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La convención de Hillary Clinton

El día previo a la convención demócrata, Hillary Clinton viajó a la Florida para revelar quién era su candidato a vicepresidente: Tim Kaine, senador por Virginia y exgobernador del estado. Un demócrata moderado, amistoso, con fama de ser una persona decente, que aprendió español como misionero en Honduras de la mano de los jesuitas. Les enseñaba a los jóvenes a trabajar como carpinteros o soldadores, mientras debatía internamente si se convertía en sacerdote o en político. Optó por el servicio público y desde entonces no ha perdido una elección en Estados Unidos.
La convención tenía cuatro objetivos principales:

– Lanzar la candidatura de Hillary Clinton, portadora de un mensaje optimista y positivo sobre Estados Unidos (en contraste con el país sombrío y decadente dibujado por Trump), al frente de un Partido Demócrata unido, y presentar, de paso, su perfil humano.

– Aplacar a una parte sustancial de los votantes de Bernie Sanders, casi todos jóvenes radicales partidarios del socialismo vegetariano, desconfiados de los lazos de Hillary con Wall Street y con el establishment, a quien ni siquiera le perdonan que hace medio siglo se asomara a la política como una “Goldwater girl” dentro de los “Young Republican”, aunque en elecciones posteriores apoyara a Eugene McCarthy y a George McGovern, los Bernie Sanders de aquella época tumultuosa de hippies y melenas desaliñadas.

– Demoler la imagen de Donald Trumb, persuadiendo a los electores de que se trata, en realidad, de un estafador (Bloomberg le llamó “con man”), megalómano, ignorante, inexperto, e hipócrita, a quien sería una locura entregarle los códigos nucleares porque podría incendiar el planeta.

– Convencer a los votantes de que Hillary es una persona confiable, y reducir ese altísimo porcentaje de norteamericanos (55%) que tiene, a priori, una opinión negativa de ella. Para esos fines le fueron muy útiles los magníficos discursos de Michelle y Barack Obama. La enfática declaración del Presidente, asegurando que nadie ha intentado llegar a la Casa Blanca con tantos méritos ni experiencia, incluidos Bill Clinton y él mismo, no ha caído en saco roto.

En cierta medida, Hillary logró esos cuatro objetivos, pero no de una manera definitiva. A estas alturas de los comicios, más del 80% de los electores ya han decidido por quién van a sufragar y, salvo una revelación estremecedora, la batalla se limita a conquistar a un puñado de indecisos e independientes que inclinarán la balanza en una u otra dirección.

Antes de la Convención, Hillary estaba tres puntos por debajo de Trump en la encuesta de CNN, pero luego se colocó un punto por encima en el Rasmussen Report. Todo, dentro del margen de error de este tipo de indagación. Es decir, nadie puede asegurar el resultado.

Curiosamente, el triunfo de Hillary puede venir del bando republicano inconforme con la candidatura de Trump, más o menos como los “demócratas pro-Reagan”, núcleo fundamental de los neocons, contribuyeron decisivamente a la victoria republicana de 1980 frente a Jimmy Carter.

Primero se desafilió del Partido el periodista George Will, luego lo hizo el historiador conservador y gurú republicano Daniel Pipes, quien renunciara tras 44 años de militancia porque se siente en las antípodas de Trump. Lo dijo en un artículo publicado en el Philadelphia Inquirer el 21 de julio: a los republicanos les conviene la derrota de Trump en noviembre, eliminar su influencia dentro de la organización, y reconstruirla desde dentro.

Estos republicanos no olvidan que Ronald Reagan, en lugar de fabricar un muro, llevó a cabo una amnistía migratoria que regularizó la presencia en el país de millones de inmigrantes indocumentados, casi todos procedentes de México. O que fue George Bush (padre), convencido de la importancia del comercio libre, quien primero se comprometió con el Tratado de Libre Comercio que vinculaba al país a Canadá y México. O que George Bush (hijo) fortaleció los lazos con la OTAN y lanzó el concepto de “conservadores compasivos”, porque el mercado no está reñido con la solidaridad con los más necesitados.

Algo de esto intuyó Barack Obama en su notable discurso ante la Convención. Les dijo a los republicanos que el Partido de Lincoln en esta época era el demócrata. Era el que estaba abierto a los afroamericanos, a las mujeres, a las minorías, y los invitó a votar por Hillary.

No creo que muchos lo hagan, pero ya Pipes anunció que tal vez escogería al libertario Gary Johnson, exrepublicano y exgobernador de New Mexico, que se cansó de un partido que coqueteaba con el aislacionismo, el proteccionismo y el racismo, tres anatemas para cualquier persona convencida de los valores de la libertad.

Por Carlos Alberto Montaner (*)

Acerca de jotaefeb

Un arquitecto jubilado. Aprendiz de todo, oficial de nada. Un humano más. Acá, allá y acullá. Hurgador de cosas cotidianas y trascendentes.

Comentarios

2 comentarios en “La convención de Hillary Clinton

  1. Futuro incierto

    La campaña electoral de los Estados Unidos constituye un factor determinante para muchos países del mundo.

    Lamentablemente los discursos del señor Donald Trump sus propuestas electorales y manifestaciones publicas, nos presagian un futuro incierto para América Latina y gran parte del mundo.

    Nos recuerdan los tiempos de odio y rencor de Hitler y Stalin.

    Hitler, paranoico y asesino, quien en cada discurso y en defensa de su raza superior imponía la matanza de judíos, negros, gitanos y otras etnias.

    Stalin, de igual modo mataba y se imponía por la fuerza como el único líder. Matando a miles de sus propios correligionarios.

    Pareciera que el señor Trump desea borrar para siempre la trascendental labor de muchos estadistas de los Estados Unidos hacia América Latina y el mundo.

    Lo sorprendente es, que diría a ese respecto el ilustre fundador del Partido Republicano, Abraham Lincoln, quien instituyo la república y abolió la esclavitud.

    Todo esto el Señor Trump lo ha dejado en el olvido.

    Los latinoamericanos no podemos olvidar el aporte a la paz y al desarrollo de nuestra región que han aportado los presidentes Jimmy Carter, J. F. Kennedy, Bill Clinton y especialmente el actual Presidente Barack Obama.

    El señor Trump nos recuerda los tiempos de dictaduras y violaciones de derechos humanos que hemos padecido en América Latina.

    Con dictadores asesinos como lo fueron Pinochet, Alfredo Stroessner, los Somoza, Gregorio Alvarez y tantos otros.

    De todo corazón deseamos por el bien de todos deseamos que Dios Salve a América y a nosotros también.

    Carlos Rafael Caballero

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    Publicado por Anónimo | 2 agosto, 2016, 07:55
  2. Trump, Clinton y América Latina

    Por Andrés Oppenheimer

    A juzgar por lo que dijeron Donald Trump y Hillary Clinton sobre política exterior en sus respectivos discursos de aceptación de sus candidaturas, llevarían a cabo políticas muy diferentes hacia América Latina.

    Primero, en materia de derechos humanos y democracia, Trump se apartaría radicalmente de la política bipartidista estadounidense de las últimas cuatro décadas de colocar el respeto a los derechos humanos y la democracia entre las condiciones clave para las buenas relaciones de Washington con los países de la región. Trump no insistiría en el respeto a los derechos humanos.

    “El americanismo, no el globalismo, será nuestro credo”, dijo Trump en su discurso de aceptación de su candidatura en la Convención Nacional Republicana el 21 de julio.

    Trump, quien se ha expresado varias veces en términos positivos sobre el caudillo ruso Vladimir Putin, dijo que no exigiría que Turquía y otros aliados autoritarios de Estados Unidos respeten los derechos humanos.

    “No creo que tengamos el derecho de sermonear” a otros países, le declaró a The New York Times el 20 de junio. Al preguntársele específicamente si eso significaba que considera más importante que un país sea un aliado a que sea una democracia y respete las libertades básicas, Trump respondió: “Necesitamos aliados”.

    Clinton, por otra parte, dijo que mantendría la tradición bipartidista que han apoyado –con diferentes grados de entusiasmo– presidentes demócratas y republicanos desde mediados de los años 1970, de exigir a los aliados y rivales de Estados Unidos que respeten las libertades fundamentales.

    El aislacionismo de Trump haría regresar la política exterior norteamericana a los días de la Guerra Fría, cuando Washington apoyaba a regímenes represivos de derecha, como el de Anastasio Somoza en Nicaragua, bajo la premisa de que eran aliados. El presidente Franklin D. Roosevelt habría dicho en 1939 que “puede que Somoza sea un hijo de p…, pero es nuestro hijo de p…”.

    Pero el apoyo norteamericano a los dictadores de derecha históricamente le costó caro a Washington: generó una ola de antiamericanismo en la región que dio lugar –o le dio una narrativa– a las guerrillas izquierdistas, a la revolución cubana y, más recientemente, a regímenes radicales populistas como el de Venezuela.

    Segundo, en materia de inmigración, Trump repitió en su discurso la promesa de construir un muro en toda la frontera con México y de deportar a millones de inmigrantes indocumentados, quienes dijo “andan por ahí amenazando a ciudadanos pacíficos”.

    Trump no mencionó en su discurso el hecho de que la gran mayoría de esos 11 millones de inmigrantes indocumentados son gente trabajadora, que según varios estudios cometen menos delitos que los estadounidenses de nacimiento. En su convención hablaron tres padres cuyos hijos fueron asesinados por inmigrantes indocumentados, pero ninguno que defendió a los indocumentados.

    Clinton, por otra parte, dijo en su discurso de aceptación el 28 de julio que “no vamos a construir un muro” y que “vamos a construir un camino hacia la ciudadanía para millones de inmigrantes que ya están contribuyendo a nuestra economía”.

    Tercero, en materia de comercio, Trump parece más dispuesto a renegociar o aniquilar el Acuerdo de Libre Comercio de América del Norte, firmado entre Canadá, Estados Unidos y México, y el recientemente firmado –pero aún no implementado– Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica (TPP).

    Clinton, quien apoyó estos acuerdos comerciales en el pasado pero ahora se opone al TPP, se hizo eco de la dudosa narrativa de que estos acuerdos perjudican a los trabajadores estadounidenses. Según los encuestadores, criticar los acuerdos de libre comercio es imperativo para ganar estados clave como Ohio y Pennsylvania.

    Mi opinión: Las políticas de Trump sobre inmigración y comercio perjudicarían a América Latina, y serían un desastre para Estados Unidos. Pero lo más preocupante es que el abandono de Trump de la tradición bipartidista de defender los derechos humanos y la democracia daría luz verde a futuros dictadores.

    Ya hemos visto esta película, con dictadores como Somoza, y casi siempre termina mal. Porque las alianzas con dictadores “amigos” reducen la credibilidad e influencia de Estados Unidos en el mundo y generan una reacción contraria. Ojalá Trump recapacite, porque la mezcla de ignorancia y demagogia de su discurso haría regresar a Estados Unidos a la era oscura en que Washington apoyaba a dictadores.

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    Publicado por Anónimo | 2 agosto, 2016, 07:47

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