Maduro, chancho de qué chiquero

Amigos: Argentina y Uruguay le han faltado al respeto al Paraguay y al Brasil al decidir unilateralmente otorgar la presidencia pro témpore del Mercosur al gobierno dictatorial del venezolano Nicolás Maduro, quien está sometiendo al pueblo venezolano a una prueba de resistencia más que deshumanizante. Por no aceptar su ineficiencia y su fracaso ni siquiera acepta ayuda humanitaria para el pueblo necesitado y está dispuesto a decaer aún más.

Paraguay ha tenido la postura más digna al respecto, no solo en el Mercosur, también en la OEA, donde apoyó la aplicación de la Carta Democrática al desgobierno de Maduro. Pero la falta de respeto es, sobre todo, para los ciudadanos, ¡y no solo de Venezuela! Acá nos estamos jugando muchas cosas detrás.

Dejemos la chiquilinada. No se trata de “conspirar con los imperialistas” o de “defender a los chanchos del propio chiquero”. Hasta el cuestionado señor Almagro lo ha entendido ya al “descubrir” este año datos como los presentados por el Foro Penal Venezolano, que ha informado que de 11 presos políticos en ese país, entre enero de 2014 y el 31 de mayo de 2016 se ha pasado a registrar 4.253 detenciones, arrestos o encarcelamientos vinculados a protestas y críticas contra el gobierno del régimen heredero de Chávez. El aparato del Estado bolivariano de Nicolás Maduro y su familia están relacionados al tráfico de cocaína hacia EEUU y México. Desde el Supremo Tribunal de su país, Maduro intenta apagar la voz nada menos que de la Asamblea Nacional. Y hay mucho más…

Pero, por ejemplo, ¿qué dice Reuters al respecto de esta situación? “La posición de Paraguay deja abierta una nueva polémica entre los socios del Mercado Común del Sur (Mercosur), bloque que ha sufrido fracturas…”. O sea, el problema para los medios afines a la gobernanza no es Maduro, que está haciendo todo mal, ¡sino Paraguay!, que por fin está haciendo algo bueno, porque nos atrevimos, por decirlo pronto, a abrir la polémica. ¡Qué problemáticos que somos!

Dios mío. De esta forma de querer tapar el sol con un dedo no aprendemos sino a llorar y a desencantarnos. Cuidado, aprendamos de España, por ejemplo, donde hoy se escuchan voces cada vez más violentas y antisistema en la política; solo ver el caso de los agresivos de Podemos, cuyo presidente, por cierto, también recibió plata de Maduro. Y la misma Unión Europea, con amenazas de resquebrajamiento… La gente en todos lados está cansada de discursos buenistas y trasnochados que nada tienen que ver con nuestra realidad ni con las actitudes de nuestros “demócratas”, los cuales se las pasan transando con supuestos representantes de la sociedad civil y juntos traicionan a su gente. Es grave esto y en esta ocasión tenemos que apoyar la postura de Paraguay, que está llevando la voz de la razón a ese foro político. ¡Uy, ¿qué digo?!, ¡háke la gobernanza!… ¡Japoína!

Por Carolina Cuenca

http://www.ultimahora.com/maduro-chancho-que-chiquero-n1004191.html

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20 pensamientos en “Maduro, chancho de qué chiquero”

  1. IMPLOSIÓN

    La actitud autoritaria y escasamente institucional en el manejo del poder ha llevado casi siempre a una dura confrontación no sólo hacia fuera, contra adversarios reales o inventados, sino hacia adentro con los propios elementos de la administración. Los arrebatos y berrinches del gobernante suelen ser la antesala de hechos injustos que dejan profundas huellas en el equipo administrador y que más tarde o temprano repercuten en el destino del mismo gobierno.

    Lo que acontece hoy entre el exdirector del FBI y Trump, en Estados Unidos, es solo una muestra de lo que se nutre el conflicto cuando el mandatario no tiene conciencia institucional de su rango y el respeto que se supone el cargo debería proyectar. En nuestros países aún adolescentes en cuanto a estas cuestiones, lo institucional es siempre secundario y el poder no tiene más límites que los que el propio administrador pueda ponerse o que desde afuera otras instituciones o poderes puedan limitarlos. Por eso es comprensible la acusación de “enemiga” a la prensa, al congreso y, en algunos casos extraños como en el Brasil, el poder judicial. Cuando no se conoce de límites, la implosión está cada vez más cercana al poderoso de turno.

    Esta rutinaria muestra de soberbia en el ejercicio del poder ha sido la causa del fracaso del administrador ocasional pero de extraordinario impacto sobre el país en su conjunto. Uno puede ver con ojos múltiples la crisis en Venezuela pero no se puede dejar de coincidir en el daño que el poder ha hecho en ese país a su población y al remedo de democracia que lo enmarca. Les llevará muchos años recuperar el sentido del respeto y los límites del poder cuando se ha visto arrasar con ellas con un tendal de muertos, heridos, hambrientos y en peligro de muerte por falta de medicamentos o de alimentos.

    Maduro y su gobierno han hundido a su país en el descrédito mayor, que su sola lucha por mantenerse en el poder no pasa de ser un inútil intento de demostrar que de eso se trata finalmente su gobierno, cuando es todo lo opuesto. Si la política es la búsqueda del bien común, su fracaso más elocuente es lo que vemos cuando el poder no lograr entender su transitoriedad y finitud. Los intereses crematísticos y de miedo que lo rodean pueden alargar la agonía pero cuando veamos rebeldías internas que promuevan la implosión de fuerzas estaremos más cerca del fin de este tipo de gobiernos para el que todos los buenos propósitos de gobernar se han reducido a la represión y la muerte violenta.

    Cuando la sociedad se cansa y expresa su hastío en las calles puede ser el comienzo pero no necesariamente el fin. Hará falta que se conteste la realidad desde adentro y que ese conflicto acelere el proceso para que podamos ver gobiernos que acaban víctimas de sus propias contradicciones e implosiones. Mientras tanto seguirá la agonía y el deseo mayoritario de acabar con el régimen a través de instituciones débiles o debilitadas de ex profeso, mostraran que la labor de zapa es importante pero no será la causa final del fin de algo perverso y violento como el ejercido por gobiernos y mandatarios autoritarios.

    En Estados Unidos la lucha entre Comey y Trump se dilucidará institucionalmente; en nuestros casos la cuestión es entre la presión de las calles, el coraje de los medios de comunicación, pero por sobre la implosión al interior de gobiernos que han perdido la vergüenza, sensibilidad y propósito. Es ahí donde hay que atender los estertores del final.
    Por Benjamín Fernández Bogado

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  2. EL VERGONZOSO APOYO DEL CARIBE A MADURO

    He aquí la pregunta del millón de dólares sobre el fracaso de la propuesta para condenar al régimen de Venezuela en la reunión de cancilleres de la Organización de Estados Americanos: ¿cómo puede ser que un puñado de pequeñas islas del Caribe pudieron derrotar una resolución a favor de la democracia respaldada por Estados Unidos, Canadá, México, Brasil, Argentina y otros 15 países de la región?
    Suena ridículo, pero eso es exactamente lo que ocurrió en la reunión de la OEA del 19 de junio en Cancún, México, para discutir la ruptura del orden democrático en Venezuela.

    En la reunión, 20 países votaron a favor de una resolución que habría exigido al presidente de facto de Venezuela, Nicolás Maduro, que detenga su plan de realizar una asamblea constituyente para abolir la Constitución actual. La resolución también pedía reconocer los derechos de la Asamblea Nacional, de mayoría opositora, y permitir un “grupo de países amigos” para mediar en la crisis venezolana, que ya ha resultado en 75 muertos en las últimas semanas.

    Sin embargo, la resolución no fue aprobada porque San Vicente y las Granadinas, Dominica y San Cristóbal y Nieves –junto con los aliados venezolanos tradicionales Nicaragua y Bolivia– votaron en contra. Y otros países del Caribe como Haití, la República Dominicana, Granada, Trinidad y Tobago y Antigua y Barbuda se abstuvieron, lo que de hecho mató la resolución, que requeriría una mayoría de 23 votos para convertirse en obligatoria. Entre los principales defensores del régimen venezolano estaba San Vicente, un país cuyo producto bruto interno de US$ 751 millones es menor que el valor de mercado del Hotel Fontainebleau de Miami Beach.

    Una explicación es que la resolución de la OEA no logró 23 votos por la ineptitud, o la falta de interés, del gobierno de Trump. El secretario de Estado, Rex Tillerson, no asistió a la reunión de cancilleres de la OEA en Cancún, como tampoco lo hizo a una reunión anterior el 31 de mayo en Washington.

    “Desafortunadamente, la cancelación de última hora del secretario Tillerson socavó los intereses de Estados Unidos en la región”, me dijo el congresista Elliot L. Engel, el líder de la minoría demócrata en el Comité de Relaciones Exteriores del Congreso de Estados Unidos. Mi traducción: si Tillerson hubiera estado allí para ofrecer incentivos y torcer brazos, quizás el resultado hubiera sido distinto.

    Otra explicación posible es que los países del Caribe se alinearon con el régimen de Venezuela porque reciben subsidios petroleros bajo el plan Petrocaribe, de Venezuela, o tienen grandes deudas con el mismo. Pero los subsidios petroleros de Petrocaribe al Caribe han disminuido enormemente en los últimos años por la crisis económica de Venezuela, dicen los expertos.

    Jorge Piñón, director de un centro de la Universidad de Texas sobre temas energéticos latinoamericanos, me dijo que Estados Unidos ya les está exportando mucho más petróleo a los países caribeños que Venezuela, y que muchos de estos países ya han saldado gran parte de sus deudas a Petrocaribe.

    Cuando le pregunté por qué tantos países del Caribe continúan apoyando al indefendible régimen venezolano, Piñón dijo: “No lo sé. Desde un punto de vista racional o económico, no tiene sentido”. Otros especulan que puede ser una cuestión de corrupción, y que Venezuela podría estar practicando una vez más su “diplomacia de chequera”.

    Mi opinión: Es asombroso que los Estados Unidos, la mayor economía del mundo, no pueda ofrecer incentivos económicos para ganarse la amistad de las pequeñas islas del Caribe. Peor aún, el recorte del 32 por ciento de la ayuda externa propuesto por Trump podría hacer que Estados Unidos pierda aún más influencia en el Caribe.

    También es ridículo que el sistema de votación de la OEA permita a unas minúsculas islas del Caribe dominar la agenda de la organización. Por supuesto que cada país tiene derecho a un voto, pero la OEA debería tener un Consejo de Seguridad, como las Naciones Unidas, donde los países más grandes pueden emitir resoluciones sobre los temas más urgentes.

    Los esfuerzos de la OEA para restablecer la democracia en Venezuela continuarán, pero la votación del 19 de junio fue una desgracia. Y la mayor parte de la culpa la tienen la mayoría de los países del Caribe.

    Por Andrés Oppenheimer

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  3. TODO HUELE MAL

    El “fracaso” de la OEA en su intento por “presionar” una salida democrática en Venezuela ha dado lugar, entre observadores y analistas, desde Buenos Aires a México, a una especie de común comentario en cuanto a que ello se debe a la posición de países de Centroamérica y el Caribe, que son “petróleo (venezolano) dependientes”.
    Creo que se trata de un comentario que no es ecuánime ni realista.

    Pero parece que hay una opinión corrida en torno al tema en cuestión y no de ahora. Por ejemplo, hace cinco años el popular expresidente uruguayo José “Pepe” Mujica, decía “…me imagino que debe haber un altar en cada islita del Caribe, rogando por la salud de Chávez…”. “…Un gobierno con la generosidad de Chávez no hemos visto nunca en América Latina. Le dio vida a Dios y todo el mundo. Pobre Cuba si no está, y pobres esas islitas que banca todo el tiempo con la canilla abierta de petróleo…”.

    El hecho es que en materia de votaciones, cosas peores se ven a diario en la ONU y sus comités. Alcanza con fijarse lo que se vota y se veta en el de Derechos Humanos, en el que Cuba y China llevan la batuta.

    Quizás “los votos” por motivaciones económicas sean los más explicables. Pueden no justificarse, pero son entendibles.

    Venezuela y el chavismo han generado muchos (malos) ejemplos al respecto. Con los de los españoles a la cabeza: gobiernos del PP y socialistas, asesores de izquierda (Podemos), banqueros y constructores navales, todos en su momento y en función de sus relaciones comerciales o de asesoramiento, defendieron la democracia chavista. El “pico” más vergonzoso –con derivaciones hasta hoy– se dio con el gobierno socialista de José Luis Rodríguez Zapatero y su canciller Miguel Ángel Moratinos.

    Pasó con Brasil. Más allá de las “afinidades” ideológicas, el apoyo de Lula se medía en superávits en la balanza comercial y carta blanca –casi patente de corso– para las empresas brasileñas con negocios en la exuberante Venezuela. Hoy en Brasil cambió el gobierno, pero también cambiaron las “posibilidades económicas” que ofrece la pobre Venezuela; Itamaraty siguen siendo la misma.

    Son muchos los ejemplos, pero el peor es el de los Estados Unidos, que no por conocido deja de asombrar, cada tanto. En estos días, en el diario “El País”, de Madrid, y noticias de Bloomberg han puesto otra vez sobre el tapete los negocios petroleros entre Venezuela y “el imperio”.

    EE.UU. es el mayor comprador de petróleo de Venezuela, por unos 12.000 millones de dólares anuales. Venezuela exporta el 30 por ciento de su producción a EE.UU. y es el mayor exportador latinoamericano y el tercero en el mundo.

    Es conocido que la empresa Citgo, con refinerías y centenares de gasolineras en EE.UU., es de PDVSA.

    En las épocas en que el comandante Chávez en unas de sus tantas payasadas hablaba del “azufre”, el negocio del petróleo entre los dos países iba viento en popa.

    Chávez hablaba en contra de un acuerdo de libre comercio con EE.UU., pero tenía una gasolinera en cada esquina de ese país, como le reprocho un colega. Y, además, todo lo que recaudaba en esas gasolineras lo dejaba en bancos y en bonos estadounidenses.

    La hipocresía, el doble discurso, el cinismo, es muy grande. Si el Gobierno de EE.UU. actuara con respecto a Venezuela como lo hace con Irán, el régimen chavista ya habría caído. Pero parece que al imperio no le preocupa tanto la crisis venezolana: castiga a algunos hombres del régimen, pero mantiene sus “negocios”, sin ningún problema y sin ninguna traba, con el régimen.

    Por eso es que no parece ecuánime, ni ajustado con lo que es la realidad, “señalar” a los países que frenan en la OEA una condena en serio a Maduro y el régimen chavista.

    Hay cosas peores, como está dicho y probado.

    Por Danilo Arbilla

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  4. Venezuela fallida

    El asunto es más grave. El régimen chavista de Nicolás Maduro, sin duda, ha violado todos los incisos de la Carta Democrática Interamericana de la OEA y merece ser sancionado, pero suspender a Venezuela de la organización es poca cosa y, tal vez, llega muy tarde. El daño que ha sufrido esa sociedad ha sido muy profundo.

    Peor que tratar de convertir a Venezuela en otra Cuba, es haberla transformado en otro Congo, un país caótico y desorganizado, dominado por jefecillos locales que viven a punta de cuchillo. Venezuela, además de ser un “Estado forajido” que agrede a los demás, es un “Estado fallido” que incumple sus propias leyes e ignora sus instituciones, del que ha desaparecido el principio de autoridad, la capacidad de reprimir se ha atomizado en mil centros violentos, y el aparato estatal no responde a las órdenes de quienes, supuestamente, mandan.

    Maduro, un señor que dice tonterías y baila salsa, dirige precariamente uno de esos centros. “Por ahora” es el más poderoso, pero solo provisionalmente. Está a su alcance encarcelar a Leopoldo López o a Antonio Ledezma, porque la oposición actúa dentro de unos esquemas republicanos pacíficos y predecibles, pero Maduro no puede controlar a los miles de venezolanos de rompe y rasga, los “malandros” a los que el chavismo armó y les dio patente de corso para que desvalijaran y aterrorizaran a lo que llaman “la burguesía”, es decir, las personas empeñadas en tener una vida decente y normal.

    Es la anomia total. La absoluta falta de principios, valores y normas civilizadas. Aunque quisiera, que no es el caso, Maduro tampoco puede impedir la producción y tráfico de estupefacientes. Esa, desde la perspectiva chavista, es solo una zona más de enriquecimiento. El narcotráfico apenas es una variante del delito. Lo practican muchos generales coludidos con los capos de la droga, e incluso sus propios parientes más cercanos, como sucede con sus narcosobrinos. Hay unos ladrones de cuello blanco que roban en PDVSA. Otros crean empresas de maletín para intermediar en las compras del Estado o reciben cuantiosas coimas de compañías como Odebrecht. En el fondo, son iguales.

    ¿Cómo llamarlos al orden si el chavismo ha sido una inmensa máquina dedicada a delinquir? El desalmado que mata a una muchacha para robarle un teléfono celular siente que lo que él hace no es peor que aprovecharse de las relaciones personales para obtener dólares a precios preferentes y enriquecerse por medio de cambios tramposos. Cada uno rebaña lo que puede y como puede. El “perraje”, que es impresentable, usa la navaja o la pistola para extorsionar o matar a cualquiera y huir de la escena del crimen a bordo de una moto. El bandido sofisticado utiliza un bolígrafo de oro, tiene cuenta en un paraíso fiscal, y se prepara para abandonar Venezuela en su propia avioneta tan pronto el barco comience a hundirse. Uno y otro se hermanan en la impunidad y en el desprecio por el país en que nacieron.

    ¿Qué más puede ocurrir en Venezuela? Dada la infinita incapacidad del régimen y la creciente pérdida de autoridad, puede suceder cualquier cosa. Ya está sucediendo. El default y la consecuente desaparición del crédito para importar alimentos están a las puertas. Como resultado de ello, es previsible una hambruna que mate a miles de venezolanos o los deje en puro hueso y pellejo. La ausencia prolongada de electricidad y agua potable no es descartable. Tampoco la aparición de unas infecciones monstruosas e incontrolables. Seguirá, in crescendo, la desesperante hiperinflación que va agregándoles ceros a los precios y puede llegar a cifras incalculables, como sucedió en Alemania en los años veinte del siglo pasado o en la década de los ochenta en países andinos del vecindario como Perú, Bolivia y Ecuador.

    ¿Cómo se le pone fin a esta pesadilla? Es difícil creer que Maduro se acoja al sentido común y busque una solución colegiada junto a la oposición, que es la infinita mayoría del país. Raúl Castro le ordenará que resista y se atrinchere en el discurso antiimperialista. Raúl está dispuesto a pelear hasta el último venezolano. Todo lo que le interesa a La Habana es continuar con el ordeño de la vaca lechera. No veo a Nicolás Maduro perdiendo unas elecciones y colocándole la banda presidencial a Henrique Capriles, a María Corina Machado, y mucho menos a Leopoldo López.

    Se cumplirá, sin embargo, un dictum propio de estas situaciones: mientras más dure, y mientras mayor sea la destrucción de los fundamentos nacionales, más dolorosa y sangrienta será la cura.

    Por Carlos Alberto Montaner (*)

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  5. Maduro es un peligro para todos

    El final de la comedia se veía venir. Nicolás Maduro ha eliminado cualquier vestigio de democracia en Venezuela. Sus sicarios en el Tribunal Supremo de Justicia se han encargado de asumir las funciones de la Asamblea Nacional. Esta es la última maniobra. Ahora continuará la dictadura, pero sin tapujos y con mano aún más dura. El camino está libre para acusar a los diputados de traición a la patria. O de lo que se les ocurra.

    La operación comenzó tras la derrota electoral de diciembre de 2016. Era la versión venezolana de la piñata nicaragüense. Fue entonces, en las pocas semanas que faltaban para que el nuevo parlamento comenzara a operar, cuando, a toda máquina, reformaron la composición de la cúpula del poder judicial, pisoteando la Constitución y preparándose para gobernar a palo y tentetieso cuando fuera necesario. O sea, ya.

    Luis Almagro envió un tuit calificando el hecho como un autogolpe. El secretario general de la OEA casi tiene razón. En realidad, fue la etapa final del coup que se gestó en el momento en que supieron, con total certeza, que el 70% de los venezolanos los repudiaban, y llegaron a la conclusión de que ese porcentaje continuaría ascendiendo por la precaria e indetenible situación de la economía.

    Inmediatamente, Almagro convocó al organismo para actuar en consecuencia. Seguramente invocará la Carta Democrática Interamericana, y tiene una posibilidad muy grande de aplicarla y expulsar a Venezuela de la institución, si es que antes Caracas no se da de baja del organismo, lo que probablemente suceda. Almagro posee el apoyo de 20 países y tal vez pueda agregar otros tres para alcanzar las dos terceras partes del total de 34.

    Por la otra punta, ya está claro que, dentro de la institución, el régimen venezolano tendrá el respaldo activo de Bolivia, Ecuador y Nicaragua. Mientras tanto, la dictadura cubana, fuera de la OEA desde 1962, manejará todos los hilos del chavismo.

    Al fin y al cabo, la cabeza del Socialismo del Siglo XXI está en La Habana. Nicolás Maduro es sólo un títere (mal) formado en los cursillos de marxismo-leninismo de la Escuela de Cuadros del Partido Comunista de Cuba, llamada “Ñico López”, sugerido por Fidel Castro a Hugo Chávez por la elemental lógica de poder dominante: Maduro les parecía a los servicios cubanos un bruto noble y dócil que hablaba con los pajaritos, mucho menos corrupto y más manejable, por ejemplo, que Adán Chávez, el hermano del fallecido teniente coronel. Maduro no era perfecto, pero, entre los venezolanos disponibles, era el más útil para “los cubanos”, precisamente por sus debilidades.

    ¿Y qué va a pasar tras la censura de la OEA a Venezuela? No demasiado, a menos que los Estados Unidos abandone la ridícula actitud de “Venezuela no es un peligro, sino una molestia”, adoptada desde el gobierno de George W. Bush, y luego continuada por Barack Obama.

    El gobierno de Venezuela, aunque caótico y desorganizado, sí es un peligro para la seguridad de Estados Unidos por sus vinculaciones con los terroristas islámicos y por sus lazos militares con Irán y Hezbolá. No tiene ojivas nucleares, pero posee otros medios de perjudicar severamente a su archienemigo.

    Es un peligro por sus nexos con el narcotráfico y por la utilización de una parte de sus generales en este comercio asesino. Es un peligro por su militante “antiyanquismo”, y por ser una de las naciones más corruptas del planeta.

    ¿De qué le sirve al Departamento del Tesoro de Washington perseguir a los jerarcas del fútbol por corrupción, o a una docena de banqueros por blanqueo de capitales procedentes de la droga, como señala la DEA, si Venezuela es un narcoestado impunemente dedicado a todos esos menesteres y a parada y fonda de las narcoguerrillas colombianas?

    Por último, el gobierno de Venezuela pone en peligro a su propia población, deliberadamente hambreada, mientras el país se aproxima a una terrible catástrofe humanitaria, por una combinación letal entre el pésimo gobierno y la corrupción. ¿No habíamos quedado en que existía “el deber de proteger” a las víctimas de estos horrores políticos?

    Estados Unidos es la única nación de las Américas que posee la visión estratégica, los recursos, el peso material y el sentido de la responsabilidad que se requiere para defenderse de sus enemigos y dedicarse a cambiar un régimen que le perjudica intensamente y emponzoña la atmósfera en toda América Latina.

    No es verdad que la Guerra Fría terminó totalmente. Si Estados Unidos desea continuar siendo la cabeza del mundo libre no puede evadirse del tema venezolano. Tiene que dar un paso al frente y liderar al Continente.

    Por Carlos Alberto Montaner (*)

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  6. Milagro en Venezuela

    Por el nombre, Tareck El Aissami, y por sus “obras y promesas”, se podría pensar que es un hombre de Al Qaeda o del ISIS. Pero no; es gobierno y no trabaja en la clandestinidad ni por sorpresa (aunque siempre puede sorprendernos). En todo caso, habría que hablar de una Dina o una súper Gestapo.

    En realidad, se trata del flamante vicepresidente de Venezuela, designado por Nicolás Maduro, quien está al frente del “Comando Antigolpe” (hay que agregarlo a la nomenclatura) y quien ya ha puesto en prisión a 6 opositores, entre ellos, un diputado y amenaza con más, y otros tipos de atropellos. Así, a cara descubierta. Sin la participación de un juez, aunque sea para disimular. (Igual, nadie se lo creería, pues poca garantía puede ser un subalterno del Tribunal Supremo de Justicia (TSJ), el que, a su vez, en los hechos, es subalterno de Maduro).

    Para Amnistía Internacional, se trata de “una cacería de brujas”.

    Quién lo iba a pensar hace unos meses, cuando, revocatorio mediante, la salida de Maduro era segura.

    Pero se produjo el milagro: Maduro, agonizante, casi boqueando, le pidió ayuda al Sumo Pontífice, quien parecía no haberse enterado hasta ese momento de lo que pasaba en Venezuela. Y el Papa le dio una mano. Como se la había dado a Cristina Kirchner, Correa, Evo Morales y los Castro. ¿O no?

    El papa Francisco, el argentino Jorge Bergoglio, santificó el diálogo –imprescindible para ganar tiempo para Maduro– y les dio crédito a los devaluados expresidentes Rodríguez Zapatero, Torrijos y Fernández, a la orden de la política “dialoguista” de Maduro, y a Ernesto Samper, secretario de una inexplicable pero no menos responsable Unasur, y a la vez embretó a la oposición y dio un argumento a muchas organizaciones y grandes países para que se lavaran las manos o siguieran con la cara dada vuelta.

    En pocos meses de diálogo con sello papal, Maduro logró anular el referéndum revocatorio (todo en forma ilegal), aumentar el número de presos políticos, impedir el ingreso al Parlamento de varios diputados indígenas electos, y anular las decisiones de la Asamblea Nacional (AN) declarada en “desacato”. Todo ello con la complicidad y abuso de un vergonzoso Tribunal Supremo de Justicia, dependiente y al servicio de Maduro.

    La AN, única institución legítimamente democrática, acusó de abandono del cargo a Maduro, pero, aunque legal lo suyo, de poco le vale porque el Gobierno dice que todo lo que haga o resuelva el Parlamento es nulo. Y las FF.AA. y policía son parte del régimen y responden a Maduro.

    El Mandatario brindó su informe anual ante el TSJ y no como lo debe hacer, ante la AN (Art. 237 de la Constitución), y someterse a las preguntas y críticas de esta. No lo hizo: el TSJ tiene, además, la ventaja de que no hace preguntas.

    Y Maduro –diálogo papal mediante– se ríe de todos y le pide plata a China (5.000 millones de dólares) sin dar cuenta a nadie, como está obligado, y dice que la AN es la institución “más desprestigiada y repudiada” de Venezuela. También dice, aunque suene a burla y tontería, que la AN comete abuso de poder.

    Y por si fuera poco, el mandamás venezolano exige que se continúe con el “diálogo pacificador” y bendecido, y ahora con el apoyo extra del Comando de El Aissami.

    La oposición se cansó y se niega al diálogo. No está dispuesta a seguirles el juego ni a convalidar lo que está pasando. Saben, además, que el diálogo no sirve de nada. (Seguir con este diálogo auspiciado por el Vaticano y Unasur, vistas sus consecuencias hasta el momento, da para pensar que el próximo paso será la disolución de la AN y la prisión de todos los parlamentarios opositores).

    Ante la negativa de la oposición, Maduro los denuncia y desenmascara: “Ellos se burlan del Papa, y se burlan de los expresidentes, y se burlan de Unasur y se burlan de lo que a ellos se les ocurra…

    Que cada uno, a su criterio, determine a quiénes es que denuncia y a quiénes desenmascara.

    Por Danilo Arbilla

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  7. Los sofistas del siglo XXI

    En la antigua Grecia llegaron a te­ner mucho destaque los “sofistas”, personas que haciendo alarde de sus conocimientos en las ciencias y la filosofía engañaban a los demás con argucias y sofismas. Utilizaban sus grandes habilidades en la oratoria para confundir a los demás y benefi­ciarse de sus habilidades para la ob­tención de lucro o para escalar una posición social.

    En la actualidad, se da esta misma si­tuación con el llamado Socialismo del Siglo XXI, impulsado por el gobierno de la República Bolivariana de Vene­zuela, que tuvo como principal es­tandarte al tristemente célebre Hugo Chávez, ex presidente de dicho país, quien se inspiró en la doctrina del político alemán Dieterich Steffan, y que sirvió también de modelo ideoló­gico para países como Bolivia, Ecua­dor, Brasil, Argentina, Nicaragua, que siguieron los pasos del citado manda­tario, aunque cada uno modificando dicha doctrina conforme a sus inte­reses.
    Como consecuencia de todo lo mani­festado, esta corriente busca captar la atención popular a través de una retórica ajustada a lo que el pueblo quiere escuchar, supedita toda la es­tructura del Estado a las “necesidades del pueblo” y da la impresión de que es éste el que dirige el curso de la po­lítica. La manipulación de la concien­cia popular es una cuestión manejada e impulsada directamente por sus lí­deres.
    Nicolás Maduro, principal cabeza de esta decadente doctrina, como carac­teriza a toda dictadura, se presenta como el redentor del pueblo, como el defensor de los supuestos ataques externos, que amenazan al país, y que son la causa principal de los proble­mas económicos y políticos, funda­mento este que constituye una estra­tegia ideal para justificar el absoluto fracaso de este sistema de gobierno que está llevando a la quiebra a un país con una riqueza natural envi­diable, pero que sin embargo tiene a sus conciudadanos sufriendo hambre y necesidades básicas totalmente in­justificables.
    El socialismo pretende todavía sos­tener la imposible teoría de que la propiedad y la administración de los medios de producción deben estar supeditados a las clases trabajadoras, con el fin de lograr una igualdad po­lítica, económica y social, teniendo al Estado como contralor y supervisor del manejo de todo, lo que, por su­puesto permite a los líderes de turno, a través de una hábil campaña mediá­tica, mantener el control de la políti­ca e influir en todas las decisiones de trascendencia.
    Como lógica consecuencia del desca­labro económico que sufre Venezuela por el manejo discrecional de la cosa pública; la falta de capacidad de ges­tión del gobierno, la implicación de sus actuales líderes en el narcotráfi­co, los fraudes, y otras tantas formas de corrupción, se desarrolló una dic­tadura que ahora se evidencia a través de las acciones represivas, la censura, el encarcelamiento de líderes oposi­tores, que son actos desesperados del gobierno como último recurso para evitar la caída del régimen.
    La clase política opositora se ve coar­tada de ejercer algún tipo de presión, o acciones efectivas, puesto que el ré­gimen tiene totalmente copadas las instituciones de importancia estraté­gica, así como a las Fuerzas Armadas, principal elemento de coacción para el caso de un enfrentamiento. Sin embargo, el revés político sufrido por el régimen de Maduro, con el copa­miento de la Asamblea Nacional por la oposición, significó un duro golpe para desestabilizar aún más la ya de­teriorada situación social.
    Es así que como último recurso la Asamblea Nacional ha recurrido a la figura constitucional del “Aban­dono de Cargo del Presidente”, de­bido a que la carta magna no cuenta con la figura del Juicio Político, para la remoción del Jefe de Estado. Esta acción fue contrarrestada por la Cor­te Suprema de Justicia, con el funda­mento de que la Asamblea no cuenta con atribución legal para dictar dicha resolución, produciéndose en conse­cuencia un conflicto entre los poderes del Estado.
    Finalmente, el proyecto utópico de la Revolución Bolivariana que dio en lla­mar “Socialismo del siglo XXI” nun­ca fue un programa político y mucho menos de carácter económico, no ha pasado de ser un Coloso con Pies de Barro, con principios contradictorios y argumentos falaces basados en la manipulación de un pueblo que ter­minó engañado y pobre, siendo los únicos beneficiados los líderes que están dando los últimos manotazos para evitar la irremediable caída al abismo.

    Héctor Sosa Genaro

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  8. De “che” y “vos”

    Nicolás Maduro hace unas horas agradeció al papa Francisco por el apoyo brindado al “diálogo”. Y está bien que sea así porque el Pontífice, al cual Maduro le fue a pedir auxilio a Roma, por primera vez se interesó en serio en Venezuela –por lo que se había visto hasta ese momento– y salió con lo del dialogo, dando nivel y autoridad a los esfuerzos de los amigos del chavismo de la Unasur y los expresidentes Torrijos de Panamá, Fernández de República Dominicana y Rodríguez Zapatero de España.
    El papa Bergoglio embarulló el tema y logró darle un respiro a Maduro. Lo legitimó. Maduro agradecido.

    Habrá que ver que es lo que dice la historia.

    Es que el Papa como que no cuida mucho “las juntas” (dime con quién andas…), o está demasiado jugado y no disimula aunque sea un poquito. Hace unas horas también Hebe de Bonafini (Madres de Plaza de Mayo) le escribió una carta “a su amigo el Papa”, preocupada por un eventual brote de violencia en Argentina.

    El hecho es que efectivamente crece un rumor sobre una eventual explosión popular en ese país (saqueos, toma de barrios, avenidas y rutas, etc.) en el mes de diciembre, similar a la de hace 15 años, que culminó con la caída del entonces presidente Fernando de la Rúa.

    En el juego de hacer correr la especie está el kirchnerismo acorralado por la justicia por corrupción (en Argentina mucha gente reclama y oros no se explican cómo Cristina Fernández de Kirchner aún no está presa).

    Juan Grabois ha dicho que “están dadas las condiciones para que haya un bolonqui (quilombo) a fin de año”. ¿Quién es este personaje, se dirá el lector? Pues bien, Grabois es de la Confederación de Trabajadores de la Economía Popular, un abogado católico, de 33 años, conocido como el amigo peronista del Papa, con quien tiene trato directo (y permanente, dicen).

    Y ahora se suma la carta de alerta de Hebe, quien, como decimos en el Río de la Plata, es de “che y vos” con Bergoglio. Queridísimo Francisco la encabeza y sigue (subrayados propios): “Te escribo porque desde que nos vimos, el 27 de mayo pasado, las cosas están mucho peor.

    La violencia institucional crece en los barrios pobres. El pueblo tiene miedo, la mentira es moneda corriente todo el día, todos los días, en todos los que gobiernan. El hambre crece, con hombres y mujeres con sus niños durmiendo en las plazas y las veredas.

    Perdóname por esta carta pero sé que tus palabras tienen una gran recepción en el pueblo: las necesitamos. Las Madres hacemos más de lo que podemos y los jóvenes también: reuniones y discusiones para ejercer mejor la solidaridad, entregando, como antes, lo mejor que tenemos, pero nunca alcanza porque el hambre no espera y la bronca crece.

    Muchos de los que están cerca del Gobierno empiezan a echarle la culpa de todo a Trump.

    Me da miedo pensar a qué violencia nos impulsan, a qué respuesta.

    Ayúdanos con tus palabras…

    …La llamada “democracia” nos costó muchas vidas ya. Me espanta la imagen del 20 de diciembre de 2001, con tantos pibes asesinados en la Plaza de Mayo. Me persiguen esas imágenes.

    Disculpá por pedirte tanto, pero no me queda otra, la política sola no alcanza…”.

    Cosas veredes Sancho, según dice que decía el Quijote: Hebe de Bonafini temerosa de la violencia. La misma Hebe que festejó a más no poder la caída de las Torres Gemelas y la que acusó al entonces arzobisbo Jorge Bergoglio de fascista y cómplice de la dictadura. La que dijo que “la basura va toda junta” refiriéndose al hoy Papa y al hoy presidente de Argentina, Mauricio Macri (“son la dictadura misma” sintetizó). La que según contó, “hizo sus necesidades” tras el altar mayor de la Catedral de Buenos Aires a cargo de Bergoglio.

    Esa señora, investigada a su vez por corrupción y que ha anunciado que desalojará por la fuerza a los jueces y ministros de la Corte de Justicia y que insulta sin límites al Primer Mandatario, ahora dice temer por algún brote de violencia y pide ayuda a su amigo el Papa.

    ¿Le pide ayuda o pide que legitime “algún plan” que tienen entre manos para el próximo mes de diciembre?

    Sería bueno conocer la respuesta del Papa.

    Por Danilo Arbilla

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  9. MORIBUNDOS

    Nicolás Maduro, vetado como presidente pro tempore del Mercosur, fue designado presidente del Movimiento de Países no alineados (Mnoal).
    Debería estar contento. Lo del Mercosur, que lo integran tan solo cinco países, incluida Venezuela (por ahora), era por seis meses, mientras que lo de del Mnoal, formado por 120 países, es por todo un año (¿Durará un año Maduro? ¿No dicen que hay un referéndum revocatorio?).

    Ciento veinte contra cinco. Los números cantan. Sin embargo en este caso, quizás las matemáticas no sean tan exactas.

    Puede que esté contento o no, entonces.

    ¿Quién se acuerda del Mnoal? A los no alineados, que en otras épocas con Nerhu, Nasser, el Mariscal Tito y Sukarno se hacían oír en el mundo entero, hoy se les hace difícil conseguir algún titular. A su reunión Cumbre realizada días pasados en la Isla Margarita, de 120 presidentes y jefes de Estado que se invitaron concurrieron tan solo quince, como lo han señalado algunos opositores venezolanos para así resaltar la poca importancia del evento y la pérdida de convocatoria de la organización.

    El Mnoal, no obstante, resolvió impulsar una reorganización de las Naciones Unidas. ¿Nada menos? El hecho es que a nadie le importa.

    Se trata de organizaciones moribundas, burocracias sin enterrar, a las que ya hace mucho que se le pasó la hora, y que perviven por el instinto de conservación de los propios burócratas que para ello, y solo para ello, muestran una eficiencia sin parangón.

    El Mercosur integra –cómodamente– esa lista de moribundos. Ha servido de muy poco. Sobre todo para los dos países más pequeños: Paraguay y Uruguay. Por momentos, cuando ha habido sintonía entre sus inventores de hace 25 años, a Argentina y Brasil (Raúl Alfonsín y el eterno José Sarney) les ha sido útil para su estrategia. Por supuesto Brasil ha sido el que más jugo le ha sacado, como siempre pasa por la región.

    Esa “sintonía” que se manifestó fuertemente en clave ideológica en los últimos 10 o 15 años incidió en el Mercosur, desvirtuándolo totalmente en cuanto a sus fines originales. La suspensión de Paraguay y el ingreso de Venezuela, en forma grosera y prepotente, violando todas las normas, fue manifestación elocuente y efecto directo de esa “sintonía ideológica”. “Lo político primó sobre lo jurídico”, explicó en su momento el presidente uruguayo José Mujica, parte de esa triple alianza con Dilma Rousseff y Cristina Fernández de Kirchner.

    Pero esa “afinidad” se ha ido resquebrajando y se ha hecho pedazos con la destitución de Dilma. Solo queda Uruguay, que ha cumplido un triste y lamentable papel en cada instancia. Paraguay, en tanto, se regocija con una justa revancha que apunta al blanco correcto y pide la expulsión de Venezuela por no cumplir con los protocolos de la institución, en particular con el de Ushuaia, que exige a sus miembros el apego democrático, de lo que el régimen chavista se viene “despegando” desde hace mucho.

    La semana pasada, Venezuela casi fue expulsada del Mercosur. No ocurrió así, pero se le dio un plazo hasta diciembre para cumplir una serie de obligaciones pendientes –entre ellas la de Ushuaia–, lo que le será muy difícil de concretar.

    En realidad, la decisión tuvo un objetivo paralelo que fue el de presionar a Nicolás Maduro para que no ocurra nada “raro” con el “referéndum revocatorio”.

    Las cosas, aunque no se digan, están muy claras: si el referéndum no se hace este año, Venezuela será expulsada del Mercosur, y tras ello vendrá la OEA (Luis Almagro, el secretario general ya tiene afilados los cuchillos). De poco le servirá a Maduro ser presidente del Mnoal.

    Ahora, si el referéndum se hace, y se cumple con la constitución y las normas, Maduro será “revocado”, seguramente.

    Difícil que ocurra otra cosa: Maduro también está moribundo, pero en su caso, sin muchas chances de pervivir.

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  10. ANACRONISMO

    Uno de esos conglomerados convertidos en parte del turismo presidencial más anacrónico debe ser el que conforman los llamados países no alineados en su reunión en una isla –casi metafórico– de Venezuela. ¿No alineados a quién? La URSS es parte de la historia antigua de finales del siglo pasado; Estados Unidos, más preocupado en evitar que un lunático como Trump alcance la presidencia y amigado con Cuba, que sigue siendo una isla anacrónica en pleno siglo XXI. El desfile de mandatarios convertidos en parias mundiales con un referente excepcional de ese grupo que es Maduro, nos grafica con claridad el nivel de anacronismo al que han llegado los herederos de Nasser, Tito, Nerhu y otros.

    Ahí estaban Mugabe o la mayor contradicción de gobernante africano, un mulah de Irán y tal vez un psicópata norcoreano, todos juntos a un rejuntado equipo que se ha quedado no solo sin discurso sino por sobre todo sin realidad. Deben cambiar urgentemente de nombre, hacerse un lifting evidente y por sobre todo encontrar un enemigo o un par de ellos por lo menos sólido que justifique un viaje a la Isla Margarita. De lo contrario, tanto los participantes como los temas solo servirán para retratar el sueño de algún mandatario aburrido al que el jet lag no le perdona un par de bostezos y un sueño profundo a pesar de que en su país la pesadilla se viva despierto.

    El anacronismo no es solo la denominación de no ser alineados sino en probar al interior de sus países la abierta contradicción entre aquello que promovió su conformación en el siglo pasado y la realidad en la que viven sus poblaciones.

    El anacronismo no es solo la denominación de no ser alineados sino en probar al interior de sus países la abierta contradicción entre aquello que promovió su conformación en el siglo pasado y la realidad en la que viven sus poblaciones. ¿Cómo explicar a los hambrientos y perseguidos de Zimbabwe, Corea del Norte o Venezuela que el no ser alineados a no sabemos quién le representa un peor nivel de vida y unas condiciones indignas en general?

    Con una realidad tan lacerante, estoy seguro de que muchos de los seguidores de estos cuasi parias mundiales estarán pensando seriamente estar alineados a cualquiera toda vez que ello represente vivir mejor. El enemigo de los no alineados solo está en fila con la pobreza, la violación a los derechos humanos y la persecución. Ellas son las enemigas de poblaciones que si se les preguntara el valor de estas cumbres diría que forma parte del paseo internacional de sus mandatarios para superar el aburrimiento de someter a sus pueblos a las peores condiciones de vida. Algunos dirán: “que se vayan, así descansamos de ellos por unos instantes”, y no faltarán otros con deseos todavía más radicales.

    Es innegable la falta de imaginación de estos presidentes que hace rato deberían haber liquidado de raíz estos grupos que atrasan el reloj de la historia en varias décadas y someten sus desgastadas figuras a un hazmerreír cotidiano de sus afligidos ciudadanos. La elección de la Isla ha sido claramente una manera de evitar las manifestaciones en Caracas, y la contestación oficial de Maduro dio pena. La situación de los venezolanos es contundente: “queremos un referéndum revocatorio para expresar nuestro repudio al gobierno de ocasión”. El Gobierno lo niega porque sabe el resultado y para evitar marchas y repudios realiza una cumbre en la otrora paradisiaca Isla de Margarita. El resultado no puede ser otro que el fracaso no solo por los invitados que representan todo lo que la ciudadanía mundial repudia de los gobiernos. A los convidados solo les queda ficcionar sobre la realidad que les toca administrar. Buscarse un chivo expiatorio para justificar sus flagrantes violaciones a los derechos humanos o recurrir, como lo hizo uno de los invitados, a mofarse del anfitrión y su exceso de peso en el ánimo de levantar el caído ánimo de los convidados.

    No hay otra, el foro de los países no alineados no aguanta ni un chiste pesado. Es anacrónico en su denominación, sus miembros y su contenido.

    Benjamín Fernández Bogado

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  11. LA CRECIENTE SOLEDAD DE MADURO

    La decisión de los países del Mercosur de enviar un ultimátum al régimen autoritario de Venezuela exigiéndole que respete las reglas de la democracia pasó casi inadvertida en los medios de Estados Unidos, pero probablemente es el acontecimiento diplomático más importante de la región en los últimos años.

    Es cierto que Luis Almagro, el secretario general de la Organización de los Estados Americanos (OEA), ya había emitido en junio un informe declarando que el presidente venezolano Nicolás Maduro estaba violando los principios democráticos más elementales. Pero Maduro había aducido que el informe de la OEA era una maniobra imperialista de Estados Unidos, enfatizando que Estados Unidos es uno de los principales miembros de la OEA.

    Ahora, por primera vez, el Mercosur, un grupo clave de países sudamericanos que no incluye a Estados Unidos, no solo ha exigido que Maduro restablezca el Estado de derecho, sino que ha puesto un ultimátum para que lo haga antes del 1 de diciembre, o de lo contrario Venezuela será suspendida del bloque comercial regional.

    Brasil, el país más grande de la región, anunció el 13 de septiembre que los cuatro miembros fundadores de Mercosur –Brasil, Argentina, Paraguay y Uruguay– decidieron que suspenderán a Venezuela si el país no cumple los estatutos comerciales y de derechos humanos del bloque para esa fecha.

    Esta no fue solo una ruptura diplomática clave con el régimen de Maduro tras 17 años de sólido apoyo –o tolerancia– latinoamericana con los abusos de Venezuela contra los derechos humanos y la democracia, sino que no podría haber llegado en un peor momento para el régimen de Maduro.

    La declaración de Mercosur vino en momentos en que Maduro se preparaba para asumir con bombos y platillos la presidencia del Movimiento de Países No Alineados, en una ceremonia en la isla Margarita de Venezuela.

    Aunque el Movimiento de los No Alineados se ha vuelto casi irrelevante tras su época de oro en la década de 1970, Maduro había hecho un enorme despliegue publicitario para mostrarse internamente como un líder del mundo emergente, a pesar de la peor crisis económica y política de su país en la historia reciente.

    “El gobierno estaba tratando de usar la cumbre de los No Alineados para darse un baño de legalidad y respaldo internacional, y resultó desairado por sus propios vecinos sudamericanos”, me dijo el líder opositor Carlos Vecchio.

    Para empeorar las cosas, la cumbre de los No Alineados resultó un fiasco. Hasta el momento en que fue escrita esta columna, solo cuatro presidentes de los 120 países participantes –los de Bolivia, Ecuador, Irán y Zimbabwe–, habían confirmado su presencia.

    Fuentes diplomáticas sudamericanas me señalaron que el ultimátum de Mercosur para el 1 de diciembre se emitió porque la región teme que se produzca una explosión social en Venezuela, y se está agotando el tiempo para llegar a una solución pacífica.

    La coalición opositora MUD está pidiendo un referéndum revocatorio autorizado por la Constitución antes de fin de año. Según la ley, si el referéndum se lleva a cabo después de la primera mitad del mandato de Maduro, que cae el 10 de enero, el actual vicepresidente podría asumir el cargo de Maduro durante el resto de su mandato hasta el 2019.

    “El gobierno de Maduro está poniendo todo tipo de obstáculos para posponer el referendo revocatorio, y los miembros del Mercosur decidieron que no podían esperar más”, me dijo un diplomático sudamericano.

    Mi opinión: El ultimátum del Mercosur a Venezuela fue muy importante, pero hará falta más presiones diplomáticas para que Maduro permita llevar a cabo el referéndum este año.

    En primer lugar, Mercosur tendría que exigir específicamente que Venezuela permita el referendo este año.

    En segundo lugar, Estados Unidos debería retirar públicamente su apoyo al supuesto esfuerzo de mediación del expresidente español José Luis Rodríguez Zapatero, que ha sido una farsa que solo ha ayudado a Maduro a ganar tiempo y posponer el referéndum.

    Habiendo dicho esto, hay que decir que la declaración de Mercosur podría marcar un punto de inflexión en la reciente historia de complicidad latinoamericana con los abusos de Venezuela y su falta de cumplimiento con acuerdos regionales. ¡Ya era hora!

    Por Andrés Oppenheimer

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  12. Venezuela y el laberinto del referendo contra Nicolás Maduro
    Por ALBINSON LINARES

    Una noche de agosto, el profesor Ramón Mogollón recorría apresurado las calles de San Cristóbal, una ciudad venezolana en la frontera con Colombia, con un frasco en la mano. Era una muestra de heces de su hija más pequeña, enferma del estómago hacía días, pero en cada laboratorio clínico al que entraba se negaban a atenderlo: en ningún lugar se conseguían los reactivos para analizarla.

    “Acá no se encuentra nada, y lo peor es que cuando consigues comida o medicinas todo viene de Colombia y cuesta 10 veces más”, contó Mogollón, un profesor universitario de 37 años, en una entrevista telefónica. “Mi sueldo se ha reducido a menos de 50 dólares. Cuando uno siente que ya no puede más, siempre aparece un problema nuevo. Ahora todos estamos hablando del revocatorio pero casi no me quedan esperanzas”.

    La vida de muchos venezolanos es una lucha contra el tiempo, que se desvanece en las largas filas que deben hacer para conseguir alimentos, medicinas, servicios de salud, combustible y casi cualquier provisión que ha desaparecido por la profunda crisis económica del país. Una investigación de la Universidad Simón Bolívar muestra que nueve de cada diez venezolanos ya no pueden comprar los alimentos que necesitan y el Fondo Monetario Internacional ha estimado que la inflación superará el 720 por ciento este año.

    El tiempo también juega en contra del 75 por ciento de los ciudadanos que, según una encuesta reciente, cree que el presidente Nicolás Maduro debe salir del poder por la vía de un referendo revocatorio, un mecanismo que permite la remoción de las autoridades elegidas por votación popular mediante una nueva consulta.

    La única forma para que los venezolanos puedan convocar a elecciones presidenciales anticipadas, acortando el actual mandato que finaliza en 2019, es que se celebre un revocatorio antes del 10 de enero de 2017 y la oposición lo gane. Además, deben lograr una votación mayor a la que obtuvo Nicolás Maduro en 2013 (7.587.579 votos).

    Pero, para llegar a eso, la oposición venezolana se enfrenta a una carrera de obstáculos.

    Los periodos presidenciales en Venezuela son de seis años, y eso significa que, constitucionalmente, la revocación popular del mandato de un presidente no puede hacerse antes de que haya cumplido tres años en su cargo.

    A su vez, la constitución establece que la revocación solo puede hacerse antes de que inicie su quinto año de mandato; caso contrario, el vicepresidente asumirá el cargo por lo que reste del periodo presidencial. Eso le deja un margen de solo doce meses a quienes busquen convocar a un referendo revocatorio. Y ahora, en los hechos, prácticamente les quedan seis meses para lograrlo.

    Aunque Maduro hizo su juramento el 19 de abril de 2013, en realidad fue electo para culminar el cuarto periodo presidencial de Hugo Chávez (quien murió cuando estaba en el poder a causa de un cáncer), que se inició el 10 de enero de 2013. Es por eso que el 10 de enero de 2017 es la fecha límite para el revocatorio, porque después ya comienza su quinto año de mandato.

    Si el referendo se celebra después del 10 de enero, y lo gana la oposición venezolana, el futuro presidente de Venezuela será Aristóbulo Istúriz, vicepresidente y miembro fundador del Partido Socialista Unido de Venezuela (Psuv), lo que garantizaría la permanencia del chavismo en el poder hasta el 2019.

    Un camino tortuoso

    El referendo fue incorporado en la Constitución de 1999 y se usó por primera vez en la historia de Venezuela el 15 de agosto de 2004, cuando los opositores al presidente Chávez perdieron una elección para sacarlo del poder; en esa ocasión la oposición solo logró conseguir 3.989.008 votos frente a los 5.800.629 que obtuvo Chávez.

    Según las normas del Consejo Nacional Electoral (CNE), que es el ente encargado de organizar todos los procesos de consulta popular en el país, hay tres grandes etapas en el proceso de revocatorio.

    La primera consiste en reunir el uno por ciento de las firmas de los electores de Venezuela (casi unas 200.000 personas, según el padrón actualizado hasta abril).

    Para el revocatorio a Maduro, la Mesa de la Unidad Democrática (MUD), una coalición de partidos de oposición, recogió casi dos millones de firmas, “es decir, 10 veces más de lo requerido en la primera fase y las entregó el 2 de mayo”, explica Vicente Díaz, exrector del CNE y experto en los procesos de votación del país. “Luego el CNE debía validar esas firmas en cinco días, según lo que dice su reglamento, pero se tomó 35 días y, al final, de ese periodo decidió que 600.000 firmas no eran válidas por diversas razones”.

    Tibisay Lucena, presidenta del CNE, informó en junio que 605.727 firmas fueron excluidas por irregularidades que iban desde la falta de datos en las planillas hasta la existencia de firmas de personas fallecidas.

    A raíz de ese anuncio, Jorge Rodríguez, miembro del buró político del Psuv, introdujo una demanda en el Tribunal Supremo de Justicia calificando al proceso de recolección de firmas como “un gran fraude contra la constitución”.

    La segunda etapa consiste en recoger en tres días el 20 por ciento de las firmas de los electores (unos cuatros millones) con lo que se activaría la convocatoria del referendo y, finalmente, debe fijarse la fecha de la votación, donde la oposición debe sacar una votación mayor a la de Maduro.

    Sin embargo, hasta el sábado 20 de agosto, el CNE acumulaba 76 días de retraso en la primera fase del proceso, según denunció la Plataforma Venezuela Libre, un conjunto de organizaciones no gubernamentales.

    “Si se cumpliesen todos los requisitos establecidos en la norma, la recolección del 20 por ciento de las firmas probablemente se llevaría a cabo hacia finales de octubre”, dijo Tibisay Lucena, máxima autoridad del CNE, en un mensaje televisivo a inicios de agosto.

    Si esto sucede se retrasaría todo el cronograma, ya que las firmas deberían revisarse durante el mes de noviembre y, si se aprueban, se lograría convocar el referendo en diciembre. Pero el CNE tiene, según sus normas, hasta 90 días para realizar el proceso de revisión, por lo que muchos piensan que el referendo se organizaría después del 10 de enero.

    La percepción entre muchos venezolanos es que Lucena y la mayoría de los altos funcionarios del CNE intentan favorecer al gobierno.

    “Las cuentas que dijo Tibisay son puros cuentos chinos”, aseguró Díaz con sorna mientras recordaba que en 2012 se hicieron varias elecciones con pocos días de preparación. “El CNE tiene capacidad de organizar el revocatorio durante la primera semana de noviembre”.

    Aunque aún no hay un anuncio oficial, la rectora del CNE, Socorro Hernández, dijo el lunes en una entrevista televisiva que esa fase de recolección de firmas se realizará en tres días de la semana que va del 24 al 30 de octubre.

    Eugenio Martínez, analista electoral venezolano, dice que si el CNE se toma todo el tiempo establecido en los reglamentos, el proceso tendría que realizarse en la primera semana de marzo de 2017: “Los lapsos máximos después de la recolección de las firmas del 20 por ciento son cinco días continuos para que se entreguen las actas, 15 días hábiles para que se verifiquen las huellas, dos días hábiles para que se emita la constancia de haber cumplido con las firmas y luego el CNE tiene tres días hábiles para convocar el referendo”.

    Martínez toma un respiro y dice: “Luego de todo eso el CNE tiene 90 días continuos más para organizar el revocatorio, así que no pasaría antes del 10 de enero”.

    José Ignacio Hernández es un experto constitucionalista que también es fanático de las probabilidades. Cuando habla del referendo se sumerge en diversas operaciones de sumas y restas que arrojan como una fecha probable el 3 de enero de 2017, pero luego agrega: “El problema es que el CNE no cumple los lapsos, si se tarda la mitad de lo que se retrasó en esta primera fase, estamos hablando de abril o mayo de 2017”.

    Hernández también esboza otros escenarios. Cree que un revocatorio después del 10 de enero tendría consecuencias políticas totalmente distintas: “Puede servirle a un sector del gobierno, a quienes quieren deslastrarse de Maduro porque buscan mantener el capital político del Psuv”.

    Y explica que habrá intensas negociaciones entre los diversos grupos del chavismo “para ver quién elige al vicepresidente”. Cada día que pasa, dice el jurista, disminuyen las probabilidades de esa apuesta electoral que es el revocatorio: “En Venezuela no existe la posibilidad de acudir al Tribunal Supremo de Justicia porque está controlado por el gobierno… lo único que podría influir es la presión ciudadana e internacional, pero ambas tienen que ser mucho más intensas”.

    La oposición venezolana ha convocado para este jueves 1 de septiembre a una movilización masiva en la capital venezolana. Esta marcha ha sido llamada la Toma de Caracas, y tiene entre sus objetivos exigir la realización del revocatorio en 2016.

    “El referendo revocatorio está en manos de la gente, no del CNE, y lo pongan cuando lo pongan tiene que hacerse”, declaró recientemente Jesús “Chúo” Torrealba, secretario general de la MUD. “El país está explotando por los cuatros costados. Aquí no ha pasado nada grave por la esperanza que tiene la gente en el revocatorio”.

    ¿Qué pasa si se revoca a Maduro antes del 10 de enero?

    En ese caso los venezolanos estarían celebrando nuevas elecciones presidenciales durante el primer trimestre de 2017. Mientras se organizan los comicios y el nuevo mandatario toma posesión, la presidencia sería ejercida por Istúriz, el vicepresidente.

    “Este es el peor momento histórico en percepción de situación país. Alrededor del 95 por ciento de la población dice que el país va mal o muy mal. Y el 75 por ciento de los consultados quisiera buscar una salida democrática a través del cambio político que promete el revocatorio”, dice Luis Vicente León, director de Datanálisis, una empresa que tiene más de 30 años de experiencia en encuestas y análisis estadístico.

    León ha estudiado las tendencias de todas las elecciones en las últimas décadas y prevé que, si se llegara a convocar a nuevas presidenciales, la oposición las ganaría con amplia ventaja: “Los candidatos más populares actualmente son Henry Ramos Allup, presidente de la Asamblea Nacional, con 53 por ciento; Henri Falcón, gobernador del estado Lara, con 51,4 por ciento; Leopoldo López, dirigente de Voluntad Popular (quien se encuentra encarcelado) con un 48,9 por ciento, y Henrique Capriles, gobernador del estado Miranda, con 47,3 por ciento”.

    Otros analistas, como el sociólogo Javier Biardeau, examinan el amplio espectro político del país y advierten sobre los peligros de la ausencia de liderazgo: “Es muy probable que surjan movimientos alternativos que desafíen a la jefatura del Psuv porque hay actores que proponen divisiones, rebeliones y disensos. No me extrañaría que el proceso bolivariano tuviese una gran crisis”.

    Sin embargo, Biardeau cree que el problema no se circunscribe al Psuv sino que es un fenómeno generalizado: “No hay líderes sólidos en los distintos polos políticos del país. Pareciera que ninguno empalma con el descontento social que hay y las personas acumulan una suerte de desesperanza que puede agudizar la crisis”.

    ¿Y si no sucede nada?

    Si no se llegara a concretar el referendo, expertos como León hablan de un escenario de “agonía prolongada” en el que la fecha tope es el 2019 porque “será extremadamente difícil que el gobierno gane esa elección presidencial”. Y que el chavismo no convoque a elecciones, dice León, equivaldría a un golpe de Estado.

    También representaría un riesgo político para el partido de Maduro.

    “Eso afectaría al Psuv, al punto de que sería muy difícil la reconstrucción del legado de Chávez porque están ofrendando lo ultimo que les queda”, explica Nicmer Evans, miembro de Marea Socialista, un partido que nace de una división interna del Psuv. “Se generaría un desplazamiento de la gente que aún simpatiza con el chavismo hacia organizaciones alternas”.

    Entretanto, muchos venezolanos como Mogollón siguen haciendo filas interminables para subsistir, mientras piensan en la posibilidad del revocatorio: “La gente habla de eso todo el día, acá en San Cristóbal se está preparando un movimiento de personas que van a marchar el primero de septiembre. Ojalá pase algo bueno”.

    Luego guarda silencio por un instante y sentencia con firmeza: “Si no pasa nada me tocará irme del país, como hizo mi hermano. Nadie se va a calar esto hasta el 2019”.

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  13. La revolución es exactamente eso

    Por Carlos Alberto Montaner

    En Venezuela pasan hambre. Es la revolución. No importa que sea el país potencialmente más rico del mundo. Lo mismo sucedió en 1921 en la recién estrenada URSS. Murieron de hambre un millón de rusos. Lenin se regocijó. “La revolución y yo somos así, señora”. Les impidieron comerciar a los campesinos y el ejército rojo les confiscó los alimentos, incluidas las semillas.

    Pasó en China. Hubo veinte millones de muertos. En ese país el dolor también es multitudinario. Pasó en Camboya y en Norcorea, donde algunos sujetos desesperados recurrieron a la antropofagia. Pasa siempre. En Cuba sesenta mil personas perdieron la vista o la movilidad de sus miembros inferiores por la neuritis periférica generada por la desnutrición tras el fin del subsidio soviético.

    Castro chilló contra el “bloqueo”. Al Ministro de Sanidad, que advirtió lo que pasaba, lo echaron de su puesto. La revolución también es callarse la boca. No era el embargo. Era la revolución. Siempre es la revolución. Al bengalí Amartya Sen le dieron el Premio Nobel de Economía por demostrar que las hambrunas invariablemente son causadas por la intromisión del Estado. Cualquiera de las víctimas del comunismo se lo hubiera podido explicar a los suecos con la misma claridad sin necesidad de obtener un doctorado en Cambridge.

    ¿Por qué lo hacen los comunistas? ¿Son sádicos? ¿Son estúpidos e incurren en los mismos errores una y otra vez? Nada de eso. Son revolucionarios empeñados en crear un mundo nuevo a partir de las recetas de Karl Marx.

    ¿No aseguraba Karl Marx que la oligarquía dominante y el modelo de Estado eran la consecuencia del régimen de propiedad capitalista? ¿No aseguraba que si una vanguardia comunista se apoderaba de los medios de producción en nombre del proletariado surgiría una sociedad nueva regida por hombres nuevos dotados de una moral nueva?

    Es una cuestión de prioridades. A los revolucionarios comunistas no les interesa que la gente viva mejor o que el campo y las fábricas produzcan más. Esas son tonterías pequeñoburguesas propias de las democracias liberales en las que están incluidos los traidores socialdemócratas, los democristianos y otras especies menores empeñadas en la cháchara de la pseudojusticia social.

    Las dos tareas esenciales de los revolucionarios comunistas son, primero, demoler la estructura de poder del “antiguo régimen” y sustituirla por su propia gente; segundo, apoderarse del aparato productivo, arruinar a las empresas que no pueden manejar y estatizar el resto para privar de recursos a los viejos oligarcas capitalistas.

    Son en estas dos actividades donde los revolucionarios comunistas demuestran si han triunfado o fracasado. Ese es el benchmark. Lenin y Stalin triunfaron, al menos por varias décadas. Mao y los Castro triunfaron. Chávez triunfó… por ahora.

    ¿Qué le importa a Maduro que haya niños esqueléticos que se desmayen por hambre en las escuelas o que los enfermos se mueran por falta de medicinas? Su definición del éxito nada tiene que ver con la alimentación o la salud de los venezolanos, sino con lo que en ese mundillo enfebrecido y delirante llaman, pomposamente, la “consolidación del proceso revolucionario”.

    Eso explica la lenidad ante el inmenso robo al tesoro público o la complicidad con el narcotráfico. Bienvenidos. Marx también entregó la coartada perfecta: están en la fase de acumulación primaria del capital. En esta época de cambio de régimen, como quien muda de piel, todo vale.

    Ya habrá tiempo de restablecer la honradez y confiar en que los planes quinquenales centralmente planificados traerán algo parecido a la prosperidad. Por ahora se trata de enriquecer a los revolucionarios clave: los Cabello, los sobrinos, los generales dóciles, los boliburgueses, es decir, los revolucionarios al servicio de la causa. Deben tener los bolsillos llenos para que puedan ser útiles.

    ¿Se entiende ahora por qué los revolucionarios comunistas repiten una y otra vez el mismo esquema de gobierno? No están equivocados. El desbarajuste es parte de la construcción del nuevo Estado.

    ¿Se comprende por qué los Castro le aconsejan a Maduro que siga el improductivo modelo cubano y por qué este los obedece perrunamente? Lo que les importa a los chavistas es mantener el poder y cambiar las élites de gobierno por las suyas propias.

    ¿Se explican los colombianos qué quiere decir “Timochenko” cuando promete revolucionar a Colombia cuando llegue al poder? ¿O Pablo Iglesias en España cuando asegura que utilizará en su país la misma receta que les recomendaba a los venezolanos? Son coherentemente destructivos.

    La revolución es eso. Exactamente eso. Nada más y nada menos.

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  14. Venezuela y el Mercosur
    07 Jul 2016

    Los bloques regionales son creados para el fortalecimiento recíproco de cada uno de los países integrantes, sustentados en tratados en los que se determinan cuáles son los parámetros que cada uno debe reunir para ingresar o continuar en ellos.

    Es innegable la crítica situación que atraviesa el pueblo venezolano por lo que los países de la región no pueden estar ajenos a buscar las alternativas de solución inmediata y preservar sus bloques.

    Así lo ha entendido el pleno del Mercado Común del Sur (Mercosur), grupo que hoy integra Venezuela por una jugada política ejecutada durante la convulsión que se generó con el juicio político que destituyó a Fernando Lugo en junio del 2012.

    En el Mercosur, naturalmente, existe una gran preocupación por lo que pueda pasar en Venezuela, con un gobierno que demuestra cada vez más signos autoritarios y que ha llevado a una crisis política, económica y humanitaria.

    Esa preocupación, sin embargo, es manejada de manera diferente, según el interés de cada país. Esto se puede notar con el tema relacionado al traspaso de la presidencia pro tempore que debe darse este mes.

    Por el sistema de intercambio del cargo, establecido por abecedario, la presidencia la tiene en la actualidad Uruguay y éste debe traspasarlo a Venezuela. Sin embargo, la crítica situación en esa nación hace replantear en el seno del Mercosur si es conveniente o no. Paraguay sentó una postura clara al respecto, desde un principio: Venezuela no puede ocupar de momento la presidencia.

    Uruguay, en una jugada política, intenta que el gobierno de Maduro asuma la titularidad del bloque, siguiendo el orden de alternancia establecido en el tratado. Sobre esta situación se viene discutiendo desde hace varias semanas. El Gobierno insiste en el criterio de no entregar la presidencia hasta tanto se resuelva el conflicto interno venezolano.

    El Gobierno no cree conveniente que asuma en este momento, por la elevada crispación política. Hasta hace unos días, Paraguay parecía un llanero solitario en tamaña postura, al no recibir respuestas de los socios mayores del bloque, Brasil y Argentina.

    El panorama cambió en los últimos días y la postura paraguaya tiene ahora el respaldo de los gobiernos de Mauricio Macri y Michel Temer, por lo que Uruguay se quedó con su postura. No hay muchos antecedentes sobre este tipo de situaciones en el bloque, en el que una posición paraguaya tan fuerte y clara haya tenido un respaldo de los dos socios mayores.

    El propio presidente de la República, Horacio Cartes, en su informe ante el Congreso Nacional de la semana pasada incluyó el caso de Venezuela en su mensaje, diciendo que “cuando los derechos humanos y las libertades fundamentales no son respetados, como ocurre en este momento en Venezuela, no podemos permanecer en silencio”.

    Así ratificó la postura del Gobierno de evitar que asuma por ahora la presidencia pro tempore del Mercosur hasta tanto se solucionen los problemas internos en el país caribeño.

    Esta postura causó, a decir del Ejecutivo, represalia del gobierno de Maduro, con el anuncio de una denuncia por la falta de pago de deuda de Petropar a PDVSA, que no se ha concretado oficialmente.

    A esta postura firme de Paraguay se sumó el presidente de Argentina, Mauricio Macri, quien además de sostener que en Venezuela se violan los derechos humanos, anunció la intención de su gobierno de quedarse con el mandato en el bloque regional, dejando de lado el orden de rotación establecido para el cargo.

    Brasil, por su lado, también sentó postura, aunque de una manera más intermedia, proponiendo que se espere hasta agosto para definir la presidencia pro tempore, con la idea de que Uruguay continúe mientras se espera que Venezuela resuelva sus conflictos internos.

    “La presidencia tiene que ser fruto de una unanimidad”, señaló el canciller brasileño José Serra luego de una reunión con el presidente uruguayo Tabaré Vázquez y el canciller Rodolfo Nin Novoa, coincidiendo con la interpretación paraguaya.

    El panorama, con las posturas de Paraguay, Argentina y Brasil, presenta a Uruguay como el que tendrá que definir, presionado, el futuro de este tema. Puede aceptar seguir presidiendo el bloque o sumarse a la idea de Argentina de entregar la responsabilidad al gobierno de Macri.

    Para este lunes fueron convocados los cancilleres a una reunión que ya en marzo solicitó el Ministerio de Relaciones Exteriores de Paraguay. Probablemente en ese encuentro que se desarrollará en Montevideo se defina qué se hará con la presidencia pro tempore.

    De momento, lo concreto es que prevalece la postura firme de preservar el Mercosur de una eventual situación anómala bajo liderazgo de un gobierno venezolano duramente cuestionado. La posición de Paraguay fue clave para que así sea.

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  15. Paraguay tiene razón

    Por Danilo Arbilla

    Paraguay tiene razón cuando se opone a que Venezuela asuma la presidencia pro tempore del Mercosur, por cuanto se viola la “cláusula democrática”. Tiene razón porque, como afirma el canciller paraguayo, Eladio Loizaga, el gobierno de Nicolás Maduro está buscando “el cierre de la Asamblea Nacional”, “el cierre de un Poder del Estado a través del Supremo Tribunal de Justicia”. Un tribunal de Justicia, cabe acotar, que se ha autoeliminado como poder independiente del Estado y actúa en flagrante dependencia y sumisión del poder central.

    Tiene razón el propio presidente del Paraguay, Horacio Cartes, cuando señala que el mundo “es testigo de los abusos sufridos por el pueblo de Venezuela”, y cuando afirma y proclama que no se puede “permanecer en silencio”, cuando “los derechos humanos y las libertades fundamentales no son respetados, como ocurre en estos momentos en Venezuela…”.

    Es lo mismo que afirma, por otra parte, su colega de Argentina, Mauricio Macri. Este en declaraciones al diario ABC de España no dejó dudas de cuál es su opinión sobre el gobierno de Maduro: “Es un gobierno que ha violado todos los derechos humanos”… y “ha llevado a la hambruna y al abandono a la población venezolana…”. Y fue más lejos aún, al plantear de hecho la salida de Maduro: “Por eso necesitan un referendum, necesitan ir a elecciones lo más rápido posible”, reclamó el mandatario argentino.

    El canciller Loizaga, ante el anuncio de las cancillerías de Uruguay –país que actualmente ejerce la presidencia pro tempore– y de Argentina del traspaso de la presidencia a Venezuela, advirtió: “No podemos dejar un espacio para que se repita en el Mercosur que se imponga lo político sobre lo jurídico”.

    El canciller uruguayo Rodolfo Nin Novoa dijo en cambio que la decisión está “apegada” al carácter jurídico y que no debe ser afectada por lo político.

    El Artículo I del Protocolo de Ushuaia, que rige para los miembros del Mercosur más las Repúblicas de Bolivia y Chile, dice que “la plena vigencia de las instituciones democráticas es condición esencial para el desarrollo de los procesos de integración entre los Estados partes…”. Parece difícil tener dudas y que haya diferentes interpretaciones, en lo jurídico y en cualquier plano, sobre lo que obliga esta cláusula.

    Con razón y, sin dudas, con el debido respaldo de las normas que rigen la organización, el canciller paraguayo reclama que el país que ejerza la presidencia tenga las credenciales de respeto al “Estado de derecho, las libertades individuales y la libertad de expresión”, lo que no se da en el caso de Venezuela.

    Loizaga en su referencia a lo jurídico y lo político también aludía a la suspensión de Paraguay en el Mercosur, y la paralela incorporación de Venezuela, la que no contaba con la aprobación del Senado paraguayo y por tanto no podía aceptarse.

    En aquel momento, junio de 2012, los presidentes Dilma Rousseff, Cristina Fernández de Kirchner y José Mujica, a raíz de la destitución por el Senado paraguayo del presidente Fernando Lugo, suspendieron a Paraguay y simultáneamente le dieron entrada a Venezuela. La decisión contra Paraguay se fundamentó en lo establecido por el Protocolo de Ushuaia, el que parece que se traspapeló cuando fueron a tomar la decisión sobre el ingreso de Venezuela.

    Fue el expresidente uruguayo “Pepe” Mujica, conocido por su franqueza nada diplomática, quien clarificó lo sucedido explicando que “lo político prima sobre lo jurídico”. Y es a eso a lo que se refirió expresamente el canciller Loizaga.

    Pero no termina en eso: según surge de otros elementos, también aportados por Mujica, tanto la “suspensión” como el “ingreso” hacen harto cuestionable la mera presencia de Venezuela en el Mercosur y con más razón su presidencia.

    Mujica, rememorando esos hechos (*), dijo que en la decisión incidieron informes de los servicios de inteligencia de Venezuela, Cuba y Brasil. Venezuela y Cuba, leáse bien. En cuanto a Brasil, el expresidente uruguayo dijo que el planteo de Dilma fue concluyente: “Brasil necesita que Paraguay quede fuera del Mercosur para de esa forma apurar las elecciones en ese país”.

    ¿Qué curioso, no?; se trata de la misma Dilma que siempre se negó a referirse a la situación de los DD.HH. en Cuba y en Venezuela, “para no inmiscuirse en asuntos internos de otros países”, y la misma Dilma que hoy dice que ha sido víctima de un “golpe de Estado” legislativo.

    Este tipo de curiosidades hacen difícil saber qué va a pasar, en definitiva, con la presidencia del Mercosur. Sea lo que sea, ello no quita ni quitará que Paraguay tiene razón.

    (*) “Una oveja negra al poder – Confesiones e intimidades de Pepe Mujica”, Andrés Danza y Ernesto Tulbovitz, Sudamericana.

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  16. Plausible posición paraguaya en la cuestión de Venezuela

    Entre junio y julio de cada año suele hacerse una de las cumbres semestrales para el cambio de la presidencia pro tempore del Mercosur. En esta ocasión le corresponde ejercer dicha responsabilidad al Gobierno de Venezuela. Pero el actual presidente de este país, Nicolás Maduro, es indigno de presidir el bloque porque oprime, roba y hambrea al pueblo venezolano. Carece de toda autoridad moral para encabezar ni siquiera por un momento un bloque regional integrado por países regidos por Gobiernos democráticos, respetuosos de los derechos humanos.

    Por todo cuanto antecede, es correcta y destacable la firme postura asumida por el Gobierno paraguayo en el sentido de oponerse a la “declaración unilateral” de los cancilleres Susana Malcorra (Argentina) y Rodolfo Nin Novoa (Uruguay) de que la presidencia pro tempore sea entregada a Venezuela este mes, pese a que la Cumbre de presidentes prevista habitualmente para fines junio no se realizó.

    No se trata solo de que una decisión de esa naturaleza compete a los jefes de Estado, sino también –y sobre todo– de que quien ejerza ese cargo debe “tener credenciales democráticas y de respeto a los derechos humanos”, como bien dijo el canciller Eladio Loizaga. Esa es la cuestión de fondo que indujo al secretario general de la OEA, Luis Almagro, a emitir un lapidario informe de 132 páginas y a convocar al Consejo Permanente porque en Venezuela se habría producido la situación prevista en el art. 20 de la Carta Democrática Interamericana, es decir, “una alteración del orden constitucional que afecte gravemente el orden democrático” de un Estado miembro.

    Nuestro Gobierno dio un apoyo explícito a la acertada iniciativa de Almagro y calificó de inapropiada la declaración posterior del Consejo, pues no reflejaba la gravedad de la situación ni satisfacía las urgentes demandas de los venezolanos. Maduro respondió al secretario general con un insulto, y se vengó de la honrosa actitud paraguaya exigiendo el pago inmediato de la deuda contraída en mala hora con PDVSA.

    Se comprende que los presidentes demócratas del Mercosur no quieran posar en una Cumbre en compañía de un personaje de semejante calaña, que en 2012 se atrevió a dictar órdenes a los militares paraguayos desde el Palacio de López, que calificó de “golpe de Estado” el juicio político constitucional al que está sometida Dilma Rousseff y que agravió al gobernante argentino Mauricio Macri. Desde luego, estos no son sus peores pecados, ni mucho menos.

    En efecto, el somero recuento de sus atrocidades incluye además la muerte de 43 manifestantes provocada en 2014 por sus matones motorizados, y la condena a casi catorce años de reclusión del dirigente opositor Leopoldo López, dictada por un Poder Judicial sometido al Ejecutivo, al que se suman dos mil presos políticos, cuya liberación fue solicitada por el Parlamento Europeo en una resolución en la que también pidió el respeto al procedimiento revocatorio para destituir al mandamás, impulsado por una Asamblea Nacional en la que los demócratas tienen una mayoría absoluta de dos tercios, que hoy los chavistas quieren “abolir” mediante la intervención del Tribunal Supremo de Justicia que manejan. Si ya ha sido cuestionable la legitimidad de origen del mandato de Maduro, dadas la inconstitucionalidad de su candidatura y las serias denuncias de un masivo fraude electoral, hoy es indudable que, en todo caso, ha perdido legitimidad de ejercicio porque los venezolanos sufren de hecho un régimen dictatorial.

    El Protocolo de Ushuaia sobre Compromiso Democrático en el Mercosur, Bolivia y Chile dice que “la plena vigencia de las instituciones democráticas es condición esencial para el desarrollo de los procesos de integración entre los Estados” firmantes, que “toda ruptura del orden democrático” en uno de ellos dará lugar a consultas entre los Estados partes y el afectado, y que si ellas fueran estériles, se verán las medidas a aplicar, que irán desde “la suspensión del derecho a participar en los distintos órganos de los respectivos procesos de integración hasta la suspensión de los derechos y obligaciones emergentes” de ellos. La membresía del Paraguay fue suspendida hace cuatro años porque el Congreso destituyó al presidente de la República mediante el juicio político previsto en la Constitución. En Venezuela se violan flagrantemente los derechos humanos, lo que implica violar la Constitución, sin que hasta ahora la dictadura haya sido sancionada.

    La ruptura del orden democrático no supone necesariamente un golpe de Estado: también puede producirse mediante el ejercicio arbitrario del poder, tolerado por unos jueces complacientes, tal como ocurría aquí en los duros tiempos de Alfredo Stroessner.

    El canciller Loizaga ha señalado que el Paraguay analiza esa dramática situación desde la perspectiva del Protocolo de Asunción, cuya adopción en 2010 consagró “la plena vigencia de las instituciones democráticas y el respeto de los derechos humanos y de las libertades fundamentales, pilares indispensables del desarrollo y del proceso integrador del Mercosur”. Justamente, son condiciones que brillan por su ausencia en Venezuela, por lo que es plausible la firme postura que viene demostrando el Gobierno del presidente Horacio Cartes en la cuestión venezolana.

    Ya no debe sostenerse un Mercosur de papel, ideologizado, que ha retrasado la verdadera integración que se propusieron los fundadores del bloque. Se debe avanzar hacia un proceso más sincero, donde se comience por un respeto a los procesos democráticos, que constituyen la base para intentar el desarrollo de los pueblos en justicia y libertad.

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  17. ¿Qué salida?

    Aunque Ud. no lo crea, como diría Ripley, el Consejo de DD.HH. de la ONU resolvió respaldar “toda iniciativa que conduzca a la resolución pacífica de las diferencias políticas en Venezuela, como el diálogo nacional propuesto por el presidente Nicolás Maduro, con el respaldo de la Unasur, y los expresidentes José Luis Rodríguez Zapatero, de España, Leonel Fernández, de República Dominicana, y Martín Torrijos de Panamá, orientado a mantener la paz y la unidad del pueblo venezolano”.

    También respaldó “al Gobierno constitucional del presidente de la República Bolivariana de Venezuela, Nicolás Maduro Moros, en su compromiso de preservar la paz y garantizar la institucionalidad democrática del país, y su determinación para garantizar la plena vigencia de los derechos humanos y las libertades fundamentales en Venezuela”.

    Veamos quiénes votaron esta resolución: China, Rusia, India, Pakistán, Egipto, Argelia, Uganda, Bielorrusia, Eritrea, Vietnam, Sudán, Irán, República Popular Democrática de Corea y Laos, además de los países que son parte de la Alianza Bolivariana (Alba-TCP), como Bolivia, Cuba, Ecuador y Nicaragua.

    La lista, en gran medida, explica tal resolución, ¿no?

    ¿No saben esos señores que en Venezuela hay presos políticos y que varios de los principales dirigentes están en la cárcel, que no hay libertad de prensa , que el diálogo que propone Maduro es para que se haga lo que él disponga, que las credenciales de la Unasur en la materia están un poco descoloridas y que los tres expresidentes son los mediadores “autorizados” por Maduro? ¿No están enterados de lo que pasó en la OEA, la que ha reencaminado su proceder rescatando la “Carta Democrática”, y del reclamo con amplio apoyo popular de un referéndum revocatorio para sacar a Maduro y que este trata de impedir violando flagrantemente la Constitución?

    ¿Qué van a saber? Y, en realidad, ¿cuánto les interesa?

    Lo que sí hay que reconocerles es que un su casi totalidad son coherentes con su creencias y sus conductas de gobierno.

    Henrique Capriles, uno de los líderes de la oposición, ha descalificado al expresidente Rodríguez Zapatero. “Viaja en aviones de PDVSA”, denuncia, y dice que lo que propicia es ”un diálogo hipócrita” para que Maduro gane tiempo y pueda evitar el revocatorio.

    Y mientras Maduro gana tiempo, los venezolanos ven mermar sus reservas de oro, las que el Gobierno va vendiendo mes a mes, y cada vez enfrentan más necesidades —de todo tipo— a diferencia de la élite bolivariana —gobernantes y militares— y sus seguidores, ahora al mando de los CLAP (Comités Locales de Abastecimiento y Producción) que Maduro ha creado para asegurarle a sus militantes y grupos de choque fascistas los alimentos, medicinas y otros insumos de los que carece y a los que no tiene acceso el resto de la población.

    Lo de la Comisión de DD.HH. de la ONU, con credenciales también muy desteñidas por sus antecedentes, no importa. Lo que asombra es la pasividad cómplice, por decir lo menos, de unos cuantos gobiernos democráticos de la región y del hemisferio occidental.

    “Hay cambios”, me señaló un excanciller de la zona, con amplia trayectoria internacional. “Fíjese lo de la OEA, que ha dado un viraje importante, o la misma Unasur, donde Ernesto Samper ha tenido que variar su discursito, o el propio Mercosur, cada vez con más problemas para la entrega de la presidencia pro témpore a Venezuela”. “Para empezar —indicó—, para la trasmisión ya no habrá ‘cumbre presidencial’ y toda la parafernalia que trae consigo”.

    “Pero la salida no es fácil —reiteró mi informante. “Antes era diferente, los dictadores huían con sus alforjas llenas y se instalaban tranquilamente en Miami, Brasilia, España o Portugal. No rendían cuentas, pero la gente se los quitaba de encima. Pero ahora las cosas han cambiado —destacó—; ahora se piden cuentas. Vea lo de Brasil con Lula y sus más allegados correligionarios y colaboradores. ¿Y los de los Kirchner en Argentina?”. “Ahora —añadió—, la gente quiere que se los juzgue, que devuelvan la plata y que se los persiga a donde sea”. “El panorama ha cambiado y la salida es mas difícil”, insistió mi interlocutor.

    “Hace un tiempo, en una de sus columnas, —me recordó el exfuncionario— usted decía que Maduro iba a tomar el camino del sirio Asad, que en medio de la ‘primavera árabe’, y visto cómo les fue a sus colegas, se jugó a continuar en el poder a sangre y fuego”. “Y en Venezuela efectivamente es como Ud. dijo, o peor: no solo es Maduro, son Diosdado Cabello, los miembros de la Corte de Justicia, los del Tribunal Electoral, la parentela de Chávez y la cúpula militar”.

    “Son unos cuantos y tienen que pagar por mucho, ellos lo saben, se la ven venir y por eso la salida no es fácil y hay que hilar muy fino para evitar tragedias”, concluyó el experimentado excanciller.

    Poco para agregar, entonces.

    Por Danilo Arbilla

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  18. Venezuela está harto y hambriento de libertad
    20 junio, 2016

    José Rojas.
    Y comenzaron las reacciones de los países demócratas, después del reclamo paraguayo a Venezuela por el respeto a los derechos fundamentales de sus ciudadanos. Gestión que le costó a Paraguay la exigencia del pago total, antes de plazo, de la deuda a PDVSA por la venta de un gasoil, malo y caro.

    En el Mercosur, los gobiernos tendrán que posicionarse, en caso de que se produzca una ruptura del orden político, y aplicar la cláusula democrática, con la suspensión de Venezuela del grupo. La creciente violencia oficialista es indisimulada. La Policía y las hordas que responden al régimen chavista que salen a las calles a ‘poner orden’ no distinguen a la hora de golpear a la gente, entre ciudadanos de a pie y autoridades parlamentarias. Todos ya son enemigos ante la ceguera del dictadorzuelo.

    Los 16 años de autoritarismo chavista se están agotando rápidamente. La decadencia comenzó con Hugo Chávez y a su heredero Nicolás Maduro se le acabaron las respuestas. Durante 16 años el socialismo bolivariano intervino de manera creciente en la economía, expropió bienes, controló precios y cambio, la corrupción se amplió, la violencia y la criminalidad aumentaron de manera exponencial. Se está consumiendo en propio caldero.

    El régimen chavista está asediado por la naturaleza, por la crisis del mercado petrolero, acosado por la oposición y por su propia incompetencia que se está convirtiendo en su propia trampa; lo superó y con el agua al cuello hoy grita su ineptitud y ve enemigos hasta en la sopa.

    El reciente aumento salarial del 30% y la amenaza presidencial lanzada el 1 de mayo de una rebelión popular para tomar las plantas que dejen de producir, son actos de desesperación ante una inflación que podría llegar al 700% y al desabastecimiento total de productos en las tiendas. Esta son reacciones viscerales de Maduro que prueban que está fuera de control y sin retorno.

    El derrumbe del nivel de vida de los venezolanos, sin luz, trabajo, con tremenda escasez de productos básicos y sin la mínima seguridad pública en las calles terminó hartando a los ciudadanos.

    Entendieron los dirigentes de la oposición que llegó el momento de salir a buscar apoyo internacional después de la organización de sus fuerzas concentradas en la Asamblea Legislativa que apuesta a un referéndum cuyo objetivo es destituir a Maduro antes del 2019.

    El signo político en la región ha cambiado. La realidad internacional ya no es aquella que permitió la actitud de bravucón a Maduro para invadir el Palacio de López a gritos y maltratando a los militares y exigirles que ataquen el Congreso en el momento en que se definía el juicio político a Fernando Lugo.

    A diferencia de aquellos años, cuando el Socialismo del Siglo XXI reunía a presidentes de América del Sur afines a Chávez y a cambio de maletines y barriles de crudo; hoy ya con signos políticos diferentes y con planteamiento democráticos exigen a Maduro que cese el uso del poder para perseguir y que reinstaure la libertad y la democracia.

    El movimiento de los gobiernos demócratas se adelantó a la visita de Henrique Capriles y comenzó con un urgente llamado a la acción diplomática de la Cancillería paraguaya a favor de la restitución de la democracia en el país caribeño que generó un fuerte apoyo de la autoridad de la Organización de Estados Americanos (OEA).

    Casi de inmediato se extendió en el Mercosur y los gobiernos de Argentina, Brasil, Uruguay y Chile exigen a Maduro que frene la violencia después de agresiones a parlamentarios de la oposición durante una manifestación.

    La cancillería de estos países recordó a Maduro que las autoridades tienen la responsabilidad de garantizar el derecho a las manifestaciones pacíficas y a la libre expresión de ideas. Un documento enviado al ministerio de Relaciones Exteriores de Caracas está firmado por los cancilleres Susana Malcorra, de Argentina; José Serra, de Brasil; Heraldo Muñoz, de Chile, y Rodolfo Nin, de Uruguay.

    Se sumó John Kerry, secretario de Estado de Barack Obama y exigió que se respete la libertad de expresión, libere a los presos políticos y alivie la escasez de alimentos y medicamentos. Lo hizo ante la Asamblea de la OEA, en Santo Domingo.

    Surtió efecto el reclamo de toda América, menos Cuba. La OEA votará en 23 de junio la aplicación de la Carta Democrática a Venezuela, como ha solicitado el secretario general, Luis Almagro, para aumentar la presión internacional sobre el gobierno de Nicolás Maduro.

    Se acabó su cuarto de hora y la presión internacional permitirá a los ciudadanos venezolanos a exigirle que abandone el poder y llame a elecciones libres cuanto antes. El pajarito dejó de cantar.

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  19. Cómplices o amigos

    La defensa que hacen algunos gobiernos bolivarianos a sus colegas resulta un insulto al razonamiento más elemental. A pesar de las largas filas por alimento, el descontento popular en varias formas de administración, robos, asaltos, manipulación de padrones e incluso presos liberados por unas horas para hacer bulto en manifestaciones… todavía hay algunos que defienden a sus cómplices o amigos. Estos últimos deberían ser sinceros con ellos y decirles, como Mujica a Maduro, que está chiflado, aunque no estoy muy seguro si se hubiera referido al mismo en esos términos si fuera presidente. Su excanciller y actual secretario de la OEA, Luis Almagro, ha sido víctima de una epifanía y decidió cargar contra el indefendible gobierno venezolano. No lo creen muchos, pero se empeña en demostrar su cambio de conducta.

    Hay algo de locura en todo esto que vuelve la racionalidad un lujo. Incluso el mecanismo es hacerles perder fuerza a los que observan cómo gobiernos levantados sobre los reclamos populares les están matando de hambre a los más pobres con una inflación insostenible. Estados Unidos, el gran enemigo y principal comprador del crudo venezolano, se acercó al gobierno de Maduro buscando una salida que se vuelve complicada en una administración que está dispuesta a demostrar el triunfo de la irracionalidad pura. Irán hasta el final y no creo que se apeen de su constante tarea de destruir todo lo que queda del país. Esa es su lógica y hacia ahí marchan. Los cómplices o todavía tienen buenos negocios con ellos por eso no les sueltan las manos o están tan perturbados ante la posibilidad de terminar como ellos que los apoyan mecánicamente. Ninguno de ellos podría pasar la mínima prueba de gobernabilidad en estas condiciones y con solo escuchar a los sujetos de la revolución lo que les pasa, pensarían dos veces en el apoyo que les otorgan.

    Después de gritar a los cuatro vientos el éxito de sacar a millones de la pobreza con los buenos precios de los commodities, ahora el informe mundial los aterroriza: volverán a ser pobres de nuevo unos 30 millones de latinoamericanos. ¿A quién responsabilizarán de eso?

    Lo cierto es que han desperdiciado el mejor momento en la historia de América Latina. Los buenos precios de nuestros productos coincidieron con los peores gobiernos posibles y vamos a seguir lamentando las consecuencias. Si autócratas y dictadores acabaron con el sueño de millones por mucho tiempo, a los gobiernos que perdieron la oportunidad del desarrollo solo les queda que los cómplices y amigos se den palmaditas en el hombro antes de reconocer una realidad cruel y decadente que se da en muchos de nuestros países. Una verdadera lástima.

    Benjamín Fernández Bogado

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  20. Lo de la OEA, todo un fiasco
    24 junio, 2016

    La reunión del Consejo Permanente de la Organización de Estados Americanos (OEA) celebrada ayer en Washington, comenzó bien, pero terminó muy mal. En el arranque quedó en evidencia la pérdida de influencia del régimen de Maduro en el seno del organismo, al fracasar el intento de su representante, la canciller Delcy Rodríguez, de evitar que se incluya en el orden del día el crítico informe sobre la situación de Venezuela elaborado por el secretario general, Luis Almagro. Sin embargo, luego de tediosos discursos de dos docenas de delegaciones, el Consejo concluyó la sesión de debate sobre la aplicación de la “Carta Democrática” sin tomar decisión alguna, quedando en la nebulosa si la discusión se retomará y, en caso de ser así, cuándo. Una verdadera “chambonada” diplomática, que pone en serio entredicho la eficacia de la Organización para impedir que los venezolanos sean sometidos por un mamarracho de dictador, que para colmo los condena a la hambruna.

    La sesión de ayer se inició con la consideración del orden del día y el inmediato discurso delirante de Delcy Rodríguez, quien ve planes golpistas “hasta en la sopa”, pero fue derrotada por 20 a 12 al pretender que Almagro no brinde su informe. A favor de que sí lo hiciese votaron Paraguay, Perú, México, Brasil, Chile, Argentina, Estados Unidos, Canadá, Colombia, Costa Rica, Panamá, Honduras, Guatemala, Jamaica, Surinam, Belice, Barbados, Guyana y Bahamas. En contra, además de Venezuela, Ecuador, Bolivia, El Salvador, República Dominicana, Haití, Granada, San Vicente y Granadinas, San Kitts y Nevis. En tanto que se abstuvieron Trinidad y Tobago, así como Santa Lucía.

    De esta correlación de fuerzas se concluye que hubieran faltado 4 votos para suspender a Venezuela del organismo, como corresponde, pero eso por lo visto está muy lejos de ser la intención de parte de los 20 que se impusieron en la primera y única votación de la sesión, pues tampoco tomaron otras determinaciones que sí estaban en condiciones de adoptar. Por ejemplo, enviar una misión diplomática a Venezuela para verificar “in situ” las barbaridades que comete el chavismo a fin de boicotear el “Referéndum Revocatorio”, como paso previo para la adopción de sanciones; o un simple pronunciamiento del Consejo Permanente. Pero nada. El encuentro terminó sin pena ni gloria, para desgracia de los venezolanos y beneficio de los “bolivarianos”.

    Con esta actitud irresoluta de la OEA, el “chavismo” logra mayor margen de maniobra en su pretensión de trasladar la realización de “Referendo” para el 2017, de manera a que si el resultado le es adverso, como todo indica que lo será, se vaya Maduro, pero le suceda otro pandillero del mismo signo, hasta culminar el mandato…en el 2019!

    El infortunio se ha enseñoreado de la nación de Bolívar. El régimen pisotea la Constitución en todos los órdenes, desconoce la voluntad popular, atropella los Derechos Humanos salvajemente y es culpable de la peor crisis humanitaria que Venezuela haya conocido en su historia, después de ser uno de los países más ricos de América Latina.

    Y así como están las cosas, la solución a tan patética realidad recae enteramente en las manos del pueblo venezolano, no en la OEA, cuya inacción contribuye a la instauración formal de una dictadura pura y dura.

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