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laoveja100

Nadie te debe nada

Harry Browne fue un escritor libertario y un analista de inversiones, que fué candidato presidencial de los Estados Unidos por el Partido Libertario en 1996 y 2000. Tambien fue director de la Fundacion Americana de la Libertad.

En la Navidad de 1966, Harry Browne escribio una carta a su hija de 9 años.
Es Navidad y tengo el usual problema de decidir que regalarte. Se que disfrutarias muchas cosas; libros, juegos, ropa.
Pero soy muy egoista. Y quiero darte algo que te durará mucho mas que unos cuantos meses o años. Quiero darte un regalo con el que me recuerdes cada Navidad.
Si pudiese darte una sola cosa. Te daria una simple verdad que me costo muchos años aprenderla. Si la aprendes ahora, podría enriquecer tu vida de cientos de formas diferentes. Y te podria prevenir de muchos problemas que las personas que nunca la aprendieron enfrentan todos los días.
Esa simple verdad es: NADIE TE DEBE NADA.
¿Como una simple frase puede ser tan importante?. Puede que no lo parezca, pero que la entiendas puede bendecir toda tu vida.
Nadie te debe nada.
Significa que nadie vive para vos, hija mia. Porque nadie mas es vos. Cada persona vive para si misma; su propia felicidad es todo lo que una persona puede sentir.
Cuando te das cuenta de que nadie te debe tu felicidad o cualquier otra cosa, serás liberada de expectativas que tal vez nunca se cumplan.
Significa que nadie tiene que amarte. Si alguien lo hace, es porque algo especial dentro tuyo le brinda felicidad. Encuentra esa cosa especial y trata de hacerla mas fuerte dentro de ti, entonces asi serás amada aún mas.
Lo que otras personas hacen por ti, es porque asi lo desean. Porque en ti, de algún modo, les da algo importante que hace que deseen complacerte, no porque te deban algo.
Nadie tiene que quererte. Si tus amigos quieren estar contigo, no es una obligación. Descubre que hace feliz a otros y entonces querrán estar cerca tuyo.
Nadie tiene que respetarte. Algunas personas incluso serán mezquinas contigo. Pero cuando te des cuenta de que estar personas no tienen que ser buenas contigo, aprenderas a evitar a aquellas que puedan dañarte. Porque tu tampoco les debes nada.
Te debes a ti misma ser la mejor persona posible. Porque si lo sos, otros querrán estar contigo, querrán proveerte las cosas que quieras a cambio de las que tu le das a ellas.
Algunas escogerán no estar contigo por razones que no tienen que ver contigo. Cuando eso pase, mira a otro lado en busca de relaciones que tu prefieras. No hagas los problemas de otras personas tus propios problemas.
Una vez que aprendas de que debes ganarte el amor y respeto de otros, nunca esperarás lo imposible y nunca seras decepcionada. Otros no tienen que compartir sus propiedades contigo, ni tampoco sus sentimientos o pensamientos.
Y si lo hacen, es porque te haz ganado esas cosas. Y tienes toda la razon para estar orgullosa del amor que recibes, el respeto de tus amigos, la propiedad que te haz ganado. Pero no tomes las cosas por sentado. Si lo haces, lo puedes perder todo. No son tu derecho, debes ganarlos dia a dia.
Un gran peso fue quitado de mis hombros cuando descubrí que nadie me debe nada. Todo el tiempo que pense que habian cosas a las que tenia derecho, me encontraba fisica y emocionalmente agotado, tratando de reclamarlas.
Nadie me debe una conducta moral, respeto, amistad, amor, cortesia o inteligencia. Y cuando reconocí eso, todas mis relaciones fueron muy satisfactorias. Me concentré en estar con perosnas que querian hacer las cosas que yo quería que hiciesen.
Comprender eso me ah ayudado con mis amistades, compañeros de negocios, amantes, clientes y extraños. Me recuerda constantemente que puedo conseguir lo que quiero si solo entro al mundo de esas otras personas. Debo tratar de entender como piensa, en que cree que es importante, que es lo que quiere. Solamente ahi es cuando puedo apelar a alguien en formas en que me provean de las cosas que yo quiero.
Y solo en ese momento puedo decidir si realmente quiero involucrarme con alguien. Y puedo reservar las relaciones importantes para aquellos que tengo mas cosas en comun.
No es facil resumir en pocas palabras lo que me tomo años aprender. Pero tal vez si lees este regalo cada Navidad, el significado se volvera un poco mas claro año a año.
Lo que mas quiero, mas que cualquier otra cosa, es que entiendas esta simple verdad que te hará libre:
Nadie te debe nada.

 

Acerca de jotaefeb

Un arquitecto jubilado. Aprendiz de todo, oficial de nada. Un humano más. Acá, allá y acullá. Hurgador de cosas cotidianas y trascendentes.

Comentarios

5 comentarios en “Nadie te debe nada

  1. La enfermedad de nuestro tiempo: “el siento, luego existo”

    Hay una sensación de inestabilidad, real y no imaginaria, en el orden político americano-europeo: el terrorismo, las dislocaciones económico financieras, la crisis de los refugiados, están provocando una serie de efectos que no se experimentaban desde el colapso del comunismo en 1989. Parecería que el tablero se desmorona y nadie sabe, a ciencia cierta, cuál debería ser la siguiente movida.

    ¿Es el fin de la historia? Qué va, nada de eso. Es sí un cambio histórico de tales proporciones que, de continuar este proceso, habría que pedir permiso y disculpas, no solo para hablar, sino vivir como ser humano. Solo a un aspecto me quiero referir hoy, esto es, el tema de los derechos humanos.

    O más concretamente, cómo se “ven” hoy algunos de esos derechos subjetivos que, en 1948, fueron consagrados en la Declaración de San Francisco. Y cuando digo se “ven”, no digo que así se deben ver, sino como el populismo y la democracia liberal “de deseos” los ve. Ambas coinciden por lo menos en dos cosas: en que los derechos han dejado de tener un fundamento “natural” y en que la política no es más cuestión de bien común, sino de poder. El derecho no es más que la envoltura que legitima al anterior.

    Basta mencionar el artículo 1 de la declaración, de que “todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos”; o el artículo 5, de que nadie será sometido a torturas ni a penas o tratos crueles, inhumanos o degradantes; como también, el artículo 16, que refiere a la familia como “el elemento natural de la sociedad y tiene derecho a la protección del Estado”. Y hay más, pero como muestra es suficiente.

    La inferencia es clara: la dignidad no es conferida por la ley o el Estado, viene de “antes”. Por eso, el maltrato degrada ese sentido sagrado de la persona. La familia no es familia porque el Estado lo diga: es anterior, es natural como dice la declaración.

    Cualquier persona sensata podrá ver en ese reconocimiento la herencia multisecular de la tradición judeo-cristiana que, luego de la guerra y lo inaudito del Holocausto, ponían de esta manera un freno al poder total del Estado.

    En el 2016, todos estos artículos, a través de sucesivas legislaciones e interpretaciones, han sido deconstruidos. Y lo que es más trágico, es la propia institución donde nace la Declaración, las Naciones Unidas, la que en muchas ocasiones propicia esa disolución de la realidad de las cosas. Volviendo al tema de los derechos humanos, con su consagración de la dignidad que mencionamos.

    Hoy ya no se habla de “reconocimiento” de algo anterior natural que se consagra, sino más bien se habla de los individuos autónomos que, por tener capacidad intelectual para decidir, dicen cuándo uno es persona y cuándo no.

    Me explico: un niño por nacer no poseería “autonomía”, no tendría capacidad, y por lo tanto no sería persona. Y al no tener autonomía, tampoco tiene intereses, y si el interés es lo que genera derechos, entonces no posee derechos.

    Lo mismo se podría decir de la familia “natural”. Solo existirían “familias” en plural pero nada tendrían de natural, sino simplemente serían acuerdos en base a la autonomía de los individuos. Como tampoco existiría nada “sagrado” en la vida humana que impida su degradación, o el uso de la crueldad cuando estos sujetos hayan sido violentos. Nada de eso. Lo único que vale es lo útil, no la dignidad anterior de los mismos.

    No debe extrañar entonces que la senadora Hillary Clinton cuando fuera preguntada sobre el derecho de los no nacidos dijo que los mismos no están protegidos por la constitución.

    Y entonces, ¿por qué extrañarse cuando organizaciones internacionales propugnan al aborto como “derecho humano”? Ni menos debería sorprender que el populista Donald Trump prohibiera la entrada al país a “musulmanes”, sin verlos como personas, o propusiera la reintroducción de torturas y tratos inhumanos para supuestos terroristas. Derecho humano, ¿de quien? De la madre que es “autónoma” o del Estado, que dice que es lo útil o que no.

    Hoy el ser humano parece haber dejado de ser un animal racional como hubiera querido Aristóteles, o un ser pensante al decir de Descartes. Hoy es un ser irracional, sentimental, caprichoso, un ser que no cree que exista nada real, sino que él lo define todo: las familias son muchas cosas, las personas también; o el Estado, o la democracia o el gobierno.

    Como verá el lector, ya no es más cuestión de izquierda y derecha, ni de la democracia liberal de deseos o el populismo, ni tampoco de países desarrollados o no: todo se ha infectado de caprichos, emociones y deseos de una posmodernidad irracional que margina, insulta y excluye de toda conversación al que invoque un mínimo de referencia trascendente: de que el ser humano fue creado por Dios y solo es administrador de los bienes humanos.

    Por Mario Ramos-Reyes

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    Publicado por jotaefeb | 22 julio, 2016, 20:02
  2. Una necesidad social

    Es un estado que está latente en cada ser humano. Su condicionalidad se supedita a la emocionalidad con la que vive cada persona. Los momentos pueden ser disparadores para que su presencia sea posible.

    La sucesión de hechos genera oportunidades para vivenciar sus efectos. Es que los mismos se constituyen en el motor de acción de lo que se siente. Son los actos amparados por su calidad emotiva. Sin necesidad de proponérselos son los que demuestran lo que perciben.

    Son los que se percatan que algo ha pasado. Son los que se manifiestan y al hacerlo pueden experimentar expresivamente lo que creen sobre lo que están viviendo. Son los que buscan hallarse junto a quienes también viven las consecuencias de la estampa que los distingue. Es que cuando alguien se conmueve la humanidad está viva.

    Las emociones habitan en la subjetividad de quien las desarrolla y en esa interioridad encuentran la dimensión de lo que representan. Es el ambiente que propicia el universo más amplio para el desahogo de lo que acontece. Es el lugar en común donde habitan los cosmos conmovidos de aquellos que conocen de lágrimas y sonrisas.

    Lo vivido está inundado de conmociones internas. El impacto de las mismas repercute indefectiblemente en el exterior. Es ineludible que lo de adentro se traslade hacia afuera, y ese tránsito ocurre más allá de que se trate de evitar, en los casos que así se decide proceder, o aunque se intente acelerar lo que requiere de un tiempo para poder darse a luz.

    Esa inapelable ligazón tiene doble vía y la conectividad se retroalimenta una y otra vez; al acceder a la superficie visibiliza el origen de lo anterior almacenado en la privacidad del sujeto y da paso a una nueva interpretación de lo que se percibe.

    La sociedad también se conmueve. Y lo hace a través de quienes la conforman. Son los gestos de dolor, las palabras de aliento, los comportamientos de superación, las acciones tendientes a solucionar lo que requiere de la buena voluntad, las enseñanzas de la convivencia, los encuentros para avanzar, y todo lo que cada uno vive al conmoverse.

    Aquello que se exterioriza convoca a otro, es la manifestación de: contigo se realiza, culmina o comienza lo que me interpela. Entonces con el que está al lado se visibiliza fehacientemente lo que se lleva dentro. Surge una provocación genuina y cristalina que mueve la interioridad del prójimo. Que podrá materializarse si está dispuesto a conmoverse. Si quiere vincularse con y por lo que se presenta como causa movilizadora.

    Donde habitan las impresiones puede haber inquietudes. En el universo subjetivo la multiplicidad de sensaciones revela la opulencia que posee el ser humano y que le permite su acceso a la socialización de su grandiosa esencia.

    Lo que lo intranquiliza, lo que lo turba, lo que lo agita necesita ser dicho. Y es nuevamente el que convive en su entorno el que puede conmoverse. Quizás basta que uno se conmueva para lograr que lo que duele le dé paso a lo que trae esperanza.

    Aquel afligido puede conmoverse por la actitud que ha tenido hacia él quien lo ha comprendido. ¡Cuánto ha sucedido para que haya podido comprender! Se involucró, se compenetró, intuyó, captó, vislumbró y conoció acerca de lo que le aquejaba a la otra persona.

    ¿Y si otros dos vuelven a conmoverse? Siguen dándole relevancia al otro, como el testimonio citado en el párrafo anterior. Cuando uno se conmueve activa su vida. Se interroga, se cuestiona, se compromete consigo mismo y con quienes están a su alrededor.

    ¿Y si dos más se conmueven y se comprometen a construir un lazo respetuoso y beneficioso para ambos? Están dando un ejemplo singular que fomenta la existencia de una sociedad dispuesta a crecer. ¡Cuánto importa la sensibilidad en todo esto! Mucho. Es determinante. Es el principio elemental que alimenta la vida colectiva.

    Por Marcelo Pedroza

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    Publicado por jotaefeb | 22 julio, 2016, 20:02
  3. Generaciones diferentes, objetivos convergentes

    La convivencia entre diferentes generaciones en el ambiente corporativo es hoy más común que hace algunos años. Nada más natural. La expectativa de vida aumentó y hoy es perfectamente natural que las personas lleguen a los 60, 70 años produciendo. La experiencia acumulada termina contraponiéndose a la impetuosidad de los más jóvenes. Esto no necesariamente debe generar el clásico “conflicto de generaciones”. Hay otros caminos y las empresas y profesionales que evalúan las ventajas de esta convivencia sólo tienden a ganar, considerando que los objetivos de éxito son comunes a todos.

    Con la perspectiva de trabajar por más tiempo, los profesionales maduros sienten la importancia de estar actualizados. Hacer cursos de corta duración, especializaciones e, incluso, nuevas facultades están en el horizonte de estas personas. Esto sin hacer a un lado el conocimiento adquirido en el cotidiano. Son esfuerzos para evitar la pérdida del empleo para profesionales más jóvenes, que suelen tener sueldos más bajos, una ventaja a los ojos de las empresas.

    Por otro lado, los jóvenes están ingresando al mercado de trabajo tras facultades y posgrados, trayendo una considerable carga académica. Aún sin experiencia, ellos agregan nuevas ideas, nuevas percepciones del medio digital y, habitualmente, una buena dosis de audacia.

    El desafío es hacer de la convivencia entre estos diferentes perfiles una unión productiva. Entiendo que esto puede suceder si existe el respeto mutuo y la conciencia de que cada uno tiene algo para contribuir. Primero, es necesario oír al otro, en una actitud receptiva. Después, reflexionar sobre lo que fue dicho. Finalmente, desarrollar una actitud de empatía, entendiendo el posicionamiento del otro, poniéndose en su lugar y buscando una respuesta que satisfaga a todos.

    No es difícil notar que, para la empresa, tener los dos perfiles de colaboradores sólo puede ser positivo. La experiencia garantizará que la audacia de las nuevas ideas no traiga perjuicios. La colaboración hará con que las innovaciones sean viables. Las organizaciones que logran estructurarse para valorar las cualidades de cada generación obtienen una significativa ventaja competitiva.

    Al darle espacio a lo que cada generación tiene de mejor, estas logran retener talentos –de todas las edades–. Es una preparación para lo que vendrá brevemente: tener en las mismas empresas tres generaciones de profesionales –jóvenes, maduros y mayores–. Que vengan los nuevos tiempos.

    Por Bernt Entschev

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    Publicado por jotaefeb | 24 mayo, 2016, 07:07
  4. La vocación de construir

    La concepción de estructura tendría que ampliar su marco de acción. Y para ello la capacidad de ser flexibles debería manifestarse en todo momento. Las modificaciones que puedan realizarse sólo serán posibles si se las identifica, si se interioriza en el conocimiento de las razones por las cuales hay que ahondar en ellas. ¿Y si quienes forman parte de un sistema no quieren ningún tipo de modificación o sólo aceptan algún que otro cambio, a los efectos de calmar a unos pocos que insisten con interés en querer girar él ángulo hacia un destino diferente?

    Al conocer lo que acontece dentro de la estructura se puede difundir con detalles cómo está su situación. ¿Pero alcanza con mostrar cómo se encuentra su estado?, ¿es suficiente con saber qué le falta, qué requiere de una perentoria atención? ¿Podrán ser apoderados de la mutación los que conviven diariamente en ese espacio y lo hacen desde hace tiempo? Los que se han acostumbrado a sobrellevar lo que hay y están cómodos en su lugar, ¿estarán dispuestos a ser artífices de mudanzas que implican desplazamientos de los márgenes de actuación?

    Es que cuando algo persiste temporalmente y es visiblemente susceptible de una metamorfosis cabal y permanece de una u otra forma de igual manera o con alguna que otra retocada variación, amerita preguntarse hasta dónde quienes están implicados estarán dispuestos a generar conversiones acordes a las exigencias de esta época. Son los integrantes de cada espacio quienes pueden interrogarse respetuosamente y responder si están dispuestos a dar nuevos pasos. La veracidad de las argumentaciones permitirá trazar un trecho inicial y de manera secuencial ir hacia el próximo eslabón.

    Hay que tener valor para intentar avanzar hacia lo querido. Es el sujeto consciente de sus actos quien se apodera de su libertad y la hace fecunda para sí mismo como para su ambiente. Su comportamiento puede ampararse en lo constructivo, en aquello que debe erigirse y que lo requiere para dicha misión. Si permanece donde está puede hallar sus fortalezas para contribuir a crear las flamantes condiciones para acrecentar el avance que urge vivirse. Para prosperar no hay que desanimarse nunca y hay que unirse con otros que estén dispuestos a sostener con ahínco lo que pregonan. Como así también intentar convencer a quienes se resisten y acompañarlos a que se sientan protagonistas de lo que están viviendo. Hay que incluir voluntades de diferentes procedencias, hay que universalizar la vocación de implicar a los demás.

    Es la estructura el conjunto de relaciones que mantienen entre sí las partes de un todo. Su configuración está compuesta por la totalidad de los que la integran. Es la sociedad una estructura gigantesca que permanece en el tiempo, que se extiende imperceptiblemente o evidentemente hacia y en la vida de las personas. La exhibición de la imperfección de su naturaleza es proporcional a la humanidad que la habita, como así también es tan impetuosa como la voluntad estimulante de quienes se esmeran por mejorarla.

    Los bríos originales y modernos pueden intercambiar aprendizajes con las garras de la experiencia y la sabiduría. Al aglutinarse la diversidad se consolida la sociedad. Las estructuras pueden desplazarse hacia los bordes que pregonan la prosperidad, que son testimonios del auge social que habilita el crecimiento de aquellos que están y participan para que el mismo sea posible.

    Por Marcelo A. Pedroza

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    Publicado por jotaefeb | 24 mayo, 2016, 07:06
  5. Yo soy porque Nosotros somos

    Hace unas semanas recibí en un chat grupal una historia que llamó mucho mi atención, trataba sobre un antropólogo que propuso un juego a los niños de una tribu africana: puso una canasta llena de frutas cerca de un árbol y les dijo que aquel que llegara primero ganaría todas las frutas. Cuando dio la señal para que corrieran, todos los niños se tomaron de las manos y corrieron juntos y después se sentaron juntos a disfrutar del premio… Cuando el antropólogo les preguntó por qué habían corrido así si uno solo podía ganar, le respondieron: ¿cómo uno de nosotros podría estar feliz si todos los demás están tristes?

    Esa pregunta tan altruista me hizo pensar que sentimientos de generosidad o solidaridad pocas veces tienen que ver con la cotidianeidad laboral y, por ende, me llevó a compartir con ustedes la siguiente experiencia.

    Desde el año pasado nuestra empresa forma parte de una red de empresas creativas. Si bien al principio fue solo un formalismo, nos tocó este año realizar algunos trabajos en unión con varias de ellas donde cada una aportaba lo que sabe hacer obteniendo un resultado común.

    La suma de talentos de empresas distintas, pero unidas por el hilo invisible de una red, dio paso a que se generen resultados mayores a la idea original. Cada uno aportó desde sus conocimientos, desde sus habilidades, sumando al resultado final sin esperar nada del otro porque cada empresa hacía lo mejor que sabía hacer, porque dejamos de ser Yo para ser Nosotros.

    Estas experiencias me dieron la oportunidad de sentir la generosidad desde el mundo empresarial, palpar que ese altruismo de la historia de la tribu africana también podía darse en nuestro día a día, y sobre todo en nuestra vida laboral.

    El egoísmo hace creer a las personas que si tienen una buena idea lo mejor es hacerlo solos porque van a sacar mejores beneficios. Yo soy de la idea que al compartir con los demás se obtienen resultados tan por encima, que uno nunca desde su pequeñez pudo ni siquiera dimensionar.

    “Yo soy porque Nosotros somos” invita a un pensamiento superior, a probabilidades inimaginables porque la porción puede ser más pequeña, pero la torta mucho más grande.

    Ser nosotros para dejar de ser Yo, se consigue solo si estamos dispuestos a dar aquello que buscamos. Nos da la posibilidad de dar desinteresadamente y recibir con creces, siempre que el desinterés sea el camino.

    Hoy existen muchos grupos empresariales, pero pocas redes y aunque la diferencia es sutil la dinámica es completamente distinta.

    Con confianza se logra allanar el camino. Hoy estoy segura que la decisión que tomamos de ser parte de esta red fue acertada porque los valores que vivimos nos marcan el camino. El dar procrea y el recibir propaga el dar.

    Hoy dejamos de ser Yo para ser Nosotros.
    Por Josefina Bauer

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    Publicado por jotaefeb | 24 mayo, 2016, 07:06

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Algo habrá de malo en la riqueza cuando a todo el mundo le da vergüenza confesar que la tiene.23 enero, 2017
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