Colectivos rosados contra la involución

Los depravados habitan el mundo desde la época de la primera manzana y siempre encuentran la manera de saciar su enfermizo vicio en todos los lugares por donde se movilizan, aunque estos sean los medios de transporte. Este hecho motivó que en varios países se implementen buses y vagones exclusivos para mujeres, a fin de mermar los casos de abusos durante los desplazamientos de un sitio a otro.

Desde el 2008, en México se implementaron colectivos y vagones de subtes y trenes (pintados en color rosa) destinados solo para mujeres, en especial en las horas pico, es decir, de mayor movimiento.

En Buenos Aires, la legisladora Graciela Ocaña intentó impulsar un proyecto parecido, pero fue considerado “ilógico” por el gobierno, y su idea quedó en la nada.

En Paraguay, quizás todavía estemos lejos de conseguir algo así, pero no sería descabellado que se incorporen colectivos exclusivos para mujeres (niñas, adolescentes, adultas), en determinados horarios. ¿Hay abusadores en Paraguay? De todas las edades y color de piel. Con seguridad la solución no está en ofrecer colectivos para hombres y otros para mujeres, porque generaría otro tipo de problemas, como el hecho de separar a las parejas, familias, etc.

La cuestión pasa por la educación, la formación personal de cada individuo y por el mejoramiento del sistema de transporte para que la gente no viaje apiñada como en una lata de sardinas.

Pero, con opiniones a favor y en contra de los viajes diferenciados por sexo, la realidad es que los abusadores utilizan varias estrategias en los medios de transporte, y van desde el “inocente” y molesto roce en los colectivos repletos, hasta las apretadas alevosas y/o el manoseo y exhibición de sus “motivos de orgullo” en público.

Algunos aprovechan el hacinamiento en los pasillos o estriberas para restregarse contra su víctima. Algunas mujeres, especialmente las jovencitas, se quedan paralizadas y no son capaces de reaccionar por pudor e incluso miedo. En el caso de las niñas es aún peor, la experiencia las aterra y se quedan con temor de volver a viajar solas.

Incluso, algunos “próceres” de la perversión, se colocan parados al lado de la víctima que va sentada y ésta debe soportar que el depravado esté frotándose contra su hombro. En la mayoría de los casos, ninguna mujer le increpa al abusador porque teme ser víctima del mal momento en público y de que el degenerado se haga el ofendido y la maltrate verbalmente. Muy pocas se han animado a darle una cachetada o le empujaron al agresor. La víctima se siente vejada e impotente.

Si bien la medida no será implementada en nuestra vecina Buenos Aires, algunas ciudades del Brasil han puesto en funcionamiento el sistema con buen resultado, a pesar de las quejas que generó en los matrimonios. Japón también posee servicio de vagones rosados en horas normales y con refuerzo en las horas pico. Según leí, otros países como Malasia, Egipto, Tailandia, India, Israel y los Emiratos Arabes ya los utilizan desde la década del 90 por el alto índice de denuncias de acoso. Y en el caso de los dos últimos países, por cuestiones religiosas.

Reitero que la solución no debería ser separar hombres y mujeres para que los primeros no intenten sobrepasarse, pero vivimos una especie de retroceso en muchos aspectos. Hay como una suerte de “cavernalización” o regreso a la etapa de las cavernas, en cuanto al comportamiento de muchos seres humanos. En vez de mejorar, involucionamos. Entonces, no más solución que poner reglas y tomar medidas, para disminuir los atropellos.

Por Milia Gayoso-Manzur

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