México: ¿Ganará la izquierda en 2018?

Aunque la mayor parte de América Latina está girando hacia la derecha, hay una excepción potencial que pronto le podría quitar el sueño a muchos políticos de Estados Unidos: la posibilidad de una victoria de la izquierda populista en las elecciones del 2018 en México.
A juzgar por la derrota del Partido Revolucionario Institucional (PRI) del presidente Enrique Peña Nieto en las elecciones locales del 5 de junio en 14 estados, los mexicanos están hartos de su sistema político y podrían optar por un líder carismático antisistémico.

Y si Donald Trump llegara a ganar las elecciones de Estados Unidos, la reacción nacionalista que se daría en México haría aún más probable que un populista gane las elecciones.

El 5 de junio, los votantes mexicanos dejaron muy en claro que están hartos de la corrupción del PRI y su incapacidad de combatir el crimen callejero y mejorar la economía.

El gran ganador de las elecciones locales fue el centroderechista Partido Acción Nacional (PAN), que ganó siete gobernaciones solo o junto con partidos más pequeños, y el izquierdista MORENA, que ganó las elecciones para la asamblea constituyente de Ciudad México.

Pero, por ahora, el centro de atención debería ser MORENA, porque su líder Andrés Manuel López Obrador es el más conocido –y más antisistémico– de todos los que aspiran a la presidencia en el 2018. Según un sondeo hecho el 17 de abril por el diario Reforma, López Obrador está a la cabeza de las encuestas con el 29 por ciento de la preferencia de los votantes.

López Obrador, exalcalde de Ciudad México que comenzó su carrera como político del PRI, fue uno de los principales contendientes en las elecciones presidenciales del 2006 y 2012. En el 2006 fue declarado perdedor por menos de un punto porcentual. Él alegó que había habido fraude, organizó protestas y mantuvo al país en vilo durante más de un año.

López Obrador es un hombre austero de 62 años sin prácticamente ninguna experiencia en el sector privado o las relaciones internacionales.

Cuando lo entrevisté extensamente en el 2005 y le pregunté si conoció a Hugo Chávez o a Fidel Castro, me dijo que nunca se había encontrado con ellos. Me dijo que se definía a sí mismo como un seguidor del general Lázaro Cárdenas, el presidente populista mexicano que nacionalizó la industria petrolera.

López Obrador tendrá varias ventajas en su campaña para el 2018. Se presenta a sí mismo como un campeón de la lucha anticorrupción, y propone cambiar las políticas económicas ortodoxas de México, que según alega solo han beneficiado a los ricos y son causa del mediocre crecimiento económico del país.

Además, si Trump llegara a ganar las elecciones de EE.UU., López Obrador haría su agosto. Trump ha insultado a los mexicanos desde el comienzo de su campaña presidencial, y los encendidos discursos de López Obrador contra los dichos racistas de Trump atraerían a muchos mexicanos a su causa.

Cuando le pregunté esta semana al exembajador de Estados Unidos en México, Tony Garza, si cree que López Obrador ganará en el 2018, me dijo que todavía es “prematuro” hacer semejantes predicciones. Pero agregó que la derrota del PRI en las elecciones del 5 de junio debería servir de clara señal de advertencia a la clase política mexicana.

“Las elecciones mostraron que López Obrador sigue ahí, y que él está organizado, y que tiene potencial de crecimiento”, me dijo Garza.

“En dos años, si los políticos actuales no han tomado más medidas para combatir la corrupción y la violencia en México, será muy difícil asustar a la gente con la posibilidad de que gane López Obrador”, añadió Garza. “La gente dirá: ‘¿Me están diciendo ustedes que debo tenerle miedo a López Obrador, cuando ustedes no han hecho nada durante años?’”.

Mi opinión: Es cierto que el partido de centroderecha PAN fue el mayor ganador en las elecciones del 5 de junio, pero su líder Ricardo Anaya es poco conocido.

En cambio, López Obrador es el candidato opositor más conocido del país, y es el que tiene más probabilidades de beneficiarse del actual sentimiento antisistema en el país.

Durante los próximos dos años, como buen populista, López Obrador alegará que el PRI y el PAN son la misma cosa, y que él es el salvador de la patria.

Y si los votantes estadounidenses cometen el error histórico de elegir a Trump, su candidatura se beneficiaría de la previsible reacción nacionalista en México, y podría llegar a la presidencia.

Por Andrés Oppenheimer

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