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Ser responsable en exceso

A diario la vida actual nos impone un ritmo frenético, muchas veces difícil de manejar. En un mundo donde priman las prisas, la competitividad, donde todo es para ayer, es difícil mantener un equilibrio emocional. Y al final del día recibimos la factura en forma de ansiedad, culpa, estrés y otros trastornos emocionales.

Desde muy jóvenes vivimos pendientes de las preocupaciones, los deberes y de las responsabilidades.

A mí, desde muy pequeña me enseñaron que las cosas no se hacen a medias, que cuando empezaba algo debía terminarlo, no importaba lo que cueste, que mi palabra vale y si prometía algo debía cumplirlo. En mi casa siempre estuvo prohibido el “así nomás”.

La responsabilidad es hacerse cargo de lo que corresponde, cumpliendo con las obligaciones asumidas por motus proprio o por decreto de otros. Sin embargo, el exceso de responsabilidad es no permitir tener pendientes, es no dar vuelta la página porque alguna cosa no se terminó de hacer y siempre encontrar algo más para mejorarlo. Es concluir un día laboral exhausto pero no descansar bien a la noche pensando en las posibles opciones para solucionar los pendientes o las actividades del día siguiente.

El exceso de responsabilidad aumenta la ansiedad y deteriora el desempeño, aunque la vara de medición es con uno mismo. Las mismas personas que se autoexigen son las que no se sienten satisfechas con sí mismas y con los resultados que están dando.

Cuando una persona fracasa comparando lo que quería hacer y lo que realmente hizo, siente culpa y cuando piensa que debe hacer las cosas perfectas pero no le alcanza el día, siente frustración.

Cada vez que hice el ejercicio, sola o con otra persona, de hacer una lista de las cosas más importantes de la vida, nunca el trabajo y los pendientes estuvieron en primer lugar. Entonces ¿por qué los pendientes laborales y el exceso de responsabilidad no nos dejan descansar y disfrutar de nuestra vida familiar?

La característica principal de las personas con exceso de responsabilidad es la “deberización”: el debo de, el tengo que…, la lista de pendientes interminable y cuando se tacha uno de la lista aparecen tres nuevos.

Estas personas suelen sentir que las horas del día no alcanzan, que los días de la semana no son suficientes, la agenda nunca es lo suficientemente amplia para anotar todo lo que deberían.

Debemos ser conscientes que cuando nos imponemos a nosotros mismos un nuevo “debo” existen deseos que quedan postergados. Debemos aprender a priorizar porque a veces, y solo a veces, pensamos que somos irremplazables, que nadie va a hacer las cosas mejor que uno, que si no termino el pendiente pierdo el cliente, la cuenta o el trabajo y finalmente el mundo estalla. Pero sinceramente esas cosas no suceden.

Cada vez que hice el ejercicio, sola o con otra persona, de hacer una lista de las cosas más importantes de la vida, nunca el trabajo y los pendientes estuvieron en primer lugar. Entonces ¿por qué los pendientes laborales y el exceso de responsabilidad no nos dejan descansar y disfrutar de nuestra vida familiar?

La decisión de cambio está en uno mismo, solo debemos animarnos a dar el primer paso.

Y este paso no significa ser irresponsable, sino tomar conciencia del nivel de responsabilidad que estoy aceptando tener… hasta dónde puedo llegar sin sacrificar mi vida personal, porque a final de cuentas la vida es esta, aquí y ahora.

Yo puse en práctica tres pasos para disminuir el exceso de responsabilidad en mi vida:

Empecé a valorizar las cosas, entendiendo lo que es más importante para mí y no para los demás, callando la culpa cuando decidía hacer algo por mí o mi familia en vez de por el trabajo.

Aprendí a decir que no explicando los motivos, pero me perdoné a mí misma que no podía hacer todo y ni siquiera quería hacer todo.

Inicié una vida en modo presente, pensando en el aquí y ahora, sin preocuparme por el mañana, sino ocupándome del hoy.

¿Es difícil? Pues sí… es re-difícil, pero es factible. Solo se debe empezar a probar.
Por Josefina Bauer

 

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Acerca de jotaefeb

Un arquitecto jubilado. Aprendiz de todo, oficial de nada. Un humano más. Acá, allá y acullá. Hurgador de cosas cotidianas y trascendentes.

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