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El evangelio del domingo: La cosa necesaria.

Lc 10, 38 – 42.- Jesús era incansable en su labor para regalarnos la Buena Nueva del Reino, por ello andaba de pueblo en pueblo predicando, sanando a los enfermos y motivando a las personas.


En cierta oportunidad entró en casa de sus amigos, que eran tres hermanos: Lázaro, Marta y María. Y las dos hermanas toman actitudes distintas delante de este visitante tan camarada.

Marta establece como su prioridad arreglar las cosas de la casa, preparar la cocina y se deja llevar por mil quehaceres. Por otro lado, María se pone a los pies de Jesús para escucharlo y dialogar con él. Delante de la queja de Marta de que su hermana no le ayudaba, Jesús le dijo: “Una sola cosa es necesaria, María eligió la mejor parte, que no le será quitada”.

Son los dos desafíos del hombre moderno: de un lado, hay que luchar por la vida, pagar las cuentas, reformar la casa, cuidar de los hijos, adelantarse en los estudios, ascender en el empleo y tantos otros. En contrapartida está la necesidad de parar, de conocerse más a sí mismo y tener tiempo para contemplar las obras de Dios, de entender y disfrutar las maravillas de su Amor generoso.

La grande tentación es acelerar en la acción y los trabajos, o dicho de modo más actual: caer en la enfermedad del activismo, hasta ser obligado a parar por el estrés, la depresión, la crisis de pánico o el desastre en la familia.

La disyuntiva entre acción y contemplación no tendría que ser un problema para un bautizado, mayormente si consideramos lo que enseña Stephen Covey acerca de la gente altamente efectiva: “Establezca primero lo primero”.

Lo primero en nuestra vida tienen que ser Jesucristo y sus enseñanzas, ya que hay una verdad verificable: cuando Dios está en primer plano y es lo más necesario, todas las otras cosas van para el lugar correcto. A la par, cuando no permitimos que el Señor ocupe el primer puesto, no sea la persona más importante y colocamos en su lugar otras cosas, estas tarde o temprano se mostrarán como ídolos tiránicos, que dañan al ser humano.

De ninguna manera Jesús está elogiando la pereza o la falta de iniciativa, lo que él desea es que le escuchemos más y, transformados por sus criterios de fraternidad y justicia, luchemos para transformar el ambiente en que nos toca vivir y trabajar.

Él es la mejor parte, debe estar en primer lugar, y seguir el Evangelio es la cosa más necesaria en la vida.

Paz y bien.

Por Hno. Joemar Hohmann – Franciscano Capuchino

 

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Acerca de jotaefeb

Un arquitecto jubilado. Aprendiz de todo, oficial de nada. Un humano más. Acá, allá y acullá. Hurgador de cosas cotidianas y trascendentes.

Comentarios

3 comentarios en “El evangelio del domingo: La cosa necesaria.

  1. Una cosa es necesaria: escuchar a Jesús

    17 de jul de 2016
    Antes de dirigir la oración mariana del Ángelus el domingo 17 de julio, el Papa Francisco meditó sobre el pasaje evangélico de san Lucas en el que Jesús es recibido en la casa de Marta y María. Texto completo de la alocución.
    Queridos hermanos y hermanas ¡buenos días!

    En el Evangelio de hoy el evangelista Lucas narra de Jesús, que mientras estaba en camino hacia Jerusalén, entra en un poblado y es recibido en casa de dos hermanas: Marta y María (cfr Lc 10,38-42). Ambas ofrecen acogida al Señor, pero lo hacen en diferentes modos. María se sienta a los pies de Jesús y escucha su palabra (cfr v. 39), en cambio Marta está ocupada preparando cosas; y a un cierto punto dice a Jesús: “Señor, ¿no te importa que mi hermana me deje sola con todo el trabajo? Dile que me ayude” (v. 40). Y Jesús le responde: “Marta, Marta, te inquietas y te agitas por muchas cosas, una sola es necesaria. María eligió la mejor parte, que no le será quitada” (vv. 41 – 42).

    En sus quehaceres y ocupaciones, Marta corre el riesgo de olvidarse. Y este es el problema: corre el riesgo de olvidar la cosa más importante, es decir la presencia del huésped, que era Jesús en este caso. Se olvida la presencia del huésped. Y el huésped no es simplemente servido, alimentado, cuidado en todos los sentidos. Es necesario sobre todo que sea escuchado. Recuerden bien esta palabra: ¡escuchar! Porque el huésped es acogido como persona, con su historia, su corazón rico de sentimientos y de pensamientos, para que se pueda sentir verdaderamente en familia. Pero si tú recibes a un huésped en tu casa y continúas haciendo las cosas, lo haces sentarse allí, callado él, callado tú, es como si fuera de piedra: el huésped de piedra. ¡No! El huésped es escuchado. Cierto, la respuesta que Jesús da a María –cuando le dice que una sola cosa es necesaria- encuentra su pleno significado en referencia a la escucha de la palabra de Jesús mismo, aquella palabra que ilumina y sostiene todo lo que somos y que hacemos. Si nosotros vamos a rezar -por ejemplo- delante al Crucifijo y hablamos, hablamos, hablamos y hablamos, y después nos vamos: ¡no escuchamos a Jesús! No dejamos hablar a Él a nuestro corazón. Escuchar: aquella palabra es clave. ¡No olviden! No debemos olvidar que la Palabra de Jesús nos ilumina, nos sostiene y sostiene todo lo que somos y que hacemos. Pero no debemos olvidar que también en la casa de Marta y María, Jesús, antes de ser Señor y Maestro, es peregrino y huésped. Por lo tanto, su respuesta tiene este primer y más inmediato significado: “Marta, Marta, ¿por qué te afanas tanto por el huésped hasta olvidar su presencia? ¡El huésped de piedra! Para acogerlo no son necesarias muchas cosas; más bien, es necesaria una cosa sola: escucharlo -la palabra: escucharlo- demostrarle una actitud fraterna, de modo que se sienta en familia, y no en un alojamiento provisional”.

    Así entendida, la hospitalidad, que es una de las obras de misericordia, aparece verdaderamente como una virtud humana y cristiana, una virtud que en el mundo de hoy corre el riesgo de ser descuidada. De hecho, se multiplican las casas de descanso y los hospicios, pero no siempre en estos ambientes se practica una hospitalidad real. Se da vida a varias instituciones que atienden muchas formas de enfermedad, de soledad, de marginación, pero disminuye la probabilidad para quien es extranjero, marginado, excluido de encontrar alguno dispuesto a escucharlo. Porque es extranjero, prófugo, migrante. ¡Escuchen aquella dolorosa historia! Incluso en la propia casa, entre los propios familiares, puede suceder que se encuentren más fácilmente servicios y cuidados de varios tipos que escucha y acogida.

    Hoy estamos tan atrapados, con frenesí, por tantos problemas -y algunos de ellos no importantes- que nos falta la capacidad de escucha. Estamos ocupados continuamente y así no tenemos tiempo para escuchar. Yo quisiera preguntarle a ustedes, hacerles una pregunta, cada uno responda en su propio corazón: ¿Tú marido, tienes tiempo para escuchar a tu esposa? ¿Y tú, mujer, tienes tiempo para escuchar a tu esposo? ¿Ustedes padres tienen tiempo, tiempo ‘para perder’, para escuchar a sus hijos o a sus abuelos, los ancianos? –pero, los abuelos siempre dicen las mismas cosas, son aburridos…- ¡Pero necesitan ser escuchados!”. Escuchar. Les pido aprender a escuchar y dedicarles más tiempo. En la capacidad de escucha está la raíz de la paz.

    La Virgen María, Madre de la escucha y del servicio premuroso, nos enseñe a ser acogedores y hospitalarios hacia nuestros hermanos y nuestras hermanas.

    fuente: Radio Vaticana

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    Publicado por jotaefeb | 26 julio, 2016, 18:00
  2. “Marta, Marta, tú te inquietas y te preocupas por muchas cosas. En realidad, una sola es necesaria.” (Lc 10, 41-42)

    Tengo certeza de que, en el lugar de Marta, podría estar nuestro nombre, pues la llamada de atención que hace Jesús viene como “anillo al dedo” a casi todos nosotros. ¿Quién tiene tiempo para estar con el Señor? ¿Para estar sentado escuchando su Palabra? ¿Para mirarle a los ojos y dejar que él vea el corazón? En nuestros días, la respuesta más común cuando se refiere a las cosas de Dios, es: “¡no tengo tiempo!” Los quehaceres de la vida diaria ocupan todo nuestro tiempo. El mundo vive un ritmo frenético y nosotros, en medio de esta avalancha, no podemos organizarnos de modo diferente.
    Pero el evangelio nos dice que este no es un problema de la pos-modernidad, es mucho más antiguo de lo que pensamos. Es una debilidad del hombre de todos los tiempos. Infelizmente todos tenemos una fuerte tendencia a la distracción, a llenarnos de preocupaciones y de inquietudes para no tener tiempo para las cosas esenciales. Tenemos miedo de lo esencial. Esto significa que no podemos colocar toda la culpa en la cultura, cuando la solución está mucho más en nosotros mismos. Somos nosotros los que debemos tomar las riendas de la vida y no dejar que nuestras malas tendencias o la cultura nos hagan sus marionetas. Es claro que este evangelio no es un elogio a los perezosos. A aquellos que no quieren trabajar y piensan que los demás le deben sustentar. Ciertamente no. También María era una mujer trabajadora, pero ante la visita de Jesús, ella supo dejar todo para estar con él. Marta infelizmente estaba ciega por sus preocupaciones y pensaba que eran más importantes sus quehaceres que “perder tiempo” estando escuchando a Jesús.
    Muchas veces me he encontrado con personas que se justifican diciendo: “infelizmente yo no puedo participar de la Iglesia, no puedo ir a la misa, no puedo acompañar a mis hijos en la catequesis… porque ¡estoy muy ocupada!” … y me da la impresión de que por detrás de estas palabras está la idea de que aquellos que participan son personas desocupadas, que van a la Iglesia para llenar su tiempo. Pero, en verdad, sabemos que el tiempo es una cuestión de prioridad. El tiempo siempre nos alcanza para hacer todas las cosas que creemos que son realmente importantes. Por eso aquellos que dicen: “no tengo tiempo para Dios” (esto es para participar de la comunidad eclesial), están en la verdad afirmando, con la práctica de sus vidas, que él no es importante para ellos, o sea, que existen otras prioridades que le quitan el puesto a Dios. Y la vida va pasando, a veces con días llenos de cosas inútiles. Ocupadísimos con futilidades, nos olvidamos de que “una sola cosa es necesaria” y para justificarnos o protegernos, hasta criticamos a aquellos que gastan su tiempo con la Vida.
    Todos tenemos mucho que aprender de María. Aprender a priorizar. Aprender a discernir lo que es necesario para nuestras vidas. Aprender a “perder tiempo” para ganar la Vida. Aprender a no ser esclavos de los quehaceres. (Ciertamente sin ser irresponsable.)
    Creo que es muy oportuno una palabrita sobre el domingo, día del Señor. San Juan Pablo II ha insistido mucho sobre este tema. El domingo es día santo. La sociedad nos presenta solamente como un día de reposo y entretenimiento. Otros lo ven como un día para hacer otros trabajos. Pero la fe nos dice que es un día para estar en primer lugar con el Señor, también para estar en familia, para descansar y así descubrir la grandeza de la vida, que es mucho más que una rutina de trabajo. Pero, insisto, la prioridad de este día es el Señor. La eucaristía, como puesto privilegiado para el encuentro con él, no debe ser simplemente una alternativa entre tantas, debe ser la prioridad del domingo, a partir de la cual las otras cosas también pueden ser hechas. Saber dar tiempo a Dios es una característica de hombres libres, que saben determinar su propio tiempo, como hizo María.

    El Señor te bendiga y te guarde,
    El Señor te haga brillar su rostro y tenga misericordia de ti.
    El Señor vuelva su mirada cariñosa y te de la PAZ.
    Hno. Mariosvaldo Florentino, capuchino

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    Publicado por jotaefeb | 17 julio, 2016, 07:25
  3. domingo 17 Julio 2016

    Decimosexto domingo del tiempo ordinario

    Libro de Génesis 18,1-10a.
    El Señor se apareció a Abraham junto al encinar de Mamré, mientras él estaba sentado a la entrada de su carpa, a la hora de más calor.
    Alzando los ojos, divisó a tres hombres que estaban parados cerca de él. Apenas los vio, corrió a su encuentro desde la entrada de la carpa y se inclinó hasta el suelo,
    diciendo: “Señor mío, si quieres hacerme un favor, te ruego que no pases de largo delante de tu servidor.
    Yo haré que les traigan un poco de agua. Lávense los pies y descansen a la sombra del árbol.
    Mientras tanto, iré a buscar un trozo de pan, para que ustedes reparen sus fuerzas antes de seguir adelante. ¡Por algo han pasado junto a su servidor!”. Ellos respondieron: “Está bien. Puedes hacer lo que dijiste”.
    Abraham fue rápidamente a la carpa donde estaba Sara y le dijo: “¡Pronto! Toma tres medidas de la mejor harina, amásalas y prepara unas tortas”.
    Después fue corriendo hasta el corral, eligió un ternero tierno y bien cebado, y lo entregó a su sirviente, que de inmediato se puso a prepararlo.
    Luego tomó cuajada, leche y el ternero ya preparado, y se los sirvió. Mientras comían, él se quedó de pie al lado de ellos, debajo del árbol.
    Ellos le preguntaron: “¿Dónde está Sara, tu mujer?”. “Ahí en la carpa”, les respondió.
    Entonces uno de ellos le dijo: “Volveré a verte sin falta en el año entrante, y para ese entonces Sara habrá tenido un hijo”. Mientras tanto, Sara había estado escuchando a la entrada de la carpa, que estaba justo detrás de él.

    Carta de San Pablo a los Colosenses 1,24-28.
    Ahora me alegro de poder sufrir por ustedes, y completo en mi carne lo que falta a los padecimientos de Cristo, para bien de su Cuerpo, que es la Iglesia.
    En efecto, yo fui constituido ministro de la Iglesia, porque de acuerdo con el plan divino, he sido encargado de llevar a su plenitud entre ustedes la Palabra de Dios,
    el misterio que estuvo oculto desde toda la eternidad y que ahora Dios quiso manifestar a sus santos.
    A ellos les ha revelado cuánta riqueza y gloria contiene para los paganos este misterio, que es Cristo entre ustedes, la esperanza de la gloria.
    Nosotros anunciamos a Cristo, exhortando a todos los hombres e instruyéndolos en la verdadera sabiduría, a fin de que todos alcancen su madurez en Cristo.

    Evangelio según San Lucas 10,38-42.
    Jesús entró en un pueblo, y una mujer que se llamaba Marta lo recibió en su casa.
    Tenía una hermana llamada María, que sentada a los pies del Señor, escuchaba su Palabra.
    Marta, que estaba muy ocupada con los quehaceres de la casa, dijo a Jesús: “Señor, ¿no te importa que mi hermana me deje sola con todo el trabajo? Dile que me ayude”.
    Pero el Señor le respondió: “Marta, Marta, te inquietas y te agitas por muchas cosas,
    y sin embargo, pocas cosas, o más bien, una sola es necesaria. María eligió la mejor parte, que no le será quitada”.

    Extraído de la Biblia: Libro del Pueblo de Dios.

    Leer el comentario del Evangelio por :

    San Bernardo (1091-1153), monje cisterciense y doctor de la Iglesia
    3er. Sermón para la Asunción

    Marta y María

    “Marta, Marta, te preocupas por muchas cosas”¿A quién se pueden aplicar mejor estas palabras sino a los que tienen la responsabilidad de una comunidad? ¿Quién es el que se inquieta por muchas cosas sino aquel a quien incumbe ocuparse tanto de María, la contemplativa, como de su hermano Lázaro, como de otras muchas cosas? Reconocéis en Marta la inquietud y agotamiento por mil preocupaciones: es el apóstol que tiene “la preocupación por todas las Iglesias” (2C 11,28), que vela para que los pastores se preocupen por sus ovejas. “Nadie enferma sin que yo enferme, nadie cae sin que a mi me dé fiebre” (v. 29). Que Marta, pues, reciba al Señor en su casa, puesto que es a ella a quien se le ha confiado la dirección de los quehaceres domésticos… Que también los que comparten sus tareas reciban al Señor, cada uno según su particular ministerio; que acojan a Cristo y le sirvan, que le asistan en sus miembros, los enfermos, los pobres, los viajeros y los peregrinos.

    Mientras asumen estas actividades, que Maria permanezca en reposo, que conozca “cuan suave es el Señor” (Sl 33,9). Que esté bien ocupada permaneciendo a los pies de Jesús, con el corazón lleno de amor y el alma en paz, sin quitar sus ojos de él, atenta a todas sus palabras, admirando su bello rostro y su lenguaje. “En sus labios se derrama la gracia; es el más bello de los hijos de los hombres” (sl 44,3), más bello aún que los ángeles en su gloria. Conoce tu gozo y dale gracias, María, tú que has escogido la mejor parte. ¡Dichosos los ojos que ven lo que tú ves, los oídos que merecen escuchar lo que tu escuchas! (Mt 13,16).¡Dichosa eres tú, sobre todo, por escuchar el latido del corazón de Dios en este silencio en el que es bueno para el hombre esperar a su Señor!

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    Publicado por jotaefeb | 17 julio, 2016, 07:24

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