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El evangelio del domingo: La Trinidad y la caridad

Jn 16,12-15.- El tiempo de Pascua se concluyó con la solemnidad de Pentecostés, y así llega al final la primera parte del año litúrgico, que engloba una riqueza extraordinaria. Recordemos: Adviento, Navidad, Cuaresma, Pascua y Pentecostés.

Adecuadamente, cerramos este período con un domingo dedicado a la Santísima Trinidad y lo original de esta fiesta es honrar específicamente a Dios sin tener como motivo un acontecimiento salvífico, ni la memoria de un santo. Tal como dice la oración Colecta, se trata de profesar la fe verdadera, conocer la gloria de la eterna Trinidad y adorar al único Dios todopoderoso.

Sin embargo, consideremos que el Dios infinito jamás va a caber en nuestro cerebro finito y el Señor omnipotente nunca va a concordar plenamente con seres humanos llenos de limitaciones y vanidades.

Ojalá pueda ayudar, por ello, me gustaría compartir una reflexión de san Ignacio de Loyola, que, sabemos, es una comparación, pero necesitamos de analogías que, en parte, nos facilitan para comprender algo más de la Santísima Trinidad. Afirma el santo:

“Para hacer la señal de la santa cruz ponemos la mano en la cabeza, que significa Dios Padre, el cual no procede de ninguno; cuando ponemos la mano en el vientre significa a su Hijo, nuestro Señor, el cual procede del Padre y ha venido entre nosotros desde el vientre de la santísima Virgen María; cuando ponemos la mano de un hombro a otro significa al Espíritu Santo, el cual procede del Padre y del Hijo; cuando juntamos las manos significamos que las tres personas son una misma esencia”.

Desde el bautismo nuestra vida de cristianos está marcada por la gracia del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, que se donan a nosotros y cada una de estas Personas divinas va realizando su misión. El Padre aparece como Criador; el Hijo, como Redentor y el Espíritu como aquel que nos va purificando, liberando y sanando, en una palabra, santificando.

Marcados en nuestra entraña más profunda por esta gracia generosa del Dios Uno en la Trinidad y Trino en la unidad, será una contradicción dramática encerrarse en el egoísmo. A cada acto egoísta que el ser humano realiza desfigura la imagen de Dios en sí mismo y si sigue en este camino llegará a terrible frustración.

Ya que Dios se entrega gratuitamente debemos hacer lo mismo, pues fuimos creados a su imagen y semejanza y es propio del amor la donación desinteresada. Así, tratemos de manifestar la caridad-solidaridad en gestos pequeños y grandes, aunque nos cueste algunas incómodas renuncias.

Paz y bien.

Por Hno. Joemar Hohmann – Franciscano Capuchino

 

Acerca de jotaefeb

Un arquitecto jubilado. Aprendiz de todo, oficial de nada. Un humano más. Acá, allá y acullá. Hurgador de cosas cotidianas y trascendentes.

Comentarios

3 comentarios en “El evangelio del domingo: La Trinidad y la caridad

  1. Santísima Trinidad

    Después de haber renovado los misterios de la salvación –desde el nacimiento de Cristo en Belén hasta la venida del Espíritu Santo en Pentecostés–, la liturgia nos propone el misterio central de nuestra fe: la Santísima Trinidad, fuente de todos los dones y gracias, misterio inefable de la vida íntima de Dios.
    El Antiguo Testamento proclama sobre todo la grandeza de Yahvé, único Dios, creador y señor de todo el Universo. Pero es Cristo quien nos revela la intimidad del misterio trinitario y la llamada a participar en él.

    Por ser el misterio central de la vida de la Iglesia, la Trinidad Beatísima es continuamente invocada en toda la liturgia. En el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu fuimos bautizados, y en su nombre se nos perdonan los pecados; al comenzar y al terminar muchas oraciones, nos dirigimos al Padre, por mediación de Jesucristo, en unidad del Espíritu Santo.

    Muchas veces a lo largo del día repetimos los cristianos: Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

    La paternidad y la filiación humanas son algo que acontece a las personas, pero no expresan todo su ser. En Dios, la paternidad, la filiación y la espiración constituyen todo el ser del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.

    Desde que el hombre es llamado a participar de la misma vida divina por la gracia recibida en el Bautismo, está destinado a participar cada vez más en esta vida. Es un camino que es preciso andar continuamente. Del Espíritu Santo recibimos constantes impulsos, mociones, luces, inspiraciones para ir más deprisa por ese camino que lleva a Dios, para estar cada vez en una “órbita” más cercana al Señor.

    El papa Francisco al respecto del evangelio de hoy, dijo: “Lo llama precisamente “Espíritu de la verdad” y les explica que su acción será la de introducirles cada vez más en la comprensión de aquello que él, el Mesías, ha dicho y hecho, de modo particular de su muerte y de su resurrección. A los apóstoles, incapaces de soportar el escándalo de la pasión de su Maestro, el Espíritu les dará una nueva clave de lectura para introducirles en la verdad y en la belleza del evento de la salvación”.

    Asimismo, se extracta lo dicho por el Sumo Pontífice en ocasión de la Audiencia General del pasado miércoles: “Deseo detenerme con vosotros hoy en la parábola del hombre rico y del pobre Lázaro.

    Hay un particular en la parábola que cabe señalar: el rico no tiene un nombre, sino solo el adjetivo: «el rico», mientras que el del pobre se repite cinco veces, y «Lázaro» significa «Dios ayuda».

    Lázaro, que se halla ante la puerta, es una llamada viviente al rico para que se acuerde de Dios, pero el rico no acoge esta llamada. Será condenado por lo tanto no por sus riquezas, sino por haber sido incapaz de sentir compasión por Lázaro y socorrerlo.

    En la segunda parte de la parábola, reencontramos a Lázaro y al rico tras su muerte. En el más allá la situación se ha invertido: el pobre Lázaro es llevado por los ángeles al cielo con Abraham, el rico en cambio cae entre los tormentos. Ahora el rico reconoce a Lázaro y le pide ayuda, mientras que en vida fingía no verlo. –¡Cuántas veces mucha gente finge no ver a los pobres! Para ellos los pobres no existen– ¡Antes le negaba hasta las sobras de su mesa, y ahora querría que le trajese algo para beber!

    A este punto, el rico piensa en sus hermanos, que corren el riesgo de tener el mismo final, y pide que Lázaro pueda volver al mundo a advertirles. Pero Abraham responde: «Tienen a Moisés y a los profetas, que les oigan». Para convertirnos, no debemos esperar eventos prodigiosos, sino abrir el corazón a la Palabra de Dios, que nos llama a amar a Dios y al prójimo…”

    (Frases extractadas del libro Hablar con Dios, de Francisco Fernández Carvajal, http://es.catholic.net/op/articulos/17934/la-santsima-trinidad.html y https://w2.vatican.va/content/francesco/es/audiences/2016/documents/papa-francesco_20160518_udienza-generale.html).

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    Publicado por jotaefeb | 22 mayo, 2016, 09:38
  2. “Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.”
    “Todo lo que tiene el Padre también es mío.” (Jn 16, 15)

    Estamos celebrando la fiesta de la Santísima Trinidad. Después de celebrar la ascensión de Jesús, la venida del Espíritu Santo, la Iglesia nos llama a recordar el misterio de la unidad de Dios. Mismo que nuestro Dios sea tres personas: Padre, Hijo y Espíritu Santo, nosotros profesamos la fe en un único Dios. No tenemos tres dioses. No somos politeístas, como eran, por ejemplo, los griegos que tenían muchos dioses, y como sabemos, siendo diferentes entre ellos, era muy difícil para Zeus administrar los conflictos y los diversos intereses.
    Nosotros los cristianos, nacemos de la fe hebraica y creemos en un solo Dios, omnipotente y creador de todas las cosas. Pero Jesucristo nos reveló, que este Dios único es también comunidad. Dios no es solitario, en su único ser es Padre, Hijo y Espíritu Santo, y gozan de la misma omnipotencia, de la misma gloria, de la misma voluntad. Tienen los mismos intereses, se aman entre sí y rebozan de amor… Aunque sea muy difícil de comprender, o mejor, imposible entender completamente este misterio, nosotros estamos invitados a contemplarlo y a encontrar en él, explicaciones y motivaciones para nuestras vidas.
    Por ejemplo, el hecho de que el ser humano no pueda existir en el aislamiento. Nosotros no fuimos hechos para la soledad. Dios que es Padre, Hijo y Espíritu Santo, cuando nos hizo a su imagen y semejanza, ya nos hizo abiertos y necesitados de los demás. Es inútil pensar que puedo todo solito, o que puedo encontrar felicidad cerrado en mi egoísmo. No fuimos hechos para ser así. Es el pecado, que trata de descomponer nuestra semejanza con Dios, buscando siempre aislarnos.
    Nosotros desde un principio fuimos hechos para la comunidad, para la comunión, para la fraternidad, para el amor. Todas nuestras acciones tienen efecto sea sobre nosotros mismos, sea sobre toda la comunidad humana. Si hago el bien a una persona, lo estoy haciendo a ella, a mí mismo y también a todos. Lo mismo cuando maltrato una persona, estoy hiriéndome a mí mismo y estoy lastimando a toda la humanidad. Es inútil pensar que puedo crecer pisando a los demás, que puedo ser mejor por criticar a los otros, que puedo ser más rico por refutar la caridad, que puedo saber más si no enseño a nadie, o que puedo ser más respetado por humillar a quien creo estar más abajo.
    Infelizmente el diablo ha entrado en nuestra historia. La palabra diablo quiere decir “aquel que se atraviesa y separa”. Siempre que somos motivo de división y de contiendas estamos siendo diabólicos, estamos colaborando para descomponer la imagen de Dios. No es posible pensar que yo pueda ser una imagen de Dios, aislado de los demás. Solito nadie es imagen de Dios. Pues nuestro Dios es comunidad, es Trinidad. La imagen de Dios es el matrimonio, es la familia, es la comunidad, es la amistad, es la fraternidad.
    Jesucristo vino al mundo para re-unirnos. Él quería rehacer la imagen de Dios. Toda su vida, sus palabras y sus acciones querían enseñarnos el camino de la unidad. Hasta mismo la eucaristía, él nos dejó como sacramento de la unidad. Quien comulga, está llamado a buscar la unidad, y no sólo una unidad mística con Dios, sino que la unidad de todo el género humano.
    Somos llamados a romper muros, abrir puertas, hacer caminos, construir puentes… a abrazar, a ayudar, a tender la mano, a perdonar, a elogiar…
    ¡Que todos sean uno!
    Este es el sueño de Dios Trinidad, si tú quieres, él te va a ayudar

    El Señor te bendiga y te guarde,
    El Señor te haga brillar su rostro y tenga misericordia de ti.
    El Señor vuelva su mirada cariñosa y te de la PAZ.
    Hno. Mariosvaldo Florentino, capuchino

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    Publicado por jotaefeb | 22 mayo, 2016, 09:36
  3. domingo 22 Mayo 2016

    Solemnidad de la Santísima Trinidad

    Libro de los Proverbios 8,22-31.
    El Señor me creó como primicia de sus caminos, antes de sus obras, desde siempre.
    Yo fui formada desde la eternidad, desde el comienzo, antes de los orígenes de la tierra.
    Yo nací cuando no existían los abismos, cuando no había fuentes de aguas caudalosas.
    Antes que fueran cimentadas las montañas, antes que las colinas, yo nací,
    cuando él no había hecho aún la tierra ni los espacios ni los primeros elementos del mundo.
    Cuando él afianzaba el cielo, yo estaba allí; cuando trazaba el horizonte sobre el océano,
    cuando condensaba las nubes en lo alto, cuando infundía poder a las fuentes del océano,
    cuando fijaba su límite al mar para que las aguas no transgredieran sus bordes, cuando afirmaba los cimientos de la tierra,
    yo estaba a su lado como un hijo querido y lo deleitaba día tras día, recreándome delante de él en todo tiempo,
    recreándome sobre la faz de la tierra, y mi delicia era estar con los hijos de los hombres.

    Carta de San Pablo a los Romanos 5,1-5.
    Hermanos:
    Justificados, entonces, por la fe, estamos en paz con Dios, por medio de nuestro Señor Jesucristo.
    Por él hemos alcanzado, mediante la fe, la gracia en la que estamos afianzados, y por él nos gloriamos en la esperanza de la gloria de Dios.
    Más aún, nos gloriamos hasta de las mismas tribulaciones, porque sabemos que la tribulación produce la constancia;
    la constancia, la virtud probada; la virtud probada, la esperanza.
    Y la esperanza no quedará defraudada, porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo, que nos ha sido dado.

    Evangelio según San Juan 16,12-15.
    En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos:
    “Todavía tengo muchas cosas que decirles, pero ustedes no las pueden comprender ahora.
    Cuando venga el Espíritu de la Verdad, él los introducirá en toda la verdad, porque no hablará por sí mismo, sino que dirá lo que ha oído y les anunciará lo que irá sucediendo.
    El me glorificará, porque recibirá de lo mío y se lo anunciará a ustedes.
    Todo lo que es del Padre es mío. Por eso les digo: ‘Recibirá de lo mío y se lo anunciará a ustedes’.”

    Extraído de la Biblia: Libro del Pueblo de Dios.

    Leer el comentario del Evangelio por :

    Catecismo de la Iglesia Católica
    §261-267

    “Un solo Dios… un solo Señor, en la Trinidad de personas y unidad de naturaleza” (Prefacio Trinidad)

    El misterio de la Trinidad es el misterio central de la fe y de la vida cristianas. Sólo Dios nos puede revelar su conocimiento, revelándose como Padre, Hijo y Espíritu Santo. La encarnación del Hijo revela que Dios es el Padre eterno y que el Hijo es de la misma naturaleza del Padre, es decir, que está en el él y con él, el mismo y único Dios. La misión del Espíritu Santo, enviado por el Padre en nombre del Hijo y por el Hijo “desde el Padre” (Jn 15,26) revela que es, con ellos, el único Dios. “Con el Padre y el Hijo recibe una misma adoración y gloria” (Credo)…

    Por la gracia del bautismo “en nombre del Padre, del Hijo, del Espíritu Santo” somos llamados a participar en la vida de la bienaventurada Trinidad, aquí en la tierra en la oscuridad de la fe, más allá de la muerte en la luz eterna.

    “La fe católica consiste en esto: venerar un único Dios en la Trinidad y la Trinidad en la unidad, sin confundir las personas, sin dividir la sustancia: porque una es la persona del Padre, otra la del Hijo, otra la del Espíritu Santo. Pero el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo es una única divinidad, igual en gloria, coeterna en la majestad.” (Credo Quicumque)

    Inseparable entre si, las personas divinas son también inseparables en su obrar. Pero en la única actividad divina, cada persona manifiesta lo que le es propio en la Trinidad, sobre todo en las misiones divinas de la encarnación del Hijo y del don del Espíritu Santo.

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    Publicado por jotaefeb | 22 mayo, 2016, 09:32

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