El evangelio del domingo: ¡Coraje!, esta fiesta es para todos.

¡Es Pentecostés, Ven Espíritu Santo! La conclusión del tiempo pascual, se manifiesta con el rebosar del Espíritu Santo, que lleva a los apóstoles a vivir plenamente el proyecto de Jesús
La Iglesia nos invita a celebrar en este domingo la Fiesta de Pentecostés. Pero esta no es una fiesta aislada e independiente, ella es la culminación del tiempo pascual.
Desde la pasión, muerte y resurrección de Cristo, el Espíritu Santo va tomando cada vez más espacio. O en otras palabras: el tiempo pascual es todo pentecostal, pues si recordamos bien, ya en la cruz cuando Jesús murió dice el evangelio: “e inclinando la cabeza entregó el espíritu.” Después en una de las apariciones sopló sobre los apóstoles y dijo: “reciban el Espíritu Santo…” A otros les hizo arder el corazón en el camino, y les abrió los ojos al partir del pan. Todas estas son acciones propias del Espíritu Santo. Por eso no debemos perder la conexión con la Pascua de Jesús, si queremos verdaderamente celebrar esta fiesta.
Pentecostés no es una experiencia mágica de un solo día. Pentecostés es un proceso de apertura a Dios, de entrega, de oración, de revisión de vida, de conversión, de vencer los miedos…
Los Apóstoles y la Virgen María no fueron sorprendidos por el Espíritu Santo, ellos esperaban, estaban en constante oración. Ellos no se hacían ilusiones en cuanto a sus dones pues sabían que tener al Espíritu Santo y actuar según su moción significaba aprender a imitar a Jesús. No es que esperaban al Espíritu Santo para tener aureolas vistosas, para hablar con palabras difíciles, para entender todos los misterios, para hacer milagros y ser aplaudidos por todos o para no tener más dificultades en la vida. Ellos sabían muy bien que era para aprender a lavar los pies de los demás como lo hizo Jesús; que era para poder perdonar generosamente hasta de igual forma a aquellos que nos hieren; que era para ser capaces de dar la propia vida por los amigos; que era para conseguir decir la verdad, aunque por ello tuvieran algunos disfavores; que era para ver en cada persona la impresión de Dios, aun en aquellas más débiles; que era para saber abrazar la cruz de cada día con amor y ternura…
Y, nosotros, ¿qué cosa celebramos en el día de Pentecostés?
Es muy importante que también podamos celebrar esta fiesta no solamente como un recuerdo del pasado, ella debe ser actual para cada cristiano. Nosotros debemos vivirla como nuestra fiesta de Pentecostés. Debemos salir de la Iglesia, este domingo, llenos de este Espíritu, de esta fuerza que nos anima y mueve a hacer lo mismo que hizo Jesús. También para nosotros esta fiesta debe ser la culminación del tiempo de la Pascua, el día en que todas las enseñanzas de estos cincuenta días empiezan a rebosar en nuestros corazones.
Pero si alguien no vivió profundamente el tiempo de la Pascua, no entenderá el verdadero sentido de Pentecostés y no rebosará de sus dones, entonces para estos, esta fiesta podrá ser punto de partida, tal vez no como de los apóstoles, pero sí como el de las personas que en ese día escucharon su predicación y decidieron adherirse a la fe, empezando un nuevo estilo de vida.
¡Coraje!, esta fiesta es para todos.

El Señor te bendiga y te guarde,
El Señor te haga brillar su rostro y tenga misericordia de ti.
El Señor vuelva su mirada cariñosa y te de la PAZ.
Hno. Mariosvaldo Florentino, capuchino

Anuncios

3 pensamientos en “El evangelio del domingo: ¡Coraje!, esta fiesta es para todos.”

  1. Cuatro regalos del Espíritu

    Por Hno. Joemar Hohmann, franciscano capuchino

    Celebramos la solemnidad de Pentecostés, es decir, después de cincuenta días de su Resurrección, Jesús nos envía desde el cielo su Espíritu, dádiva que muchas veces había prometido.

    La venida del Espíritu Santo marca el nacimiento de la Iglesia, que significa el conjunto de fieles convocados por este mismo Espíritu, que creen en Jesús Resucitado, se reúnen en su nombre y practican sus valores: es el cumpleaños de la Iglesia, nuestra Madre en la fe y Maestra en tantas enseñanzas necesarias para la vida.

    El Señor nos envía el Espíritu Santo que opera una nueva creación y hablamos, normalmente, de los siete dones que la realizan: Sabiduría, Entendimiento, Consejo, Fortaleza, Ciencia, Piedad y filial Temor de Dios.

    Para consumar esta nueva creación hay diversidad de dones, pero el Espíritu que los ofrece es siempre el mismo. De cierta manera, podemos considerar esta nueva creación en cuatro regalos que nos da el Señor Resucitado y Glorificado en la Ascensión.

    Construir la paz: Jesús habló a sus apóstoles “la paz esté con ustedes” de tal manera que tenemos en nuestra alma este feliz “shalom” y ahora hay que compartirlo y agrandarlo. No hay que actuar con violencia o nerviosismo.

    La alegría: estar iluminado por el Paráclito y caminar de acuerdo a sus inspiraciones genera alegría para uno mismo y para los demás. No hay que ser amargado, ni tampoco cascarrabias.

    Envío para misión: la misma misión que Jesús recibió del Padre, que es establecer un Reino de justicia, ahora la otorga a sus seguidores, para que la realicen en el mundo, empezando en su propia casa, pero no terminando ahí.

    La expresión “como el Padre me envió a mí, yo también los envío a ustedes” es un regalo glorioso, pues nos hacemos profundamente unidos a Él, pero es también un deber, al cual tenemos que entregar nuestras mejores energías.

    Esta misión presenta muchas consecuencias, pues exige dar testimonio de una vida honesta, laboriosa, humilde y disponible para acciones que favorezcan el crecimiento de la comunidad.

    El cuarto regalo es el perdón de los pecados: únicamente Dios puede perdonar los pecados, pero Jesús confirió a los sacerdotes y obispos este poder, de modo que borrados los pecados, vivamos más plenamente la misión que nos da.

    Usted también ha recibido varios obsequios del Espíritu, y los sigue recibiendo, sin embargo, es efectivo considerar las palabras de san Pablo: “En cada uno, el Espíritu se manifiesta para el bien común”.

    Felicidades y bendiciones a todas las madres.

    Hoy es también la “Jornada del Laico”.

    Paz y bien.

    Me gusta

  2. domingo 15 Mayo 2016

    Solemnidad de Pentecostés

    Fiesta de la Iglesia: Solemnidad de Pentecostés
    Santo(s) del día : San Isidro Labrador

    Ver el comentario abajo, o clic en el título
    San Agustín : Pentecostés, culminación de la Pascua

    Libro de los Hechos de los Apóstoles 2,1-11.
    Al llegar el día de Pentecostés, estaban todos reunidos en el mismo lugar.
    De pronto, vino del cielo un ruido, semejante a una fuerte ráfaga de viento, que resonó en toda la casa donde se encontraban.
    Entonces vieron aparecer unas lenguas como de fuego, que descendieron por separado sobre cada uno de ellos.
    Todos quedaron llenos del Espíritu Santo, y comenzaron a hablar en distintas lenguas, según el Espíritu les permitía expresarse.
    Había en Jerusalén judíos piadosos, venidos de todas las naciones del mundo.
    Al oírse este ruido, se congregó la multitud y se llenó de asombro, porque cada uno los oía hablar en su propia lengua.
    Con gran admiración y estupor decían: “¿Acaso estos hombres que hablan no son todos galileos?
    ¿Cómo es que cada uno de nosotros los oye en su propia lengua?
    Partos, medos y elamitas, los que habitamos en la Mesopotamia o en la misma Judea, en Capadocia, en el Ponto y en Asia Menor,
    en Frigia y Panfilia, en Egipto, en la Libia Cirenaica, los peregrinos de Roma,
    judíos y prosélitos, cretenses y árabes, todos los oímos proclamar en nuestras lenguas las maravillas de Dios”.

    Carta de San Pablo a los Romanos 8,8-17.
    Hermanos:
    Los que viven de acuerdo con la carne no pueden agradar a Dios.
    Pero ustedes no están animados por la carne sino por el espíritu, dado que el Espíritu de Dios habita en ustedes. El que no tiene el Espíritu de Cristo no puede ser de Cristo.
    Pero si Cristo vive en ustedes, aunque el cuerpo esté sometido a la muerte a causa del pecado, el espíritu vive a causa de la justicia.
    Y si el Espíritu de aquel que resucitó a Jesús habita en ustedes, el que resucitó a Cristo Jesús también dará vida a sus cuerpos mortales, por medio del mismo Espíritu que habita en ustedes.
    Hermanos, nosotros no somos deudores de la carne, para vivir de una manera carnal.
    Si ustedes viven según la carne, morirán. Al contrario, si hacen morir las obras de la carne por medio del Espíritu, entonces vivirán.
    Todos los que son conducidos por el Espíritu de Dios son hijos de Dios.
    Y ustedes no han recibido un espíritu de esclavos para volver a caer en el temor, sino el espíritu de hijos adoptivos, que nos hace llamar a Dios ¡Abba!, es decir, ¡Padre!
    El mismo Espíritu se une a nuestro espíritu para dar testimonio de que somos hijos de Dios.
    Y si somos hijos, también somos herederos, herederos de Dios y coherederos de Cristo, porque sufrimos con él para ser glorificados con él.

    Evangelio según San Juan 14,15-16.23b-26.
    En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos:
    “Si ustedes me aman, cumplirán mis mandamientos.
    Y yo rogaré al Padre, y él les dará otro Paráclito para que esté siempre con ustedes:
    Jesús le respondió: “El que me ama será fiel a mi palabra, y mi Padre lo amará; iremos a él y habitaremos en él.
    El que no me ama no es fiel a mis palabras. La palabra que ustedes oyeron no es mía, sino del Padre que me envió.
    Yo les digo estas cosas mientras permanezco con ustedes.
    Pero el Paráclito, el Espíritu Santo, que el Padre enviará en mi Nombre, les enseñará todo y les recordará lo que les he dicho.»

    Extraído de la Biblia: Libro del Pueblo de Dios.

    Leer el comentario del Evangelio por :

    San Agustín (354-430), obispo de Hipona (África del Norte), doctor de la Iglesia
    Sermón 155; PL 38, 843-844

    Pentecostés, culminación de la Pascua

    El pueblo judío celebraba la Pascua, vosotros lo sabéis bien, con la inmolación de un cordero que comían con panes ácimos. Esta inmolación del cordero prefiguraba la inmolación de Cristo Jesús y los panes ácimos la vida nueva purificada de la antigua levadura…. Y cincuenta días después de Pascua, este pueblo celebraba el momento en que Dios daba en el Sinaí la Ley escrita de su puño y letra. A la figura de la Pascua sucede la Pascua en plenitud; Jesucristo es inmolado y nos hace pasar de muerte a vida. La palabra Pascua, en efecto, significa “paso”…

    Cincuenta días más tarde, el Espíritu Santo, el “dedo de Dios” (Lc 11,20) desciende sobre los discípulos. Atended a las diferencias en comparación con lo sucedido en el monte Sinaí: Allí, el pueblo se mantenía a distancia a causa del temor que lo invadía… Al contrario, cuando el Espíritu Santo descendió sobre la tierra, los discípulos estaban todos juntos en el mismo lugar, y el Espíritu Santo, lejos de espantarlos desde lo alto de una montaña, entra en la casa donde estaban reunidos…

    “Vieron como lenguas de fuego que se posaron sobre cada uno de ellos.” ¿Era un fuego que infundía, desde lejos, el espanto? De ninguna manera. Estas lenguas de fuego se posaron sobre cada uno de ellos y comenzaron a hablar en lenguas, según el Espíritu les daba de expresarse. ¡Escuchad la lengua que habla y comprended el Espíritu que escribe, no sobre tablas de piedra, sino en los corazone! (cf 2Cor 3,3). Así pues, la ley del Espíritu de vida, escrita en el corazón y no sobre piedra, la ley de Espíritu de vida, digo, está en Jesucristo en quien la Pascua ha sido celebrada con toda verdad.

    Me gusta

  3. La venida del Espíritu Santo

    El amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que habita en nosotros. Aleluya. La venida del Espíritu Santo en el día de Pentecostés no fue un hecho aislado en la vida de la Iglesia. El Paráclito la santifica continuamente; también santifica a cada alma, a través de innumerables inspiraciones, que son “todos los atractivos, movimientos, reproches y remordimientos interiores, luces y conocimientos que Dios obra en nosotros.
    En Pentecostés, los apóstoles fueron robustecidos en su misión de testigos de Jesús, para anunciar la Buena Nueva a todas las gentes. Pero no solamente ellos: cuantos crean en Él tendrán el dulce deber de anunciar que Cristo ha muerto y resucitado para nuestra salvación.

    Para tratar mejor al Espíritu Santo nada tan eficaz como acercarnos a Santa María, que supo secundar como ninguna otra criatura las inspiraciones del Espíritu Santo. Los apóstoles, antes del día de Pentecostés, perseveraban unánimes en la oración con algunas mujeres y con María la Madre de Jesús.

    El papa Francisco, en su homilía en la Solemnidad de Pentecostés del año pasado dijo: “’Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo… recibid el Espíritu Santo’ (Jn 20, 21.22), así dice Jesús. La efusión que se dio en la tarde de la resurrección se repite en el día de Pentecostés, reforzada por extraordinarias manifestaciones exteriores.

    La tarde de Pascua Jesús se aparece a sus discípulos y sopla sobre ellos su Espíritu (cf. Jn 20, 22); en la mañana de Pentecostés la efusión se produce de manera fragorosa, como un viento que se abate impetuoso sobre la casa e irrumpe en las mentes y en los corazones de los apóstoles.

    En la carta a los Gálatas, san Pablo vuelve a mostrar cuál es el “fruto” que se manifiesta en la vida de aquellos que caminan según el Espíritu (Cf. 5, 22). Por un lado está la ‘carne’, acompañada por sus vicios que el apóstol nombra, y que son las obras del hombre egoísta, cerrado a la acción de la gracia de Dios. En cambio, en el hombre que con fe deja que el Espíritu de Dios irrumpa en él, florecen los dones divinos, resumidos en las nueve virtudes gozosas que Pablo llama ‘fruto del Espíritu’. De aquí la llamada, repetida al inicio y en la conclusión, como un programa de vida: ‘Caminad según el Espíritu’ (Ga 5, 16.25).

    El mundo tiene necesidad de hombres y mujeres no cerrados, sino llenos de Espíritu Santo. El estar cerrados al Espíritu Santo no es solamente falta de libertad, sino también pecado. Existen muchos modos de cerrarse al Espíritu Santo.

    En el egoísmo del propio interés, en el legalismo rígido –como la actitud de los doctores de la ley que Jesús llama hipócritas–, en la falta de memoria de todo aquello que Jesús ha enseñado, en el vivir la vida cristiana no como servicio sino como interés personal, entre otras cosas. En cambio, el mundo tiene necesidad del valor, de la esperanza, de la fe y de la perseverancia de los discípulos de Cristo”.

    Asimismo, extracto algunas palabras de la catequesis del papa Francisco en la audiencia del pasado miércoles, donde dijo: “Queremos reflexionar hoy sobre la parábola del padre misericordioso. Esta habla de un padre y de sus dos hijos, y nos hace conocer la misericordia infinita de Dios.

    Es importante esta enseñanza de Jesús: nuestra condición de los hijos de Dios es fruto del amor del corazón del padre; no depende de nuestros méritos o de nuestras acciones, y por tanto nadie puede quitárnosla. Nadie puede quitarnos esta dignidad, ¡ni siquiera el diablo! Nadie puede quitarnos esta dignidad.”

    En este día especial que se celebra el Día de las Madres, vayan mis felicitaciones, encomendándolas especialmente para que el Espíritu Santo las ilumine siempre.

    (Del libro Hablar con Dios y http://www.aciprensa.com y https://es.zenit.org )

    Me gusta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s