que vio frustrado el sueño de ser campeón del mundo en la Copa de la FIFA celebrada también en Brasil hace dos años?

    Además de muchos candidatos para “dueño de la fiesta“, los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro también traen una sensación diferente para los distintos deportes. Una sensación de despedida para Bolt, quien ya ha dicho que sería sus últimos Juegos Olímpicos. No estará presente en Tokio 2020. Por poco, incluso, no estuvo fuera también en Río de Janeiro, al sentir una lesión pocos días antes de la apertura. Phelps también sabe que es la última vez, o mejor dicho, la última en una Villa Olímpica, como atleta. Como premio, será el portador de la bandera de la delegación estadounidense en la ceremonia de apertura, mañana, en el Maracaná. Quien también tendrá el honor de dirigir la bandera de su país será Rafael Nadal. El español, que no hace una buena temporada, es otra de las estrellas del deporte internacional que se despide de los Juegos Olímpicos en Río de Janeiro, una ciudad que conoce bien –ha participado en torneos e incluso de las paradas del carnaval de Río–.

    Para los dueños de la casa, por supuesto, la expectativa es ver a Neymar como el nombre más prominente en los Juegos. Sería la realización de un sueño: ganar el oro olímpico. Pero en el mismo deporte del ás del Barcelona? hay otros dos nombres, brasileños, que pueden ganar el honor y son mujeres. Marta, cinco veces (sí, cinco veces) elegida como la mejor jugadora de fútbol del mundo, puede facturar un oro. Su pareja de selección, Cristiane, también. Para aquellos que desconocen, Cristiane es la jugadora que ha marcado más goles hasta hoy en los Juegos Olímpicos (con el gol anotado contra China en el partido inaugural de Brasil, ha llegado a 13). Cualquiera de las dos puede convertirse en la estrella de los Juegos de Río 2016. Al menos para los brasileños, por supuesto.

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  3. La antorcha está en Río

    Por Vicente Dattoli

    La antorcha olímpica, por fin, llegó a Río de Janeiro. Después de cruzar el país, y, por qué no decirlo, el continente, de Norte a Sur, el símbolo deportivo de la unidad entre las personas aterrizó, el miércoles, por el mar, en la Ciudad Maravillosa, procedente de Niterói. Después de ser recibida por el alcalde de Río, la antorcha recorrió varias calles del centro de la ciudad antes de dirigirse a la Baixada Fluminense, en el área metropolitana de Río de Janeiro. La antorcha olímpica recorrió más de 300 ciudades en todo Brasil, “caminando” por avión, barco, “montada” en caballos y subida a globos…

    Algunos problemas, por desgracia, sucedierón, como intentos de apagarla de manifestantes, impaciencia de los conductores, nada, sin embargo, para evitar la gran fiesta popular que produjo el relevo de la antorcha en cada ciudad brasileña.

    Vestido con la camiseta de Boca Juniors, con el nombre de Riquelme en la espalda, Fernando Gómez, de Argentina, estaba feliz: no solo vio el paso de la antorcha sino pudo tocarla en la esquina de Almirante Barroso con Río Branco, una de los más activas de Río de Janeiro. “Vine a Río para acompañar el equipo de hockey de nuestras mujeres (Las Leonas) y tuve la suerte de encontrar la antorcha en el camino,” celebró. Cuando se le preguntó lo que pensaba de la organización fue sincero: “Muchos hablan de problemas, pero hasta ahora todo va bien, al menos para nosotros, los turistas. Los brasileños son muy afectuosos e incluso cuando descubren que soy argentino, me hacen bromas”, dijo, recordando la rivalidad entre los dos países. El equipo de hockey de las mujeres de Argentina es una de las mayores esperanzas de medalla para el país, está en el Grupo B de los Juegos Olímpicos y el debut será el 6 de agosto contra los Estados Unidos.

    Aunque la ceremonia de apertura está prevista para el viernes, la competencia de fútbol femenino comenzó ayer en el Estadio Olímpico João Havelange, el Engenhão (debe su nombre a la zona donde se encuentra ubicado, el Engenho de Dentro, en la Zona Norte Río de Janeiro); Arena Corinthians en São Paulo; y el Mineirão, en Belo Horizonte. El gran favorito para la medalla de oro es EE.UU., cuya portera Hope Solo estuvo involucrada en una polémica al publicar fotos con herramientas para protegerse de los mosquitos, diciendo que tenía miedo de contraer dengue o zika. Ya se disculpó por la broma de mal gusto.

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  4. No solo deportes

    Por Vicente Dattoli

    No solo los deportes serán atracciones de los Juegos Olímpicos de Río 2016 para los visitantes que llegan a la ciudad, pero no pueden o no desean asistir a gimnasios y estadios. La ciudad de Río de Janeiro trató de crear una extensa actividad cultural para que los turistas pueden disfrutar de la Ciudad Maravillosa y aprender más de la cultura brasileña. Y lo que es mejor: todo gratis (e incluso con la posibilidad de ver algunas competiciones –en la televisión, es cierto, pero ver–).

    Para los Juegos Río de Janeiro fue dividida en cuatro regiones: Copacabana (donde tendremos, por ejemplo, vóleibol de playa), Maracaná (el fútbol y el maratón, el Sambódromo), Barra da Tijuca (donde está el Parque Olímpico) y Deodoro (Zona Oeste de la ciudad, con eventos ecuestres y de tiro deportivo, por citar sólo dos deportes). Las actividades culturales se distribuirán en otras tres zonas de la ciudad: Parque de Madureira (en el norte), el centro revitalizado (zona portuaria) y Campo Grande (en el Centro de Deportes Miécimo da Silva).

    La principal difusión cultural del espacio estará en el centro de la ciudad, el llamado Puerto Maravilla. Allí, la ciudad de Río espera que a partir del 5 de agosto una audiencia de 80.000 personas por día. Habrá tres kilómetros de calles y avenidas en las que se instalarán pantallas para mostrar las competiciones y presentaciones de cantantes de éxito, así como de las escuelas de samba. Todo esto desde las 9:00 pm hasta la medianoche. Esta área tendrá también el segundo pebetero olímpico, frente a la iglesia de La Candelaria. A lo largo de este espacio, varios países tendrán instalados sus centros de difusión, como Colombia, México, Portugal e incluso la NBA y varias empresas patrocinadoras.

    A pesar de todos los problemas de seguridad, e incluso teniendo en cuenta la gran concentración de público, el espacio estará completamente abierto y sin bloqueos para sus frecuentadores. Y esto, por supuesto, es motivo de preocupación. “Por supuesto, hay una gran cantidad de problemas potenciales“, dice el secretario de Seguridad de Río de Janeiro, José Mariano Beltrame. Más de 500 agentes de la Policía Civil, Militar y Federal, vigilantes privados y la Guardia Municipal estarán en el evento, que también incluirá 1.400 cámaras para controlar el movimiento de los visitantes.

    Para hacer frente a todo el público asistente, en el Puerto Maravilha se instalaron 16 bares, 50 camiones de comida y el refuerzo de 300 vendedores ambulantes, además de la actividad habitual de la zona. En la Copa del Mundo FIFA, en 2014, hubo un Fan Fest en la playa de Copacabana, pero estaba cercado y los visitantes eran revisados antes de entrar. En los espacios de Campo Grande y Madureira la operación se llevará a cabo, respectivamente, de 10:00 a 22:00 y de 9:00 a 22:00, pero sin un programa tan intenso como el del centro de la ciudad.

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  5. Los juegos de la hermandad
    02 Ago 2016

    Por ISMAEL CALA

    Cada cuatro años se celebran unos juegos que rompen fronteras y pensamientos limitantes. Cuenta la leyenda del poeta Píndaro que Heracles (conocido en la mitología romana como Hércules) construyó un estadio en honor de su padre, Zeus, tras completar con éxito sus doce trabajos.

    Aunque se desconoce exactamente el comienzo de los Juegos Olímpicos, normalmente se datan en el 776 a.C. Tan solo las ciudades griegas competían en las diferentes categorías por la corona de laurel y por el orgullo de convertirse en el campeón olímpico; los ganadores eran inmortalizados para la historia en estatuas y escritos.

    Era tal su importancia que, curiosamente, durante los juegos se paralizaban las batallas que pudieran estar produciéndose en aquellos momentos. Decía el escritor español Ramiro de Maeztu: “El deporte es lucha, sí, pero lucha noble y franca, que no deja tras sí, como las guerras, un reguero de lágrimas y sangre”.

    Durante los pasados Juegos Olímpicos del 2012, el papa Benedicto XVI pidió que fuera “una experiencia de hermandad entre los pueblos”. En esta ocasión recuperamos la oportunidad de aprender de otras culturas y comprender el gran privilegio de convivir con personas diferentes.

    Los eventos deportivos se convierten en imagen de tolerancia y paz, porque, en el fondo, sabemos que nos necesitamos los unos a los otros. Es una competición –incluso entre países enemigos–, con el objetivo de llegar al éxito mediante una conducta ética y fraternal.

    El barón Pierre de Coubertain, padre de los Juegos Olímpicos modernos, decía: “En el mundo moderno, lleno de poderosas posibilidades que al mismo tiempo amenazan con peligrosas decadencias, el Olimpismo puede constituir una escuela de nobleza y pureza morales, tanto como de resistencia y energía físicas, a condición de que eleven siempre la idea del honor y del desinterés hasta la altura del vigor muscular”.

    Conectar con otros es un gran ejercicio de empatía; así como dedicar tiempo y escuchar al que normalmente no prestarías atención. Un paso más de respeto en el intercambio de culturas, que nos ayudará a obtener el éxito mediante la apertura de mente.

    Conocer otras culturas nos aporta flexibilidad mental. Aprendemos a adaptarnos a los cambios y a ser más consciente del entorno. La tolerancia es una gran herramienta para vivir en bienestar, pues favorece el crecimiento de un mundo lleno de abundancia. Como decía el patinador canadiense Elvis Stojko, “las Olimpiadas son para la paz y la libertad”, pues “traen armonía y unión a todos”.

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