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Contradicciones

Cuando los gobiernos autoritarios acaban con toda forma de disidencia crece en su interior un enemigo que acaba por devorarlo en sus propias contradicciones. El nivel de deterioro es tan grande que ni los discursos grandilocuentes ni las citas de la historia alcanzan. Es imposible hablar de revolución cuando en las calles de varias de estas capitales latinoamericanas, cuyos gobiernos se califican como tales, la violencia se multiplica y en los palacios y ministerios la corrupción campea. Cómo pretendía convencer la expresidenta argentina que reunía a los jóvenes peronistas en la Casa Rosada a buscar su épica revolucionaria cuando su hija –sin empleo conocido– acumulaba en una cuenta bancaria casi 5 millones de dólares y otro secretario buscaba esconder el doble en un monasterio de monjas en las afueras de Buenos Aires. Populares, populistas o demagogos, pero por sobre todo… profundamente corruptos.

Esta es la historia de las dictaduras: el exceso y la falta absoluta de límites. Todo vale porque se acaba con quien pudiera limitarlos en el poder. A ellos se les persigue o se los mata, como en el caso del fiscal Nisman en la Argentina. Cuántas cosas más sabremos a poco de que dejen el poder. Cuánto dinero robado de pueblos hambreados que deben cruzar fronteras para comprar algo de comer mientras al gobierno desconcertado se le han acabado los enemigos de la revolución. No tienen cara para decirle al pueblo que han fracasado y hoy, en el caso venezolano, han entregado el poder a los militares cuando Maduro se niega a cualquier referéndum revocatorio que ponga fin a sus terribles contradicciones internas y externas.

Entre lo que se dice y lo que se hace hay un largo trecho, y en el medio solo la corrupción en forma de gangrena que amenaza por completo la vida de la república. El dinero no vale nada y cuando existe no hay comida para comprar. La revolución busca acabar con los que la han apoyado en anteriores comicios. Solo quedan quienes medran desde la dirigencia con los privilegios de un régimen abiertamente contradictorio. 150 mil venezolanos cruzando la frontera un fin de semana con destino a los mercados colombianos. Terrible fracaso de una revolución que se hizo en nombre del pueblo y al que ahora se le conduce al mayor de los fracasos.

Necesitamos madurar los latinoamericanos, aprender de estas experiencias, educarnos para desarrollar un juicio crítico que evite cometer los mismos errores que justifican el peor aserto que dicen de nosotros que “cuando más cambiamos… más permanecemos igual”.

Las contradicciones acaban con gobiernos nefastos, pero dejan el campo arrasado como cuando decían que asolaba Atila y los hunos.

Benjamin Fernández Bogado

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