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Se abre un gran signo de interrogación

Apelando a la figura de Simón Rodríguez, mentor de Simón Bolívar, un destacado analista bolivariano de un conocido diario argentino dijo, entre otras cosas, que “lo que pasó en Brasil obliga a repensar en los errores cometidos a fin de realizar una profunda autocrítica para no volver a recaer en los mismos desaciertos”.

Parafraseando al citado analista, el error más grave que pudo cometer Dilma Rousseff fue la desmovilización del PT y la desarticulación del movimiento popular, fenómeno que ya había comenzado en la época de Lula. El segundo error, según el análisis mencionado, fue creer que se podía cambiar Brasil solo desde los despachos oficiales sin el respaldo activo, consciente y organizado del campo popular. Y el tercer error consistió en la ausencia de críticas y debates al interior del PT, apañando en cambio un “consignismo facilista” que obstruía la visión de los desaciertos e impedía corregirlos antes de que el daño fuera irreparable.

El analista mencionado culmina con una cita de Maquiavelo, quien decía que uno de los peores enemigos de la estabilidad de los gobernantes era el nefasto rol de sus consejeros y asesores, siempre dispuestos a adular sin alertar de los peligros que acechan a lo largo del camino.

En otras palabras, tal vez más acerbas y punzantes, habría que consignar que el PT se había convertido en un engendro de burdos enjuagues crematísticos, orquestados por prebendarios y aventureros apoltronados en el poder, voraces e insaciables, ávidos de riquezas mal habidas, cautivos y prisioneros del lucro y la avaricia, incapaces ya de concebir un proyecto de país, libre de la abyección de la corrupción.

Efectivamente, lo de Petrobras ha sido un virus mortal para la partidocracia brasileña: no ha dejado títere con cabeza dentro del conglomerado político de la coalición que sustentaba a Dilma Rousseff. Tanto es así que todos están sospechados del flagelo del peculado que se ha vuelto sistémico y estructural, infectando a todo el cuerpo social, con honrosas excepciones, y que ha estado caracterizado por la desorganización administrativa, por las rígidas regulaciones estatales, por las concentraciones monopólicas, por la exigua conciencia colectiva acerca del bien común, por la impunidad y por la falta de una justicia pronta que estuvo ausente al comienzo y que al final llegó bastante tarde en el caso específico del “mensalão” y de Petrobras. Pero lo que más habría que resaltar es la pérdida de los principios éticos y morales de los que detentaban el poder y la falta absoluta de transparencia en los controles burocráticos y la administración de los fondos públicos.

No es pues de extrañar que los grandes partidos políticos, que en su momento formaron una gran coalición, ya no representan hoy a la conciencia social del pueblo brasileño, asfixiado y abroquelado por los cepos opresivos de las logias políticas y de las dinastías privilegiadas que han gobernado por turno al país.

Con razón el pueblo brasileño detesta a la clase política, pletórica de clientelismo voraz y expoliador, superlativamente prevaricador, que ha saqueado inescrupulosamente al Estado por miles de millones de dólares, amparada en privilegios e inmunidades que hoy están siendo desactivados con cierta y evidente discriminación. El 70% de la población del Brasil desea que se vayan todos y que se convoque a corto plazo a elecciones anticipadas, caiga quien caiga.

La crisis del Brasil es severa y casi terminal. No solo abarca a la dimensión económica y financiera sino que se proyecta a la esfera de la ética y de la moral. Por todo lo expuesto se abre un gran signo de interrogación para el futuro político y económico del Brasil.

Por Hugo Saguier Guanes

 

 

Acerca de jotaefeb

Un arquitecto jubilado. Aprendiz de todo, oficial de nada. Un humano más. Acá, allá y acullá. Hurgador de cosas cotidianas y trascendentes.

Comentarios

12 comentarios en “Se abre un gran signo de interrogación

  1. Callejón sin salida

    La Venezuela de Maduro no es sostenible por la realidad. Se ha excedido a toda forma de comprensión de la realidad y busca la peor de las salidas: la violenta. El Congreso en manos de la oposición le exige un referéndum revocatorio –el mismo tantas veces usado por Chávez para sus reelecciones–, pero como ahora los vientos les son totalmente adversos, se oponen al mecanismo con uñas y dientes… y amenazan con tanques y fusiles. Deben estar tan mal las cosas para que Pepe Mujica tuviera que afirmar que Maduro “está más loco que una cabra”. La inflación se devora al régimen y los únicos que no parecen entenderlo son los del Gobierno, que al tiempo de anunciar golpes militares visitan los cuarteles para buscar apoyo. Muy mal Venezuela, y lo peor es que sus amigos de correrías o ya no están o enfrentan procesos por corrupción. Los demás, mutis por el foro.

    Cómo cree un gobierno que las cosas sean sostenibles cuando una hamburguesa con la inflación se lleva el valor del salario del día. Largas filas de personas mendigando una oportunidad para comer y un malestar que ha llegado a los grupos sociales en cuyo nombre se hizo la revolución bolivariana. No puede seguir Maduro en el poder sin incluir un grandioso costo a su país y a sí mismo y su camarilla en este proceso de decadencia que vive Venezuela. Nos imaginamos la cantidad de recursos económicos que deben ser sujetos de robos en estos momentos de naufragio del régimen. Dentro de poco lo sabremos, pero el daño al país ya habrá sido incalculable.

    El Gobierno está tentando una salida violenta que lleve a una dictadura militar sostenida por una camarilla rapaz que solo puede ser sostenible sobre la base de la persecución, el exilio y la muerte. No tiene salida Maduro. Ha llevado a su país a un callejón sin salida y ahí quiere dirimir los conflictos de un país inviable y en completa destrucción por obra y gracia de unos gobiernos corruptos que le están sacando futuro a un par de generaciones de venezolanos.

    La comunidad internacional debe actuar pronto y rápido. No hay mucho campo de maniobra y entre los gritos y amenazas simiescas del jefe de Gobierno de Venezuela y el ahora secretario general de la OEA, las soluciones pacíficas van desapareciendo entre las opciones. Alguien debe poner racionalidad si de verdad queremos que Venezuela vuelva a ser un país viable en la región.

    Abandonarla a su suerte y ver el descalabro sin atinar respuestas confirma la condición de cómplices por acción u omisión de muchos. Hay que sacar a Venezuela del callejón sin salida… ahí solo habrá sangre y destrucción aún mayor.

    Benjamín Fernández Bogado

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    Publicado por Anónimo | 30 mayo, 2016, 11:40
  2. La habilidad política es imprescindible

    La noticia más importante de la semana pasada ha sido la decisión del Senado brasileño de abrir el juicio político a la presidenta Dilma Rousseff con la consecuente suspensión por 180 días en el ejercicio del cargo.

    Casi todos los analistas políticos del vecino país coinciden en que la crisis económica y el escándalo de Petrobras han sido el fermento de la caída de Dilma, pero la causa principal ha sido su absoluta falta de habilidad política para liderar un país gigantesco y complejo como es el Brasil.

    Un país con un sistema político tremendamente fragmentado, con más de 28 partidos en el Congreso y con una coalición de apoyo de más de 10 partidos, sin afinidad ideológica alguna entre ellos.

    El prestigioso politólogo brasileño Rudá Ricci dice que Dilma “es una tecnócrata, no una política; se encierra en el Palacio, entre informes, y no le gusta el contacto con los políticos ni con los dirigentes sociales, y eso ha sido determinante para que el Congreso le dé la espalda”.

    Salvando las distancias, algo parecido a lo sucedido con Dilma en el Brasil, también le ha sucedido en el Paraguay a muchos buenos técnicos que han fracaso en la función pública, por carecer de una mínima habilidad política.

    La habilidad política tiene mala prensa, porque casi siempre se le asimila a maniobras inescrupulosas, o se la confunde con una oratoria manipuladora de los hechos.

    La habilidad política es… una habilidad, y por lo tanto, es neutra, es decir, que puede ser usada para el bien o para el mal.

    Pero es una habilidad imprescindible en toda persona que ocupa o quiere ocupar cargos de dirección, tanto en el sector empresarial, como en la sociedad civil y ni qué decir en la política.

    Lamentablemente, esta habilidad no es estimulada ni desarrollada en las universidades y esa es la causa del enorme y estrepitoso fracaso de la mayoría de la gente técnica que ocupa cargos directivos en las empresas o en el gobierno.

    Hoy en día, en los Estados Unidos se cuestiona severamente a las grandes Escuelas de Negocios, que se limitan a enseñar economía, márketing, finanzas, y operaciones, y hacen muy poco para desarrollar la habilidad política de los estudiantes.

    Los problemas surgen cuando estas personas técnicamente muy bien preparadas ocupan cargos de dirección y tienen que lidiar internamente con sus jefes, con sus pares y con sus subordinados, y externamente con el Gobierno, con los competidores, con la prensa, con los proveedores y con los clientes.

    Pueden tener la mejor formación técnica, pero si no tienen habilidades para manejar estas relaciones, van a fracasar, con toda seguridad.

    Las habilidades políticas son básicamente tres: la primera habilidad es la “conciencia política”, es decir, la capacidad de entender el entorno que les rodea, identificando a los diversos actores, sectores o fuerzas que pueden apoyar o oponerse; la segunda habilidad es tener “capacidad de influencia y de persuasión”, es decir, la capacidad de escuchar, de hablar, de explicar y de vender ideas; y la tercera habilidad es la “capacidad de manejar conflictos”, porque el conflicto es la esencia de la vida en sociedad y un dirigente tiene que tener la capacidad de mediación y de negociación, de diálogo y de creatividad, para encontrar soluciones a los diferentes problemas.

    Además de la habilidad política existen otras habilidades y conocimientos que un dirigente debe tener, pero si no tiene conciencia política, si no tiene habilidad para comunicarse y si no tiene capacidad de negociación, no tiene las capacidades básicas para ocupar un cargo de dirección.

    Recordemos siempre que para ejercer con éxito un cargo de dirección, además de la idoneidad y la ética, la habilidad política es imprescindible.

    Por Alberto Acosta Garbarino

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    Publicado por jotaefeb | 20 mayo, 2016, 06:20
  3. Brasil en el valle de las sombras

    El fin de semana pasado Brasil vivió un clima muy parecido al de setiembre de 1992, cuando miles de brasileños se volcaron a las calles para exigir la salida del Gobierno de Fernando Collor de Mello. Llegado al gobierno con el verbo de la lucha contra la corrupción y de la mano de un pequeño partido político, Collor había prometido controlar la inflación y desarticular las po­derosas redes de tráfico de influencias empotradas en la ma­quinaria estatal. Pero ni bien instalado en Brasilia, lo que en realidad transitó fue un breve pero fulgurante sendero de actos inmorales y corruptos que muy pronto cobraron estado públi­co y obligaron al Congreso a instaurarle juicio político. Collor renunció antes de ser destituido. Los brasileños, en esos días, repudiaron la flagrante mentira con la que había llegado al po­der.

    A la presidenta Dilma Rousseff, en tanto, se la acusa de mani­pular el presupuesto federal para mantener el nivel de gastos en busca de respaldo político. Esto contradice el punto quin­to de sus promesas de campaña cuando decía que iría tras la aprobación de nuevas leyes para combatir la corrupción en el Congreso, entre ellas, endurecer las penas para la financiación de partidos me­diante la llamada “caja dos”, dine­ro procedente de aparentes dona­ciones pero que no se declara. Y tratándose de uso de fondos públi­cos para finan­ciar campañas electorales, par­tidos políticos y candidaturas, los brasileños pare­cen haber tocado fondo en credibi­lidad.

    El panorama ins­titucional brasi­leño entra en un cono de sombras de difícil pro­nóstico. Con la presidenta a punto de ser suspendida en sus funciones, y con el propio vicepresidente Michel Temer –que debería asumir la presidencia provisoria- también con planteo de juicio político por presunta corresponsabilidad en la firma de los decretos que facilitaron maniobras contables dentro del presupuesto de 2014 y 2015, la legalidad y la legitimidad del escenario político es más que dudosa. Sobre todo, si se tiene en cuenta que la votación en la Cámara de Diputados fue conduci­da por Eduardo Cunha, un político denunciado por corrupción, fraude y lavado de dinero vinculado a la red de sobornos de Petrobras. La Corte Suprema tiene la acusación desde marzo y ya lo declaró reo, es decir dentro de un proceso, pero su inmu­nidad parlamentaria lo mantiene intocable.

    Es difícil encontrar un caso similar en el que juzgados, juzga­dores y sucesores compartan una misma línea de sospecha por los mismos supuestos delitos vinculados al uso políticamen­te inmoral de fondos públicos. No son pocos los politólogos que opinan que este proceso terminará con un nuevo llamado a elecciones y que el actual establishment tendrá que resignar sus fueros y afrontar ante la justicia ordinaria las consecuen­cias de sus actos.

    Los millones de brasileños que salieron a las calles no parecen esperar otra cosa.

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    Publicado por jotaefeb | 17 mayo, 2016, 15:11
  4. Brasil se reinventa. Cuidado

    Cuando Michel Temer, hasta hace unos días el vicepresidente de Dilma Rouseff, pronunció el discurso inaugural de su mandato interino, lanzó una idea casi extrema al decir que estaba poniendo en marcha un gobierno “de salvación nacional”. Poco después tomaba juramento a su nuevo gabinete entre cuyos integrantes se encuentra Henrique Meirelles, quien se había desempeñado como presidente del Banco Central del Brasil durante el gobierno del antecesor y mentor de Dilma, Luis Inacio Da Silva.

    Meirelles, por años presidente mundial del Bank of Boston, trajo tranquilidad en aquellos días a los sectores empresarios asustados por la perspectiva de un gobierno de izquierda dura, fuertemente estatizador e intervencionista de la economía.

    Ahora, Temer recurre a Meirelles y lo coloca en el Ministerio de Hacienda para encarar un periodo de turbulencias caracterizado por una economía en recesión, con una inflación de dos dígitos y un rojo fiscal cercano al 3,5% del Producto Interno Bruto. Además, la gestión Temer-Meirelles tendrá que encontrar una respuesta para los 11 millones de desempleados que en este momento demandan trabajo, lo cual implica casi un 9% de paro en la población económicamente activa.

    Para encaminar a Brasil hacia una política de pleno empleo –tarea titánica que le demandará virtualmente todo su tiempo de gobierno- Temer anunció varias medidas, una de ellas, profundizar el empleo de las alianzas público-privadas ya que uno de los cuellos de botella en todo emprendimiento estatal es la permanente y angustiosa escasez de recursos aplicado a planes públicos de desarrollo. Temer sabe que esta fórmula permite encarar obras de gran envergadura manteniendo un control estratégico de inversiones sin presionar el Presupuesto y conservando equilibrio en la responsabilidad fiscal en el corto plazo.

    Y hay una peligrosa coincidencia en este capítulo de las APP mencionado por Temer. El viernes dábamos cuenta de que un gran conglomerado brasileño interesado en invertir en el Paraguay mediante las alianzas público-privadas cerraba sus oficinas en Asunción, literalmente aburrido de no llegar a la fase de concreción de proyectos por las interminables demoras burocráticas interpuestas por las oficinas del Gobierno.

    Paraguay da vueltas y vueltas, no se decide a encarar la fase operativa en obras mediante fórmulas APP. Y Brasil, con el flamante gobierno, las anuncia como parte de su programa de “salvación nacional”. Brasil se reinventa y nosotros, papando moscas. Cuidado, que éste no sea el primer punto que se corre en la complicada malla de la economía. Y que los capitales que pensaban radicarse en el país –sobre todo los de origen brasileño- terminen siendo atraídos por el clima fomentado por un Gobierno decidido a crear capital nacional y no sólo concentrarse en la captación de inversión extranjera directa. Se vienen días difíciles con Brasil y habrá que ver cómo enfrentarlos.

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    Publicado por jotaefeb | 17 mayo, 2016, 15:10
  5. Tres consecuencias de la crisis brasileña

    Por Carlos Alberto Montaner (*)

    Dilma Rousseff afirma que le dieron un golpe de Estado. No es verdad. Le aplicaron la Constitución con saña política, pero dentro de los márgenes de la ley. Los poderes Legislativo y Judicial la desalojaron de la casa de gobierno mientras se lleva a cabo un proceso de impeachment. En 1992, con la entusiasta ayuda del Partido de los Trabajadores (el de la señora Rousseff), fue expulsado el presidente Fernando Collor de Melo por el mismo procedimiento. El que a impeachment mata a impeachment muere.

    La salida de Dilma tiene (al menos) tres tremendas consecuencias políticas y sociales.

    En el plano internacional se descabeza el loco proyecto del Socialismo del Siglo XXI. Aunque Brasil no formaba parte del núcleo duro (Cuba, Venezuela, Ecuador, Bolivia y Nicaragua), el godfather de esa banda era el profesor marxista Marco Aurelio García, fundador y arquitecto del Foro de São Paulo, amigo de las FARC, gran consejero de Lula da Silva y de Dilma Rousseff y hombre muy cercano a los servicios cubanos de inteligencia.

    Ello ocurre en el peor momento para la corriente populista en América Latina, hoy en caída libre.

    Sucede tras la imputación por cohecho (recibir sobornos) a Cristina Fernández de Kirchner y a su hijo Máximo, por lo cual pueden acabar en la cárcel, y junto a la inmensa crisis venezolana, que arrastrará a Nicolás Maduro si la oposición consigue que se cumplan las leyes y logra llevarlo a las urnas por medio del proceso revocatorio.

    Acaece poco después de la caída en picado de la popularidad de Michelle Bachelet por la corrupción de la que acusan a su hijo, y de la sacudida económica que estremece a Ecuador, cuyo Gobierno, carente de recursos, ya consume un 44% del PIB nacional (era un 22 cuando Correa llegó al poder).

    La segunda consecuencia importante de la salida de Dilma tiene que ver con la reevaluación de los programas asistencialistas ejecutados por el gobierno del Partido de los Trabajadores (PT). Se suponía que el plan de ayuda “Bolsa Familia” (en realidad, creado bajo otros nombres por Fernando Henrique Cardoso) era un modelo para la inclusión social y el fin del hambre y la pobreza en el país, pero cada año son más los brasileños que solicitan la asistencia del Estado.

    En sus inicios, unos doce millones de personas recibían una cantidad en metálico, sujeta a que vacunaran a los hijos y los enviaran a la escuela –lo que es una magnífica idea–, pero hoy percibe ese dinero un 26% del país: más de 50 millones de brasileños. ¿Cómo puede proclamar el PT, como si fuera un triunfo, tras más de una década en el poder, que hay menos pobres y se ha terminado el hambre, cuando el número de personas adscritas a “Bolsa Familia” se ha cuadruplicado? Eso, en gran medida, es un contrasentido.

    Hay un elemento perverso en medir la calidad de los gobiernos por la intensidad del gasto social en que incurren. Siempre es necesario y justo ayudar a quienes lo necesitan, pero el objetivo de cualquier sociedad basada en la existencia de la propiedad privada y el mercado libre (como es Brasil teóricamente), debe ser crear las condiciones materiales y subjetivas para que cada familia sea capaz de sostenerse adecuada y responsablemente sin necesidad de acudir a las transferencias de recursos de quienes lo han conseguido previamente.

    Dicho sea de paso, Lula da Silva y Dilma Rousseff no inventaron el populismo ni la corrupción en Brasil. Se limitaron a llover sobre mojado. El gigante latinoamericano tiene una vieja tradición populista en la que comparecen todos los ingredientes del mercantilismo: clientelismo, capitalismo de amiguetes, proteccionismo, y un largo etcétera que inevitablemente desemboca en la corrupción.

    Afortunadamente, la tercera e importantísima consecuencia tiene que ver con eso: el surgimiento de la conciencia de que hay que luchar contra la corrupción, no solo porque esa práctica nefasta encarece todos los bienes y servicios que la sociedad adquiere, sino porque pudre el sistema político y los fundamentos morales en un país que ya estaba especialmente predispuesto y anestesiado.

    ¿Para qué esforzarse en estudiar y trabajar si todo lo que hay que hacer es mediar entre el Gobierno y la corrupta empresa privada (Odebrecht) o pública (Petrobras) para conseguir una buena tajada que debe repartirse con los políticos y funcionarios? El joven juez federal Sergio Moro se ha convertido en un ídolo nacional y la operación que dirige, Lava Jato, en la urgente llamada de atención sobre la corrupción, un mal cuyo alivio no puede esperar un día más.

    ¿Será Brasil, por fin, el país del futuro? Esta crisis puede ser un buen punto de partida. Ojalá así sea.

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    Publicado por jotaefeb | 17 mayo, 2016, 15:02
  6. La noticia del día

    Por Danilo Arbilla

    Brasil es la noticia del día. La de hoy, la de ahora, la de mañana y la de las próximas horas. ¿Quién puede dudarlo?

    Eso sí: nadie sabe bien y con certeza absoluta qué es lo que va a ocurrir en Brasil. Pero, pase lo que pase, ya sea que Dilma Rousseff sea separada y suspendida en su cargo o que se “complique” el proceso legislativo para el impeachment o que nuevamente intervenga la Corte Suprema, Brasil es noticia.

    Lo que allí ocurre cada vez se parece más a un sainete y ya por ello capta la atención del gran público. La corrupción política desborda todos los límites. Lo de España, que no es chico, resulta peccata minuta. Respecto a Argentina, es diferente y no se puede afirmar lo mismo: aquí recién se ha comenzado con los allanamientos a propiedades de la expresidenta Cristina Fernández de Kirchner –sin duda una señora muy rica– y a sus familiares, a presuntos socios o testaferros y a militantes sociales kirchneristas.

    Sea lo que sea, en Brasil habrá cambios con efectos internos y externos. La economía, en precipitado declive, requiere un freno para evitar la debacle, pero que a la vez no avive la agitada situación social. Nada fácil. De poco serviría, salvo por muy corto, cortísimo tiempo, prolongar la agonía y continuar con el populismo-progresista del Partido de los Trabajadores de la presidenta Rousseff y de Lula. Hay que tomar medidas de shock, que den serenidad a los agentes económicos y que a la vez generen confianza, y una esperanza cierta y algo de paciencia a amplios sectores sociales. Insistimos, no es fácil, ni para los que están, si siguieran, ni para los que puedan sustituirlos. Con un nuevo gobierno parecería más pertinente y lógico plantear medidas de shock y estas resultarían más creíbles. Aunque es difícil medir y predecir cuánto ayudaría o afectaría a la “credibilidad” un nuevo gobierno presidido por Michel Temer, exaliado de Dilma y un hombre también investigado por la justicia.

    Externamente, el efecto de lo que pase en Brasil será removedor. Se reflejará negativamente en las economías de países vecinos y de la región, fundamentalmente, como ya se ha venido dando desde que comenzó la crisis brasileña.

    En el plano diplomático, en tanto, la Unasur y el Mercosur ya no serán lo mismo, para empezar. Seguramente sus roles –si es que van a cumplir alguno– no serán con la guía del progresismo-bolivariano de hasta ahora. Es de esperar que Itamaratí haga algunos retoques a su política exterior y quizás la Unasur ya no le sirva de tanto y, por el momento, hasta le sea un compromiso o estorbo. En cuanto al Mercosur, deberá centrarse en su fin económico-comercial, si es que a alguien realmente le interesa. Dejará de “actuar”, eso sí, en temas políticos, como lo hizo con respecto al Paraguay, para facilitar el ingreso a la Venezuela de Chávez y a instancia –o indicación directa– del Brasil de Dilma.

    Qué ironía, ¿no? El ser grande tiene ventajas y desventajas: Brasil por su peso pudo incidir –por no decir forzar– en las sanciones al Paraguay por el juicio político a Fernando Lugo, pero ese mismo peso –el ser demasiado grande– impide que los otros se metan o se puedan meter con él, ahora que el juicio político le fue planteado a la presidencia brasileña. Lo que son las cosas: en el caso brasileño se trata de un asunto interno.

    Es probable también que haya un efecto colateral, positivo y revitalizador de la OEA, que ayudaría mucho al papel que viene reasumiendo la organización interamericana luego del cambio de titular en su Secretaría General.

    Hasta es posible que influya en el accionar del papa Francisco –tan atento a lo políticamente correcto y conveniente–, a quien en los últimos días le ha asaltado la preocupación por lo que pueda suceder en Venezuela. Hasta ahora no se había ocupado mucho y había dicho muy poco sobre los presos políticos y la violación de los derechos humanos por parte del gobierno de Nicolás Maduro. Es un tema con el que no ha estado tan locuaz como con otros. Pero, ahora que la oposición y la mayoría de los venezolanos recurren a una solución constitucional y pacífica –referendo revocatorio– para sacar a Maduro, el Pontífice hace un llamado al diálogo. En Argentina, en donde más conocen al Papa, y donde más críticos tiene –que lo califican de peronista y kirchnerista–, llegan a decir que se trata de una maniobra para salvar a Maduro, desviando hacia “el diálogo” el proceso revocatorio.

    Si es como dicen sus críticos, es una movida importante. Es noticia. Aunque, hoy por hoy, lo de Brasil es más noticia. O parece serlo.

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    Publicado por jotaefeb | 17 mayo, 2016, 15:01
  7. En medio de la tormenta

    Por Roberto Sosa

    “Tras el golpe de Brasil, vienen por Venezuela”. Este es un título que apareció en varios medios luego de conocerse la decisión de suspensión de la presidenta brasileña Dilma Rousseff. Aunque la acusación contra ella tiene que ver con cuestiones relacionadas al manejo del dinero público, la movida tiene como trasfondo la megacorrupción que arrastra a los más encumbrados políticos de ese cuasicontinente, entre ellos al propio expresidente Lula.

    Está claro que los gobiernos de izquierda de la región no están pasando por su mejor momento, así como gobernantes que han dejado el poder. Solo basta con mirar a la Argentina donde se están ventilando día tras día nuevos detalles de numerosos casos de presunta corrupción que están siendo investigados por la justicia y que salpican directamente a la expresidenta Cristina Kirchner y a su hijo.

    El caso de Venezuela es tragicómico. Maduro intenta hacer creer al mundo que detrás del quiebre de su país están los intereses capitalistas. Como si los Estados Unidos fueran los culpables de la hiperinflación del 700% que se espera para este año o de los saqueos por la falta de alimentos, medicina y hasta papel higiénico.

    El problema de muchos de estos gobiernos pasa por la corrupción galopante que se ha institucionalizado y del prebendarismo extremo financiado con dinero público. Todos han utilizado el mismo esquema: Dinero público para crear fidelidades, con subsidios generosos que se han multiplicado de manera geométrica. Endeudamiento interno y externo o financiación mediante la emisión. Este círculo vicioso tiene sus límites. Todo en medio del saqueo al Estado.

    El problema de Brasil en estos momentos es que a consecuencia de estas políticas, el sector público tiene un déficit casi inbancable, la inflación comienza a despegar y el desempleo se multiplica. Los grandes logros en la lucha contra la pobreza tambalean y el futuro es desalentador. En el caso de la Argentina, la nueva administración se ha visto obligada a sincerar los números, lo cual está llevando a una disparada de precios y la fuerte suba de tarifas de servicios y bienes básicos.

    Se ha mentido mucho en estos países, con la alharaca de que se redujo la pobreza y se ha acelerado el desarrollado. La inflación es el peor castigo para la ciudadanía, especialmente para los más pobres.

    En momentos en que esto ocurre en la región, y principalmente con nuestros dos grandes vecinos, Paraguay mantiene cifras alentadoras en materia económica. Así lo han confirmado las consultoras privadas locales y hasta el propio Fondo Monetario Internacional. La semana pasada la prestigiosa Fundación Getulio Vargas del Brasil nos ubicó como el país con el mejor clima económico en Sudamérica y también lo presenta con uno de los mejores indicadores de expectativa en Latinoamérica.

    Esto no significa que se acabó la pobreza, como bien lo reveló también hace unos días la última Encuesta Permanente de Hogares, que muestra una leve reducción durante el 2015. Aún sigue siendo un escándalo que casi 700.000 paraguayos sigan pasando hambre en una de las naciones más productivas en materia agropecuaria.

    Hoy, Brasil, Argentina y Venezuela nos ganan por goleada en corrupción y están con sus economías destartaladas. Se debe comprender que aquello que durante tantos años desdeñamos, los tan vilipendiados números macroeconómicos, hoy se constituyen en el pilar que están manteniendo la estabilidad y el crecimiento a pesar del entorno regional e internacional sumamente adverso. Hay que admitir que se han hecho bien muchos de los deberes y que ello debe continuar mediante la presión de la ciudadanía hasta que ningún paraguayo viva en la indigencia.

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    Publicado por jotaefeb | 15 mayo, 2016, 18:26
  8. El fracaso de las ideologías: surgimiento del populismo post-moderno

    La postura idiota -parafraseando a Ortega y Gasset, que era más duro y llamaba postura imbécil- de lo que pasa en los Estados Unidos -y yo agregaría, en nuestro tiempo-, es clasificar a las personas por su opción política como de “izquierda” o de “derecha”, conforme a su defensa o no, de ciertos temas de políticas públicas. Así, ser de izquierda sería favorecer la lucha obrera, el rol protagónico del Estado, la globalización y apertura a los mercados y mundialización, el rechazo al Estado-nación cerrado a sus fronteras, integración, los derechos de las minorías étnicas y sexuales o la estatización de la salud y la educación públicas. Por el contrario, para ser de derecha, uno debería estar a favor de la intromisión mínima del Estado, el juego de la oferta y demanda, la competencia en cuestiones educativas para lograr la calidad, y la afirmación del Estado-nación conforme a siglos de tradición.

    Pero, ¿es esta la realidad, como se nos presenta hoy? Difícilmente. Yo diría más. En estos momentos del siglo XXI, se muestran cada vez más, la insuficiencia teórica y práctica de la modernidad ilustrada, que generó esto de “derechas” e “izquierdas” desde el siglo XIX y hoy, por problemas urgentes, se mezclan con la reacción postmoderna, que no sólo es alérgica a clasificaciones racionales sino que es, además, pragmática, emocional, desea resultados inmediatos. Es el afecto y el grito, no la racionalidad o el cálculo lo que valen. De lo contrario, caemos en formas de hemiplejía moral, de imbecilidad de no querer saber lo que pasa, pues “la persistencia de estos calificativos contribuye a falsificar más aún la realidad del presente, como lo demuestra el hecho de que hoy las derechas prometen revoluciones y las izquierdas proponen tiranías”- profetizaba el filosofo español en 1937.

    Por eso, me temo, la calificación de Trump de ser “extrema derecha”, nativista, reaccionario, aislacionista, etc., no sólo son inexactas en la descripción del fenómeno de su candidatura, y también, completamente ineficaz para persuadir a votantes de abandonarlo. El resultado de este martes, en las primarias de West Virginia, mostraba la realidad lacerante de este fenómeno: los mineros de este Estado tradicionalmente inclinados al lado demócrata-liberal se volcaron de manera abrumadora a la candidatura de Trump y, también a la de Bernie Sanders. Trump, arrasó en este Estado con más de 60%, así como en el de Nebraska, acercándose al número sonado de 1.237 de delegados. No había otros competidores, pero tampoco, votos de protesta. El senador Sanders, asimismo, ganó cómodamente, derrotando estrepitosamente a la senadora Clinton, aunque le sería difícil sumar el número para ser el nominado.

    Así, dicho de manera concreta, los votantes de Trump sienten lo mismo que los de Sanders… Veamos dos temas brevemente, empezando por el tema de los “trabajadores”. Viendo y oyendo las reacciones de los desplazados de la globalización y la mundialización de los mercados del medioeste americano como mineros, obreros de grandes manufacturas -desplazados por “políticas de derecha” (pero sostenidas también por partidos autoproclamados de izquierda), bajo las rúbricas de libre comercio, competencia, integración, etc- dar “razones” del por qué votaron a Trump o Sanders y no a las bien estructuradas y pensadas propuestas hacia el “progreso” de la senadora Clinton, es hasta curioso. El sistema, dicen, no “oye”, nos “usan”, creen que somos “cosas”, estableciendo una relación con el líder sin mediaciones institucionales o partidarias. Y este relacionamiento se da por igual, con Trump y Sanders, concretándose en “movimiento”, rechazando el “partido” que adquiere así una connotación parcialista y no pueden por ello representar sus intereses como pueblo.

    La exportación de la democracia es otro tema que los une. Trump no solo criticó duramente a la administración Busch por su imperialismo e intervencionismo, la guerra en Irak por ejemplo, sino también a la Señora Clinton por sus políticas desestabilizadoras en el medio oriente como secretaria de Estado y su voto favorable en la invasión de Irak. ¿Aislacionismo, retirada, o, desentenderse del mundo? cualquiera sea la calificación ideológica “moderna” que se le quiera asignar, Trump, y Sanders proponen en gran medida un rol mas humilde de los Estados Unidos en decirle al mundo lo que deban hacer. Trump incluso ha ido más lejos; ha reafirmado el rol del Estado-nación como fuente de soberanía, desalentando las alianzas e integraciones que generan conflictos étnicos y crisis económicas seguidas.

    ¿Que resultará de todo esto ? Son acaso Trump, o Sanders, los agentes para este cambio? Yo no lo creo, pero mi opinión no es relevante a la realidad de lo que pasa. Es que, es difícil vaticinar y menos en política. Pero lo idiota sería no darse cuenta de que, esta actitud anti-institucional, es un signo de que el tema no es ideológico. Y ese algo que pasa, creo yo, apunta a la insuficiencia de la modernidad ilustrada que ha estereotipado y encasillado toda la realidad en ideologías, como una manera de olvidarse y esconder la realidad misma. En fin, esta reacción populista postmoderna, afectiva y salvaje, pragmática y visceral, no es sino el rechazo de un mundo profundamente desorientado que cree que todo es ciencia y cálculo, aunque los resultados no sean sin incertidumbre y ausencia de esperanzas.

    Por Mario Ramos-Reyes

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    Publicado por jotaefeb | 14 mayo, 2016, 09:54
  9. Un círculo vicioso.

    El precio de desentenderse de la política, es el ser gobernado por los peores hombres”, sabia frase de Platón, que encuentra su variante moderna en la que recopiló seguramente inspirado en el griego, el filósofo e historiador británico Arnold Toynbee y que reza: “El mayor castigo para quienes no se interesan por la política es que serán gobernados por personas que sí se interesan.” Ambas reflexiones nos ponen ante la evidencia de que, la falta de participación ciudadana en la cosa pública, es precisamente lo que ha facilitado que algunos políticos –la gran mayoría para precisar- hagan de las agendas públicas de estados, municipios, congresos y demás espacios de gobierno o representación, la plataforma unipersonal para desahogar agendas particulares que nada o muy poco tienen que ver con el bien común.

    Y es que, en realidad, se convierte en un círculo vicioso. La gente deja de participar decepcionada por los malos resultados que entregan los políticos, y los políticos entregan malos resultados porque la gente deja de participar, pero con esa apatía lo único que se consigue es que los políticos hagan de sus cargos, con mayor facilidad, lo que quieran sin que nadie les recrimine, critique o exija. Es decir, una cosa lleva a la otra y el problema se repite indefinidamente encadenadas causas y efectos.
    “Los políticos son iguales en todas partes. Prometen construir un puente incluso donde no hay río”, decía el ex dirigente de la desaparecida Unión Soviética, Nikita Krushov, en una clara alusión a la capacidad que tienen los políticos de “crear” problemas para luego presentar las soluciones, aunque ni las soluciones ni los problemas sean lo que la gente quiere, y sin que tampoco importe mucho si se cumple o no lo que se ofrece…

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    Publicado por jotaefeb | 14 mayo, 2016, 09:54
  10. ¡Ojalá nos equivoquemos!

    Todo muy parecido a los procesos de los años 70 en adelante. La década perdida, la llamaron. En realidad duró mucho más que una década. Líderes legítimos, algunos ya de camiseta populista, hicieron lastimosamente malos gobiernos que terminaron arrastrando a sus países a violentas crisis. La mayoría de ellas “solucionadas” por líderes militares, que llegaron para poner orden y lograr la “reconstrucción nacional”.

    Stroessner fue uno de ellos, para qué ir tan lejos. Así en la Argentina, en el Brasil, en Chile, etc., los hombres de uniforme llegaron con sus vistosas charreteras y se plantaron como la solución al drama que se estaba viviendo. La gente hasta los aplaudió creyendo en ellos.

    Resultaron un fiasco completo, mas ladrones y bandidos, no pudieron ser; también criminales salvajes, puesto que encabezaron represiones sangrientas que hicieron desaparecer a la flor y nata de las juventudes de nuestros países, quienes anticiparon el problema y quisieron correrlos del poder antes que hagan más daño. Lo pagaron bien caro. Hasta ahora se descubren sus tumbas.

    Lo que está pasando en el Brasil tiene el tufo a ese drama latinoamericano que estamos mencionando. Todo es muy parecido. Un gobierno populista, que hizo bien sus deberes sobre todo en la cuestión social, y ni que decir en la lucha contra la pobreza, finalmente es derrocado constitucionalmente es cierto, pero dando lugar a una tenebrosa entente, donde medran viejos manguruyuses de la política brasileña, la mayoría de ellos salpicados por los mismos escándalos de corrupción que terminaron serruchando el piso a la presidenta Rousseff y su padrino “Lula”.

    El presidente “interino” Temer fue señalado por un magistrado también como pasible de juicio político al alegar que la acusación es similar a la que llevó al banquillo a Rousseff. Es decir firmar algunos de los decretos que facilitaron maniobras contables para maquillar los resultados del gobierno en los últimos dos años.

    La misma suerte corrió otro de los “súper enemigos” de Dilma, especialmente el titular de la Cámara de Diputados, Eduardo Cunha, quien empezó a ser investigado por la Corte Suprema de Justicia, por los delitos de corrupción y lavado de dinero,nada menos que en el “Petrolão”.

    Los fiscales acusan a Cunha de haber aceptado $5 millones en sobornos entre 2006 y 2012, relacionados con la construcción de dos buques de perforación de la empresa Petrobras.

    Una maravilla, se abrazaron todos y se repartieron cargos en el nuevo Gabinete de “salvación nacional”, proclamando a los cuatro vientos que llamaban a la unidad para “refundar la Nación”.

    En plan de redentores lo primero que hicieron es anunciar un masivo despido de más de 4.000 trabajadores de los servicios públicos, antes del 31 de diciembre de este año.

    Para más el nuevo canciller, es un declarado enemigo del Paraguay y se refirió con gruesas palabras al presidente Cartes. Ahora extremará su cinismo obviamente.

    Lo decíamos. Todo muy similar. Ojalá nos equivoquemos. Y que el Brasil y por ende los vecinos de este gigante, no hayan caído nuevamente de la sartén…al fuego.

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    Publicado por jotaefeb | 14 mayo, 2016, 09:26
  11. Vientos de cambio
    13 May 2016

    El proceso constitucional de impeachment iniciado por el Congreso brasileño a Dilma Rousseff, que derivó en su separación temporal del cargo, es una clara muestra más que los tiempos están cambiando en Latinoamérica y en el mundo, porque la participación activa de la ciudadanía es un elemento que modificó radicalmente el escenario político en todo el planeta.

    El escándalo de corrupción en el que se vio enmarcada su gestión y la de su antecesor “Lula” da Silva fue el detonante que minó irreversiblemente una imagen de gestión gubernamental que en su momento llegó a niveles impactantes, puesto que se rumoreaba que el siguiente paso para el ex mandatario sería la secretaría general de la ONU, alternativa sustentada en una impecable imagen internacional y un elevado nivel de popularidad en su país.

    No obstante, la realidad demostró que detrás de esa fachada tan imponente se tejían manejos turbios que desarticularon todo aquel capital que se había forjado de manera fraudulenta. Esto no perdona la gente. El pueblo, en nombre del que se habló, habla y seguramente hablará por mucho tiempo, despertó de su letargo y exigió que aquellos que dilapidaron no solo su credibilidad, sino sus recursos financieros, den un paso al costado.

    El próximo elemento que se debe tomar en cuenta es garantizar todos los pasos de un proceso legal que no solamente tenga sustento formal, sino una legitimidad que no puede ser despreciada, ya que es la garantía para rubricar el funcionamiento de una República que ejerce un liderazgo regional sólido y que pretende ubicarse entre las grandes potencias mundiales.

    Todos los ojos, tanto de países vecinos como del primer mundo, analizarán atentamente la manera en la que se juzgan los hechos por los que Dilma fue separada de su cargo. Este proceso servirá necesariamente como un modelo al que se debe acompañar, o desechar, de acuerdo al desarrollo del mismo, ya que es innegable el impacto brasileño, no solo en la política, sino en la economía de la zona.

    Hasta el momento este hecho dejó una serie de enseñanzas que no pueden ser despreciadas, puesto que el cambio de aires es evidente y una mirada rápida muestra que el giro también coincide con otros actores cruciales del entorno, en donde se puede suponer que se espera otro tipo de gestión al frente de los Ejecutivos en cada país. La participación activa de la gente es el factor que marcará este nuevo destino, de quienes asumen este nuevo compromiso, ya conscientes de la presión que ejerce la población cuando se siente descontenta.

    Paraguay también debe estar a la altura de las circunstancias. Las afirmaciones de nuestro canciller Eladio Loizaga asegurando que se respetará todo el proceso brasileño son el primer punto positivo desde nuestra tarea diplomática, ya que marca una diferencia en la manera en que los vecinos actuaron en circunstancias históricas similares. Es tiempo de construcción de lazos sólidos, respetando la voluntad popular, las instituciones y garantizando transparencia en todos los procesos de gestión gubernamental.

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    Publicado por jotaefeb | 14 mayo, 2016, 07:19
  12. Temer a Temer

    Por Alfredo Boccia

    “Esto no es un golpe, pero que parecido, ¿no?”, cuestionó con estilo campechano el Pepe Mujica al ser preguntado sobre la situación del Brasil. Los paraguayos sabemos por experiencia la enorme crispación social que se genera cuando un grupo de parlamentarios corrige la decisión –acertada o no– tomada por millones de electores. Por eso, aquellos que, desde estas tierras, festejan la salida de Dilma deberían fijarse que la fiesta puede terminar mal para nosotros.

    La caída del PT se debió, básicamente, a dos causas. El gigantesco escándalo de corrupción en Petrobras, en el que se involucraron muchos políticos del Gobierno; y la caída de la economía, que se contrae desde hace cuatro años y que tiene un pronóstico sombrío. Llegado a este punto, es necesario señalar que Dilma no es acusada personalmente de ningún delito de corrupción, mientras muchos de los legisladores que impulsaron el impeachment sí lo están. El caso más patético es el del diputado Eduardo Cunha, correligionario de Temer en el PMDB.

    El problema económico, por su parte requerirá reformas y ajustes con alto costo político, pues pondrán a la clase media en un tobogán que las llevará de vuelta a la pobreza. Quien deberá tomar esas decisiones será Temer, quien además del estigma de la ilegitimidad y de no estar libre de corrupción, es más impopular que la propia Dilma. Una encuesta de Datafolha revela que solo el 2% de la población votaría por Temer en una elección presidencial.

    Antes de esta crisis terminal, se anunciaba una recesión larga y profunda. Esta salida traumática puede obligar a elecciones anticipadas. Si llega a haber proselitismo electoral en medio del caos, habrá una tormenta perfecta hasta fin de año.

    El problema no es solo del Brasil. Ese país representa el 40% del PIB regional en su conjunto. Si se cae, arrastra a muchos y nosotros somos el más expuesto. Esto lo saben bien los comerciantes de Ciudad del Este, Pedro Juan Caballero y Salto del Guairá, que sienten desde hace tiempo el impacto de la menor actividad comercial porque el tipo de cambio vuelve menos atractivas las compras fronterizas. Además, las crecientes inversiones brasileñas en nuestro país se van estancando. Como consecuencias inmediatas hay despidos, bajas salariales, achicamiento de personal de miles de pequeños negocios. Se verán golpeadas también las empresas maquiladores que producen para la industria automotriz brasileña. Si Brasil compra menos, Paraguay reduce las exportaciones de productos no tradicionales como cables, plásticos, textiles, calzados y quizás –¡Dios no lo permita!– hasta tabaco.

    Estamos anclados al Brasil. Los economistas afirman que cuando el PIB del Brasil baja un punto, automáticamente el nuestro desciende medio punto. Siendo que el remedio puede ser peor que la enfermedad, aconsejaría a la derecha local que modere el entusiasmo. Más bien deberíamos temer a Temer.

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    Publicado por jotaefeb | 14 mayo, 2016, 07:17

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