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El agujero de ozono

Corría la década de los ochenta. Había esperanza de que la Guerra Fría terminara y con ella la amenaza de una catástrofe termonuclear. Sin embargo, una noticia ensombrecía esa esperanza: en el Polo Sur un agujero en la capa de ozono encendía una nueva alarma medioambiental. Según los investigadores, la destrucción de dicho gas de debía a sustancias producidas por el ser humano, en especial los usados en aerosoles y otros artefactos.

Como nunca, el debate sobre los efectos dañinos de la acción humana estuvo al orden del día. Es que la falta de ozono significaba una mayor entrada de rayos ultravioletas provenientes del Sol, lo que a su vez aumentaba la posibilidad de cáncer en la piel. Demás está decir que el miedo se instaló en todos.

Desde ese momento una serie de medidas preventivas fueron tomadas, varias de ellas a partir de reuniones de expertos patrocinados por la ONU y sus Estados miembros. Aquellas sustancias que afectaban a la capa de ozono fueron reducidas a su máxima expresión y se buscaron reemplazantes que no tuviesen sus efectos perjudiciales.

Ahora, más de tres décadas después, nuevas investigaciones revelan que la capa se está recuperando. ¿Significa esto que las políticas de prevención a nivel mundial dieron el resultado esperado? Todo apunta a que sí.

Es de necios negar que ciertas acciones humanas afecten negativamente el medioambiente. Sin embargo, cuando hablamos de escala mundial surgen los desacuerdos entre expertos, además de que los intereses económicos y políticos juegan su propio partido también. Ejemplos de esto lo vemos en temas como el calentamiento global, los alimentos genéticamente modificados y las ondas electromagnéticas, entre otros.

A partir de estos nuevos datos con la capa de ozono, ¿se apoyarán con más intensidad los otros esfuerzos que combaten la destrucción de los ecosistemas y protegen la diversidad biológica? En realidad, nada es seguro. Aquellos intereses que llevaron a que nuestro planeta se deteriore a niveles alarmantes siguen muy vigentes. Ni siquiera los datos científicos más duros sirven como argumentos. Muchas veces la ciencia misma también se presta a la especulación.

La capa de ozono sigue ahí, solo que un poco más pequeña. ¿Fuimos nosotros los que la que la creamos? ¿Somos nosotros quienes la estamos revirtiendo? Todavía queda mucho por debatir, y también por destruir.

Por Sergio Cáceres

Acerca de jotaefeb

Un arquitecto jubilado. Aprendiz de todo, oficial de nada. Un humano más. Acá, allá y acullá. Hurgador de cosas cotidianas y trascendentes.

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