está leyendo ...
TRASCENDENTE

El evangelio del domingo: Enseñemos a orar

En cierta ocasión Jesús estaba orando y, al terminar, uno de sus discípulos le hace un pedido, que es la súplica del ser humano de todos los tiempos: “Señor, enséñanos a orar”. En principio, nadie o poquísima gente niega el formidable poder de la oración profunda y llena de fe. Sin embargo, también es cierto que poquísima gente sabe rezar con una fe que transporta montañas.

Entonces, no hay otro remedio que presentar este ruego a Cristo, que es infalible Maestro en el diálogo con el Padre y en la obediencia a Su plan. Muchas veces los Evangelios lo muestran en actitud de oración. Él lo hacía, en primer lugar, por el gusto y la necesidad de compartir con el Padre, pero también para darnos el ejemplo.

Cuando consideramos el binomio enseñar-aprender no tenemos otra solución que adoptar la postura de discípulo, y si queremos obtener muchos frutos en el proceso, hay que ser un discípulo bien dispuesto, que no inventa mil excusas para huir de esta enseñanza.

Efectivamente, uno puede aprender a rezar bien, y hay una máxima que afirma: “Se aprende a rezar, rezando”. Significa que hay que practicar, hay que insistir y hay que ser disciplinado.

La disciplina en la vida espiritual es un constante desafío para el hombre moderno, pues no cualquiera tiene el coraje de hacer silencio interior para oír la voz del Señor y para hablarle con corazón de hijo.

La dispersión mental es, prácticamente, una enfermedad en nuestros días, ya que las pantallas (celular, TV y computador) no se callan nunca y el exceso de información nos deja mareados. Pero hay que ser fuertes y buscar una quietud exterior y conquistar una quietud interior.

En la oración conseguimos entender mejor los designios de Dios y percibir con otros ojos lo que pasa en nuestra vida, especialmente en los hechos dolorosos. Es más, en la oración hay que ser insistente y abrir el corazón, porque el Señor sabe darnos cosas buenas.

Él siempre contesta nuestra oración cuando es sincera y no está plagada de egoísmo. Cuando los discípulos le pidieron que les enseñara a orar, Jesús les enseñó el Padrenuestro, que no es solamente una oración, sino un programa concreto de vida.

Recordemos que el sábado 30 de julio celebraremos el Día de la Amistad y qué hermoso si tratáramos a Dios como nuestro mejor Amigo y si procuráramos ser también sus amigos sinceros.

Ofrezcamos un Padrenuestro por nuestros amigos, y sepamos que la oración humilde y constante nos llena del Espíritu Santo.

 

Por Hno. Joemar Hohmann, franciscano capuchino

Anuncios

Acerca de jotaefeb

Un arquitecto jubilado. Aprendiz de todo, oficial de nada. Un humano más. Acá, allá y acullá. Hurgador de cosas cotidianas y trascendentes.

Comentarios

3 comentarios en “El evangelio del domingo: Enseñemos a orar

  1. «La oración es la primera herramienta de trabajo»

    24 de jul de 2016
    La importancia de la oración como “herramienta de trabajo” y como salvación de vida fue el concepto fundamental que desarrolló el Papa Francisco en su reflexión antes de rezar el Ángelus del cuarto domingo de julio en la Plaza de San Pedro.
    Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

    El Evangelio de este domingo (Lc 11,1-13) se abre con la escena de Jesús rezando, solo, apartado; cuando termina los discípulos le piden: «Señor, enséñanos a orar» (v. 1); y Él responde: «Cuando oren, digan: Padre…» (v. 2). Esta palabra es el “secreto” de la oración de Jesús, es la llave que Él mismo nos da, para que podamos entrar también nosotros en esa relación de diálogo confidencial con el Padre, que ha acompañado y sostenido toda su vida.

    Con el apelativo “Padre”, Jesús asocia dos peticiones: «Padre, santificado sea tu Nombre, que venga tu Reino» (v. 2). La oración de Jesús, y por lo tanto la oración cristiana, es ante todo hacer lugar a Dios, dejándole que manifieste su santidad en nosotros y haciendo avanzar su reino, a partir de la posibilidad de ejercer su señorío de amor en nuestras vidas.

    Otras tres peticiones completan esta oración que Jesús nos enseña, el “Padre Nuestro”. Son tres preguntas que expresan nuestras necesidades fundamentales: el pan, el perdón y la ayuda en las tentaciones (cf. vv 3-4.). No se puede vivir sin pan, no se puede vivir sin perdón, y no se puede vivir sin la ayuda de Dios en las tentaciones. El pan que Jesús nos hace pedir es aquel necesario, no el superfluo; es el pan de los peregrinos, el justo, un pan que no se acumula y no se desperdicia, que no sobrecarga nuestra marcha. El perdón es, ante todo, aquel que nosotros mismos recibimos de Dios: solamente la conciencia de ser pecadores perdonados por la infinita misericordia divina puede hacernos capaces de cumplir gestos concretos de reconciliación fraterna. Si una persona no se siente pecador perdonado, no podrá nunca hacer un gesto de perdón o de reconciliación. Se inicia en el corazón, en donde nos sentimos pecadores perdonados. La última petición, «no nos dejes caer en la tentación», expresa la conciencia de nuestra condición, siempre expuesta a las insidias del mal y de la corrupción. ¡Todos sabemos lo que es una tentación!

    La enseñanza de Jesús sobre la oración continúa con dos parábolas con las que Él toma como modelo la actitud de un amigo con otro amigo, y la de un padre con su hijo (cf. vv. 5-12). Ambas nos quieren enseñar a tener plena confianza en Dios, que es Padre. Él conoce mejor que nosotros mismos nuestras necesidades, pero quiere que se las presentemos con audacia e insistencia, porque esa es la forma en que participamos en su obra de salvación. ¡La oración es la primera y principal “herramienta de trabajo” en nuestras manos! Insistir con Dios no sirve para convencerlo, sino para fortalecer nuestra fe y nuestra paciencia, es decir, nuestra capacidad de luchar junto a Dios por las cosas que son realmente importantes y necesarias. En la oración, somos dos: Dios y yo, que luchamos juntos por las cosas importantes.

    Entre ellas, hay una, la gran cosa importante que Jesús nos dice hoy en el Evangelio, pero que casi nunca le pedimos, y es el Espíritu Santo. ¡Dóname el Espiritu Santo!. Y Jesús lo dice: «Si ustedes, que son malos, saben dar cosas buenas a sus hijos, cuánto más el Padre del cielo dará el Espíritu Santo a aquellos que se lo pidan». (V. 13). ¡El Espíritu Santo! Debemos pedir que el Espíritu Santo venga a nosotros. Pero, ¿para qué sirve el Espíritu Santo? Sirve para vivir bien, para vivir con sabiduría y amor, haciendo la voluntad de Dios. Que bella oración sería, en esta semana, que cada uno de nosotros pidiese al Padre: “Padre, ¡dame el Espíritu Santo!”. La Virgen nos lo demuestra con su existencia, completamente animada por el Espíritu de Dios. Que ella nos ayude a orar al Padre unidos a Jesús, para vivir no en manera mundana, sino según el Evangelio, guiados por el Espíritu Santo.

    fuente: Radio Vaticana

    Me gusta

    Publicado por jotaefeb | 26 julio, 2016, 17:35
  2. domingo 24 Julio 2016

    Decimoséptimo domingo del tiempo ordinario

    Libro de Génesis 18,20-32.
    Luego el Señor añadió: “El clamor contra Sodoma y Gomorra es tan grande, y su pecado tan grave,
    que debo bajar a ver si sus acciones son realmente como el clamor que ha llegado hasta mí. Si no es así, lo sabré”.
    Dos de esos hombres partieron de allí y se fueron hacia Sodoma, pero el Señor se quedó de pie frente a Abraham.
    Entonces Abraham se le acercó y le dijo: “¿Así que vas a exterminar al justo junto con el culpable?
    Tal vez haya en la ciudad cincuenta justos. ¿Y tú vas a arrasar ese lugar, en vez de perdonarlo por amor a los cincuenta justos que hay en él?
    ¡Lejos de ti hacer semejante cosa! ¡Matar al justo juntamente con el culpable, haciendo que los dos corran la misma suerte! ¡Lejos de ti! ¿Acaso el Juez de toda la tierra no va a hacer justicia?”.
    El Señor respondió: “Si encuentro cincuenta justos en la ciudad de Sodoma, perdonaré a todo ese lugar en atención a ellos”.
    Entonces Abraham dijo: “Yo, que no soy más que polvo y ceniza, tengo el atrevimiento de dirigirme a mi Señor.
    Quizá falten cinco para que los justos lleguen a cincuenta. Por esos cinco ¿vas a destruir toda la ciudad?”. “No la destruiré si encuentro allí cuarenta y cinco”, respondió el Señor.
    Pero Abraham volvió a insistir: “Quizá no sean más de cuarenta”. Y el Señor respondió: “No lo haré por amor a esos cuarenta”.
    “Por favor, dijo entonces Abraham, que mi Señor no lo tome a mal si continúo insistiendo. Quizá sean solamente treinta”. Y el Señor respondió: “No lo haré si encuentro allí a esos treinta”.
    Abraham insistió: “Una vez más, me tomo el atrevimiento de dirigirme a mi Señor. Tal vez no sean más que veinte”. “No la destruiré en atención a esos veinte”, declaró el Señor.
    “Por favor, dijo entonces Abraham, que mi Señor no se enoje si hablo por última vez. Quizá sean solamente diez”. “En atención a esos diez, respondió, no la destruiré”.

    Carta de San Pablo a los Colosenses 2,12-14.
    En el bautismo, ustedes fueron sepultados con él, y con él resucitaron, por la fe en el poder de Dios que lo resucitó de entre los muertos.
    Ustedes estaban muertos a causa de sus pecados y de la incircuncisión de su carne, pero Cristo los hizo revivir con él, perdonando todas nuestras faltas.
    El canceló el acta de condenación que nos era contraria, con todas sus cláusulas, y la hizo desaparecer clavándola en la cruz.

    Evangelio según San Lucas 11,1-13.
    Un día, Jesús estaba orando en cierto lugar, y cuando terminó, uno de sus discípulos le dijo: “Señor, enséñanos a orar, así como Juan enseñó a sus discípulos”.
    El les dijo entonces: “Cuando oren, digan: Padre, santificado sea tu Nombre, que venga tu Reino;
    danos cada día nuestro pan cotidiano;
    perdona nuestros pecados, porque también nosotros perdonamos a aquellos que nos ofenden; y no nos dejes caer en la tentación”.
    Jesús agregó: “Supongamos que alguno de ustedes tiene un amigo y recurre a él a medianoche, para decirle: ‘Amigo, préstame tres panes,
    porque uno de mis amigos llegó de viaje y no tengo nada que ofrecerle’,
    y desde adentro él le responde: ‘No me fastidies; ahora la puerta está cerrada, y mis hijos y yo estamos acostados. No puedo levantarme para dártelos’.
    Yo les aseguro que aunque él no se levante para dárselos por ser su amigo, se levantará al menos a causa de su insistencia y le dará todo lo necesario.
    También les aseguro: pidan y se les dará, busquen y encontrarán, llamen y se les abrirá.
    Porque el que pide, recibe; el que busca, encuentra; y al que llama, se le abre.
    ¿Hay entre ustedes algún padre que da a su hijo una piedra cuando le pide pan? ¿Y si le pide un pescado, le dará en su lugar una serpiente?
    ¿Y si le pide un huevo, le dará un escorpión?
    Si ustedes, que son malos, saben dar cosas buenas a sus hijos, ¡cuánto más el Padre del cielo dará el Espíritu Santo a aquellos que se lo pidan!”.

    Extraído de la Biblia: Libro del Pueblo de Dios.

    Leer el comentario del Evangelio por :

    Santa Catalina de Siena (1347-1380), terciaria dominica, doctora de la Iglesia, copatrona de Europa
    Los Diálogos, c. 134

    “Pedid y recibiréis”

    Tu verdad ha dicho que si llamamos nos responderán, que si golpeamos, nos abrirán, que si pedimos, recibiremos: oh Padre eterno, tus servidores están clamando tu misericordia. Respóndeles, pues. Porque sé que la misericordia es propiedad tuya y por eso no puedes rechazar a quien te la pide. Están golpeando la puerta de tu verdad, puesto que es en tu verdad, tu Hijo (Jn 14,6) que conocen el amor inefable que tú tienes al hombre. Por eso golpean tu puerta. Y es porque el fuego de la caridad no podrá, no puede no abrir a los que llaman con perseverancia.

    Abre, pues, dilata, rompe los corazones endurecidos de aquellos que tú mismo has creado –si no es por los que no llaman, al menos por tu infinita bondad y por el amor de tus servidores que llaman a ti por los demás. Escúchales, Padre eterno… Abre la puerta de tu caridad ilimitada, que nos ha llegado por la puerta del Verbo. Sí, yo sé que tú abres antes que llamemos porque es con la voluntad y el amor que tú les has dado que tus siervos golpean y te llaman, por tu honor y por la salvación de sus almas. Dales, pues, el pan de vida, es decir, el fruto de la sangre de tu Hijo único.

    Me gusta

    Publicado por jotaefeb | 24 julio, 2016, 05:46
  3. “Pidan y se les dará, busquen y hallarán, llamen a la puerta y les abrirán. Porque todo el que pide recibe, y el que busca halla, y, al que llame a una puerta se le abrirá.” (Lc 11, 9-10)

    En este fin de semana la liturgia nos hace celebrar el misterio de la oración y su importancia en nuestras vidas.
    Uno de los discípulos pidió a Jesús que les enseñara a orar. Y él les enseñó el Padre Nuestro y después les hizo un discurso sobre la importancia de la oración.
    El Padre Nuestro es sin dudas, la mejor oración que tenemos pues nos fue entregado por el propio Dios que se hizo carne. A veces me asusto cuando algunas personas, aunque con muy buena intención, atribuyen poderes casi mágicos a otras oraciones y colocan en un segundo plano la oración del Padre Nuestro. No digo que no tengamos bellísimas oraciones, muchas de ella hechas por santos, y que nos ayudan a rezar mejor, pero ninguna se puede comparar con aquella que nos dio Jesús.
    Nos decía santa Teresa De Ávila, que quien quisiera hacer una hora de buena oración, bastaría hacer en este tiempo un Padre Nuestro, meditando en sus palabras, y esto sería suficiente. Seguramente esta es una mujer que aprendió a rezar con Jesús.
    El Padre Nuestro es una oración completa. Allí damos gloria a Dios, no porque Él tenga necesidad de nuestras alabanzas, sino porque para nosotros es fundamental reconocer su gloria a fin que podamos descubrir quiénes somos y hacia dónde debemos ir. En el Padre Nuestro nos abrimos a la acción de Dios y expresamos nuestra confianza en su gracia. Decir “hágase tu voluntad” es muy comprometedor, pero es el único camino para nuestra real felicidad. Dentro de esto “hágase”, le presentamos nuestras necesidades: el pan cotidiano; el perdón; la protección. Pero después de darnos esta maravillosa oración, Jesús insiste mucho sobre la importancia de orar.
    El tema central de su discurso es la perseverancia. Nuestra oración debe ser perseverante. La debemos hacer con insistencia. No basta decir: ya le pedí una vez, ahora sólo me resta esperar. Es en la constancia de la oración es que reside su eficacia. El ejemplo que nos da Jesús del hombre que en la madrugada insiste con el vecino hasta que se le atienda, si no por amistad, al menos para no ser más molestado, es muy claro. También nosotros debemos pedir y pedir, llamar y llamar hasta que el Señor nos escuche.
    Con todo, es importante tener claro, que existen tres clases de cosas que podemos pedir a Dios:
    a) Cosas que colaboran para nuestra salvación, para nuestro crecimiento como personas;
    b) cosas que son indiferentes para la vida en Dios, pero que nos ayudarán a ser más felices en ciertas situaciones;
    c) y otras cosas que, aunque no nos demos cuenta, nos harán daño o al menos colocará en peligro nuestra salvación.
    En cuanto a las primeras, podremos decir que Dios es el primer interesado en nuestra salvación. Este es el regalo que él más nos quiere dar, y no negará a nadie que lo pida.
    En cuanto a las segundas, dependerán de nuestra insistencia y de las motivaciones que tengamos. Del cómo las pedimos. Del cuánto realmente son importantes para nosotros. (Como un padre de familia siente placer en regalar a su hijo, en alguna oportunidad especial, alguna cosa, que sabe que lo desea mucho porque siempre lo pide, aunque no sea esencial para su vida, así también Dios hace con nosotros).
    Mas, si nosotros le pedimos una cosa que no nos hará bien, o nos puede hacer daño, es natural que él no nos conceda, aunque pasemos toda la vida insistiendo. Dios es nuestro padre y por sobretodo nos quiere defender y proteger. Así como a un niño pequeñito que pide a sus padres un cuchillo afilado, y que ellos por cierto le negarán, -aunque él pida entre lágrimas- también a nosotros, Dios nos lo negará porque nos ama, y es por eso que algunas veces no nos atiende.
    Pero no nos olvidemos, orar no es sólo hacer listas de pedidos. Es también agradecer, reconocer los beneficios, conocer todo lo que ya hizo Dios y alabarlo. Y por sobre todo, oración es diálogo, no es monólogo. Debemos estar también dispuestos a escuchar a Dios, a contemplarlo, a dejarse tocar por él.
    La oración debe volverse en nuestra vida “respiración de amor”

    El Señor te bendiga y te guarde,
    El Señor te haga brillar su rostro y tenga misericordia de ti.
    El Señor vuelva su mirada cariñosa y te de la PAZ.
    Hno. Mariosvaldo Florentino, capuchino

    Me gusta

    Publicado por jotaefeb | 24 julio, 2016, 05:44

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

La frase

“La calidad nunca es un accidente, siempre es el resultado de un esfuerzo de la inteligencia”23/03/17
John Ruskin

el clima

Click for Asunción, Paraguay Forecast

admin

Arquitecto jubilado. Aprendiz de todo, oficial de nada. Un humano más. Acá, allá y acullá. Hurgador de cosas cotidianas y trascendentes. Desde Asunción/Paraguay. laovejacien@gmail.com

archivos

estadísticas

  • 2,673,554 visitas
Follow laoveja100 on WordPress.com

instagram

Twitter

Peichante-Py en FB

A %d blogueros les gusta esto: