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El evangelio del domingo: El joven se incorporó

Lc 7,11 – 17.- Después de terminar el tiempo pascual con la solemnidad de Pentecostés el 15 de mayo, día 22 celebramos la fiesta de la Santísima Trinidad y el 29, el Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo. Hoy es el décimo domingo del “Tiempo durante el año” y el Evangelio es conocido como la “resurrección del hijo de la viuda de Naín”.


Jesús y sus discípulos entraban en esta ciudad y se encontraron con un entierro, pues llevaban al cementerio el cuerpo de un joven. Él, conmovido por el dolor de su madre, dijo con la autoridad que tiene como único Señor de vivos y muertos:

– Joven, yo te lo ordeno, levántate.

El muerto se incorporó, empezó a hablar y Jesús se lo entregó a su madre.

Es actual para nuestra sociedad esta expresión de Cristo: joven, levántate, ya que, infelizmente, muchos jóvenes están sufriendo varios tipos de postración y de flojeras.

Lo que pasa es que nuestro mundo cambió mucho y, rápidamente, de modo que el rol ejercido por los padres, por la escuela y por la Iglesia en la cultura tradicional ahora es cuestionado y ya no tiene la influencia que tenía antes.

Actualmente, los medios de comunicación social, como el teléfono celular, internet, redes sociales, televisión y juegos digitales desempeñan una influencia exagerada en los jóvenes. Además, las ideologías del individualismo, de la indiferencia ante el sufrimiento ajeno y la preocupación acentuada de disfrutar el momento presente crean un nuevo estilo de vida.

Muchos jóvenes, incluso adultos también, no se percatan que la sociedad impone costumbres artificiales y despistadas, teniendo como referencia, principalmente, el interés de los dueños del mercado, y llevan a creer que casi todo es pasajero, desechable y vale solamente lo que yo digo que vale, o sea, no hay valores definitivos.

Así, muchas veces, sin una estructura familiar sólida y sin una práctica espiritual consistente el joven (algunos adultos también) cae en las trampas del egoísmo y, de cierta manera, vive como un muerto.

El encuentro con Jesucristo es decisivo para cambiar esta perspectiva desalentadora, ya que Él está caminando en nuestras ciudades, está presente y quiere hacernos el bien.

El contacto sincero con Cristo es siempre transformador, pues él dice a la madre del joven: “No llores”, enseguida, despliega su poder divino para devolver la vida del joven, que se incorpora y empieza a hablar.

Ojalá los jóvenes vean buenos ejemplos de los adultos, a la par, usen un quinto del tiempo que usan con el teléfono celular para leer la Biblia.

Paz y bien.

Por Hno. Joemar Hohmann – Franciscano Capuchino

 

 

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Acerca de jotaefeb

Un arquitecto jubilado. Aprendiz de todo, oficial de nada. Un humano más. Acá, allá y acullá. Hurgador de cosas cotidianas y trascendentes.

Comentarios

3 comentarios en “El evangelio del domingo: El joven se incorporó

  1. La vuelta a la vida

    La misericordia es «lo propio de Dios», afirma Santo Tomás de Aquino, y se manifiesta plenamente en Jesucristo, tantas veces cuantas se encuentra con el sufrimiento. «Jesús, sobre todo con su estilo de vida y con sus acciones, ha demostrado cómo en el mundo en que vivimos está presente el amor, el amor operante, el amor que se dirige al hombre y abraza todo lo que forma su humanidad.
    Al ver Jesús a la mujer, se compadeció de ella y le dijo: No llores. Se acercó y tocó el féretro. Los que lo llevaban se detuvieron; y dijo: Muchacho, a ti te lo digo, levántate. Y el que estaba muerto se incorporó y comenzó a hablar; y se lo entregó a su madre.

    Muchos padres han visto en la madre que recupera a su hijo muerto una imagen de la Iglesia, que recibe también a sus hijos muertos por el pecado a través de la acción misericordiosa de Cristo. La Iglesia, que es Madre, con su dolor «intercede por cada uno de sus hijos como lo hizo la madre viuda por su hijo único».

    Ella «se alegra a diario –comenta San Agustín– con los hombres que resucitan en su alma. Aquel, muerto en cuanto al cuerpo; estos, en cuanto a su espíritu». Si el Señor se compadece de una multitud que tiene hambre, ¿cómo no se va a compadecer de quien padece una enfermedad en el alma o lleva ya en sí la muerte para la vida eterna?

    Pidamos a Nuestra Señora, refugio de los pecadores –nuestro refugio–, que nos ayude a confesarnos cada vez mejor. Y pensemos también en la gran obra de misericordia que llevamos a cabo cuando facilitamos que un amigo, un pariente o un conocido recobre o aumente, por la recepción de este sacramento, la vida sobrenatural de su alma.

    El papa Francisco a propósito del evangelio de hoy dijo: “«Dios ha visitado a su pueblo» es una expresión «que se repite en la Escritura», hizo notar inmediatamente el Pontífice refiriéndola al episodio evangélico de la resurrección del hijo de la viuda de Naín relatado por Lucas (7, 11-17). Son palabras que, precisó, tienen un «sentido especial», diverso de esas expresiones como «Dios ha hablado a su pueblo» o «Dios ha dado los mandamientos a su pueblo» o también «Dios ha enviado un profeta a su pueblo».

    Por lo tanto, «cuando Dios visita a su pueblo, quiere decir que su presencia está allí de manera especial». Y, destacó el papa Francisco recordando el episodio de Naín, «en este pasaje del Evangelio, donde se relata esta resurrección del muchacho, hijo de la madre que era viuda, el pueblo dice esta frase: Dios nos ha visitado».

    ¿Por qué usa precisamente esta expresión? ¿Solo porque Jesús –se preguntó el Pontífice– «ha hecho un milagro?». En realidad hay «más». En efecto, la cuestión fundamental es comprender «cómo visita Dios».

    Dios, visita «antes que nada con su presencia, con su cercanía».

    A la «cercanía» y a la «compasión» el Papa añadió «otra palabra que es propia del Señor cuando visita a su pueblo». Escribe Lucas: «El muerto se incorporó y empezó a hablar, y Él –Jesús– se lo entregó a su madre». Así que, «cuando Dios visita a su pueblo, devuelve al pueblo la esperanza. ¡Siempre!».

    Al respecto el papa Francisco hizo notar que «se puede predicar brillantemente la palabra de Dios» y «ha habido en la historia tantos buenos predicadores: pero si estos predicadores no lograron sembrar esperanza, esa predicación no sirve. Es vanidad»”.

    El Papa en la Audiencia General del pasado miércoles, dedicó la catequesis de la Audiencia General del miércoles a la parábola del fariseo y el publicano y denunció las actitudes de aquellos que, como el fariseo, son falsas y corruptas. “Y además, su actitud y sus palabras están lejos del modo de actuar y de hablar de Dios, quien ama a todos los hombres y no desprecia a los pecadores. Este desprecia a los pecadores, también cuando señala al otro que está ahí. Aquel fariseo, que se considera justo, descuida el mandamiento más importante: el amor a Dios y al prójimo”, explicó.

    (Frases extractadas del libro Hablar con Dios, de Francisco Fernández Carvajal, http://www.news.va/es/news/misa-en-santa-marta-cuando-dios-visita y https://www.aciprensa.com/noticias/texto-completo-catequesis-papa-francisco-sobre-la-parabola-del-fariseo-y-el-publicano-41460/).

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    Publicado por Anónimo | 5 junio, 2016, 07:26
  2. “Al verla el Señor sintió compasión y le dijo: no llores.” Lc 7, 13

    Delante de aquella viuda que estaba sufriendo en el funeral de su hijo único, Jesús muestra una vez más el corazón compasivo de Dios. Nadie le pidió nada. Por propia iniciativa, Jesús se acerca y consuela a aquella mujer, devolviéndole a su hijo sano. También nosotros, los cristianos, debemos sentir compasión de tantas madres que están llevando a sus hijos al cementerio a causa de las drogas, violencia o exclusión social; también nosotros debemos ayudarles para que estos jóvenes puedan resucitar. No podemos quedarnos indiferentes ante esta inmensa procesión de jóvenes que se está enterrando. Jesús tiene una propuesta.

    El Señor te bendiga y te guarde,
    El Señor te haga brillar su rostro y tenga misericordia de ti.
    El Señor vuelva su mirada cariñosa y te de la PAZ.
    Hno. Mariosvaldo Florentino, capuchino

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    Publicado por Anónimo | 5 junio, 2016, 07:25
  3. domingo 05 Junio 2016

    Décimo domingo del tiempo ordinario

    Primer Libro de los Reyes 17,17-24.
    Después que sucedió esto, el hijo de la dueña de casa cayó enfermo, y su enfermedad se agravó tanto que no quedó en él aliento de vida.
    Entonces la mujer dijo a Elías: “¿Qué tengo que ver yo contigo, hombre de Dios? ¡Has venido a mi casa para recordar mi culpa y hacer morir a mi hijo!”.
    “Dame a tu hijo”, respondió Elías. Luego lo tomó del regazo de su madre, lo subió a la habitación alta donde se alojaba y lo acostó sobre su lecho.
    E invocó al Señor, diciendo: “Señor, Dios mío, ¿también a esta viuda que me ha dado albergue la vas a afligir, haciendo morir a su hijo?”.
    Después se tendió tres veces sobre el niño, invocó al Señor y dijo: “¡Señor, Dios mío, que vuelva la vida a este niño!”.
    El Señor escuchó el clamor de Elías: el aliento vital volvió al niño, y éste revivió.
    Elías tomó al niño, lo bajó de la habitación alta de la casa y se lo entregó a su madre. Luego dijo: “Mira, tu hijo vive”.
    La mujer dijo entonces a Elías: “Ahora sí reconozco que tú eres un hombre de Dios y que la palabra del Señor está verdaderamente en tu boca”.

    Carta de San Pablo a los Gálatas 1,11-19.
    Quiero que sepan, hermanos, que la Buena Noticia que les prediqué no es cosa de los hombres, porque
    yo no la recibí ni aprendí de ningún hombre, sino por revelación de Jesucristo.
    Seguramente ustedes oyeron hablar de mi conducta anterior en el Judaísmo: cómo perseguía con furor a la Iglesia de Dios y la arrasaba,
    y cómo aventajaba en el Judaísmo a muchos compatriotas de mi edad, en mi exceso de celo por las tradiciones paternas.
    Pero cuando Dios, que me eligió desde el seno de mi madre y me llamó por medio de su gracia, se complació
    en revelarme a su Hijo, para que yo lo anunciara entre los paganos, de inmediato, sin consultar a ningún hombre
    y sin subir a Jerusalén para ver a los que eran Apóstoles antes que yo, me fui a Arabia y después regresé a Damasco.
    Tres años más tarde, fui desde allí a Jerusalén para visitar a Pedro, y estuve con él quince días.
    No vi a ningún otro Apóstol, sino solamente a Santiago, el hermano del Señor.

    Evangelio según San Lucas 7,11-17.
    Jesús se dirigió a una ciudad llamada Naím, acompañado de sus discípulos y de una gran multitud.
    Justamente cuando se acercaba a la puerta de la ciudad, llevaban a enterrar al hijo único de una mujer viuda, y mucha gente del lugar la acompañaba.
    Al verla, el Señor se conmovió y le dijo: “No llores”.
    Después se acercó y tocó el féretro. Los que lo llevaban se detuvieron y Jesús dijo: “Joven, yo te lo ordeno, levántate”.
    El muerto se incorporó y empezó a hablar. Y Jesús se lo entregó a su madre.
    Todos quedaron sobrecogidos de temor y alababan a Dios, diciendo: “Un gran profeta ha aparecido en medio de nosotros y Dios ha visitado a su Pueblo”.
    El rumor de lo que Jesús acababa de hacer se difundió por toda la Judea y en toda la región vecina.

    Extraído de la Biblia: Libro del Pueblo de Dios.

    Leer el comentario del Evangelio por :

    San Fulgencio de Ruspe (467-532), obispo en África del Norte
    El perdón de los pecados; CCL 91A, 693

    «Yo te lo ordeno, levántate»

    «En un instante, en un abrir y cerrar de ojos, al toque de última trompeta, porque resonará, y los muertos despertarán incorruptibles, y nosotros nos veremos transformados». Al decir «nosotros», enseña Pablo que han de gozar junto con él del don de la transformación futura todos aquellos que, en el tiempo presente, se asemejan a él y a sus compañeros por la comunión con la Iglesia y por una conducta recta. Nos insinúa también el modo de esta transformación cuando dice: «Esto corruptible tiene que revestirse de incorrupción, y esto mortal tiene que vestirse e inmortalidad» ( 1Co 15,52-53). Pero a esta transformación, objeto de una justa retribución, debe preceder antes otra transformación, que es puro don gratuito.

    La retribución de la transformación futura se promete a los que en la vida presente realicen la transformación del mal al bien.

    La primera transformación gratuita consiste en la justificación, que es una resurrección espiritual, don divino que es una incoación de la transformación perfecta que tendrá lugar en la resurrección de los cuerpos de los justificados, cuya gloria será entonces perfecta, inmutable y para siempre. Esta gloria inmutable y eterna es, en efecto, el objetivo al que tienden, primero, la gracia de la justificación y, después, la transformación gloriosa.

    En esta vida somos transformados por la primera resurrección, que es la iluminación destinada a la conversión; por ella, pasamos de la muerte a la vida, del pecado a la justicia, de la incredulidad a la fe, de las malas acciones a una conducta santa. Sobre los que así obran no tiene poder alguno la segunda muerte. De ellos, dice el Apocalipsis: «Dichoso aquel a quien le toca en suerte la primera resurrección, sobre ellos la segunda muerte no tiene poder» (20,6). Que se apresure, pues, a tomar parte ahora en la primera resurrección el que no quiera ser condenado con el castigo eterno de la segunda muerte. Los que en la vida presente, transformados por el temor de Dios, pasan de mala a buena conducta pasan de la muerte a la vida, y más tarde serán transformados de su humilde condición a una condición gloriosa.

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    Publicado por Anónimo | 5 junio, 2016, 07:24

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“Lo que se les dé a los niños, los niños darán a la sociedad”.25/03/17
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